Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen, son creación de Naoko Takeuchi, yo solo los utilizo en esta historia sin fines de lucro y para entretener solamente.
¡A Leer!
Capítulo 4: Un encuentro con el dolor.
El matrimonio Kou se encontraba en su habitación, terminando de arreglarse para la cena que ofrecerían como bienvenida al hermano del hombre y al nuevo socio. Él lucía un impecable traje gris, camisa negra de seda y la corbata que yacía en su mano era del mismo color, su esposa por su parte, lucía un vestido hasta las rodillas corte imperio de gasa con vuelo, en color negro, traía el cabello recogido en un moño sencillo con rizos cayendo por su delicado rostro, el cual se había maquillado de manera discreta, unos pendientes y una sencilla gargantilla de oro blanco, eran los accesorios perfectos a lucir en la velada.
- ¿Preocupado por algo?- Cuestiono una rubia mientras se calzaba unas preciosas sandalias negras.
- No mi amor, es sólo que me siento extraño- confesó.
- No entiendo… ¿Por qué? Todo para la cena esta listo, revisado y en completo orden- afirmó extrañada poniéndose de pie.
- Bombón- murmuró estrechándola contra sus brazos –no es por la cena –ella lo miró ceñuda –es por nosotros-.
- ¿Eso es bueno o malo?- Bromeó nerviosa al sentir cosquillas en su cuello por la cercanía de los labios de él.
- Eso es lo que me preocupa, que no lo sé- dijo en un suspiro.
- Seiya- lo reprendió la rubia suavemente –no dudes de lo que tenemos y mucho menos de lo que hemos iniciado-.
- No dudo de eso- la interrumpió su esposo, "es de ti", pensó con profunda tristeza el pelinegro.
La rubia se puso de puntitas y lo beso castamente en los labios, él aun agobiado forzó una sonrisa.
- Te amo- murmuró Serena contra sus labios –me haz dado más de lo que siempre soñé, me costó abrir mi corazón, pero nada va cerrarlo a tus sentimientos- declaró con seguridad. Él sonrió y la estrecho aún más pegándola a su pecho y besándola apasionadamente.
- Cuando crezcas, no vayas a hacer eso con las niñas…Es asqueroso Helios- se dejo escuchar una voz cargada de severidad a sus espaladas.
- ¡ZAFIRO!- Lo reprendió su madre, su padre rió contra el cuello de ella.
- No podemos dormir- se quejó el aludido.
- Queremos ir a la cena- secundo Helios.
Los adultos se miraron entre sí -¡Es para mayores!- Exclamaron a coro.
- Somos grandes- se defendieron.
La rubia sonrió y beso a ambos niños en la frente –vamos a que se acuesten, les contaré un cuento- los animó con ternura.
- Es injusto- refunfuño el pelinegro.
- No, no es injusto- alegó su madre –hay que darle tiempo al tiempo, en unos años podrás quedarte despierto para acompañarnos en cenas con socios de papá- acotó con dulzura.
- Supongo- refutó desdeñoso.
- Te ves bonita mami- comentó con timidez el rubiecito de ojos grises al reparar en el arreglo de su madre.
- Gracias Helios- sonrió.
- No tardes Serena, recuerda que los socios están por llegar- le recordó su marido mientras se ataba el nudo de la corbata.
- No tardaré- lo tranquilizó mientras tomaba las manos de sus hijos para guiarlos a su habitación.
En el salón de la residencia.
- Deja de beber, es la cuarta de la noche y la cena todavía no a comenzado- reprendió con dureza la señora Mizuno arrebatando con brusquedad la copa que estaba por llevarse a los labios cierta pelinegra.
- Déjame- espeto secamente –necesito valor para ver a mi primo a los ojos-.
- Exageras-.
- Quiero oírte decir lo mismo, en unos momentos más-.
Noriko Mizuno estaba por replicar cuando el timbre se dejo escuchar, Ray Hino dio un respingo adivinando la identidad de los recién llegados.
- ¡QUE COMIENCE LA FUNCIÓN!- Ironizó la joven.
- ¡RAY!-.
- Felicidades- la cortó la aludida –lo que sea que quisieras probar, estás por conseguirlo- acotó con severidad.
Al caminar hacía la entrada principal tres figuras altas se asomaban por la puerta.
- ¡La casa es hermosa!- Comento con admiración la rubia de pelo corto.
- La escogió Ami, fue el regalo de bodas de mi padre- informó un castaño en un murmuró.
- ¿Ami?- Dijo extrañado cierto pelinegro.
- La primera esposa de mi hermano- susurró el castaño.
- Quién falleció hace algunos años- informó la madre de ésta al llegar frente a los recién llegados.
- ¡BIENVENIDOS!- Exclamó Ray -¿Cómo éstas primo?- Saludó con cordialidad al castaño – Haruka- inclinó la cabeza –Chiba- nombró secamente.
- ¡Ray!- La reprendió suavemente Noriko.
- Pasemos al salón- indicó la joven sin inmutarse por las miradas de advertencia de la Mizuno – los demás miembros del consejo directivo ya han llegado, sería bueno que los conocieran- argumentó esbozando una media sonrisa.
Taiki extrañado por la actitud de su prima tomó a su prometida del brazo y la guió tras sus dos anfitrionas, acompañado de cerca por Darién que sintiendo de pronto una fuerte emoción recorriendo todo su ser veía disimuladamente para todos lados buscando aquello que estaba por encontrar.
- Me sorprende verte después de tantos años Hino-.
- A mi no- dijo ella fríamente.
Su interlocutor no paso por alto el tono utilizado para con él –después de que terminaste el colegio dejaste de comunicarte con Serena, supongo que la distancia enfrío su amistad- argumentó irónico.
Ella enarco una ceja – Darién, Darién- negó con una mueca burlona –te sorprenderá saber que nunca dejamos de estar en contacto-rió.
- Imaginó entonces que sabes de su desaparición de Tokio- afirmó.
La enigmática sonrisa que la joven le dio, hizo saber al ojiazul que sabía mucho, y él moría saber que tanto.
- Ey prima ¿Dónde esta Seiya?- Preguntó Taiki interrumpiendo la conversación.
- Imagino que acostando a los niños…A sus hijos- se corrigió mirando burlona a Darién, el cual no entendía tanta furtiva mirada – cuando hay reuniones se ponen inquietos- completo encogiéndose de hombros.
- ¿Por qué te siento tan hostil?- Se dijo a sí mismo el castaño.
- ¿Por qué estas con ella?-.
-Tal vez por que me ama- intervino Haruka.
- ¿Y tú lo amas a él?- Le lanzó con sorna.
- Así es- confirmó con seguridad la rubia.
- Vaya, ustedes- señalando a la pareja Kou Tenou –y Michiru y Darién deben hacer un cuarteto muy interesante- se burló con cinismo.
Haruka bajo la mirada, Taiki la taladró con los ojos, claramente molesto y Darién frunció el ceno extrañado por el comentario.
- No fue divertido- espeto el castaño.
- Nada de lo que esperes esta noche lo será- dicho esto se giró para tomar una copa de vino más, en esos momentos los murmullos no se hicieron esperar, los Kou bajaban las escaleras con las manos entrelazadas. Un jadeo escapo a sus espaldas, no necesitaba voltear para saber que era de él…De Darién.
