Akatsuki no Yona le pertenece a la genial Kusanagi. Prompt utilizado en este capítulo: ¡ninguno! :D Y es que no es un dragón quien hace su aparición ahora~.
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»arrebol || capítulo cuatro: evidente
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Yoon es joven e inexperto en el amor: ha vivido largos años junto a Ik-Soo, aislados ambos del mundo, por lo que no se podría adjudicar nunca el título de sabedor de aquel tema, pero (siempre hay uno) ha comenzado a conocerlo de mano de Yona y Hak. Conoce, como todas las personas, el concepto de amor; tiene cierta idea de qué es querer a otra persona, pese a que él mismo no se había enamorado aún. Y si bien, por esa misma razón es inexperto, siempre ha sido capaz de aprender mediante la observación.
Para él fue evidente desde el principio que Hak tenía fuertes sentimientos por la princesa. No quiso ahondar mucho en el tema debido a su jamás escondida aversión por la realeza; claro que un general amaba a una princesa. Era el cliché más antiguo de los libros y el tópico más repetido en la historia de la humanidad: frágil belleza de la inocente doncella seducía al poderoso y algo tosco guerrero invencible. Dejando a un lado el refrán de que los opuestos siempre se atraen, aquella relación tenía sentido por los beneficios económicos que le generarían a ambos una posible unión. Un poderoso general con miles bajo su mando, una heredera con interminables arcas llenas de oro. ¿Quién no se enamoraría de esos lujos, de esa importante posición social? Claro que Hak querría a Yona; le convenía.
O al menos aquella fue su primera impresión.
Ik-Soo le había inculcado una y mil veces la importancia de no dejarse guiar por las primeras impresiones, y había creído que ésa era una lección más que aprendida. Pero el conocer a Yona le demostró que la bondad viene de cualquier lugar y que, rayos, tenía tanto, tantísimo que aprender todavía.
Claro que Hak quería a Yona.
Yona es suave. Sus modales son dignos de admiración; sabe comer con cubiertos, danzar al compás de dulces melodías, cómo hablarle a los demás y cómo llevar la frente en alto con orgullo. Pero no es eso lo que hace que Yona sea suave: si bien es una princesa y esperable es que sus modales sean acordes a ello, lo que la destaca es su buen corazón. No es que nunca haya hablado mal de nadie ni que jamás haya sido mimada, sino que Yoon nota en cada gesto de la princesa que en realidad no le desea mal a nadie, y dentro de su imperfección, lucha por hacer a la gente feliz. Les regala sonrisas y deja un poco de su pasión ardiente a cada uno sin dudarlo, no sólo porque son su gente, sino porque son personas. Renuncia al reconocimiento y honor que podría recibir porque quizás comprende que aquello no es lo más importante en esos momentos. Y la gente la ama no por su sangre ni por sus modales, sino por aquel cabello flameante y sonrisa dulce. La aman porque es Yona.
Las miradas que el general le dedica son suficientes para entenderlo todo. Yona es suave; su risa, sus manos, sus gestos son afables, sus palabras son firmes pero cubiertas de buenas intenciones, y, aun así, con los pies en la tierra. Yona conoce sus limitaciones y si bien Yoon sabe que ella lo desea, entiende que no puede salvar a todo el mundo, así que va por pequeños espacios a los que hace un mejor lugar. Un lugar más bello por el simple hecho de conversar y escuchar, de bailar y reír, de tenderles la mano a las personas sin dudarlo. Y claro que Hak quería a Yona desde muchísimo antes que Yoon los conociera; quién no querría a un alma pura y dulce como ella.
Claro que Hak quiere a Yona.
Yona es fuerte. No es fuerte como Hak o los dragones, sino que a su modo: es esa perseverancia monstruosa la que la hace fuerte, casi invencible. Es fuerte porque practica día tras día para ser mejor, porque los quiere proteger y se esfuerza por ello, porque actúa según habla y es por eso que su presencia atrae a las personas. Las personas la quieren porque es alguien que partió desde lo más bajo que podía partir un ser humano —la inconmensurable tristeza de haberlo perdido todo— y, pese a todo, había hallado la fuerza para seguir adelante.
Yona es fuerte porque ha sufrido y ha decidido continuar, porque los dragones han decidido seguirla a voluntad al ver su verdadero ser, porque ha madurado demasiado como para que Yoon lo entienda. Porque ha decidido no seguir el camino de la venganza, ya que había entendido que aquel era un camino egoísta. Cuánto le habrá costado a Yona tomar esa decisión, Yoon no sabía. Muchísimas veces se encontraba preguntándose a sí mismo si él hubiera sido capaz de pasar por lo que Yona había pasado y no ocupar su poder en destruir al actual rey, y muchísimas veces se encontraba con respuestas que sacaban un lado demasiado escabroso suyo que tenía bien guardado. Yona ha crecido de una manera que Yoon no sabe si podrá ser capaz de alcanzar, pero la admira tantísimo que eso es lo que más desea.
Y claro que Hak continuaba queriendo a Yona día tras día; quién no amaría aquella voluntad de fuego para hacerse más fuerte, para pelear por lo justo, para alzarse aun cuando caía una y otra vez. Quién no amaría al dragón rojo que Yona era en todo su esplendor.
