BUENAS A TODOS. Lo primero, pido persón por haber tardado tanto en subir, pero he estado estudiando todo el mes tanto para selectividad como para unas pruebas de acceso y he estado muy estresada. A pesar de que he intentado escribir este capítulo antes, no he podido terminarlo hasta que he estado más relajada. No quedaba como yo quería, no me gustaba. Y este capítulo contenía mucha información importante y debía quedar bien. He intentado que no quede muy denso. También es verdad que no me esperaba que fuese taaaan largo xD No os esperéis que el resto de capítulos sean así, simplemente es que este era uno importante.

A L3onn: ¡Me parto con tus comentarios! jajajaja de verdad que muchas gracias y me alegro de que te guste. En este capítulo encontrarás alguna respuesta a tus preguntas ;)

A UchakoAra: Muchísimas gracias por el apoyo y por leerme! Espero que los capítulos te sigan gustando ^^

A los que me comentáis en anónimo, muchas gracias también. Ya lo he dicho y lo seguiré diciendo: los comentarios de verdad que animan a seguir escribiendo. Y de nuevo, que me digáis que represento bien a los personajes para mi es muy importante, porque es una de las cosas que más me preocupan. Ahora que ya estoy de vacaciones, me pondé a tope para campensar un poco este lapsus. Este tiempo también me ha servido para esquematizarme un poco la historia y tener las cosas más claras, ya que aún me quedaba un cabo suelto por ahí... Bueno, ya no me enrollo más, miles de gracias por leer lo que escribo y espero que todos disfrutéis este nuevo capítulo.


Nami comprobó que para tratarse de una tripulación tan pequeña, se lo habían montado muy bien. Tenían un barco grande a la vez que bonito, sorprendentemente. Levantó las cejas al ver que el navío traía consigo césped. Para llegar a él desde los camarotes de los que salían debían bajar unas escaleras, pero no se dirigieron hacia allí. Siguieron andando sobre los tablones de madera hasta llegar a una puerta, a varios metros de la que habían salido. La brisa marina se arremolinó bajo el pelo de Nami y le provocó un escalofrío. Nada más salir del camarote se había percatado de que no había nadie a la vista, pero no por ello estaban en silencio. Ya frente la puerta de la cocina, los tres podían confirmar que el ruido provenía del otro lado. Se oían golpes y gritos. Usopp y Chopper se miraron entre ellos y le dedicaron una sonrisa nerviosa a la pelirroja, la cual estaba perdiendo la paciencia.

Usopp abrió la puerta de la cocina lentamente y los tres pudieron contemplar la escena: Los que estaban armando tanto follón eran el chico rubio del cigarro, el peliverde, el del sombrero de paja y uno con tupé azul y gafas de sol al cuál Nami no había visto todavía. El que me faltaba por conocer, pensó. Mientras el del tupé se limitaba a estar sentado en la mesa mientras bebía algo de una jarra, el rubio y Zoro estaban peleándose tanto verbal como físicamente. El peliverde ya se encontraba con una katana desenvainada, parando las patadas que el rubio le lanzaba a la cara. Se gritaban insultos, uno detrás de otro. Nami no sabía si la escena daba miedo o risa. El del sombrero de paja se encontraba partiéndose de risa mientras comía en un sofá que había pegado a la pared de la habitación. De vez en cuando tosía debido a la comida que estaba masticado. En el fuego habían varias ollas de las que salía un rico aroma que inundaba la estancia. Tras suspirar y llevarse una mano a la frente, Usopp pegó un grito, ya que sus compañeros no se habían dado cuenta de su aparición. Todos miraron hacia la puerta y sólo al ver a Nami cambiaron la expresión de sus caras. El primero en reaccionar fue el rubio, que veloz como el viento se colocó frente a Nami y le cogió la mano.

-¡Pero qué preciosidad! Dime, pelirroja, ¿te han tratado bien mis compañeros? -Conforme hablaba le ponía más entusiasmo a sus palabras y se acercaba más a Nami, con lo que la respuesta de ella fue mirarlo con mala cara.- ¿Quieres algo de comer? ¿De beber, tal vez? Puedo prepararte lo que quieras en un santiamén, bombón.

- Cogfh, cogfh... Cocinerucho pervertido. -Dijo Zoro en voz baja en la otra punta de la habitación.

A Sanji se le erizó la piel y se giró completamente hacia el peliverde.

- ¡¿QUÉ HAS DICHO, AGITADOR DE PALOS?! -La voz melosa que le había dirigido a Nami había desaparecido completamente.

- ¡PUES LO QUE ERES, BABOSO DE MIERDA!

Ambos se acercaron al otro con gran velocidad hasta juntar sus frentes. Estaban echando chispas. Nami no se podía creer lo que estaba viendo, parecía un circo.

- ¡DÍMELO OTRA VEZ SI TIENES NARICES!

Los gritos de ambos comenzaron a mezclar hasta que ya no se les entendía nada. Solo era ruido y a Nami le seguía doliendo la cabeza. El del sombrero se volvía a coger el estómago de la risa.

