Una larga batalla.-
Las horas pasaban raudas y en una amplia zona, entre un poblado y otro e incluso en un bosque, una sola familia se veía inmiscuida en graves problemas, desde el templo de un reducido y masacrado pueblo que ahora se veía como un infierno, se encontraban un hibrido y su hija, que resguardaban a los niños que habían sobrevivido; desde el otro pueblo, una hermana recién aparecida y su herido hermano se preparaban para ir con el resto de su familia pero sin dejar a su pueblo indefenso ante los demonios, y en el bosque, una sacerdotisa y su hija que era un hibrido, seguían a una jovencita, casi niña, para que las llevara hasta aquel descuartizado lugar donde se encontraba, seguro, el enemigo.
No importaría con quien se empezara el relato, los 3 buscaban lo mismo, desaparecer a ese individuo de la faz de la tierra, lo único que variaba, era su cercanía a él y lo que les pasaba justo ahora.
En el templo, donde ya hacían cautivos nuestros protagonistas, las cosas estaban tensas, tanto por la constante posibilidad de ser atacados por Xeder sin ningún aviso y por su aparente debilidad con esa situación, como por la misteriosa relación entre la joven sacerdotisa del lugar con las armas que tenían ahora las hijas del hanyou que custodiaba la entrada al lugar.
"No comprendo esto, yo ya estaba enterado que las espadas de ambas habían provenido de un templo para que se contuvieran con ellas… sin embargo… si esa mujer no quería que cayeran en manos de demonios ¿para qué las creo? Según me contó Kagome, los humanos son incapaces de usar esas espadas, o incluso, de tocarlas sin recibir antes un daño tremendo… que raro es esto… esa mujer aun tiene mucho que contar… pero creo… que ahora no es el momento" eran los pensamientos de Inuyasha mientras vigilaba cuidadosamente.
Dentro de una de las habitaciones de la edificación, la Sacerdotisa que no había podido dormir después de esa pelea que tuvo con sus salvadores, acariciaba sus manos heridas y las contemplaba con sus hermosos ojos azul profundo, que ciertamente, estaban al borde de las lagrimas.
-… ¿Por qué?- musitaba para sí casi en un susurro que resonaba en eco por toda la habitación y desaparecía al contacto con el cuerpo de la joven - ¿Por qué tuvo que pasar esto…? ¿Por qué tenias que traicionarme tú?- sus lagrimas comenzaron a resbalar por su aterciopelada piel y a desplomarse y a partirse sobre las sabanas que estaban sobre sus piernas.
Flashback…
"No hay otra cosa más importante en este mundo que el amor que tienes y eres capaz de dar" repasaba esa frase que se había vuelto lección la joven de apellido Higura que esperaba a su maestra sentada sobre un verde pasto en plena pradera. Ella solía llegar tarde, así que no le molestaba, además, el lugar era tan hermoso y tranquilo, que la idea de que tardara todo el día para seguir admirando tal paisaje, era no otra cosa que su mayor deseo.
Anonadada por aquel esplendor cautivador, la joven perdió la concentración y se descuidó, no pudo percibir la presencia amenazadora que se presentaba detrás de ella, si no, hasta que esta, la tomó desde la espalda y la puso contra el piso apretando su garganta ya estando ambos cara a cara. Al principio ella mantenía los ojos cerrados y no le pudo ver, y al hacerlo, supo que su peor temor era realidad; quien la tenía, era un demonio con apariencia casi humana, excepto por el color cenizo de su semi-bronceada piel y sus orejas que terminaban en punta.
-¿tú eres la que pronto será la nueva sacerdotisa de este sitio verdad?- la interrogó soltando un poco su agarre para que pudiera responder.
-¿por qué?- preguntó con dificultad mientras luchaba por su libertad.
-si es así, es mi deber matarte pequeña- sonrió casi burlándose de ella.
