Disclaimer:Los personajes de Glee y HP no me pertenecen.


Kitty salía de la Sala Común de Slytherin en dirección al Gran Comedor, cuando Quinn la paró.

-Hey, Kitty.

-Hola Quinn. -saludo amablemente.

-¿Y San?

-¿Hablamos de la misma Santana? Quinn se rió. -Durmiendo, obviamente.

-Cierto, no cambia. ¿Podrías hacerme un favor y despertarla?

-Mejor la despiertas tú, por si me muerde o algo.

Quinn se volvió a reír y siguió a la otra rubia, quien volvía a adentrarse en la Sala Común.

-Bueno, ya sabes donde es, no hace falta que te acompañe. Ya me contaras que tal se levanta la bella durmiente. Me voy a desayunar, hasta luego. -se despidió y retomó su camino hacia el comedor.

-Amor mío. -gritó la rubia mientras entraba dando un portazo en el dormitorio de la latina.

-¿Quinn? ¿Qué haces aquí? -preguntó Santana extrañada, saliendo del baño aún con el cepillo de dientes en la boca.

-¿Estás despierta?

-¿Hace falta que responda? -dijo sarcástica.

-Yo que venía a despertarte con mi preciosa sonrisa.

-Deja de tirarte flores a ti misma, Fabray. -contestó la morena antes de enjuagarse la boca y dejar el cepillo en su sitio. -¿Bueno qué quieres?

-¿Tengo que querer algo? Santana la miró y levantó una ceja. -Venía a por ti, para ir a desayunar.

-¿A desayunar?

-Si, tenemos después Defensa Contra las Artes Oscuras.

-¿Tenemos? Osea, ¿compartimos clase?

-Así es. Ahora vístete, no quiero llegar tarde.

-Estoy vestida, si no, no estarías ahí de pie en la puerta, sino en mi cama, nadie puede resistirse a mis encantos.

-Cállate Lopez, y ponte el uniforme.

-No me gusta la corbata, no me la voy a poner.

-No te gusta, ¿o sigues sin saber ponértela bien?

La latina soltó un suspiro y antes de que la rubia pudiera decir algo más, estaba frente a ella con la túnica abierta , su blusa mal abrochada y con la corbata en la mano. La rubia rodó los ojos y con una sonrisa, no pudo evitar reírse era una situación bastante graciosa, la cogió.

-No me creo que estés en sexto curso y aún no sepas ponerte bien la corbata. -dijo mientras colocaba la corbata y acomodaba la camisa de la chica.

-Calla Fabray, las dos sabemos que si hubiera un hechizo que lo hiciese, esto no ocurriría.

-Pues ya sabes, ya tienes tu profesión.

-Bueno por lo menos no tendré que prostituirme como otras. -dijo mirando pícaramente a la rubia.

-Muy graciosa, Santana. Anda vámonos no quiero que me castiguen por tu culpa.

-No me hables de castigos, me he pasado la tarde de ayer limpiando cerebros de rana. -mencionó mientras cogía la varita y guardaba sus enseres; un par de pergaminos, el tintero y la pluma.

-Uy que suerte, Filch tiene que estar encantado. ¿Lo pillas?

-Quinn...menos mal que vas a ser una ramera y no te pagan por ser graciosa, porque tus chistes son malísimos. -respondió mientras abría la puerta de la habitación y bajaba las escaleras.

-Oye. -se quejó aún desde el dormitorio.


Una vez ya en el Gran Comedor, decidieron sentarse en la mesa de Ravenclaw, ya que estaba prácticamente vacía. Los alumnos de Ravenclaw eran bastante estrictos con las horas y la mayoría ya había terminado de desayunar, a diferencia de los de Slytherin quienes permanecían aun ocupando sus respectivas mesas.

La mesas del Gran Comedor estaban repletas siempre de comida, los desayunos eran muy variados, se podían encontrar desde cereales hasta huevos revueltos, pasando por arenques ahumados, tocino, panecillos, salchichas, avena, tostadas y una interminable lista de alimentos.