- ¡QUE OS CALLÉIS YA! - Había gritado Usopp. De mala gana, los que estaban montando el numerito se separaron. Zoro se fue a sentarse a una esquina y Sanji a los fogones.- Nami, por favor, coge asiento. Y vosotros igual.

Nami le hizo caso ya que parecía que por fin había algo de paz. Aún sentados alrededor de la mesa, la pelirroja se sentó alejada de los piratas. Quería guardar las distancias. Los fue mirando en silencio, uno a uno. El único que no les acompañó fue Zoro, que no se levantó de la esquina en la que estaba. Nami y él cruzaron la mirada un instante, y ella aprovechó para mantenérsela con cara de pocos amigos. Antes de que Sanji se sentase, le puso delante a Nami una taza de café con una sonrisa. Pero no la sonrisa de momentos atrás, esta vez había sido más cálida y amable. El café olía bien, pero la pelirroja no se lo iba a beber. No después de haber sido sedada días antes. Los integrantes de la tripulación se miraban entre ellos, pero nadie hablaba. No encontraban las palabras para comenzar a explicarse, y la situación era delicada. Ahora mismo no tenían una buena imagen.

- Suponemos que... Querrás saber por qué estás aquí. -Comenzó Usopp con una risa nerviosa y en voz baja.

Nami giró la cabeza completamente hacia él. Se tomó unos segundos antes de contestar, junto con una fuerte inhalación.

-Hombre, estaría bien. -Dijo cortante.

Zoro ahogó una risa al fondo de la habitación, lo cual Nami decidió ignorar. Ella suspiró fuertemente antes de llevarse las manos a la cabeza.

- Mirad, se me está acabando la paciencia. Y viendo que ni vosotros sabéis cómo empezar a decirme la razón por la que me habéis traído hasta aquí a rastras, emp...

- Quiero que te unas a mi tripulación. -Dijo el del sombrero de paja con una gran sonrisa, sin dejar a Nami terminar la frase.

Nami lo miró con la boca abierta. ¿Había oído bien? No estaba entendiendo nada. El resto de la tripulación lo miraron con los ojos como platos.

- IDIOTA. -Dijeron todos a la vez.

-¡Pero qué manía tienes con invitar a todo el mundo a que se una! -Le gritó Sanji. - ¡¿No ves que este es un tema delicado, capitán cortito?!

- Co... ¿Cómo? ¿Capitán? -Nami no daba crédito. Su mirada bailaba entre el rubio y el moreno. Al lado de su compañero, el del sombrero tenía cara de niño y no parecía muy peligroso. Lo cierto es que ella pensaba que el capitán sería o el del cigarro o el peliverde, que parecían los más fuertes. Cada vez la situación se volvía más extraña.

- No te lo comas de vista. -Habló por primera vez el del tupé azul. - La apariencia de Luffy puede engañar.

Luffy simplemente reía.

-No hagas caso a este idiota. -Comenzó Sanji, dando una calada al cigarro. - Eso no es por lo que estás aquí. Bueno... Es que es... Complejo.

- Pues explicádmelo, porque no estoy entendiendo nada.

Sanji exhaló el humo.

- Creo que la forma más fácil y rápida es contarte 'toda' la historia. -El rubio remarcó la palabra. -Esto se remonta a bastante antes de que tú aparezcas en ella.

Nami tragó saliva, preparándose.

-Bien, la cosa comienza hace menos de dos meses atrás. Habíamos ido a parar a una isla en medio de la nada, pero dio la casualidad que por ahí pasaban piratas a menudo. Como necesitábamos conseguir algo de comida y medicamentos, decidimos desembarcar en la costa de esta isla. Cuando llegamos ya era de noche y todos los establecimientos que necesitábamos visitar iban a estar cerrados, por lo que nos limitamos a dar una vuelta por ahí. - Sanji hizo una pausa para volver a darle otra calada al cigarro.- Conforme pasaban las horas, aquello iba llenándose de gente. Estaba a rebosar, lo cual no entendíamos ya que la isla era realmente pequeña y no habíamos visto tantos barcos anclados al llegar. De una forma u otra, a los cuatro que estábamos allí nos llegó el mismo rumor de que había una buena montada en una taberna. Como ahí habían juegos ilegales y casas de apuestas por todos lados, decidimos ir a echar un vistazo, ya que realmente nuestro problema principal no era la comida o la medicina, sino otro: el dinero. Estábamos algo pelados en ese momento y llevábamos una mala racha con la marina, que no nos dejaba en paz. Así que fuimos a probar suerte.

- Y qué suerte tuvimos. -Dijo Franky riendo.

Nami escuchaba la historia con las orejas bien atentas, intentando ver qué pintaba ella en todo eso.

