Finalmente el cuarto capítulo, si, realmente me disculpo por recién subir en estos momentos esto, pero con toda la tarea y lo que tuve que estudiar en las vacaciones no me llegó la inspiración para sentarme y escribir la continuación u.u No se para que llaman vacaciones si ni siquiera pude disfrutarlas casi nada e.e
Los dejo con el capítulo, nos leemos en las notas finales :D
Advertencia: Este capítulo posee vocabulario fuerte, recomiendo discreción (me siento como propaganda de protección al menor XD)
Disclaimer: Nada más que la historia me pertenece, los personajes son propiedad de Himuraya sensei ;_;
Capítulo 4
Alfed pov
Dos años, dos malditos años conviviendo con ese maldito cordero. Cada día que pasa mi alma se llena de un odio que estoy empezando a ser incapaz de dominar.
No importa cuanto tiempo pase, ese maldito bastardo no cambia, puede que ya haya cumplido dieciocho años pero aun sigue siendo esa criatura inocente que tiene atrapado a mi hermano en sus redes, yo se que ese maldito bastardo engaña a todos con esa sonrisita con la que se gana a todo el mundo y el ser tan complaciente con Arthur, ese idiota que cree que yo no me doy cuenta de cómo mira al extranjero, porque para mi, siempre será un maldito extranjero que se interpuso entre mi hermano y yo, con esa mirada llena de amor que ahora le dirige a él porque se olvidó que yo existo también. Si, estúpido bastardo, crecí y ya no soy tan tierno como creías que era, mi cuerpo cambió, soy mucho más alto y fornido que ellos dos, principalmente que esa rata oriental, mis facciones ya no son tan aniñadas como lo eran antes, no soy más un niño porque la inocencia que una vez hubo en mi desapareció el mismo día que me desplazaste por ese inmigrante, al que le diste el amor que yo tanto quería.
Dos años, aguantando las sonrisas que solo le dedicas a él, y que jamás en mi vida eh visto; si, antes me sonreías pero jamás con esa muestra de sentimientos como lo haces con él. Dos pútridos años en que fingí, fingí ser su amigo, fingí ser su confesa torio, fingí ser su paño de lágrimas cuando flaqueaba, decidido a dejar a mi hermano para volver con su familia pero el muy bastardo, a pesar de que yo le dijese que fuese feliz y que si lo era lejos de Arthur yo lo ayudaría a lograrlo aunque tenga que traicionar a mi hermano en todo caso, siempre terminaba arrepintiéndose pues no quería hacer sentir mal a quien lo había acogido.
¡Por un demonio! En esos instantes tenía ganas de romperle la nariz de un golpe para hacerlo entrar en razón aunque sea teniendo que mostrar mi verdadera cara solo si así lograba alejarlo de mi hermano, pero no, el siempre se tenía que arrepentir a último momento y buscarme por las noches para llorar diciendo que era un malagradecido por siquiera pensar en abandonar a alguien que dio todo por él.
