Continuación…
&&&&MasamuneRitsu&&&&
Ritsu había observado con disimulo a Takano durante la cena. Éste estaba sentado en la punta de la mesa, en el lado opuesto a él, y ni siquiera le dirigía la palabra o le miraba. Y no sólo eso. Cuando llegó a su habitación, se encontró con que Masamune estaba acostado en su futón, tapado hasta la cabeza y que el futón estaba casi pegado a la pared y no en el centro de la habitación como había estado la noche antes.
Definitivamente se había enfadado con él, para no haberse despedido durante la cena, ni haberle dirigido la palabra desde que estuvieron en las aguas termales. ¿Acaso estaría enfadado por no haberle besado? Puede que Takano se hubiese enfadado porque le tiró agua en la cara. A mucha gente eso le molestaba. Pero es que él quería llamarle la atención de alguna forma, ya que por más que le hablaba, el más alto le estaba ignorando. Tenía que disculparse con él por su comportamiento infantil.
Aunque era de noche, Ritsu permanecía metido en su futón con los ojos abiertos. Miraba la silueta de la espalda de Takano en la oscuridad. Esa sería seguramente otra noche más en la que no podría conciliar el sueño tan fácilmente, aunque realmente estaba cansado y los ojos le pesaban bastante. Quizá el más alto mañana volviese a ser como de costumbre. A lo mejor se estaba preocupando demasiado. Puede que sólo hubiesen sido imaginaciones suyas. Total, él siempre sacaba conclusiones precipitadas. En cualquier caso, mañana le pediría perdón.
No se dio cuenta de en qué momento fue, pero abrió los ojos con rapidez y algo exaltado.
–Me he dormido –susurró para sí mismo. Cambió de posición y se dio cuenta de que el futón del pelinegro no estaba en su lugar. Se incorporó, quedando sentado y girando la cabeza hacia ambos lados, comprobó que efectivamente no estaba por ningún lado de la habitación. Despacio y sin hacer ruido, se puso de pie y caminó hacia la puerta, pensando hacia donde se podía haber ido el otro y por qué motivo. Al abrir la puerta, se encontró con que el otro dormía dentro del futón, en la habitación contigua que era donde le servían el desayuno.
Eso sí que le había molestado. ¿Por qué se había salido de la habitación? Ahora mismo iba a hablar con él. Ya no esperaría a que saliera el sol. Con pasos decididos, se acercó al futón y se arrodilló a su lado. Con ambas manos y sin miramientos, zarandeó al que dormía boca arriba para que se despertase.
–Takano–san –susurró–. Despierta.
El otro abrió los ojos somnoliento– ¿Qué pasa? –preguntó.
–Eso tendría que preguntarlo yo. ¿Por qué te has ido de la habitación?
–Ah. Sólo era eso –agregó despreocupado, cambiando su postura para ponerse de lado y cerrar los ojos–. Me picaba un mosquito –contestó, al darle la espalda a Ritsu.
Ritsu sintió un tic nervioso en su ojo izquierdo. Se puso de pie y rodeando el futón, se puso de rodillas frente a Takano–. ¿Cómo que te picaba un mosquito? Estamos en invierno, no hay mosquitos. –aclaró con cierto enfado.
–Jouh –agregó sin abrir los ojos, girando su cuerpo hacia el lado contrario.
–¿¡Cómo que jouh!? –Seguía susurrándole, ahora algo más alto y sentía que iba a gritar de un momento a otro, si eso se alargaba más–. Takano–san. Regresa a la habitación. –siseó.
–No. Aquí estoy bien. –agregó.
–Está bien –contestó enfadado poniéndose en pie. Se agachó para coger la almohada y quitarla, viendo que el otro daba un cabezazo. Cuando el otro sacó los dos brazos para tocarse la cabeza, el de cabello castaño puso sus manos alrededor de su pecho y cómo pudo, arrastró al pelinegro fuera del futón, dejándolo en el suelo estirado. Para cuando Masamune se incorporó, Ritsu ya cargaba con el futón en los brazos y se lo llevaba con cara de pocos amigos a la habitación.
El más alto se sobó la cabeza con una mano y apoyando la otra en el suelo, se puso de pie, viendo cómo la luz de la habitación se encendía y cómo Ritsu salía a la puerta.
–¡Ven! ¡Tenemos que hablar! –exigió con un susurro fuerte, perdiéndose de vista.
Masamune suspiró, sabía muy bien de qué quería hablar Ritsu, pero intentaría hacerse el despistado por más tiempo.
Entró en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Ritsu estaba sentado en el suelo con las piernas y los brazos cruzados. Su cara denotaba que estaba enfadado.
–¿No podemos dejar la charla para mañana? Me gustaría dormir –agregó el más alto, poniéndose de rodillas frente a él.
–No. –fue tan rotundo, que incluso Masamune no se lo esperaba–.Ya me estás diciendo porqué te has estado comportando así.
–¿Así cómo? –preguntó enarcando una ceja.
–No te hagas el despistado. Sabes perfectamente a lo que me refiero. ¿Estás enfadado conmigo? ¿He hecho algo que te haya molestado? Si es así, dímelo para poder disculparme.
Silenció unos segundos, pensando en las palabras del menor–. Tranquilo. No es eso. –contestó, al tiempo que desviaba la mirada hacia otro lado, como si encontrase algo interesante en la pared.
–¿Entonces por qué te comportas así conmigo? –Preguntó ansioso por saber la respuesta–. Además ni siquiera quieres mirarme. ¿Crees que no lo noto? ¡Es más, ahora ni siquiera me miras! –subió un poco el tono y cuidó de no volver a hacerlo, si no quería despertar a sus otros dos compañeros. Apartó la mirada un poco y dijo lo único que se le ocurría, mientras su mirada se afligía–. ¿He dejado de gustarte?
Masamune pareció reaccionar ante esas palabras. Devolvió su vista hacia el más bajo y lo notó preocupado, como si estuviera entristecido–. Al contrario –se decidió a contestar por fin, ya que Ritsu lo había arrinconado con esas palabras–. Cada vez me gustas más –al ver el sonrojo notorio en las mejillas del otro, decidió proseguir–. En los baños quería besarte. En mi cabeza se formó un caos entre lo que sentía y lo que debía de hacer. Por otra parte, pensé que si te besaba ahí, alguien podría vernos y eso te perjudicaría, ya que a mí me daría igual lo que me dijesen. Así que preferí no acercarme a ti hasta que se me pasaran las ganas. –suspiró–. Me senté en la cena bastante lejos, incluso me fui a la cama antes que tú con el plan de quedarme dormido antes de que llegases y así no verte hasta mañana. Pero no podía conciliar el sueño y cada vez que te veía, sentía con más fuerzas que debía besarte. –se detuvo unos segundos, para poner su mano en la cabeza de Ritsu y acariciarle los cabellos como era su costumbre–. No estoy enfadado contigo. Sino conmigo mismo. Quiero respetarte todo lo posible hasta que seas para mí –suspiró de nuevo, retirándole la mano y viendo cómo los ojos verdes ahora le miraban–. Pero cada día se me hace más cuesta arriba.
