Capitulo 3: Like A Whisper

Bill, Charlie y el Señor Weasley colocaron a Ginny y Hermione en la habitación de la que pequeña Weasley mientras lo gemelos hacían lo mismo con Harry el cuarto de ellos ya que no querían que cuando despertara el joven tuviera que encontrarse cara a cara con las cosas de Ron todavía por su cuarto.

Como si fuera a aparecer en cualquier momento...

Fred cerró los ojos dejando pasar una nueva onda de dolor a través de su cuerpo mientras George acomodaba a Harry en la cama y se separaba un poco de él para mirarlo.

-Casi no puedo mirar a Harry.-susurro George entonces.

-¿Lo culpas?-pregunto Fred.

-No, claro que no.-afirmo el gemelo.-...es solo que es dificil mirarlo y no ver a Ron a su lado.

Fred asintió sabiendo lo que su hermano quería decir, Harry y Ron eran lo más parecido a ellos dos que habían visto jamás y a pesar de no ser hermanos, sabía de sobra que el sentimiento que existía entre ellos era un lazo tan fuerte como el de la sangre.

-Ya no vendrá a pedirnos consejos de Hermione, ¿eh?-murmuro George de nuevo.

-No...ya no...-susurro Fred.

George se sentó en la cama al lado de Harry, sus manos temblaban y por sus ojos caían nuevas lágrimas se derramaban por una perdida que jamás debió pasar, algo que ellos como directos responsables de Ron y Ginny deberían haber evitado.

Al fin y al cabo eramos los más unidos, Ron, Ginny, George y yo...

Fred sonrió a pesar de si mismo mientras miraba la foto que se habían hecho durante unos de sus muchos viajes a la tienda de los hermanos, solo estaban ellos cuatro ya que Harry y Hermione estaban investigando las nuevas creaciones Weasley con mucha atención.

Solo ellos, los dos gemelos y los dos pequeños de una enorme familia, los que fuera cual fuera el problema siempre estaban unidos, el cuarteto del terror según su madre.

Ahora solo somos un trio...

Suspiró sin ni siquiera querer contener las lágrimas mientras George sollozaba, la perdida de Ron era algo irreal, algo que no debería ser, pero había sido y ahora los gemelos más divertidos de la familia no quedaban en nada más simples niños abrumados por la perdida.

-Es demasiado...-se escucho a si mismo susurrar.

George se levantó de la cama y lo atrajo a sus brazos permitiendo que, finalmente, Fred dejara salir las lágrimas que llevaba horas guardando. Agarro fuerte a su hermano y simplemente dejo que su agonía resbalara por sus mejillas mientras rezaba para que esta fuera la primera y la última perdida en la familia.


Harry estaba sentado en un banco blanco en medio de un hermoso jardín mirando un libro con las páginas en blanco mientras parecía estar esperando a alguien.

Lo cual era bastante raro, porque ni él tenía este tipo de sueños, ni sabía porque estaba donde estaba ni a quien estaba esperando.

-Bonitas vistas, ¿Verdad?-dijo una voz detrás de él.

Harry saltó apartandose automaticamente de la persona que le había hablado lo cual no le permitió ver quien era, pero si pudo ver de ella una larga melena peliroja y una sonrisa que le hizo querer ir a sus brazos para quedarse allí por siempre.

Y entonces lo supo.

-Ma...¿mama?-pregunto Harry.

Lily sonrió rodeando el banco para colocarse a un lado de su hijo mientras James directamente saltaba el banco para colocarse al otro lado.

-¿Todo bien, hijo?-pregunto James.

-¿Papa?-pregunto Harry.-...¿como es que...?

-Hemos oido lo que ha pasado.-dijo Lily.-...queríamos acompañarte, hijo.

No hacía falta ser un genio para saber que habían oido y la razón por la que estaban allí, aunque secretamente Harry había esperado que de haber visto a alguien del otro mundo, ese hubiera sido su amigo Ronald.

-Ya...-susurro Harry.

