Capítulo 4: Siete días

Visita

Una suave brisa con textura de seda recorría cada rincón del sombrío lecho de los fallecidos. Por alguna curiosa razón, la puerta del cementerio estaba abierta, y a cada rato era empujada por la brisa haciéndola rechinar. Era el único sonido que se oía a la entrada del lugar.

Más al fondo del cementerio, una lápida era visitada por la familia Simpson: la tumba de Homero. Marge se arrodilló para cambiar las flores marchitas que se inclinaban en forma moribunda sobre su jarrón con agua. Se cumplían siete días desde la muerte de Homero. Una semana sin él resultó perturbadora.

La viuda Simpson cambió cada flor marchita que había dejado hacía dos días, por flores de margaritas blancas y puras. Parecían llenas de vida. Tal vez, el poner flores a una tumba implicaba ponerle vida también, para que el fallecido no parezca tan desvanecido como estaba en realidad… ¿Quién sabía? Tal vez, el alma de su esposo se sintiera reconfortada con esa perfumada ofrenda.

Luego de cambiar las margaritas, Marge se incorporó y se quedó en silencio. El velo de tul negro que tenía tapando su rostro se meció con la brisa una vez más. Bart, Lisa y el abuelo seguían en silencio. Sólo Maggie hacía ruidos con su chupón.

El abuelo Simpson comenzó a hablar sin que nadie se lo esperase.

-Homero Simpson… Una vez más me has defraudado, me has abandonado-más que un discurso, parecía un reproche-. Ah, eres un fracaso hasta muerto. Siempre haces lo mismo, te vas y abandonas a tu padre. La primera vez fue en un asilo… Y ni siquiera ibas a visitarme, pero sabía que estabas vivo y eso me bastaba. Eres malo, ahora sí que te has ido y jamás volverás-lo retó mientras señalaba la tumba como una acusación. Se quedó así, con el dedo extendido firmemente y con cara de enojo.

Pero nadie le recriminó nada. Sabían que una parte de lo que decía era cierto, pero también sabían que Homero no tuvo la culpa de morir. Nadie tiene la culpa de morir (al menos, ese era el caso del fallecido Simpson).

Pero Abraham bajó lentamente su dedo y su mano. Siguió hablando:

-Ah, Homero… ¿A quién engaño?... Te extraño muchísimo, hijo mío. Siempre te querré y estaré orgulloso de tí-agachó la cabeza el viejo, mientras terminó de balbucear la última frase.

Marge sintió cómo una lágrima se desbordaba de su ojo. Inmediatamente se la secó, mientras le hacía señas a Bart de que se llevara del brazo al angustiado abuelo a otra parte. Tal vez así se iba a consolar.

Lisa miró a su madre con tristeza. Como todos, ella también tenía el corazón destrozado por lo que le sucedió a su padre. Pero sabía que no había nada para hacer. Los hechos no se podían cambiar, y sabía que el llanto era una forma de demostrar su tristeza, pero eso no iba a revivir a Homero. Qué cruel y cruda era la realidad. Pero había una única forma de que su padre no muriera del todo.

-Mamá…Yo…Me llevaré a Maggie conmigo-le dijo Lisa en voz baja a Marge mientras ésa última la miraba fijamente. Entendió lo que Lisa estaba tramando: dejarla a solas con Homero. Tal vez era innecesario, pero cedió a sus objetivos sonriéndole en equivalencia a un SÍ a su pedido.

-De acuerdo…Ve a hacerle compañía a Bart y a tu abuelo-le respondió ella. A lo lejos, Bart y el abuelo estaban frente a otra tumba. Parecía ser que Abe le estaba contando otras de sus largas historias aburridas.

Cuando su hija se alejó, Marge sólo miraba la lápida con verde pasto recién crecido encima de la tumba, adornada con el jarrón de flores que ella acababa de poner. Otra vez esa brisa suave, pero siniestra hizo que su vestido negro se sacudiera un poco. El tul negro danzaba fúnebremente sobre su rostro.