–Está mal que yo lo diga pero… ya nadie le guarda tanto respeto a nadie. Sólo la gente antigua era así.
–¿En serio? –se quedó pensativo unos segundos, mientras analizaba su frase y a los jóvenes de la actualidad–. Será porque me crié en un dojo de espadas con mis abuelos. Soy muy conservador. –Le miró fijamente y le sonrió con picardía–. Y tienes suerte de que piense así. Sino en la primera semana de conocernos, ya lo hubiésemos hecho en mi casa –ante la mirada atónita del otro, se cruzó de brazos e intentó volver a la conversación–. Solamente quiero proteger lo que quiero, aunque sea de mí mismo, mientras pueda. Además… lo único que tienes que hacer es aceptarme de una buena vez y así los dos estaríamos bien. –Agregó con una sonrisa, como si fuese algo natural–. Ni yo seguiría sufriendo por ti, ni tú por mí.
–Yo… por ahora. –Bajó un poco su mirada–. Estoy bien así. No sufro por ti, ni por nadie. –agregó con tono apagado. Sintió cómo el más alto le cogió la mano y cómo depositó un beso en ella.
–Te has vuelto un mentiroso irremediable con los años. Pero eso también me gusta de ti. –añadió depositando otro sedoso beso en la misma zona.
–No miento. No estoy enamorado. –levantó la vista para poder verle.
–Pero, eso puede cambiar, ¿verdad?
–No lo hará. –agregó con seguridad, sin dejar de mirarle a los ojos.
–¿Cómo estás tan seguro? Yo no elegí el momento en el que me enamoré de ti. Ese día sólo estaba holgazaneando tras unos setos.
–Yo no me enamoro tan fácil. –le informó.
–Jouh –alargó la frase–. Entonces no tengo ninguna posibilidad contigo. –Cambió la posición de la mano del menor que todavía tenía agarrada, para depositar otro beso.
–Siendo así. ¿Qué harías? –preguntó interesado, sin apartar su mirada de los ojos marrones.
–Volvería a mi ciudad natal. Después de todo, nada más me retendría aquí. Es más, tengo pensado hacerlo en unos meses si no consigo mi objetivo. –Sonrió con confianza–. Pero no creo que sea así. Es más, me atrevería a decir que tengo una posibilidad de estar contigo como pareja. –sonrió confiado.
–¿Cómo puedes estar tan seguro?
–Porque llevo un buen rato besándote la mano y no me has detenido, ni me has retirado la mano o te has quejado. –le hizo ver con evidencia.
En el momento en el que Ritsu cayó en la cuenta de que el más alto llevaba razón, se puso nervioso y se soltó del agarre con un tirón–. Eso es porque tengo sueño y estoy cansado. Es más, no recuerdo ni de qué estábamos hablando. Así que si me disculpas, voy a dormir. Buenas noches –se puso de pie tan rápido como pudo y se metió en su futón, dándole la espalda al pelinegro.
–Querrás decir, buenos días. Ya está amaneciendo. –Le informó al tener la ventana en su punto de mira–. Aunque creo que yo también dormiré, estoy realmente agotado. –Se puso de pie y caminó hasta su futón, que estaba de nuevo en su sitio tras haberlo colocado Onodera–. Bueno, puedo meterme contigo –decía metiéndose en el suyo.
–¡Ni se te ocurra, además ya estoy dormido! –agregó nervioso.
–Jajaja. Si estuvieras dormido, no estarías hablando –decía acomodando su cabeza en la almohada. Sonrió confiado mientras cerraba los ojos. Ahora estaba seguro de que tenía alguna posibilidad con él, aunque fuese remota. Lo único que debía de hacer era tomar las cosas con calma y seguramente el trabajo, daría sus frutos.
Onodera, se miraba la mano con una tímida sonrisa. Tenía sueño, sí. Pero esa no había sido la razón por la que no había alejado a Masamune de él. Le gustaban esos besos. Esa delicadeza con la que lo trataba. Esa sensación de cariño que le transmitía. Se sentía feliz de tenerle cerca. Y aunque lo había negado ante Takano, estaba seguro que había terminado enamorándose de él.
&&&&MasamuneRitsu&&&&
En esos días, todos se habían divertido mucho. La verdad es que Ritsu se lo había pasado bien a pesar de sus propios malentendidos con Shouta y con Takano. Había visitado lugares que jamás había visto antes y estaba contento. Posiblemente iría de nuevo a otras vacaciones de empresa. No recordaba cuando había sido la última vez que se había divertido tanto en tan poco tiempo.
Se habían despedido de sus compañeros tras bajarse del autobús. Caminaban por la plaza de Shibuya con su equipaje. Como esperaban, estaba bastante transitado de gente. Ambos llevaban sus macutos colgados del hombro mientras hablaban y reían al recordar ciertas escenas graciosas durante esas vacaciones. Delante de ellos se encontraba la estatua del famoso perro Hachiko. A su alrededor había algunos dibujantes sentados en los bancos desde distintas perspectivas. Aunque llevaban sólo un cuaderno de dibujo y no un lienzo con un caballete, sabían que eran dibujantes, porque no era la primera vez que eso sucedía.
–¡Woh! Ya estamos en tu plaza, Hachiko–kun –dicho esto con una sonrisa pícara, le revolvió los cabellos al más bajo con su mano, quien puso cara de molestia de inmediato.
–Takano–san. Te he dicho un millón de veces que no soy un perro. –se volvió a subir de nuevo la cuerda del macuto al hombro.
–Jajaja. Claro, claro. ¿Pesa mucho? –le preguntó cambiando de conversación.
–Estoy bien. –respondió–. Aunque algo sediento.
–Ahora que lo dices. Yo también –respondió mirando a su alrededor, viendo la máquina de las bebidas a lo lejos–. Espérame aquí. Iré por unos refrescos a la máquina expendedora.
–No es necesario que te molestes. Ya estamos cerca de casa. –refirió.
–Da igual. La temperatura está comenzando a bajar un poco. Te traeré algo caliente. –respondió, dándose media vuelta para ir en busca de los refrescos.
Para antes de que Ritsu pudiera volver a insistir en que no hacía falta, Takano se había perdido entre la gente. Suspiró para relajarse. Estaba algo cansado por el viaje. Dudaba que el más alto lo pudiese encontrar entre tanto bullicio de nuevo. Lo mejor sería estar cerca de algo que llamase la atención y por lo que no pasase mucha gente. Miró hacia la estatua.
"Es un buen lugar, pero…", descartó la idea al ver que de esa manera, estorbaría a los dibujantes. "¿Y cerca de la fuente?", estaba lleno. Miró en los bancos y estaban todos ocupados. "Quizá cerca de algún árbol. Aunque no puedo pisar el césped. Pero así no estaré al lado de tanta gente." como pudo, intentó abrirse paso ante la gente, pero cuando se dio cuenta, alguien lo había empujado por detrás. Estaba seguro que no había sido adrede, pero provocó que él chocara contra otra persona. Agarró su macuto para evitar que éste cayera al suelo.
–Perdone –se disculpó un chico.
–Lo siento, no le había… visto –finalizó casi sin habla, al ver de quien se trataba.
