Parte 4
Elsa no entendía como a alguien podía gustarle la jungla; claro, había muchas cosas diferentes para ver, pero no era nada como Arendelle o Inglaterra, el clima era horrible y los bichos, monstruosidades del tamaño de la palma de su mano; a pesar de todo, las noches eran sus favoritas, las estrellas se veían más brillantes y los sonidos de la noche junto al suave susurro de las olas, eran la canción de cuna perfecta para alejar sus pesadillas. Kristoff era un excelente compañero de viaje, el chico rubio le agradaba como pareja para su hermana cada día más; era gracioso, amable y cortés, siempre intentando sacarla de sus pensamientos; usualmente la acompañaba en sus lagos paseos por la jungla, pero la Reina se sentía mucho más a gusto cuando la acompañaban sólo sus pensamientos y una copia del mapa.
-Iré a caminar- anunció la reina, metiendo en un morral el mapa, un par de frutas y una cantimplora con agua.
-No se lo recomiendo, Su Alteza, se aproxima una tormenta- como para probar la veracidad de sus palabras, un relámpago cruzó el cielo poblado de nubes.
-Descuide, buen hombre- dijo- estaré bien. Partió luego de negar con amabilidad la compañía de Kristoff. Una suave y fresca brisa le acarició las mejillas, amaba las tormentas; estaba consciente que una de ellas le arrebató la vida a sus padres varios años atrás en altamar, pero había algo atrayente en ellas, algo indomable y que se asemejaba mucho a su propia magia: bella y poderosa, delicada y fuerte.
El trueno la despertó, el rugido perforó el silencio de la noche y un halo de luz encendió el firmamento. Elsa, de entonces trece años, sonrió al oír que llamaban con suavidad a la puerta, la puerta se abrió y una figura apareció bajo el umbral.
-¿Elsa?- llamó la voz.
-¿Tienes miedo?-dijo burlona.
-Cállate- respondió la voz.
-Oye, esa no es manera de dirigirse a la Princesa de Arendelle- contestó con sorna sentándose en la cama, la figura iba a responder, pero un trueno acalló sus palabras y sólo le permitió emitir un sollozo. –Ven conmigo, Jane- la chica corrió para meterse bajo las sábanas junto a la princesa, acurrucándose a su lado, -ya sé que no te gustan las tormentas, pero debemos encontrar el modo para que puedas superarlas, ¿qué harás cuando estés en una tormenta en medio de la jungla?
-No lo sé-se estremeció luego de un trueno particularmente sonoro- pero estoy mejor cuando estás a mi lado; quizá deberías acompañarme- dijo en tono juguetón.
-Quizá debería- la Princesa se abrazó al cuerpo de Jane mientras musitaba suavemente una nana que su madre y Gerda solían cantar para ella siempre que se enfermaba, Elsa recorrió con sus dedos la castaña cabellera de Jane; su propio canturreo la dejó en duermevela, la respiración de Jane casi siguiendo el compás de la canción, los ojos de la rubia comenzaron a cerrarse al tiempo que terminaba la tormenta en el exterior.
-Serás una gran Reina un día, Su Alteza- el susurro de Jane le llegó como un sueño distante- con suerte, un día estaré bajo tus órdenes- una caricia, suave como pluma, rozó sus labios mientras los de la otra chica se encontraban con los suyos en un momento suave y breve. Fue una sensación cálida, como las noches de verano o los restos de energía en sus dedos luego de usar su magia. La rubia cerró los ojos pensando que no había sido nada más que un hermoso sueño.
A la mañana siguiente, Elsa no preguntó, Jane no dijo nada; de una manera u otra, mientras el sol las encontraba abrazadas en la cama de la princesa, la rubia sintió que no había vuelta atrás.
-¡Esto es increíble!-pensó Elsa para sí misma, se sentía la más torpe corriendo en pos del pequeño babuino que acababa de robarle el mapa; si sólo Anna pudiera verla, en definitiva se lo diría a la pelirroja y lo escribiría en su bitácora, nadie creería que Elsa, la Reina de Arendelle, la imagen de la gracia y sofisticación correría en pantalones detrás del mono más pequeño que haya visto en su vida…aunque era el primer mono que encontraba en su vida. Estaba a punto de atrapar al pillo cuando tropezó con la raíz de un árbol y calló por una empinada pendiente-En serio, esto no se puede poner peor- suspiró desde el fondo, pero tan pronto como dichas palabras salieron de sus labios, un trueno atravesó el cielo y gruesas gotas cayeron del cielo empapando su ropa.
El babuino parecía burlarse de ella mientras jugaba con el mapa y esquivando la bola de nieve por centímetros, el animal trepó un árbol cercano y desapareció; la rubia vio a su alrededor y no pudo reconocer el camino de regreso al campamento, el cielo rugió y la joven decidió buscar un refugio, no pasó mucho hasta que encontró una cueva y, agradeciendo a todos los dioses, entró.
Por primera vez en mucho tiempo, odió sus poderes, ¿por qué magia de fuego en lugar de nieve? Eso sería útil y secaría su ropa; se sentó en la boca de la cueva abrazando sus rodillas, una luz cruzó el cielo antes de rugir, entonces lo oyó; era un sollozo indefenso, la Reina se puso de pie, aproximándose lentamente a aquel ruido, una suave luz y el sonido del fuego la sobresaltaron. Una figura femenina estaba encorvada frente a una pequeña fogata, su piel ligeramente bronceada y mechones castaños cayendo como cascada en su espalda, el cielo rugió nuevamente y la figura ahogó un grito; los recuerdos regresaron a Elsa y, antes que pudiera siquiera analizarlo, las palabras salieron de sus labios: Jane. La figura se volvió, quedando de frente con orbes igualmente azules.
