Lamento el retraso! . espero que les guste. No puedo evitar sentir que a Kanda lo puse muy...umm...amable...oh...lo que sea...
Dgray-man no me pertenece.
Aurora
Llorar y llorar, llorar y llorar, era lo único que hacia Allen, sin embargo, llevaban 3 piches horas intentando calmar al albino, pero, este que parecía con complejo de marica, seguía llorando, ¿Le había dolido el sentón tanto así?
Pero eso no era lo único por lo que se preocupaban, puesto que las venas homicidas de Kanda se amontonaban cada vez mas, impresionando incluso a Lavi, cuyas bromas no llegaron hasta el limite donde se encontraba el japonés.
Pero eso, si bien sabiendo que Kanda era humano, no podía optar por la violencia todo el tiempo ¿o si?
Puesto que lo único que quería era termina con esta cagada de misión, suspiro y una muy gran idea le llego al cerebro.
¡Aplauso para Kanda!
-Moyashi, ¿quieres un caramelo?- dijo, ingenioso, Kanda.
El llanto y los sollozos pararon en un santiamén, Lavi al ya no escuchar los lloriqueos del pequeño, se alivio.
Allen miro a Kanda, con ilusión, ¿Un caramelo? ¿Enserio? ¡Dámelo!, eso era lo que decían en aquel momento los ojos del albino, puesto que, al ser alguien que no debía ni debería de querer aprender a hablar, le era imposible mencionar una sola palabra, aunque, podía aprender.
Ahora, el problema era, como se las empañaría para sacar un caramelo, no le va a salir del sombrero, ni que fuera mago, y, odia los dulces, ¿para que llevar uno en el bolsillo?
-Te lo daré si nos acompañas- dijo Kanda, dudoso de lo que decía, no le queda mucha cordura y eso le impedía pensar una buena excu- digo, explicación.
-¡Yay!- Allen agradecido por la repentina amabilidad de Kanda, se apapacho contra el cuerpo del nipón, así, todo cute.
Y tuvo razón, si bien había presentido una de las características más inoportunas de Allen, era que, si lloraba de tal manera, era porque tenía un lado infantil, ¿Y a que infante no se le engaña, soborna o complace con un dulcito?
¡AURORA!
Corrían velozmente a través de los pasillos, Kanda cargaba de Allen mientras que este reía divertido como si de un juego se tratase, puesto que al dar unos cuantos pasos, luego de caminar 3 metros, cayo, y así 5 veces más, colmando a Kanda.
Saliendo de aquella habitación se encontraron de nuevo con el raro holograma rojo, quien les había dado un pasadizo secreto para que pudieran salir rápidamente.
Pero el sentido de orientación de Lavi era tan malo que pronto se perdieron, hirviéndole la sangre a Kanda sin darse cuenta que, bueno, había puesto sus manos en…eh…lugares "privados" aun desconocidos para el nipón, y Allen, el solo se sonrojaba y dejaba salir una risita angelical, y el japonés dándose cuenta tardamente de la situación en la que se encontraba, solo podía subir sus brazos, alejándolas de los muslos y el trasero de Allen.
Me pareció que la segunda vez ya había sido consciente.
Y sin embargo, aun con su alta experiencia y cautela, eran perseguidos por una horda de vigilantes dispuestos a arrebatarle de las manos al albino.
Saliendo casi por casualidad de aquel lugar tan complejo, subieron al helicóptero que les esperaba para la escapada perfecta, se prepararon para el despegue, y así el helicóptero pudo salir de ahí.
El albino mantenía sus manos apegadas al vidrio de la ventana que tenia mas cerca, maravillado por el paisaje, pasaron por un gran prado, diferentes hectáreas y campos, casas rurales y muchas granjas, junto con gran variedad de animalitos de granja que desde aquella altura se veían como puntitos, creando así un gran y colorido dibujo.
Al llegar a la Black Order
Caminaban dirigiéndose a la oficina del jefe principal, cabeza del departamento científico, que seguramente, estaría vagando, tomando un café o simplemente, molestando a alguien por ahí.
Las puertas se abrieron y todas las personas que se encontraban en el ámbito centraron su mirada en la de los dos exorcistas y el Aurora que en ese momento entraban.
-¡Chicos!- hablo, un hombro alto con una extraña bata, un sombrero algo ridículo, lentes y de característica china, Komui Lee.
-Aquí tienes- dijo Kanda, entregándole en brazos a Allen, como si se tratase de un objeto sin importancia, un simple saco de papas muy problemático.
Enseguida que se libro de aquel chico se encamino hacia la salida, no obstante se detuvo al escuchar algo que para el era pecado.
-¡YUU!-
Pecado para el, que le llamaran por su nombre.