- Sí, la verdad es que sí. -Continuó Sanji.- Cuando llegamos, el ambiente fue el esperado: mucha iluminación, música de fondo, hombre bebiendo y cantando... Alguno estaba por el suelo y todo. Pero al fondo del local se podía ver una atmósfera distinta. En una mesa redonda habían cinco personas jugando al póker. Y en el centro de esa mesa había dinero, mucho dinero. Los jugadores, por supuesto, tenían público. Pero nadie se atrevía a abrir la boca. Tras unos minutos viendo la situación, Luffy, Usopp, Franky y yo llegamos a la conclusión de que debíamos jugar. Esa era una oportunidad tremenda para ganar dinero rápido. En ese tipo de cosas el mejor es Usopp, así que en cuanto pudo se unió a la partida. Al principio dudamos de que alguno de sus contrincantes pudiese hacer alguna clase de trampa, pero conforme pasaban las rondas vimos que no teníamos de qué preocuparnos. Usopp iba lento pero seguro, ganando. Poco a poco nos hicimos con la partida y con el dinero.

- Es que en esas cosas no hay quién me supere. -Dijo Usopp, con la cabeza en alto.

- Igual tuviste suerte. -Soltó Chopper en voz baja.

- Cállate, anda.

- Bueno, como iba diciendo... -Sanji les lanzó una mirada seria. - Nos hicimos absolutamente con todo el dinero. Seguramente los otros jugadores nos querían partir la cara por llegar de repente y llevárnoslo todo. -El tono de Sanji era divertido. -Solo teníamos que cogerlo y largarnos. No nos quedaba nada más por hacer allí y ya era muy tarde. En dos minutos podríamos haber cruzado la puerta de esa asquerosa taberna... Pero no. - La mirada del rubió se volvió seria de repente.- Nuestro estupendo capitán, el cual tiene serrín en la cabeza, nos la lió.


Usopp ya se había levantado de la mesa de juego y estaba hablando con sus tres compañeros, entusiasmado por el éxito que había tenido. El resto de jugadores estaban angustiados de ver cómo unos tipos que no conocían de nada se llevaban todo su dinero. Sin que los piratas de la tripulación del Sombrero de Paja se diese cuenta, comenzaron a cuchichear entre ellos, buscando idear algo que les sacase del apuro. Justo cuando Sanji y los demás comenzaron a andar hacia la puerta, uno de los jugadores más jóvenes habló sobre el griterío:

- Eh, no hemos terminado. Tenemos un último trato.

Curiosos, los cuatro chicos se giraron.

- ¿Qué clase de trato? -Preguntó Sanji.

Lo que el jugador puso en la mesa fue un trozo de papel amarillento enrollado. El único que expresó emoción ante aquello fue Luffy, que se acercó a los hombres.

- Es un mapa que me costó la vida de varios hombres de mi barco.

Sanji levantó una ceja.

-Un mapa, ¿eh? -No se fiaba nada.

- Sí, pero no es para nada simple. Es el mapa de la isla de Tsumeniko, ¿la conocéis?

Los cuatro chicos negaron con la cabeza a la vez.

- Déjame adivinar, no es una isla normal y corriente, ¿verdad? -Dijo Franky, cruzándose de brazos.

- Veo que sabes por dónde voy. -Continuó el jugador.- Su localización y las cosas que te puedes encontrar por el camino hace que pocos hombres lleguen hasta ella. Pero de esos pocos que llegan, son menos aun los que logran salir. -El joven lo contaba todo con una sonrisa maliciosa.- Pero es tan peligrosa porque oculta algo. No se sabe si es un tesoro, un misterio sin resolver... Pero hay una razón para que desaparezca tanta gente. Y lo más seguro es que haya una gran recompensa detrás de todo esto... ¿Qué decís? ¿Lo queréis?

Luffy no tardó ni un segundo en responder.

-¡SI!

La sonrisa del joven se hizo todavía más grande. A los otros tres de la tripulación les estaba dando mala espina todo ese tema.

- Bien, pues es sencillo. Una última partida. Todo el dinero que lleváis en los bolsillos y el mapa. El que gane se lo lleva todo.

A Sanji le entraron ganas de reírse en su cara.

- Mira, lo siento, pero va a ser que...

-¡SI! ¡PARTICIPAMOS! -Le cortó Luffy.

Franky, Usopp y Sanji lo miraron con los ojos como platos.

-¡¿QUEEEE?! -Gritaron los tres a la vez.

- ¡PERO QUÉ ESTÁS DICIENDO! -Le dijo Sanji con mala leche.

- Que quiero el mapa. -La sonrisa de Luffy y la del jugador se hacían cada vez más grandes.

-No sé por qué me lo veía venir... -Dijo Franky llevándose los dedos a la sien.

-¡Pues no! ¡Volvemos al barco, YA! -Sanji fue a coger a Luffy por su chaleco pero éste le esquivó.

- Sanji... Pero parece una aventura emocionante... Yo quiero... -Dijo el capitán mientras hacía un puchero.

- ¡Me da igual lo que tú quieras! ¡No vamos a arriesgar todo este dinero por un mapa de mierda!

- ¡Pero en esa isla hay un tesoro!

