Raphael apretó los dientes, y, haciendo un monumental esfuerzo, continuo avanzando. El viaje había sido todo un infierno desde Nueva York hasta Afganistán, en la bodega de un avión de carga. De ahí en helicóptero sobre el desierto, después en jeep, y por ultimo, andando en la oscuridad.

Su traje de Nightwatcher con el que recorría los callejones y azoteas de su ciudad, era una maldición en estas condiciones. De día era como vivir en un horno privado, y el metal helado lo castigaba durante la cruel noche del desierto. Pero no iba a darle al capitán la satisfacción de escuchar una sola queja, y mucho menos de que viera que se daba por vencido y se lo quitaba.

Concluiría esta misión con éxito, tan solo para restregarle su participación en la cara. Aunque esto solo fuera un trabajo de mercenarios para salvar a un niño rico, que no pudo quedarse dentro de su piscina, y tuvo que venir a oriente a vender armas.

- Oye, tortuga ¿que tanto estas murmurando? ¿Rezas acaso?

- No es nada.

- Ahorra tu aliento. Aun falta mucho, y tenemos que llegar antes del amanecer.

Raphael contuvo su siguiente replica. El mercenario se aprovechaba de las circunstancias y esperaba pacientemente a que la tortuga perdiera la cabeza, para tener un pretexto y arremeter en su contra. Nada le gustaría más que poder echarle la culpa de algo, y exhibirlo frente al resto del grupo, especialmente Charlie. Seria un consuelo si se llegaba a fracasar en una misión como esta.

Continuaron avanzando en silencio por senderos entre las rocas, deteniéndose a menudo y cambiando de dirección por una ruta invisible. Parecía que podían quedarse en el desierto por unos cuarenta años más.

Y a pesar de todo, siguieron.

El sol salio, y tiño al mundo de rojo. Para esas alturas, Raph no estaba seguro de nada, aparte de que tenía que seguir avanzando.

- Preparen sus armas – la orden del capitán sonó como un látigo en medio del silencio del desierto.

La marcha se hizo más lenta.

- Apeguense al plan. Recuerden que queremos al rehén con vida, y lo mas entero posible.

Raph tuvo un súbito ataque de pánico ¿Que era lo que tenía que hacer? Repasó desesperado.

El rehén era Anthony "Tony" Stark. Les habían pasado una foto de él por si no lo conocían, y recordaba que tenía cabello negro, ojos castaños y una copa de martini en la mano. Con aceitunas. Eso último no podía ser relevante, pero fue lo único de lo que se pudo acordar en ese momento.

Visto así, fue un autentico golpe de suerte que el plan entero se fuera al demonio.

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La única advertencia fueron unos golpes profundos que hicieron eco en las montañas.

El grupo tomo posiciones entre las rocas. Desde ahí vieron como los mercenarios de "Los Diez Anillos", responsables del secuestro de Stark, rodeaban la entrada de una cueva. Los dedos les temblaban en los gatillos.

Más golpes hicieron temblar el suelo. Eran las pisadas de un coloso, y se acercaban. Los integrantes de ambos grupos intercambiaron miradas nerviosas. ¿Que pasaba aquí?

La respuesta llegó cuando el autor de las pisadas apareció en la entrada de la cueva. Era una pesadilla hecha por completo de metal, con forma humanoide y de aproximadamente dos metros de altura.

Los pistoleros de "Los Diez Anillos" abrieron fuego en cuanto lo tuvieron a tiro. Cientos de balas chocaron contra la aparición, la cual apenas se tambaleó.

Cuando se acabaron las balas, la figura se irguió amenazadora. Pareció tomar una profunda aspiración, y después, de sus propias manos, desencadenó el infierno.

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El capitán reunió a sus hombres.

- Muy bien, cambio de planes... Tengo una idea de lo que puede ser esa cosa. Cúbranlo, debemos sacarlo de aquí.

Raph miró al Hombre de Lata. Parecía llevarlo bastante bien. Los lanzallamas en sus manos barrían literalmente con sus enemigos.

- ¡Muevanse! ¡Tortuga! ¡Abajo! ¡Ahora!

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La gente de "Los Diez Anillos" fue tomada por sorpresa. Estaban demasiado ocupados con el tanque de dos piernas frente a ellos que descuidaron la retaguardia. Los hombres del capitán se abrieron paso a tiros, y en el caso de Raph, a golpes.

