Hola, aquí estoy de nuevo, disculpad por el retraso, pero es que no pude escribir por algún tiempo, bueno lo pasado, pasado está, me pongo a escribir y no os entretengo más. Ah, por cierto, en este capítulo saldrá un personaje inventado…

4. Una misteriosa chica y un amigo algo estrafalario.

Vegeta estaba andando sin rumbo fijo por aquél blanco paraje, helado hasta el tuétano de los huesos y temblando de frío.

-Esto solo me puede pasar a mí-gruñó con los brazos cruzados en el pecho intentando entrar en calor.

Intentaba encontrar el camino correcto entre la nieve, todo aquello le parecía una locura de las gordas, ¿cómo demonios había llegado al Polo Norte si hace apenas una hora se encontraba en un denso bosque, rodeado de árboles, bichos que corrían de un lado para otro y con ojos misteriosos…? ¡¡Ojos misteriosos!! Curiosamente, antes de caer dormido había visto delante de sí unos bonitos ojos marrones. Estuvo pensando un buen rato, pero tuvo que estarse moviendo, sino se quedaría helado. Intentó andar en línea recta, allí no había nada por lo que guiarse, además soplaba una ventisca de tres pares de narices.

-Grrrr… ¡Ya no aguanto más!-rugió levantando la cabeza.

Y claro, al no ir mirando donde pisaba, tropezó con una roca, que estaba al lado de una pendiente, que el Caperucito bajó rodando acumulando nieve en su cuerpo y aumentando de velocidad y de tamaño, llegó a final de trayecto, estampándose contra una buena roca de las duras. Toda la nieve a su alrededor se deshizo del porrazo, revelando a un Caperucito Vegeta algo traspuesto, sangrando por la nariz, los ojos en blanco y un chichón en la frente.

-Nhaaa…, estoy hecho puré-musitó resbalando por la roca hasta el suelo.

Se quedó allí tirado un rato, intentando situarse sin conseguirlo, hasta que decidió levantarse y ponerse a andar de nuevo. Llevaba andando más o menos media hora, cuando sintió que alguien le seguía a hurtadillas, estuvo alerta, mas no logró identificar lo que le seguía. Se encogió de hombros, pensando que se lo había imaginado cuando, de repente…

-¡Hola! ¿Te has perdido?-oyó un grito al lado de su oreja.

Al mismo momento, surgió delante de él una figura repentinamente, dándole un susto de muerte. Vegeta se llevó una mano al corazón y cayó de espaldas de la impresión.

-Algún día me va a dar un síncope-dijo algo nerviosillo, con un tic en el ojo derecho y una sonrisa de loco-, ¿y tú quien eres?-preguntó a la figura.

-Oh, ¿no me conoces?-la chica estaba extrañada.

-Pues no-respondió el Caperucito como si fuera lo más normal del mundo.

Una nube de tormenta apareció en la cabeza de la figura, que se había desplomado deprimida, de rodillas y manos en el suelo, con la cabeza entre los brazos.

-¿Es que todo el mundo conoce a la leñadora petarda y a mí no?- se atormentaba ante la confundida mirada del Caperucito, que la miraba como un bicho raro.

Se levantó todavía con la nubecita revoloteando por encima suyo y se acercó al chico, que tenía una distancia cauta entre la figura y él.

-Me llamo Maron, y vivo en el bosque de Pico Alto junto con mis padres-se presentó-, ¿tú cómo te llamas?

-Vegeta-respondió ocultando su verdadero nombre, pero no le sirvió de nada.

-Ah, Caperucito Vegeta. Te conozco, he oído hablar de ti a la leñadora- dijo alegremente.

-Leñadora del demonio´´- pensó con intenciones asesinas- ya verás cuando te pille´´

Vegeta se había quedado pensando, sin prestarle caso a todo lo de su alrededor, con el puño apretado y una venita en la sien izquierda, por lo que hizo que Maron pensara que era un poco rarito, tal y como se lo había oído decir a la leñadora. De pronto, Vegeta se volvió hacia la chica, todavía con mirada de psicópata, por lo que ella se asustó un poco bastante, y estuvo tentada de dejarle allí tirado y escaparse corriendo.

-Oye, ¿tú conoces éste paraje?-gruñó Vegeta.

-Estoooo, si- respondió ella.

-Llévame a un lugar más cálido-suplicó con los brazos en torno a su pecho-, se me van a congelar hasta los mocos.

-Vale-accedió-, ven, sígueme.

