Summary: Rosalie Hale se va a casar con Royce King, mientras Emmett sufre en silencio por la rubia que desconoce su existencia. Pero ¿es Royce el hombre para Rosalie? Emmett/Rose.
Disclaimer: Los personajes, así como la historia base de Rose/Royce son de Stephenie Meyer; que Emmett viva en esa época es mío (Y Emmett es mío también).
3
(Emmett)
Caminaba por las calles cuando la noche ya estaba entrada. Mis amigos —aunque no estaba seguro de que ellos me siguieran llamando así —habían ido a tomar a un bar de mala muerte, pero yo había optado por la caminata a solas. Aquella típica caminata que se hace cuando estás a punto de perder algo que amas. Algo que jamás tuviste.
La mujer de mis sueños se casaría en pocos días con el despreciable Royce King. Recuerdo la forma en que alardeaba que había conseguido a la chica más bonita del pueblo. No hacía más que referirse a ella como un objeto, "que era la más sexy" "que era la más hermosa". ¿Tan siquiera la había visto a los ojos? ¿Tan siquiera la quería? Sabía que para ambas preguntas la respuesta era no. Pero ¿qué podía esperar yo? Era un pobretón, sin lugar donde caer muerto, y peor aún, sin lugar donde andar vivo. Pero todo eso ya lo sabía, así como ustedes.
Rosalie Hale. ¿Por qué tenía que amarte sin tenerte?
El día que la conocí, el día que estrechó su mano con la mía. Cuando un hormigueo recorrió la piel que ella rozaba, como choques eléctricos. Para mí, era como si el Universo hubiese dicho "fueron hechos para estar juntos". Ella, probablemente no sintió nada.
Suspiré derrotado. La noche estaba oscura. Era inicios de invierno y los faroles aún no estaban encendidos. Si hubiese tenido alguna razón para querer despertarme el día de mañana, habría apresurado el paso, pero ¿qué motivo podía tener yo?
Me recosté en la pared de la Iglesia, arrastrándome por ella para caer al suelo. Me sentía totalmente derrotado y sin ánimos. Había perdido todas las oportunidades que difícilmente había conseguido.
El silencio de la noche fue interrumpido por carcajadas guturales y un escándalo que sólo podía provenir de Royce y sus amigos. Sí, ya me había dado cuenta. Ya ellos tampoco eran mis amigos.
—Aquí está mi Rose —logré escuchar al otro lado de la calle. La mención de su nombre alertó mis sentidos. Me puse de pie de un solo tiro, Royce estaba totalmente ebrio, él y sus amigos estaban más delirantes de lo normal —. Llegas tarde. Estamos helados, nos hiciste esperar demasiado tiempo.
Aceleré el paso.
—¿Qué te dije John? —preguntó la voz ebria de Royce para luego soltar un hipido. Podía imaginarme su cuerpo balancearse de un lado a otro con la botella en la mano.
John, el tipo de Atlanta. Mis sentidos se alertaron más. No se podía esperar nada bueno de John, yo lo conocía bien.
Aceleré el paso, la adrenalina corría por mis venas haciendo que correr fuera mucho más sencillo. Las carcajadas y comentarios idiotas no cesaban.
(Rosalie)
—Déjame en paz —murmuré con la voz atrapada en un nudo. Royce no pareció escucharme y arrancó la chaqueta de mis hombros haciéndola tiras.
—Paz… Yo te daré paz, te daré todo lo bueno, Rosalie Hale. Pero primero debes demostrarme que vale la pena.
Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro. No quería llorar, no quería mostrarme débil frente a él. Necesitaba ser fuerte. Deseaba escupirle la cara y patearle en la entrepierna. Pero no podía hacer nada de eso mientras mi cuerpo temblaba, mi visión se tornaba borrosa y sus manos maltrataban mi cuerpo.
Sus amigos acompañaban sus acciones con carcajadas idiotas.
—Desnúdala de una vez, Royce —sugirió uno de ellos, el más alto. Busqué entre ellos una mirada amable, alguien que se opusiera a lo que estaba a punto de ocurrir, pero todos parecían ansiosos por más.
Mi cuerpo temblaba y le decía que dejara de hacerlo pensando en que eso les excitaba más. Las manos rudas de Royce arrancaron mi sombrero, lo cual estuvo acompañado por un grito de dolor de mi parte, las agujas que lo sujetaban a mi cabeza me rasguñaron y sentí que comenzaba a perder sangre. Royce me tomó por la cabeza y la cintura y me dejó caer al suelo bruscamente. Reprimí todos los gritos que quería expulsar. No quería que pensara que eran parte del placer.
¿Por qué me tenía que hacer esto?
Rompió mi vestido mientras las lágrimas corrían por mi rostro y cuello. Maltrató mis senos descubiertos, rasguñó y mordió mi piel sin ninguna delicadeza.