- Buenas noches- saludó la pareja –la docena de personas ahí reunidas contesto de igual manera.
- Dios mío- murmuró Serena Kou en un grito ahogado, su marido extrañado por sus palabras fijo su vista en los ojos de ella que brillaban temerosos, giró su cabeza encontrándose con Ray, Noriko, Taiki, una rubia y un pelinegro.
¿Por qué? ¿Qué hacía él ahí? Pensaba la rubia una y otra vez, su mirada, su mirada era confusa, desconcertada pero furiosa y ella tenía miedo, las piernas le temblaban al igual que sus manos, las cuales ceñidas a las de Seiya buscando protección, no lograban hacerla sentirse segura.
- ¿Serena?-.
- No puedo- susurró ella débilmente.
- Buenas noches amigo, pensé que te habías olvidado de la cena- bromeó uno de los invitados del pelinegro acercándose a la pareja.
Seiya rió nerviosamente –me entretuve más de la cuenta con los niños- informó titubeante, aún con la preocupación por su esposa.
- Hijo- lo llamó Noriko –ven a saludar- apremió, indicando con la mirada a su hermano y a dos desconocidos.
- Señora- murmuró una de las domésticas de la casa – ¿Podría acompañarme a la cocina?- La aludida fijo su vista en la mujer de edad avanzada y sin atreverse de nuevo a mirar a esas personas que le recordaban con su sola presencia lo doloroso de su pasado asintió débilmente.
- Se…-.
- Ahora vuelvo- murmuró ella sin verlo a los ojos.
- Seiya- volvió a llamarlo Noriko, aún con el gesto de preocupación surcando su rostro, se acerco a la mujer y sus acompañantes.
- ¿Cómo estás Taiki?- Saludó a su hermano extendiendo su mano, su interlocutor lo abrazo.
- Bien hermano, ha pasado mucho tiempo- aseguró en voz baja, solo para ellos.
- Años- completó él.
- Ya Noriko y Ray me contaron que esta cena es en honor a nosotros, gracias-.
- Fue idea de mi esposa- presumió Seiya.
- ¿Esposa?- Dijo una voz en tono interrogante, la cual pertenecía al pelinegro misterioso.
- Sí, mi esposa- aseguró- Serena Kou, la rubia que acaba de ir a revisar que la cena este perfecta- informó con orgullo y esbozando una sutil sonrisa.
- Seiya Kou- se presentó a la rubia.
- Haruka Tenou- respondió ella.
- Mi prometida- completó el castaño, su hermano sonrió –en hora buena ¡Felicidades!- Expresó con sinceridad.
- Él es Darién Chiba- informó Noriko con una seguridad que no poseía en ese momento.
"Darién Chiba" repitió su cabeza, extendió su mano como acto reflejo y apretó con fuerza al sentir como el ahora conocido personaje imprimía más fuerza de la necesaria al gesto, su cordura se negaba a creer que el culpable de tantas atrocidades en el pasado de su esposa estuviera ahí, confuso dirigió su mirada a su prima y a la señora Mizuno, la primera desvió la vista, en clara señal de que ya sabía de esto y la otra lo miraba con aprensión, ahí cayo en cuenta de que sus temores de ese día eran presentimientos por este encuentro, ahora comprendía la actitud de Serena, ese hombre frente a él que lo veía evaluativamente y con frialdad era el mismo que le había hecho tanto daño a su bombón, a su esposa, a su mujer.
- Un gusto conocerte "socio"- comentó con seriedad Darién enfatizando la última palabra.
- ¡PASEMOS AL COMEDOR!- Intervino Ray, quien se había mantenido al margen de la conversación, sabiendo que la explosión por parte de su primo llegaría apenas entendiera como habían pasado las cosas para que ocurriera lo que acababa de pasar.
Al mismo tiempo estaba preocupada por su amiga, pero sabía que no podía hacer mucho por ella, al menos no durante esta reunión, tenía que ocuparse de los demás socios y dar espacio a lo que quizás pasaría entre los que acababan de llegar, es decir Seiya, Serena y Noriko, la culpable de todo esto, pensó con furia.
Encerrada en el despacho de su esposo Serena Kou lloraba amargamente sacudida por temblores producidos por el miedo ¿Cómo había podido pasar esto? Encontrárselo justo aquí, en su casa, en este momento tan importante para su marido y sobre todo cuando las cosas estaban tan bien entre ella y Seiya ¡POR DIOS! No podía estar dudando de lo que acababa de proclamarle en la recámara, ELLA LO AMABA, SE LO HABÍA DICHO, pero también era cierto que dolía verlo de nuevo, dolía condenadamente horrible, su mirada al verla era la misma que le había dirigió la última vez que se vieron, cuando la tomo cruda y salvajemente para luego escupirla a la cara diciendo lo más hiriente que hubiera escuchado nunca. No quería salir, no quería enfrentarlo…Porque no podía, hacerlo, significaba dar explicaciones que se había jurado no dar, inclusive a sus padrinos que de seguro se enterarían por él, apenas tuviera oportunidad de comunicarles su paradero.
¿Esto era justo? Se decía una y otra vez, ella anhelaba ser feliz, ¿Acaso no lo merecía? Su único pecado había sido enamorarse de alguien que no le correspondía, sabía que se había equivocado al entregarse a un hombre que al siguiente día ni siquiera recordó la noche tan increíblemente hermosa que para ella habían pasado, de la cual una vida que ahora tenía 5 años era el único recuerdo.
- ¡IDIOTA!- Se insulto –Toma coraje de donde no lo tienes y sal y enfrenta tus miedos- dijo en voz baja limpiándose las lágrimas bruscamente.
Pero no tenía fuerzas, así que débil como se sentía se dejo caer en el frío piso sollozando, esperando que todo lo que creía que pasaba fuera solo un sueño, un maldito sueño del cual quería despertar ya.
Fuera de ahí, sentados a lo largo y ancho del comedor, se encontraban Seiya a la cabeza, Noriko a su lado izquierdo, el asiento derecho vació, en espera de su dueña, Ray al costado, Taiki y Haruka le seguían a la joven, Alan al lado de Noriko y Darién le seguía, en los lugares adicionales 4 hombres y 2 mujeres más completaban el cuadro.
- La señora ordeno que comenzará a servir- murmuró la doméstica a su patrón, este asintió.
- ¿Dónde ésta?- Cuestiono el pelinegro preocupado.
- Con la niña Hotaru- respondió incómoda la mujer, evitado mirarlo, lo cual para él indico que estaba mintiendo.
- Gracias-.
Los presentes reían y bromeaban sin percatarse del ambiente de tensión que algunos de los ahí reunidos exudaban por los poros.
