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Epílogo

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Tres meses ya habían pasado desde aquellas primeras veces… ¿y ahora en que se convirtió su vida? En lo mejor que pudo haber imaginado

Cada día era interesante, completo, divertido, curioso, lleno de intrigas y palabras que iban, venían, se torcían y terminaban en algo mucho más grande y significativo de lo que soñó

Tal vez era estúpido afirmarlo, más admitirlo y pregonar que así eran las cosas… pero estaba feliz, verdaderamente lo era: tenía entre las manos la codiciada felicidad, y era por entero suya, en todas sus formas, sus colores y sensaciones

Nunca imaginó que podría pasarle a él

Todos los días junto a los mellizos disfrutando de sus bromas, de sus palabras, de sus besos, de sus mimos, de sus caricias, de su lujuria y su completo amor era…

No había manera de explicarlo

Era como si estuviera en medio del cuadro más perfecto que se hubiese podido crear… y no sólo estaba ahí, sino que era el punto en que se concentraban todas las delicias

El bosque era suyo, junto con su puerta y con los ángeles que la resguardaban. No sabía si continuaba siendo el mismo demonio que los corrompió, pero estaba seguro de que fuera lo que fuera ahora, estaba bien así, no tenía que cambiar y no lo haría, por más oposiciones que pudiesen existir

Y ahora que ya se había instalado oficialmente en el lugar –construyó un pequeño cuarto y trabajaba en la taberna como ayudante del dueño-, pareció encontrar su verdadero lugar en la vida, en ese misterioso círculo que se denominaba "universo"

Si le hubieran dicho tres meses atrás que algo así era posible, les hubiera escupido en la cara con absoluto desprecio… pero en la actualidad, y a pesar de sus fingidas maneras arrogantes y desinteresadas, la verdad era que estaba feliz: tenía un hogar, un trabajo, y el amor de los dos seres más perfectos que pudiesen existir

Bueno, quizá le faltaba una jodida mansión, dinero a montones y poder exhibir públicamente que ambos eran sus amantes, pero estaba bien: no cambiaría por nada, por ejemplo, aquellas tardes en que se acostaba en las raíces de su roble mientras Gwyneth y Angwyn se acurrucaban junto a él, en ambos costados y al mismo tiempo

El mundo era perfecto así, y no cambiaría, no cuando Dios era el que le había ofrecido tal compensación luego de todos esos años en que estuvo atado a una vida asquerosa, demencial y desastrosa; estaba dándole aquello que su cobro de cuentas con Arthur no indemnizó

Sólo estaba dándole la felicidad que mereció, y lo hacía a través de los medios más perfectos que pudiesen haber

Nada podía ir mal, no cuando la Providencia al fin tomaba su lugar de compensadora con él

Esto no era la antecámara del infierno, no lo era, no podía serlo…

Lo que Alasdair olvidó, fue que Dios brindaba enormes y agraciadas recompensas a aquellos que estaban a punto de ser devorados

Lo olvidó por completo


La mañana del 19 de Marzo, a las 5:00 am., varios golpeteos, voces y murmullos se escucharon por todo el lugar, extrañando a todos los pueblerinos, quienes no acostumbraban tales ruidos hasta una hora después; venían de la casa del pastor, que al estar ubicado exactamente en el centro del pueblo, hacían eco por toda la zona, incluso en la humilde morada de Alasdair McAllister, que se ubicaba en un terreno que cercano a la taberna

Si bien, inicialmente no tuvo interés, los murmullos le dieron el impulso de callarlos y de asomarse a la ventana: un hombre tenía que dormir un poco cuando el día anterior había pasado la tarde –en el morboso sentido de la palabra – con unos mellizos que exprimían deliciosamente lo último de sus fuerzas

Al acercarse y levantar la tela cobriza de sus cortinas, la siguiente visión dejó sus quejas atoradas en la garganta

… nunca había visto a los sujetos que hacían ruido, pero sí a los uniformes que portaban

Eran policías de Londres

E-Esto… no estaba bien, ¡no estaba bien, maldita sea! ¡¿Q-Qué estaban haciendo ahí? ¡¿Por qué? ¡¿Qué demonios significaba…?