-no te dejaré… ¡tú no me mataras!- tomando sus muñecas, soltó su poder espiritual directamente contra él y le hizo soltarla por las graves quemaduras que le causó. – Seré joven, pero no soy alguien fácil de matar- se incorporó rápidamente sonriendo osada, logrando que el molesto demonio cambiara su expresión a una sorprendida y con los ojos bien abiertos.
-… oye… ¿Cómo te llamas?- preguntó repentinamente el youkai.
-¿eh? No se para que quieras saberlo, pero da lo mismo… mi nombre es… Higura Abelovh- se quedó algo extrañada.
-… Abelovh… ese no es un nombre japonés-
-mi madre no era japonesa, ¿Por qué crees que mi cabello es blanco? Juro que no son canas- jugo un poco.
-je… que graciosa- sonrió – será mejor que termines de estudiar para sacerdotisa que de comediante te matan-
-AHH que cruel eres- bajó la guardia por completo y el youkai aprovechó para ponerla, ahora, contra un árbol pero sin estrangularla.
-te falta mucho, una verdadera miko jamás debe dejar que algo de simpatía la distraigan de sus enemigos- se acercó hasta quedar muy cerca de sus labios –entiende que ser bonita a veces puede ser una invitación a devorarte… en más de una forma… o y por cierto… mi nombre es Magno Time… y creo que esta no será la última vez que nos encontremos mi encantadora joven- se fue despacio sin cumplir con su primera amenaza, pero cumpliendo una misión que tal vez nunca deseo cumplir… la de dejar el alborotado corazón de aquella joven tan singular, gritando en cada palpitar su nombre.
End Flashback…
Por detrás del templo la chica de 15 años que respondía al nombre de Kitzumy respiraba con dificultad sostenida de uno de los arboles que adornaban el contorno del lugar, su mano cubría con ansiedad su boca y al retirarla, una cantidad de sangre se resbalaba por los bordes de su palma.
-maldición… aun no… debo aguantar- se repetía a si misma mientras se deshacía de esa sangre para que su padre no se percatara de que se encontraba mal y la acosara con preguntas.
Mientras aquello pasaba, en lo profundo del bosque, las 3 mujeres que se dirigían al sitio más peligroso de los alrededores en ese momento, comenzaban a caer en desesperación, pues por más que caminaban, no lograban llegar hasta su destino.
-GRR, ¡maldita sea chiquilla ¿de qué demonios se trata este juego?! En verdad no creo que tu pueblo quede tan lejos- le reclamó Saraya a la joven Asure obligándola a mirarla.
-yo… yo… lo siento, pero es que… no quiero que lleguemos hasta mi pueblo… por eso… por eso las he hecho dar vueltas toda la noche- comenzó a llorar intentando desviar la mirada.
-ya lo sabía yo, eres una desgraciada, ¡te lo había advertido desde un principio!- hizo su mano puño y ya estando a punto de golpearla con gran violencia, su madre le impidió cumplir tal acto – esta cosa no merece que la defiendas, ¡suéltame y déjame hacerla ver su suerte por poner en riesgo la vida de mi hermano!- intentaba convencerla de que soltara su brazo para terminar con lo que había empezado.
- no importa eso, Saraya, las cosas no se arreglaran con eso y lo sabes, mejor deja las cosas así, llegaremos de cualquier modo ahora que sabemos que ella nos estaba mintiendo- insistía la madre algo desesperada.
-feh, nada de lo que digas me convencerá- seguía en negación la joven.
-por favor, discúlpeme, pero si llegamos pronto… seguro que Xeder-sama nos espera ya con una trampa, por eso…- hablaba bajo Asure.
-tonterías, ¿Cómo diablos podría enterarse que vamos para haya?- interrogó Saraya.
