Bueno, finalmente logré completar el capítulo. A petición del público, este capítulo explica un poco el pasado de Tachibana Maki. Me quedó bastante largo, espero que les guste. También, al inicio hay una pequeña escena con SouMako.
Advertencias: Angst. Lenguaje soez. Violación. El oscuro pasado de Maki.
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Tachibana Maki
El sábado había llegado más pronto de lo que a Makoto le hubiese gustado. Aunque, si lo pensaba bien, ¿por qué estaba tan inquieto? En realidad no había hablado con Sousuke acerca de esa "salida" que él había mencionado enfrente de Nao. Es más, prácticamente no habían hablado de nada. Sousuke solía llegar tarde del trabajo y si se veían no pasaban de saludos que, Makoto estaba seguro, Sousuke le devolvía sólo por educación. Y él no podía evitar sentirse desanimado. ¿Por qué? Bueno, no estaba del todo seguro, pero suponía que era porque, después de aquella noche cuando se encontraron en la piscina, él ingenuamente había pensado que se estaba acercando a Sousuke. Tampoco estaba seguro de por qué se había obsesionado por conocerlo mejor, sentía "algo" extraño – o curioso – cada vez que Sousuke estaba cerca de él.
Pero no valía la pena seguir dándole vueltas al asunto. Aún era temprano, pero se levantó de la cama, dispuesto a darse un chapuzón en la piscina. Nadar siempre lo tranquilizaba y le ayudaba a poner en orden sus pensamientos. Y es que estando tan cerca los regionales, no se podía permitir ninguna distracción que afectara su rendimiento o el de su equipo. Pero justo cuando había puesto la mano sobre el pomo de la puerta, escuchó unos golpecitos del otro lado. Extrañado, abrió la puerta, sorprendiéndose cuando se fijó en la persona que estaba del otro lado.
—Buenos días.
—B-Buenos días, S-Sousuke-san —saludó Makoto, desviando la mirada al notar cómo Sousuke lo miraba fijamente, con sus ojos de ese color tan único.
—¿Estás listo? —Makoto parpadeó, confundido —¿Recuerdas que te dije que quería que me acompañaras a cierto lugar?
—¡Ah!, b-bueno, pensé que… yo… —balbuceó —L-Lo siento —miró de reojo su reloj de pulsera, que reposaba sobre la mesita de noche.
—Debí haberte dicho que quería ir temprano —dijo Sousuke —La tumba de mi madre está algo lejos, así que nos tomará un par de horas llegar hasta ahí. Pero no te preocupes, si aún quieres acompañarme, puedes ir a prepararte, no hay prisa.
—¡C-Claro que sí! ¡P-Por favor, espera un momento! —corrió hasta su armario para buscar algo decente para vestir. Ciertamente estaba emocionado y no podía disimularlo.
—Esperaré abajo. Voy a preparar el desayuno, ¿quieres algo en especial? —Makoto se volvió hacia Sousuke, incapaz de ocultar la sorpresa que exhibía su rostro —¿Qué pasa? No soy tan inútil, ¿sabes? Aprendí a cocinar un poco.
—¡Ah, no! ¡Lo siento mucho! Yo sólo… —las palabras salieron atropelladamente de sus labios, su rostro se sonrojó y Sousuke no pudo contener una risita. Makoto se reprendió mentalmente. Genial ¿es que siempre tenía que avergonzarse enfrente de él?
—No tienes que disculparte todo el tiempo. Te esperaré abajo —Makoto asintió con la cabeza, sin mirarlo a los ojos. Se quedó de pie, viendo el sitio por el que el mayor acababa de desaparecer.
—¡Ah, sí, ducha!
Makoto se cepilló los dientes y tomó una ducha rápida. Se vistió y dejó la ropa sucia en el cesto. Luego, corrió hasta su habitación para terminar de alistarse. Se miró en el espejo de cuerpo entero de su habitación durante un rato, hasta que se sintió a gusto con su apariencia. Miró su reflejo una vez más, suspirando. ¿Qué era, una chica? ¿Desde cuándo le tomaba tanto tiempo prepararse? Es más, ¡¿desde cuándo tenía un espejo de cuerpo entero en su habitación?! Ah sí, que había sido un regalo de Kisumi. Finalmente, bajó y entró en la cocina, justo cuando Sousuke servía el desayuno.
—¿Dónde están todos? —preguntó Makoto, sentándose enfrente de Sousuke, que tomaba un sorbo de café.
—Maki-san, Miho y Chigusa fueron con Gou para afinar los últimos detalles para la recepción de la boda —contestó —Parece que los manteles no son los que Gou había ordenado, así que estaba hecha una fiera —recordó entonces que Matsuoka Gou era el nombre de la organizadora de la boda de su madre —Papá está en un seminario en Sapporo y Kisumi fue a casa de su madre. Ah y Goro estará todo el día en el club de natación —Makoto casi se atraganta con su jugo —Así que estamos solos tú y yo.
Makoto miró a Sousuke con un gesto de total y completa confusión, ¿la madre de Kisumi? ¿Acaso la señora Yamazaki no había fallecido? Aunque, ahora que lo pensaba, Kisumi no se parecía mucho al resto de sus hermanos. El color de su cabello, el color de sus ojos, eran distintos. ¿Qué significaba eso? ¿Estaba mal preguntar? Al notar la incertidumbre en el rostro de Makoto, Sousuke dijo:
—En realidad no hace falta ocultarlo, dado que pronto seremos oficialmente familia. Kisumi es sólo nuestro medio hermano. Es hijo de una de las amantes de mi padre —los ojos de Makoto se abrieron como platos —Físicamente, Kisumi se parece mucho a su madre. Aunque realmente ellos no se llevan bien, pero Kisumi tiene un medio hermano por parte de su madre. Se llama Hayato y Kisumi lo adora.
—N-No tenía idea.
—Bueno, esa es una de las historias acerca de Yamazaki Ryunosuke de las cuales ninguno de nosotros se enorgullece —continuó el más alto —Pero Makoto, puedo asegurarte que mi padre jamás lastimaría a tu madre. Puedo asegurarte que Maki-san es especial para él y lo seguirá siendo toda la vida.
—Lo sé. Estoy seguro de que así es —le dijo el castaño, con una sonrisa —No sé por qué, pero desde la primera vez que los vi juntos, pude darme cuenta de que en verdad están hechos el uno para el otro —Sousuke lo miró, algo sorprendido —Quizás suene algo extraño viniendo de alguien sin experiencia en el amor, pero sólo siento que de alguna forma es así.
—Makoto, ¿alguna vez te han dicho que eres un sujeto interesante?
—¿Eh? Ah, bueno, en realidad no siento que sea para nada interesante —contestó, avergonzado —Soy bastante normal, creo.
—¿Me creerías si te dijera que quiero conocerte mejor? —Makoto parpadeó, confundido. Sousuke tenía la mejilla apoyada sobre una de sus manos y lo miraba con auténtico interés. Makoto abrió la boca, pero ninguna palabra coherente salió de ella. Estaba demasiado avergonzado. Vio entonces que Sousuke se ponía de pie para llevar los platos al fregadero.
—¡Ah, yo puedo hacerme cargo de la cocina!
—No te preocupes, lo haré yo. No tienes que consentirnos tanto —Makoto se rascó la cabeza, nervioso —Escuché que el otro día prácticamente le hiciste la tarea de álgebra a Kisumi. Además, no tienes que dejar que Chigusa te arrastre por todas las tiendas y te haga cargar sus bolsas —el castaño no sabía qué responder. Era cierto que le había hecho un par de favores a sus "hermanos". La cuestión era, ¿cómo Sousuke se había dado cuenta? —Esos dos no paran de hablar de ti. Makoto, eres demasiado bueno.