No, no, no interesaba por ahora… prioridades, ¡sí! Debía pensar en qué era lo más importante en ese instante…

Escapar

Con extremo sigilo salió de su casa, y corrió a toda prisa hacia el bosque, a la parte norte y perteneciente a los lugares que frecuentaban los Llywelyn: no pasarían por ahí a menos que conocieran bien el sitio, o en su defecto, sin que despertaran sospechas por corresponderle "implícitamente" a la familia de sus amantes

Se ocultó ahí, entre un hueco de las raíces que era cubierto por varias ramas caídas… no estaba muy alejado, pues debía escuchar lo que su oído le permitiese…

Maldición, maldición, maldición, ¡¿por qué? ¡¿Qué estaba haciendo la policía ahí? ¡No entendía! ¡¿Por qué aparecieron en este momento? ¡¿Por qué precisamente en este? ¡CARAJO, SI TODO IBA TAN BIEN! ¡TODO IBA PERFECTO! ¡NO PODÍA ARRUINARSE SÓLO PORQUE UNOS IMBÉCILES APENAS LO HABÍAN RASTREADO! No, no, no, ¡no era posible! ¡Simplemente no podía estarle sucediendo eso! No a esas alturas, en esas circunstancias…

No cuando era feliz y tenía todo lo que había podido desear

Arthur, hijo de puta, ¡¿esta era su forma de vengarse desde el infierno? ¡¿Mandando una jodida maldición para que lo capturaran justo cuando todo estaba bien? No, no, no era tan estúpido contemplar algo así pero… ¿Dónde había quedado Dios en todo esto? SE SUPONÍA QUE TENÍAN UN TRATO, ¡SE SUPONÍA QUE LO ESTABA RECOMPENSANDO POR TODA UNA VIDA LLENA DE MIERDA JUNTO A ARTHUR! ¡¿No por eso permitió que Gwyneth y Angwyn lo amaran? ¡¿No por eso los pueblerinos lo habían "adoptado" y lo ayudaban en cuanto podían? ¡QUE NO LE VINIERA CON UN ASQUEROSO CAMBIO DE PLANES! ¡NO, NO PODÍA! ¡MALDITA SEA, TENÍAN UN ACUERDO!

¿Y ahora qué? ¡¿Ahora qué, demonios? Sería un imbécil si tuviera la ingenuidad de pensar que era una casualidad, ¡no era tal cuando los policías de la capital iban hasta ahí! Venían por él, venían por él… e ingenuamente, las personas le darían informes y todos se enterarían de su crimen

Todos sabrían que apuñaló y estranguló a su medio hermano

Todos lo señalarían con el dedo y apoyarían que lo regresaran a Londres para pudrirse en una cárcel y luego ser ejecutado, ¡NO! ¡¿QUIÉNES SE CREÍAN PARA JUZGARLO? ¡NADIE SABÍA NADA! ¡NADA! ¡NINGUNO DE ESOS IGNORANTES SABÍA LO QUE ERA ESTAR ATADO A UNA MADRE PROSTITUTA, UN PADRASTRO EBRIO Y CUIDAR DE UN MOCOSO QUE SE CREÍA MEJOR QUE ÉL! ¡NADIE LO ENTENDÍA! ¡NO TENÍAN EL DERECHO DE MIRARLO COMO SI FUERA UN MONSTRUO! Ya no lo era, ¡NUNCA LO FUE! ¡SÓLO ESTABA HACIÉNDOSE JUSTICIA!

Nadie, nunca, entendería cuánta paz le trajo deshacerse de Arthur… del viejo ebrio cuando lo empujó por las escaleras… y de cortarle a su desmayada madre las muñecas… claro, estos dos últimos acontecimientos los ejecutó cuando era más joven y con escenarios perfectos para aparentar accidentes… ¡pero lo de Arthur vino a joder todo! Debió ser más precavido, más astuto, guardar mejor la compostura en pos de una seguridad estable… ¡pero ese imbécil comenzó a hablar demasiado! Gritaron, se golpearon y él… él dijo algo que lo enloqueció… y entonces no pudo controlarlo… lo asesinó y huyó por mero instinto, refugiándose apenas con Fra…

… Francis… ¿él lo habría… delatado?