"Serena Tsukino, ¡NO! Serena Kou, no puedo creer que este aquí, que sea la esposa del hermano de Taiki, uno nunca puede escapar de su pasado, no cuando pretendes ser feliz sabiendo que no lo mereces, no cuando eres consciente de que para conseguir tal dicha primero debes enmendar aquello que hiciste mal, pedir perdón a quien dañaste y ser honesta con la persona que te brinda esa oportunidad de ser una mejor persona"- pensó Haruka Tenou con infinita tristeza, recordando todo aquello en lo que había participado en prejuicio de la rubia que en cierto grado sería familia. Pánico y terror, conociendo como conocía a Michiru eso era lo único que podía sentir…Sabía de que lado debía estar cuando la peliaguamarina llegará al país, lo que no sabía era sí ese bando la aceptaría con ellos ante la inminente batalla por comenzar.
Taiki veía con preocupación a su novia, a decir verdad esta reunión lejos de cordial estaba bastante tensa, las miradas entre su amigo y su hermano eran de hostilidad y ni que decir de la extraña esposa de Seiya que hasta ahora no se había dignado a aparecer.
- Mi esposa baja en unos minutos- informó el menor de los Kou –atiende a nuestra pequeña Hotaru- sonrió.
El semblante de Darién se endureció y apuró el agua servida frente a él.
- Preciosa niña, es encantadora- se dejo oír en alguno de los invitados.
- Y bien- comentó Noriko llamando la atención de los presentes -¿Para cuando es la boda?- La pareja Kou Tenou se miró entre sí antes de apresurarse a contestar.
Sabiendo que no podía pasar todo la noche escondida, Serena Tsukino se puso de pie, se miró en el reflejo de la ventana tratando de arreglar un poco su aspecto, comprobando que los resultados no eran nada satisfactorios se encamino a la salida pensando en pasar a su habitación antes de hace acto de presencia en el comedor.
- Ocultándote de mí- expresó burlona cierta voz que ella conocía perfectamente, tan sumida estaba en sus cavilaciones que ni siquiera noto cuando el irrumpió en el lugar.
- ¿Qué…Qué haces aquí?- Titubeó sin atreverse a dar un solo paso, el bloqueaba la entrada al despacho, notó con desesperación.
- Podría decir lo mismo ¿No crees?- Ironizó –pero el título y al parecer ciertos hechos hablan por sí solos- recalco con crueldad viéndola directamente a los ojos, sin inmutarse por el pánico que se reflejaba en los orbes celestes de la rubia.
- ¿Qué haces aquí?- Repitió con más seguridad, aunque más bien parecía un murmuró.
- La verdad es que te ves mucho mejor la última vez que nos vimos ¿Te acuerdas?- Enfatizó con burla.
- ¿Cómo te atreves?- Se envalentono indignada.
- Me das pena- dijo imperturbable, ella se sobresalto –ser la zorra que se revolcaba con todo Tokio te sirvió para esto- afirmó implacable, reparando en el cuadro de bodas que se encontraba a uno de los costados de la habitación, en ella Serena estaba abrazada de su esposo, ambos sonreían y se veían realmente felices, esto por supuesto lleno de rabia al pelinegro.
- ¡CÁLLATE! ¿Cómo te atreves a hablarme así?- Le cuestiono alterada.
- Te lo mereces- soltó con arrogancia.
- ¿Por qué?- Pregunto con suplica.
"¿Por qué? Yo creí algo que tú no eras, decidí darte mi corazón y tú solo eras una de esas que buscaba dinero y sexo por diversión, me asqueo de pensar en que toda mi vida he estado enamorado de una cualquiera como tú", pensó él.
- No puedo creer que decidieras abandonar a tu familia para esto- escupió duramente.
- Yo nunca…-.
- ¿Nunca que? No conforme con pisotear el buen nombre de los Chiba decidiste mostrarte tal como eras, una maldita zorra sin escrúpulos que sola busca dinero-.
- Yo no-.
- Cállate- exigió -¿Y cómo le llamas a esto que tienes Serena Kou?- Cuestiono con sorna -¿Eso querías? ¿Un esposo rico que no supiera lo que eres? Una cualquiera- afirmó con todo el veneno que podía destilar.
- ¿Por qué me odias tanto?- Pregunto en tono lastimero –no te hice nada, mi único error fue ser débil contigo- murmuró reprimiendo sus intensas ganas de llorar.
- Odiarte es sentir algo por ti, y no me haces sentir nada- la rubia se llevo una mano a la boca horrorizada al comprobar que tan hondo calaba el desprecio de él
- Yo no abandone a mi familia-
- ¿A no?- La cortó él –desaparecer 5 años y no dar muestras de vida ¿Cómo le llamas a eso?-. La fría y dura mirada la hicieron flaquear, no tenía idea de cómo comportarse, pero sabía que gritar no era una buena opción, así que tratando de mostrarse serena, le hizo frente al fantasma del pasado que fastidiaba su presente.
- Era necesario- se limitó a contestar.
- Necesario ¿Para qué? Para tener de maneras poco propias lo que mi familia te daba por amor- expresó secamente –les va alegrar mucho saber que te encontré y que estas muy bien, que no la haz pasado tan mal como ellos- aseguró con una mueca despectiva.
- ¿Les vas a decir?-.
- Obviamente-.
A través de la expectativa de un encuentro, conforme va pasando el tiempo podemos volvernos temerosos y aprensivos, Serena y Darién, se veían uno al otro, ella con dolor al ser víctima de su propia mente, los recuerdos la bombardeaban una y otra vez, remembrando lo doloroso de su pasado, el pelinegro por su parte, simplemente se mostraba frío e indiferente, actitud que siempre había mostrado con ella, un escudo que le servía para protegerse de todo aquello que el mismo había provocado, su dolor y el de la rubia.
El silencio se cortaba con cuchillo, ella estaba aterrorizada porque solo una vez había visto esa mirada de hielo en él, y temía, no quería que nada empañara su felicidad, no ahora que estaba decidida a conseguirla al lado de Seiya.
Él por su parte estaba iracundo, la había encontrado sí, pero nunca se imagino verla plantada como toda una mujer de sociedad del brazo de un esposo rico e importante, su socio en un gran negocio y el cual no solo era el hombre que compartía con ella su vida, si no que además le había dado hijos. Y le molestaba porque su corazón se llenaba de esa extraña sensación que solo la rubia le había hecho sentir, a la vez que su corazón se estrujaba al saber que pertenecía a alguien totalmente. Claro que esto ella nunca lo sabría.
Un suspiro escapo de los labios de ella y acomodándose el cabello camino despacio –quizás verte de nuevo no sea tan malo después de todo – dijo en voz baja, él seguía todos sus movimientos –soy consciente de que tengo que dar la cara a la familia que me cuido y dio el amor que necesité al perder a mi madre- suspiro de nuevo- pero será a Diana y Mamoru a quienes les hable de mis razones para desaparecer, ellos me comprenderán –murmuró y al acercarse más, el dejo libre la puerta, ella negó –a ti no tengo porque decirte nada de mi vida, después de todo nunca te ha importado- añadió mostrando una seguridad que no sentía.
- Espero que no vayas a decir que hubo algo entre nosotros- advirtió amenazante el pelinegro.
- No te preocupes Darién, eso que pasó es el error más grande que he cometido en mi vida, no veo la necesidad de recordar algo que me produce tanto asco- dijo con voz dura.