-Hijo, tu amigo esta bien.-dijo James.-...hemos estado con él y ahora esta con Dumbeldore y Sirius.

Harry asintió sin tener muchas ganas de hablar, quería saber como estaba su amigo pero realmente no tenía ganas de que le contaran como le iba en el otro mundo.

-¿Estas bien?-pregunto Lily.

-No mamá.-confesó Harry.-...no estoy bien, primero os perdí a vosotros, luego a Sirius, a Dumbedore y ahora he perdido a mi mejor amigo...

Las lágrimas le inundaban los ojos mientras los brazos de sus padres se colocaban a su alrededor como si lo protegieran del dolor que le provocaba el que Ron estuviera muerto simplemente por ser amigo suyo.

-...¿porque, mama?-pregunto sollozando.-...¿porque tengo que perder todo lo que me importa?

Harry dejó caer su cabeza al pecho de su madre mientras lloraba en sus brazos ajeno a la mirada preocupada y triste de sus padres que, por una vez en el caso de su madre, desesaban romper las normas del pacto que habían trazado y contarle toda la verdad a su hijo.

Pero si lo hacían, las consecuencias podían ser devastadoras.

-Hijo...-susurro James.-...Harry, escuchame. Tu amigo quiere que sepas que esta bien, que siempre va a estar contigo aunque no puedas verlo.

-Esto es muy duro, cariño.-susurro Lily en su pelo.-...pero algún día te reencontrarás con él y podrás volver a tener a tu amigo a tu lado como quieres.

Harry calmó sus sollozos con un suspiro y levantó la mirada hacia la cara comprensiva de sus padres, entendiendo lo que querían decirle y, de alguna manera, calmando su desesperada angustía anterior.

-Gracias.-dijo Harry.-...creo que lo necesitaba.

-De nada, hijo.-dijo James.-...para eso somos tus padres.

Los dos se levantaron del banco indicandole a Harry que era su tiempo de despedirse, los abrazó y sonrió cuando los vio marcharse por el mismo camino por donde habían venido, siempre con una tierna sonrisa en sus labios, como el joven se los había imaginado.

Como me hubiera gustado tenerlos...

-Quien sabe, la vida esta llena de sorpresas.-dijo una voz en el viento.

Harry miro a todos sus lados buscando a Ron, de él era la voz que había escuchado pero no vio a nadie más allí y suspiro pensando que quizá se lo habría imaginado.

Y, fue entonces cuando su cicatriz le empezó a doler al mismo ritmo que su paisaje blanco y limpio se tornaba negro y con aspecto a muerte.

-Severus...-dijo Voldemort con una sonrisa.-...que alegría.

-Mi señor es un honor...-murmuro Snape.

Harry apretó sus ojos, intentando ver donde estaban pero a la misma vez una luz lo golpeaba con fuerza intentando despertarlo a pesar de que él no quería que lo despertaran.

No, por favor, tengo que saber donde se esconden...

Pero fue demasiado tarde cuando la luz se hizo tan grande tras él que, literalmente, lo engulló haciéndolo perder todo rastro de la conversación entre Snape y Voldemort.


Lord Voldemort sonrió cuando vio a entrar al hombre que había conseguido la genial tarea de destruir emocionalmente a Potter matando a uno de sus mejores amigos.

Un traidor a la sangre menos...

El Lord debía admitir que estaba impresionado con lo que Dolohov y otros mortifagos le habían contado sobre Snape matando a Weasley delante de Potter, la hermana del traidor y su pequeña novia. Ellos le habían hecho saber lo muy destrozado que estaba Potter y lo débil que era en aquel momento.

Una oportunidad que aprovecharía en cuanto felicitara personalmente a Snape.

-Severus...-dijo Voldemort con una sonrisa.-...que alegría.

-Mi señor, es un honor...-murmuro Snape.

Voldemort extendió la mano hacia Snape haciendo que lo acompañara hacia otro lugar lejos de los mortifagos que se reunían en la lujosa y extensa mesa de los Malfoy, no quería que nadie escuchara lo que tenían que hablar.

