Regina estaba sentada en su salón, la invitación de Emma le rondaba por la cabeza. No podía dejar de pensar en ello, Cora se había ido a dormir temprano pues al día siguiente se marcharía muy temprano.

Se levantó precipitadamente, apagó la televisión y subió a cambiarse de ropa. No sabía muy bien que ponerse para ir pero decidió dejar sus trajes guardados por el momento, sacó unos vaqueros negros muy ajustados y una blusa roja que se ceñía también a su cuerpo. Se peinó su melena, una ligera capa de maquillaje y sus labios rojos. Se colocó sus altos tacones negros, un abrigo del mismo color y su bolso.

Dejó una nota en la cocina por si su madre se despertaba y no la encontraba, después salió de camino al bar de la rubia. Al llegar vio el cartel con el nombre del local "Lover" un nombre que no podía dejar de hacerla sonreír, solo a la rubia se le ocurriría un nombre así para su bar.

El lugar estaba abarrotado de gente, parecía que todo el pueblo había decidido acudir esa noche al local. Entró y se acercó a la barra para pedir algo de tomar, estaba esperando en la barra cuando notó que alguien la cogía por el brazo.

-Ya pensaba que no vendrías.- Dijo entonces Emma con una sonrisa en la cara.

-No pensaba venir.- Confesó Regina correspondiendo a la sonrisa.

-Ven, vayamos a un reservado.- Emma comenzó a andar por delante seguida muy de cerca por Regina.

El local estaba magníficamente decorado, ella lo había visto solo durante el día pero las mesas que había en el centro de lo que ahora era la pista de baile habían desaparecido para dejar ese espacio abierto. Además tenía varios sillones fijos a la pared rodeando la pista de baile. Emma subió por unas escaleras que estaban cerradas por una pequeña puerta.

Llegaron entonces a una zona que en ese momento estaba vacía, tenía tres grandes reservados. Eran cuadrados con sillones alrededor y una mesa en el centro. También había una pequeña pista de baile al final de ese pasillo. Desde todos los reservados se podía ver la zona inferior donde se encontraba la barra y la pista de baile.

-llegamos.- Dijo Emma sentándose en el reservado que se encontraba más en el centro.

-¿Por qué esta tan vacío?- Preguntó Regina sentándose a su lado aunque dejando un hueco entre ambas.

-Hoy nadie ha pedido reservado así que esta vacío.- Explicó entonces Emma.- ¿Qué deseas tomar?- Preguntó.

-Una copa de vino.- Contestó entonces esta.

Emma no pudo evitar una sonrisa en sus labios, esa mujer siempre tan regia y tan señorial. Se levantó y volvió unos minutos después con una botella de vino, volvió a desaparecer y volvió con dos copas para servirlas.

-Es poco descortés pero con este brazo no puedo quitarle el corcho.- Dijo tendiéndole el abrebotellas.

-Yo me encargó.- Aseguró está riéndose por las palabras de Emma.

Regina abrió la botella con gran habilidad y sirvió las dos copas, la música estaba muy alta pero aun así en esa zona se podía hablar con tranquilidad.

-Está muy bueno.- Aseguró Regina que no lo había probado antes.

-Es francés, por el precio más vale que así sea.- Soltó con naturalidad.

-No eres mucho de vinos…- Dijo más como una afirmación que como una pregunta.

-Pues la verdad es que no, soy más de cerveza.- Contestó entonces con sinceridad.

-Nunca la he probado.- Soltó y provocó que Emma se atragantase.

-¿En serio? ¿Ni siquiera en la universidad?- Preguntó sumamente alucinada.

-No.- Contestó dando otro sorbo al vino.

-¡Alucinante!- Espetó Emma.- Creó que deberás de venir más seguido… prometo hacerte una cata de cervezas.- Argumentó la rubia.

-Me lo pensaré.- Contestó entonces Regina.

-Algo es algo…- Dijo Emma.- ¿Su coche esta reparado?- Preguntó entonces Emma.

-Aun no, faltan algunas piezas que tendrán que traer.- Contestó Regina.- ¿El suyo?- Preguntó esta.

-Creo que ha quedado para llevarlo al desguace. El lunes deberé de ir a ver qué ha pasado al final.- Contestó Emma.

