Un bicho venenoso.
Disclaimer: Todo lo que reconozcas pertenece a una tal JK Rowling y no pretendo ganar dinero con esto. La trama y los OC son míos. Míos.
N/A: Como ya dije, SLASH y futuramente, LEMON. Exámenes + ausencia de beta nunca traen nada bueno, lamento la tardanza x)
Capítulo 3: Decisiones.
-Te veo… raro.
-¿Mmm?
-Que te veo raro, idiota.
-Si tú lo dices…
-¡Albus Severus Potter! ¿Te importaría dejar ese maldito libro de una vez y escucharme? -Al levantó la cabeza y frunció el ceño, con fingido mal humor.
-Si vuelves a llamarme por mi nombre completo te prometo que no te escucharé yo, sino todo el castillo. -su prima le miró con las dejas levantadas y mirada desafiante-. A ver, ¿qué quieres?
-Te decía que te veo raro, ¿te ocurre algo?
-¿Por qué iba a ocurrirme algo? ¿Que esté más callado significa que me ocurra algo?
-Los Potter sois loros, habláis por los codos, o sea que… sí, es raro.
Se quedaron callados unos segundos y después lo soltó, la pregunta que llevaba tiempo revoloteando en su cabeza.
-¿Quién crees que atacó a Leonore? -preguntó con la mirada súbitamente ensombrecida.
-Algún Slytherin, probablemente. Sabes que no me gusta acusarles porque sí, pero al fin y al cabo, tienen el motivo y la predisposición. Un jugador importante lesionado es una razón -respondió resueltamente-. ¿Por qué lo preguntas?
-¿Por qué no atacaron a James, entonces? Él tuvo la culpa.
-¿Adónde quieres llegar? Quizás pensaron que podría dolerle más que alguien estuviese herido por su culpa. O pensaron en destruir la moral del equipo atacando a la buscadora, porque que yo sepa… no tenéis muchos candidatos ahora, ¿no es cierto? -sonrió-. Mira, es uno de ellos y los profesores le encontrarán y le expulsarán. Y si no es uno de ellos, lo encontrarán y expulsarán igualmente. No entiendo a qué viene comerte el coco por eso ahora.
-He estado pensando. ¿Qué ganan ellos con esto? Seguro que saben que todo el mundo supondría que serían ellos.
-Puede que sean menos astutos de lo que dicen ser.
-Llevan años, ¡años!, intentando pasar desapercibidos, ¿recuerdas? Los mortífagos fingen ser miembros ejemplares de la sociedad y los Slytherin se comportan con discreción…
-Se han dado casos de ataques otros años, Al.
-…en la medida de lo posible -suspiró-. Lo sé, pero no tan directo. Han sido… hechizos Mocomurciélagos, algún Petrificus Totalus, piernas de mantequilla… Leonore está en la enfermería, puede que más grave de lo que pensamos. Al menos, hasta el punto de que no se ha filtrado información.
-Al…
-No estoy tan seguro de que hayan sido…
-¡Al!
-¡¿Qué pasa ahora?!
-Pasan dos cosas. Primero, tendré que decirle al tío Harry que deje de comprarte los libros de Sherlock Holmes, porque se te está yendo la cabeza. Completamente. Segundo, creo recordar que aquella lechuza que golpea contra el cristal es tuya, ¿no?
Se giró rápidamente y sí, su lechuza golpeaba el cristal con una carta colgando de la pata. Esquivando a un par de alumnas de primero, se acercó y abrió la ventana, dejándola pasar. Rose se acercó hasta donde estaba, mientras él dejaba salir de nuevo a su lechuza. Cuando la ventana estuvo ya cerrada (y sólo entonces) se fijó en el sobre.
Albus S. Potter, decía simplemente. Se fijó un segundo en la caligrafía, desconocida para él, de trazos sutiles y elegantes y escrito en verde esmeralda. Como si de una revelación se tratara, Al escondió la carta en los pliegues de su túnica, ante la mirada atenta, y quizás demasiado curiosa, de su prima, que se quedó con la palabra en la boca cuando él salió corriendo antes de que ella pudiera reaccionar.