-Por cierto, ¿sabes si compartimos alguna otra clase? -preguntó la latina mientras se servía zumo de naranja en el vaso.

-¿No has mirado el horario todavía?

-¿Hace falta que responda, no verdad?

-No, la verdad es que no sé para qué pregunto. -dijo mirándola con cara de desaprobación.

-No me mires así. Prefiero llegar a la clase y ver a los gryffindors por sorpresa, no ir de antemano sabiendo que la clase va a apestar.

-Vale, vale.

De repente, una voz las interrumpió.

-Buenos días, San.

Santana se giró inmediatamente, para mirar a la persona que la acababa de saludar, aunque por el apelativo y el tono utilizados, ya lo sabía. En cuanto se giró, lo primero que se encontró fue con una extraordinaria sonrisa que le regalaba la rubia.

-Buenos días Britt. -saludó con una sonrisa impecable, al igual que la que aún mantenía la rubia en su cara. ¿Qué tal está su tobillo? -preguntó interesándose por el estado de la chica, cosa que sorprendió a Quinn, quien miraba expectante sin decir palabra alguna.

Quinn no podía creerse lo que estaba viendo, Santana Lopez, una slytherin hablando con una hufflepuff, no, hablando no, preocupándose, preocupándose y sonriéndola.

-¿Quién eres tú y que has hecho con la verdadera Santana Lopez? -se preguntaba. -Espera, ¿además la ha llamado Britt?

-Muy bien. -contestó Brittany al tiempo que giraba sobre sí misma, haciendo una especie de paso de baile.

La rubia, en cambio, no le preguntó qué tal estaba su muñeca, ya que no lo sabía, no sabía que al caer se la había doblado, puesto que Santana no se lo había contado.

-Me alegro. -respondió la morena mientras clavaba su mirada en los ojos de la rubia.

La rubia hizo lo mismo, y sin que se dieran cuenta, se creó un cómodo silencio para ambas, pero incómodo para la ravenclaw, quien optó por hablar.

-Hombre Brittany, cuanto tiempo. ¿Qué tal estás?

-Hola Quinnie.

Ahora era Santana quien las miraba atónita.

-¿Se conocen? ¿La acaba de llamar Quinnie? -se preguntaba esta vez la morena.

-¿Has desayunado? -le preguntó amablemente la ravenclaw. Te puedes sentar con nosotras.

-Oh, gracias, pero la verdad es que acabo de desayunar con unos amigos. -dijo posando su mirada en la mesa de Hufflepuff, donde un chico la miraba con cara de confusión. Había venido a preguntarle a Santana, que a qué hora íbamos a limpiar.

-Aa, pues... no lo sé, ¿te parece bien que te lo diga más tarde? Es que aún no sé qué asignatura tengo por la tarde. -contestó Santana agachando la cabeza un tanto avergonzada.

-Está bien, luego nos vemos. -se despidió dejando un suave roce de labios sobre la mejilla de morena, al igual que la noche anterior, pero esta vez delante de la atenta, y a la vez boquiabierta, Quinn.

Después del breve acercamiento, un escalofrío recorrió el cuerpo de Santana y una película de imágenes en movimiento recorrió su mente. Se ruborizó al instante, y empezó a recordar el contacto entre ellas del día anterior y del tren.

-No me lo puedo creer. -habló finalmente la rubia de ojos verdosos.

-¿El qué? -respondió Santana de mala gana, sabía lo que se le avecinaba.

-Nos toca juntas Herbología.

-¿Qué? -preguntó la latina sorprendida por la respuesta.

-Llevo un rato intentando recordar el horario, y me acabo de acordar. -mintió, las dos sabían que no era eso a lo que se refería, pero la rubia prefirió callarse y reservar esa conversación para más tarde, ahora Santana solo iba a negarlo todo.


