XXI. De cómo Helga Pataki tiene novio.
—¿Qué? —Soltó a la defensiva.
Phoebe la siguió mirando con reproche.
—¡No es mi culpa! —Alzó los brazos—. M-me gusta Stinko, digo, Stinky. Fue mi primer novio, que lo sepas.
—Helga…
—En serio, lo quiero.
—Helga, no está bien.
—¡Ag!, ya lo sé.
—Creo deberías hacer lo correcto.
—¿Mudarme a Plutón?
—Tienes que hablar con Stinky y decirle la verdad.
—¡No, Phoebe! —Gimoteó—. Si le digo la verdad será como la última vez… me niego a que sea como la última vez. Es patético.
—No lo es y sabes que las mentiras siempre se descubren.
—¿Y si dejamos que esta se descubra después?
—¿Cuándo?
—¿Mucho después?
Phoebe suspiró.
—Helga, si dejas que pase mucho tiempo sólo se complicará, por no decir que Stinky podría salir muy perjudicado. Él admitió que tú le gustas, no querrás causar un malentendido, ¿verdad?
No. Claro que no. Helga sabía por experiencia propia lo absolutamente horrible que era estar enamorado de alguien al que ni siquiera le interesabas. Sí, eso probablemente había sido una mala idea, no tenía ganas de sentirse ruin tampoco. Así que supuso que Phoebe tenía razón y que no había que hacerle al resto lo que a uno no quería que le hicieran y todas esas tonterías. Bla, bla y más bla.
—Supongo que no. —Aceptó a regañadientes.
—Bien.
—Bien.
Se lo diría… eventualmente.
XXII. De cómo coquetear con tu novio en público.
Como la mayor parte de su disgusto por el mundo era más teatro que repulsión, Helga decidió cambiar de actitud sobre el mundo. Lo seguía despreciando profundamente, claro, pero con la tolerancia de los aventureros que se interesan más por la meta que por las circunstancias. Y por mundo se refería a la escuela y por aventureros se refería a cualquier estudiante promedio. Pasó de los chimes y del espectáculo y se concentró en tratar de entender el fiasco en el que se había metido.
Así que estaba Stinky Peterson. Era alto, muy delgado, con una nariz que sobresalía en su rostro (menos que algunos años atrás, pero lo hacía) y con una actitud de pasiva modorra para con el resto. No era exactamente James Bond, pero no estaba del todo mal. Al menos le captaba el cinismo sin reprocharle el humor negro. Eso era algo.
—Me gusta el pie de limón, pero no tanto la limonada, ¿no te parece un poco extraño?
—De ti, no mucho. —Suspiró—. ¿En serio la única fascinación en tu vida es el pie de limón?
—Sí. —Contestó arrastrando la sílaba.
—Genial. —Ironizó.
Se estaba aburriendo como una marmota. Peor que una marmota. Estaba a punto de lanzar una silla por la ventana y lanzarse ella poco después, a ver si la cosa se animaba. Había hecho el intento de mantener una conversación más o menos civilizada, pero Stinky le prendía los nervios y la exasperaba como nadie la había exasperado nunca. Además estaba ese tono de monotonía desastrosa que le causaba dolor físico. No lo soportaba. No podía aguantar más, ni siquiera para salvar su vida.
—Stinky, hay algo que tengo que decirte.
—¿Sabes? —La interrumpió casualmente—. No hay muchas tiendas que vendan un buen pie de limón en la ciudad. Me temo que estuve buscando por mucho, mucho tiempo, pero no las encontré. Lo venden en las cafeterías, claro, pero tiendas dedicadas al pie. No. Adivina cuántas hay en Hillwood.
Helga cerró los ojos y contó hasta diez. Supuso que esto era el famoso karma.
—¿No lo sé? —Contestó apática cuando vio que Stinky la miraba insistentemente por una respuesta.
—Ninguna. —Se rascó la cabeza—. Aunque hay una tienda que sólo vende pasteles para eventos muy grandes. Bueno, fui, y les pedí que me vendieran su pie de limón. Se veía tan delicioso en el escaparate. Tuve que insistir mucho y me lo dieron, me vendieron un simple y delicioso pie de limón.