… no, en lo absoluto… quizá se habría sorprendido un poco de la muerte de su enemigo jurado, pero sólo eso… no se metería por el soso pretexto de "En la cárcel mi belleza se arruinaría", puta

Pero… pero no todo estaba perdido todavía: el pueblo era más o menos grande y estaba rodeado completamente por bosque, además de que las vías de tren estaban a tres días; dos policías no serían capaces de abarcar la zona, sólo iban a identificarlo, así que irían al poblado más cercano por refuerzos… tenía tiempo suficiente para… para…

A pesar de que la idea de huir estaba clara, ¿qué pasaría con Gwyneth y Angwyn? ¿Les recriminarían su amistad con él? Y si no, ¿luego qué? ¿Pasarían toda su vida atrapados en ese pueblo, con esa gente, hasta que alguno se casara y pasaran una existencia monótona y gris? ¿Qué pasaría con sus recuerdos? Y si se enteraban de lo que había hecho, ¿todavía lo amarían?

… bueno, quizá para todo lo demás no tenía respuesta, pero sí para esa última: ambos lo seguirían queriendo por encima de los problemas, lo sabía, y mucho menos lo juzgarían, lo verían mal o intentarían alejarse; para ellos, él era Alasdair McAllister, no Alasdair Kirkland que en Londres asesinó a su familia; no se intimidarían ni le tendrían miedo, más bien lo apoyarían por todo lo que había pasado y lo amarían devotamente

Sonrió con ligereza. Eso era lo que necesitaba

En cuanto se fueran los policías, iría a su casa, les explicaría la situación y les pediría que se fueran con él. Ellos aceptarían inmediatamente, era seguro

Podrían empezar una vida en otro lugar, alejados de todo aquello que buscara quebrar lo que habían creado, alejados de quienes se atrevían a juzgarlos sin entender las circunstancias

Entonces, cuando sólo estuvieran ellos tres, el mundo tendría verdadero valor


Cuando el canto del gallo de la parte Este se escuchó, indicó que ya era las 7:30 am., tiempo en el cual se animó a salir de su escondite y echar un vistazo para evaluar la situación

Caminó en silencio, con rapidez, mirando hacia todas partes y afinando su oído ante el mínimo ruido; el crujido del pasto ante sus pisadas era ínfimo, y el hecho de que la neblina todavía cubriera gran parte de la zona le benefició para moverse con mayor libertad entre los campos y las calles, en las que la falta de faroles efectivos dio un punto más a su favor

Sin embargo, mientras corría, notó que no salían ruidos de las casas… es decir, a esa hora ya los leñadores se levantaban y era comunes las voces, las risas y sonidos que indicaban la preparación del desayuno… y ahora… todo estaba tan silencioso, tan oscuro, tan inmóvil y gris que… se sentía observado por esos huecos negros de las ventanas, como si fueran gárgolas que vigilaban su andar…

Era como si la vida se hubiese esfumado y sólo hubiese dejado el cascarón de lo que ocupó…

Pero se distrajo de golpe cuando estuvo muy cerca de la plaza de la Iglesia y se escucharon miles de voces… lentamente se asomó, y encontró a… todo el pueblo reunido… la muchedumbre se agolpaba en el sitio mientras sostenían antorchas, trinchetes y otras herramientas del campo… pero un sujeto se alzaba sobre ellos, uno que estaba encima de la estatua de la cruz. Lo identificó como el "Alcalde", quien también estaba acompañado del pastor, justo a su lado

No distinguía lo que exclamaba por los gritos de la multitud, pese a ello, lo que fuera que estaba diciendo, causaba más indignación, alboroto y un aliento a la ira pública, pues hubo un momento en que todos afirmaban al mismo tiempo, al grito de un "" y de alzar sus respectivas armas mientras muecas de rabia se dibujaban en los rostros