–¿Ritsu? –preguntó un chico de ojos marrones, con cierto tinte rojizo y cabello de color entre rubio y castaño.
–Yuu. –pudo vocalizar.
–¡Qué bien! –Celebró– ¡Realmente eres tú! ¡Ha pasado tanto tiempo que pensé que te había confundido! –decía en un tono alegre y cara sonriente.
–Jum –le dio la razón al emitir un sonido de su garganta. Ni se atrevía a abrir la boca. Más bien, sentía que no podía.
–Dime, ¿vienes mucho por aquí? ¿Vives cerca? Hace mucho que no hablamos, quizá deberíamos quedar un día para hablar.
Esquivó la mirada. Realmente estaba incómodo. Agarró con algo de firmeza la cuerda de su macuto–. Lo siento. –pudo decir con la mirada afligida–. Estoy muy ocupado, así que no creo que eso pueda pasar.
–Ritsu –agregó en un deje de voz. Su expresión cambió a una de compresión. Tenía sus sospechas nada más verlo, pero lo conocía desde que eran críos. Sabía por esa contestación, que incluso su antigua relación de amistad, había acabado para siempre–. Ritsu. Seguimos siendo amigos, ¿verdad? –preguntó para saber cuál sería la contestación que daría el de ojos verdes.
Onodera estaba dispuesto a evadir el tema, pero no le dio tiempo a decir nada, ya que fue interrumpido por la voz de otro hombre.
–Yanase–kun, ya he terminado. Cuando quieras podemos irnos.
Ritsu miró a ese chico. Eran más o menos de la misma altura. Su piel era blanquecina. Sus ojos azules y su cabello color castaño. En sus manos llevaba un cuaderno y un estuche, así que imaginó que se trataba de un dibujante.
El recién llegado se dio cuenta de que el nombrado antes no le hacía caso, y que se fijaba en el joven que tenía enfrente– .Oh, lo siento. Creo que he interrumpido algo –aclaró el de ojos azules.
Ritsu negó con la cabeza–. Yo ya me iba. Tengo cosas importantes que hacer –hizo una reverencia y tan pronto dio media vuelta, echó a correr.
–¡Espera, Ritsu! –aunque Yuu lo llamó, el otro se perdió entre la gente.
–¿Ritsu? –preguntó el otro–. ¿Ese Ritsu? –quería confírmalo de alguna forma, y así lo hizo al ver cómo el otro asentía–. Ve tras él –le animó.
–¿Estás seguro? No quiero dejarte solo.
–¿Ya lo habíamos hablado antes, no? No pierdas esta oportunidad –le animó–. Yo te apoyo. –sonrió.
–Gracias, Yoshino –le sonrió y se preparó para correr, pero alguien se puso por delante. Era un joven bastante alto. Cargaba un macuto y en cada mano llevaba una lata de café, que seguramente estaría caliente. Intentó esquivarle hacia un lado, pero el otro se le volvía a poner en medio. Quizá había sido casualidad. Así que volvió a intentarlo, obteniendo el mismo resultado–. Perdone, pero tengo que pasar.
–La respuesta es incorrecta. Tú y yo tenemos una conversación pendiente.
–¿Eh? –quedó confundido–. Pero si no te conozco. –aclaró, mirándole a los ojos.
–Tranquilo, dependiendo de tu respuesta, vas tener tiempo suficiente para conocerme o no. –le aclaró con una mirada tan fría como el hielo.
&&&&MasamuneRitsu&&&&
Masamune caminaba por el pasillo de su edificio. Esperaba que Onodera estuviera en su apartamento. De lo contrario, tendría que buscarlo en los sitios en los que solía frecuentar. Se colocó frente a la puerta y la tocó. No se escuchaba nada. Bajó la mirada y le pareció que algo no estaba bien. Era como si la puerta no estuviese cerrada del todo. Agarró la perilla de la puerta con su mano y empujó hacia fuera. Efectivamente la puerta estaba abierta, y le mostró una escena al otro lado que lo dejó boquiabierto.
Varias latas de cerveza estaban tiradas en el suelo. Junto a la pared, sentado en el suelo y con la cabeza apoyada en la misma, se encontraba Onodera. Tenía una lata de cerveza en la mano y bebía tranquilamente de ella. Sus piernas estaban recogidas y la mano que sujetaba la cerveza estaba apoyada sobre la rodilla.
Takano terminó de abrir la puerta de una vez y cerró tras de sí cuando entró. Se quitó las zapatillas y dejó el macuto en el recibidor. Subió el escalón y caminó hacia él lentamente. Por el desastre que podía ver en el suelo y el contar seis latas en éste, se hacía una idea de que algo no iba bien. Si con una cerveza ya le hacía un efecto terrible, no quería ni pensar que resultaría de tanta lata en el suelo.
–Onodera –lo llamó con voz suave cuando se situó frente a él. Pero el otro parecía no escucharle. Seguía bebiendo despreocupado. En silencio. Y con un rostro que ni siquiera Takano sabía descifrar. ¿Estaba ahogando sus penas con el alcohol? Se agachó para estar a su altura. Su vista parecía estar perdida. Pasó su mano frente a sus ojos y pareció no inmutarse. Chasqueó los dedos para buscar una reacción en él y la encontró.
–Takano–san.
–Por fin reaccionas. –aunque lo mencionó en voz alta, se lo decía a sí mismo.
–¿Cómo has entrado?
–La puerta estaba abierta. Tendrías que tener más cuidado. –le sugería con voz calmada, viendo que el otro tomaba otro trago.
–Ya veo. –Movió la lata para cerciorarse de que estaba vacía y la dejó caer al suelo sin miramientos–. Lo siento. Me fui sin decirte nada. –agachó su mano derecha hacia el mismo lado en el suelo, para coger otra lata de cerveza sin empezar. Se la puso frente a los ojos–. Debes de pensar de mí lo peor. –decía pausadamente y con voz pesada.
–No lo pienso –contestó a la vez que Ritsu intentaba quitar la anilla de la lata sin mucho éxito–. Ya me lo recompensarás. –Aclaró, quitándole la lata de las manos–. No deberías de beber más por hoy. –le aconsejó, haciendo la lata a un lado en el suelo, donde sabría que el otro no llegaría. Lo vio que intentó coger otra desde su lado y se vio obligado a quitarlas todas con ambas manos, poniéndolas tras él–. Ya está bien. –Al decir esas palabras, Onodera agachó la mirada–. Onodera. ¿Quieres que hablemos?
–¿Sobre qué?
–Sobre lo que quieras. Lo que ha sucedido hoy. –tomó aire y suspiró–. Puedes decirme lo que te preocupa. No tienes porqué contármelo todo, pero creo que te ayudaría a sentirte mejor. –el otro no le hablaba y seguía sin mirarle. Agachó la mirada y negó con la cabeza un par de veces–. Juro que le partiré la cara por haberte hecho esto –susurró para sí mismo, pero fue escuchado por el de ojos verdes.
–¿A quién? –preguntó desconcertado, mirándole.
–Al imbécil de tu ex. –aclaró, mientras su cara se tornaba a una de enfado.