—Sí, supongo que sí. —Dijo apurada—. Stinky, esta cháchara es súper interesante —no pudo evitar el tono sarcástico—, pero necesito decir-
—Era tan rico, Helga. El merengue, la masa, la cantidad de ácido adecuada. Era ácido y dulce, pero tenías que ir lento, romper la masa y llegar al centro. Ah, el merengue. —Comentó, manso, pero evidentemente entusiasmado—. No pude pensar en otra cosa durante semanas… fui nuevamente, pero ya no pudieron darme otro. El pastelero fue quien me dio la receta. Supongo que vio que yo era realmente un amante del pie de limón.
—Sí, seguro. —Rodó los ojos e hizo un gesto con la mano para que continuara. No tenía sentido decirle nada si iba a seguir interrumpiéndola.
—He intentado hacerlo muchas veces. Al principio no me salía muy bien, —explicó avergonzado y Helga apoyó su barbilla en su mano derecha y miró aburrida por la ventana—, pero ya lo he practicado muchas veces. Mi papá dice que ahora me quedan muy bien. Incluso se lo llevé al pastelero que me dio la receta. Dijo que había dominado la técnica y que si quería podría ser un gran pastelero algún día. —Terminó orgulloso.
—Fascinante.
—Eh… sí. —Dijo nervioso y bajó la mirada, jugaba con los pulgares de sus manos entrelazas. Su voz, lenta y pausada, se adquirió un tono grave cuando continuó—. Lo que quiero decir, Helga, es que si… si no te encuentras muy ocupada… bueno, hace algunas semanas que no lo preparo… mi pá dice que es mucha azúcar y bueno… pero, ¿quizá querrías venir a mi casa?
Helga alzó una ceja, incrédula, sin cambiar de posición. Stinky se atrevió a lanzarle una mirada rápida antes de volver a su fascinación con el piso, se había sonrojado.
—Sí, yo… yo no te invitaría si lo hiciese mal, ¿entiendes? —Dijo esperanzado—. Sólo me gustaría saber tu opinión… porque hoy haré pie de limón.
—¿Quieres mi opinión?, ¿para qué?
—Es una de las pocas cosas en las que soy bueno. —Dijo en un susurro rápido.
Helga se quedó en silencio un largo rato antes de cambiar de posición y mirarlo con más atención. Stinky estaba sentado al frente. Era muy, muy, alto y su nariz todavía no encontraba un lugar en su rostro, estaba tan delgado que no parecía que comiese tanto dulce en lo absoluto. Estaba tan incómodo en su cuerpo, se encogía como si quisiese desaparecer en su silla, movía las manos sobre la mesa y sus dedos eran tan largos que se encontraban unos con otros y terminaban uniéndose en un espectáculo muy desastroso.
—¿En serio eres bueno? —Preguntó descreída.
—Lo soy. —Respondió luego de una breve pausa, muy seguro.
—Más te vale. Exijo ingredientes de primera calidad así que olvídate de la tacañería. —Alzó un dedo amenazador—. Si me enfermo por tu culpa, te mataré.
—Claro que no, Helga. —Sonrió tímido—. Eso es por principios.
—Principios. —Repitió sarcástica y, quizá, ligeramente divertida—. Más vale que tus principios tengan buen sabor, zopenco.
Stinky le dedicó una sonrisa más grande, embelesada, un poco bobalicona.
XXIII. De cómo se fueron enterando todos (1)
—¿Qué? —Espetó Rhonda con una mano en el pecho, impactada—. ¿De qué rayos estás hablando, Nadine?
—Lo podrás ver por ti misma… en clase. —Dijo insegura, como si tampoco creyera lo que estaba diciendo.
—¿Qué? —Repitió—. Oh… Pataki… ¿cómo?, ¡no es posible!, ¡le pidió a Arnold una cita!
—Bueno, no fue una cita. —Intervino Nadine—. Fue más… ¿casual?, por lo del proyecto y eso.
—Lo que sea. —Dijo haciendo un gesto con la mano—. Eso en lenguaje Pataki es una cita.
—Yo también lo creía.
—¿A qué rayos está jugando?