- ¡Tú escuchas lo que te da la gana! ¡No ha dicho que haya un tesoro en la isla!

- ¡Bueno, pues que a lo mejor lo hay!

- ¡Exacto, Luffy, a lo mejor! -Usopp le pasó a Luffy un brazo por los hombros y le habló al oído.- Escucha, Luffy. Ni siquiera sabemos si ese tío nos está diciendo la verdad. Están desesperados por recuperar toda esta pasta. A demás de que, si es verdad, ¿acaso no has oído lo difícil que es llegar y que ha DESAPARECIDO gente? Necesitamos el dinero. Ya encontraremos más aventuras. -Usopp estaba desesperado por no emprender rumbo hacia esa rara isla. No le hacía nada de gracia la idea.

El puchero de Luffy se acentuó.

- Pero... -Comenzó a reprochar otra vez.

- ¡Ni peros ni peras! Y ahora volvemos al barco. Ya. -Terminó diciendo Sanji, con voz tajante.

Dicho esto, Sanji dio media vuelta y prosiguió su camino hacia la puerta con sus amigos detrás. Hasta que algo lo detuvo. Fue quién lo dijo y qué dijo.

- Vaya... ¡Veo que eres un chaval listo! -Dijo el joven jugador.

No podía ser. Sanji no se lo podía creer. Al oír eso la nuca se le había erizado y un sudor frío le había recorrido la espalda. Con los talones pegados al suelo, iba a dar media vuelta para comprobar que sus tres nakamas estaban siguiéndolo, que nada malo estaba pasando e iban a retomar la marcha hacia el barco con los bolsillos llenos. Eso es lo que a Sanji le hubiese gustado que pasase. Rogaba por ello. Pero no fue así. Cuando Sanji se giró, lo primero que se encontró fueron los rostros de Usopp y Franky, que también se habían quedado pálidos y no querían girarse para comprobar lo que temían. Cuando los tres habían dado media vuelta, pudieron ver la escena.

- No puede ser. -Susurró Sanji.- Lo mato. Os juro que lo mato.

Se habían quedado con la mandíbula rozando el suelo del asombro. Efectivamente, lo que vieron fue que su capitán se había sentado en la mesa de juego y estaba charlando animadamente con el chaval del mapa mientras esperaba a que le repartieran las cartas. Sus tres nakamas se acercaron a él a la velocidad de la luz.

-¡PERO SERÁS IDIOTA! -Dijeron los tres a la vez, mientras que cada uno le asestaba un puñetazo en la cabeza.

Luffy los miró un poco aturdido, llevándose las manos donde habían tenido lugar los golpes. Usopp lo agarró del chaleco y lo empezó a zarandear con fuerza.

- ¡¿PERO NO TE HEMOS DICHO QUE NOS ÍBAMOS AL BARCO?! ¡PARA QUÉ ACEPTAS NADA! ¡TÚ Y TU MANÍA DE METERNOS EN LÍOS INNECESARIOS!

- Es que suena muy divertido chicos, yo quiero ir a esa isla.

-¡¿Y SI PERDEMOS TODO EN ESTA PARTIDA POR TU DIVERSIÓN, QUÉ, EH?! -Le gritó Sanji, relevando a Usopp.

- Ah... ¿Podemos perderlo todo?

- ¡YO TE MATO! -Soltó Sanji echando humo. Franky tuvo que cogerlo para que no le diese una paliza al capitán.

- Bueno... Ya ha aceptado, no se puede hacer nada. Usopp, termina con esto rápido para que podamos irnos. -Dijo el del tupé.

Cuando Luffy iba a levantarse de la silla para cederle el sitio a Usopp, el chaval del mapa habló:

- Ah, no, no, no... Nada de cambiar de jugador una vez que se han repartido las cartas. Son nuestras normas, lo siento. -Dijo el joven con una sonrisa. El resto de jugadores estaban disfrutando de lo lindo con la escena.

Los Sombrero de Paja se quedaron blancos. Usopp retrocedió y Luffy volvió a sentarse. Éste último notaba en la nuca las miradas asesinas de sus compañeros. Antes de tener que retirarse, Usopp lo cogió por los hombros y le dijo:

- Luffy, puedes hacerlo. Sólo piensa antes de actuar por una vez. No es difícil.

- Eh... Esto... Tengo una pregunta.

Usopp asintió con energía a modo de respuesta.

- ¿Cómo se juega?

Eso descolocó a Usopp, no se lo esperaba. Se quedó petrificado mirando a su capitán con cara neutra. Tras unos segundos en los cuales suspiró, volvió a mirar a su capitán y dijo:

- ¡YO TAMBIÉN TE MATO! ¿¡PERO CÓMO ERES TAN IRRESPONSABLE?! ¡SI NO TIENES NI PUTA IDEA, AL MENOS CÁLLATE!

Sanji y Franky, los cuales lo habían oído todo, prefirieron quedarse al margen con su mirada oscurecida. Sabían que si se metían le darían una paliza bien merecida a Luffy y lo necesitaban para jugar. Tras varios gritos y tortazos más, Usopp fue detenido por la voz del joven jugador.