El de cabellos castaños vio que intentó incorporarse. Si analizaba las palabras del más alto, quería decir que Takano iba a darle una paliza a su ex. Su ex. ¿A Yanase? Pronto cayó en la cuenta de que quizá Takano había visto lo sucedido o de alguna forma sabía que había estado con Yuu esa tarde. Pero si él había salido corriendo sin decirle nada a Takano y éste estaba comprando las bebidas, ¿cómo era posible eso? ¿Acaso se habían cruzado en el camino y él no se había dado cuenta con las prisas?– Espera. No lo hagas. –Ahora que tenía la atención del más alto puesta sobre él, decidió continuar–. No quiero que te manches las manos por mí. No merece la pena. Ya no. –Takano se agachó de nuevo para estar a su altura. Alargó su mano para tocar con la yema de sus dedos una de las mejillas sonrojadas del más bajo–. No te preocupes. Estoy bien. –decía para tranquilizarle.
–No. No lo estás –aseguró en un susurro. Cuando su mano fue cogida por Onodera, se sorprendió. Era algo que no se esperaba por su parte.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios del joven de cabello castaño–. No estoy tan mal. –aseguró. Dio un suspiro para seguir hablando–. No ha sido culpa de Yuu. Es sólo que no lo había visto desde hacía seis años y no supe cómo reaccionar ante él. –quitó la mano que estaba sobre la de Takano y la dejó caer al suelo. Takano apartó su mano y se arrodilló en el suelo.
Takano pensó por unos momentos en la conversación que había tenido con Yuu, así que decidió preguntarle–. Ritsu. Puedes desahogarte como quieras. Puedes gritar, llorar, tirar cosas. ¿Alguna vez hiciste eso?
Se detuvo a pensar en aquella pregunta–. No. Ni siquiera fui capaz de hacerlo cuando lo dejamos. Únicamente desaparecí sin avisar. –confesó.
–¿Y no crees que ya es hora de desahogarte? –le preguntó, esperando una respuesta que parecía no llegar–. Está bien. –gateó para ponerse a su lado izquierdo y sentarse–. Me quedaré aquí hasta que amanezca. Si para entonces no has dicho nada, me iré a casa. Si decides contar algo, te escucharé en silencio. No te forzaré a hacer algo que no quieras.
&&&&MasamuneRitsu&&&&
Masamune no sabía cuánto tiempo había pasado hasta que Onodera había decidido hablar.
–Yuu y yo éramos amigos de la infancia. Vivíamos en el mismo vecindario, así que siempre estábamos juntos. En el instituto me pidió salir y yo acepté. Cuando terminamos el instituto, decidimos irnos a vivir juntos. Éramos realmente felices. –mostró una diminuta sonrisa al recordar aquello, mientras lo relataba todo con tranquilidad–. Pero con el tiempo, nuestros trabajos nos ocupaban más tiempo. Los horarios del trabajo dejaron de compaginarse. Algunas veces cuando llegaba de trabajar el turno de noche, él ya dormía y viceversa. Pensé que aún así, nuestra relación seguía bien. Qué nada había cambiado. –Se humedeció los labios un momento–. Conseguí que en el trabajo me cambiaran mis turnos para pasar algo de tiempo con él. Empecé a notarlo más frío. Ya no era tan cariñoso conmigo, y en las noches ya no me tocaba. Siempre estaba dormido. Pero aún así, no le di importancia. Yuu… –se detuvo unos segundos antes de continuar–… un día me dijo que ya no podíamos seguir con nuestra relación. Había conocido a otra persona y estaba enamorado. –No pudo evitar, dejar escapar una risa–. Jeh. La mejor reacción que pude tener por aquel entonces para no preocuparle, fue la de comprenderle –se pasó una mano por los cabellos para retirarlos hacia atrás–. Hice el papel de amante comprensivo, cuando no era del todo cierto. ¿No es patético? –guardó unos segundos de silencio, antes de continuar–.Tan pronto él se marchó del apartamento, yo hice lo mismo sin avisarle a nadie. Le cambié el número a mi móvil para evitar que me llamara. Me mudé y dejé mi trabajo. Cuando encontré uno nuevo, me centré en trabajar. Con el tiempo comencé a pensar que era lógico que hubiese terminado enamorándose de otro. Después de todo, apenas nos veíamos y siempre estábamos fuera por el trabajo. Aunque mi cabeza intentaba entender eso, mi corazón dolía cuando pensaba en ello y por eso decidí que no volvería a enamorarme de nadie más. No quiero volver a confiar tan ciegamente en alguien otra vez. –reconoció dolido.
Takano cambió su postura. Se arrodilló en el suelo y abrazó a Ritsu. Que la persona en la que siempre habías creído y amado te dijera un día que ya no sentía nada por ti y que quería seguir su vida junto a otra persona… no se imaginaba un peor castigo que ese.
–¿Takano–san? –preguntó al sentir su cabeza, concretamente su sien izquierda en el pecho del otro.
–No es malo llorar. Llorar alivia el corazón. –ante esas palabras, el de ojos verdes sintió una profunda tristeza que fue reflejada en sus ojos–. Lo has hecho bien hasta ahora. Has sido muy valiente. –Por alguna razón, Ritsu sintió que sus ojos se nublaban y un nudo se apoderaba de su garganta. Sin poder evitarlo, sintió cómo una lágrima resbaló por su mejilla y cómo le costaba respirar. Empezó a sollozar en el momento en el que sus manos agarraron la blusa por la espalda y pecho de Takano–. Eso es, déjalo salir –le decía, dándole suaves caricias con la mano, en la espalda.
Poco a poco, pequeños gritos ahogados se dejaban escapar de su boca, mientras más se aferraba a Takano– ¡Estúpido Yuu! ¿Cómo puedes hablarme como si nada? –Sorbió el moquillo antes de continuar hablando–. Fuiste tú el que me dejaste. ¿Cómo tienes la cara de preguntarme si aún seguimos siendo amigos? –Gimoteó antes de continuar quejándose– ¿Acaso sabes lo que he sufrido por tu culpa? ¿Tienes idea de lo difícil que ha sido para mí seguir adelante sin ti? ¡Por tu culpa me da pánico volver a enamorarme! –se aferró más a la camiseta de Takano. Ya sentía que no podía dejar de decir lo que sentía. Todo eso que había estado oculto tras tanto tiempo–. ¡Tú has seguido tu vida, feliz! ¡¿Pero qué ha habido de la mía?! –ante lo que escuchaba, Takano decidió ponerle más firmeza a su abrazo, llevando una de sus manos hasta los cabellos castaños para protegerlo todavía más. Cerró los ojos durante unos segundos. Escuchaba las palabras y los lamentos entrecortados que salían de su garganta. Sentía una mezcla de emociones que jamás había sentido al ponerse en la situación de Onodera. Comprensión, dolor, tristeza, rabia e impotencia al no haber podido hacer nada por él en el pasado. Pero sobre todo ahora quería protegerlo. Apoyarlo. Demostrarle que él estaría ahí para cuando lo necesitase–. ¡Estoy seguro de que no volviste a acordarte de mi existencia!
No sabía con certeza cuanto tiempo había pasado desde que Onodera había dejado de quejarse, para terminar solamente sollozando en sus brazos.