-¿Que hiciste con el cuerpo?-pregunto Lord Voldemort.

-Lo lancé al bosque prohibido.-dijo Snape con una sonrisa.-...seguramente las arañas y demás animales se habrán hecho cargo de él.

Voldemort sonrió más todavía, aquellas bestias seguramente habían descuartizado el cuerpo al punto de no ser reconocible dejando a Potter y sus amigos sin la opción de decir adiós ni siquiera al cuerpo de su compañero caído.

Justo como quería...

-Ah...Severus...eres mi mejor hombre sin duda.-dijo Voldemort.

-Es un placer servirle, señor.-dijo Snape.-...y un verdadero orgullo que me considere tan importante.

-Lo eres.-dijo Voldemort.-...por eso he decidido que a partir de hoy, estarás a cargo de mis mortifagos, como mi mano derecha.

Pudo sentir el nerviosismo dentro de Snape, como si aquello fuera para él más que una sorpresa un castigo y haciendo que el Lord Oscuro sonriera aún más para si mismo.

-¿No quieres, Severus?

-No mi señor, no es eso.-dijo Snape.-...es solo que estoy sorprendido.

-Ya veo...-dijo Voldemort.-...bueno, como primera misión, tengo algo muy importante que pedirte.

-Lo que sea.-dijo Snape.

Voldemort asintió haciendo que Snape le acompañara a la mesa donde los mortifagos los miraban con miedo y respeto, casi temerosos de que una mirada de cualquiera de los dos pudiera matarlos allí mismo.

-Señores, la razón de mi llamada esta noche no es solo para celebrar la muerte de uno de los amigos de Potter más cercanos.-dijo Voldemort.-...tenemos una misión, algo que es tan vital para mi como lo es para nuestra victoria.

Los libros...

Snape se mantuvo en silencio mientras Voldemort relataba la existencia de los libros sagrados que contenían los mapas hacia los Horrocruxes que ellos debían entregarle para hacerlo inmortal y así, poder destruir a Potter para siempre.

-Por eso, Snape, Dolohov, Kravickov, Rabastan y Micht ireis hacia Drumstrang a buscar el libro.-dijo Voldemort.-...y Greyback y sus hombres lobos irán a Beauxbaton a pasar...un buen rato con sus alumnas.

Greyback rió pensando el las chicas de Beauxbaton y lo mucho que iba a disfrutar con ellas y con toda la escuela.

Si...ya puedo sentir sus gritos...

-Para ganar debeis traerme esos libros.-dijo Voldemort.-...el que falle en su misión recibirá un duro castigo que no olvidara jamás.

Y sin más desapareció, dejando a los presentes con una mezcla de maldad y repugnancia pero sobretodo, Voldemort dejó atrás miedo, mucho miedo.


Arthur Weasley se sentó derrotado sobre una de las sillas de la cocina de su casa mientras Charlie terminaba de poner café en las tazas y le daba una.

-Papa, lo siento...-susurro Charlie.

No hacía falta saber porque le estaba pidiendo disculpas cuando podía sentir perfectamente el mismo peso que su hijo llevaba cargado a la espalda, la sensación de haber fallado creando una tragedia más allá de lo permitido.

-Todos hemos fallado a Ron, Charlie.-susurro Arthur.-...nadie podía haber previsto que...

Charlie se sentó al lado de su padre y le agarró la mano asintiendo, nadie podía haber adivinado que Snape acabaría con Ron y se llevaría su cuerpo dejandolos sin, ni siquiera, la oportunidad de darle un entierro digno.

El golpe de la puerta les hizo salir a padre e hijo de su ensoñación viendo a Bill entrar por ella con los ojos llorosos y cayendo directamente en una silla no muy alejada de la de ellos.

-Hijo...-comenzó Arthur.

-No padre, no vas a detenerme.-dijo Bill.-...voy a encontrar a Snape y a matarlo, por mucho que Fleur diga que si lo hago se irá lejos de mi o que tu quieras detenerme, lo haré.