Terminaron sus respectivos desayunos rápidamente, y dejaron el Gran Comedor, quedaban cinco minutos para que comenzaran las clases.

-Venga, démonos prisa. -dijo la rubia mientras cruzaban el umbral del comedor.

-Ya va, ya va.

Subieron las escaleras, ya que el Aula de Defensa Contra las Artes Oscuras se encontraba en el primer piso, en el ala contraria a la de enfermería donde había estado la tarde anterior Santana.

-Ya sabía yo, que tu compañía me iba a influir en la puntualidad. ¿Los slytherins no teneis horarios o qué? -expuso mientras apresuraba su paso.

-Los tenemos, pero las reglas están para romperlas ¿no crees?

-Santana no te me pongas filosófica ahora, ya es suficiente cuando estás borracha.

-No me hagas hablar, Fabray. -declaró estando enfrente de la puerta del Aula de DCAO.

Para sorpresa de ambas, cuando entraron, el profesor aún no había llegado, cosa que contentó a la ravenclaw y no importó a la slytherin.

-Menos mal. -suspiró la rubia. -¿Por cierto sabes quién es el profesor este año? -preguntó mientras dejaba la mochila a un lado y se sentaba en una de las mesas libres, acto que realizó seguidamente la latina.

-Si no lo sabes tú, que eres un libro andante, yo...

Defensa Contra las Artes Oscuras era una asignatura que consistía en la enseñanza de variadas técnicas para contrarrestar las Artes Oscuras y las criaturas de este tipo. Era una de las materias más difíciles de la escuela. Cada año, el profesor de esta asignatura, por motivos desconocidos para todos los alumnos, abandonaba el cargo. Existían diversas teorías acerca del cargo de profesor de defensa, desde que estaba maldito hasta que pagaban muy poco. Desde que comenzó a trabajar, todos los años, Severus Snape había solicitado este puesto, sin embargo nunca lo logró o eso pensaban todos estudiantes hasta que le vieron entrar, en ese preciso instante por la puerta.

-Nadie agitará su varita, ni hará encantamientos tontos durante esta clase. -advirtió mientras atravesaba la clase y se posicionaba enfrente de los alumnos, quienes permanecían desconcertados y sorprendidos. -Bien...para vuestra suerte, no voy a ser su profesor de DCAO -confesó mientras los estudiantes se miraban unos a otros, intentando entender qué ocurría. -Dumbledore me ha encargado hacerme cargo de esta clase hasta la incorporación del nuevo tutor.

La angustia abandonó el rostro de la mayoría de los presentes, casi la totalidad de los alumnos temían a Severus Snape y tenían suficiente con las clases de Pociones. Sin embargo había a otros que simplemente les era indiferente, pensaban que no era un mal profesor, solo un poco riguroso y estaban agradecidos de tenerlo como instructor, como era el caso de Santana.

-Este pertenece al Ministerio de Magia y hasta entrada la semana que viene no podrá acudir. -continuó su soliloquio. -Aclarado esto, página 234.


Al finalizar la clase, los alumnos abandonaron rápidamente el aula, las últimas en salir fueron Santana y Quinn, quienes iban conversando.

-Después ¿comemos juntas? -preguntó la rubia.

-Claro. -respondió la latina mientras rebuscaba en su toga el horario.

Quinn sonrió, Santana no sospechaba nada sobre la encerrona que le iba a preparar en la comida y eso le otorgaba cierta ventaja. Invitar a Brittany a comer y volver a ver como se comportaba la morena con la presencia de esta, había sido una de las mejores ideas que se le podían haber ocurrido mientras Snape explicaba los diferentes tipos de maldiciones y maleficios, los cuales ya conocía.

-Bueno rubia, me marcho que tengo Encantamientos. -dijo mientras plegaba y guardaba el horario de nuevo.