Parecía una cacería de brujas…

Más bien, la previa cacería de un asesino…

Lo iban a cazar, a linchar, a entregarlo o algo así… pero sus expectativas se quedaron cortas cuando hubo un silencio general y el líder recitó la decisión final

"Nosotros llevaremos a Alasdair Kirkland a la horca"

El anuncio fue celebrado por todos con gritos de júbilo, ira contenida y locura… pero a él… él… le provocó un efecto inesperado

… se resignó…

Ellos conocían mejor los bosques que él, así que lo capturarían si intentaba escapar; no existía un seguro escondite; no había modo de que pidiera el auxilio de alguien; obviamente no podía matar a todos; y si por mera suerte no moría ahí, vendrían los policías y lo llevarían a la capital para su ejecución

De pronto, todo encajó en su mente, en sus sentimientos y aspiraciones

No había manera de escapar

No la había… ya no… este era el error por quedarse ahí, por dejarse llevar por su lujuria que terminó convirtiéndose en amor… por permitir que lo domaran unos mellizos que le ofrecían los placeres más variados y puros… por ignorar que la relación entre un demonio y dos ángeles sólo acabaría en tragedia

Esta era la paga por haber sido tan estúpido y olvidarse de que su propio bienestar estaba por encima de todo

Esta era la consecuencia por confiar en un Dios que siempre lo repudió

Esta era la conclusión por no querer ver que tanta felicidad era la antecámara del infierno… después de todo, ¿realmente era posible que un demonio tuviera tanta dicha cuando su mera existencia ya era una blasfemia? ¿Cuándo su único destino era la entera fatalidad?

Sí, sí era posible, porque había sentido la felicidad…

No era una ilusión, no era un espejismo en el que se perdió por completo

Y por eso… tal vez era la hora de aceptar que tenía que terminar así…

Pero… antes tenía algo más que hacer


Sin mucho problema llegó hasta la residencia de los Llywelyn

Ya no era tan temprano, pero para su buena –o mala- suerte, no había señales de las sirvientas haciendo sus correspondientes labores. Tampoco se anunciaban los ruidos comunes, y el silencio predominante le daba a la vivienda un aspecto… vacío, totalmente carente de algo que pudiese desear

Era lo contrario

Con habilidad cruzó el jardín, llegó a la parte de atrás y subió por una enredadera hasta el segundo piso, donde un pequeño balcón delataba la habitación del rubio: muchas veces había entrado por ahí al ser el punto de encuentro nocturno de los tres, así que su acceso ya estaba grabado por completo en su mente

Al llegar, primero verificó que nadie lo hubiese visto, y enseguida caminó al ventanal para abrirlo con la llave que Angwyn le había regalado. Giró la cerradura, se escuchó el "click" y entró al instante, cerrando para evitar las miradas de algún posible curioso

Inmediatamente después oyó unos pasos acercársele presurosos, haciéndolo voltear de prisa

Que fueran los mellizos quienes ya estaban a centímetros de él le sacaron un suspiro de alivio

-¡Alasdair, ¿estás bien? –ella fue quien primero le besó la mejilla y se aferró a su costado derecho –Gracias a Dios, ¡creímos que ya te habían capturado!

-Hace poco llegaron los sirvientes del pueblo diciendo el veredicto del alcalde – también le besó y lo abrazó por el costado izquierdo – Y c-como no llegabas, n-nosotros…

-Lamento haber tardado tanto – correspondió las caricias, depositando los labios en las frentes de ambos – Tenía que esconderme en lo que se iban primero los policías

-¿Vinieron desde Londres?

-¿Pero cómo te rastrearon?

-No tengo idea – agregó un poco más de fuerza – Y luego… fui al pueblo para ver qué sucedía… y escuché también ese veredicto

-¡Fue muy peligroso! ¡¿Qué tal si te descubrían?

-¡Debiste aprovechar para irte!

