Esto es:
:: Estaciones Perdidas ::
Short Fic para el Reto de San Valentín "Felices por siempre" del Foro El Diente de León.
Un poco de protocolo:
Disclaimer: Todo lo reconocible es propiedad de la Sra. Suzanne Collins, autora legitima de la saga LOS JUEGOS DEL HAMBRE, la redacción es mía, por tanto, queda prohibido la reproducción total y parcial de la misma sin mi autorización.
Summary: El amor es eso que se da de manera inesperada, sin buscar. En ocasiones con una mirada, una palabra o una acción sencilla. Puede ser en un parque, en la escuela, es supermercado, el tren; en ocasiones, incluso en un hospital. Desde la oscuridad absoluta,
con la guía de una dulce voz, desde la luz, con cuidados y atenciones, de la forma que sea, también es amor..
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Capitulo Cuatro: Otoño
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Calor. Eso era lo que sentía.
Acostumbrado a la gélida temperatura de su laberinto, la sensación fue, mas que extraña, inesperada.
Sintió algunas zonas de su aun desconocido cuerpo, tensarse, mientras el calor lo recorría por completo. Primero como una corriente eléctrica, después, como si estuviera expuesto a la luz directa del sol.
Un gran destello de luz, lo hizo reconocerse por completo. Fueron apenas unos segundos de visión total, pero fue plenamente consciente de si mismo.
Pudo verse, parado en el centro de una gran estancia. Rodeado de una especie de neblina, la misma que configuraba las paredes espumosas de su laberinto. Y, en el extremo más lejano, una gran puerta de cristal, de donde provenía lo que hasta ese momento, llamaba su faro.
Empezó a andar, con cada paso, sintiéndose mas pesado. Llego el momento en que pudo escuchar el retumbar de sus pasos en la ahora oscura estancia.
El estallido que le había devuelto la conciencia, se había desvanecido, pero el mapa en su retina seguía fresco.
Camino y camino, con paso firme hasta el resplandor amarillento que lo llamaba. De repente, una voz invadió la estancia y lo paralizó.
Era melodiosa, pausada y delicada. «Es la voz cantante» pensó
Ciertamente, era la voz que le cantaba en ocasiones, lo recordaba. Pero ahora no cantaba, era melodiosa, pero no del mismo modo ¿Leía? ¿Hablaba?
No lo sabia a ciencia cierta, pero le provocaba una sensación cálida en el centro del pecho. Presto mas atención al sonido.
«Ya estamos en otoño» dijo la misma. «¿Otoño?» Se preguntó. Su alrededor empezó a girar, del mismo modo en que si sus pensamientos se re acomodaran.
Sin embargo, era incapaz, de recordar como había llegado allí, y el hacerlo, le generaba una sensación punzante.
«El tiempo ha empezado a ponerse frio, y las hojas empiezan a caer de los arboles, afuera se ve muy bien, el suelo se pinta de café y amarillo, los animales empiezan a hacer sus madrigueras, preparándose para el invierno» continuo. Un aire frio lo envolvió, movió los brazos para tratar de abrigarse, estos no respondieron.
«Hoy tu madre llamó a medio día. Se alegro mucho de saber que tus reflejos musculares volvieron»
¿Su madre? La recordaba, recordaba su voz, y su rostro, en algún memento dentro de la oscuridad, la escucho, llorosa y gimoteaste. Esta información le hizo preguntarse que tanto estaría pasando ahí fuera.
No podría obtener una respuesta, a menos que lograra llegar a aquella puerta de cristal.
Perdió la noción del sonido, este seguía ahí, pero el ya no le restaba atención.
De la nada, sintió un apretón en la mano, y el destelló de luz de antes, aprecio de nuevo, permitiendole ver, que la distancia que lo separaba de la puerta, ahora era menor.
También vio una mano, delgada y femenina, posada sobre el cristal de la puerta. Era de piel clara, y de largos y delgados dedos. Eran manos cuidadas y delicadas.
La mano despareció al tiempo en la la presión sobre la suya lo hacia también.
Desesperado, hecho a correr a la puerta.
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Corría ahora el mes de Noviembre, y el invierno se acercaba peligrosamente de nuevo.
A Madge le preocupaba cada día que pasaba que la recuperación de Gale, no avanzara mas rápidamente.
Así que continuamente revisaba su expediente para cerciorarse de que todo iba bien. Haymitch la tranquilizaba, diciéndole que todo estaba bien, que el chico despertaría.
Así que Madge ponía mas empeño en su rutina. Había empezado a acercarse mas a el, dejando de lado el sillón reclinable y sentándose a los pies de la cama. Eventualmente, empezó a ocupar mas espacio en la cama, junto a el.
Una noche, cuando el cansancio de un día movido en urgencias la invadió mientras le leía una historia de misterio de los años 80´s, cayó dormida, con su inerte brazo como almohada.
Para Madge había sido el sueño mas reparador y cómodo que jamas hubiera tenido. Sin embargo, el despertar fue de lo mas incomodo.
A los pies de la cama, se encontraba Delly, en compañía del Dr Abernathy, ella con la sonrisa auto suficiente marcada en el rostro, y el con el ceño fruncido y los labio apretados.