Anduvieron durante apenas quince minutos, en línea recta hacia donde se distinguía un resplandor tenue y rojizo, que fue tomando brillantez y más colorido a medida que se iban acercando, Vegeta se preguntó cómo es que no lo había visto antes, pero se encogió de hombros, contento de que por fin iba a salir de aquel congelador. Empezó a notar calorcito en el cuerpo y cerró los ojos para disfrutar de la sensación…, hasta que notó que algo no iba no bien, hacía demasiado calor para estar en un lugar tan frío. Abrió los ojos, y con lo que se encontró se quedó sin habla durante un tiempo.

-Pe…pero, ¿qué narices es este lugar?- gritó cubriéndose los ojos con los brazos, con los dientes de punta y corriendo de un lugar a otro, en círculos.

-Bueno, yo te he traído a donde me has pedido, un lugar más cálido- le dijo encogiéndose de hombros-, aunque quizá me he pasado un pelín- murmuró para sí, observando cómo Caperucito iba dando saltos hasta la sombra de una duna, porque se quemaba los pies.

-Esto es de alucine- musitó Caperucito Vegeta quitándose los zapatos para sacarse la arena que le había entrado, estaba sentado a la sombra de la duna, donde no hacía tanto calor.

Pasó su mirada por el paisaje, fijándose en un detalle en el que no había caído antes, había allí una extensión de piedras, pero le pareció ver a la que estaba antes en el Polo Norte, con la que se había estampado.

Se quitó la gabardina sin darle importancia, y se tumbó un rato a la sombra, Maron estaba revoloteando por ahí. Consideró la opción de estrangularla, pero lo pensó mejor, sin ella no sería capaz de salir de ese inmenso desierto ni volver a ver a sus queridos´´ amigos y familiares: Bulma, casi seguro que nada más verle, le da un guantazo por no haber seguido sus instrucciones y su madre seguro, seguro, que le da un capón por llegar tarde a su recado y a casa.

-Te recomiendo que te pongas la gabardina- habló ella a su lado-, dentro de poco el sol va a cambiar de posición.

-¿Esto parece un horno crematorio y tú dices que me ponga la gabardina?-se asombró Vegeta.

-Sí, puedes coger una insolación, como otros tantos que vinieron y los… estoooo…se extraviaron-acabó con una risa nerviosa-, soy tonta, casi me descubro a mí misma´´- pensó.

Vegeta tenía la mosca detrás de la oreja, sospechaba algo de Maron y antes, ella había tenido un fallo garrafal, casi había dicho algo así como que ella engañaba a los caminantes. La miraba de reojo, esperando ver alguna expresión delatora, cuando la chica se dirigió de nuevo a él, mirándole no a la cara, sino a los pies.

-No te muevas-susurró.

-¿Qué pasa?

Caperucito echó un vistazo rápido a sus pies y vio arrastrándose ante él un bicho muy raro hacia su dedo gordo. Era mitad cangrejo, mitad cosa rara, tenía unas pinzas delante y una cola curva detrás. Vegeta nunca había visto algo tan raro, levantó ligeramente el otro pie y le dio un golpecito al escorpión arriba del todo, se sorprendió de que fuera duro, el bicho levantó una de sus pinzas e hizo lo mismo en el dedo de Vegeta, que se rió al ver lo que hacía.

-Caperucito Vegeta- el susodicho frunció el ceño haciendo una mueca muy graciosa-, no juegues con los escorpiones, son peligrosos. Aunque éste es pequeño y no hace nada.

-Pero míralo, si es una monada-replicó el chico, cogiéndolo y achuchándolo como si fuera un peluche.

El mini escorpión subió por el brazo de Vegeta hasta el pelo de éste, donde parecía estar muy cómodo. Parecía un topo, pues se sumergía en el pelo por un lado y aparecía por otro, hasta que dejó de explorar la cabeza de Caperucito y se apalancó en su hombro. Maron se asombró de que el animal se encontrara a gusto con un humano, alargó el brazo para tocarle con un dedo, pero el escorpión chascó las pinzas indicándola que no se acercara.

-No te fíes de ella- habló una voz muy aguda.

Vegeta y Maron se volvieron hacia todos los lados para averiguar quién había hablado, pero no vieron a nadie. Un toquecito en el cuello de Vegeta le hizo volverse de espaldas. Un refunfuño sonó cerca de su oído.

-Estoy aquí, sobre tu hombro.

Vegeta giró la cabeza lentamente hacia el escorpión, que agitaba una pinza a modo de saludo y una especie de sonrisa.

-AAAAAAARGG, ¡ESTO YA ES LA GOTA QUE COLMA EL VASO!- rugió el Caperucito.

Bulma cortaba su último árbol, cuando un grito escalofriante rompió la calma del bosque, haciendo que varios pájaros levantaran el vuelo. El grito le resultaba demasiado familiar para ignorarlo, así que se cargó su querida hacha al hombro y salió corriendo hacia Pico Alto.