Tras despedirse de la rubia, la morena emprendió su camino hacia el tercer piso. Una vez en el Aula de Encantamientos, optó por sentarse al lado de Puck, quien charlaba con Kitty. Segundos después Filius Flitwick hacía acto de presencia.

-Buenos días alumnos y alumnas de Hogwarts. Antes de nada, deciros que será para mí un placer daros clases y pasarlo lo mejor posible. La mayoría ya me conocen, me llamo Filius Flitwick y soy el profesor de Encantamientos. Si tenéis alguna pregunta estaré encantado de responder. ¿Alguna duda? Tras el mutismo de la clase, dio por contestada su pregunta y volvió a hablar. -Bien empecemos. -dijo mientras movía la varita y una tiza empezaba a escribir en la pizarra las palabras "Hechizos Elementales". -Lo primero que vamos a hacer va a ser recordar todos los conjuros que hemos aprendido hasta ahora. En ese momento Puck levantó la mano. -¿Si, señor Puckerman?

-¿Cuándo vamos a aprender a transformar el agua en vino?

Todos se empezaron a reír, incluso varios alumnos le chocaron los cinco.

-Típico de Noah. -pensó Santana.

El resto de la clase transcurrió con normalidad, era una asignatura sencilla y el estar rodeada de gente de su propia casa hizo que fuese más amena. Santana no tenía nada en contra de las otras casa, a excepción de Gryffindor, no soportaba a los gryffindors, la pedantería de Rachel y el coraje de Blaine era algo que no aguantaba, sin embargo no todos los slytherins pensaban igual y el compartir clase con otras casas traía algún que otro enfrentamiento durante las clases.

Al salir de la clase, la morena se alejaba del grupo cuando Puck la llamó.

-Hey, ¿no comes con nosotros?

-No, he quedado con Quinn.

-¿Me tengo que poner celoso?

Los dos se rieron y Santana continuó su camino hacia el Gran Comedor. Lejos de molestarle a Santana el comentario le hizo gracia, no podía culpar al chico de aquella indirecta, era cierto que últimamente pasaba todo su tiempo con Quinn, bueno o con Brittany puestos a decir.

-Espero que no hayan hecho buñuelos de Gusarajo para la comida, es lo único que detesto. Oh, dios, ahora que lo pienso tienen cierto aire a los cerebros de rana. -pensaba Santana mientras se acercaba a la mesa de Ravenclaw donde Quinn la esperaba con una amplia sonrisa, la cual acabo desconcertándola, haciéndole olvidar lo que pasaba por su mente en esos momentos.

-Hola San. -saludó la rubia aún con la sonrisa en la cara.

-Hola. ¿Y esa sonrisa?

-Nada, nada. Santana levantó una ceja dado a entender que no era creíble la respuesta que le acababa de dar. -¿No puedo simplemente sonreír?

-Sí, sí que puedes. Pero cuando lo haces me das miedo.

-No me seas exagerada. Bueno, ¿no te sientas? -preguntó mientras se arremangaba la túnica y miraba el reloj.

-Ya voy, ya voy. En serio estas rarísima.

-Supongo que he tenido una buena clase de Pociones.

-¿Pociones?

-Ajam. -dijo tragando un trozo de empanada de calabaza.

-¿Y eso?

-No sé, me cae bien Snape supongo. -dijo volviendo a mirarse la muñeca, donde se encontraba el reloj.

-Interesante, lo anoto. A Quinn Fabray le pone Snape.

-¿Qué dices? -dijo lanzándole un trozo de pan. -No me hagas hablar.

-Ya lo estás haciendo.

-Argh, Santana muérete.

-Bueno, a ver, te dejo que te rectifiques, ¿por qué ha sido una buena clase de Pociones? Quinn volvió a mirar el reloj impaciente, Brittany se retrasaba. -¿Esperas algo? ¿Correo?

-No, no. ¿Por qué lo dices?

-No sé, has mirado el reloj tres veces en menos de un minuto.

-Ah, pues...