La mirada de Bill, a pesar de estar anegada en rabia tenía destellos de tristeza y dolor más profundos que Charlie podía sentir clavandose en su propio corazón, al fin y al cabo, Bill había criado a Ron practicamente él solo mientras él mismo se hacia cargo de Ginny ya que sus padres trabajaban y sus hermanos gemelos estaban en Hogwarts.

¡Algún día seré como Bill!

Buena suerte con eso.

Charlie tragó saliva intentando detener el dolor de sus palabras, ahora después de mucho tiempo había sabido gracias a Ginny que Ron siempre se había considerado peor que ellos, ahora sabía que su hermano se sentía inferior.

Que gran y estúpida mentira...

Miro a Bill levantándose de la silla dispuesto a encontrar al asesino de su hermano y supo que no podía dejarlo marchar, porque a pesar de considerarse peor que ninguno, Ron siempre había protegido a su familia y por él, Charlie no podía dejar que Bill se marchara.

-Detente.-dijo Charlie.-...a Ron no le gustaría.

-¡Y que sabrás tu!-grito Bill.

La frase cargada de reproche fue demasiado para Charlie que se levantó de la silla y le propino un puñetazo a su hermano tirandolo al suelo mientras lo agarraba de la camisa y lo miraba con los ojos cargados de lágrimas.

-Se que Ron era el mejor de nosotros.-dijo con un sollozo.-...se que no podemos olvidar lo que hizo, lo que ha protegido todo este tiempo y se que no le gustaría que te mataras por culpa de la venganza.

-Snape no puede vivir.-susurro Bill.

-Pagara por lo que ha hecho.-dijo Arthur a sus espaldas.-...pero no ahora.

Charlie asintió soltando a su hermano y ayudándolo a levantarse mientras se colocaban uno frente a otro sin hablarse.

-¿Sabes que fue a Gringgots?-pregunto Bill en un susurro.-...se abrió una cuenta con sus ahorros.

-¿Una cuenta?-pregunto Charlie.

-Quería que...-sollozo.-...quería guardar el dinero para algún día darle a Hermione todo lo que ella necesitara.

Con esa simple frase, Charlie rompió a llorar agarrando a su hermano mayor que sollozaba de manera incontrolable bajo la vista de su padre que salió de la cocina sin poder asimilar la tristeza de sus hijos y se acercó a su esposa Molly, que dormía tras una poción que Fleur le había dado.

-Un gran hijo...-susurro sin poder detener sus lágrimas.-...eso tuvimos, un gran hijo.

Y lo he tenido que perder para darme cuenta de ello...


-Hola, Ginny.

Ginny se giro a la voz que había conocido durante su cuarto año en Hogwarts viendo la apariencia inconfundible de Sirius Black frente a ella con una sonrisa tierna y la mirada comprensiva de sus ojos.

-¿Sabes sobre Ron, verdad?-pregunto ella.

-Sin rodeos.-dijo él.-...los Potter tienen debilidad por las mujeres así.

La joven Weasley eligió ignorar el comentario y camino hacia Sirius dandole un pequeño abrazo antes de apartarse de él con la mirada clavada a la espalda del hombre, en busca de alguien más.

-No va a venir, Ginny.-dijo Sirius.-...es muy pronto.

-Me lo imagino.-dijo ella.-...es solo que...

Miro al suelo odiandose por ser tan debil delante de Sirius, ella quería ser fuerte y pelear la sensación de perdida y desesperación que la abrumaba pero en lugar de eso se encontro de nuevo llorando como si acabara de ver la muerte de Ron otra vez.

-Esta bien, Ginny.-dijo Sirius.-...puedes llorar.

-Es que...-dijo en un sollozo.-...es que yo...no se que...

Sirius la rodeó con sus brazos mientras Ginny lloraba con lágrimas de rabia contra su hermano por dejarla, contra Snape por acabar con él, contra aquella maldita guerra que le había quitado algo precioso para ella.