Unos minutos después, estaba sentado en unas piedras, a unos metros del Bosque Prohibido. Tenía la carta abierta en sus manos, escrita con la misma caligrafía y la misma tinta que en el exterior.
Unas horas después del encuentro con Scorpius Malfoy, Albus había decidido aceptar su ayuda. Colaborar y sacar a la luz cualquiera que fuese la respuesta. Aquella noche había dado vueltas y más vueltas, pensando en quién podría haber sido. Había pensado en todos los Slytherin habidos y por haber, había descartado casi automáticamente a Hufflepuff (salvo al equipo de la casa), había anotado unos cuantos Ravenclaw y, lo que era más aterrador, había añadido a James a su lista mental.
No creía que fuera su hermano. James era demasiado Gryffindor para atacar a nadie, y mucho menos a una compañera de equipo, pero si era objetivo objetivo, tenía que tener en cuenta que reunía muchas de las condiciones que harían sospechoso a cualquiera. Él se quejaba continuamente del juego de la chica (lo había hecho un par de horas antes de que se difundiera la noticia del ataque) y, en cuanto había sucedido, había corrido a pedirle que entrara en el equipo. Albus en el equipo era algo que se había propuesto mucho tiempo atrás y que aún no había logrado.
¿Había llegado su terquedad hasta un punto tan extremo? Quería pensar que no. De hecho, estaba convencido de que no. Pero una voz en su cabeza le susurraba los motivos de su hermano y las posibilidades, el hecho de que aquel día no le había visto y tampoco había estado con sus amigos en las horas previas a que se conociese la noticia. Su deseo de tenerle dentro, que fuera su último año para conseguirlo…
-¡Lily! -exclamó, sobresaltado.
-¿Qué haces aquí, Al?
-Eh… estoy tomando el aire.
-Te veo preocupado. ¿Es por la chica ésa, por Peasegood?
-Sí. Es… preocupante.
-Se dicen muchas cosas, ¿lo has oído? Hay quien dice que fue James.
-¡No fue James!
-Lo sé, pero hay gente que lo cree. O piensa que es una posibilidad.
-Lily… no lo creas. James no haría algo así. -la miró con gravedad, y la interrumpió otra vez antes de que hablara-. ¿Qué tal la salida a Hogsmeade con ese Ravenclaw? -la chica rodó los ojos antes de contestar.
-No abusó de mí, tranquilo -contestó entre risas-. Ahora tengo que irme, vamos a dar una vuelta. Buena suerte, Sherlock.
Antes de que pudiera soltarle alguna frase mordaz y echarle en cara que Rose y ella hablaran a sus espaldas, la melena pelirroja había desaparecido y en su lugar, Scorpius Malfoy se acercaba a lo lejos, con su cabello rubio brillante y su caminar seguro, manos en los bolsillos incluidas.
Volvió a mirar la carta, inseguro, y tragó saliva. No estaba muy seguro de haber hecho bien en aceptar su ayuda, pero ya no había vuelta atrás. Tan sólo debía andarse con ojo; era un Slytherin, y era un Malfoy. Ni una cosa ni la otra le aportaban excesiva tranquilidad y sabía que tendría que estar pendiente para evitar trampas o puñaladas traperas.
-Potter.
-Malfoy.
-Veo que al final te has decidido. En realidad no pensé que aceptaras, pero mucho mejor.
-¿Por qué tienes tanto interés en averiguarlo? Todo el mundo piensa que es alguien de tu casa, ¿qué ganas delatándole?
-¿Por qué te interesa a ti? Hay gente que piensa que podría ser tu hermano, ¿qué ganas delatándolo? ¿Envidias su puesto en el equipo?
-Cierra el pico.
-Vaya, parece que he dado en el clavo. ¿Has caído tú también en que puede que haya sido él?
-¿En qué te basas?
-En que al día siguiente ya estaba organizando las pruebas. Y que todo el mundo sabe que Peasegood y él no se llevaban bien.