-Hola Homero-comenzó a hablar con voz ronca. Se aclaró la garganta para mejorar su tono vocal-Ya hace una semana que te fuiste. Es ya el cuarto día en que te visito…Ayer, no pude venir a verte. Ya sabes, tuve que cobrar el seguro de vida tuyo… Pues, como te he dicho en las últimas visitas: es insoportable tu ausencia.

Nada, silencio. A los lejos, algunos sonidos de la lejana ciudad parecían oírse.

-Nunca pensé que esto se convertiría en un infierno-continuó-… Los niños están bien, dolidos por tu partida….bueno, Maggie no sintió nada, tú ya sabes-sonrió con ese comentario-. Cuando tú te fuiste, Lisa y Bart estuvieron tristes como es de suponer y no asistieron como por tres días a la escuela.

Las pausas no eran buenas por el silencio que recibía a cambio. Marge decidió continuar:

- Algo que no te mencioné en mis pocas visitas fue que los niños actuaron muy extraños inclusive al día de tu muerte-tragó saliva al decir esa palabra escalofriante-. Siempre se van juntos por horas seguidas y me dejan sola. Al parecer, se han vuelto más unidos. Los busco siempre para no descuidar a mis bebés, y para no estar tanto tiempo sin sus presencias. Aunque ayer los busqué por toda la ciudad, y no los encontré. Le pregunté al jefe Gorgory pero no me prestó atención-gruñó-. Siempre cuando les pregunto a dónde van, sólo me responden que se fueron a pasear en bicicleta…Ojalá estuvieras para ayudarme, aunque si no te hubieras marchado tal vez todo seguiría igual que antes.

Otra vez hizo un intermedio para secarse algunas lágrimas que se le escaparon:

-Perdón-se disculpó-, es que era necesario que me detuviera…Pues, te seguiré contando de mi vida: tal vez, en esta semana me busque un trabajo. Ya no volveré a ser un ama de casa, pero sabes que tuve muchos empleos en mi vida… ¿Te acuerdas cuando fui policía?-sonrió al recordarlo-No me gustaría volver a serlo, ahora que lo pienso. Tal vez ponga una tienda con el dinero de tu seguro de vida, y Lisa me ayude a administrar bien el dinero ¿Te parece buena la idea?

Silencio.

-Homero…Me haces tanta falta. Te extraño, cariño-comenzó a sollozar-. Sé que en todas las visitas te lo dije, pero así es como me siento. La casa está tan silenciosa sin tu voz, sin las latas de cerveza y los paquetes de comida que dejas en el sillón…Sí, sé que me quejaba de que no los desechabas, pero ahora los extraño. Haces falta, las salidas familiares ya no serán divertidas sin ti. Hasta cocino como si estuvieras con nosotros, y no me doy cuenta de que tú ya te marchaste… Hasta he soñado contigo, como te mencioné detalladamente anteayer, y aún perduran en mi memoria esos sueños por el realismo que parecieron tener… Pero sé que tú ya estás lejos. Ojalá que desde el cielo nos cuides…Algún día nos volveremos a ver…Te amo, Homero. Siempre lo haré…

Marge se limpió las lágrimas para no llorar más, pero sentía mucho dolor. Una semana sin su esposo realmente fue agobiante. Y ver la tumba de Homero también. Saber que bajo esa fina capa de pasto estaba descansando él, ya sin vida y sin volver a palparlo jamás la angustiaba.

Miró el cielo celeste claro adornado con retorcidas nubes blancas.

-Mamá-la sobresaltó la voz de Bart-, quisiéramos hablar con papá un rato…¿Podemos…?

-Claro que sí, cariño… Me llevaré a Maggie conmigo.

-No hace falta. Quiero que papá vea a sus tres hijos-le respondió Lisa, mientras sostenía a la bebé en brazos.

-De acuerdo… Estaré con el abuelo, si me buscan-respondió con una seca sonrisa, mientras se marchaba lentamente.

Lisa puso a Maggie de pie junto a ellos y la tomó de la mano. La bebé ya sabía caminar, aunque se caía cada tanto, pero si la sostenían podía quedar de pie perfectamente. Bart le tomó la mano a Lisa y quedaron los tres en silencio. El chupón de Maggie era lo único que se sentía.