-Hola chicas. -les saludo un chico.

-Salvada por la campana. -pensó la rubia mientras miraba hacia la mesa de Hufflepuff en busca de la chica. -Hola Mike, ¿qué tal?

-Muy bien, he venido para comer con vosotras.

-¿Con nosotras? -preguntó Santana.

-Eh, sí. Me dijo Tina que hoy íbamos a comer todos juntos. Las chicas se miraron sorprendidas. -¿No?

Santana miró a Quinn en busca de una respuesta, pero la mirada de esta reflejaba su misma confusión.

-Sí, claro. -contestó finalmente Quinn, sin entender muy bien la situación.

Mike estaba sirviéndose la comida en el plato cuando vio a Brittany y Tina entrar por la puerta.

-Mirad, allí vienen. La puntualidad no es su fuerte, no se lo tengáis en cuenta.

Santana se giró para observar quien eran las personas con las que Quinn había quedado sin ella saberlo, aunque en realidad, la rubia tampoco lo entendía, que ella supiese sólo había invitado a Brittany a comer, no le importaba la presencia de Mike, era su amigo, pertenecían a la misma casa y se llevaban bien, y ya conocía a su novia, pero no comprendían que hacían exactamente allí con ellas, aparte de comer claro.

-Tina, además ¿has invitado a Mike? -Preguntó Brittany mientras cruzaban el Gran Comedor en dirección a la mesa de Ravenclaw.

-Claro.

-¿No te valía con auto invitarte tú?

-No me he auto invitado, sólo me preocupo por mi mejor amiga, y que vaya a comer con una slytherin es algo que tengo que ver con mis propios ojos.

-No sé para qué te lo he contado.

-Porque me adoras.

Brittany sólo suspiró, acababan de llegar a la mesa y las dos chicas las miraban fijamente, aunque Quinn empezaba a esbozar una leve sonrisa mientras Santana sólo se limitaba a mirarla y a mirar a Quinn, como si de un partido de tenis se tratase.

-Hola. -saludó Tina mientras se sentaba en el asiento contiguo al de chico.

-Eh, hola. -contestó Santana mirando a Brittany quien se estaba sentando a su lado.

-Soy Tina Cohen-Chang, un placer. -dijo extendiendo el brazo.

-Santana. -dijo mientras se metía en un trozo de empanada de carne.

Tina bajo la mano y miró a Brittany con una mirada fulminante, la latina acababa de ser descortés ignorando su saludo. Sin embargo Brittany conocía el dramatismo de la chica y conocía, asimismo, una pequeña parte de la personalidad de Santana, lo cual le llevó a no darle importancia y a centrarse en la comida que todavía esperaba pacientemente en las bandejas de la mesa. Mientras la rubia comenzaba a saturar el plato de comida, y una Tina dolida por el trato recibido por la slytherin y su amiga, se centró en entablar conversación, con el único que le haría caso, Mike, Santana aprovechó ese instante para cuestionar con la mirada a quien consideraba su amiga, aunque ese título, en ese momento, estaba en duda. Quinn, por su parte, optó por mantenerla la mirada y sonreírla satíricamente.

-Y bueno... ¿Brittany qué tal? -preguntó Quinn en un intento de ignorar a la latina.

-Emmm...pues bien, no me puedo quejar la verdad.

-Me alegro, no obstante te lo he preguntado por simple formalidad, Santana ya me tiene muy bien informada. -mintió, lo cual produjo otra oleada de miradas por parte de la morena, pero esta vez, de confusión.

Sin embargo, esa perplejidad también llegó a la rubia, quien notó como el rubor se apoderó de sus mejillas. No se esperaba tal comentario. En realidad ninguno lo esperaba, incluso Mike y Tina dejaron de hablar para mirarse atónitos.

Tras un breve periodo de silencio, Santana reaccionó a tiempo e intentó salir impune del lío en el que le acababa de meter su "amiga".