-es que… lo sabrá por mí, es seguro que él tiene claro donde estoy, que hago e incluso…-
- cierra la boca joven Asure- una voz ajena y masculina resonó ante las chicas que miraban con cuidado en cada rincón buscando de donde provenía el sonido. –si hablas más, supondré que en verdad quieres que mate a estas mujeres- un ataque que de procedencia ignota fue contra la miko que apenas alcanzó a reaccionar y lanzar una flecha desviando apenas la ráfaga pero evitando que cualquiera de ellas fuera tocada.
-¿pero qué demonios para aquí?- la hanyou al fin soltó a la chiquilla herida tomando su espada aun enfundada lista para atacar.
-jeje, no crean que quiero hacerles daño lindas- volvió a pronunciar la misteriosa voz.
- ¿a no? Entonces ¿qué fue ese ataque?- interrogó Kagome.
-solo fue para llamar su atención, y es que… deseo ayudarles a llegar hasta ese asqueroso pueblo, se los dejaré muy sencillo- al pronunciarlo, un camino de resplandor rojizo se materializó en el suelo –si quieren llegar sin más contratiempos, deben tomar ese camino-
-Feh, ¿esperas que confiemos en la voz de un ser desconocido que recién nos ataco? No somos estúpidas maldito- desenfundó la hanyou.
-yo creo que si lo seguirán-
- ¿por qué lo haríamos?- habló Kagome.
-porque no tienen otra opción, después de que Asure les mintiera tanto, estoy seguro que hasta un completo extraño como yo, suena más creíble, pero en fin, está en ustedes hacerlo o no- la voz se desvaneció tan repentinamente como apareció pero el camino que invocó seguía ahí para ellas.
Como era de esperarse, dudaron, pero en realidad ya estaban muy cansadas de creer en la chica aquella y a esas alturas, seguir cualquier rastro era una idea lejana, así, que sin más remedio, fueron por la brecha que les marcaron, pero procuraron estar más que atentas ante cualquier peligro.
Apenas entrando al bosque, la joven de blancos cabellos tendía su mano a su hermano menor que se encontraba listo para partir ya con su arma en manos, que estaba envuelta y ocultaba de que clase era aun con su gran tamaño, uno de sus extremos era delgado y el otro era sumamente grueso, aun que también era delgada.
-Nio… aun es tiempo para que te retractes de este peligroso acto- volvía a sugerir la hermana abriéndose paso para entrar a la vía que los llevaría al sitio con gran rapidez y seguridad.
-no pienso cambiar de parecer… se bien que puedo morir pero… no voy a dejar que nuestros padres y hermanas se arriesguen mientras yo estoy aquí refugiándome, nunca me perdonaría si les pasara algo y yo no intentara al menos ayudarles- eran sus palabras decididas.
-… ya veo…- Kojime lo miró un segundo sorprendida de lo osado que podía ser aun tratándose de un personaje de tan corta edad y con poca experiencia en batallas de un nivel tan alto y peligroso como era esta –entonces marchemos de una buena vez-
-si…- entró deprisa siguiendo la ruta predispuesta por los mismísimos monstruos que se dirigían al mismo lugar para alimentarse.
Efectivamente, el lugar no era rastreable, pero los seres sobrenaturales que llegaron ahí por casualidad dejaron un rastro visible para que otros llegaran también y disfrutaran del festín que se encontraba detrás de la misteriosa barrera, que si bien, no permitía que el aroma ni nada saliera del lugar, no tenía problema alguno con que cualquier invitado de ocasión se paseara por ahí.
El camino sería largo y seguro que no llegarían pronto con su madre e incluso aseguraría no encontrarla ahí, era bueno porque de esa manera no tendría problemas con llevar a Nio… pero… sus poderes no estaban en su mejor momento y temía no ser capaz de proteger a Nio si era necesario, aquello era muy peligroso y para ser sincera… no tenía un buen presentimiento de todo aquello.
