Hola, chicos! Bienvenidos a otro capítulo de Conexiones! Espero que les guste este capítulo!

DISCLAIMER: Ni Shaman King, ni los personajes me pertenecen. Todo es exclusivo de Hiroyuki Takei. Esta historia no tiene fines de lucro.

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Capítulo 4: Por el bien de todos.

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Ni si quiera lo pienses.

Yoh soltó una risotada nerviosa. Estaba sudando.

—Se coló en mi mente, no pude evitarlo —Se excusó, algo avergonzado—. Lo siento…

Hao rodó de ojos y siguió leyendo un libro de conjuros que Anna le había prestado. No porque quisiera aprenderlos, sino porque no quería leer ninguna porquería que proviniera de los seres humanos.

El shaman de cabello corto entrecerró los ojos y miró el suelo, triste. Desde hacía exactamente ocho días, Hao se había distanciado nuevamente de él; actuaba como los primeros días que estuvo en la pensión. De vez en cuando veía una sonrisa en sus labios, pero eso era una de quinientas ocasiones. Quizás había hecho algo malo y no se había dado cuenta. La verdad, no tenía idea qué podría molestar a su hermano además de los humanos.

—… Hao… ¿Extrañas a Opacho?

Apenas había terminado la oración, el shaman de fuego se había quedado rígido. Sus dedos presionaron con fuerza los bordes del libro. No le apetecía recordar el gran afecto que le tuvo a esa niña que había perdido por un simple ataque de rabia.

El silencio fue suficiente para Yoh. Apretó los labios, arrepentido. Cuidadosamente, se incorporó y dejó a su hermano solo.

Hao contuvo el suspiro de alivio y agradeció su privacidad. No estaba acostumbrado a compartir sus cosas, ¡con nadie! Hacerlo ahora se sentía extraño, no estaba bien. Anna tenía razón. Él no podía simplemente llegar, hacer que Yoh lo quisiera y luego dejarlo tirado para que sufriera por su culpa.

¿Qué demonios?

Abrió más los ojos, sorprendido por su descubrimiento.

Siempre había visto a Yoh como una fuente de energía, había deseado su alma para volverse más fuerte y ser finalmente el Shaman King, sin embargo eso cambió. Todo cambió.

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—Más vale que hagas los quehaceres del hogar.

Hao alzó una ceja, sin dejar de sonreírle a la itako. Yoh los miró de reojo y sonrió.

—Ya nos vamos, Hao.

Él asintió brevemente y se dirigió nuevamente al hogar Asakura. Anna comenzó a caminar, seguida rápidamente por su prometido para ir a la escuela. Manta los esperaba al final de la cuadra con cierta incomodidad.

—Hola, Manta.

—Buenos días, Yoh-kun —Vio de reojo a la itako, quien siguió caminando de largo—… Umm, ¿ocurrió algo?

—Pues… No lo sé, hace mucho que Anna está actuando raro —Se encogió de hombros—. Yo sé que me lo dirá cuando esté lista —Entrecerró los ojos—… Y pues… Quise ofrecerle a Hao que nos acompañara a la escuela.

—¡¿Que tú QUÉ?! —Soltó en shock el pequeño.

—Sí, lo sé… Fue una mala idea —Se rio, rascándose la nuca—. Apenas ese pensamiento vino a mi mente, rechazó enseguida la oferta…

—Yoh-kun, sabes que Hao… Pues… Odia a los humanos, creo que si lo llevabas, la escuela terminaría en llamas —Comentó, sudando con solo imaginarlo.

—Tienes razón —Suspiró—… Es que, creí que si convivía más con otras personas, no lo sé, podría… ¿A quién engaño? —Murmuró—. Vamos.

Hao no era el único que detestaba a los humanos.

Yoh y Anna tampoco les agradaban, tener que estar la mayoría del día en la maldita escuela era el mismísimo infierno. Pero ellos sabían lidiar con ello, pero Hao no. No podía insistirle tampoco, no estaba en su derecho. Su gemelo los soportó por mil años, nunca entendería sus sentimientos al respecto. Al menos, no de forma exacta.