-Se llevaban bien, pero a James no le gustaba su juego, eso era todo. No había ningún otro problema entre ellos.
-Vaya, así que sé yo más que tú, ¿eh? -Albus le miró con el ceño fruncido. ¿Sería un truco?- Decir que Peasegood y tu hermano no se llevaban bien es un eufemismo. Peasegood fue novia de tu hermano, ¿no es así? Dicen por ahí que no acabó muy bien la cosa.
-Pero eso no…
-No prueba nada, tienes razón. Y, sin embargo, tienes la mosca detrás de la oreja.
Se miraron unos segundos, y él pensó durante un instante en retractarse. No podría obligarle a ayudarle si no quería. No tenía nada que temer, pero no estaba seguro de adónde iría todo eso. ¿No sería mejor dejarlo correr y que lo encontraran los profesores? ¿No sería mejor dejar todo en sus manos y dedicarse a sus exámenes? Todos sabían que sus casas se detestaban, era un hecho, y que una serpiente le ofreciese su ayuda no pintaba nada bien.
-Dijiste que Leonore lo estaría pasando mal, ¿qué sabes de eso?
-Era de esperar -el rubio rió entre dientes-. No os fiáis de nadie, ¿no es cierto? Y mucho menos de un Malfoy, era imaginable. Pero lo cierto es que no hay nadie más que esté dispuesto a ayudarte.
-¿Cómo lo sabes?
El rubio simplemente ensanchó su sonrisa y se dio la vuelta. Se despidió con un breve adiós y dijo algo sobre una lechuza y una carta. Él sólo suspiró y volvió a mirar la carta que tenía entre manos, reflexionando. No tenía por qué investigar nada. Recordaba las historias que le contaba el tío Ron de sus andanzas por Hogwarts; rara vez acababan bien. Podrían atacarle a él, podrían expulsarle por meter la nariz donde no debía. Quizás podría incluso suspender sus exámenes.
-Creo que lo dejaré. -murmuró, más bien en un intento de autoconvencerse.
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Aquella fue una semana cargada de trabajo. Los de quinto año, y también los de séptimo, empezaban a ver cómo las fechas de exámenes se cernían sobre ellos lentamente y algunos alumnos comenzaban a estar demasiado nerviosos. Y además, la tensión por el ataque de Peasegood no disminuía aunque pasaran los días. El nerviosismo y la tensión eran evidentes y los profesores no soltaban prenda. No lo hicieron hasta el día en que el profesor Harleston, jefe de la casa, le llamó a su despacho.
-¿Sabe por qué está aquí, señor Potter?
-En realidad, no.
El profesor Harleston impartía Defensa contra las artes oscuras desde hacía más de quince años, y ese mismo año le había sido confiado el cargo de Jefe de Casa. Pero lo cierto es que Harold Harleston no caía bien a nadie. Alto, demasiado flacucho para ser tomado en serio, y con una mirada oscura nada alentadora escondida tras unas enormes gafas de montura negra, que deterioraban la primera impresión. Tenía el pelo largo, recogido en una larga trenza, y profundas entradas. Hijo de aurores, hermano de aurores y viudo de una auror que había muerto en la guerra, había pasado a tomar posesión de ese cargo, sorprendiendo a todos con su habilidad en la enseñanza.
Albus sabía que su padre había sido cuestionado ante la elección. El niño que vivió, como había oído que le llamaban en sus tiempos, era alguien a quien había que preguntar sobre estas cosas, al fin y al cabo. Pero contra todo pronóstico, él se negó a dar su opinión. No era asunto suyo, dijo. Y de esa forma, el auror Harleston, que pasó sin pena ni gloria por el Departamento de Aurores del Ministerio de Magia inglés, se había convertido en uno de los mejores profesores (o eso decían) de Hogwarts. Pero eso no le proporcionaba el cariño de sus alumnos (aunque tampoco el desprecio). Era justo y un gran profesor, tan sólo era demasiado frío y estricto.
-Se trata del incidente con la señorita Peasegood. ¿No lo intuía?
-Quizás sí, señor.
-¿Qué sabes al respecto?