–Takano–san –sorbió el moquillo.
–¿Hm?
–Tengo que ir al servicio.
–Claro. ¿Crees qué puedas mantenerte en pie? –Preguntó mirando su cabeza, viendo una clara negación–. Está bien. Yo te llevaré –aclaró. Se apartó un poco y lo cargó en brazos. No tardó en notar los brazos del menor rodearle su cuello para evitar caerse. Por suerte para él, la puerta del servicio estaba abierta. Así que lo dejó junto al inodoro y cerró la puerta tras de sí para darle privacidad. Como sospechaba, con tanto llorar le había dado angustia. Ya le estaba sorprendiendo el hecho de que no le hubiese pasado antes. Con el silencio que había en el apartamento era normal que lo escuchase todo al otro lado de la puerta. Cuando escuchó la cisterna y el grifo, junto a un sonido raspante el cual seguramente sería el de lavarse los dientes, supo que había acabado.
Estaba claro que entre la historia de Ritsu y la versión de Yuu había algo que no encajaba.
Flash Back
–Gracias, Yoshino –le sonrió y se preparó para correr, pero alguien se puso por delante. Era un joven bastante alto. Cargaba un macuto y en cada mano llevaba una lata de café, seguramente estaría caliente. Intentó esquivarlo hacia un lado, pero el otro se le volvía a poner en medio. Quizá había sido casualidad. Así que volvió a intentarlo, obteniendo el mismo resultado–. Perdone, pero tengo que pasar.
–La respuesta es incorrecta. Tú y yo tenemos una conversación pendiente.
–¿Eh? –quedó confundido–. Pero si no te conozco. –aclaró mirándole a los ojos.
–Tranquilo, dependiendo de tu respuesta, vas tener tiempo suficiente para conocerme o no. –le aclaró con una mirada tan fría como el hielo.
–Escuche. Tengo algo muy importante que hacer. Si no voy tras una persona, puede que no la vuelva a ver nunca más. –respondió a pesar de que esa mirada tan fría le intimidaba.
–Puede que una conversación conmigo sea más beneficiosa de lo que tú te imaginas. –Al ver cómo los otros dos se miraban sin comprender sus palabras, tuvo que agregar algo más–. Conozco a Onodera.
Las facciones de la cara de Yuu cambiaron de inmediato–. ¿De verdad? –miró a su alrededor y señaló hacia una dirección–. Por allí hay unos bancos libres. Sentémonos mientras hablamos.
–Jouh –agregó, al notar cómo ya se le habían ido las prisas.
–Yo… –agregó el joven de ojos azules para llamar la atención de Yanase–. Creo que dibujaré algo más. Te esperaré aquí –le explicó a Yuu con una sonrisa.
–Está bien –finalizó Yanase.
Al estar los dos solos, caminaron hacia el banco y tan pronto se sentaron en el, Yuu empezó con las preguntas.
–¿Sabes dónde vive Onodera? ¿O su nº de móvil? –miraba a Takano con algo de desesperación. Había intentando encontrar algún tipo de rastro que le llevara hasta Ritsu desde hacía seis años, pero nunca había tenido éxito.
Takano miraba hacia el horizonte. Se cruzó de brazos y entonces comenzó a hablar–. ¿Qué harías si te dijera que sé su dirección?
–Evidentemente iría a buscarlo para hablar con él.
–¿Sobre qué?
–No es asunto tuyo. –contestó mirándole.
–No. Claro que lo es. A juzgar por su reacción al verte, estoy seguro de que no quiere verte y mucho menos hablar contigo. –El otro silenció unos segundos. Sabía que ese extraño tenía razón. Pero él quería intentar volver a tener su amistad como en los viejos tiempos. No quería seguir reprochándose el hecho de no haberlo intentado. Salió de sus cavilaciones tan pronto escuchó al más alto suspirar– En verdad quiero matarte por todos los problemas que me estás haciendo pasar.
"¿A qué problemas se refiere?"– ¿Eres su pareja?
–Digamos que soy su protector –dicho esto, lo miró fijamente–. Bien. Lo que no logro entender es porqué terminasteis. Erais felices, ¿no? –preguntó al recordar como siempre estaban juntos y sonriendo en el instituto.
–¿Él nunca te lo ha contado? –preguntó confundido.
–Más bien yo no le he preguntado y no creo hacerlo. Así que cuéntamelo –le animó, aunque por su tono fue más bien una orden.
–No voy contando por ahí mi pasado a desconocidos. –le informó con cierto orgullo.
–Te interesa si quieres saber algo de Onodera –sentenció con tranquilidad.
Estaba claro que ese chico no ejercía solamente como el protector de Ritsu, sino más bien parecía estar interesado en él. Estaba dispuesto a contar lo que sucedió en el pasado, pero muy brevemente. No entraría en ciertos detalles–. Ritsu y yo éramos muy felices. Vivíamos juntos y teníamos trabajos diferentes. En mi trabajo, con el tiempo y por pura casualidad conocí a una persona. Terminé enamorándome y me di cuenta de que lo que sentía por Ritsu era solamente un cariño muy profundo. No podía seguir manteniendo esa situación. Dormía con él, pero no podía ir más allá. Sólo quería estar con la otra persona y antes de hacerle más daño a Ritsu, un día decidí que lo mejor era terminar.
Flash Back
Ritsu estaba en la cocina. Con una sonrisa miraba el interior de la nevera, donde había dejado un pudin de chocolate. Era el postre favorito de Yuu. Últimamente lo había notado un poco decaído y sabía que su postre favorito le animaría un poco. Cerró la nevera y se dio media vuelta. Creyó escuchar un ruido que provenía de la puerta de entrada. Miró el reloj de pared de la cocina y enarcó una ceja.
"No puede ser Yanase. Todavía no termina su horario", mientras pensaba esto, salió de la cocina y entró en el comedor que estaba al cruzar un pasillo. Claramente vio a Yuu quitarse el casco de la moto y soltarlo en la mesa, junto con las llaves–. Yanase –sonrió, viendo que él otro no reflejaba mucho ánimo–. Pensaba que tu turno hoy acabaría más tarde –aclaró, dándole un abrazo que aunque tardío, fue correspondido.
–Sí. Pero me han dejado salir antes por las horas extras. –aclaró soltándole. "No sé cómo puedo decirte la verdad sin herirte. Me da miedo que no seas capaz de soportarlo."
Ritsu separó su cuerpo del de Yuu y lo miró unos segundos–. ¿Va todo bien? Pareces preocupado. ¿Has tenido algún problema con el trabajo?
–No. En el trabajo va todo bien –sonrió como pudo, aunque realmente no tenía ganas. "Vamos Yanase, puedes hacerlo. Si no lo hablas ahora, a la larga le harás más daño". Ritsu. –le llamó.
–¿Hm? –preguntó.
–¿Podemos hablar? Hay algo importante que tengo que decirte.
–Claro –contestó.
–Vale –agarró la mano de Ritsu y lo guió hasta el sofá, dónde ambos tomaron asiento. Veía la sonrisa inocente de Onodera, la despreocupación en él que siempre le caracterizaba y su tranquilidad. Realmente iba a ser difícil–. Esto es realmente difícil. No sé ni por dónde empezar. –aclaró al sentirse arrinconado.