-Lis-dijo suavemente Bart-¿Hablas tú?

-De acuerdo-susurró ella-…Papá. Es la primera vez que te venimos a visitar. Mamá vino en tres ocasiones más que nosotros porque…estábamos ocupados. Creo que entenderás pronto por qué no te visitamos como mamá…y, bueno, también Maggie vino con ella. Estamos haciendo algo por ti, papá. Pero como nuestro proyecto es una sorpresa, no lo debe saber mamá…Y tú tampoco. Sólo lo verás cuando lo hagamos. Conténtate con saber una pista: que si nadie te olvida, siempre estarás vivo. Una persona que no es olvidada, siempre estará viva…-repitió suavemente como si su padre, bajo la tierra no hubiera entendido anteriormente sus palabras.

-Y ese será, tu caso, papá-continuó Bart-. Creo que no hay nada más para decir… Sólo que te extrañamos.

Los dos suspiraron dolorosamente. Lisa se limpió una lágrima.

Las puertas del cementerio seguían rechinando.

Arpías

La puerta de la casa Simpson fue tocada por tercera vez.

Marge fue escaleras abajo a atender, y tuvo sorpresa doble: eran Selma y Patty. Sabía que sus hermanas la visitaban frecuentemente, pero luego de que murió Homero no estuvieron cerca de ella ni un momento. Sólo le habían dado su sentido pésame. La única que fue a verla fue su madre, quien no tenía noticias de las gemelas.

Otro detalle que la sorprendió fue las caras sonrientes que llevaban ambas. Más que sonrientes, socarronas.

-Hola, Margie-la saludaron las dos al miso tiempo mientras pasaban.

-Hola chicas ¿Qué es lo que…?-estaba por preguntar, cuando Selma la interrumpió.

-Así que hace una semana que te libraste de la pesadilla.

Marge supo que estaban hablando de su Homero.

-¡¿A qué se refieren?! No estarán hablando de Homero ¿no?-gruñó.

-Sabes que sí estamos hablando de él-le contestaron sonrientes mientras encendían un cigarrillo cada una. El living se empezó a llenar de humo.

-¿Por qué ese cambio de opinión? La semana pasada, vinieron a dame el sentido pésame muy dolidas-les respondió enojada y herida por las palabras de sus hermanas ¿No les bastó llevarse mal con su marido, que seguían resentidas con él después de que muriera? Eso no era tener moral propia…

-Sí, estábamos dolidas por ti. Pero por ese idiota jamás estaremos tristes. Nunca fuiste digna de él, y lo sabes.

-Así que… Estuvimos confeccionando una lista larga de los hombres más indicados para ti-continuó Selma sacando un largo papel.

Marge se indignó por esas actitudes de sus hermanas, pero no le extrañó en absoluto. Furiosa, echó sin compasión a Selma y Patty, quienes siguieron estando sonrientes.

-Malditas arpías-masculló la viuda Simpson mientras cerraba la puerta con violencia.

-Marge, sólo debes pensarlo-dijo Selma detrás de la puerta. El papel con la lista de "hombres indicados para Marge" pasó debajo de la puerta.

- ¡YA VÁYANSE!-chilló.

Subió las escaleras nuevamente ¿Por qué esa manera de decirle cuánto odiaron a Homero? Ella siempre supo que su esposo tampoco era amable con sus hermanas, pero era un círculo vicioso. Sin embargo, eso era pasarse de los límites. Bastante dolorosa fue la ida de su marido, y ahora esas dos arpías venían a sembrar amargura. Si tanto la querían ¿Por qué no la dejaban en paz, en vez de aumentarle sus heridas?

A la mitad del camino a la planta alta, se detuvo repentinamente. Una fotografía de Homero llamó su atención: era Navidad, y la familia se sacó la tradicional foto de todos los años. Bart sostenía un cartel en forma de globo de diálogo que apuntaba hacia Homero y decía "SOY UN IDIOTA".

-Homero…-susurró ella.