-No podría hacerlo sin ustedes

Y entre el siguiente silencio que se formó, mientras seguían abrazados en la penumbra de la habitación, Alasdair reflexionó una cosa totalmente inesperada: juzgando por las palabras y sugerencias de sus amantes, era obvio que ya sabían qué crimen cometió… pero no porque apenas lo hubiesen escuchado, sino porque, hacía tiempo, instintivamente supieron que algo estaba mal con él

Debieron intuirlo cuando se negaba a hablar de su vida anterior, o de los motivos por los cuales había llegado a ese lugar… y quizá antes no tenían plena consciencia de la gravedad de sus actos, pero aunque ya lo sabían ahora, no parecía haberles tomado por sorpresa… y menos generaron cambio alguno hacia lo que sentían por él

Para ellos, a pesar de que irradiaba una sádica naturaleza y el infinito odio por el mundo, era Alasdair McAllister: un chico de 23 años que tenía poco tiempo de haber llegado al pueblo; de carácter cínico, sarcástico, galante, pícaro, desvergonzado, propenso a la ira y al disfrute del sufrimiento ajeno; alguien en quien confiaban, con quien se divertían y a quien, sin el mínimo remordimiento, le entregaban cada día su devoción…

Nada había cambiado a raíz de la grotesca revelación… y eso le hizo amarlos aún más: sabía que no lo juzgarían, mucho menos que lo despreciarían o condenarían al olvido

Si tan sólo pudiesen estar los tres así, por siempre

-Debemos irnos – inició en un susurro Gwyneth – Tomemos dinero, ropa, comida y vámonos al Oeste, a los bosques entre Brecon y Merthyr Tydfil… con los caballos será más rápido

-No, ya es tarde para salir porque seguramente se montaron guardias en los alrededores –refutó Angwyn – Además, tardaríamos juntando lo necesario… lo mejor es que se oculte aquí, en la reserva de vinos

-¿Es seguro? Sabes que si vienen a registrar, a la mínima sospecha tirarían cualquier pared

-No si movemos varios de los viejos estantes y hacemos un bloqueo

-Están pesados, ¿podrás con eso?

-Por supuesto, soy un hombre a final de cuentas

… a pesar de que la situación distaba mucho de ser buena… le enternecía que tuvieran la firme convicción de ayudarlo, aún si eso significaba verse implicados…

A pesar de que era un asesino, ellos querían protegerlo y velar por su vida… todo porque lo amaban…

… precisamente por eso, no se los permitiría

-Están hablando demasiado – los interrumpió con un tono de divertido fastidio –No quiero que se pongan histéricos, no me ayudan en nada si les da un estúpido arranque

Sintió las miradas, expectantes y confundidas…

No, no era que no comprendiera la angustia que debían estar sintiendo, pero alguien tenía que guardar la calma para que no se desatara una escena trágica. No la soportaría

-Chicos… -empezó despacio – No voy a escapar, y mucho menos a esconderme aquí

Fue… cuando ambos se ocultaron el rostro en su chaqueta… y se aferraron aun más a él, en un débil intento de retenerlo el tiempo posible. Por su parte, los abrazó con la fuerza que podía, grabando esa sensación tanto como pudiera…

Pero ya no había nada que hacer…

Así, levantándoles con delicadeza el rostro, besó sencillamente sus labios en un leve toque, uno que terminó por aflorar los sentimientos más trágicos, pero suprimió los impulsos físicos más desesperados

Ya no dijeron nada, ni se miraron, ni dirigieron una última caricia

Alasdair caminó al ventanal, salió y bajó otra vez, atravesando ya el jardín con impasible calma

No quedaba más que hacer


El cielo gris de aquella mañana era realmente inmenso, al igual que las ráfagas de aire que insistían en atravesar la pradera. Los árboles parecían más muertos de lo normal, y las hojas secas crujían como si se les quebraran los huesos

Pero no pensaba en eso, en su mente no era posible la concepción de los detalles del escenario

Sólo se concentraba en tratar de caminar mientras sus manos estaban atadas atrás de su espalda, con el torso desnudo y acompañado de dos enormes sujetos que lo jalaban de los brazos para recorrer el sendero. Le venían siguiendo niños, mujeres, hombres que hablaban, murmuraban y le insultaban

"Asesino" era la exclamación general que llenaba el ambiente

Justo en ese momento iba caminando hacia la parte sureste del bosque, donde el patíbulo aguardaba su cuello, reclamando su vida sin comprender el significado de ella

Nadie entendía nada, menos lo injusto que estaban siendo con él, ¿se habían detenido a pensar por qué hizo lo que hizo? ¿Contemplaron por qué las cosas derivaron en un crimen que, contrario a la culpa, lo llenó de tranquilidad?