Claro que Yona quiere a Hak.
Yona lo quiere de vuelta, piensa Yoon con un suspiro y rolando los ojos. La princesa se había acercado a él con un amago de querer pedirle el favor y no atreverse, así que Yoon decidió no presionarla. Después de varios intentos, Yona, envuelta en rubores y vergüenza, había confesado que deseaba aprender a cocinar algo delicioso para poder dárselo a Hak. Y ahora la observa juntar todos los ingredientes que él le había enlistado; no partiría por algo difícil, claro, pero sí sería lo suficiente para que fuera apetecible.
Ya había notado ciertas miradas extrañas de la princesa hacia Hak, muchas sonrisas a su lado y la continua búsqueda de su compañía. Era inevitable notarlo, la verdad, porque era evidente. De él también, claro que sí, pero la princesa tenía esa manía de hablar de más con los ojos que la delataba sin quererlo. Ahora mismo los tenía colmados con una emoción que a Yoon le recordaba a un niño pequeño que le presenta sus dibujos a su madre, el anhelo de que le guste, la premisa de que aquel gesto lo ha hecho con todo su cariño. Y eso era lo que Yona había hecho para Hak: comida casera para después del entrenamiento. Para los dragones también, claro está, pero los ojos violetas sólo buscan a ciertos ojos azules que no han podido ocultar la sorpresa ante el gesto de la princesa, que también han intentado ocultar su ilusión mediante comentarios socarrones. Las ganas de que Yona lo amara de vuelta eran tan evidentes en Hak que dolía, aunque Yoon, suspirando nuevamente, presentía que el general se intentaba convencer de que no era así.
Ya todos estaban sentados en la mesa y en un silencio mortal que habían acordado tácitamente. Yoon notó las miradas cómplices entre todos, exceptuando a Shin-Ah, que jugaba con Ao, y al objeto de interés, Hak. Supuso que ya había llegado el momento en que todos sospechaban lo evidente, y que el interés en el desenlace que tendría aquella historia era demasiado como para contenerlo, razón por la que todos callaron después de recibir su comida y esperaron que Hak diera el primer trago al caldo. Pero sólo parecía capaz de examinarlo y Zeno moría de hambre, así que Yoon observó por el rabillo del ojo cuando el dragón amarillo hundía la cuchara en su plato. Sabía de antemano qué reacción tenía: Yona se había pasado un poco en la sal y había ocupado una hierba diferente a la que le había indicado, así que el sabor no era el más agradable.
—¡Señorita! —escucha decir a Zeno con toques alarmados en su voz—, no quiero ser malo, pero ha quedado…
Entonces, por alguna razón, las miradas se vuelven al dragón negro en vez de a la princesa. Hak niega y le manda una mirada clara a Zeno: haz silencio. Él capta. Hak le da un largo trago a la sopa, la primera vez que la prueba, y ni siquiera tuerce las cejas, contrario a Zeno, quien lo mira como si estuviera realizando un acto particularmente doloroso.
—Has mejorado en la cocina, princesa.
La cara de Yona se ilumina instantáneamente, ya borrando el pesar que la declaración de Zeno había instalado, y se abalanza casi sobre el general en su emoción, sin notar en absoluto el efecto que tiene en él. Lo feliz que lo hace que le haya dedicado tanto tiempo —aunque desconocedor del hecho de que la comida era en efecto para él—, lo cálido que se siente su pecho cuando ve a la princesa tan feliz por algo nuevo que aprende. Y sí, la comida no era impecable, pero Yona había puesto todo su esfuerzo en ella y, sinceramente, para Hak no había mayor perfección posible que ésa en el mundo entero.
—¿Lo dices en serio? —Hak asiente, incapaz de retener su gesto suave. A Yona la emociona tanto la idea de que Hak haya disfrutado de su regalo que ni siquiera podría sospechar lo brillantes que tiene los ojos y la felicidad que se le esparce en las mejillas en forma de rubor—. ¡Yoon me podría enseñar más platos! ¿Podrías, Yoon?
Hak esboza una sonrisa, pero todos captan que es sólo para Yona. Nadie interrumpe, claro está, porque no hay diversión mayor que esos dos (y porque secretamente todos los quieren juntos de una buena vez).
—No hay nada que desee más que comer tu asquerosa comida todos los días, princesa.
Yona frunce el ceño y la pelea infantil con Hak es ineludible. Yoon niega con la cabeza, sin poder evitar rolar los ojos, y vuelve a batir la masa que ha preparado en caso de que Yona queme el campamento y los deje sin cena.
Qué evidentes que son esos dos idiotas.
Nota de autora:
¡Sorpresita! Este capítulo no estuvo del punto de vista de algún dragón, y es que Yoon es la madre del grupo y, como buena madre, conoce de la vida amorosa de sus hijos :). Muchisisísimas gracias por todo su apoyo, les mando amor a todos ustedes~. Ahora mismo estoy sumida en la universidad, ya que queda lo último (AL FIN), pero me doy el tiempo de subir esto por mientras, lo más probable es que vuelva como por diciembre.
¡Gracias por todo! Aún quedan algunos personajes que noten a la bellísima (y obvia) Yona, así que ¡por favor acompáñenme hasta el final! (L)