-Emm..esto..Se refiere a que le he contado, esta mañana, que hemos estado limpiando ayer.

-Claro, claro. ¿Qué si no? -susurró con nerviosismo, Brittany con la mirada fija en la comida.

-Por cierto, Brittany. -la chica respondió a su nombre y levantó la vista para mirar a la latina. -Que ya he mirado el horario, y tengo Transformaciones. ¿Qué te parece si quedamos a la salida?

-Emmm, si claro, por mi perfecto. ¿En las mazmorras?

-Estupendo. Allí estaré.


Santana abrió los ojos ampliamente en estado de pánico. -¿Pretendes que toque una de esas cosas? ¿Te has vuelto completamente loca?

-¡Vamos Santana! No te tenía por cobarde.

-No soy una cobarde, solo me da asco. Y si puedo estar toda mi vida sin tocar uno, mejor.

-Confía en mí. No pasará nada. -le tendió su mano desde la lejanía. -No te va a morder y si lo hace, yo te protegeré. Te lo prometo. -dijo con dulzura, aunque la frase en sí era bastante sarcástica.

Santana asintió obediente, era imposible molestarse con alguien tan encantador.

-¿Siempre te sales con la tuya? -suspiró caminando hacia ella, con un temblor en las piernas que podría haberse apreciado a kilómetros de distancia, lo cual hizo gracia a la rubia.

Brittany no podía comprender cómo Santana podía tener miedo a una cosa como esa, lo peor que le podía pasar era que se manchase su uniforme. Además Santana no parecía ese tipo de chicas que se escandaliza por tocar algo como un cerebro de rana.

-¿Contenta? -dijo rozando rápidamente con el dedo, el órgano que mantenía la rubia entre sus manos.

-Ahora, cógelo.

-¿Que lo coja? -soltó una nerviosa carcajada. -Ni de coña.

-Venga San, quiero demostrarte que no es para tanto.

Una vez más obedeció, cada palabra de Brittany era como una orden inmediata en su mente; no podía negarle nada. Y lentamente fue abriendo la palma de la mano para dejar espacio a aquella víscera. La rubia le agarró suavemente la mano y miró a Santana. Sus miradas se encontraron, Santana hubiese querido congelar aquel instante, perderse en esos ojos azules por toda la eternidad, sin embargo Brittany aprovechó ese despiste de la latina para colocar el resto de entraña que algún día había pertenecido a una rana.

-Ves, como no es para tanto.

Santana apartó la vista de la cara de la rubia y se miró la mano, no había sido consciente de cómo aquello había llegado allí.

-Vale vale, pero ya son demasiadas experiencias por hoy. -dijo mientras lo tiraba a un cuenco que permanecía en el suelo, y que minutos atrás habían cogido del cuarto de limpieza para tal menester. -Ya que yo te he hecho caso a ti y he tocado ese cerebro repugnante, repulsivo, asqueroso, vomitivo...La rubia no pudo evitar soltar una carcajada, la morena magnificaba aquel pequeño contacto. -¿Qué te parece si ahora me haces caso tu a mi? La rubia dudó durante varios segundos. -Te prometo que no será tan nauseabundo.

-¿Me tengo que fiar de t...

Pero la morena no le dejó terminar. -¿Qué tal si vamos a hacer un pequeño picnic?

-¿Picnic?

-Si, tengo hambre, tocar cerebros de rana me ha abierto el apetito, a ti ¿no? -dijo recuperando esa confianza que la caracterizaba a la hora de hablar y que últimamente con la rubia había perdido.

-Pe...pero...¿qué pasa con lo de limpiar el techo?

-¿El techo? ¿Acaso se va a mover? ¿No, verdad? La rubia negó con la cabeza. -Pues eso, tenemos toda la tarde para hacerlo.

Brittany y Santana se dirigieron a las cocinas para pedir algo de comida y poder ir a comer cerca del lago.