Comenzaron a estallar cosas. Más tarde se enteraron de que era un depósito de equipo pesado, y que habían corrido con suerte.

Raph cargó de nuevo, y consiguió llegar hasta la primera línea, quedando a unos cuantos metros del tipo de la armadura. Se miraron desconcertados. La tortuga todavía se preguntaba que era eso, y el otro dudaba en incinerarlo o no.

Raph no se había dado cuenta de que su posición, en lo alto de una roca cual frágil gacela, lo convertía en una diana para practicas hasta que fue demasiado tarde.

Dos tiros lo derribaron. Sintió un dolor inmenso y una vez en el suelo no pudo moverse. Segundos después (o toda una vida, quien sabe), Charlie estaba a su lado.

- ¿Raph? ¡Raphael!

Hizo su mejor esfuerzo para contestarle, sin lograrlo.

- ¡Aguanta! ¡Voy a sacarte!

La chica lo jaló de donde pudo, y se las ingenió para arrastrarse hacia atrás.

Más cajas de municiones estallaron. Al ver el riesgo, el Capitán dio órdenes de retroceder, y el grupo escapó por los pelos.

La maquina siguió quemándolo todo. Unas balas le acertaron en la articulación de la rodilla. Hizo un último ataque antes de jalar una palanca roja en su pecho, que encendió los cohetes estratégicamente colocados en sus pies y espalda, que lo elevaron por los aires. El arsenal terminó de explotar, lanzando trozos de metal en todas direcciones.

El Capitán alcanzó a distinguir la figura en lo alto. Comenzó con una elegante trayectoria ascendente, y terminó manoteando desesperadamente en su camino hacia el suelo.

Los que pudieron se dirigieron a toda prisa al lugar del impacto, que por suerte fue a varios metros de las rocas.

Sepultado a medias entre arena y piezas metálicas, estaba un hombre de cabello oscuro, ojos cafés, y el rostro cubierto de sangre. Raph hubiera anotado la ausencia del martini con aceitunas.

- ¿Anthony Stark? – preguntó el Capitán.

El otro intentó sonreír, en medio de su aturdimiento.

- Nada mal ¿eh? – dijo.

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Pidieron apoyo por radio, y el Teniente Rhodes, amigo de Tony, y quien fue el que pidió ayuda del grupo en primer lugar, se dirigió en persona a sacarlos de ahí. Se reunieron todos, improvisando ayuda para los heridos, entre los que se encontraba Raphael.

- Ninguna baja – comentó el Capitán, contando a sus hombres mientras subían a los helicópteros.

Mas tarde, en la bodega del avión de regreso, Charlie fabricó una especie de tienda de campaña, detrás de la cual, por fin le pudo quitar la armadura a la tortuga para revisarlo.

- Esta vez la libraste – le comentó mientras vendaba su pierna. El otro proyectil lo tenía incrustado en el plastrón. A falta de opciones, la chica le sacó la bala con unas pinzas, de un tiron.

- ¡Au!

- ¡Shhhh!

Raph se recostó.

- ¿A donde vamos ahora?

- A casa, supongo – respondió Charlie, acomodándose a su lado. Bostezó y un rato después, roncaba hecha un ovillo.

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Los pasajeros disfrutaron de su necesario descanso sobre el Atlántico. En algún momento, Tony Stark, magullado, con un brazo en cabestrillo y una leve cojera, se levantó del camastro que le habían instalado. Tenía demasiadas cosas en la cabeza, muchas de ellas con remaches. Miró a quienes lo rodeaban. No se imaginó tomando una copa en el mismo bar que ellos. Les echó vistazos distraídos, mientras caminaba pasito a pasito, esperando que hubiera un sanitario en ese armatoste. Buscando, se asomó al rincón cubierto por sabanas sostenidas por unas cuantas cuerdas estratégicas.

Encontró a una adolescente profundamente dormida junto a lo que parecía una tortuga gigante.

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Quien sabe cuanto rato se les quedó mirando. Raph terminó por abrir un ojo.

- Maldición – murmuró.

- ¡Puede hablar!

La tortuga bostezó.

- No es tan complicado – respondió con un gruñido.

- Lo que nos faltaba – se escuchó la voz irritada del capitán.