La rubia caminaba en un aire ausente. Sabía que el haber permitido que Hao se quedara en la pensión no había sido una buena decisión desde el principio. Ella solo había accedido por Yoh… Y… Pues… Tal vez, solo tal vez… Por el shaman de fuego también. Pudo simplemente dejarlo morir, pero tanto la mirada de Yoh como la de Hao la hicieron dudar.

Los de Yoh, suplicantes, llenos de dolor, buscando redención.

Y los de Hao, llenos de odio, ira y sed de sangre humana.

Como ella.

Tenían sus similitudes, por un segundo, pudo reflejar sus ojos dorados con los oscuros del shaman de fuego. Se sentía identificada a su lado, ¿quién más, además de Yoh, lograría comprender el dolor por el que pasó apenas había nacido?

Quería que Hao saliera de sus vidas lo antes posible, ya que sabía que su presencia no solo le afectaría a Yoh…

Sino que a ella también.

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—¡HAAAAAAAAAOOOOOOOOOOOOOOOO!

El de cabellos largos puso los ojos en blanco. Había dejado la puta casa limpia cual taza de cristal, e incluso, solo por estar aburrido, había dejado la cena lista.

¡¿Qué más querían de él?!

Sin embargo, la esencia alegre de Yoh lo relajó un poco. Era mejor que su fastidioso grito. Terminó por sonreír un poco cuando su hermano abrió la puerta de su habitación.

—Bienvenido a casa.

—¡Gracias! —Se rio animadamente—. ¡Tengo algo para ti! —Le anunció con alegría.

Hao alzó las cejas al leer su mente.

—¡Ta-dá! —Mostró una bolsa, sin borrar la enorme sonreía que tenía—. ¡Te traje unos bollos! Estos tienen mermelada, espero que te gusten…

La voz de Yoh fue muriendo lentamente al ver semejante brillo en los ojos de Hao. ¡Vaya! Así que Anna tenía razón, a Hao le encantaban las cosas dulces, pero nunca se daba el placer de comerlas seguido. El corazón del shaman se infló de alegría al ver al fin un cambio en el semblante de su gemelo.

—¿Quieres que los comamos juntos? ¿Con algo de té?

Hao parpadeó, sorprendiéndose de que hubiese dejado caer sus defensas de esa manera. Carraspeó un poco.

—Claro, pero el té lo haré yo. Tú solo das agua con césped.

Dicho esto, Hao se levantó y dejó solo a Yoh lo antes posible antes de que notara su rubor de lo apenado que se había sentido al mostrarle esa faceta a su hermano.

Pronto, Yoh, Hao y Anna yacían sentados en la mesa, bebiendo una taza de té y los bollos que, como era de esperarse, habían sido comprados con el dinero de Manta, quien recientemente se había unido a la reunión.

Hao comía en silencio, saboreando el dulce con paciencia. Ni siquiera había terminado de comerse el primero, estaba acostumbrado a comer algo dulce una o dos veces al año. Maldijo a Yoh y a Anna, de seguro querían joderlo con tal comida llena de calorías, pero con sabor celestial. Yoh se había comido tres, y miraba a su prometida, pensativo. Sabía que algo ocurría con ella y estaba dispuesto a esperarla para que le dijese cuál era el problema. Anna no había hablado más de dos palabras en el día, lo cual comenzaba a ser realmente extraño; normalmente le pedía los quehaceres a Manta, pero la itako estaba muy sumida en su propio mundo. Y Manta… Pues… Se sentía realmente incómodo. Con Anna lo había jodido, por la discusión que habían tenido días atrás, y Hao era… ¡Era el enemigo! Seguía sin estar d acuerdo con la decisión de Yoh. En cualquier momento, podría pasar algo como…

Hao abrió los ojos.

Se venía la guerra.

—Yoh —Lo llamó. El castaño lo miró—. Anna —La rubia alzó la mirada. Él sonrió—. Gracias por cuidar de mí hasta ahora —Anunció al levantarse.

Yoh abrió enormemente los ojos.

Anna apretó los puños bajo la mesa, mas su expresión era fría.

—¿Hao?

El de cabellos largos les dedicó una última sonrisa.

—Me iré. Ahora.