- Perdona, pero tenemos que empezar. Si no te importa, vuelve con el público.

Usopp soltó el chaleco de Luffy y, tras dedicar a todos los de esa mesa una sonrisa falsa, dio media vuelta para reunirse con sus dos compañeros. Comenzó la partida y los tres nakama observaban a su capitán jugar.

-Lo vamos a perder todo. -Susurró Usopp.

-No tiene ni puta idea de lo que hace. -Continuó Sanji.

-Id pensando qué banco vamos a atracar.

-Lo voy a dejar cuatro días sin comer.

-Una semana, mejor. -Contestó Franky.

-Encima los otros tíos se están partiendo el culo. -Dijo Sanji.

- Nos la han jugado pero bien.

- Todo por un mapa de mierda.

- Lo voy a matar. -Soltó Sanji.

- Yo cavo la tumba. -Dijo Franky.

-Yo lo entierro. -Finalizó Usopp.


Sanji hizo otra pausa para encenderse un segundo cigarro. Tiró el mechero sobre la mesa.

- Eso fue lo que ocurrió. Odiamos a nuestro capitán con todas nuestras fuerzas en ese momento. Pero, como siempre, la suerte le sonrió. -El rubio miró de reojo a Luffy y vio que éste sonreía.- No tenemos ni idea de cómo lo hizo, pero la cuestión es que ganó. No sabemos si terminamos más sorprendidos nosotros o los otros jugadores. Esos cabrones intentaron colárnosla pero bien. -Luffy soltó una carcajada.- ¡No te rías, que podría haber terminado muy mal! -Sanji le dio un golpe a la mesa, cabreado. - Sigo pensando que no fue buena idea, pero en fin, ya está hecho. Con este tío de capitán siempre nos pasan estas cosas, es inevitable.

Nami estaba sorprendida por la historia. Si que es verdad que sus actos demostraban que mucha cabeza el chaval no tenía. Pero seguía sin entender a dónde llevaba todo eso.

-Y aquí está el dichoso mapita. -Dijo Franky, dejando el papel enrollado sobre la mesa.

Nami se recostó en la silla y se cruzó de brazos. El café había dejado de desprender humo hacía rato, y la expresión de ella seguía siendo neutra. Chopper y Usopp la miraban de reojo, nerviosos. De fondo se oían los tragos que a ratos Zoro le daba a su jarra de cerveza. Sanji, aprovechando el momento de silencio, se levantó y fue a atender las ollasque habían al fuego. Segundos después volvió a la mesa.

- Oye... ¿Y no tienes hambre? -Le preguntó Luffy a Nami.

Todos le miraron.

- Me gustaría continuar con vuestra bonita historia. -Le contestó ella.

Sanji continuó hablando con tono relajado.

- Por lo que has oído hasta ahora sobre nuestro capitán, supongo que deducirás que ese mapa no se va a quedar olvidado en un cajón. Está empeñado con ir, y no se lo hemos podido quitar de la cabeza. Desde ese entonces hasta ahora no ha habido otro tema de conversación, y resulta exasperante. -El rubio se pasó una mano por el pelo. - Pero claro, para nosotros no es tan fácil.

- Déjame adivinar. -Dijo Nami de repente. Todos la miraron.- Queréis que os lleve hasta allí.

La tripulación se quedó callada. Un peliverde sonreía desde si esquina. Los chicos se miraron ente ellos, con miedo de qué decir.

-Así es. -Dijo Franky.

Nami volvió a escrutarlos uno por uno antes de hablar.

-Tengo varias preguntas. -Dijo ella mientras cambiaba de postura en la silla, manteniendo su mirada seria junto con su tono de voz. Si en algún momento tuvo miedo de esos tíos, no lo demostró, a pesar de que tenía los nervios a flor de piel. Se había imaginado algo mucho peor. Si se paraba a pensarlo, había tenido suerte. Pero eso no significaba que se fiase de ellos.

- Adelante. -Le dijo Sanji con un tono cantarín.

- La primera: ¿cómo me habéis encontrado?

Los piratas se volvieron a mirar entre ellos, extrañados por la pregunta. Esta vez el que se movió fue Zoro, que con paso lento pero firme se dirigió detrás de la barra, de donde sacó unos papeles. En cuanto empezó a moverse, Nami no le quitó ojo a lo que hacía, curiosa. Zoro fue hacia la mesa mientras bebía de su cerveza y, sin mirar a nadie, dejó los papeles en la tabla de madera. Acto seguido, volvió a su esquina sin decir palabra. Al ver lo que eran esos papeles, Nami puso los ojos como platos. Entre los diversos documentos, un titular de un periódico resaltaba sobre los demás folios. Nami lo cogió y lo leyó en silencio, estupefacta. El titular decía 'Hija de la realeza de la Villa Cocoyashi nombrada una de las mejores cartógrafas del continente'. Más abajo también aparecía una foto suya, la cual nunca recordaba haberse hecho, y un enorme párrafo hablando de ella y sus habilidades tanto con los mapas como con el clima y de su familia. Estaba sujetando el papel con tanta fuerza que por poco lo rompe.