El sonido de la puerta al abrir y cerrarse, fue lo único que el pelinegro escucho antes de sacar un cigarrillo y encenderlo –si Serena, concuerdo contigo, esa noche ambos cometimos los errores más grandes de nuestras vidas- dijo para sí mismo.
- Amor estaba por ir en tu búsqueda- aseguró Seiya al verla llegar al comedor.
- Hotaru que no se calmaba- se justifico ella, más a su esposo no lo engañaba, seguro que se encontraba por ahí tratando de buscar fortaleza para enfrentarse al maldito que tanto daño le había hecho, pensaba él al ver los ojos de ellos carentes de ese brillo tan característico que tanto adoraba.
La cena transcurrió sin más contratiempos de los que se pudieran imaginar, la comida estuvo exquisita, y cuando los hombres se dispusieron a hablar de negocios todas las mujeres se hicieron a un lado para darles espacio, claro que había dos hombres que desafiantes no evitaban demostrar su desagrado él uno por el otro en todo momento. En el caso de las mujeres Ray se mostraba hostil ante Haruka que no hacía nada por defenderse. Era una escena irreal que nunca se pensó ver, no había pleitos, ni gritos, pero todo el ambiente estaba plagado de falsa cordialidad y de una frialdad que calaba hasta los huesos. La hipocresía era la bandera de todos los presentes.
- No creas que guardando silencio ante mis indirectas me harás creer que tus sentimientos son sinceros para con Taiki-.
- Lo son-.
- Concuerdo con Ray, tu solo vivías para hacer la voluntad de Michiru- intervino Serena, quien aún alterada trataba de distraerse con otros asuntos.
- Entre otras cosas- apunto la pelinegra- con evidente malicia.
- Las personas como yo ¿No tienen derecho a cambiar?- Cuestiono consternada, tanto que a la rubia y morena llegó a parecerles sincera.
- No cuando fuiste una maldita bruja con mi amiga- dijo señalando a la rubia.
- Ray- la llamó la aludida –ella no me hizo nada, bueno, de burlas e insultos no pasaba- intercedió contrariada.
- Ella sabe de lo que le hablo- se justificó la Hino.
Las horas pasaron y con ello el número de invitados se reducía, al quedar solo los inmiscuidos en el plan de Noriko Mizuno las cosas se fueron poniendo más claras en la conversación.
- ¿Cómo fue que te decidiste a fusionar la subsidiaria con el corporativo?- Inquirió Seiya-.
- Por Noriko, tenía mis dudas, pero cuando me dijo que era la voluntad de papá no dude en aceptar, además cuando me dijo que querías socios para internacionalizar la empresa no dudé en invitar a los Chiba- informó.
- ¿Invitar a los Chiba fue tu idea?-.
- No, de Noriko- respondió extrañado -¿No lo sabías?-.
- Parece ser que las mujeres de tu familia te ocultan cosas- comentó Darién entrometiéndose en la conversación.
- Yo no me encargo de esa área de la empresa-.
- Yo no habló de tu compañía solamente-.
- Alto, ¿Qué esta pasando aquí?- Preguntó Taiki contrariado.
- Que tu hermanito te explique, yo estoy cansado y tengo algunos imprevistos que arreglar –mirando significativamente a la rubia ante la furibunda mirada del marido de ésta.
- ¿Seiya?-.
- Ahora no Taiki-.
- Hasta mañana en la junta- se despidió burlón Darién antes de dirigirse a Noriko y Ray ignorando olímpicamente a la rubia entre ellas y salir de la casa, dejando un ambiente de incertidumbre en el lugar.
Serena confusa decidió refugiarse en su habitación sin despedirse de los que aún quedaban departiendo con ellos, necesitaba pensar, necesitaba aclararse antes de enfrentarse de nuevo a él, porque sabía que no sería como el de horas antes, él se mostraría implacable y ella temía mostrarse débil una vez más.
Abajo reino el silencio y la confusión.
- Taiki será mejor que nos vayamos-.
- No hasta que se me diga ¡QUE DEMONIOS PASA AQUÍ!- Exigió.
- Yo te explicaré- murmuró Haruka- al menos la parte que me toca- añadió agachando la mirada.
- ¿Solo quiero saber porque este maldito comportamiento durante la cena?-.
- Taiki, hermano, llevas años desaparecidos de mi vida, ¿Qué te hace pensar que voy a contarte?- Espeto mostrando su molestia el menor de los Kou.
- Seiya, solo quiero entender-.
- Pues entiende esto, ellas- señalando a su prima y a la que consideraba su suegra aún- son unas brujas que hicieron algo muy bajo en prejuicio de MI familia- agregó apretando los dientes –ella- mirando a Haruka- sinceramente no sé que tenga que ver, pero aparentemente ella y Ray tienen historia- el castaño fijo su vista en su prometida –y ese Chiba- suspiro- ese Chiba es el peor de todos –por su culpa la mujer que amo a sufrido un infierno- se acercó a una mesa y se bebió una copa de vino de golpe –espero que te quede más o menos claro el asunto y si no pues ¡BIENVENDIDO A MUNDO CONFUSIÓN!- Añadió con ironía.
- No se que decir-.
- No digas nada, después de todo, tu no eres quien me debe una explicación- dijo mirando significativamente a la pelinegra y a la peliazul.
Cuando finalmente Taiki y Haruka se retiraron de la mansión, pese a las protestas del castaño, el silencio reino, mismo que fue roto por un muy molesto pelinegro de coleta, el cual tenía bien justificado su enojo.
- ¿Y bien?- Apremió impaciente.
- Seiya…Yo- balbuceó su prima.
- ¡CÁLLATE RAY!- Rugió – ¡No quiero disculpas inexcusas idiotas!- Acotó con dureza –sólo la verdad-.
- Que se encontrará con él y su antigua familia es algo que iba a pasar de todos modos- obvió la peliazul.
- No era tiempo- contradijo él.
- Te recuerdo que no tenemos mucho tiempo-. Ante las palabras de Noriko, el atractivo hombre de coleta levanto la vista, mirando con ferocidad.
- ¡Te exijo que hables!- Se acercó a ella y la zarandeo con brusquedad, Ray atónita se abalanzo sobre él para calmarlo.
- Seiya por favor- suplicó.
- ¡Mantente al margen traidora!- .
- Yo no tuve que ver con esto- se excusó.
- Pero lo sabías desde antes- argumentó él. Bajando la mirada Ray le dio la respuesta.
- Estoy esperando Noriko- advirtió amenazante.
- Será mejor que vayamos al despacho- sugirió ella zafándose del agarré.
- Al despacho entonces- apremió él obligándolas a ir primero, mirando escaleras arriba pensando en lo mal que debería estarse sintiendo su mujer.
Con la tranquilidad que caracterizaba a la señora Mizuno, se sentó en una silla frente al escritorio, muy segura de sí misma, la joven Hino, por el contrario se quedo de pie, justo al lado de la puerta principal.
Tomando una fotografía familiar del escritorio, suspiro –fue por ellos-.
- Seguro- se burlo él.
- Es la verdad- lo miró a los ojos –la verdad que tú y yo sabemos, que la vida no ha sido justa contigo-.
- No…Noriko-.