Nadine iba a contestar, pero Rhonda cerró su casillero con mucha fuerza y se dio la vuelta en dirección al salón. Suspiró y decidió seguirla, siempre era divertido seguir a Rhonda cuando estaba enfadada… con alguien más.
XXIV. De cómo se fueron enterando todos (2).
Sid escupió el jugo que acaba de poner en su boca y tiró la lata a un lado, manchando a Robert en el proceso, para poder alzar su mano derecha y señalar con mucho más énfasis del que era necesario.
—¿Qué rayos es eso? —Chilló con la voz gangosa y Harold alzó la vista de su hamburguesa (con la que se atoró luego).
Stinky sonreía un poco avergonzado y perfectamente casual. En esa manera tan suya de verse alto y relajado.
—¿A ti qué te importa, zoquete?
OH. DIOS. MÍO.
Eso no podía estar pasando de ninguna CONDENADA forma.
J-a-m-á-s.
—¿Helga? —La miró como si un unicornio se fuese presentado en medio del comedor.
—Sí, Sid. —Aseveró con crueldad malsana—. Soy Helga G. Pataki y sí, es mi mano en la mano de Stinky y, sí, para que le quede claro a tu cerebro de pez, estamos saliendo. Ahora cierra la boca antes de que se te meta un bicho.
Rápidamente, Sid la cerró.
Harold seguía tosiendo.
XXV. De cómo se fueron enterando todos (3).
—¿Qué? —Volteó tan rápido que le sonaron los huesos del cuello—. ¡Phoebe!
La aludida soltó un largo suspiro resignado.
—¿Sí?
—¿Qué se supone que es eso? —Chilló en una manera muy antinatural mientras señalaba, también innaturalmente, a las dos personas que estaban sentadas en uno de los escalones de la entrada—. ¿Q-qué?
—Me parece que son Helga y Stinky. —Señaló cansada y más que levemente irritada.
Gerald alternó la mirada de una hacia otros varias veces, abrió y cerró la boca y finalmente se aclaró la garganta para recobrar la compostura.
—¿Qué está pasando?, ¿están juntos o algo así?
—Sí, están juntos y no, no sé qué está pasando.
Gerald movió la cabeza de un lado a otro. Si Phoebe no sabía, entonces no quedaba alternativa para otra cosa, mejor no meterse en el asunto.
XXVI. De cómo se fueron enterando todos (4).
Eugene pisó un gran agujero en el suelo y se dobló el tobillo por distraerse mirando donde no debía. Curly, que estaba a unos pocos metros, soltó una carcajada maliciosa que se detuvo abruptamente cuando miró, él también, el espectáculo.
—Vaya. —Comentó sin ninguna expresión en particular y se arregló las gafas de tal manera que el brillo del sol no dejaba que se le vieran los ojos.
La que sí expresó su sorpresa (y sus sentimientos en general) fue Sheena que, mientras se acercaba a auxiliar a Eugene), se distrajo a medio camino y alzó mucho las cejas antes de soltar un jadeo que cubrió con su mano. Eugene volvió a caer al suelo, ¡estoy bien!, pero parecía demasiado sobrecogido para tomarse muy en serio las lesiones.
—¡No puede ser! —Soltó en un chillido la chica.
Iggy, que estaba sentado cómodamente en una de las bancas del patio, bajó sus gafas ligeramente y arqueó una ceja llena de incredulidad. No comentó nada más, claro, porque no era muy cool eso de estarse sorprendiendo por todo.
—Esto es terriblemente, terriblemente, inesperado. —Opinó Peapod con una mano en la barbilla. Park, a su derecha, simplemente asintió.
Un gran suspiro, asmático, los distrajo brevemente a todos. Muy cerca del basurero, Brainy tenía una mano en el pecho y podría haber estado impactado, pero nadie lo conocía tan bien como para dar una clara referencia de sus emociones. Curly fue quien se decidió a hablarle.
—¿Qué estás haciendo ahí? —Dijo con la voz monótona.
—Um… —aspiración asmática—, ¿algo?
—Lo que sea. —Contestó Curly, aburrido y pronto todos regresaron su atención a lo que habían estado observando desde un inicio.
Stinky le había dado a Helga un beso en la mejilla y no, no había muerto.
Todavía.