- ¿Qué cojones es esto? -Su voz daba miedo, y se estaba mordiendo el labio de la rabia.

Usopp fue el primero en hablar.

- Espera... ¿No sabías nada sobre la noticia?

Nami negó sutilmente la cabeza. Todos se miraron entre ellos, extrañados. No se esperaban esa reacción por parte de ella.

- Esto no ha sido cosa mía. Yo no he dado permiso para que se publique esto. -La voz y las manos le temblaban. Eso había sido cosa de su familia, y de lo incomunicada que la tenían ni siquiera se había enterado de que una noticia suya circulaba por el mundo. La situación le estaba dando asco. Tenía ganas de gritar y de ponerse a romper todo lo que pillase, pero no lo hizo. Tras conseguir serenarse un poco, consiguió dirigirse a ellos con normalidad. Quería continuar la conversación, ya que aún tenía alguna duda por resolver. Su mirada era más sombría que antes. - La segunda. -El resto, que habían estado observándola con asombro, agudizaron los oídos.- ¿Cómo habéis sobrevivido?

De nuevo, la pregunta de la pelirroja les volvió a descolocar.

- ¿A qué te refieres exactamente? -Preguntó Franky.

Nami ahogó una carcajada sarcástica.

- No pretenderéis que me crea que habéis sobrevivido en el Grand Line sin un navegante. Porque, viendo que me necesitáis, parece ser que o no tenéis ninguno o no es lo suficientemente bueno.

- Oh, sí que teníamos. -Dijo Chopper.- Pero nos dejó hace algún tiempo.

Nami miró al reno extrañada.

- Cuando comenzamos a navegar, teníamos a una navegante que empezó la aventura con nosotros. -Aclaró Sanji.- Pero ella ya nos avisó de que seguiría su camino cuando llegásemos a cierta isla. Gracias a ella pudimos llegar a Grand Line, ya que la mayoría venimos del East Blue. Unos meses antes de que ocurriese toda la historia del mapa, nos tuvimos que despedir de ella. La verdad es que también hemos tenido suerte con ese tema. Entre Usopp, Franky y yo nos apañábamos de aquella manera a la hora de tener que llegar a alguna isla, aunque tampoco es que hayamos avanzado mucho recorrido desde entonces. Cierto es que tampoco nos hemos cruzado con ningún problema climático grave, ya que seguramente no lo habríamos contado. A tanto no llegamos.

Nami asentía ante lo que el rubio le contaba. Su historia tenía sentido, tanto que no parecía que le estuvieran tomando el pelo. De tanto que los había mirado se había dado cuenta de que realmente el único que tenía pinta de ser algo peligroso era el peliverde. Y tampoco era la gran cosa. Y mantenía el pensamiento de que si querían hacerle daño se lo habrían hecho ya y no le estarían contando todo eso. Sanji siguió hablando.

- Imagínate qué cara se nos quedó cuando, teniendo el problema de la dichosa isla, te vimos en el periódico. ¡Fuiste como un regalo caído del cielo, preciosa pelirroja! -Esta última frase la dijo mucho más animado y mirando a Nami directamente. Pero eso no hizo que la postura que mantenía ella cambiase.

- Ya, claro, un regalo. Y por eso un compañero vuestro tuvo que traerme hasta el barco prácticamente a rastras para que, posteriormente, otro de vosotros me drogase para conseguir subirme. -Todos se quedaron blancos. De nuevo, esa contestación no se la esperaba nadie.

- ¡Realmente, solo algunos estaban de acuerdo con el plan! - Dijo Chopper nervioso, intentando salvar la situación. - Y el plan en sí era solo traerte hasta aquí para poder hablar contigo...

Aunque la imagen adorable que desprendía el reno desconcertaba a Nami, no pudo evitar mirarlo de forma amenazante. Chopper no pudo aguantarle la mirada.

- ¡Se nos complicaron las cosas! -Continuó Usopp.- Para empezar, Luffy la cagó cuando llegamos. Termino armando jaleo y no esperábamos que fuesen a dar la alarma. Aparecieron muchos guardias de repente y cada uno terminó yendo a donde pudo. Tampoco esperábamos que Zoro fuese a ser tan torpe.

Ante eso, el espadachín que había estado todo el rato callado, saltó.

- ¿¡Pero cómo que torpe!? ¡¿Sabes lo que me costó traerla hasta el barco sin que me arrancase un ojo?!

- Esa es otra. -Continuó Usopp, ignorando al peliverde.- Tampoco pensábamos que fueses a reaccionar de esa forma.

Ese comentario mosqueó aún más a Nami.

- Lo que os pasó es que pensabais que os ibais a encontrar con un princesita que se echase a llorar de miedo al veros, ¿no? Nunca se os pasó por la cabeza que supiese defenderme.