–Tranquilo. Sólo déjalo salir –comentó para ayudarle.
Finalmente se armó de valor–. Ritsu. He conocido a otra persona y… –tragó saliva con dificultad–. Estoy enamorado de él. –aunque se buscaban los ojos mutuamente y Ritsu no decía nada, estaba seguro de que había sido un gran golpe para él.
"¿Qué? ¿Lo está diciendo de verdad? Bueno, él parece estar serio. En sus ojos puedo ver que no está mintiendo" No es una broma, ¿verdad? Porque si lo es, no tiene gracia –le dedicó una pequeña sonrisa. Sabía que Yuu no era del tipo de personas que gastaba bromas. Era bastante serio en ese aspecto y por su cara de preocupación, sabía que era totalmente en serio.
–Me temo que no. –negó con la cabeza, sintiéndose totalmente culpable–. Lo siento. Es mi culpa. No lo pude evitar.
"Yanase parece tan preocupado. Estoy seguro que le ha de haber sido difícil tomar esta decisión. Pero el corazón me duele. Me está quemando."
–No es como si nunca te hubiese querido. Siempre te he querido. Te sigo queriendo. Pero me he dado cuenta de que es un amor distinto. –silenció unos segundos para estudiar las facciones de Ritsu. Prácticamente ni se movía, sólo parecía soltar una diminuta sonrisa de vez en cuando–. No veía justo para ti el escondértelo, ni alargar más esto.
–Así que eso era. –pudo decir simulando estar tranquilo–. Últimamente te encontraba más frío conmigo y ahora entiendo la razón. Me alegra que me lo hayas contado. "Es lo mejor. No puedo atarlo a mi lado si ya no me quiere. Le destrozaría la vida estar con alguien que no ama. En este punto ya no hay nada que pueda hacer". Te deseo… felicidad –le había costado decir esa última palabra. Realmente era difícil.
Sonrió, a pesar de que no se explicaba cómo Ritsu podía estar tan calmado ante sus palabras–. Yo también a ti. –Silenció unos segundos, para ponerse pie–. Haré las maletas y esta noche la pasaré en casa de mis padres. –Aclaró con suavidad–. Mañana regresaré para recoger el resto de mis cosas. –le explicaba, viendo cómo el otro asentía con una sonrisa.
–Está bien –contestó. Tan pronto como lo hizo, Yanase pasó de largo de su lado. Seguramente iba a hacer la maleta cómo le había explicado. Instintivamente se llevó una mano al corazón. "Duele. Me quema. Pero no puedo dejar que Yanase se dé cuenta o no será feliz". Negó con la cabeza. "Debo aguantar"
Cuando Yanase salió de la habitación con las maletas en la mano, vio que Onodera seguía en el sofá. Estaba cabizbajo, seguramente pensando en lo que estaba sucediendo. Pero ya no había marcha atrás. Dejaría el apartamento porque era lo mejor para ambos. Dejó las maletas cerca de la puerta principal y de nuevo se acercó a Onodera.
–Ritsu. ¿Estás bien? –le preguntó, tan pronto el de ojos verdes le miró. "Está claro que no".
Asintió con una sonrisa. –No pasa nada. Estoy bien. –Se llevó una mano al bíceps de su brazo contario–. Soy fuerte. Al principio puede costarme un poco este cambio, pero lo superaré.
–Está mal que te diga esto. Pero, tienes mi número de teléfono. Así que si tienes algún problema o necesitas algo, no dudes en llamar. Intentaré ayudarte en todo lo que pueda como siempre.
–Claro –agregó sin dejar de fingir tranquilidad y compresión.
Había algo que estaba molestando a Yuu y era lo que más había temido a la hora de contarle la verdad a Onodera–. Ritsu. Aunque nuestra relación haya terminado. Nuestra amistad sigue en pie, ¿verdad? "No me quedaré tranquilo si no es así. No quiero que por mi culpa pongamos fin a toda esa amistad que hemos guardado durante años. No quiero que esto acabe tan mal".
"Se nota en tu mirada que tienes cierta desesperación porque todo acabe bien entre nosotros. No puedo defraudarte". Claro. Seguimos siendo amigos. –sonrió, ya que no le quedó otra alternativa.
Vio que Yuu dejó escapar un suspiro, indicando su relajamiento–. Menos mal –agregó con una sonrisa despreocupada–. Temía que tu respuesta fuera otra. Bien. Me marchó. Seguiremos en contacto. Hasta mañana.
–Hasta mañana –sonrió y borró su sonrisa fingida cuando escuchó la puerta cerrarse.
Fin Flash Back
–Cuando regresé, él ya no estaba allí. Pensé que quizá le habían cambiado el turno en el trabajo, pero cuando miré el armario, su ropa ya no estaba. Sus pertenencias tampoco estaban. Llamé al trabajo y me dijeron que ya no trabajaba ahí. Daba igual las veces que intentaba llamarle al móvil, me decía que no existía. Y sus padres ni siquiera sabían dónde estaba. Pensé que me volvería loco. Había dejado de ver a una persona realmente importante para mí, porque intentaba ser feliz con otro. –narraba algo ansioso al recordar todo aquello.
–No puedes evitar enamorarte de alguien. No hay duda de eso. –aunque Takano realmente había escuchado en silencio la historia, por dentro estaba reprimiendo sus emociones. Con una mirada intimidante y llena de amenaza, miró al de ojos con tinte rojizos–. Te quiero matar y eso que dentro de la situación intentaste hacerlo lo menos doloroso posible.
Yuu tragó con dificultad al sentirse amenazado, pero decidió continuar con su relato–. Sabía que Ritsu intentaría no preocuparme. Seguramente no encontró mejor manera de reaccionar ante mis palabras, para no hacer que eso sucediera. Aunque hubiese preferido que hubiésemos peleado. Qué me lo hubiese puesto más difícil. De esa manera no se lo hubiese guardado todo dentro. –suspiró–. Él siempre ha sido una persona alegre y despreocupada. Ha sido tan sincero siempre, que incluso a veces resultaba inocente. Pero también sé que si algo le preocupa, no exterioriza sus emociones.
–¿A qué te refieres? –preguntó interesado.
–Nunca lo he visto llorar o enfadarse por algo. Es de los que se guardan todo dentro. Incluso no me sorprendería que en todo este tiempo, él no haya dejado escapar ni una lágrima cuando lo dejamos. No es capaz de desahogarse como la mayoría de las personas.
"Entonces esa ha de ser la razón por la cual no ha sido capaz de olvidar a este imbécil.", pensaba Masamune. "Y pensar que ha cambiado tanto en estos años por su culpa" Oye. ¿No crees que le harás más daño si te vuelve a ver?
–Yo lo único que quiero es que sea feliz. Quiero que las cosas sean como antes. –le intentaba hacer ver.