Una semana. Y los días pasaron. Ningún sueño más con él… Sueños realistas, porque borrosos sueños de Homero tuvo casi todos los días. Pero esos dos dulces sueños (sí, también terroríficos, pero también eran dulces por el hecho de que fueron muy reales hasta el punto de convencerse de que eran cierto aunque no fuera así) no volvieron a aparecer. Se acordó del segundo y último que tuvo…

Flashback

Marge estaba aterrorizada. Se había convencido de que ese sueño con Homero en el living no fue más que un producto de su angustiada mente. Pero ahora estaba en medio de ¿pesadilla o sueño? No lo sabía. Quería despertar y convencerse de la dura realidad: que su esposo estaba muerto.

Sin embargo, ahí estaba: horrorizada tratando de escapar de ese sueño que parecía muy real. Quería huir de él y esperar la hora en que despertase, pero estaba presa del mundo imaginario.

Al entrar a la habitación, suspiró aliviada. Pensó que podía alcanzar la paz esperando a que esa pesadilla se acabara. Pero lo vio nuevamente: en un rincón, en pos a la cama, estaba ÉL. Sus ojos estaban como platos, y estaba sentado en el suelo agarrando sus rodillas y apoyando el mentón en ellas.

-Sueño, sueño, sueño-decía una y otra vez.

Pero al verla, gritó. Y Marge gritó. Y ambos corrieron a otro lugar de la casa. Pero se volvieron a encontrar en la cocina, en el garaje, en la habitación de Lisa, en la alcoba de Bart, en la de Maggie… Parecía a propósito que se encontraran siempre aunque cambiaran de lugar.

Marge cerró los ojos, tratando de convencerse a ella misma que ese sueño se acabaría, que sólo el destino la quería enloquecer y ella no iba ceder a eso.

Pero en el fondo, no estaba segura si eso realmente era un sueño… Entonces ¿era la realidad?

Cuando se encontraron en el living nuevamente, Homero se tiró atrás del sillón, tal como lo hizo en el primer sueño:

-Oh, Marge. No sé qué eres…Pero sé que tú has muerto, y que no eres real…A menos que seas uno de esos espíritus diabólicos que toman la forma de tu esposa para seducirme y asesinarme violentamente…PERO SI ES ASÍ, NO ME ENGAÑARÁS, Y TE MATARÉ CON MIS PROPIAS MANOS-dijo mientras sacudía sus dedos-¡Vete a seducir al Flanders imaginario!

"Vaya… Está tratándome como un espíritu y se tiró atrás del sillón. Tal como lo hizo en el primer sueño que tuve con él…Aunque me extraña que el Homero imaginario me acuse de estar muerta y que también crea que esto es imaginario…"

Los sueños eran un mundo extraño que las personas no se podían explicar. Sin embargo, los recuerdos después de que alguien se despierta son borrosos e inconclusos…ero no era el caso del sueño que tenía Marge. Hasta estaba consciente de que eso era un sueño, lo cual no era razonable en ningún sentido. Pero eso no estaba pasando en la mente de la viuda Simpson en ese momento…

-Yo sé que tú eres producto de mi imaginación…-sólo murmuró agachando la cabeza.

-Sé que intentas convencerme, pero soy un hombre muy inteligente-le respondió desafiante mientras se señalaba su cabeza-Esperaré a que se acabe esta pesadilla, mientras miro cómo te desvaneces…

Era una imagen auténtica y muy precisa de su marido…

-Si al menos fueras real-musitó la peli azul mientras agachaba tristemente la cabeza. Sentía un retorcijón en su estómago. Era sólo un sueño, lo sabía…Pero no era uno cualquiera, ya que aún estaba consciente de que nada existente en esa habitación de su casa era real.

Homero aún se asomaba detrás de su escondite. Sus ojos reflejaban desconfianza pura, como lo solía hacer siempre… ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar por esto? Qué cruel eran sus sueños, el Homero imaginario tenía razón: querían engañarla. Querían hacerle creer que él estaba vivo aunque no fuese así. Sabía que pronto iba a estar despierta, y la realidad la iba a atormentar pronto.

Decidió estar callada. No iba a dejar engañarse nuevamente. De esa manera, se haría daño, pero… ¿Por qué no dejarse llevar un poco? Tal vez no volvería a soñar de esa manera.