- Tampoco queríamos asustarte. -Dijo Sanji.- Sólo queríamos hablar contigo. Pero sí, nos diste una sorpresa... -Hizo una pausa y miró a Zoro de reojo.- Aunque a mí no me habría costado tanto traerte hasta aquí...

-¡PUES HABERLO HECHO TÚ!- Le contestó el peliverde.

- No me dejaste hacerlo debido a que TE VOLVISTE A PERDER Y TERMINASTE TÚ SOLO POR AHÍ, COMO SIEMPRE.

Se volvían a gritar desde los extremos de la habitación.

-¡Además! -Continuó el rubio. - ¿¡Cuándo piensas aprender modales!? ¿¡Cómo se te ocurrió traerla como si fuese un saco de patatas!?

A Zoro le faltaba gruñir.

- ¡Yo hago las cosas a mi manera!

- Pues haciendo las cosas a tu manera te llevaste varios moratones... -Dijo Sanji, riéndose.

- Si hubieses servido para algo por una vez y me hubieses ayudado cuando se me estaba escapando cuando llegaban los guardias, en lugar de subir al barco y partirte el culo viendo la escenita, la experiencia habría sido mucho mejor para todos. Incluso para ella.

Nami observaba la escena junto al resto de la tripulación. Al ver que nadie hacía nada por parales, supuso que esas broncas entre esos dos eran normales.

- ¡Y deja de echarme la bronca ya! Yo hice mi trabajo y cumplí con el plan. Yo no fui el que la drogó. -Esta última frase Zoro la dijo mirando a Usopp, el cual se puso tenso. Nami también lo miró con rabia.

- No... No tenía otra cosa... Y teníamos a los guardias encima. -Usopp no sabía dónde meterse.- Tampoco sabía que lo que le di era tan fuerte.

- Lo estás arreglando... - Dijo Nami.

Sanji intentó salvar la situación.

- Nami-san.- Ella lo miró.- El verdadero plan consistía en traerte al barco para poder contarte todo lo que te hemos contado ahora, ya que en ese castillo mucho no íbamos a poder hacer. Y traerte de forma pacífica. -Zoro se limitó a darle otro trago a su cerveza a modo de respuesta.- Pero para cuando llegamos al barco ya todo se nos había ido de las manos: los guardias, tú... Así ya se veía venir que no ibas a cooperar, lo cual era lógico. Simplemente íbamos a contarte nuestra situación, proponerte nuestro plan y, si no te convencía, volverías a tu castillo y nada habría pasado. No íbamos a obligarte a hacer nada una vez aquí, pero necesitábamos que vinieras... El problema principal fue cuando estos burros te sedaron con tal chute que te ha hecho dormir durante días.

-Oye, no hables en plural. -Dijo Zoro.

- Caíste redonda. -Continuó el rubio. - Y no habríamos retomado la marcha en condiciones normales. Pero teniendo a los guardias persiguiéndonos tuvimos que largarnos de allí contigo... Por eso estás aquí ahora.

Se hizo el silencio en toda la habitación. Para Nami era mucha información que procesar y no sabía qué decir. Luffy fue el que habló.

- Perdónanos, Nami... Es que todo se puso muy difícil... Yo les dije que podríamos haberles dado una paliza a todos, pero ellos no querían.

Nami se desconcertó aún más al escuchar al capitán pedirle disculpas por lo sucedido. El hecho de que esos tíos fueran todo lo contrario a lo que ella había pensado la ponía más nerviosa, ya que no sabía si todo era mentira o en el fondo eran así y estaban arrepentidos. Desde luego, la idea de que fuesen a abusar de ella en algún aspecto casi había desaparecido, muy a su pesar, porque sabía que no debía confiar en ellos.

-Eso solo habría complicado más las cosas. -Dijo Usopp.- Nos teníamos que largar de allí, lo mires cómo lo mires.

Luffy hizo un puchero y apoyó la cabeza sobre la mesa.

-¿Entonces... Simplemente queréis que os lleve a esa isla?

Todos asintieron.

- El que nos dio el mapa recalcó que es muy difícil llegar hasta allí... Pero alguien con tus cualidades no debería tener problema alguno. -Dijo Sanji.

- Eres idónea para esto. -Dijo Franky.

Decían eso, pero Nami sabía que la cosa no era tan sencilla como parecía. Y ella no era tonta.

- ¿Y yo qué gano con todo esto? -Dijo la pelirroja con una sonrisa ladina. Al ver que ninguno de los presentes abría la boca, continuó.- No pretenderéis que os ayude a cambio de nada, ¿verdad? Y menos cuando habéis mencionado ciertos detalles sobre esa isla, como que pocos consiguen llegar y, que incluso consiguiéndolo, hay casos de desaparición.- Poco a poco, la pelirroja se los iba llevando a su terreno. - Sin mencionar que me pedís un favor después de cómo me habéis tratado. Lo siento, pero aún no puedo aceptar las disculpas de vuestro capitán. Y es que no se trata de un favor normal y corriente, es un favor para el cual he de arriesgar mi vida por vosotros, unos piratas a los cuales no conozco de nada. Lo dicho, si pensáis que la princesita os va a echar una mano por amor al arte, estáis equivocados. Quiero algo a cambio.

