IV
Estonia pasó por la puerta de su despacho. Pasó y echó una mirada en su interior, según había oído Bielorrusia estaba en él. Y seguía allí.
Golpeaba con el teclado la pantalla del ordenador. Estonia no sabía que le había pasado a la chica, ni se iba a quedar para descubrirlo.
A marcha rápido corrió por el pasillo temiendo ser el siguiente en la ira de Bielorrusia.