No, por supuesto que no, y no tenían las intenciones de hacerlo en un futuro

… y habría seguido el apacible camino con resignación si no hubiera visto, a lo lejos, un par de figuras envistas en telas negras, corriendo a la par que ellos, pero manteniendo una agobiante distancia de las miradas curiosas

Tal vez era una ilusión, un escape que le otorgaba su mente, una bizarra manera de recuperar las fuerzas… sin embargo, de inmediato supo que se trataba de ellos…

De aquellos ángeles que conoció en el arco de ramas secas…

Corrían con tanta libertad, soltura, aparentando un próximo vuelo y el ofrecimiento de una independencia incomprensible a los ojos ajenos… estaban tan llenos de vida, tan dulces, tan tentadores al correr con esa gracilidad, transmitiéndole un mensaje que, al segundo, desató lo último de su voluntad

No mueras

De forma inconsciente comenzó a removerse con agresión, con ira, con el total salvajismo de un animal que siente deseos de librarse. Aquellos que lo cuidaban, al instante, lo sujetaron con presión e intentaron contenerlo, pero se agitaba con fuerza, con brutalidad, ganándose varios golpes en el rostro y que otros cuatro hombres tuvieran que acercarse para someterlo

Luchaba con lo que le quedaba de fuerza, una que ya no le pertenecía, que no venía de él, sino que era transmitida por aquellos seres de ojos azules que le gritaban con su presencia que se mantuviera, que peleara, que las cosas no tenían que terminar así

Que era posible vivir junto a ellos

Que la vida valía la pena si estaban unidos

Que no podía rendirse a sabiendas de que tenía algo por lo cual luchar

No quería… morir…

No quería morir…

Dios… no quería morir

Sus cavilaciones fueron tajadas cuando recibió un nuevo golpe en la boca del estómago; escupió un poco de sangre al tiempo que intentaba recuperar el aire, pero no tocó suelo en ningún momento

Nadie, nunca, haría que Alasdair Kirkland… que Alasdair McAllister cayera ante el peso de la humillación

Fue cuando subieron una pequeña cuesta y, frente a él, se abrió el magnánimo patíbulo… uno que solitario, gris, seco y raquítico, se imponía como el verdugo de su ejecución

Tuvo la impresión de que le miraba, ignorando por completo los motivos para que estuviera ahí, sólo importándole lo que iba a suceder

Lo hicieron subir una escalerilla, y cuando estuvo a la altura deseada, otro hombre acomodó la soga en torno a su cuello, apretándolo hasta cerrarle un poco la garganta. Pocos segundos después, ya estaba solo sobre esa desconfiable escalinata, aun con los brazos en su espalda, sangrando por la boca y percibiendo apenas los murmullos de una oración

No quería morir… no si en verdad tenía algo a qué aferrarse, algo qué cuidar y brindarle el amor que no supo que podía concebir

No quería morir y dejara esos ángeles de ojos azules con el pensamiento de que lo trágico siempre era inevitable

No quería morir… no quería quedarse solo en la oscuridad del infierno… los necesitaba, a Angwyn y Gwyneth, eran los únicos que le habían brindado una felicidad auténtica y libre de lujuria, de interés, de egoísmo, de una autodestrucción que se repetía sin cesar

No quería morir…

Pero ya no había opción… no existía remedio…

Ese era el fin

… su fin…

Y a lo lejos, en aquel sitio junto a los árboles, ambos hermanos vieron cómo el cuerpo de terminó de caer en el vacío… y quedarse sin aire

Todos exclamaron de júbilo

Ellos lo hicieron de dolor


El cuerpo seguía colgando todavía cuando la gente se había ido

Lo dejaron como un símbolo de justicia, de equidad, de rectitud, de la plena seguridad que los lugareños nunca permitirían un acto de injusticia en sus tierras