- La verdad es que ya habíamos pensado en eso. -Dijo Franky.

- Sorprendedme. -Sugirió ella.

- Si nos llevas hasta el tesoro, te quedas un veinte por ciento de éste. -Continuó el del tupé.

Nami soltó una carcajada. Todos la habían estado escuchando con atención, y al oír cómo se reía Zoro frunció el ceño.

-Lo siento, chicos... Pero no trabajaré por tan poco. Y menos en las condiciones que me habéis presentado.

- ¿Qué quieres? -Soltó Zoro de repente, enfadado. Cómo ella le había dado la vuelta a la situación le había mosqueado. A Nami la voz de él la sobresaltó, pero nadie se dio cuenta.

- Quiero un cuarenta.

- ¿Algún problema, capitán? - Le preguntó Sanji.

Luffy negó con la cabeza.

- Él con tener su aventura... -Dijo Usopp.

-¡Entonces Nami nos va a llevar hasta allí! -Gritó Luffy, entusiasmado.

- Para el carro. -Siguió Nami.- Tengo oídos. Habéis dicho que no estáis seguros de que el chaval ese os dijera la verdad. Eso incluye el tesoro. ¿Y si no hay tesoro? -Nami miró seria a los piratas.

-Mira, te propongo esto. -Dijo Sanji con una sonrisa, inclinándose sobre la mesa para darle más importancia a lo que iba a decir.- Si nos llevas hasta ahí y resulta que hay tesoro, te quedarás tu precioso cuarenta por ciento. Si no hay tesoro, te quedarás con lo que ganó Usopp al póker. A penas hemos tocado ese dinero y era una gran cantidad. Además te llevarás la satisfacción de habernos dejado pelados.

Nami lo escuchaba atentamente. Lo que le proponía no estaba del todo mal, se terminaba llevando

dinero al fin y al cabo.

- Si decides no aceptar el trato, lo que también puedes hacer, te dejaremos en la siguiente isla en la que paremos, a la cuál deberíamos llegar en unos días. Es la más cercana de tu Villa. Te devolveremos tus cosas y te ayudaremos a conseguir un barco y así podrás volver a tu casa o a donde quieras. -Terminó Sanji.

En ese momento a Nami se le iluminó la mente: sus cosas. Ella en un principio había acordado con el reno que si iba a la cocina se las devolverían, pero con todo el alboroto que se había encontrado nada más entrar se le había olvidado.

- En lo que se refiere a ayudarme a encontrar un barco para irme... Lo haréis tanto como si acepto el trato como si no. A pesar de lo que ha empezado diciendo vuestro capitán, no me estáis pidiendo que me una a la tripulación. Esto de una forma u otra será temporal, por lo que en algún momento me marcharé.

Los chicos se miraron entre ellos y sin palabras se pusieron de acuerdo ante esa propuesta.

- Está bien. -Dijo Sanji.

Nami se quedó dudando. Sí que habían aceptado todas sus condiciones... Pero seguía siendo arriesgar su vida. Y acababa de largarse de ese maldito castillo. Pensar en que a lo mejor se la estaban jugando e igual podía volver a terminar aislada en algún lugar para a saber qué, la angustiaba. A ninguno de la tripulación le permitiría saber por lo que estaba pasando en ese mismo momento, pero le costaba calmar el temblor de sus manos. ¿Y si de verdad iban a esa isla y terminaban desapareciendo ellos también? ¿Y si encontraban el tesoro pero en lugar de cumplir el trato alguno de ellos le metía un balazo entre los ojos? De pensarlo se le ponía la piel de gallina. No parecían de ese tipo de personas, pero la experiencia le recordaba que las apariencias engañaban. Y ya sabía de primera mano que esa tripulación no era débil precisamente, y seguramente su capitán sería una caja de sorpresas. Por otro lado, si dejaba un lado el pequeño detalle de arriesgar su vida, no tenía nada más que perder. Ella realmente había soñado con vivir aventuras así desde que era pequeña. Tampoco tenía a dónde ir... Pero algo le continuaba dando mala espina. Simplemente sus principios no le permitían confiar en esa cuadrilla tan fácilmente.

-Eh... ¿Nami-san?. - La voz de Sanji sacó a la pelirroja de sus pensamientos.- ¿Aceptas el trato?

Ella los volvió a mirar a todos uno por uno. Cuando observó al espadachín se quedó así, mirándolo, recordando lo que había pasado la noche en la que se fugó. Él le aguantó la mirada, fue uno de los pocos que lo hizo. La angustia que Nami estaba sufriendo comenzó a subirle por la garganta. Nami se mordió el labio bajó la cabeza, observándose las manos que había dejado sobre sus rodillas. Le sudaban. Toda ella estaba sudando por los nervios. Se tomó unos segundos más antes de abrir la boca para contestar.