"Hazme el favor Honda y desaparece" mi mente siempre pensaba cuando el se escurría por las noches a mi habitación a llorar como una niña y yo, como el hipócrita en quien me convertí desde que el pisó el suelo de mi casa, le acariciaba los cabellos asegurándole que todo iba a estar bien. Obviamente nada estaría en orden hasta que dejara de ser mi estorbo pero siempre me repetía que debía aguantarlo, debía seguir haciéndole creer que era su amigo y en quien podía confiar ciegamente, pues la caída, cuando le plante toda la verdad, sería más estrepitosa todavía
Hace no mucho, una de las noches en la que Kiku entró a mi cuarto me enteré de dos cosas que me llamaron la atención. La primera fue la confesión que me hizo, no, por suerte no me contó que amaba secretamente a mi hermano, sino ya mismo hubiera retorcido su cuello de garza, sino que me salió con la verdad acerca del porque apareció ese día fatídico en mi casa. Según sus palabras su familia, de clase noble allá por oriente, era una de las mejores posicionadas en el territorio y que Arthur había llegado a sus tierras donde fue recibido gratamente por su hermano mayor, un tal Yao, al que no entendía porque nunca lo había venido a buscar. Según sus palabras, mi hermano se lo llevó la noche antes de su premeditada partida, o sea, según sus palabras, el había sido secuestrado por Arthur; lo que todavía no entendía era porque no lo trataba como el esclavo que se suponía que era y no lo mandaba a fregar pisos. Ese era uno de los porques esa noche, guardando las apariencias, le pedí si no le molestaba dejarme solo ya que estaba muy cansado como para hablar; el echo de que mi hermano pueda sentir algo por él me revolvía el estómago. La otra cuestión era más simple y a la vez un revoltijo de cabeza. Desde hace un tiempo una descarga eléctrica azotaba mi cuerpo cada vez que estaba cerca de Kiku provocándome ganas de tirarme sobre él y tomarlo aunque me rogara que parara, ese simple pensamiento hacía que me calentara todavía más. Recordando esa noche que vino a mí por consejo, no podía sacarme de la cabeza su figura enfundada en esa yukata ligera que llevaba. Recuerdo que cuando se sentó en mi cama, a unos leves centímetros de mí, la tela se entreabrió dándome un perfecto panorama de sus piernas, y, como hombre que soy, no pude evitar que mis ojos rodaran por ellas y sintiera como mi erección se iba acrecentando, más cuando se acercaba a mi en leves roces inocentes que ni el se daba cuenta que daba y yo sentía como mi masculinidad era apretada por mis propios pantalones cada vez más.
Cuando se había marchado a su propio cuarto no pude evitar descargar toda mi frustración sexual por mi mismo imaginándome a mi hermano, lo malo de todo esto fue que a instantes de llegar al clímax la cara de Kiku siento penetrado por mi inundó mi cabeza obligándome a tener el mejor orgasmo que alguna vez haya tenido. Uno mucho mejor por creses de los que había tenido cuando Arthur era protagonista de mis fantasías.
En estos dos años cambié. Cada vez que alguien nos cruza por la calle siempre piensan que el hermano mayor soy y que Arthur es el menor porque, para su desgracia yo soy más alto que él, cuando volvemos y nos encontramos con el estorbo extranjero y mi hermano le cuenta que pasó lo único que el otro tiende a hacer es reír cándidamente, Arthur, como un idiota, lo regaña diciendo que deje de reírse de él ocasionando que el otro se ría todavía más y mi hermano, a la larga, solo lo mire con ternura para luego reír con él. Me da tanto asco ese tipo de escenas porque me da la sensación que yo estoy de más ahí en su mundo de amor y fantasía.
Ya casi no aguanto vivir esta vida de mierda y no se cuanto más lograré soportar.
Fin Alfred pov
El rubio menor se había despertado de una de sus sientas de, mínimanente, dos horas, y bajaba las escaleras hasta el primer piso solo para buscar algo que comer, ya que el estómago le gruñía de hambre, mientras se revolvía el cabello.
Unas risas, desde la planta baja, llamaron su atención y se enfocó a tratar de escuchar que decían aquellas personas que permanecían conversando mientras, seguramente, tomaban el té. Alfred bajó los últimos escalones lo más silencioso posible para luego asomarse levemente y poder escuchar a escondida que era lo que hablaban esos dos. Ya ese tipo de situaciones se le hacían tan conocidas, él espiando a su hermano y al bastardo extranjero que tenía intenciones de arrebatárselo aunque todavía las cosas no estaban en claro.
En la mesa de la cocina permanecían sentados, uno al lado del otro, Arthur y Kiku mientras pasaban juntos, como siempre desde hace dos años, la hora del té. Esa tradición había sido promulgada por parte del inglés que en su insistencia para que el oriental intentara acostumbrarse a sus costumbres lo invitaba todas las tardes a pasar con él su tradición, desde ese momento, era un espacio solo para los dos a pesar que Alfred estuviera rondando por los alrededores.