-Brittany. -la llamó mientras bajaban las escaleras que daban a las cocinas. La rubia se paró. -Se que ha sido idea mía la de merendar, pero...

-¿Ya no quieres?

-No, si si, claro que sí.

-¿Entonces?

-¿Te importaría entrar tu a pedirla? No es que tenga miedo a los elfos ni nada, pero vi como el otro día en el comedor hablabas con uno de ellos y bueno, yo no tengo una relación tan...yo no soy tan...ya sabes.

-Oh, vale. -dijo mientras esbozaba una sonrisa.

No le importaba para nada, Santana tenía razón ella tenía una relación estrecha con los elfos. Desde que entró en la escuela, el primer año, ya gozaba de aquellos tratos especiales, probablemente pertenecer a Hufflepuff y que esta casa tuviese su residencia al lado de las cocinas influyó mucho en su relación con ellos, pero no cabe la menor duda de que su actitud y amabilidad fueron los verdaderos factores.

-Por cierto, ¿me estabas espiando? -le preguntó con picardía mientras dirigía sus pasos hacia la cocina.

-¿Qué?

Santana no se esperaba aquella pregunta, pero había sido culpa suya, ella misma se había delatado.

-En el Gran Comedor, tu misma lo has dicho.

-Ah...eh...no. -respondió un tanto nerviosa, midiendo las palabras que iba a decir para no quedar como una acosadora. -Solo estaba mirando y bueno te vi entre la gente.

-Vale, vale, era broma. -dijo adentrándose finalmente.

Antes de darse cuenta, la Hufflepuff salía de las cocinas, con una canasta repleta de comida y los buenos deseos de los elfos para su "cita". ¿Acaso podía llamarlo a aquello cita? se preguntaba una y otra vez mientras regresaba a donde Santana la estaba esperando. Cuando llegó, se encontró con la latina sentada en el suelo, apoyando su cuerpo en la fría pared y moviendo su varita de un lado a otro, mientras múltiples chispas de colores salían de ella.

-¿Lista? -preguntó Brittany con una sonrisa nerviosa.

-Nací preparada. -respondió mientras guardaba la varita en la túnica y se levantaba.

Un rinconcito en el césped, cercano al lago, encapotado por las ramas de un árbol fue el lugar elegido por las chicas para llevar a cabo aquel improvisado picnic. Las horas pasaron vertiginosamente, las dos estaban tan ensimismadas escuchando lo que decía la otra que no se percataron de lo tarde que era, hasta que el cielo se oscureció. Recogieron todos los objetos: vasos, platos, bandejas, que habían estado utilizando y se dirigieron hacia el interior del castillo. Cuando entraron vieron como el Gran Comedor se vaciaba, la hora de la cena había terminado, lo cual no suponía un problema para ellas, se habían pasado la tarde comiendo, si cenaban algo más acabarían reventando. Sin embargo, eso quería decir que la clase de Astronomía estaba a punto de comenzar. Clase que compartían juntas, al igual que Pociones.

-¡Hey, Santana! -escuchó cuando se dirigían hacia la torre de Astronomía.

-Hola Quinn. -saludaron al unísono ambas deteniendo el paso.

-Hombre, hola Britt. ¿Qué tal? -preguntó sarcásticamente mientras miraba a Santana, quien mostraba de repente un halo de irritación, lo cual era normal, aún le debía una explicación por la comida sorpresa y por la mentira que había dicho durante esta, aunque, seguramente, la respuesta que tenía para darle no iba a cambiar su humor.

-Muy bien. ¿Y tú?

-Bien, bien, como siempre vaya. -sonrió. -Por cierto, ¿qué tal la limpieza? -preguntó la rubia con cierto aire burlesco.

-¿La limpieza? -repitió Brittany sin recordar el hecho que le había llevado a estar con Santana aquella tarde.

-Oh, mierda. -interrumpió Santana, llevándose las manos a la cabeza. -Estoy muerta.