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Tony pasó las siguientes horas convenciéndose de que Raphael era real y no un producto de su mente traumatizada. Examinó su equipo. Le dio unos golpecitos al casco, y estimó el daño que las balas habían hecho en la armadura.

- Me gustaría llegar a California lo más pronto posible – le comentó al capitán.

- Tenemos contemplada una escala en Nueva York.

- Confío en que no dure mucho.

El jefe de los mercenarios le echó un vistazo significativo a Raph.

- Se puede arreglar.

Raphael resopló. Por un lado, le gustaría regresar a su casa, pero por otro...

Hizo cuentas. Llevaba días sin comunicarse. Y tenía un par de heridas de bala difíciles de explicar. Tardarse más en regresar difícilmente empeoraría algo. Además, nunca había estado en California.

Tony revisó el traje de Nightwatcher, poniendo especial atención a los impactos de bala.

- Tengo un taller en casa – dijo, más para si que para los otros -. Puedo repararlo.

- No es necesario – interrumpió el capitán.

- Insisto – el industrial le sonrió a Raph -. Es lo menos que puedo hacer.

Continuó reflexionando. De vez en cuando escuchaban que decía cosas como "aleaciones", "más ligero", o, "reforzarlo".

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Tan pronto como el avión descendió en California, Tony salió tambaleándose, pero rechazó la camilla que pidieron para él.

Después de saludar a su asistente personal, Virginia Potts, le dio órdenes de organizar una conferencia de prensa, y preparar unas habitaciones de su casa en Malibu para un par de huéspedes. A su chofer le pidió antes que nada, que lo llevara por una hamburguesa.

El equipo encontró todo listo en la residencia Stark, y se limitaron a botar a Raph y Charlie. El único cuidado fueron unas enérgicas recomendaciones del capitán, en las que hacia a Raphael el responsable directo si algo le sucedía a su hija. Tras eso, se marcharon para hacer el recuento de los daños.

Tras unos minutos de silencio, lo único que Charlie se le ocurrió decir fue:

- ¡Uf!

Ayudó a Raph a acomodarse en una de las camas gemelas. Pudieron haber tenido habitaciones separadas, pero ella quería estar cerca para cuidarlo.

- ¿Como estas?

- Bien – gruño la tortuga.

Mientras la chica se daba a la tarea de explorar la habitación, Raphael encendió la televisión frente a su cama. Se acomodó. La casa Stark tenía habitaciones aun más equipadas, pero en lo que a él respecta, estaba en un hotel de cinco estrellas. Con Charlie como servicio a la habitación.

La tortuga cambiaba de canales a toda velocidad, buscando algo interesante.

- ¡Eh! ¡Es Stark!

Ambos presenciaron una conferencia de prensa muy interesante, en la que Tony respondía preguntas, sentado en el piso, con una hamburguesa a medio comer en la mano. Así se enteraron de que una de las mayores empresas bélicas de la Tierra, decidía, de golpe, dejar de fabricar armas.

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- ¿Como están? ¿Cómodos? ¿Les falta algo?

Esa noche, Tony llegó directamente a informarse del estado de sus huéspedes.

Parecía demasiado animado para ser alguien que acababa de firmar la sentencia de muerte de su multimillonaria empresa.

- ¿Que hará a partir de ahora, señor Stark? – se atrevió a preguntarle Charlie.

- Tony, gracias. Solo tengo que decidirlo.

La armadura de Nigthwatcher estaba apilada en un rincón. Tony tomó el casco, y siguió hablando mientras lo examinaba.

- Necesitare al menos unos días. Obi (mi socio, quiero decir), se hará cargo mientras tanto. Pero si estoy sin hacer nada terminare por volverme loco.

Se dio unos golpecitos en el pecho, que sonaron a clink-clonk.

- Emm... ¿Tony? – preguntó Raph.

- Si, si, si – el empresario cargó con todas las piezas de la armadura en brazos -. No te preocupes, tendré esto listo en menos de lo que piensas. ¿Me ayudas? – la pregunta iba a dirigida a Charlie -. Hay que llevar todo al taller.

Charlie se encogió de hombros, tomo las piezas de metal, y se dispuso a seguirlo.

- No tardo – le dijo a Raph.

En cuanto salieron, la tortuga se dio una palmada en la frente.

Eso de los lanzallamas era una gran idea.

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