XXVII. De cómo se fueron enterando todos (5).
—Lila. —Saludó con una venia de la cabeza y pasó sin esperar respuesta.
—Buenos días, Helga. —Contestó con una sonrisa, levantando la vista de su libro, y tratando de no sentirse muy decepcionada cuando la rubia se fue a sentar en una de las últimas carpetas del salón.
—Buenos días, señorita Lila. —Saludó Stinky con una sonrisa mansa y Lila estuvo a punto de contestarle cuando se escuchó un ruido muy fuerte.
Helga había dejado caer sus piernas sobre la carpeta y, aunque no los estaba mirando directamente, parecía bastante malhumorada. Stinky se puso nervioso inmediatamente y Lila arrugó el ceño. Iba a preguntar cuando el cuerpo de Stinky le bloqueó la visión, había pasado delante de ella muy rápido.
No era precisamente extraño, no, la palabra que Lila estaba buscando era otra, sí, una como… como… inusual. Eso. Inusual.
Era inusual que Stinky y Helga estuvieran sentados, uno en una carpeta junto a la otra, mirándose tangencialmente y sin decirse nada. La expresión de Helga, incluso, había cambiado. Todavía estaba irritada, pero había algo de… ¿resignación?, cada vez que Stinky suspiraba. Quien terminaba por completar el cuadro era el chico. Stinky tenía esta mirada, Lila la conocía, esta mirada llena de timidez y esperanza. Como si… como si Helga fuese fascinante. Lila soltó un jadeo cuando llegó a la única conclusión que era posible.
—¡Dios mío!
Oh. Dios. Mío.
Eso estaba, oh tan, mal.
XXVIII. De cómo se fueron enterando todos (6).
Martes. Biblioteca. 16:16 p.m.
Primer piso. Ocho mesas de estudios.
Helga y Arnold.
Arnold y Helga.
Helga no quería estar ahí. De ninguna manera. Prefería que la tierra se abriera y la tragara, por favor. Que se pudiera adelantar el tiempo y ya no tuviera que estar sentada ahí, en el silencio solitario, y pensando en él y pensando y… en realidad le gustaría mucho dejar de pensar, gracias.
—¿Helga?
—Gracias.
—¿Qué?
Helga empezó a mover su pierna en un rictus nervioso, se acababa de escuchar. Maldijo por lo bajo e intentó esbozar una sonrisa, cuando no le salió, arrugó el ceño. Había pasado una semana, no tenía por qué preocuparse, ¿verdad? Ya se habrían enterado todos de cualquier manera, ¿verdad? Oh rayos, ahora su subconsciente sonaba tan debilucho. ¡Ponte lista, Pataki!
—Eh… gracias… gracias… oh, olvídalo, cabezón. No estaba escuchándote, ¿qué decías?
Arnold soltó un bufido.
—Sí, me di cuenta. —Tomó el papel en el que estaba escribiendo y se lo dio—. Estuve avanzando con la investigación y esta es una lista de lo que podemos hacer en una maqueta. Dime si alguna te parece bien, tendríamos que ir a comprar los materiales este fin de semana.
Nerd.
—Está bien. —Aceptó renuente y clavó la vista en la hoja, la estaba leyendo con gran dificultad.
Silencio.
Sonido de lápices sobre el papel.
Una tos.
—Creo que podríamos hacer la número dos.
—¿La dos?, sí, claro, ¿es la que más te gusta?
—Es la más fácil.
El sonido de las puertas dobles abriéndose.
Un pájaro aleteando cerca a una de las ventanas.
—¿Has terminado de leer todas?
—Es por eso que escogí la dos.
Pasos acercándose.
—Hola Helga. —Una sonrisa—. Oh, hola Arnold.
—Hola Stinky. —Saludó—. ¿Cómo estás?
Incómodo, no, para nada. Helga quiso reírse, largo y tendido, como una maniaca. Seguro eso le sacaba el nerviosismo de encima. Pero no había forma porque ahí la única que parecía estar sintiéndose rara era ella y de nada le servía mostrarse rara porque enrarecería todo aún más y peor. O algo así, a veces sus pensamientos la confundían.
—Hey Stinky. —Interrumpió la rubia—. Te dije que hoy no podía… que hoy tenía reunión para el proyecto de geografía.