-Lo poco que nos han dicho. Que es bastante grave y que no se sabe quién ha sido. También que están investigándolo, nada más.
-¿Te imaginas por qué ni siquiera hemos informado a los prefectos?
-Puede que el hechizo fuera demasiado complejo para los alumnos menores, y además, se supone que los prefectos suelen ser buenos alumnos, con notas sobresalientes. Quizás sea uno de nosotros.
-O el hermano de uno de vosotros.
Albus se hubiera atragantado en ese mismo instante si hubiera estado comiendo algo, pero afortunadamente no era así. Levantó la vista lentamente, con el corazón en un puño, pero el profesor se entretenía escribiendo algo en el pergamino que tenía delante.
-No pensamos que sea James, si es lo que se está preguntando. Sería demasiado evidente -en ese justo instante, volvió a respirar-. Pero resulta evidente que hay alguien detrás de todo esto, y todo apunta a Slytherin…
-Señor, no creo…
-Silencio. Todo apunta a Slytherin, pero los profesores estamos de acuerdo en que esto no parece una simple disputa. Nadie vio nada, ni siquiera la señorita Peasegood, y no hemos encontrado forma de seguir la pista a nadie. ¿Le sugiere eso algo?
-Que quien sea que lo haya hecho está bien organizado, supongo.
-Serías un gran auror, Potter, igual que tu padre. Pero quizás no eres tan avispado como él.
-¿Por qué lo dice?
-Porque se te ha visto en compañía de uno de los alumnos sospechosos de haber atacado a Peasegood.
-¿Ah, sí? ¿De quién?
-Creo que su nombre te sonará, a pesar de que la etapa en la que su familia fue la comidilla de los periódicos fue anterior a tu nacimiento: Scorpius Malfoy.
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-Creo que no lo dejaré.
Caminaba pisando fuerte, con los puños apretados. Albus había pasado sus años en Hogwarts con tranquilidad. Nunca se había metido en una pelea, jamás había sido castigado, no tenía enemigos y no buscaba destacar por encima de nadie. Era un buen alumno, no uno brillante, pues tenía el mismo talento para las pociones que su propio padre, pero lo suficientemente bueno. Se comportaba correctamente y entregaba sus tareas. Jamás, nunca, había buscado darse importancia, como hacía su hermano o esa chica de Ravenclaw de tercer curso, Edgecombe, que llevaba meses intentando encontrarse con él a cada paso.
Y ahora, Harold Harleston había decidido confiar en él.
Se arrepentía profundamente de haber hablado con Scorpius y aún más de haber aceptado la petición del profesor, aunque bien sabía que no le hubiera quedado otra opción. Durante mucho tiempo, la escuela había sido un lugar tranquilo. Los recuerdos de la Segunda Guerra Mágica aún estaban, aunque ya no tan frescos como antaño, en la memoria de los que la habían vivido, aún siendo niños, y habían educado a sus hijos de la forma más pacífica posible. Incluso aquellos que habían pertenecido a las filas de Lord Voldemort, o que habían tenido alguna relación con él, intentaban que sus hijos pasaran por el castillo armando el menor escándalo posible.
Pero quizás, veintitrés años era tiempo suficiente. Algo se cocía en el castillo y, de nuevo, le tocaba a un Potter hacerse cargo. Durante unos segundos se preguntó si es que su apellido atraía los problemas o simplemente había sido mala suerte. Luego vio que la gente se acumulaba en el vestíbulo y decidió ir a ver qué pasaba. Fuera lo que fuese lo que pasaba en el castillo, olía demasiado a chamusquina.
N. final: Algunas de mis lectoras tal vez sepáis que no me gustan los fics largos cuyo eje central es simplemente el romance. Aquí voy presentándoos el eje central de Un bicho venenoso, que no es sólo el AS/S. Algunas personas, no sé si aquí o en Slasheaven, aventuraron que sospechaban de James. Bueno, es lógico sospechar de James, como vais a sospechar de muchos otros. Y Albus lo hará también, claro x) Reviews y tomatazos son bien recibidos.