Sus manos recorrieron mi cuerpo, tocaron mi intimidad. Me resistí a lo que pude y me resigné a que nada me salvaría. Ya no había salvación.
— ¿Quién anda ahí? —preguntó una voz ronca. Rogué porque se tratara de alguien de mi confianza, alguien que me salvara y no otro salvaje que venía a violarme.
Royce me miró espantado y corrió junto a sus amigos lejos de mí. Dejándome ahí, mi cabeza sangrando y mi corazón doliendo con cada latida. Si me iba a morir, por favor que fuera ya.
—Rosalie—la voz difusa pronunció mi nombre y traté de abrir los ojos. Me encontré con aquella mirada que había visto en mis sueños y en algún otro lugar que no lograba recordar —. Estarás bien —prometió y supuse que se trataba de mi ángel de la guarda.
(Emmett)
—Señor Hale —me llamó el doctor. Tuve que decir que era su hermano para poder acompañarla.
— ¿Sí?
—Pase por favor, la señorita está reaccionando.
Entré al consultorio. Todo parecía tan pulcro y blanco que tuve la sensación de estar en el cielo.
El doctor me dejo solo con Rosalie y fue cuando noté la locura que había cometido. Cualquiera de los demás pudo decir que era un Hale, venir aquí y violarla sin pudor.
—¿Quién eres? —preguntó aterrada mientras cerraba la puerta de la habitación.
Me volteé esperando que me lanzara una almohada o algo peor. Pero en el momento en que nuestros ojos se encontraron fue como si ella supiera quién era y por alguna razón no me tuviera miedo.
—Soy Emmett McCarthy, fingí ser tu hermano para poder estar aquí.
—¿Y de dónde proviene el interés?
—Digamos que me siento culpable por lo que te pasó… —suspiré —. Digamos que conozco a esos tipos.
—También yo —murmuró ella bajando la mirada.
—El doctor dice que en cuanto quieras puedes irte a casa, sólo tienes unas vendas en la cabeza. Nada de qué preocuparse, pero necesitas un poco de reposo. ¿Quieres que llame a tu papá?
—No quiero ver a ningún hombre ahora.
—Bien, entonces te dejaré sola.
—No… yo… no es que no te considere hombre —dijo sonrojándose —, pero me gustaría que te quedarás.
—De acuerdo —asentí con una sonrisa.
—Tienes unos hoyuelos como los de Henry —sonrió sentándose en la cama, me acerqué para ayudarla pero ella rechazó el contacto.
Me aparté y tomé asiento en el puesto del acompañante.
—¿Quién es Henry? —pregunté sintiéndome un poco rojo, tal vez porque siempre me habían apenado mis hoyuelos.
—Es el hijo de Vera, mi mejor amiga. ¿Te había visto antes? —preguntó repentinamente.
—Sí, Roy… ya nos habían presentado.
Ella tembló al notar que iba a nombrar a Royce y las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, instintivamente acerqué una mano para secar su dolor —como si pudiera —y ella de nuevo me rehuyó.
—Lo siento —murmuré.
—No, yo lo siento. Lamento que me tuvieras que encontrar como una muñeca de porcelana rota, quisiera estar completa para ti.
—Sé repararte —afirmé con una sonrisa que a ella se le contagió aunque seguía llorando.
—Entonces eres un mecánico —murmuró secando sus propias lágrimas.
—Algo parecido —sonreí.
—¿No te había visto en otra parte? ¿Aparte de con…?
—Trabajaba para Dana, y creo que mencionó que su vecina se llamaba Vera.
—Ah, tal vez te vi alguna vez…
—¿Por qué lo preguntas?
—Me parecía ya conocerte, como si ya te hubiese visto. Tal vez te pareces a Henry, tiene el cabello como tú, y por supuesto —dijo sonrojándose de nuevo —, los hoyuelos.
—¿Te gustan los hoyuelos?
Asintió mordiéndose el labio inferior y se acostó de nuevo quedándose dormida al instante. Deseaba acariciarla y velar sus sueños, pero supuse que parecer un acosador no era lo apropiado. Respiré su olor y salí sigiloso de la habitación.
—Doctor Cullen —el hombre rubio volteó y me miró curioso.
—Quisiera que le avisaran a los señores Hale lo ocurrido.
—¿No puede avisarle usted? —preguntó él asumiendo que yo sí era su hermano.
—No estoy relacionado con ella. Sólo quise ayudar.
Supuse que me sermonearía, sólo asintió y llamó a una enfermera.
Abandoné el hospital, con el corazón roto por lo que le había ocurrido a Rosalie y con una esperanza de que fuera yo quien la ayudara a sanar, que ella, estuviese dispuesta a que yo fuera el doctor de su corazón.
Besos & un Emmett ;)