–¿Eres consciente de tus palabras? –le interrumpió, empezándose a enfadar–. ¿Qué esperas? ¿Qué corra a tus brazos cada vez que tiene necesidad de verte por alguna razón y te vea en brazos de otro? Es como decirle, te ayudaré en lo que necesites, pero sólo eso. Incluso entiendo porqué se fue sin decirte nada aquel día. –Cambió su postura, apoyando sus antebrazos en sus rodillas, con la mirada puesta en el horizonte–. Ven cada vez que te sientas decaído por algo. Era como si le restregaras tu felicidad por su cara. ¿Crees que un ex novio podría aguantar eso? Seguramente se preguntaría que hizo mal para dejar de gustarte y se sentiría miserable. –silenció unos segundos para dejar que el otro recapacitara en sus palabras.
–Yo sólo quería hacerle ver que aunque todo había terminado entre nosotros, podía seguir contando conmigo como amigo. Sólo eso. –respondió, empezando a sentirse mal.
–Pero él no lo vería así. Y seguramente prefirió valerse por sí mismo. –carraspeó–. En mi opinión. Fuiste un egoísta. Aunque dices que todo fue por su bien. En realidad era por el tuyo y es lo que creo que verdaderamente te molesta, aunque esa no fuera tu intención.
–No es verdad –contrarrestó el otro, mirándole confundido.
Takano le miró unos segundos–. ¿Alguna vez pensaste en qué sería de Onodera? ¿Creíste que podría vivir en el mismo sitio en el que había estado con su ex novio cómo si nada? Como si los recuerdos no le fuesen a inundar sus emociones. –Negó con la cabeza–. Corrígeme si me equivoco, pero ¿qué hubiese pasado si al día siguiente de cortar la relación, Onodera hubiese estado en el apartamento? –ante el silencio del otro, decidió continuar–. Te lo diré yo. Hubieses vuelto sin preocupaciones a reunirte con tu otra pareja.
–¿Qué intentas decirme? –preguntó, esperando que el otro le diese un mensaje más claro.
–Qué solamente te diste cuenta del verdadero daño que le hiciste cuando él ya no estaba allí. De lo contrario. Ni te hubieses molestado en mantener contacto con él. –Se puso de pie y cogió el macuto para echárselo al hombro–. Es una lástima que el egoísmo que a ti te sobraba, a él le faltase.
–¡Jeh! Entonces no vas a darme ninguna pista sobre su paradero. –dio por hecho, al ver que le estaba echando la culpa de lo sucedido hace seis años, aunque sabía perfectamente que el más alto tenía toda la razón en sus palabras.
–Al contrario. –Esbozó una sonrisa–. No porque te lo merezcas. Has hecho sufrir a Onodera por mucho tiempo. Pero gracias a que tú lo dejaste con él, yo tengo una oportunidad de poder estar a su lado. –Sacó su móvil y se metió en la agenda–. Dame tu número de teléfono. Hablaré con él sobre esto. Si está dispuesto a escucharte, te llamaré. Si no recibes ninguna llamada de mi parte, será que no ha aceptado y no quiere saber nada más de ti.
–¿Cómo sé que se lo preguntarás? –preguntó desconfiado.
–No te queda otra alternativa que confiar en mí.
Fin Flash Back
Onodera se miró al espejo. Tenía mala cara. Estaba realmente pálido y los ojos los tenía rojos e hinchados. Le dio al grifo y con ambas manos se llevó el agua a su cara un par de veces, para después secárselo con la toalla. Volvió a mirarse el reflejo y sin quererlo su mente empezó a recordar.
Flash Back
Cuando Yanase salió de la habitación con las maletas en la mano, vio que Onodera seguía en el sofá. Estaba cabizbajo, seguramente pensando en lo que estaba sucediendo. Pero ya no había marcha atrás. Dejaría el apartamento porque era lo mejor para ambos. Dejó las maletas cerca de la puerta principal y de nuevo se acercó a Onodera.
–Ritsu. ¿Estás bien? –le preguntó tan pronto el de ojos verdes le miró. "Está claro que no".
Asintió con una sonrisa. –No pasa nada. Estoy bien. –Se llevó una mano al bíceps de su brazo contario–. Soy fuerte. Al principio puede costarme un poco este cambio, pero lo superaré.
–Está mal que te diga esto. Pero, tienes mi número de teléfono. Así que si tienes algún problema o necesitas algo, no dudes en llamar. Intentaré ayudarte en todo lo que pueda como siempre.
–Claro –agregó sin dejar de fingir tranquilidad y compresión.
Había algo que estaba molestando a Yuu y era lo que más había temido a la hora de contarle la verdad a Onodera–. Ritsu. Aunque nuestra relación haya terminado. Nuestra amistad sigue en pie, ¿verdad? "No me quedaré tranquilo si no es así. No quiero que por mi culpa pongamos fin a toda esa amistad que hemos guardado durante años. No quiero que esto acabe tan mal".
"Se nota en tu mirada que tienes cierta desesperación por que todo acabe bien entre nosotros. No puedo defraudarte". Claro. Seguimos siendo amigos. –sonrió ya que no le quedó otra alternativa.
Vio que Yuu dejó escapar un suspiro indicando su relajamiento–. Menos mal –agregó con una sonrisa despreocupada–. Temía que tu respuesta fuera otra. Bien. Me marchó. Seguiremos en contacto. Hasta mañana.
–Hasta mañana –sonrió y borró su sonrisa fingida cuando escuchó la puerta cerrarse. "¿Por qué ha tenido que pasar esto? ¿Acaso no éramos felices? ¿Desde cuándo es que Yanase no me ve con los mismos ojos? Son tantas dudas las que tengo y no me he atrevido a preguntar por miedo a la respuesta". Se puso de pie y caminó hacia la habitación. Por un momento cuando miró hacia la cama, empezó a recordar las veces en las que Yuu le hacía el amor y las veces en las que ya sólo dormían juntos, pero no llegaban a intimar. Esa cama vacía. Le estaría recordando siempre a él. Las noches ahora las pasaría solo.
Caminó hacia el armario y abrió la puerta. Había un claro espacio y perchas desnudas. Se llevó una mano a la cabeza y se la pasó por los cabellos. Empezaba a sentirse ansioso. Cada rincón de ese apartamento le recordaría los momentos que pasó con él. No podría soportar vivir con el recuerdo de alguien que finalmente no le quería. Negó con la cabeza insistentemente, viendo su propia ropa en el armario. Si tenía que marcharse, tendría que hacerlo ahora. Pero estaba seguro de que Yuu le llamaría para saber al menos dónde estaba, si no lo encontraba ahí a su regreso mañana.
"Lo mejor que puedo hacer es cortar toda conexión con él. De esa forma no dolerá tanto". Sacó las perchas llenas de ropa con ambas manos y las dejó caer sobre la cama. Abrió los cajones y sacó toda su ropa interior y pertenencias. Encima del armario estaba su maleta y un macuto, así que los bajó dejándolo encima de la cama y empezó a meter las cosas en la maleta. Se dio un vistazo por la casa y recogió todo aquello que era imprescindible para él.