A nadie le pasó desapercibido que Helga había usado su nombre.
—Sí, ya lo sé. —Se sobó la nuca con la mano—. Sid y yo nos reunimos ayer. No, te estaba buscando porque dejaste tu libro en mi carpeta. Es el de geografía, je, pensé que lo necesitarías.
Stinky volvió a sonreír y dejó el libro sobre la mesa. Se apoyaba en un pie y en otro, vacilante, como si no supiera si irse o quedarse.
—Oh, rayos, pensé que lo había dejado en mi casillero. Gracias. —Helga ni siquiera intentó sonreírle, pero le dio un par de palmaditas en el brazo distraída. Estaba revisando el libro—. ¿Querías algo más?
—No, nada más. —Se le veía un poco decepcionado—. Bueno, ya me voy. Nos vemos luego, chicos.
Y parecía que todo iba a volver a lo mismo de siempre hasta que Helga volvió a hablar.
—¡Stinky, espera! —Llamó sin darse cuenta—. Has dejado las entradas en…
Mierda.
—¿Eh? —Stinky alzó la cabeza.
—¡No importa! —Exclamó nerviosa—. Anda, anda, no pasa nada.
—¿Las entradas? —Stinky alzó una ceja—. Oh, las del cine, sí, al final logré cambiar la función. Perdón, seguro las puse ahí sin darme cuenta. Tengo práctica, pero pasaré por tu casa a las siete y media, ¿está bien?
—Sí. —Se sonrojó y le entregó los dos boletos—. Ahora vete, tengo que estudiar.
—Está bien. —Los recibió y se quedó mirándola por un momento. Helga arrugó el ceño.
—¿Qué?
Largo y torpe como era, fue una verdadera sorpresa que sus movimientos hubiesen sido tan fluidos y bien calculados. Se agachó y Helga más o menos adivinó que iba a besarla. Ya la había besado en la mejilla y en la frente, ambas veces causándole una taquicardia monumental, así que estaba preparada para deslizarse y huir. Luego lo golpearía, claro, porque nadie besaba a Helga G. Pataki sin su consentimiento. Pero parecía que Stinky se había preparado mejor que ella. Tomó una de sus manos y logró distraer su atención en un segundo crucial que lo cambió todo. La besó. Labios contra labios. Fue incómodo, pero no de la manera en la que lo había esperado. Fue gentil, suave, apenas una caricia tímida y duró muy poco. No alcanzó a reaccionar antes de que Stinky se hubiese alejado.
—Lo siento. —Dijo de pronto con una sonrisa bobalicona que se había vuelto muy familiar. Helga lo miró, impactada.
Tenía que darle más crédito. Sí, definitivamente, era la última vez que subestimaba a alguien. Antes de que alcanzara a balbucear una serie de reclamos sin sentido, y sin fuerza (la verdad), Stinky ya había desaparecido de su vista. Se había llevado los boletos. Helga no sabía dónde estaba, si acaso en algún universo paralelo, y no sabía cómo demonios reaccionar.
Escuchó una tos, le llevó varios segundos darse cuenta que venía de Arnold. ¡ARNOLD!, ¿Arnold había estado ahí todo el tiempo?
—¿Qué rayos fue eso?
Helga sinceramente no lo sabía.
A la siguiente.
Mecanografiadas
Fue así [KillaCAD (K)/ Ariel (A)]:
K: Entonces, a ver, que Stinky bese a Helga en la frente... eso es dulce, ¿no?
A: *picando un pedazo de pollo frito* ¿QUÉ?, ¡NO!, ¿QUÉ?
K: *suspiro* Sí, tienes razón. Es muy dramático.
A: *masticando y hablando al mismo tiempo* FÍ, afemás este fic es de Afnorld. (Sí, además este fic es de Arnold).
K: Sí... igual ya se me ocurrió algo mejor.
A: *a punto de meterse otro pedazo de pollo a la boca* A eso vamos, niña, que has dicho dos capítulos y con este queda uno nada más. Por cierto, no tengo ni la mejor idea de lo que estás haciendo con- *se come el pedazo de pollo* con Rhofna (Rhonda).
