REENCARNACIÓN

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01/Noviembre/2018

Marshall está sorprendido.

Sí, y también: excitado.

Meses y meses de danzar y coquetear alrededor del aparentemente inmutable Gumball han dado sus frutos. Esa madrugada, por fin, el de cabellos pastel respondió a sus insinuaciones, ¡y de qué forma! El científico poco ha tardado en empotrarlo en contra de la pared, con los brazos entorno a la cabeza ladeada del músico, quien corresponde ansiosamente al primer beso entre ambos.

Lee supone que se trata de una reacción natural, tras que en la fiesta de Halloween del Centro Comunitario se encontrasen con Ashley, una de las fanáticas del artista que demostró estar dispuesta a brindar más que su atención al también vocalista de su banda predilecta. Bubba lo notó, sintiéndose congraciado por ser elegido en lugar de ésa u otras féminas.

Así que…

Finalmente el científico cedió a lo inevitable, al hecho de que aquél que porta un estúpido disfraz de vampiro es el dueño de su corazón, y que dormir no es la única actividad que pretende lleven a cabo en el lecho. Especialmente cuando un sencillo contacto como aquél ya es bastante placentero siendo sólo labios.

La pintura facial rosada es retirada con facilidad por las manos del bajista cuando toma del rostro a su pareja y profundiza el ósculo.

Necesidad, mucha lengua y poco control.

Fue una larga espera.

¿Lo… lo fue?

No para ellos, mortales de una Tierra moribunda pero sin ningún desastre nuclear en el horizonte. Jóvenes adultos con un brillante futuro, no como sus contrapartes de algún universo alterno: un vampiro real, un príncipe de caramelo; dos seres que se vieron separados con el advenimiento de El Lich, el cual demostró que hasta lo inmortal podía perecer.

El rey de los vampiros se convirtió en cenizas en pos de proteger el reino de su amado, el cual lamentó haber dado prioridad a sus deberes antes que a su corazón.

Aquella historia no tuvo un final feliz, ni siquiera una consumación o un momento para los dos. A razón de ello, sus almas vagaron errantes en búsqueda de otras encarnaciones y oportunidades, hasta aquél instante en el que se reencuentran en fogoso abrazo por el que aguardaron por infinitas eternidades.

Acuso mi conducta a tu discurso de: "mi novio", que has pronunciado desde… desde que nos conocimos— sentencia el abochornado varón, dando un respingo al final de su oración debido al estrepitoso beso en el cuello del que es víctima. —Lee…— suspira y aún cubiertas de pintura, sus mejillas adquieren un matiz ruborizado.

También podría decirte: mío afirma el músico con una gran sonrisa antes de retornar la invasión de la edulcorada boca de su pareja, así como sus manos se dirigen solas a desabotonar el ropaje de príncipe que el otro porta y le sienta bastante bien, lo suficiente como para hacer dudar a Fionna de haber dejado atrás sus sentimientos por el pomposo muchacho.

Todavía no, Marshall— infiere el mayor por cuestión de meses, —empero, si me brindas el honor…— carraspea ligeramente, avergonzado por su proposición. Aunque no lo suficientemente apocado para impedir al bajista estrecharlo en sus brazos, retomando los hambrientos besos que se deben.

Tocamientos que descienden, a la apetecible manzana de Adán y a estructuras cuyos extraños nombres sólo es capaz de memorizar alguien como Bubba, el cual en aquél momento no sería capaz de enunciarlos por el simple hecho de estar enfocado en recorrer la trigueña piel que se descubre en cuanto el músico se retira la playera.

Recámara— determina Gum-Gum de súbito, con el tono de voz que en otra vida haría temer a su regimiento de quimeras. Marshall…

Escuchar su patronímico en los labios hinchados a mordiscos de su amado lleva al instrumentista a acatar la petición, a dar unos pasos en pos de ingresar a la habitación en donde es retribuido por su esfuerzo con proximidad, con caricias cada vez más atrevidas y dedos que descienden el cierre de sus pantalones.

Gumball retrae el cuerpo, su pareja cree adivinar el por qué y le congracia el motivo, por lo que busca apegarse a su futuro amante. No hay nada de qué avergonzarse, ambos están excitados por la situación, por el apasionado y desordenado contacto que en unos años les provocará risas al rememorar su vehemencia.

Necesito estar en ti— externa el músico su anhelo, al tiempo que sus manos descienden por la espalda y más allá de su compañero, generando un suave jadeo en el científico.

No responde débilmente el de cabello pastel, no por falta de deseo sino por lógica: no están preparados, les hace falta un lubricante adecuado y ni siquiera han adoptado las medidas higiénicas antes de ese tipo de uniones.

Sí— enuncia Lee, y con determinación arroja al otro sobre la cama, admirando en los expresivos ojos de su compañero de habitación la batalla entre su racional mente y el anhelo.

Y Lee sabe de antemano qué ganará, él se encargará de.

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ACLARACIÓN

Aunque es muy bonico imaginar que una vez que la pasión está encendida se puede consumar sin ningún tipo de preparación… no lo intenten, por favor :3.

Ya pronto acaba este ficu :D, yey!
Tengan una excelente jornada.