- Déjame Ray, quería explicaciones, pues que escuche-.
- Dime todo lo que tengas por decirme- solicitó el pelinegro.
- Tal vez me odies en este mismo momento por lo que paso esta noche y por aquello que vas a tener que enfrentar en estos días, pero se me hacía justo darte todo lo que te mereces al 100%- se justificó.
- ¿No podías esperar a que muriera?- Le increpó ásperamente - ¿Por qué cuando soy feliz?-.
- ¿Lo eres realmente?-.
- Noriko no por favor- intervino la joven azorada –Seiya primo- se acercó a él, tomándolo del brazo, él se aparto sin siquiera mirarla.
- Sigue- incitó a la mujer.
- Eres un gran hombre, aún cuando sabías a mi hija enferma y débil la cuidaste, la amaste y la hiciste muy feliz hasta sus últimos días- comentó con melancolía, recordando esos momentos tan difíciles que habían vivido, dándose apoyo mutuo – me consta que sufriste por su muerte y sé que aún casado la amaste fielmente –desvió la mirada dándose valor para proseguir –te vi luchar cuando Zafiro enfermo, amar a un niño sin ser tu sangre, adorarlo- alegó enérgicamente.
- Es mi hijo- la cortó, ella asintió.
- Y sé que pese a creerlo mala idea, la llegada de Hotaru abrió tu corazón de nuevo- argumentó suavizando su tono de voz –fue un angelito que llegó-.
- Para salvar a su hermano, y a mí- murmuró él.
- Y a ella- completó Ray.
- Sigo sin entender – se obstinó él -¿Por qué justo ahora? ¿Por qué de esa manera?-.
- Estas muriendo Seiya- recordó la mujer mayor. Horrorizada su prima se llevó una mano a la boca.
- No temas Ray, yo no lo hago-.
- Trate de disuadirla- sollozó.
- ¿Por qué?- Repitió él -¡MALDITA SEA NORIKO! ¡HABLA!- La incitó frustrado.
- Ella te ama ¿No? ¿A que le temes?-.
- Ese no es el punto-.
- Intentó explicarme- murmuró –no quiero que mueras creyendo que ella estaba contigo por lástima o simple agradecimiento-.
- El no cree eso- defendió muy convencida la morena.
- A veces- confesó él –a veces si lo pienso- repitió con desgano.
- Él no volverá a hacerle daño, al menos no más del que ya le ha hecho-.
- Tengo miedo- susurró agobiado dejándose caer al piso y tapándose la cara con ambas manos.
La inseguridad que le producía la forme en que su matrimonio se había concertado, sumado al dolor que arrastro a su ahora esposa a salir de la vida de su familia adoptiva, infundían en Seiya temor, miedo y una sensación de pérdida que le dolía más que saber de su próxima muerte.
Esa noche no durmió, al igual que nadie de su familia, tampoco subía a su recámara, él necesitaba reflexionar sobre los pobres motivos que le habían dado para producir un encuentro entre ése y su mujer.
- Serena- suspiró, Serena lo necesitaba, sí, pero también era cierto que sola debía estar, reflexionando sobre su pasado para dejarlo de lado, por muy difícil que pareciera y viviendo su presente como hasta ahora, enfocada en su familia: Los Kou.
El llanto, el temor, la inseguridad, los recuerdos, el remordimiento y en otros casos la honestidad para con el ser amado, fue el común denominador de esa noche. Todos esperaban que el día de mañana pintara mejor, lleno de esa luz que no se veía por ningún lado, ni siquiera al final del camino.
Al siguiente día, tal como se había estipulado, la firma del acta de la nueva sociedad de los Laboratorios Chiba, con el Corporativo Kou se llevarían acabo a primera hora de la mañana. Y no es que los integrantes en este acontecimiento estuvieran muy deseosos de cerrarlo, sobre todo después de la incomodidad que los agobiaría en por lo menos un año que durará la revisión de los Chiba, sobre el manejo de su capital y sociedad en la empresa, Darién, Taiki, Seiya y Ray dudaban de una cordialidad aunque fuese profesional entre los principales afectados con tanto pasado entre la esposa y la familia del socio, pero ya nada se podía hacer, Noriko había jugado muy bien sus cartas y el proceso no había podido pararse, las cosas seguirían su marcha, tal como ella las había forzado y como el destino dispusiese que pasarán.
Seiya Kou llegó a su empresa flanqueado por su prima y suegra, los semblantes de los tres eran similares, se veían fatigados, las ojeras eran evidentes en sus rostros haciéndolos sombríos, caminaban apresuradamente por los pasillos de las oficinas directo a la sala de juntas.
Darién Chiba y Taiki Kou, llegaron minutos después, silenciosos y taciturnos se miraban entre sí, sabiendo que tenían mucho por decirse.
Cordial, hosca y llena de hipocresía, así se llevo acabo la reunión, se firmó el acta y el convenio que marcaba el inicio de la gran sociedad que pese a beneficiar a ambas familias económicamente, sería de lo más problemático a nivel personal, eso todos lo sabían.
Noriko durante la duración de la junta, estaba distraída mientras se leían las cláusulas, obligaciones y responsabilidades de las dos partes, ella realmente no necesitaba saber de que trataban, puesto que lo sabía ya, después de todo se había dedicado a preparar toda esta situación inmiscuyéndose y participando en todo detalle, incluida la jugada de la fusión. Claro que sabía que estaba jugando con fuego, la mirada de reproche que continuamente cernía sobre ella su yerno la acobardaba, más no se daba el lujo de demostrarlo, peores cosas estaban por venir, claro que si Serena ponía remedio a todo esto no tenían por que salir mal ¿O sí? ¿Cuál era el verdadero objetivo en todo esto? La mujer reconoció que motivos muy egoístas, exaltados por una extraña sensación de justicia, que ella deseaba hacer valer en la vida de la rubia, del esposo de ésta y si todo salía bien, hasta en la de Darién. Suspiró con melancolía, Seiya merecía ser feliz en el poco tiempo que le quedaba de vida, viviendo plenamente con su mujer, la cual lo amaba, pero también ella merecía ser feliz, después de tan triste pasado, no sabiendo con certeza lo que el cruel destino le arrebataría pronto. Serena iba a necesitar mucho apoyo, pensó, y sabiéndose la verdad de su escape, los Chiba seguramente la apoyarían y ayudarían a salir de la tristeza en que se sumiría seguramente tras la muerte de su esposo. Lo que ella no sabía es que tantas revelaciones también darían cierta esperanza a un ojiazul que no esperaría la muerte de su rival para luchar por la mujer que amaba.
- Dejémonos de estupideces- increpó Seiya al estar en compañía de su hermano y socio tras retirarse los demás directivos de la empresa.
- Lo mismo digo- replico el que consideraba el causante de que su tranquilidad familiar se esfumará.
- No creo que sea momento de hablar sobre eso- intervino el castaño.
- Lo dirás por ti- alegó Ray incorporándose a la habitación.
- ¡BASTA!- Gritó Noriko –somos adultos ¿No? Así que no hay necesidad de escenitas para enfrentar el problema- la mujer llegó justo después de realizar una misteriosa llamada telefónica.
