Hannah no podía creer el escenario que se estaba desarrollando ante sus ojos. La primera parte de la batalla había sido dura pero el dolor de las heridas estaba haciendo mella en su persona. Rayos de luz verde y roja se cruzaban de lado a lado de lo que alguna vez había sido un pasillo de Hogwarts.
Lanzando un hechizo defensivo a uno de esos monstruos que no podía llamar persona subió unas escaleras para poder ver a a algún compañero que necesitase su ayuda.
Y fue entonces cuando lo vio. Hannah se quedó paralizada ante la visión del carroñero que la perseguía hasta en sueños. Haía estado casi un año huyendo de él para ahora acabar frente a él de la manera más tonta. Delante de ella se encontraba nadie más ni nadie menos que Fenrir Greyback regodeándose en lo que parecía ser un festín de la pobre Lavender Brown. La escena la asqueó tanto que llegó a notar como la bilis subía por su garganta. Como si el hombrelobo hubiera notado su presencia la miró sonriente.
—¿Quieres probar un poco, preciosidad? Está deliciosa.
—Antes muerta.
—También podemos jugar a eso - Fenrir inhaló en su dirección y Hannah notó como su estómago daba un vuelco. Ella no podía acabar así, no en manos de un carroñero. - Serás un postre aún mejor.
Hannah comenzó a correr en dirección contraria sintiendo como el licántropo le pisaba los talones. Por desgracia y en mitad del fragor de la batalla terminó chocándose contra la mole de Gregory Goyle. Miró con desesperación dentro de los ojos negros del chico pero sólo vio vacío. Oyó como Greyback gritaba en un tono demandante más cerca de lo que le hubiera gustado.
— ¡No dejes que se escape! ¡Es mía!
Estaba perdida. Ya no quedaba esperanza para ella.