—Sí, me lo han dicho antes —afirmó el más bajo —Siempre me dicen que la gente se aprovecha de esa bondad, pero yo sólo trato de que los demás estén bien. Confieso que cuando mamá me dijo que tendríamos que mudarnos me sentí algo incómodo, pero si eso la hacía feliz, entonces está bien conmigo. Además, estoy muy feliz de estar aquí, todos nos han tratado amablemente, mucho más de lo que cualquier otra persona lo ha hecho.
—No puedo pensar en un motivo por el cuál alguien quisiera ser cruel contigo o con Maki-san —dijo Sousuke.
—Bueno, sólo digamos que mamá no tuvo la vida más fácil —Sousuke lo sabía bien. Él sabía la clase de vida que Makoto y su madre habían enfrentado. Y eso lo hacía sentir más curiosidad. De verdad quería conocer a ese chico de la eterna sonrisa. ¿Por qué? En realidad no estaba del todo seguro, pero sabía que no podría quedarse tranquilo hasta haber satisfecho su curiosidad.
—Nadie podrá lastimarlos de nuevo —dijo Sousuke, dándole la espalda —Ahora, vámonos.
Ambos muchachos salieron en cuanto habían dejado limpia la cocina. Makoto se acomodó en el asiento del acompañante. Sousuke encendió el radio y sintonizó su emisora preferida. Empezó a sonar una tonada que Makoto conocía bien. No era muy bueno en inglés, pero le encantaba la música occidental. Y al parecer también a Sousuke, porque estaba tarareando la canción.
Pronto se instaló un silencio entre los dos. Makoto se encontró a sí mismo incapaz de dejar de mirar a Sousuke. La forma en que el viento movía sus cortas hebras era hipnotizante, además, estaba empeñado en encontrar la definición perfecta para el color de ojos del más alto. Jamás había visto unos ojos de ese color. Le gustaban. Mucho. Sousuke, sabiéndose observado, desvió la mirada del camino un momento para posar sus ojos en Makoto.
—¿Sucede algo? —sobresaltado, Makoto negó con la cabeza —¿Tengo algo en la cara? —el más joven volvió a negar con la cabeza.
—Lo siento —dijo —Es sólo que tu presencia puede ser abrumadora a veces —Sousuke arqueó una ceja —Tienes una presencia imponente y… también me pareces una persona muy interesante —añadió, en voz baja y agachando la cabeza.
—¿Deseoso por saber por qué el "famoso Yamazaki Sousuke" se retiró repentinamente del mundo de la natación? —Makoto se encogió ante el tono acusador del otro y se mordió el labio. Tal vez había hablado de más. Entonces Sousuke se dio cuenta de que quizás se le había pasado un poco la mano. En realidad no parecía que Makoto tuviera malas intenciones —Lo siento. Eso aún es un tema… delicado para mí. Créeme que los acosos constantes de la prensa no son nada agradables.
—Lamento que hayas tenido que pasar momentos difíciles por tu retiro —dijo Makoto —Y también lo siento si parece que me estoy inmiscuyendo en tus asuntos, Sousuke-san.
—No te preocupes. Además, mi vida no fue tan dura como la tu… —dándose cuenta de lo que estaba a punto de decir, Sousuke se mordió la lengua y se quedó en silencio, centrando su atención en el camino. Volvieron a quedarse en silenció. Sousuke bostezó y Makoto se removió incómodo en su asiento.
—Lamento si no soy la mejor compañía, Sousuke-san —el aludido rió, al darse cuenta de que él estaba pensando exactamente lo mismo. Y es que, ¿de qué hablaban los adolescentes en esos días?
—No es como si yo fuera mucho mejor, ¿verdad? —dijo. Makoto rió, bajito —Entonces, Tachibana Makoto, ¿quieres contarme algo acerca de ti? —el castaño lo miró, sorprendido —Por ejemplo, ¿qué quieres hacer después de graduarte? Imagino que vas a seguir con la natación.
—Pues… acerca de eso, en realidad no estoy muy seguro —admitió —No siento que sea lo suficientemente bueno para las exigencias del nivel profesional —el vehículo se detuvo súbitamente en medio del camino. Makoto se dio cuenta de que habían llegado a una zona campestre. Sousuke acercó su rostro al de Makoto, mirándolo con el ceño ligeramente fruncido —¿S-Sousuke-san?
—Estás bromeando, ¿verdad? ¡No puedo creer que digas esas tonterías! —su tono de voz se elevó mucho más de lo que le hubiese gustado, pero de alguna manera tenía que hacer entrar en razón a Makoto —Tú backstroke es impresionante. ¿Acaso piensas desperdiciar tu potencial? ¿No dijiste que querías mejorar tu butterfly stroke también? ¡Tienes que estar loco para desperdiciar ese talento! —lo sacudió de los hombros.
Makoto realmente no sabía cómo reaccionar o qué decir. Sousuke parecía desesperado por hacerlo recapacitar. Podía ver la frustración en sus ojos. ¿Acaso se estaba viendo a sí mismo en Makoto? Pero entonces, Sousuke pareció regresar a la realidad. Soltó a Makoto y chasqueó la lengua, molesto consigo mismo. ¿Qué rayos estaba haciendo? No es como si pudiera tomar la decisión por Makoto. Era su vida y él era libre de decidir lo que quería hacer con ella. Era sólo que… detestaba ver cómo alguien tan talentoso desperdiciaba su potencial.
—Vamos a hacer un trato, Makoto —dijo entonces Sousuke, sin apartar sus ojos de los orbes verdes del castaño —Voy a entrenarte. Y si ganas los Nacionales, prométeme que no volverás a menospreciar tus habilidades —Makoto lo miró, entre confundido y sorprendido —Entonces, ¿tenemos un trato?
—¿V-Vas a entrenarme?
—Bueno, si no te agrada la idea… —balbuceó. En verdad no quería sonar como si lo estuviese obligando a aceptar el absurdo trato que se le había ocurrido.
—Sería un honor. Y espero que no sea una molestia para ti, Sousuke-san —contestó, con una inmensa sonrisa dibujada en los labios —P-Pero, en ese caso, m-me gustaría agregar una condición —Sousuke arqueó una ceja.
—¿De qué se trata? —preguntó Sousuke, mientras volvía a poner el auto en marcha. Se extrañó cuando vio al otro de reojo y notó que sus orejas habían enrojecido.
—S-Si g-gano los N-Nacionales, ¿p-podrías sonreír más? —Sousuke frenó el vehículo de forma tan repentina que Makoto creyó que iba a salirse por el parabrisas. Sousuke tomó a Makoto de la barbilla, para que el otro no pudiera apartar la mirada —E-Es sólo que… —Makoto estaba tan avergonzado que sentía que el rostro caliente —l-la sonrisa te queda bien, Sousuke-san —el rostro de Sousuke estaba tan cerca que Makoto sentía que se desmayaría en cualquier momento. Entonces, Sousuke rió y le desacomodó el cabello, antes de ponerse en marcha nuevamente.
Volvieron a quedarse en silencio, pero esta vez se sentía diferente. El aire parecía haberse aligerado y el resto del camino se hizo rápido para ambos. Sousuke detuvo el auto justo enfrente de una pequeña casa de madera. Se bajaron y Sousuke precedió la marcha hasta una colina que estaba cubierta de lápidas elegantes y bien cuidadas. No pasó mucho tiempo para que se detuvieran frente a la que estaba en la parte más alta de la colina.
Yamazaki Makoto, rezaba en la lápida de enfrente, que estaba cubierta de flores. Cuando el castaño salió de su sorpresa, se puso de rodillas y juntó las manos, presentando sus respetos. Sousuke hizo lo mismo poco después, luego ambos se pusieron de pie y se miraron. Makoto tenía muchas preguntas, pero no estaba seguro de que fuera una buena idea preguntar.
—Makoto era el nombre de mi madre. Sabes, cuando te conocí me pregunté por qué rayos tenías un nombre femenino. Pero supongo que no tiene nada que ver con el hecho de que sea un nombre femenino o no, es más por su significado. "Honestidad", "sinceridad", "genuino". Va perfecto contigo. Y también era perfecto para ella —Sousuke sonrió con nostalgia.