-¿Qué esperas para desvanecerte?-la interrumpió él con un toque desesperado-¿No me dirás nada?... ¿M…Marge?-de repente, los ojos de Homero se humedecieron-No puedo engañarme…Tengo la figura de mi mujer cerca de mí y no la estoy aprovechando…Ven, imaginaria Marge, dame un abrazo aunque seas un fantasma-dijo saliendo de su escondite y extendiendo sus brazos hacia su esposa. Tenía una sonrisa en su rostro, y en sus ojos habitaba una extraña expresión emocionada y asustada.

La viuda Simpson sólo retrocedió un poco… ¿Y si Homero era el espíritu que la intentaba engañar? No…Sólo sabía que el Homero imaginario creía que Marge era una pesadilla de él. Pero ella no se dejaba llevar por la lógica, se dejaba llevar por lo que sentía ¿A quién quería engañar? Era la figura soñada más perfecta, y aunque ya sabía que él en realidad había muerto, tuvo ganas de abrazar a Homero… ¿Por qué no aprovechaba esa oportunidad? Hasta se comportaba como ÉL.

Las figuras de los dos se unieron en un abrazo reconfortante.

-Oh, imaginaria Marge-dijo él emocionado y con voz suave.

-Imaginario Homero-sonrió ella mientras sentía el cálido contacto de su cónyuge.

Ese eco de su propia voz fue lo último que sintió.

Marge sabía que en esas instancias el sueño se acabaría… Y no se equivocó: ni bien sintió el contacto de Homero (demasiado realista para ser soñado), se vio ella sola con Maggie en sus brazos en la habitación de esta última.

"Lo sabía" pensó resignada "Pero valió la pena"

Ese sueño pesadillezco fue demasiado dulce al fin de cuentas. Un dulce sueño en donde sus deseos recreaban la figura más auténtica que necesitaba en esos momentos, poco tiempo después de que su verdadero y único amor había caducado de vida de un día para el otro.

Abrazó más a Maggie mientras mojaba su cabeza de rubios cabellos con sus saladas lágrimas. Era dolorosa la verdad, al fin de cuentas, pero era lo que le convenía creer. Aunque, a pesar del horror vivido en los sueños, fue bueno...Fue bueno tener un contacto tan cálido con su esposo una vez más.

Una vez que Maggie se durmió nuevamente, la viuda caminó despacio al baño. Tenía la cabeza adolorida, y no era un dolor interno. Mas fue grande su impacto cuando vio sangre en su frente, casi en el nacimiento de su cabello azul...Recordó que en su pesadilla-sueño se había chocado ella misma contra la pared para despertar y se había lastimado. Lo estaba en ese instante, ¿Se había golpeado antes de ir a consolar a Maggie? La confusión se apoderó de ella.

¿Era un sueño o qué, entonces?

Aún así, después de ese misterio, se convenció de que sí había soñado a Homero luego de que pasaron días sin que sus extrañas apariciones hicieran lugar...

Fin del Flashback

La viuda suspiró. De verdad, necesitaba fuerzas porque se estaba mostrando débil.

Indicios

Esa noche, luego de comerse la lista de hombres que "eran indicados para ellas" (según sus hermanas), se acostó tarde. Una nueva noche sin mirar a su lado a ese hombre con el que había estado casada tantos años...Tantos años ¿para qué? Para terminar su matrimonio en una tragedia. Recordó la frase del cura que los casó en aquella capilla humilde en la que fue su simple boda:

"HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE..."

Ella, no obstante, no se sentía separada de su difunto marido...Al contrario: de alguna manera, se sentía en conexión con él.

El sueño no tardó en llegar. Se durmió casi en el acto.

Estaba en su habitación, pero extrañamente se estaba viendo a ella misma y a Homero dormidos profundamente. Quería caminar hacia él y su figura doble que estaba a su lado, pero no se podía mover. Algo aprisionaba sus pies.

La luz pareció darle en la cara a su esposo, por lo que éste se sobresaltó, y se desperezó con pocas ganas. Sus ojos soñolientos fueron al despertador, y luego a su esposa. De repente, asustado, volvió a fijarse en el reloj.