En el templo Inuyasha miraba sin falta el campo de fuerza, había algo extraño en este, de pronto, vio que era, cuando siguió una onda negras que se desviaba desde el centro del umbral, un pequeño hueco se habría y un demonio pequeño pero peligroso entraba por él ¿cómo es que no lo había notado antes con su agudo olfato? O aun más, ¿Cómo Kitzumy no lo había notado?; el pequeño intruso se dirigía hasta la habitación donde todos los niños estaban sin hacer el menor ruido, Inuyasha entró al cuarto sin perder tiempo, despedazando con sus garras al pequeño monstruo pero siendo atacado por otro que estaba ahí desde antes y recibiendo un ataque que apenas logró esquivar por culpa de su velocidad, pero al ya estar advertido de su presencia lo despedazó igual que al anterior.
Entró abriendo las puertas de par en par, unos 3 niños habían sido atacados por esas criaturas, aun que no gritaban porque al parecer, estaban todos adormilados por un somnífero que expulsaban las criaturas; él único despierto era el mayor de los jóvenes, ya era un adolescente y muy a pesar de su flagelado cuerpo los defendía como podía, tomando la espada de uno de esos seres entre sus manos con fuerza y sin estar dispuesto a rendirse. El hibrido se sorprendía de la escena, pero no había tiempo para eso, si iba a actuar, ese era el momento, se abalanzó contra la criatura haciéndola desaparecer con un ligero movimiento de sus garras, el chico, cayó al suelo sosteniendo sus manos frente a su cuerpo, era normal, no lo culpaba por su dolor corpóreo, sin embargo, al subir la mirada, pudo divisar el hombre de cabellos plateados, una mirada llena de resentimiento adornando sus tensar facciones, digna mirada a dedicar a el causante de aquel horrendo acontecimiento. Él lo entendió, esos ojos no lo miraban exactamente a él… si no, a la persona detrás de él, volteó velozmente sin encontrar a otra persona más que a su hija, quien acababa de pulverizar al último enemigo recién entrado.
-cuidado con esa mirada muchacho…- Kitzumy dirigió sus orbes ambarinas al sujeto en el piso soltando el cadáver del monstruo igualada entrando al cuarto-… es muy peligrosa si se la dedicas a la persona equivocada- sonrió de medio lado con el flequillo cubriendo la mitad de su rostro.
-… ¿Kitzumy?- pronunció débilmente Inuyasha, incrédulo de lo amenazante que sonaba todo aquel discurso.
-tranquilo padre, yo lo curaré, ve afuera para evitar que más seres como esos entren por favor- le dedicó unas palabras su hija.
- pero…- dudó, algo en todo eso no le gustaba, tenía un mal presentimiento… ¿de su hija? Era horrible, pero cierto.
A fin de cuentas Inuyasha salió de ahí sabiendo que en verdad no tenía una buena excusa para quedarse, la idea de Kitzumy era la más prometedora en aquel instante, aun que de igual modo… sentía que pronto todo se tornaría peor.
Flashback…
En aquel entrañable campo, una joven miko cantaba dulcemente acompañada por nada más que el eco de la soledad a su alrededor, la letra risueña desbordaba de esperanza y un incrédulo dolor impermeable ante la lluvia de alegrías efímeras… cantaba como un alma encadenada, impasible por un salvador, capaz de sobrevivir, pero muriendo a cada suspiro.
La chica lo que menos deseaba era ser escuchada en una miseria semejante, pero fue imposible ocultar esa resonante letra a los oídos sensibles de las criaturas malignas que le rodeaban; a decir verdad, ellas estaban ahí, pero no atacaban, solo deseaban escuchar el final de la canción que siempre, en el mismo momento en que se suponía alguien llegaría a rescatar esa alma en pena se cortaba y la joven se retiraba. En esa ocasión no iba a ser diferente, ya había callado y se disponía a retirarse cuando lo vio, de nuevo, ese mismo demonio estaba frente a ella, mirándola con esos ojos faltos de expresión… pero… con una sonrisa en labios.