—Imagino que tu madre fue una gran mujer —el más alto asintió con la cabeza.
—Mi madre tenía un cuerpo frágil, su salud nunca fue buena, pero era más fuerte que cualquiera —dijo Sousuke —Todos la amábamos con locura, así que su muerte nos destrozó. Maldición, era tan joven —apretó los puños con tanta fuerza que se estaba lastimando las palmas de las manos —Tenía 35 años cuando murió, ¿puedes creerlo? Y yo… esta es la primera vez que vengo aquí, desde su muerte.
—¿Eh? —Makoto no pudo ocultar la sorpresa. Podía notar el gran amor que Sousuke le tenía a su madre, ¿entonces por qué…?
—Lo sé, he sido un grandísimo cobarde durante todos estos años. Pero… —Sousuke sintió que la voz se le quebraba. Pero no podía derrumbarse, no enfrente de Makoto —si yo hubiera… ella no… fue mi culpa, yo… —Sousuke cayó de rodillas al suelo. Apretó los ojos con fuerza, porque no quería llorar. Definitivamente no iba a dejar escapar ninguna lágrima. Makoto no podía verlo así, nadie podía verlo así. No a él, que era un símbolo de fortaleza para su familia.
—¿S-Sousuke-san? —Makoto se arrodilló a su lado y le puso una mano en el hombro. No entendía muy bien lo que Sousuke había querido decir, pero sí entendía que en ese momento él necesitaba desahogarse —Estoy aquí, si necesitas… —pero no pudo decir nada más, porque sintió unos fuertes brazos enredarse en su cintura. Y el rostro de Sousuke estaba oculto en su pecho.
—Lo siento, Makoto. Sólo un momento, por favor —la voz quebrada de Sousuke fue lo único que el castaño necesitó para corresponder aquel abrazo, mientras le susurraba palabras reconfortantes al oído.
—No te preocupes, Sousuke, estoy aquí para ti —dijo, acariciando la espalda del más alto —No me iré —sintió cómo Sousuke se aferraba con un poco más de fuerza a él, pero no le importó y, casi sin pensarlo, depositó un beso en la cabeza ajena. Entonces Sousuke se separó de él, se limpió las lágrimas y lo miró a los ojos —¿Te sientes mejor?
Sousuke no contestó. Simplemente tomó el rostro de Makoto con ambas manos, acercándolo más al suyo. Sintió a Makoto temblar y notó que sus mejillas habían vuelto a sonrojarse, pero no había dejado de sonreírle. Su sonrisa le trajo paz e irremediablemente sonrió también. Notó lo apuesto que era Makoto. Tenía un bonito rostro, con rasgos finos pero masculinos, unas espesas pestañas, esos grandes ojos verdes que desprendían profunda bondad. Y unos labios… unos labios que él se moría por besar en ese momento. Poco a poco se fue acercando, un poco más. Un poco más cerca. Besó la comisura de sus labios y se puso de pie, como impulsado por un resorte.
Makoto se quedó en el suelo, completamente paralizado. ¿Qué acababa de pasar? Instintivamente se llevó una mano a la zona donde antes habían estado los labios de Sousuke. Y cuando se dio cuenta de lo que había pasado, su rostro y sus orejas enrojecieron. Oh cielos, pensar que había estado tan cerca de besarlo en los labios. Porque sí, él deseaba probar aquellos labios, aunque fuera una sola vez. Pero estaba claro que eso no iba a suceder. Eran hermanos. Y Sousuke… Sousuke sólo pasó por un momento de debilidad y él era la única persona que estaba ahí para él. Eso era todo.
O al menos eso era lo que pensaba Makoto, pero la cabeza de Sousuke era un completo caos. ¿Qué acababa de hacer? Había estado a punto de besarlo. Estuvo a punto de besar a Makoto, a su hermano menor. ¿Por qué? ¿Qué tenía ese chico que lo atraía como hormiga al dulce?
—Te ayudo.
Decidido a no pensar más en ello de momento, Sousuke extendió una mano para ayudar a Makoto a ponerse de pie. El castaño la aceptó y se incorporó, pero sus piernas fallaron y estuvo a punto de caer. Sousuke lo sujetó y entonces Makoto se vio acunado en el pecho ajeno. Queriendo aprovechar el momento, el menor enterró el rostro en el pecho del más alto, al tiempo que los brazos de Sousuke volvían a envolverlo. Aquello se sentía tan bien. Para ambos. Ninguno de los dos entendía lo que estaba pasando, pero se sentían demasiado bien para seguir dándole vueltas a la situación.
Pero entonces Sousuke recordó todo lo que había aprendido del pasado de Makoto y su madre, gracias a Nao. Y volvió a preguntarse, ¿cómo dos personas con un pasado tan oscuro podían ser tan dulces? ¿Cómo podían pensar en los demás antes que en su propio bienestar, cuando fueron tratados de forma tan injusta? Definitivamente Tachibana Maki y su hijo, Tachibana Makoto, no conocían el significado de la palabra egoísmo.
S & M
Esto era lo que Sousuke había aprendido acerca del pasado de Tachibana Maki. Sin embargo, en cuanto terminó de escuchar la historia, Sousuke deseó jamás haber preguntado. A veces se preguntaba si había forma de que dejara de mirarlos con lástima – aunque no estaba seguro si se trataba de eso exactamente – ahora que conocía toda la verdad. Sin embargo, al mismo tiempo, la situación despertó en él un increíble deseo de querer protegerlos, de resguardarlos como dos preciosas joyas.
Tachibana Maki. En realidad nadie sabía cuál era su verdadero nombre, quiénes eran sus padres o dónde había nacido. A Maki la encontraron dentro de un cubo de basura, en las afueras de un vecindario de clase media en Kioto, cerca de un orfanato. Ese día, el director del orfanato regresaba de su caminata matutina, cuando el llanto de un bebé lo hizo detenerse. Levantó la tapa del contenedor y la encontró. Sólo tendría unos pocos días de nacida y aún llevaba el brazalete del hospital. Sus ojos verdes analizaron el brazalete, sin embargo, no había ningún nombre escrito en él.
El anciano la tomó en sus brazos y la arropó con su suéter, antes de comenzar a correr hasta el orfanato. La niña necesitaba atención médica urgente. Todavía era temprano cuando el anciano, de nombre Tachibana Akira, abrió los portones y atravesó el jardín a toda velocidad, para encontrarse con su esposa que salió a recibirlo.
—¡Santo cielo! —exclamó la mujer en cuanto vio a la pequeña en brazos de su marido —¡Voy a llamar al médico! Llévala a nuestra habitación.
El hombre así lo hizo, limpiando la piel de la pequeña con una toallita húmeda y colocándola delicadamente sobre su cama. La niña ya no lloraba, sus ojos estaban cerrados y su respiración apenas se podía escuchar. Afortunadamente, el médico vivía cerca del orfanato y en un par de minutos ya estaba examinando a la niña.
—Cielos, Akira, esta niña está muy mal. Tenemos que trasladarla al hospital en este momento o de lo contrario no sobrevivirá —explicó el médico, un hombre mayor y de aspecto fornido, viejo amigo de Akira —¿Dónde la encontraste?
—Estaba dentro de uno de los contenedores para reciclaje —acarició la manita de la niña —Esto es inhumano, ¡está recién nacida!
—¿Qué persona sin corazón sería capaz de abandonar a un hijo? —dijo entonces la esposa, Yukiko, quien acababa de entrar en la habitación —Doctor, por favor, ¡tiene que salvarla!
—Voy a llevarla yo mismo en mi auto hasta el hospital —comentó el doctor —Si esperamos a que venga una ambulancia, podría ser demasiado tarde.