-WAAAAAHG, ES TARDE. EL SR. BURNS NO CREERÁ QUE HOY CHOQUÉ EL AUTO Y ME TUVE QUE IR A PIE.

Se levantó de golpe mientras iba de un lado a otro. Sobre el pijama se puso la corbata, mientras sacaba del cajón sus pastillas para la jaqueca.

-No hay tiempo para desayunar, comeré estas píldoras de Marge que...-de repente se detuvo-Un momento, Marge no me despertó-se dijo mientras se llevaba los dedos al mentón.

Se tiró sobre ella y la sacudió levemente, pero no reaccionaba. La volveió a sacudir mientras gritaba su nombre para insistirle, pero nada...

Marge quería moverse para ver mejor por qué ella misma no se despertaba cuando algo extraño pasó: la imagen de su marido y ella dormida se desvanecieron, y se vio en la iglesia... Lo curioso es que todos vestían de luto. Puedo ver a Selma y a Patty que lloraban mientras se acercaban al ataúd, que contenía un difunto que no podía ver. Homero estaba de espaldas con sus hijos y también lloraban.

Lo curioso es que ella se pudo mover. Contenta por saberlo, se quiso acercar a Homero y a sus hijos para ver quién era el conocido que había fallecido, cuando la imagen se volvió a desvanecer.

Esta vez, se vio en el cementerio. Su familia entera estaba frente a la lápida que tenía tierra fresca recién colocada arriba del ataúd. Se movió hacia Bart y Lisa que derramaban lágrimas, y los llamó. Pero nada. Probó con arrodillarse frente a Lisa para consolarla por la muerte de quien no sabía, pero ella parecía que no la vio, como que Marge era inexistente. Hizo lo mismo con Bart, y tampoco resultó. ¿Qué estaba pasando?

Desesperada se acercó a Homero y le tocó el hombro:

-Homero ¿Qué sucede?

Él lloraba. Y no la sintió porque ni siquiera le respondió. Avanzó con Maggie en sus brazos y colocó cerca de la lápida un ramo de margaritas:

-Son de nuestro jardín-puso musitar para estallar en un nuevo llanto.

La peli azul se acercó desesperada a ver el nombre de la lápida. Sus venas se helaron y su corazón dejó de palpitar. Se podía leer en ella:

"Marjorie Bouvier Simpson" junto a la fecha de su nacimiento y muerte.

Negó con la cabeza aturdida. Un fuerte viento la rodeó, pero los que lloraban su muerte no parecieron notarlo:

-¡MAMÁ...SELMA, PATTY...BART, LISA, MAGGIE...HOMERO! ESTOY AQUÍ, ¿NO ME VEN?-gritó. Nada. Nadie reaccionó con su grito.

Una sensación se apoderó de ella y empezó a levitar hacia arriba. Gritó, se retorció, pero no logró hacer nada. Cada vez estaba más y más lejos de sus allegados. No puedo ver nada más...

Se despertó sobresaltada. Miró al lado de su cama. El lugar vacío y frío...Sí, había sido una pesadilla (una auténtica y de verdad).

El sudor corría por su rostro y el aire le tardaba en entrar a sus pulmones. Cada tanto, un escalofrío recorría su cuerpo delgado. Tenía la piel helada y de gallina.

Había soñado con su muerte...Tal como el imaginario Homero le había relucido.

Eso ¿qué significaba? ¿Era una pura coincidencia, o de verdad...ella había muerto? No...Eso imposible. Pero ¿La casualidad en ese momento tenía protagonismo?

NA: ¿Qué tal? Aquí estoy, actualizando algunos de mis fics. Perdón por la espera, pero aquí traje el nuevo capítuo. Bart y Lisa no salieron, pero ya saldrán sus objetivos poco a poco. Gracias por los nuevos reviews a Diosa de la Muerte, Luisa Tatis, y Gumi Langley :D Mis agradecimientos también a Me-Me Rotamundo (una de las primeras seguidoras de mi historia) y a History Of My Life!
Saludos a todos :*

THE SIMPSONS NO ME PERTENECEN, SUS PERSONAJES TAMPOCO!