- Yo no tengo ningún problema- objeto Darién –al menos con ustedes- se corrigió con cierto cinismo.
- ¿Cómo te atreves?- Espeto Seiya.
- Por favor- intervino Taiki- dejen de pelear.
Una nueva ola de comentarios rabiosos, cínicos y amenazadores se dejaron escuchar una y otra vez en la oficina, finalmente, el mayor de los Kou logró cierta calma y tranquilizar los ánimos de todos los involucrados en la disputa.
- Yo me voy, mis padres llegan hoy o mañana por la mañana…Debo preparar su hospedaje o buscar algún departamento para su alojamiento- informó Chiba.
- ¿Ya les contaste?- Afirmó Ray.
- Obviamente- respondió el aludido secamente.
- Era de suponerse que llevarías corriendo las buenas nuevas a tu familia- murmuró el pelinegro de larga coleta.
- Tal como tu esposa predijo anoche- comentó socarrón el primero.
Una sonrisa de suficiencia se dibujo en el rostro sombrío de Darién, el gesto de incredulidad mostrado por su "socio" indicaba que no sabía de su pequeña charla con la rubia.
- Buenas tardes señores, un gusto haber cerrado tan importante negocio, nos estaremos viendo- añadió antes de salir del lugar.
- Darién…¡Espera!- Lo llamó Noriko –yo- suspiro –tenemos un pent house listo para ti y tu familia, al igual que para ti Taiki- informó viendo a cada uno – te acompaño a verlo y a trasladar tu equipaje- se ofreció amablemente pero evidentemente tensa.
- Debí suponerlo- murmuró su yerno expresando decepción, pero sin sorprenderse.
La salida de Noriko del brazo de Darién Chiba, relajo sutilmente el ambiente, aunque sabían que esto era tan solo el principio de una larga jornada de trabajo y confrontaciones por venir.
- Seiya, hermano- dijo el castaño.
- Todo lo concerniente con la empresa puedes hablarlo con Ray- señaló con voz cansada.
- Yo quería hablarte de Haruka-.
- Ahora no Taiki, no tengo cabeza para eso-.
- Pero…Es importante- el pelinegro lo miró fijamente y negó.
- Ahora no- expresó suplicante –por cierto ¿Dónde está Yaten? Pensé que llegaría para la firma- comento para cambiar el tema.
- Tenía cosas por hacer, pero llega en una semana, no te preocupes-.
- Entiendo- suspiro.
- A mi tío le hubiera encantado ver esto, a sus hijos por fin reunidos en algo que él construyo con tanto esfuerzo- ambos hombres asintieron. Y es que debido a las situaciones familiares, habían convivido poco y cuando más se había afianzado su hermandad, el matrimonio con Ami los había separado llevándolos a años con una comunicación casi nula, encaminada solo a los negocios.
- Sí- concedió el castaño en un suspiro.
- Taiki lo siento, no te tomes personal lo que esta pasando, es sólo que…No soporto a ese Chiba- informó.
- Es una pena…Es un gran tipo y yo le aprecio-.
- Quizá no lo conoces bien- alegó Seiya.
- Dudo que tu sí-.
- Con lo que sé me basta- replico.
- ¿Te muestro tu oficina?- Sugirió Ray dudosa, harta de no poder intervenir en las conversaciones por miedo a demostrar todo lo que sabía y seguir decepcionando a su querido primo.
- Me encantaría- sonrió -¿También es la de Darién?-.
- No…Él tendrá que compartir conmigo- acotó mostrando su disgusto por tal hecho.
- La tiene difícil-.
- Mucho-.
- Tengo que ir a casa- murmuró Seiya, sabiendo que no podía aplazar lo inevitable –te haces cargo prima-.
- Como siempre- bromeó ella sabiendo que ser cómplice de Noriko Mizuno aún no le era perdonado.
Ya instalado en su oficina y sin atreverse a preguntar a su temperamental prima por su enemistad con Haruka, Taiki recordó la conversación en donde su prometida le había revelado detalles de Serena Kou, y de como ella había afectado su vida.
FLASH BACK.
- Noche difícil eeee- pretendió bromear él.
- ¿La viste? Si la hubieras conocido hace algunos años notarías la gran diferencia que hay en ella- murmuró ausente su novia. Haciendo una clara alusión a Serena Kou.
- ¿La conociste bien?- Preguntó Taiki, la rubia asintió.
- Es la ahijada de los Chiba- informó confirmando las sospechas del castaño.
- ¿La desaparecida?- Expresó asombrado.
- Así es- suspiro Haruka.
- ¿Por qué estuviste tan callada en la cena? ¿Porqué Ray se comporto así contigo?- Las dudas dispararon esas preguntas sorprendiendo a la mujer.
- Fuimos compañeras del colegio, ella era del lado de la luz, al igual que Serena- bromeó –Michiru y yo del lado oscuro- murmuró evitando mirarlo –siempre pensé que todo lo que hice en complicidad con ella provoco la huída de ella- dijo a la par que esa mirada tan conocida por Taiki de la rubia la cual era de remordimiento la hiciera sumirse en un profundo silencio.
- ¿Fue muy malo?- Atinó a preguntar él, temiendo la respuesta, la rubia suspiró ¿Qué lograste con eso? ¿Por qué?-.
- Michiru- susurró, dando a Taiki aún más respuestas de las que esperaba.
FIN DEL FLASH BACK.
Tokio, Japón.
Una rubia yacía recostada en su escritorio, dando a entender cansancio, su hermoso cabello ocultaba su rostro, cual hermosa cortina de hilos dorados.
- ¿Terminaste?- Cuestiono su "jefe", sobresaltándola al instante.
- Finalmente- suspiró, dejándose caer de nuevo.
- Me dijo Anika que no saliste a comer- comentó con cautela aún parado en la puerta de la oficina.
La joven levanto la vista y él noto que sus ojos brillaban furiosos.
- ¡NO SALÍ A COMER, PORQUE TENÍA QUE TERMINAR Y CERRAR LOS BALANCES!¡LO CUAL TENÍAS QUE HACER TÚ!- Gritó sacando con ello parte de su molestia, parte, porque ella sabía bien, que había entretenido al peliplateado todo la tarde, haciéndolo olvidar sus responsabilidades, lo cual por más que negara le dolía, le dolía demasiado.
- ¡Mina!-.
- ¡MINA NADA YATEN!- Escupió -¿Dónde estuviste toda la tarde?...Taiki llamó- expresó con reproche –según él, no te localizaba en el celular, te recuerdo- pausó y tomo aire –que esa caótica vida que tienes afecta a los demás- "sobre todo a los que te amamos" pensó con tristeza, reconociendo que esto era más por el hecho de saberlo entusiasmado con alguna de sus conquistas que por el trabajo no hecho por el joven.
- Tenía un asunto por resolver- comento indiferente, encogiéndose de hombros.
- Claro que sí- comentó ella con sorna – ¡IR A ACOSTARTE CON QUIEN SABE QUE TIPA!- Le gritó, él la miro fijamente –siempre es lo mismo contigo, siempre olvidándote de tus responsabilidades, valiente asunto- se burló, destilando ironía.