—Akira, ve y por favor mantenme al tanto de la situación —dijo Yukiko —Sabes que no puedo moverme de aquí, al menos no hasta que lleguen los instructores e inicien las clases —Akira asintió, besó a su esposa y salió a toda velocidad del cuarto, detrás del médico.
La pequeña fue internada en cuanto llegó. Pasó meses en el hospital, meses durante los cuales ninguno de los médicos le daba una alta esperanza de vida. No pasará de los dos años, era lo que decían. Pero ninguno contaba con las ganas de vivir de aquella criatura de hermosos ojos ambarinos. La niña se recuperó y después de una larga estancia en el hospital fue dada de alta. La pareja le dio un nombre. Maki, que significa "verdadera esperanza". También decidieron darle su apellido, así que la niña pasó a llamarse Tachibana Maki.
—Cariño, tenemos que buscar una fecha para su cumpleaños —dijo un día Yukiko, mientras alimentaba a Maki.
—Tres de marzo —contestó Akira. Yukiko sonrió, complacida.
—El día del Hinamatsuri. Es perfecto para ella y la fecha está cerca.
El tiempo pasó y Maki creció como una niña saludable. A la edad de cuatro años comenzó sus tutorías en el orfanato. Los niños no asistían a una institución educativa pública hasta que estuvieran en edad para entrar a primer grado. Pero durante sus tutorías Maki probó ser una niña brillante. A la edad de seis años ya tocaba el piano como un prodigio. El viejo piano del orfanato no estaba en la mejor condición, pero aun así Maki era capaz de tocar hermosa música con él. Había hecho amigos en el orfanato, era una chica muy querida. Pero cuando Akira le informó que era momento de que iniciara la escuela y se relacionara con otras personas, Maki perdió toda su confianza.
La niña no estaba acostumbrada a relacionarse con personas fuera de la protección del orfanato. Aunque no podía recordar nada de su infancia, el mundo exterior a asustaba. Cuando Yukiko fue a dejarla a la escuela el primer día, la profesora casi no fue capaz de separarla de la pierna de Yukiko. Fue presentada como la nueva estudiante, ante la atenta mirada de todos los niños. Tomó su lugar, al final del salón. Los primeros días fueron extremadamente difíciles. Le costaba acercarse a los demás y siempre estaba sola.
Pero un día, eso cambió. Comía su merienda dentro del salón, mientras el resto de los niños jugaba afuera, cuando la puerta se abrió. Maki levantó la mirada para encontrarse con una niña de largo cabello azulado, que la miraba con interés. Maki agachó la mirada y sus mejillas se sonrojaron sin saber por qué.
—Hola, Maki-chan —saludó la pequeña —Mi nombre es Nanase Haruna, ¿quieres ser mi amiga? —la castaña la miró, con la sorpresa reflejada en sus ojos ambarinos. Sonrió agradecida y asintió con la cabeza, limpiándose las lágrimas que comenzaban a rodar por sus mejillas.
—G-Gracias, Nanase-san —pero la peli azulada negó con la cabeza.
—No tienes que ser tan forma, Maki-chan, somos amigas, ¿verdad? —Maki asintió —Entonces llámame por mi primer nombre.
—H-Haru-chan —la aludida sonrió ampliamente y tomó a la castaña de la mano.
—¡Vamos a jugar, Maki-chan!
Nanase Haruna se convirtió en su primera y única amiga. Su mejor amiga. Ese día Maki regresó al orfanato sintiéndose como una persona nueva. Cuando Akira y Yukiko se enteraron de que la pequeña comenzaba a hacer amigos se sintieron profundamente aliviados. Haruna visitó a Maki en el orfanato varias veces. Su amistad se fortaleció con los años y ambas continuaron juntas hasta la secundaria. Maki creció y se convirtió en una hermosa señorita. Tenía una figura curvilínea, largo cabello castaño y unos brillantes ojos ambarinos. Cuando llegó a su último año, recibió varias confesiones que rechazó de la forma más educada posible. Porque a ella le gustaba alguien.
—Este fue el… ¿quinto de este mes? —preguntó Haruna, mientras ella y Maki comían su almuerzo debajo de un árbol de cerezos —Estudiante modelo, capitán del club de kendo e hijo de un banquero. A mí me parece que era un buen prospecto, Maki.
—N-No entiendo cómo pueden fijarse en mí, sólo soy una chica común y corriente —dijo Maki, suspirando —Si tan sólo él se fijara en mí.
—Ah sí, tu amor secreto. ¿Algún día vas a decirme quién es? —Maki se sonrojó —En serio, Maki, quiero saber quién es el afortunado que se robó el corazón del ángel de Kioto.
—¿Ángel de Kioto? —preguntó, confundida. Haruna asintió con la cabeza.
—Es así como te llaman los chicos, ¿lo sabías? ¡Eres increíblemente popular, Maki! —la castaña volvió a sonrojarse —Pero, Maki, tienes que tener cuidado. Tu enorme popularidad te ha ganado algunas enemigas y es mejor que te mantengas alerta —Maki la miró, alarmada —Sólo no te alejes de mí, ¿quieres? Yo te protegeré. Mi cinturón negro en karate tiene que servir de algo, ¿no?
—Gracias, Haru-chan, pero no quiero problemas con nadie. Y tampoco quiero que te metas en problemas por mi culpa.
—Maki, esas chicas son unas matonas, así que no les importará que tú no quieras problemas. Principalmente su líder, la capitana del equipo de voleibol, es increíblemente agresiva. Pero mientras no te fijes en su novio, todo estará bien.
—¿Su novio?
—Yamamoto Ken, el chico más popular de la escuela —contestó Haruna —Alto, atlético, capitán del equipo de fútbol. Cabello negro y ojos verdes. No hay nadie que no lo conozca en Kioto. Siempre está retando a las escuelas vecinas a duelos por el control del "territorio". Personalmente pienso que es un idiota inmaduro, pero todas las mujeres babean por él.
—Incluida yo —murmuró Maki, en voz casi inaudible.
—¿Dijiste algo? —Maki negó con la cabeza —No, sabes que tengo buen oído, pero creo que pude haberte escuchado mal, ¿sabes? Me parece que dijiste "incluida yo". ¿Es eso, Maki? ¿Eso fue lo que dijiste? —la castaña se mordió el labio y asintió con la cabeza —Oh, por todos los dioses, Maki, ¡¿acaso estás loca?! ¡Puedes fijarte en cualquiera! Pero, ¿por qué él?
—¡No lo sé! —exclamó Maki, apretando los puños —¡Sólo pasó y ya! No es como si pudiera hacer algo para evitarlo.
—Oh demonios, oh demonios, Maki, ¿qué le ves? Aparte del fútbol y las peleas, es un bueno para nada. No tiene sueños. Y lo más importante, es novio de Asahina Karen. Y Maki tú definitivamente no quieres tener problemas con ella.
—Haru-chan, no es como si fuera a declararme. No, lo mío es un amor platónico y ya. Sé que es imposible que él se fije en alguien como yo, así que simplemente estoy contenta con poder mirarlo desde lejos.
—Eres increíble, Maki —suspiró Haruna, cerrando la tapa de su bento —Bueno, sólo mantente lejos de él, ¿de acuerdo? —Maki asintió con la cabeza.
Maki había mantenido su promesa de mantenerse lejos de Ken, pero por alguna razón ahora era él quien buscaba acercase a ella. Estaban juntos en la misma clase, así que él siempre intentaba iniciar conversación. Incluso habían estudiado juntos una vez. Poco a poco se habían convertido en amigos. Dejó claro a Karen que lo suyo con Ken no era más que una amistad. Y ella era feliz de esa manera. Haruna no aprobaba aquella amistad del todo, pero no quería interponerse en la felicidad de su amiga.
En el día del cumpleaños de Maki, sucedió algo increíble. Maki y Haruna vistieron sus yukatas para el Hinamatsuri. Durante el festival las amigas se separaron y Maki terminó encontrándose a solas con Ken. Su presencia la ponía nerviosa y casi se desmaya cuando él le pasó un brazo por detrás de los hombros, antes de besarla en la mejilla.