-Lo siento.- Dijo Regina que realmente se sentía algo mal por eso.

-No tienes que sentirlo, fue mi culpa.- Aseguró Emma.- Además seguro que me viene bien ir a los sitios caminando.- Añadió.

-¿Siempre ve el lado bueno de todo?- Preguntó Regina sonriendo ligeramente.

-Eso intento sí.- Aseguró esta.- ¿puedo pedirte algo?- Preguntó sorprendiendo a Regina que solo pudo asentir.- Tutéame, no me gusta que me hablen de usted.- Espetó segura.

-Son demasiadas confianzas.-Espetó Regina.

-Creó que nos merecemos esas confianzas…- Aseguró Emma.- Te explico, he destrozado tú coche, me has arrollado en el centro comercial… me observas todas las mañanas desde hace meses…- Eso último lo dice mirando a los ojos de Regina que nota como sus mejillas se enrojece y no sabe que decir.

Emma no sabía quién era esa mujer que se sentaba en el banco que daba hacía su bar pero se había dado cuenta que lo hacía todos los días y que se dedicaba a observar todo lo que sucedía dentro, por un momento pensó que se trataría de algún otro dueño de un bar que la estaba espiando pero al tener el accidente con ella la reconoció, aunque no había sido hasta bastante después hasta que había caído de que le sonaba.

Había oído hablar mucho de Regina Mills, la alcaldesa, pero nunca la había visto en persona por lo que no sabía cómo era, superando con mucho las expectativas.

Regina se tensó y aparto la vista de esa penetrante mirada que tenía la rubia, dejó la copa encima de la mesa y se levantó para marcharse. Se sentía avergonzada y eso no lo podía permitir.

-No te vayas.- Le pidió Emma que se había levantado también.

-¿Qué pretendía entonces?- La encaró Regina.

-Saber porque lo hacías.- Contesto Emma.

-Es mejor que me vaya.- Dijo esquivando la pregunta para la que no tenía respuesta.

-Sabes… hace una semana estuve a punto de ir hacia ti. De preguntarte que necesitabas, que querías…- Soltó Emma casi gritando para que Regina la escuchase.

-Buenas noches, Señorita Swan.- Dijo empezando a bajar las escaleras.

-Creí que la alcaldesa de Storybrook era más valiente.- Espetó esperando que así Regina reaccionase y volviese a entrar en el reservado

Regina notó su sangre hervir, sabía lo que intentaba esa rubia impertinente pero si ahora se marchaba quedaría como una cobarde y eso es algo que no iba a permitir, ella jamás se echaría a atrás o se permitiría achantarse ante una chiquilla como esa.

-¿Qué quiere?- Espetó Regina que ahora volvía a estar frente a frente con Emma.

-Saber porque todos los días después de terminar de correr se sentaba en ese banco a mirar hacía el "Lover"- Preguntó sin quitar los ojos de esos magníficos ojos marrones que casi podían atravesarla.

-Me paraba a tomar un café y descansar… además… ¿Cómo sabe que venía de correr? –Preguntó intentando devolverle el golpe a Emma.

-Porque la observaba, cuando no estaba atenta. Llevaba esa ropa de deporte que se ciñe a cada curva de tu cuerpo, cuerpo que cuidas con devoción y que sabes que puede seducir a cualquier que se ponga por delante.- Soltó Emma que no se dejaba amedrentar por nadie.- Así que sí, a la pregunta de si te observaba, sí que lo hacía. Como no hacerlo cuando tu cuerpo perlado de sudor venía enfundado en tremendo uniforme.- Murmuró ahora muy cerca de los labios de Regina que se estaba conteniendo para no besarla.- ¿Ahora me va a contestar?- Preguntó y vio como Regina alzaba una ceja.- ¿Por qué me observabas?- Volvió a preguntar.- Y no me vengas con que no era a mi… que sí que lo era, notaba tu penetrante mirada puesta en mí.

-Es jodidamente egocéntrica, señorita Swan.- Soltó Regina acompañada de una carcajada, ese sarcasmo era lo único que podía salvarla en ese momento.

-Creó que se ha equivocado de adjetivo… es jodidamente atractiva.- Espetó ganándose una mirada dura de Regina.

M&S

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