- ¿Y A TI QUE TE IMPORTA?- Replico él, callando a la rubia, que paso de la rabia a la decepción.
- ¿Qué dijiste? ¿Qué no me importa?-.
"¿Acaso no era evidente que sí le importaba? Que a pesar de ser amigos, la relación entre ambos era más que eso, no en el plano físico, pero si en el emocional, ¿Es que él no se daba cuenta? Y ella ni siquiera le pedía nada, su único deseo, era la felicidad de él, con alguien que lo mereciera, no con esas zorras que solo buscaban placer y todo lo que salir con Yaten Kou significaba, regalos costosos y lugares caros. No, definitivamente él no se daba cuenta, suspiró. Decepción y dolor, esas seis palabras pronunciadas por él le habían dejado solo eso. Algo parecido a lo que sintió cuando después de su primera y última noche de amor él le ofreciera su amistad, como la única forma de que ambos pudieran tener alguna relación".
- Pues no- continuó él con aplomo. Una vez más, la sensación de pena bombardeo el corazón y orgullo de Mina.
- Tienes razón- bajo la voz- después de todo ser tu amiga y preocuparme por ti no significa nada, no es importante…Para ti- comentó más para si misma.
- Mina- la llamó él entre confuso y arrepentido al ver el semblante de la rubia.
- No…Esta bien- suspiró –no volveré a meterme en tu vida personal- afirmó con la seguridad que fue capaz de expresar, que la verdad no era mucho.
- Mina…Yo…Lo siento- murmuró él.
- Déjalo Yaten- dijo serena –Taiki dice que lo llames –informó cambiando el tema –dijo que era urgente- agregó-.
- ¿Te llevo a casa?- Se ofreció él, sin reparar en la llamada de su hermano –no te ves bien, es mejor que no manejes- aconsejó viendo como ella guardaba sus cosas y tomaba su bolsa, obviamente anticipando su salida.
- Pues- ella dudó, después de todo así era él, los detalles eran sus "perdóname Mina" o manifestar arrepentimiento.
El celular del peliplata sonó interrumpiendo la respuesta de la rubia, él hizo una mueca de fastidió y contesto rápidamente imaginando que era su hermano.
- Diga- pausó y levanto la vista hacia su amiga, mostrando incomodidad, actitud que ella noto -¿Ahora?- Expresó sorprendido –Pues…No sé…Verás…- Levantó la vista, descubriendo que sólo él se encontraba en la oficina.
- Lo siento Michiru, tengo trabajo- suspiro- claro mañana- dijo antes de finalizar la llamada.
- Así es mejor mi querida Mina, tú te mereces algo mucho mejor que yo- murmuró con melancolía, aspirando el olor de la mujer que amaba impregnado por todo el lugar.
E.U.A. Residencia Kou.
Apoyado en el asiento de su coche, con la cabeza escondida en el volante, Seiya Kou reposaba los sucesos que lo hacían flaquear, que debilitaban sus ánimos de cruzar el umbral de su puerta a su casa, a su hogar.
Los asustados ojos azules de su esposa taladraban su mente una y otra vez, torturándolo. Las explicaciones de Noriko no justificaban en nada su forma de actuar. No se sentía capaz de perdonar a quien, aún con sus buenas intenciones había provocado dolor en el ya de por sí herido y cicatrizado corazón de su Serena.
Con un suspiro de cansancio deseando mostrarse fuerte para ella, bajo del coche a seguir con su destino.
- ¿La señora? ¿Mis hijos?- Preguntó al entrar a la casa a una de sus trabajadoras domésticas.
- Los niños aún en la escuela señor- informó –la señora- suspiró –en su habitación, toda la mañana ha esto ahí con la niña Hotaru-.
- Gracias-.
- Señor- lo llamó cautelosa la mujer, él volteo confuso.
- Sí-.
- Disculpe que me entrometa, pero- dudó y respiro profundamente –la señora no ha comido nada y solo se le escucha llorar- intento explicarse, Seiya le dedico una mirada de comprensión.
- Lara, en 20 minutos suba una bandeja con comida para dos y una mamila para la niña- ordenó con amabilidad.
La mujer sonrió asintiendo con la cabeza.
Él por su parte subió las escaleras despacio, muy despacio, negándose a llegar, pero a sabiendas de que tenía que llegar a ella, la cual seguramente estaría necesitando apoyo…Sobre todo de él.
Silencio, eso fue lo único que halló al entrar en su recámara, su esposa mecía entre sus brazos a su pequeña hija, sentada en un sillón cercano a la ventana sin emitir sonido alguno, Seiya frunció el ceño al notar la mirada perdida de la rubia, ojeras rodeaban sus preciosos zafiros y su semblante desaliñado y fatigado lo preocuparon aun más.
- Serena-.
Silencio.
- Preciosa-.
Silencio.
- Bombón-.
Sollozo.
- Mi dulce bombón- murmuró besando sus cabellos, arrodillándose frente a ella para quedar a su altura y rodeándola con sus brazos.
- Te amo Seiya- murmuró acongojada, sintiendo la calidez de su esposo, envuelta de la protección de su cercanía.
- Lo sé- la tranquilizó él.
- No quiero que dudes de eso- expresó intranquila en un llanto sofocado por sollozos.
- Perdóname preciosa- murmuró contra sus cabellos.
- Shhh Seiya, perdóname tú a mí- sus vistas se encontraron y en ambas se apreciaba tormento, confusión, angustia y miedo. La pequeña Hotaru se removió inquieta y él presuroso la tomo en sus brazos logrando tranquilizarla, la beso en la frente y con sumo cuidado la deposito en la cama ante la atenta mirada de la rubia.
"Eres tan bueno y tan perfecto". Pensó.
- No digas nada bombón- dijo él interrumpiendo sus pensamientos.
- Necesito hacerlo, es que…Es sólo…Mi reacción, no pude evitarlo- balbuceó apenada –y luego…Ayer no viniste y…Pensé que volvería a estar sola- sollozó cubriendo su rostro.
- Nunca Serena…Escúchame- le pidió tomando su mentón, obligando que lo viera a los ojos -¡Yo siempre voy a estar contigo!-Declaró con dulzura.
- A mi lado- afirmó ella.
- Contigo- repitió él – todo lo que hemos pasado juntos nos ligó para siempre, venga lo que venga, pase lo que pase-.
- Tarde mucho en abrirte mi corazón- Afirmó ella en tono triste.
- Tarde mucho en aceptar que tú habías entrado en él- Debatió el pelinegro.
El tímido golpeteó a la puerta los hizo salir del mágico momento, posponiendo la parte difícil de la conversación.
- Me dijeron que no haz comido- reprendió él suavemente, ella apenada bajo la vista.
- Lo siento-.
- Necesito que comas, aún tenemos que hablar- ella asintió.
Comieron poco, pero al menos ya era algo, después de todo, enfermarse no les hacía ningún bien, fortaleza y buena salud se iba a necesitar para salir victoriosos en la dura prueba a la que el destino los estaba enfrentando.
"Noriko tiene razón, la vida no es justa, ahora que tengo todo me falta tiempo para disfrutar de ello".