—Ken-san…
—Me gustas mucho, Maki, ¿te lo había dicho?
—A-Ah m-muchas gracias… creo… —balbuceó, con el rostro y las orejas enrojecidos. Ken rió y se puso enfrente de ella, tomando su rostro con ambas manos.
—Estoy hablando en serio, Maki. Me gustas y quiero que seas mi novia —los ojos de Maki se abrieron como platos y su labio inferior comenzó a temblar —Sé que yo también te gusto. Además, ya terminé con Karen, así que estoy libre, al igual que tú.
—Ah… ah… eh… b-bueno —Maki no podía mirarlo a los ojos. Es que, ¡era el amor de su vida! ¡El amor de su vida se le estaba confesando! ¿Qué se supone qué podía hacer? —S-Sí que me gustas… m-mucho… —el rostro de Ken se iluminó —P-Pero Karen-san…
—Hace tiempo que lo nuestro no funcionaba —dijo Ken —Estábamos en una relacional que no era buena para ninguno de los dos. Y ambos lo sabíamos, pero supongo que la costumbre y el miedo a confesarlo nos mantuvieron unidos de alguna manera. Pero yo ya no la quiero, te quiero a ti, Maki.
—¿En serio? —preguntó ella, esperanzada, aún sin poder creérselo. Podía sentir las lágrimas que comenzaban a rodar por sus mejillas. Ken se deshizo de las lágrimas y la besó. Maki jamás había besado a nadie, pero torpemente comenzó a seguirle el paso a Ken.
—Te quiero, Maki —confesó Ken, deslizando sus manos hasta el bien formado trasero de la chica. Maki se separó de él, totalmente avergonzada —Lo siento —y la abrazó —Entonces, ¿qué dices? ¿Me darás la oportunidad?
Maki dio el sí esa noche, en el día de su cumpleaños. Se reencontró con Haruna quien miró atónita cómo iba tomada de la mano de Yamamoto Ken. Miró al muchacho con gesto reprobatorio y se llevó a su amiga. Haruna pidió explicaciones de lo sucedido y Maki, que no podía ocultar su alegría, se lo contó todo. Haruna no aprobaba esa relación, pero decidió guardarse sus comentarios. Ella estaba segura de que Asahina Karen jamás renunciaría así de fácil a Ken, así que resolvió proteger a su mejor amiga desde las sombras.
Los meses pasaron y la relación de Maki y Ken iba tan bien que incluso Haruna comenzó a preguntarse si su instinto le estaba fallando. Hasta que se encontró un torrente de cartas de amenaza en uno de los basureros, cerca de los casilleros. Un día, se escondió y vio que Maki sacaba todas esas cartas de su casillero, completamente aterrada. Haruna leyó una de las cartas. Era de la banda de Karen. Le ordenaban que se alejara de Ken si es que no quería problemas. Pero las bromas – tirarle pintura encima a Maki, esconder sus zapatos, romper sus libros, entre otras cosas – y las amenazas no fueron todo. Y tal vez tampoco fueron lo peor.
—¿Lo escuchaste? ¿Escuchaste los rumores acerca del supuesto "ángel de Kioto"?
—¿Te refieras a la presumida de Tachibana Maki?
—¡Sí, sí, esa misma! La zorra que le robó el novio a Asahina-san. ¿Sabes lo que dicen? Dicen que ella no es más que una pobretona, dicen que su padre adoptivo la encontró en un basurero.
—Oh, ¿será por eso que siempre se percibe un desagradable olor cada vez que ella está cerca? —y las dos chicas que habían continuado con el rumor se alejaron riéndose, sin importarles que Maki lo hubiese escuchado todo.
—Será mejor que cuides a tu novio, no querrás que Tachibana Zorra te lo robe, ¿verdad?
—¿Tachibana Maki? Claro que he escuchado sobre ella —los chicos que Maki había rechazado, por despecho, comenzaron a esparcir desagradables rumores acerca de ella —Estoy seguro de que ya se ha acostado con todos los chicos de la escuela. Incluso podría apostar que es la perra personal de los chicos de la secundaria vecina.
—Nadie la quiere, desde que nació fue una persona indeseable. De otra manera, ¿por qué la abandonarían en un basurero? Sus padres adoptivos de seguro la mantienen por lástima. Esa chica no puede hacer nada por sí misma.
Pero a pesar de los rumores, a pesar de haberse convertido en la chica más odiada de toda la secundaria, Maki seguía asistiendo a clases. Seguía siendo una estudiante modelo. Los estudiantes se preguntaban cómo era que Haruna podía permanecer al lado de "una cosa tan despreciable". Había golpeado a algunas personas, ganándose varias suspensiones y reprimendas por parte de Maki, pero siempre le decía:
—Si no vas a defenderte, ¡tengo que hacerlo yo!
—¡No es tu maldito problema! —ese fue un día en que Maki había tenido suficiente de todo el mundo. Y desafortunadamente la persona con quien se desquitó fue con su mejor amiga —¡Déjame en paz! ¡No te metas en mis asuntos!
Después de esa, que fue su primera pelea, Haruna y Maki no se hablaron durante semanas. Maki no se atrevía a enfrentar a su amiga, no después de la forma en que la había tratado. Se había desquitado con la única persona que permanecía a su lado a pesar de todo. ¿Cómo podía disculparse con ella?
Haruna subió a la azotea, en un intento por enmendar sus propios errores y acercarse nuevamente a Maki. Sabía que su mejor amiga no tenía la culpa, pero la había estado evitando. Justo antes de abrir la puerta, escuchó una voz familiar.
—Por fin hemos alejado a la fastidiosa de Haruna de ella —decía Karen —Hoy regresará sola a casa. Y ustedes saben que el camino al orfanato es bastante solitario por las tardes. Cuando terminen las clases, vamos a acorralarla y darle su merecido.
No, eso Haruna no iba a permitirlo. Se saltó las últimas clases de la tarde y llegó al sitio antes que Maki. Karen y sus secuaces se sorprendieron cuando vieron aparecer a la peli azul en vez de a la persona que buscaban.
—¿Sorprendidas? —dijo Haruna —No voy a permitir que le pongan un dedo encima a Maki, ¿escucharon?
—Haruna, escúchame, no tengo nada contra ti y no quiero lastimarte justo antes de los Nacionales —dijo Karen, que sostenía un bate de béisbol —Tú eres la esperanza del equipo de natación. Sé que tienes un ranking nacional en el estilo Mariposa, así que te pido que te hagas a un lado.
—Entonces dejen en paz a Maki.
—Me temo que no podemos hacer eso —habló Karen —Porque ella arruinó mi vida. Después de que Ken terminó conmigo no me ha pasado ni una cosa buena. Voy a deshacerme de ella, recuperar a Ken y traer de vuelta mi vida perfecta.
—Como ya te lo he dicho, no voy a dejar que le pongan un dedo encima a Maki. Vamos, pelearé contra todas ustedes —la banda de Karen estaba formada por siete chicas, además de ella.
—Lástima, Haruna, dile adiós a tu futuro en la natación —dijo Karen, chasqueando los dedos.
Entonces, diez chicos de secundaria, todos corpulentos y armados con tubos, palos, bates y cadenas, aparecieron ante ella. Haruna chasqueó la lengua, se había metido en una buena bronca. Pero no iba a echarse para atrás. Peleó contra todos y casi les dio una paliza, pero cuando se les unieron otros, Haruna no pudo más. Se hizo un ovillo, intentando proteger los puntos vitales, pero terminó recibiendo una paliza que la mandó a urgencias.
Mientras tanto, Maki pasó por allí sin ningún inconveniente y llegó a casa a salvo. Deprimida pero a salvo. Sin embargo, en cuanto abrió las puertas, su madre Yukiko comenzó a gritar, alarmada:
—¡Oh Maki, por fin llegas! ¡No sabes lo que sucedió! ¡Haruna está muy grave en el hospital!