K: Mejor es que se besen directamente.
A: *ahogándose por tratar de hablar y pasar la comida al mismo tiempo*
Y KILLACAD es una abusiva porque a pesar de que me estaba muriendo se largó a reír. De mí, su mecanógrafa (o sea, yo también me río cuando se golpea un poco por tratar de hacerlo todo rápido y sola, pero vamos, ¿quién no?, sus desgracias son producto de su terquedad. Lo mío fue completamente inocente). EN FIN. Les prometo que traté de alargar el capítulo, pero Killa insistió que dejar el suspenso es "cool". Whatever. Mis impresiones siguen siendo las mismas que el capítulo anterior: WTF?! Además, llámenme paranoica, pero Helga como que está disfrutando un poco DEMASIADO su falsa relación Stinky, ¿no? O SEA, ¿y Arnold?, y no lo digo en un intento desesperado de defender el Arnold/Helga porque el Stinky/Helga me haya gustado... un poquito. Mejor no analizo más.
Eh... no, no soy empalagosa como Killa, así que estoy bien si sólo leen y más que bien si me lo agradecen. No hace falta, pero lo aprecio mucho (en palabras de mi colega). A la que sí le encanta eso del amor correspondido es a Killa, así que por favor no se olviden de dejarle review que luego me anda pidiendo amor a mí y ya sabemos que esas cosas no me gustan. Así que si me quieren agradecer, mejor la aman a ella y me dan paz mental. Killa me está mirando feo (ja, lo puse).
Las Killa-quotes: "Retoñitos, ¿cómo andan?, les aconsejo que no le hagan mucho caso a Ariel porque le gusta mucho exagerar. Es su onda, estudió teatro. Bueno, iba a dar más pistas de lo que sucedería aquí pero creo que es mejor buscar un poco de impacto. Me sentiré feliz si lo logré. No soy una abusiva... me gusta fastidiar a Ariel, ¿pero quién no?, denle amor porque eso la incomoda y yo me divierto y me entretengo un poco que ando sin poder moverme sola. Parezco una lapa, me odio. Quiero mi pierna y mi mano. ¿Háganlo por mi, sí? Entonces, espero que les haya gustado. Contestando las dudas, pues, sí, ya se acaba la escuela y todo eso, pero Helga se quiere/quiso/querrá (?) confesar porque no quiere que Arnold y Lila estén juntos. En resumen: se está comiendo la cabeza. Luego, YO NO QUERÍA utilizar una canción de Enrique Iglesias (en serio que no, me da urticaria pensar que cuasi escribí una escena romántica con él como soundtrack), pero la condenada de Ariel tenía que poner la radio y luego ponerse a cantar y... bueno. Lo sé, lo sé, ya pueden decir por ahí que utilicé a Enrique Iglesias... Y sobre Stinky... ¿por qué Stinky?, bueno, precisamente por la última frase que dijo en el capítulo anterior. Recuerden que yo cito mucho a la serie y me pareció lindísimo que a Stinky le gustara Helga 'en su estilo'. Por cierto, amé sus comentarios, sus consejos y... eh, ¿chicos, me están diciendo Eugene?, oh bueno, si es para que mis retoños se rían :3 Además, Ariel insistió y adivinen qué... estamos avanzando el fanfic Alan/Helga. Les digo desde ya que tengo muchas dudas y que probablemente lo someta a juicio público porque no me decido por un final. Pero estará, estará. Listo, tengo más que decir pero Ariel se niega a seguir escribiendo (¿quién le hace bullying a quién?), sólo para disculparme nuevamente por no contestar sus maravillosos reviews. Los he leído todos. Muchísimas gracias. Apenas me recupere se los agradeceré uno a uno. Perdonen también que no les pueda mandar reviews, trataré de hacerlo, aunque sean cortitos. LOS AMO A TODOS SUPERCALINFRANGILISTICAMENTE. Es decir, ¿qué más amor que el amor en una palabra rara? para que vean que soy romántica :3"
Bueno ya. Creo que censuraré a Killa para la siguiente... ¡Listo!, les prometo que iré a hacer pijamada este fin de semana para subir el capítulo pronto. Ya nos leemos, amigos del fanfiction.
¡Chaito!