Sería porque ellos mismos habían efectuado uno

Angwyn y Gwyneth regresaron en cuanto el cascarón de Alasdair dejó de temblar por los involuntarios reflejos de la falta de aire. Caminaron tomados de la mano, con la cabeza gacha y sin cruzar palabra…

Al estar el pueblo vacío, no tuvieron que hablar con nadie cuando pasaron, por lo que llegaron de inmediato a casa y se sentaron en la sala, confiados de que los sirvientes también estarían afuera y de que a sus padres les importaba un reverendo carajo que decidieran hacer acto de presencia ahí

Sentando uno junto al otro, él pasó el brazo por la espalda de ella, intentando confortarla y darle un poco de apoyo; como respuesta, fue abrazado por la cintura con las mismas intenciones

No desconocían el dolor del otro… era el mismo… tan sofocante, asfixiante, tan lacerante y desolador que apenas concebían la idea de estarlo sintiendo…

Fue entonces cuando prestaron un mínimo de atención a su alrededor…

Estaban completamente solos, rodeados de un mundo al que no le interesaba lo que les sucediera, lleno de crímenes a los que les otorgaban el título de "Justicia"; un mundo donde no valían de nada las razones, los motivos o los anhelos porque serían pisoteados sin más…

Era un lugar que no ofrecía nada de lo que buscaban… no había nada tentador, atrayente, o que tuviera el mínimo de valor para ser cuidado

Todo lo que les importaba… el mundo, los hombres se lo llevaron con razones que no entendían, sin preocuparse por encontrar una verdad detrás de ello, regodeándose por sus triunfos y la basura que llamaban "equidad"

Su vida, hasta entonces, había sido un mero ciclo que no parecía nunca terminar, lleno de actividades aburridas, carentes de sentido, siempre repitiendo los mismos vacíos protocolos de siempre

El pueblo que antes les había parecido monótono, ahora tomaba el tinte de un nido de ratas

Sus padres eran un par de sujetos que apenas conocían, eternamente hastiados por su presencia y nunca haciendo el esfuerzo por fingir que los unía algo más que la sangre

No había nada…

Intercambiaron de pronto una mirada: ambos tenía los ojos rojos por el llanto, las mejillas encendidas por el esfuerzo, y su piel lucía aún más pálida por el luto de sus ropas… pero distinguieron un mismo pensamiento, una convicción en común, una decisión que ambos estaban dispuestos a emprender con entera firmeza…

Todavía tomados de la mano, subieron al cuarto de su madre: buscaron en los cajones, en su baño, entre sus ropas una codiciada botella de color café oscuro y con una etiqueta que apenas se leía, hallándola en una mesita de noche dentro del tocador. Era un calmante que le recomendó el doctor para sus dolores de cadera, pero especificándole dosis cuidadosas e instrucciones precisas, pues su base estaba hecha de cicuta

La tomaron y abandonaron la habitación a toda prisa, bajando las escaleras, atravesando la sala, el comedor, la cocina para llegar a la puerta trasera correspondiente a la servidumbre. Cuando salieron, delante se alzó una extensa pradera, seguido del bosque negro verdoso que los reclamaba en medio de gritos mudos

Fue cuando corrieron…

El cielo gris, el viento embravecido y la manera en que poco a poco crecía la sombra del bosque, de alguna manera los alentaba a seguir su curso a toda prisa, con toda la fuerza que tuvieran en las piernas, intentado recibir el oxígeno que les quemaba los pulmones y de ignorar la sensación de persecución que advertían a sus espaldas

Aun cuando Gwyneth portaba un vestido largo, no fue problema para seguirle el paso a Angwyn: además de que sujetaba con firmeza la tela sobrante, su hermano la agarraba de la mano y la jalaba amorosamente, transmitiéndole más seguridad de aquella decisión que habían tomado…

Todavía cuando se mezclaron entre los árboles, evadiendo obstáculos y recorriendo la inclinada subida, tenían el mismo agarre, uno que ni siquiera desapareció cuando trastabillo y cayó de lleno al suelo, mucho menos cuando varias ramas se atravesaron en el camino de su hermano y rasgaron sus brazos