—¡¿Qué dices?! —exclamó, alarmada —¿Por qué? ¡¿Qué sucedió?!
—Parece que le dieron una paliza en el camino hacia el orfanato —Maki recordó entonces una de las cartas de amenaza que había recibido a principios de esa semana. Pensaba que se había deshecho de todas ellas, entonces, ¿cómo fue que Haruna…?
—¡Haru! —Maki salió disparada hacia afuera —¡Oh Haru, por mi culpa tú…! —su padre Akira la vio tan alterada que tuvo que hacerla entrar de nuevo en la casa, darle un té tranquilizante y después llevarla él mismo en su auto hasta el hospital.
Ya en el hospital tuvo que esperar tres horas para que la dejaran ver a Haruna. Pero, cuando entró en su habitación y la vio, gritó horrorizada. Su cuerpo estaba cubierto de vendajes, estaba conectada a varias máquinas extrañas. Según el médico, tenía varias hemorragias internas y diversos huesos rotos. Al parecer su hombro derecho estaba destrozado. Maki no pudo soportarlo más y se desmayó.
Cuando despertó estaba de vuelta en el orfanato. Estaba destrozada, sintió que no valía la pena vivir. Nadie la necesitaba. Por su culpa su mejor amiga, la única persona, además de sus padres y los chicos del orfanato, que había permanecido siempre a su lado, estaba sufriendo. Esa noche, cuando todos dormían, entró en el baño, cargando un filoso cuchillo de cocina. Se metió en la bañera y se cortó las venas. Dejó la sangre correr, hasta que sintió que perdía la consciencia. Por fin podía dejar de hacer sufrir a las personas que le importaban. Porque con lo rencorosa que era Karen quién sabe cuánto tiempo tardaría en amenazar a las personas del orfanato. Así que lo mejor era desaparecer, esa fue su resolución.
Sin embargo, el destino seguía siendo cruel con ella. Maki abrió lentamente los ojos. ¿Estoy muerta?, se preguntó. Los párpados le pesaban y cuando abrió los ojos la luz del sol que se filtraba por la habitación la deslumbró. Intentó moverse, pero sintió un pinchazo en el brazo. Suero. Sentía dolor. Ah, entonces no había muerto. No sabía si sentirse aliviada o enfadada. ¿No había sido suficiente? ¿Quizás no había cortado lo suficientemente profundo? Bueno, fuera lo que fuera, estaba viva y tendría que enfrentar a Haruna, tarde o temprano. Entornó la mirada y notó que alguien dormitaba, con la cabeza recostada en su cama.
¿Eh?, imposible, no podía ser él. Ni siquiera la había llamado durante todo el tiempo en el que recibió humillaciones en la escuela. Entonces, ¿qué podía estar haciendo él ahí? Y, un momento… Miró por encima de la cabeza del muchacho que dormía. Era la cama de Haruna. Y… ella estaba despierta. Y la estaba mirando.
—H-Haru-chan… —alcanzó a balbucear. Vio que la otra sonreía. Ya no estaba conectada a ninguna máquina y, aunque pálida, no se veía tan mal como la otra vez.
—Buenos días, dormilona —saludó Haruna, con una leve sonrisa en los labios —Ha pasado mucho tiempo.
—Yo… —pero ese fue el momento en el que Ken decidió despertar.
—¡Maki! ¡Oh santo cielo, estaba tan preocupado! —y la abrazó, con cuidado de no lastimarla.
—K-Ken… —él se separó y la besó en la mejilla.
—Gracias al cielo, pensé que jamás despertarías —dijo él —Has estado así durante dos semanas —Maki lo miró, sorprendida —Estoy tan feliz de poder ver tus hermosos ojos otra vez —ella se sonrojó y desvió la mirada —Espera un momento, iré a llamar a tus padres —y salió de la habitación, dejando a las muchachas solas.
—Entonces, ¿cómo te sientes? —preguntó Haruna, con la vista clavada en las sábanas blancas que cubrían sus piernas. Maki se mordió el labio; aún en su condición, Haruna se preocupaba más por ella que por sí misma —Maki, ¿por qué lo hiciste? —esta vez Haruna clavó sus ojos en su amiga. Su rostro angustiado hizo que Maki se sintiera como la persona más despreciable. Aquello había sido tan egoísta de su parte. Sí, también su temor la había orillado a pensar en terminar con su vida —Lo siento.
—¿Eh? —Maki la miró, con gesto de incredulidad —Haru-chan, ¿por qué estás disculpándote? ¡Todo esto es mi culpa! Si tan sólo te hubiera escuchado, jamás debí involucrarme con Ken. Si tan sólo no hubiera sido tan idiota, tú no habrías…
—No, yo no debí haberte dicho esas cosas. Está claro que nadie puede mandar al corazón —la cortó Haruna —Te enamoraste de él y no hay nada que hacer al respecto. Además, puede que en verdad no sea tan malo —Haruna lanzó un suspiro —Ha estado aquí todos los días, desde que te internaron. Debe ser lindo tener a alguien que se preocupe tanto por ti. Maki, tal vez era yo la que estaba equivocada. Lo siento.
—¡No, tú no tienes que disculparte! —replicó Maki —¡Todo esto es culpa mía! Culpa de mi debilidad y mi egoísmo. No hay forma de excusar mi comportamiento. Es más… —agachó la mirada —ni siquiera debería estar viva. Todos estarían mejor si yo no estuviera aquí.
—Eres una estúpida —espetó Haruna —Dices que todos estaríamos mejor sin ti, ¿eh? No decidas esas cosas por tu cuenta, Maki. Tus padres te necesitan, los chicos del orfanato, incluso Yamamoto. Maki, por favor —la castaña notó entonces que los ojos de su amiga estaban llenos de lágrimas —yo te necesito. No me… no me… no me quites lo único bueno que le queda a mi vida. No te alejes de mí, por favor.
—¿Qué quieres…? —pero justo en ese momento, entraron Akira y Yukiko. Haruna volvió a recostarse y no dijo nada más.
—¡Maki, oh, Maki! —exclamó Yukiko, abrazando a la muchacha —¡Gracias al cielo! ¡Gracias al cielo! ¡Nos tenías tan preocupados!
—Maki, por favor, no vuelvas a hacer una locura como esa —añadió Akira, uniéndose al abrazo, con lágrimas en los ojos —Si Yukiko no te hubiera encontrado a tiempo, no quiero ni pensar… Maki, quédate con nosotros, por favor.
Maki lloró, abrazada a sus padres. Su calidez y su bondad, eran demasiadas y la chica no era capaz de manejarlas. Había estado sufriendo sola todo ese tiempo, pensando que su vida no valía nada, cuando en realidad había personas que se preocupaban por ella. Finalmente, después de tanto tiempo, Tachibana Maki sonreía de nuevo. Pero la vida no sería tan generosa con ella. No, al parecer la chica aún no había cumplido con su cuota de sufrimiento.
Después de un tiempo, Haruna y Maki regresaron a la escuela. Hablaron las cosas y todo volvió a ser como antes. Esa tarde, Maki se había quedado en una tutoría de matemáticas, miró la hora y recordó que ya Haruna debía estar terminando sus prácticas. Corrió hasta el sitio donde se ubicaba el club de natación. Empujó la puerta, pero la voz del entrenador del equipo de natación la hizo detenerse. Parecía estar discutiendo con alguien.
—No puedo creer esto, Nanase —decía el hombre —Ya te lo había dicho, ¿no es así? Que algún día tu temperamento iba a causarte problemas. Entonces, ¿esta es la resolución final del médico? ¿No hay nada que podamos hacer?
—Nada de nada —respondió Haruna, amargamente —Básicamente, tengo el hombro destrozado y no podré volver a nadar a nivel profesional —los ojos de Maki se abrieron como platos —Iré a terapia, por supuesto, pero tengo que olvidarme de la natación como carrera.