Mientras el de cabello negro reía disimuladamente tapándose delicadamente la boca con una de las mangas de su kimono negro con entramado de ramas florecidas en rojo pasión, el mayor de los hermanos se mantenía de costado para poder ver de frente al muchacho delante de él mientras su risa escapaba de sus labios.
Le encantaba ver así Kiku, el oriental se había acostumbrado a su nuevo hogar y ya no veía que tuviese todavía deseos de volver a su antigua tierra, bueno, no tanto como quería antes, pero al menos podía asegurar que aquella hermosa criatura disfrutaba los momentos que pasaban juntos tanto como él.
Arthur debía admitir que los ojos se le estaba yendo cuando veía la grácil figura del japonés contornearse por los espasmos de la risa y como lentamente sus mejillas iban adquiriendo un delicado tono rosa, podía jurar que si hicieran un retrato de aquel precioso muchacho riendo de esa forma el sería capaz de vender todas sus posesiones hasta conseguirlo.
-Ar… Arthur-sa…san –intentó pronunciar el más bajo –no me haga reír tan-tanto por favor –comentó reanudando las risas que al inglés se le antojaron la mejor melodía que sus oídos habían escuchado nunca antes
Arthur sonrió, un sonrisa repleta de amor y tomó una de las manos del japonés mientras acariciaba, con su otra mano libre, la mejilla de Kiku que se sonrojó furiosamente –Te ves tan hermoso sonriendo, Kiku –lo halagó hasta llevarse la mano que había sujetado antes, bajo la intensa mirada del de cabellos oscuros y el muchacho que escondido no perdía detalle de lo que pasaba, hasta la boca para acariciarla con sus labios y besarla tiernamente, levantó sus ojos esmeraldas y las clavó en los pozos oscuros de su mayor tesoro –Por eso no encuentro raro esto que siento por ti
Los ojos de Alfred que permanecía oculto tras la pared, se abrieron de sobremanera mientras pasaba lo mismo con los de Kiku que parecía no salir de su estupor mientras sus mejillas se coloreaban aun más que antes si se podía.
Tomo ambas mejillas del menor con sus manos mientras le dedicaba una mirada cariñosa acercándose peligrosamente, pero tomándose su tiempo, a los labios del de cabello oscuro.
-Kiku… -susurró contra ellos haciendo que su aliento cálido chocara contra los labios del más bajo que sintió como una corriente eléctrica le recorría la espalda y, involuntariamente, abría levemente los labios para recibir los de Arthur –Te amo –confesó para tomar posesión de esos labios que hasta ese momento eran vírgenes, sumergiéndose, ambos, en un cúmulo de sensaciones que nunca antes habían sentido antes, abrazándose entre ellos como sin querer que los separasen
Alfred todavía seguía impactado, sin poder comprender lo que sus ojos estaba viendo, su hermano, su amado hermano mayor estaba besando a esa rata extranjera, y peor aun, le había dicho esas palabras que tanto había añorado para si a otra persona que no era él. Sus ojos se llenaron de lágrimas, a pesar de que hace ya bastante tiempo había dejado de llorar, y subió las escaleras para refugiarse en su cuarto, lejos de esos dos que le rompían el corazón.
Entre lágrimas de frustración y sed de venganza se prometió que Kiku Honda recibiría lo que se merecía.
"Si a Arthur le gustan las cosas pequeñas e inocentes, pues entonces vamos a profanar su tesoro"
Continuará…
Ya se que es cortito por todo el tiempo que estuve ausente, pero ténganme compasión D: musa no quiere tenderme una mano u.u
Lamento poner tan malo a Alfred pero bueno…el es el malo de la historia :P y todavía no vieron nada de su maldad, puede ser aun peor D: Pobre Kiku…
Espero que les haya gustado, nos leemos cuando pueda tocar la pc con más frecuencia XD
Con un lindo review Inglaterra usará su varita mágica y transformará a Alfred en el tierno niño que era antes :3