Vale decir que eran los únicos que sabían de... su situación. Por lo mismo era mas que vergonzoso que su jefe, la encontrase en aquella posición.
Se puso de pie inmediatamente, alisando el uniforme azul y el cabello rubio. Delly rió.
Con el rostro teñido de carmesí, abandonó la habitación, solo para toparse de frente y sin freno, con la madre e hijos de Gale.
— Buenos dias, Señorita enfermera — dijo amablemente la señora. Sin poder hablar por la verguenza, Madge solo sonrio de forma timida y aun algo sonrojada.
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La salida estaba cerca, lo presentía. Así que continuo con paso firme y decidido su camino hacia ella.
El faro se encendió, al tiempo en que sentía el calor de un delicado cuerpo junto al suyo, proporcionándole calor en aquel frio lugar.
La luz se intensificó de tal modo que le dañó la vista. Estaba a unos pocos pasos de la puerta, así que se acercó, solo para ver, como una silueta femenina, de largas ondas doradas y descalza, se detenía en su camino para esperarle.
La mujer no hablo, solo espero a que Gale, desconcertado por la luz, le alcanzara, para empezar a caminar nuevamente. Se detenía, cada vez que, el pensaba, se retrasaba en el camino.
Cuando por fin la alcanzo, y roso apenas con la punta de sus dedos, la zona donde se unía su cuello y hombros, pudo observar su mano, grande y morena, maravillándose en la precisión con la que se movía.
Tardó un solo segundo en escuchar una voz, distinta a la que había escuchado todo este tiempo que le decía :
«Bienvenido de vuelta»
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— Bienvenido de vuelta — dijo el Dr. Abernathy al chico de piel morena que abria los ojos por primera vez, despues de casi un año.
Su madre, se encontraba al pie de la cama, justo detras del doctor, con las manos sobre los hombros de dos de sus hermanos, los labios apretados y las lagrimas amenazando en resbalar.
Algo en el rostro le molestaba, alzó la mano, algo temblorosa, para removerlo.
— Tranquilo, muchacho. Delly, retirala un momento, veamos como reacciona. —
— Do.. donde — la voz le salia rasposa, intento aclararse la garganta —¿donde, donde esta?
— ¿Quien? ¿Recuerdas algo?—
— Habia, habia una luz, y luego apreció una chica ¿donde esta?
— ¿Recuerdas como era ella? — Haymitch, por primera vez, se sentia impaciente. Gale hizo una mueca de dolor, cuando intento acomodarse por si solo en la cama, Delly le afreció su ayuda y el se dejó ayudar.
Cuando el la miró, por primera vez, Delly se sonrojó «Si la mira de esa forma, se desmayará, estoy segura»
— Es muy parecida a ella, pero no es ella.
— No se si sentirme halagada o no con eso — dijo sonriente la enfermera. Gale hizo una mueca.—
— Muy bien muchacho, ha sido suficiente por ahora, Delly, llama al Dr. Odair, y al Psicologo Mellark, para que le hagan algunos examenes. Señora, acompañe por favor.
Todos salieron de la habitacion, su familia, no sin antes despedirse, con un abrazo que el moreno acepto conmovido.
Delly se quedó junto a él, cerca de un minuto más. — Sé de quien hablas — le confesó de repente, sus ojos, grandes, grises y confundidos, la miraron expectantes — Pero ahora no puedo decirtelo, esto es algo que tienes que responderte tu solo ¿recuerdas algo más de ella? — el moreno asintió con la cabeza — Bien, piensa en ello y pronto lo descubrirás.
La sesión de examnes fue interminable, y Gale empezaba a sentirse agobiado. Le habian hecho muchas preguntas, a las cual aparentemente habia respondido bien.
El Dr. Mellark, que era psicólogo, le pidió que pronunciara en voz alta todo lo que recordara de su persona, desde la mas sencilla, hasta la mas complicada.
«Mi nombre es Gale Hawtrone, tengo veinticuatro años, naci en Virginia, hasta hace poco vivia en Brooklyn, manzana 19 apartamento 56. trabajaba como agente publicitario, cerca del centro»
Eso era lo maximo que podia recordar, el doctor le pidio que no se esforzace demasiado, argumentando que pronto recordaría mas cosas.
En todo el proceso, no dejo de pensar en el Angel, asi la habia bautizado, que le acompaño todo ese momento.
Trataba de recordar algo mas que la desdibujada silueta, alguna caracteristica mas precisa para poder rconocerla. Pero su cerebro se negaba a cooperar. Empezo a preguntarse entonces, si no habia sido solo una creacion de su cabeza.
Pero... ¿se habria imaginado también la charla con la enfermera regordeta? No. Estaba más que seguro que eso fue real.
Entonces la chica existia. Y estaba dentro de ese hospital.
¡Hola!
Antes que nada, una disculpa. Se suponia que esto habria quedado concluido el dia martes, pero por razones personales, no pude concluirlo.
Mismas razones que no permitieron a mis dedos y cerebro, encontrar a nuestros protagonistas, inmediatamente despues de que Gale, despertara. Por lo cual he decidido, a modo de epilogo, incluir la Estacion Invierno.
Espero que lo hayan disfrutado, tanto como yo al escribirlo.
Salud, dinero, humor y pelazo para todos.
Los ama, Ghost.