—Entiendo. No puedo creerlo —el entrenador suspiró —Que una nadadora tan talentosa como tú tenga que retirarse incluso antes de convertirse en profesional. Es una verdadera pena.
—Quizás, pero no me arrepiento de nada, entrenador. Y le agradezco todo la ayuda que me brindó. Lamento no poder traer el trofeo de los nacionales.
—No te preocupes por eso, ahora concéntrate en recuperarte. Ah, Nanase, por cierto, dadas las circunstancias, ¿has pensado qué vas a hacer cuando te gradúes?
—Oh sí, eso es muy simple —contestó —Voy a entrar a la Universidad de Tokio. Quiero entrenar a los mejores nadadores del mundo. Voy a convertirme en una entrenadora de renombre, ya lo verá.
—Estoy seguro de que así será, Nanase.
—Ahora, con su permiso, me retiro.
Maki retrocedió en cuanto escuchó los pasos de Haruna. No podía creerlo. Eso no podía estar pasando. ¿Por qué? ¿Por qué Haruna? No era posible. Maki se llevó una mano a la mejilla, había comenzado a llorar. Quiso escapar cuando el pomo de la puerta comenzó a girar, pero sus piernas no respondían. La puerta se abrió entonces, dejando ver a una sorprendida Haruna.
—Maki, ¿me estabas esperando?, lo siento, tenía que hablar con el entrenador acerca del nuevo menú de entrenamiento y… —notó que la otra lloraba y se mordió el labio —Lo escuchaste todo, ¿verdad? —la castaña asintió con la cabeza y Haruna suspiró —Bueno, así son las cosas. Pero no te preocupes por eso, Maki. Yo estoy bien y… —Maki la abrazó con tanta fuerza que casi la tira al suelo —¿Maki?
—¡No trates de hacerte la fuerte, Haru-chan! —replicó la castaña —Sé que duele, pero yo estoy aquí. Así que si necesitas llorar, yo voy a…
—P-Pero qué dices, y-yo no… —Haruna correspondió el abrazo y sus lágrimas comenzaron a humedecer la blusa de Maki. Se quedaron un buen rato así, abrazadas, consolándose. Sabiendo que, a pesar de todo lo que había sucedido, siempre se tendrían la una a la otra.
El tiempo pasó. Haruna recuperó su sonrisa y su actitud juguetona. Karen y sus secuaces habían sido expulsadas de la escuela en cuanto se descubrió lo que habían hecho. La relación de Maki y Ken progresó de una manera que incluso Haruna fue aceptándola poco a poco. La felicidad había regresado a la vida de Maki. O al menos de momento. Había llegado el momento de la graduación. Esa noche, Ken había organizado una fiesta en su casa, una mansión ubicada en las afueras de la ciudad.
Ken presentó a Maki enfrente de todos sus amigos. Haruna se mantuvo cerca de Maki, hasta que fue arrastrada por sus kohais del equipo de natación, quienes no dejaron de pedirle consejos acerca de la forma de entrenar y la alimentación. Maki sonrió al notar el gesto de felicidad en el rostro de su mejor amiga y simplemente la dejó estar. Después de todo, ella podía cuidarse por sí misma. O al menos eso era lo que pensaba.
—¿En verdad no quieres un trago? —preguntó entonces Ken, abrazándola. Ella negó con la cabeza —¿Ni siquiera un poquito de vodka?
—Soy pésima para el alcohol. Mejor no.
—Entonces te traeré un refresco, ¿está bien? —ella asintió con la cabeza y Ken fue a la cocina, dejando a Maki sola con sus amigos. Maki comenzaba a sentirse incómoda con la forma en que ellos la miraban. No tenía que haberse puesto esa falda.
—Vaya, qué clase de bombón se consiguió el capitán esta vez —decía uno de los chicos, sentándose tan cerca de Maki que esta podía percibir el olor a alcohol salir de su boca —Eres muy hermosa, Tachibana. Aunque supongo que eso has de escucharlo muy a menudo —Maki agachó la mirada, sonrojada —Sólo viéndote, me dan ganas de… —la castaña pegó un brinco en cuanto sintió la mano del sujeto recorrer su muslo.
—Es suficiente, idiota, la estás asustando —Maki suspiró aliviada en cuanto Ken apareció y golpeó al otro chico en la cabeza —Lo siento, cariño, toma —y le entregó un vaso con gaseosa. Maki bebió un trago y al instante comenzó a sentirse mareada. Su vista estaba nublada, pero meneó la cabeza un par de veces, pensando que quizás estaba demasiado cansada.
—Está bien, pero oye, no tenías que golpearme —se quejó el chico —Lo siento mucho, Maki-chan —ella simplemente sonrió y continuó bebiendo.
—Maki-chan, ¿qué piensas hacer ahora que nos hemos graduado?
—Ah quiero ir a la Universidad de Tokio y estudiar Química —contestó ella —También me gustaría conseguir un trabajo de medio tiempo para ayudar a mamá Yukiko y papá Akira. No quiero que ellos sigan preocupándose por mí. Suficientes gastos tienen con todos los niños del orfanato.
—Eres tan noble, Maki —dijo Ken, besándola en la frente —Por eso te amo —la chica sonrió tontamente, antes de dejar caer su cabeza contra el hombro de su novio —Cariño, ¿te sientes bien? —el vaso se deslizó de entre sus dedos, derramándose el contenido restante en el suelo. Maki asintió con la cabeza, pero estaba claro que no estaba nada bien. Su cuerpo no respondía y no era capaz de pensar con claridad.
—C-Creo que estoy a-algo cansada —balbuceó —V-Voy a buscar a Haru-chan y d-decirle que iré a casa antes —intentó ponerse de pie, pero se desplomó en brazos de Ken.
—Imposible, no puedo dejar que te vayas así —replicó Ken —Ven, descansa un rato en mi habitación —la cargó en sus brazos y ascendió por las escaleras, con sus dos amigos detrás de él —Iré a buscar a Nanase, espera aquí —la dejó sobre la cama y ella asintió con la cabeza.
Maki se sintió entonces incapaz de abrir los ojos o mover el cuerpo. La cabeza le daba vueltas. Lo único que escuchó fue el sonido de la puerta al cerrarse. Sintió un peso sobre la cama y… de pronto unas manos frías acariciando sus muslos. Maki se sobresaltó y abrió los ojos. Pero sólo veía dos sombras moverse sobre ella, ¿desvistiéndola?
—¿Q-Qué…? —balbuceó.
—Quédate tranquila, bombón, ya verás que te haremos sentir muy, muy bien —reconoció la voz de uno de los amigos de Ken.
—¡N-No! ¡A-Ayuda! —ni siquiera tenía fuerzas para gritar, mucho menos para forcejear. ¿Qué le estaba pasando? Esa bebida… ¿tenía algo? No, Ken jamás sería capaz de hacerle eso. Pero, pronto Maki sólo tenía puesta sólo su ropa interior. Su cubrió el pecho con las manos.
—No te resistas, belleza. No queremos lastimarte —dijo el otro, apresando las muñecas de la castaña con una mano, mientras su compañero le abría las piernas.
—Deja que veamos ese cuerpo del que tanto presume Ken.
—¿P-Por q-qué…?
—¿Por qué? —rió uno —Cómo se nota que no conoces a Ken, Maki-chan. ¿Acaso creías que en verdad estaba enamorado de ti? ¡Ja, pobre ingenua! Hicimos una apuesta, a ver quién lograba acostarse primero con el "ángel de Kioto". Estaba claro que él iba a ganar, porque tú no puedes negarte a nada que él te pida, ¿verdad? Así que dijo que ya no tenía gracia, porque era un reto que podía cumplir fácilmente.
—Al final dijo que estaba bien que nosotros también disfrutáramos. Y por eso estamos aquí —Maki escuchó el sonido de una cremallera abrirse, al tiempo que la ropa interior se deslizaba por sus muslos.