Se voltio, pensando que había sido el conejo idiota otra vez, sin embargo, no era el.
Ahí, en frente de el, con los brazos en su pequeño pecho, Allen, con su casta mirada suplicaba para que Kanda se quedara, viéndole inocentemente.
-¿Qué quieres Moyashi?- dijo Kanda.
¡Ah! Lo había olvidado, ¡El caramelo! Debía de ser eso.
Registró su bolsillo con la esperanza de encontrar aunque fuera un diminuto caramelo de menta, exitoso, levanto la mano para encontrar un caramelito rojo con una envoltura transparente.
Se lo dio, como recompensa por haber obedecido a todas sus órdenes y haberles acompañados hacia la Black Order.
Sin embargo, no era lo que Allen quería.
Salio de aquel lugar, escuchando nuevamente su nombre y toda clase de sonidos, desde golpes a sollozos. Pero a el no le importaba ¿verdad? Había cumplido su misión, y no tenia que interactuar con aquel experimento ¿verdad? Aunque no sabia porque pero, verle llorar de aquella manera tan…dolorosa, era algo que le apuñalaba y se incrustaba por dentro, haciéndole sentir culpable.
Dentro de la oficina.
-Llévenlo al laboratorio- dijo Komui, serio.
¿Laboratorio?
Al escuchar esa palabra Allen palideció, no pensaban volverle a encerrar…no… ¡El no deseaba eso!
Le tomaron de los brazos, arrastrándole hasta una gran puerta con un aviso: "Warning" era su escritura.
La puerta se abrió automáticamente, y dentro, se encontraban miles de computadoras, cables y un montón de pantallas, muchas mas que en la habitación que por meses el había estado.
Luego de tres días.
Habían pasado 4 días desde aquella molesta misión y para el todo había vuelto a la normalidad, dormía, entrenaba, comía, se bañaba, entrenaba, comía y evitaba verse con Lavi. Todo en orden.
Sin embargo, no podía sentir la simple curiosidad que querer saber que había ocurrido con aquel chico llamado Allen Walker. Llevado por intriga, se encamino hacia la sección científica, entro, e ignorando a todo mundo entro al "laboratorio" donde "cuidaban" del Moyashi.
Y ahí estaba, en una cúpula especial, encadenado a una pared.
Se acerco más, para verle más detalladamente. Afino su vista.
Con unas que otras cortaduras, las muñecas sangrándole, aun aquel abrigo que le dio Kanda cubriéndole, todo roto, cabizbajo, y un sin fin de raspones y diferentes marcas de inyecciones y puntos.
¿Qué clase de cuidados eran estos?
Su mundo se devastó, al verle temblar, al verle levantarse y comenzar a llorar desconsoladamente, forcejeando las cadenas para soltarse y romper el vidrio, para llorar en su pecho, para pedirle con una mirada que le sacara de allí, para que…el mismo le cuidara.
Sin embargo, fue el mayor quien dio el primer paso.
-Habrán la puerta- hablo, enojado, cortante, con el seño fruncido y una tremenda ira, Kanda.
-P-pero Kanda-sama…p-puede ser peligro- no logro terminar aquel tipo, pues Kanda le agarro del cuello de la camisa, mirándole amenazante.
"Oh abres, o yo utilizare tu cabeza para romper el vidrio" era lo que decían aquellos ojos llenos de ira.
-¡H-h-hai!- apretó un botón cualquiera, y la puerta se abrió.
Lo soltó de golpe y se dirigió de volada hacia el pequeño, tomo las llaves que se encontraban colgadas a la pared.
Entro, y se detuvo.
Mirándose ambos, sin hablar, solo diciéndose incoherencias con sus miradas, nada decían, nadie se movía.
Kanda corto el momento mirando a todos lados, se podía ver cables y gotas de sangre esparcidas por toda la cerámica del piso, al parecer el muchacho les había dado batalla.
Se acerco lentamente, desatando las cadenas.
Una vez viéndose libre, se abalanzo contra Kanda, abrazando desesperado su cuello, llorando mares de lágrimas llenas de dolor y sufrimiento, aquellos 4 días habían sido insufribles.
Kanda opto por no decir nada, abrazando levemente a Allen, para no lastimarle, haciendo de pañuelo para secarle sus lágrimas, consolación para que ya no sintiera el dolor tanto físico como mental, y refugio, protegiéndolo de su calvario.
Tan dependiente se había hecho de aquel frío hombre llamado Yuu Kanda,
Añorando por estar un momento junto a el
Desde aquel día que por primera vez sus miradas se encontraron,
Y poco a poco, encariñándose ambos.
Aurora
Reviews&Reviews~ owo~ gracias a todos los que me dejen sus cutes reviews~ que con ellos yo respiro! kyaa! ;o;!...