No había manera de que algo los detuviera

Fue hasta que salieron al claro cuando disminuyeron la velocidad, mirando por un momento la tranquilidad que significaba estar ahí, frente a su roble, frente a su cómplice, frente a su refugio que compartieron tantas oportunidades como les fueron posibles

Él había sido el testigo de su creciente amistad, de sus sueños, de las tonterías que hablaban y les arrancaban las más alegres risas; presenció sus juegos, sus retos, sus discusiones y la manera tan graciosa en que ofrecían disculpas implícitas; bendijo el amor que nació y que tomó un nivel mucho más alto del que hubieran pensado; aprobó sus caricias, sus besos, sus abrazos, sus toques insinuantes, sus fantasías, sus planes para el futuro, sus esperanzas de permanecer por siempre juntos…

Esa promesa sería cumplida, frente a ese roble que los arropaba como un padre piadoso y comprensivo

Llegaron hasta sus ramas y tomaron lugar en la pequeña cuna que formaban sus raíces: innumerables ocasiones ahí habían dormido, jugado, compartido momentos íntimos, sentido la más pura felicidad que pudiese existir… y que, de alguna manera, se mantendría con lo que estaban a punto de hacer

Sin decir una palabra, Angwyn ofreció la pequeña botella Gwyneth, quien la tomó, quitó el corcho… y bebió un largo trago, al punto de ahogarse por la entrada forzada del líquido

Al terminar, se la devolvió a su hermano, quien efectuó lo mismo, terminándose por completo el contenido

Se acostaron de lado en la delicada suavidad que el roble les ofrecía, viéndose en todo momento y sujetándose de la mano, en espera de lo inevitable…

Compartieron una sonrisa ligera, pero que decía todo lo necesario, todo lo que justificaba aquel acto, todo lo que les importaba

"Siempre estaremos juntos"

Eso se habían prometido los tres un par de días antes, en ese mismo lugar, cuando Alasdair les regaló un dije en forma de narciso

Eran sus flores favoritas

Por supuesto que en sus cuellos seguían colgando tales joyas: era señal del vínculo que compartían… y que los guiarían hasta donde estuviera ahora

Pero pronto, cualquier pensamiento que pudieran tener lo olvidaron por completo: se concentraron únicamente en mantener la calma ante el agresivo vértigo que atolondró sus sentidos, los dolores punzantes en la cabeza, el hormigueo que subía desde sus piernas hasta el cuello, el frío que pronto les erizó la piel y la rápida pérdida de fuerza

Que no pudieran moverse más y la aceleración de su respiración, seguido de su súbita lentitud, fue clara señal de que… no faltaba mucho…

No, no estaban asustados… no cuando esto era lo que querían… no cuando verían al pelirrojo de ojos verde botella y cínica actitud sonreírles con complicidad

No cuando volverían a abrazarlo, a besarlo, a sentir ese calor que les brindaba la más placentera lujuria y el amor más puro existente

No cuando mantendrían la promesa tan celosamente recitada

… no tenían miedo de morir… no era un final, sino un comienzo… y por eso, en una mirada compartida, cerraron al mismo tiempo los ojos, todavía sujetando el agarre entre sus manos: era seguro que, cuando despertaran, estarían entre los brazos de Alasdair, quien ocultaría su emoción a través de un comentario sarcástico

Volverían a jugar, a reír, a charlar, a comprenderse, a vivir en un mundo sólo para ellos

Uno donde no existieran los hombres, los demonios, los ángeles o Dios…

Un mundo donde se extenderían grandes praderas, inmensos bosques… y en el que sólo existiría ese roble

Él los acompañaría… no podía quedarse fuera cuando había sido tan digno cómplice, compañero, amigo, confidente…

No cuando les había ofrecido más comprensión del que el mundo tuvo con ellos

La sensación de sus pulmones secándose y negando la entrada de oxígeno fue lo último que sintieron antes de caer en el sueño denominado muerte

Pero lo último que pensaron, fue en la alegría que sentirían cuando se encontraran con Alasdair otra vez

Fue lo último

Y el inicio de todo