Dicho esto, se volteó y dejó el cuarto, el cual se había sumergido en un mortal silencio.

Anna cerró los ojos con fuerza.

Manta estaba boquiabierto.

Repentinamente, Amidamaru apareció, igual de sorprendido.

Yoh negó con la cabeza y se levantó rápidamente para seguir a su gemelo.

—¡Hao, espera!

Subió las escaleras hasta dar con la habitación de su gemelo. La deslizó con fuerza y lo vio colocándose su poncho.

—¿Vienes a despedirte? —Hao le sonrió con cinismo.

—Hao… ¿P-Por qué? ¡No lo entiendo! —Exclamó—. No logro comprender por qué… ¿Por qué te irás?

El shaman de fuego dejó de sonreír y miró hacia un lado.

—… ¿Por qué tendría que quedarme? —Murmuró.

Yoh parpadeó, sin comprender el tosco tono de su voz.

Hao dejó ver su rostro, en él habitaba una cruel sonrisa. Retrocedió unos pasos, hasta quedarse sentado en el borde del marco de la ventana.

—¿Qué me ata aquí, Yoh? Estoy viviendo con el grupo de personas que quisieron que mis planes se vinieran abajo —Comenzó a enumerar con tranquilidad—, Anna trató de sellarme, tus amigos quisieron derrotarme…—Lo miró fijamente a los ojos— Incluso intentaste matarme, ¿no?

El castaño con los auriculares naranjos sintió sus ojos llenarse de lágrimas.

—Tú y yo no somos hermanos —Se encogió de hombros—, solo eres la mitad de mi alma que no he reclamado… y no he decidido reclamar porque has cuidado de mí —Se incorporó para darle la espalda a su gemelo. Posó un pie en el marco, dispuesto a salir por la ventana.

Pero la voz de Yoh lo detuvo.

—Entiendo —Hao cerró los ojos, agradecidos de no percibir ninguna clase de temblor en la voz de Yoh—. Entiendo cómo te sientes, así que…—El shaman de fuego pudo jurar ver la sonrisa de su hermano— Espero que nos volvamos a ver pronto.

—Lo dudo —Se giró de reojo, y contempló con alivio que Yoh le dedicaba una cálida sonrisa—. Pero ya veremos qué nos depara el destino.

—¡Claro! —Yoh se rió—. ¡Adiós, nii-san!

La sonrisa de Hao se borró, su expresión era de completa incredulidad.

—… ¿Nii…?—Repitió, en shock. Hizo una mueca, para después sonreír con arrogancia—. Yoh, seré el Shaman King, así que ten más respeto.

—De acuerdo, nii-san.

Hao rodó de ojos y salió por la ventana, para finalmente convocar a su espíritu acompañante. Se subió en él y se marchó lo antes posible, esperando pasar lo más desapercibido posible.

Si tan solo se hubiese volteado, hubiese visto que la curva en los labios de su hermano había temblado violentamente, tratando de controlar el llanto.

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Yoh tenía su mentón apoyado en la mesa. Anna lo mataría si lo veía ahí en la misma posición desde la mañana, ignorando olímpicamente la orden de su prometida de irse a entrenar. Pero honestamente, no tenía ganas de nada. Estaba realmente deprimido.

"Yoh-dono…"

—¿Mm? Oh, lo siento, Amidamaru —Le sonrió sin ganas—. Pero no tengo muchos ánimos de salir.

"No se preocupe por eso, Yoh-dono. Quería asegurarme si se encontraba bien."

—Estoy bien… Solo…

"Extraña a su hermano, ¿verdad?"

El castaño no pudo evitar sonreír. Solo habían pasado tres días, pero para él, había sido una eternidad. Nunca se había dado cuenta de lo solitario que era estar entrenando por su cuenta, estar despierto muchas horas en la noche, preparar el desayuno…

—No sé si esto es lo correcto, Amidamaru. Que yo me sienta así…—Entrecerró los ojos— Yo le hice mucho daño a Hao, pero él también me lastimó. ¿Estamos a mano? ¿Deberíamos aceptar las consecuencias y sentirnos así?

El samurái contempló la desolada expresión de su amo. Cerró los ojos un momento, reflexionando.