-¿por qué nunca la terminas?- la interrogó
-es que… no sé como acaba la historia- fue su respuesta baja y cohibida.
-si estoy en lo correcto… y es tu historia la que cuentas…- se acercó a ella tomando una de sus manos y dándole una mirada llena de vivacidad distinta a cualquier otra que jamás hubiera visto en su vida la miko- yo quiero hacer que termines esa canción –se arrodilló frente a ella como un caballero y besó su mano con mucha delicadeza.
-…pero que... ¿qué dices?- se alejó algo asustada por esas palabras, pero incapaz de irse de ahí.
-ya verás… que lograré que me ames… y así me volveré el héroe de tu historia- se alejó de ella dejándola con el corazón en la mano y una inquietud magistral.
End Flashback…
La sacerdotisa dentro del campo de fuerza se había levantado y salía del recinto cuando con sus ojos azules vislumbró una silueta enorme y malintencionada que golpeaba fuertemente el campo de fuerza, desesperado por entrar. Los ojos retadores de Higura se clavaron en ese cuerpo que sin importar que se fuera despedazando y su sangre impregnara la cortina de energía que le separaba de su presa seguí insistiendo.
-esto es mi culpa… si yo nunca hubiera cometido tan horrible error, esto jamás habría pasado- musitaba para sí misma la sacerdotisa extendiendo su mano y liberando un poder capaz de atravesar la barrera y desintegrar el cuerpo enorme de semejante ser maligno. El hibrido iba llegando justo cuando eso ocurría y se quedó quieto un momento "¿por qué será?... la manera en que esa mujer mira me recuerda mucho… a la última mirada que me dedicó Kikyou antes de lanzarme esa flecha que me selló por 50 años".
-Inuyasha… ¿cierto?- no lo volteó a ver, solo habló.
-…si-
- algo malo le pasa a tu hija, en verdad yo creo que…- no pudo terminar la frase ya que sin motivo aparente el campo de fuerza desapareció y más monstruos del tipo que hace unos instantes había sido aniquilado por la miko atacaron deseando entrar todos por el umbral principal –rayos- la mujer comenzó a atacar y a defender el lugar con sus menguantes fuerzas.
- deje de intentarlo, ¡morirá si sigue con esto!- el hanyou atacaba sin piedad a las escorias aquellas que se atrevían a retarlo sin mayor dificultad… que la de el gran numero inagotable de presencias.
-no me convencerás, tarde o temprano veras que me necesitas-
-¿de qué habla?-
-estos sujetos… no son más que marionetas rellenas de un veneno imperceptible… aun para mí- retrocedió al casi ser alcanzada por el brutal golpe de uno de los enemigos, pero de inmediato Inuyasha reaccionó y lo partió con su espada.
-si es así ¿Cómo lo sabe?- se puso en posición de defensa frente a la miko dejando que su Tessaiga absorbiera el poder de los golpes.
-lo sé porque… yo conozco todos los trucos que esa familia usa para aniquilar a los contrincantes difíciles como nosotros- el hanyou la volteo a ver preguntando con la mirada como era posible eso -… yo los conocí porque… en algún momento… comenzó a recordar de nueva cuenta.
Flashback…
El demonio alto de cabellos negros rojizos la abrazaba por la cintura con uno de sus largos brazos y con su otra mano sostenía su barbilla, las mejillas de ella se pintaban de rojo por la cercanía de sus cuerpos, pero más que nada, de sus labios.
-yo… sinceramente mi hermosa miko…- se acercó aun más y el susurro profesó…- la amo- y la besó dulcemente sin que ella se atreviera a romper tal encanto.
- pero yo…- intentó negar al separarse, pero no podía, no le podía mentir.
-… aun que lo negaras, se que sientes igual- le sonrió profundamente volviendo a besarla y abrazándola más a él.
Ella no lo resistió, enredó sus brazos alrededor del cuello de eso demonio que tan fuerte hacía latir su corazón y se dejó arrastrar por tan dulce sensación.