- ¿Es preciosa verdad?- Cuestiono ella en alusión a la bebita dormida en la cama, viendo las continuas miradas de Seiya hacia la niña.
- Como todos nuestros hijos- expresó él con orgullo, Serena sonrió derritiendo con ese acto el corazón del hombre que le profesaba tanto amor.
- ¿De que más quieres que hablemos?- Preguntó ella tanteando el terreno.
- ¿De lo que sientes?-.
- Miedo- contesto rápidamente, él la insto a seguir –escape del dolor que yo misma me cause y con eso dañe a personas maravillosas a las cuales les debo el recuerdo de una infancia feliz, justo ahora que siento que el pasado esta quedando atrás, vuelve, ¡Vuelve con él!- Exclamó – y temo…Temo desbaratar esto…Nosotros…Tú felicidad-.
- No temas-.
- No quiero hacerte sufrir, en ninguna forma, no lo mereces-.
- Eso no va pasar- objetó él muy convencido.
- ¡ME AMENAZÓ!- Gritó e inmediatamente fijo su vista en la niña, suspiro al ver que no la había despertado –dijo que hablaría con mis padrinos-.
- Ya lo hizo- informó Seiya interrumpiéndola-.
- Tengo tanto por explicar-.
- Yo te ayudaré a hacerlo-.
- Verdades que confesar- siguió enlistando.
- ¿Te refieres a Helios?-.
- Me refiero a todo- suspiró.
- No quiero que te preocupes por nada Serena, yo te amo, estoy contigo y no voy a permitir que nada te dañe, voy a cuidarte incluso de ti misma- expresó con firmeza.
- Seiya- murmuró reposando su frente con la de él.
- Te amo, no lo olvides nunca-.
- Nunca- repitió ella.
- Seiya-.
- Sí- susurró él, disfrutando el momento.
- Hazme él amor-.
- ¡Serena!- Dijo sorprendido.
- Te siento llenar mi corazón, animas mi alma y enderezas mi espíritu y eso te lo agradezco, pero ahora te necesito…Yo- suspiró –necesito sentirte completamente-.
- Soy completamente tuyo- afirmó antes de besarla, beso en el cual trataba de transmitir todo su amor, entregándoselo una vez más a ella. Siguiendo el calor del momento, la recostó con suavidad en la alfombra maravillándose con su rostro sonrojado, sin prisas se quito la ropa para posteriormente hacer lo mismo con las de ella.
- Gracias por ser parte de mi vida-.
- Gracias por llegar a ella- expresó con ternura el guapo pelinegro antes de penetrarla delicadamente, adentrándose en el cálido interior de la rubia que gimió al contacto de su unión desatando con eso la pasión que los consumiría el resto de la tarde.
Horas más tarde.
Serena Kou escuchaba con una enorme sonrisa en su rostro a sus hijos y esposo gritar y carcajearse mientras nadaban en la piscina de su casa, agradeció con una fugaz vista al cielo por todo lo bueno que había en su vida. A la vez la noticia que Noriko le diera unos minutos atrás la descoloco un poco. Diana y Mamoru Chiba habían llegado esa misma noche y la habían citado ya…Tenía mucho por contar, sinceramente no estaba preparada para enfrentarlos, pero siendo sincera nunca iba a estarlo del todo. Había sido injusta, eso lo sabía bien, pero no se sentía capaz de soportar rechazo hacia la pequeña luz que llegó a su vida tras sufrir el dolor del rechazo y odio de parte del ser amado. Su huída, había sido por él, por Helios, ocultar la verdadera paternidad del niño no hubiera servido de nada, seguramente él lo juzgaría como el bastardo hijo de la cualquiera de la que él mismo se había beneficiado, pensó con amargura y ella no podía, no quería permitir que ese inocente sufriera la ira y las ataques de su propio padre. Por eso se había marchado de la casa Chiba, para proteger a su hijo. No tenía claro que iba a hacer ó que iba a decir, sólo sabía que defendería a su familia con uñas y dientes. Nadie saldría victorioso en los próximos encuentros, pero si su familia estaba bien, tranquila y segura, lo demás, incluso ella…No importaba.
Darién era otra cosa que la perturbaba…Sí, ¡AMABA A SEIYA! Por su forma de ser, por lo que tenían, por lo que le había ofrecido, por el amor sincero que le brindaba y porque él, al igual que ella lo merecían…Pero tenía que ser honesta, la llegada de Chiba la perturbaba, física y emocionalmente… Su amor por él era pasado…Pero si así era ¿Porqué temblaba con verlo? ¿Por qué su mirada le afectaba tanto? ¿Por qué temía evidenciar lo que su cercanía le provocaba? ¿Se podía sentir ese tipo de cosas por dos hombres al mismo tiempo?...Seiya era seguridad, confianza, protección, amor, familia. Y Darién…Pues él había significado sueños, anhelos, ilusión y después dolor, rencor, miedo, vergüenza…¿Y ahora?...No podía mentirse a sí misma…El recuerdo de su primer amor había despertado cosas que trastocaban sus sentidos, sus emociones…Pero tenía que mantenerlas a raya…"No dudes" le había dicho Noriko antes de marcharse a dormir…Y eso iba a pretender…No dudaría de nada…Ellos no se lo merecían…Y con la imagen de su feliz familia, Serena siguió pensando en el duro día que estaba por llegar, en donde un encuentro más haría temblar su estabilidad…Esperaba que este la dejará con menos dolor que el anterior.
Al siguiente día.
Semi oculto por el gran tamaño de un árbol se encontraba Darién Chiba, no había podido dormir, había estado pensando toda la noche en ella…Y ahora, la tenía a tan solo unos metros de distancia…Él que siempre la había considerado hermosa, ahora simplemente se había quedado sin palabras, no había forma de describirla y es que, con años de amarla y recordarla siempre tenía algo que decir sobre esa rubia que sonriente besaba a sus hijos antes de conducirlos a la puerta del colegio.
Esa imagen le dolió, dolió porque el la había reproducido tantas veces para sí mismo…Ella, él, juntos, con hijos, por siempre. Enojado dio un puñetazo contra el árbol sin percatarse del dolor en sus nudillos, ya que el dolor que lo aquejaba, dejándolo casi sin respirar era mucho más grande…Su alma lloraba y su corazón sangraba, llevaba años así, desangrándose por el recuerdo de ella…
¿Cuándo el amor se convierte en resentimiento? Él lo sabía bien…Eso pasa cuando el objeto de tu devoción es todo lo contrario a lo que tu creías…Con miles de emociones encontradas siguió mirando a la rubia quien de un momento a otro giró su cabeza encontrándose con él, si se sorprendió no lo evidencio, todo lo contrario de él que abrió desmesuradamente los ojos al verla dirigirse hacía él, con inseguridad pero muy decidida…
Continuará…
¡Hola!
Pues a todas ustedes que toleran mis retrasos, MIL PERDONES, no hay excusas ni palabras que expliquen porque esta tan tardada actualización. En fin, yo espero que la disfruten, al igual que yo disfrute al escribirla y si se les hace un poco flojo el encuentro, espérense al próximo que es cuando las cosas van tomando forma…
Les mando un beso…Hasta la próxima…bye