Cuando lo tuvo todo hecho. Llamó al trabajo pidiendo que le dieran de baja porque no podría seguir asistiendo por motivos personales que le implicaban irse a otra ciudad. Con la maleta y el macuto en las manos, echó un último vistazo a su alrededor. No volvería jamás a ese apartamento y con suerte, los momentos felices que pasó junto a Yuu terminarían borrándose. Dejó ambas cosas en el suelo y sacó del bolsillo de su pantalón su móvil. La foto de Yuu estaba presente en la pantalla. Con una sonrisa melancólica en sus labios pasó su dedo índice por la pantalla.
–Seguramente te sorprendas cuando no me encuentres aquí. Lo siento. Pero no creo que pudiese verte a la cara como si nada. –apagó el móvil y le sacó la tarjeta. Metió la tarjeta en el macuto y el móvil en su bolsillo. Abrió la puerta principal y sacó ambas cosas al pasillo para luego cerrar con llave.
Fin Flash Back
"Después de eso cogí un taxi y le pedí que me dejará en el otro extremo de Shibuya. Tuve suerte de encontrar trabajo y me vino bien tener unos ahorros para pagar un nuevo apartamento. Aunque con el tiempo, me cambié a este apartamento más barato." Sonrió al ver su aspecto horrible frente al espejo. "Estoy horrible. A Takano–san no le gustará verme así".
Caminó unos pasos y abrió la puerta. Takano estaba apoyado en la pared esperándole.
–¿Te encuentras bien? ¿Puedes andar? –le preguntó el pelinegro.
–Creo que aún estoy algo mareado. –se enjugó un ojo. Estaba empezando a tener sueño–. Takano–san. ¿Podrías llevarme hasta mi cama? –Preguntó, poniendo una mano alrededor de su cuello para no perder el equilibrio–. Por favor.
–Claro. Agárrate fuerte. –le avisó, agachándose un poco para cogerlo en brazos. No esperaba coger al chico del que estaba enamorado por segunda vez en la noche. Y aunque había sido en trayectos tan cortos, estaba feliz.
Dejó al menor sobre la cama y aunque intentó incorporarse no pudo, ya que el de ojos verdes no había soltado su agarre.
"Takano–san huele tan bien. Su olor me envuelve poco a poco y su voz me relaja".
–Onodera. Ya estás en tu cama. Será mejor que descanses. Mañana será otro día. –Al decir esas palabras, Ritsu fue aflojando su agarre hasta finalmente soltarlo y dejar caer sus brazos en la cama–. Nos vemos mañana. Buenas noches –le despidió con una sonrisa. Se dio media vuelta para irse, pero sintió un tirón en su mano que lo había retenido. Miró hacia atrás y Ritsu lo estaba sujetando con ambas manos. Estaba un poco incorporado en la cama con sus brazos estirados.
–Por favor, no te vayas. Quédate conmigo esta noche –sintió un dolor agudo en la cabeza y por instinto, se llevó una mano a la sien.
Takano se sentó en la cama sin soltar la mano de Ritsu. O más bien, era él quien no lo soltaba–. Onodera, es tarde y deberías… –no le dio tiempo a acabar la frase cuando el otro le interrumpió.
–Por favor, duerme conmigo. –le pidió con tanta rapidez y firmeza que se sintió avergonzado.
–¿Eh? –preguntó confundido.
–Quiero que durmamos juntos esta noche –se retiró la mano de la cabeza y con la que tenía sujeta la mano de Takano, tiró hacia él lentamente para que el más alto se acercara a él.
El otro dudó unos segundos sobre lo que debía de contestar. Claro que deseaba pasar la noche junto a él, pero mañana por la mañana seguramente Ritsu terminaría odiándole–. No puedo. –el menor iba a hablar, pero el más alto no le dejó–. Mañana no recordarás nada. –Afirmó, ya que recordaba que la vez anterior eso sucedió– ¿Qué harás si me encuentras en tu cama durmiendo? Querrás cortar toda relación conmigo y no estoy dispuesto a perderte porque tú no recuerdes lo que me pides. Además, no soy de piedra. –finalizó, viendo cómo el de ojos verdes abría un cajón de una mesita y sacaba una libreta y un bolígrafo. Se puso a escribir en el y le mostró lo escrito.
–¿Está así bien? Yo Onodera Ritsu te pido libremente dormir juntos en mi cama –releyó lo escrito por si el más alto no se había percatado de algo–. Y mi firma está puesta. –dejó ambas cosas en la mesita. A pesar de lo dicho, él otro parecía dudar–. Por favor. Lo necesito. –le rogó con una mezcla de decisión y timidez.
–¿Te dormirás si lo hago? –preguntó, viendo cómo el otro asentía–. Está bien, pero no me haré responsable de mis actos, ¿de acuerdo?
–Está bien. – respondió, soltándole la mano.
–Apagaré las luces. Puedes elegir el lado de la cama mientras. –dicho esto, se incorporó y fue a la cocina a llenar un vaso de agua. Estaba seguro de que a Ritsu más tarde le daría sed al beber tanto alcohol. Apagó la luz y se dirigió a la habitación. Tan pronto dejó el vaso en la mesita de noche, comprobó que el de cabellos castaños estaba metido en la cama, tapado con las sábanas. Apagó la luz de la habitación y rodeó la cama a tientas. Retiró las sábanas hacia atrás y se metió en la cama.
Onodera se preguntaba, si Takano estaría mirando hacia él, ya que estaba oscuro no sabía en qué postura estaba–. Takano–san.
¿Hmp?
Por el sonido de su voz un poco alejado, determinó que estaba mirando en la dirección contraria a él–. Siento haberte mojado la camisa con mis lágrimas. Mañana te la lavaré.
–No te preocupes. –le restó importancia.
–Te estoy muy agradecido por lo de hoy. Ya no siento tanta presión en mi pecho. –sonrió al sentirse mejor.
–Me alegra haberte sido de ayuda. –anunció, empezando a sentir un sutil movimiento en el colchón.
–Takano–san. ¿Puedes acercarte más a mí? Tengo bastante frío.
–Seguramente tienes destemplado el cuerpo por vomitar. –Cambió su posición y se dio media vuelta–. Con tu permiso. –a tientas agarró las sábanas y las subió un poco más arriba para tapar a Ritsu hasta el hombro. Apoyó su pecho en la espalda de Onodera y pasó su brazo izquierdo por encima del de ojos verdes para rodearle a la altura de la cintura–. Realmente estás temblando. ¿Estoy bien así? –preguntó, haciendo referencia a su postura.
Ritsu cerró los ojos e inhaló un poco de aire–. Sí. –contestó buscando la mano del mayor. Cuando la encontró, la agarró y acomodó su brazo, quedando aún más cerca uno del otro–. Despides un olor y calor agradable. Me gusta. –Decía a la vez que echaba su cuerpo un poco hacia atrás–. ¿Estás cómodo?
–Estoy bien –comentó algo sonrojado. Iba a dormir con el chico que le gustaba. Alguna vez se había imaginado esto, pero nunca imaginó que sería tan agradable y que a la vez se sentiría tan nervioso.
–Buenas noches. –sonrió al sentirse protegido y relajado.
–Buenas noches –le contestó, cerrando los ojos.
Continuará…
&&&&MasamuneRitsu&&&&
Review contestados por PM. Eso es todo por ahora, xao.