End flashback…
-así… que es por eso- el hanyou descifró la historia con su expresión, sin embargo, por tal distracción fue atacado de lleno por uno de esos seres y lanzado con fuerza contra la pared del lugar haciéndolo escupir algo de liquido carmín.
-¡Inuyasha!- gritó en un impulso la mujer volteando a donde él se encontraba.
-¿no te dijo mi hermano alguna vez que te concentraras en tu oponente?-
"esa voz" los ojos de la miko se contrajeron "no puede ser… está aquí" pensaba a la par que volvía la vista.
-jeje, vamos mujer, deja de ponerte así solo porque el hermano del youkai al que amaste y te traicionó te matará- la amenazó y se le abalanzó dispuesto a matarla de un solo golpe, pero… se detuvo.
Higura miraba incrédula la escena, era una flecha, una flecha detuvo el peligroso ataque atravesando justo el centro de su palma derecha. Ella miró a todos lados buscando quien había sido, no había nadie, buscó la presencia, sintió una muy débil… no… era un poder enorme y completamente puro, pero la persona dueña de tal poder, aun se encontraba lejos.
-Ka… ¿Kagome?- balbuceó el hibrido poniéndose de pie al reconocer el aroma impregnado en la flecha sagrada.
Aun lejos de ahí Kagome era viste expectante por su hija.
-¿por qué has arrojado esa flecha madre?- preguntó al fin Saraya vencida por la curiosidad.
-es que… había alguien en peligro al final de este camino de luz… y sentí que debía protegerle arrojando una flecha- respondió con una sonrisa adornando su rostro.
- ya veo… pero la próxima vez al menos avisa, me asusté- tomo un tono bromista la joven para calmar un poco el ambiente y siguiendo el camino lo más rápido posible con las otras.
Y a todo aquello Xeder miraba su mano sangrando enfurecido.
-maldita- gruñía – es una mujer peligrosa… será mejor acabar con ella antes que con nadie- desapareció tan rápido como había aparecido, no sin antes sacarse la flecha y tirarla frente a la otra sacerdotisa que miraba confundida la escena. – no se confundan, volveré por ustedes en cuanto tenga la cabeza de esa mujer entre mis manos-
- ¡NO TE ATREVAS A PONERLE UN DEDO ENCIMA MALDITO!- gritó fuera de sí Inuyasha, pero en balde, pues el hombre ya no estaba. –demonio… tenemos que hacer algo sino ese sujeto podría matar a Kagome… y tal vez… se meta con Saraya- recapacitó aquello e intentó salir del lugar antes de que el velo de maldad que los retenía en ese sitio volviera a caer, corrió lo más rápido posible, lo iba a lograr, mas no le fue posible, antes de cruzar la barrera, fue jalado por Kitzumy.
-¡pero qué haces Kitzumy?! ¿Por qué hiciste eso?- la alejó el hibrido aun sin entrar por completo en razón.
-¿y nosotros qué?- interrogó la joven de 15 años llamando la atención de su padre –si vas ahora por ella… lo más seguro es que nosotros seamos atacados masivamente y nos asesinen a todos… o al menos a los niños… yo no seré capaz de protegerlos y lo sabes… por eso… no te vayas sin nosotros padre- le dijo casi en súplica la chica siendo mirada por su progenitor vuelto a la normalidad que solo resolvió en abrazarla.
Las orbes ámbar de la joven completamente expandidas y brillantes como si estuviera a punto de llorar y con un gesto de inocente dolor dibujado en su boca, fueron intercambiados por una mirada con las pupilas contraídas y ensombrecidas por su fleco y unos labios formando una sonrisa malintencionada que demostraba su felicidad a costa de los demás; nadie más que Higura logró ver esa expresión, pero solo fue un segundo y por la situación en la que estaban, prefirió pensar que había sido su imaginación.