—¡No! —gritó, cerrando las piernas. Podía sentir la lengua de uno de los sujetos en su cuello, pasando por su pecho, deslizando el sujetador por sus hombros, para atrapar uno de sus pezones entre sus dientes. Maki comenzó a llorar, pero se le escapó un gemido involuntario.
—Bueno, bueno, quizás los rumores de que es una zorra son ciertos, ¿no crees? —dijo uno —¿Crees que esta sea su primera vez? —el otro le besó el abdomen, antes de comenzar a introducir sus dedos en la intimidad de una aterrada Maki. La castaña lloró con más fuerza, pero al parecer no había nadie que la salvara esa vez.
—Vamos a hacerlo de una vez —dijeron —Ya no puedo aguantar más —y cuando parecía que estaba todo perdido y que Maki acabaría siendo violada, la puerta se abrió de golpe.
—¡Maki! —la castaña entornó la mirada, viendo cómo una encolerizada Haruna apartaba a los sujetos de ella, dejándolos en el suelo —Maki, Maki, ¿estás bien? —Haruna la ayudó a sentarse y le dio un poco de agua. Maki sintió que sus pensamientos se aclaraban y miró a su amiga, con lágrimas en los ojos —¿Te hicieron algo? —la castaña negó con la cabeza —Menos mal. Vamos, te ayudaré a vestirte y te sacaré de este lugar.
—Nanase Haruna, tan entrometida como siempre —cuando Haruna ayudaba a Maki a colocarse de nuevo la ropa interior, Ken apareció —Además, tienes el atrevimiento de destrozar mi puerta y golpear a mis amigos.
—Y tú, malnacido —la peli azul arropó a Maki con su suéter —Tuviste el atrevimiento de jugar con los sentimientos de mi mejor amiga, de mi hermana. Lo vas a pagar muy caro.
—No, Nanase, esta vez no te vas a salir con la tuya —dijo Ken —La única razón por la que actué como un buen novio fue para esto. ¿No entiendes que lo único que quiero es acostarme con ella? —Maki se abrazó a sí misma, temblando y llorando con más fuerza, al darse cuenta de lo estúpida que había sido —Quítate.
—En tus sueños —y se colocó en posición de combate —Voy a darte una lección y a sacar a mi mejor amiga de aquí —Ken suspiró.
—Como se nota que no aprendes. ¿Quieres volver a recibir una paliza?
—¡No! —gritó Maki —¡No, por favor! ¡Haré lo q-que me pidas! Pero no lastimes a… Haru-chan…
—Eso es, buena chica. Ahora, hazte a un lado, Haru-chan —pero la chica le propinó un puñetazo tan veloz que él no fue capaz de esquivarlo —Estúpida —chasqueó los dedos y un par de sujetos aparecieron detrás de él. Haruna los reconoció al instante, habían sido miembros del club de Judo y eran campeones nacionales —Inmovilícenla. No la lastimen demasiado, quiero que sea testigo de lo que voy a hacer.
—¡Si piensas que voy a dejar que…! —pero uno de los corpulentos sujetos la sujetó del hombro lesionado, haciendo que cayera al suelo al instante. En un momento, Haruna estaba completamente inmovilizada.
—Entonces, cariño —Maki sólo podía ver cómo Ken se quitaba el cinturón y se bajaba la cremallera, antes de acercarse hacia ella, gateando —Déjame ver esa hermoso cuerpo que tienes.
—¿P-Por qué…?
—Maki, estoy harto de preguntas estúpidas —contestó —Sólo acuéstate y abre las piernas —ella negó con la cabeza y se abrazó las piernas contra el pecho —Maldición, acuéstate.
La arrojó a la cama sin delicadeza, apresó sus caderas con las piernas y le sujetó las muñecas con una mano. Enterró su lengua en la boca de la chica, dejándola sin aliento. Maki no dejaba de llorar. Pasó a su cuello y la mordió, dejando marcas rojizas. Su mano libre se encargó de retirar las prendas que Haruna le había vuelto a colocar. Mordió sus pezones, deslizó la lengua por la piel ajena.
Ken la soltó un momento para quitarse la ropa interior, liberando su erección. Luego, se acomodó entre sus piernas y la penetró. Maki lanzó un ensordecedor grito de dolor. Haruna se mordió el labio hasta hacerlo sangrar. No podía hacer más que mirar cómo aquel malnacido hacía lo que quería con su mejor amiga. Maki podía sentir la sangre deslizarse entre sus muslos. Dolía, maldición, dolía mucho. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle todo esto?
Completamente exhausta, aún con los efectos de la droga en su cuerpo, Maki se sentía como una muñeca rota. Ken no se detuvo hasta satisfacerse él mismo, derramándose en el interior del cuerpo de la indefensa muchacha. Dejó caer su cuerpo sobre el de ella, robándole un último beso antes de levantarse, limpiarse y volver a colocarse el pantalón. Sin mirar atrás, Ken salió.
—Ya pueden soltarla —ordenó —Haru-chan, tienen diez minutos para salir de aquí.
Haruna, olvidándose del punzante dolor en su hombro, se acercó hasta Maki para ayudarla a vestirse. Se había quedado en posición fetal y se estremeció en cuanto Haruna se le acercó. Con dificultad, Haruna logró vestir a Maki y ambas abandonaron la casa de Ken, sin que nadie se diera cuenta. Maki no quería regresar al orfanato, en cambio, le pidió a Haruna que la dejara quedarse en su casa.
Maki tuvo pesadillas y lloró toda la noche. Y Haruna estuvo allí todo ese tiempo, a su lado, reconfortándola. Tuvo que guardar su distancia, puesto que la castaña tenía miedo del contacto. Y no era para menos. Haruna maldijo a Yamamoto Ken, deseando que sólo le sucediera lo peor.
Maki tuvo que regresar al orfanato un par de días después, pues no quería importunar a Haruna, además, tenía que concentrarse y prepararse para el examen de admisión de la universidad. Fue después de esta experiencia que Maki aprendió a lucir aquella sonrisa falsa que tan común se volvería después. Haruna fue su sostén, su psicóloga, quien le ayudó a "superar" aquel trauma.
Pasó el tiempo y, con la admisión a la universidad asegurada, a Maki le llegó el momento de partir a Tokio. La despedida fue difícil para todos, desde sus padres adoptivos hasta los pequeñines del orfanato, que se habían encariñado tanto con ella. Pero le había llegado el momento de dejar atrás Kioto, la ciudad que tantas cosas le había enseñado.
La castaña llegó a Tokio y se mudó a las residencias estudiantiles cerca de la universidad, junto con su amiga Haruna. Sus apartamentos estaban uno al lado del otro, así que las cosas no cambiaron mucho entre ellas. Seguían siendo las mejores amigas, casi hermanas. Las clases comenzaron y en conjunto Maki comenzó a trabajar medio tiempo en una cafetería. La felicidad y la paz habían regresado a su vida. Hasta esa tarde, cuando se desmayó en el trabajo. Su jefe la obligó a ir al médico y realizarse varios exámenes.
Una semana después, con los resultados de los exámenes, Maki recibiría una noticia que cambiaría su vida para siempre.
—¿D-Disculpe?
—Como lo he dicho, Tachibana-san, —repitió el médico, con una sonrisa —tiene un mes de embarazo. ¡Muchas felicidades!
Y entonces Maki sintió que se le venía el mundo encima.
En el siguiente capítulo termina de revelarse el pasado de Maki y, ¡viene el pasado de Makoto! Es que ponerlo todo ya extendía demasiado el capítulo.
También, he recibido varios mensajes y comentarios preguntándome si Rin y Haru van a conocerse. La verdad es que sí tenía planeado que se conocieran, pero no tenía pensado que sucediera mucho entre ellos. Pero, ¿les gusta el RinHaru?, dependiendo de las respuestas, podría considerarlo y poner un poco sobre ellos.