"Yo no lo veo así, Yoh-dono."

Yoh alzó la cabeza para ver mejor a su espíritu acompañante.

—¿Eh?

"Usted y Hao son hermanos, aunque él no quiera admitirlo, si me permite opinar, yo creo que se fue porque teme forjar lazos con usted."

—… Pero, ¿por qué temería? Si yo quisiese hacerle daño, lo hubiese sabido. Él puede leer mi mente.

"Puede que tenga razón en ese aspecto, pero usted no sabe lo que vivió él en sus antiguas vidas. Nunca podremos entender su gran desprecio a los humanos y qué lo llevó el desear su extinción, ¿me comprende?"

—Oh…

"Lo que trato de decirle es que… Pienso que quiere mantener su objetivo por encima de todas las cosas. De seguro su decisión podría cambiar si usted influye en él."

—Mm…

Anna escuchaba todo, apoyada tras la puerta. Tenía planeado arrancarle el cabello a su prometido por ignorar sus órdenes, mas la conversación que compartió con su espíritu acompañante la había frenado. Pues… Ella, mejor que nadie, comprendía los sentimientos de Hao hacia la humanidad. Aunque, había algo que aún no comprendía, y era su repentina decisión de marcharse. Las palabras de Amidamaru no lograban convencerla del todo. Había algo más que Hao estuvo ocultando y había decidido no decirlo para irse sin más.

El timbre de la pensión sonó, captando la atención de todos. Amidamaru alzó las cejas, sorprendido al saber de quién se trataba.

O más bien, de quiénes.

—¡YOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH!

Yoh se levantó abruptamente, reconociendo la voz del Usui. Salió del comedor, pasando de largo a Anna y fue a abrir la puerta.

Allí, se encontraban Horo Horo, Ren, Ryu, Faust, Lyserg y Chocolove en la entrada. Todos, excepto el joven Tao, con grandes sonrisas en sus rostros. Yoh parpadeó un par de veces, pero después sonrió.

—¡Amigos! ¡Qué buenos verlos! —Soltó una risa, por fin animado.

—¿Qué hacen aquí? —Cuestionó Anna al acercarse a los shamanes.

—Ugh, que cálida bienvenida —Horo Horo gruñó, ganándose un golpe de la itako—. ¡GAH! ¡¿Cuál es tu problema?!

—Mi problema es que hayan venido sin mi consentimiento a mi casa —Se cruzó de brazos.

—¡Doña Anna! —Ryu se acercó amablemente—. Permítame prepararle una deliciosa cena por irrumpir en su hogar y el de Don Yoh.

La rubia alzó una ceja, para después adentrarse a su casa.

—Bien, más vale que valga la pena.

Cinco minutos después, todos, excepto el joven que usaba la espada de madera, estaban sentados en la mesa. Ren soltó un gruñido, estaban todos apretados y tener que estar chocando con Chocolove y Horo Horo era realmente molesto. Entrecerró los ojos al ver a Yoh. El castaño se reía con ánimo de alguna estupidez que había dicho el Usui, sin embargo el joven Tao notó algo extraño en la expresión del shaman. No era forzada, pero tampoco completamente honesta.

Parecía evasiva.

Desvió su mirada para ver a su prometida, buscando alguna señal de distancia entre ellos. No había ninguna, pero estaba seguro que ambos compartían la misma inquietud. La máscara de hielo que traía puesta era la misma, pero los ojos ámbares de Anna se veían más pensativos que de costumbre.

Yoh miró de reojo a la itako, quien le devolvió el gesto.

No era necesario decir algo al respecto. Se habían dado cuenta con la simple presencia de sus amigos.

Hao se había marchado por el bien de ambos, para evitar problemas que con sus amigos si llegaban a enterarse de habían estado cuidando de él.

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Continuará…

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Al fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin!

Aaaaaaaaaaaawwwwnnn! Hao se fueeeeeeeeeeeeee :ccccccccc Volverá? Ren y lo demás descubrirán lo que ocultan la pareja Asakura? Yoh podrá seguir adelante sin su hermano?

Espero que les haya gustado, nos leemos!

Rossana's Mind.

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