-Puedes gritar, Ginny.-dijo Sirius.-...puedes estar enfadada y golpear las paredes por esta injusticia, pero nada cambiara el hecho de que Ron sabe que siempre serás la mejor.

Ginny levantó la mirada con aquella frase haciendo que la sonrisa de Sirius se ensanchara mientras la sostenía y miraba al frente.

-Lo he visto.-confesó Sirius.-...y tiene una misión especial para ti.

-¿Misión?-pregunto ella.

-Quiere que cuides de todos y que dejes llevar por tu corazón.

Sirius observó detenidamente la cara de Ginny ahora algo sonrojada y con una leve sonrisa asintiendo a sus palabras como si hubiera captado su significado.

-Dile que...-dijo Ginny.-...que haré lo me dice y que me he dado cuenta que es más intuitivo de lo que parecía.

Sirius asintió sin saber muy bien a que se refería Ginny pero como todo, imaginaba que era una cosa entre hermanos aunque creía saber que Harry era el centro de todas aquellas frases.

-Se lo diré.-dijo Sirius.-...ahora debo irme, Ginny. Buena suerte.

-Gracias.-dijo ella.-...cuida de él.

La mirada de Sirius le dio la paz que necesitaba cuando levantando una mano en señal de despedida la miro directamente a los ojos y se llevó la otra mano a su corazón.

-Te lo juro.-prometió.


Para Dumbeldore fue difícil encontrar a Hermione, mucho más de lo que le habría gustado pero finalmente la encontró en un lugar donde no esperaba verla.

Estaba en la zona donde vio como Snape mataba a Ron, en el jardín de los Weasley tras la tienda donde se estaba llevando a cabo la fiesta por la boda de Bill y Fleur.

-Como te atreviste a hacerme esto.-la escucho murmurar.-...¿como te atreviste a dejarme sin que yo pudiera decirte lo que sentía por ti?

Dumbeldore sintió pesar por ella cuando la joven cayó al suelo de rodillas arrancando el césped de la zona enfadada y con lágrimas en los ojos.

-¿Es que no sabias lo mucho que yo...?¿Lo mucho que me costó intentar que te dieras cuenta?-pregunto arrancando más césped.-...eres un idiota, Ronald Weasley.

El viejo hombre suspiro acercándose lentamente hacia la muchacha hasta llegar a su espalda y tocar su hombro lentamente, como si tuviera miedo a que ella le atacara.

-Hermione, no fue su decisión irse.-dijo cuando ella se giro a mirarlo.

-Lo se...-dijo ella más calmada de lo que él se esperaba.-...pero no lo entiendo, Profesor, no entiendo porque tuvo que irse que él justo cuando empezábamos nuestra historia.

Dumbeldore se dolió por ella recordando como los había visto danzar el uno alrededor del otro ya incluso en su primer año en Hogwarts y como, finalmente, no habían podido hacer sus sentimientos realidad por su culpa.

Estas razones me impulsaban a no escogerte, Ron...

-¿Sabe que es lo peor?-pregunto ella en un murmullo.-...que se marchó sin saber que yo también lo quería.

-Él lo sabe, Hermione.-susurro Dumbeldore.-...él esta...cerca, siempre y jamás te dejará sola por muy lejos que este de ti.

-Lo se.-dijo con una sonrisa.-...ese idiota siempre me defendía.

-Y lo seguirá haciendo.-dijo Dumbeldore.

Más de lo que tu crees, Hermione...

Hermione asintió algo más tranquila y tomo la mano del profesor para levantarse mirandolo a los ojos con una mezcla de tranquilidad y tristeza.

-Si lo ve, digale que no lo olvidare nunca.-susurro ella.-...ni a él, ni a estos sentimientos.

Dumbeldore asintió, sintiendo que ya era su hora de marcharse del sueño al cumplir su misión de calmar a Hermione y darle algo de paz a un alma que sabía, tardaría mucho tiempo en curarse.

Ojala y todo esto se acabe pronto...

Ya que ahora no solo estaba el juego el futuro del mundo mágico si no también la felicidad para las personas más importantes para él.