-Este Caperuzo…, seguro que no ha seguido mis instrucciones- dijo Bulma para sí, frunciendo el ceño.

-Vegeta, para ya de dar vueltas, que me pones de los nervios- se quejó Maron.

-Vámonos de éste lugar, estoy frito de calor.

-Bueno, ¿y a dónde quieres ir?- preguntó ella.

-Fuera de éste infierno- contestó.

-Jo tío, no estás contento con nada-refunfuñó Maron-, ¿a dónde quieres ir?, decídete ya, jope. A este pavo lo dejo que se pierda como me vuelva a tocar las narices´´- pensó un poco harta.

-Pues a un sitio donde halla agua. Pero no al océano, ni a un mar ni nada por el estilo, que o te pasas o no llegas.

Maron comenzó a caminar entre las dunas lo más deprisa que pudo cabreada a más no poder con el viajero que le había tocado en suerte, Vegeta y su nuevo amigo el escorpión, que decía que se llamaba Chris. Anduvieron mucho bajo un sol de justicia, hasta que Caperucito Vegeta no pudo más y se tiró más que tumbó bajo una duna, con la lengua fuera, sudando la gota gorda y la delgada.

-Estoy que me muero-jadeó-, me sudan hasta las uñas de los pies.

Miró de reojo a Chris, que estaba disfrutando de lo lindo, y a Maron, que no parecía que tuviera calor.

-¿Pero vosotros de qué estáis hechos?- Vegeta estaba incrédulo ante ellos-, ¿de hierro colado?

-Oh, yo he vivido aquí siempre- respondió la chica.

-Y yo me acostumbré cuando alguien me raptó- dijo Chris con su vocecita aguda, mirando a Maron.

-¿Ella te raptó?-susurró Vegeta al bicho.

-Si- Chris hablaba en el mismo tono, y resultaba muy gracioso-, por eso te dije antes que no te fiaras de ella.

-¿Y qué hacemos? ¿La matamos?

-Pero mira que eres zopenco- a Chris le había salido una gota en la cabeza-, no hombre, tenemos que salir de aquí y ella es una de las dos personas en esta región que conoce el camino para salir de aquí, no podemos hacer eso.

-¿Y quién es la otra persona?- curioseó Vegeta.

-Es…, hace mucho que no la veo- le evadió, apenado-, seguro que se ha olvidado de mí.

Caperucito Vegeta se quedó pensativo un rato, el suficiente para poder descansar. Todo aquello le resultaba muy extraño, un escorpión que hablaba y le advertía contra la chica que le había ayudado´´, porque más que ayudarle, lo había perdido más todavía, y la chica, que parecía que se conocía todos esos parajes, aunque les llevaba de un lugar a otro.

-Bueno, vámonos ya, que queda poco- les dijo Maron.

-Vale- respondieron el chico y el escorpión al unísono.

Caperucito Vegeta se levantó de un salto y se dispuso a ir hacia su siguiente destino. En menos de cinco minutos llegaron a lo que parecía la linde del desierto, que para sorpresa de Vegeta, lindaba con una tierra verde y oscura, que se debía a los millares de árboles que les quitaban la luz con sus espesas copas.

-¿Cómo…es esto posible?

Vegeta no entendía ni papa de lo que estaba ocurriendo en aquel lugar.

-Tú querías ir a casa de tu padre, que está en la cima de la montaña, ¿no? Pues lo único que estoy haciendo es llevarte por una especie de atajo- habló Maron.

-Eres una mentirosa, Maron- la recriminó una voz furiosa detrás de ellos.

Se giraron sorprendidos de que alguien más pudiera estar con ellos en esos lugares perdidos de la mano de Kami-sama. Mayúscula fue la sorpresa de Vegeta de encontrarse allí a la leñadora de sus, aún sin descubrir, sueños. Y efectivamente, allí estaba ella, con su imponente hacha cargada al hombro y una mirada que congelaba hasta la sangre en aquél desierto.

-B…Bulma- murmuró Maron.

-¿Qué le pretendías hacer?-preguntó Bulma acercándose, a la par que la otra se iba alejando.

-¿Yoooo? Nada, nada- respondió Maron nerviosa.

-No te vuelvas a acercar a los caminantes, o se lo digo a tu madre- la amenazó.

Maron frunció el ceño ante su amenaza, se dio la vuelta y despareció entre la maleza la selva que tenían delante, pero entonces, su voz clara y furiosa resonó en sus oídos.

-Caperucito Vegeta- le llamó.

-Grrrr, ¡¡que no me llames así!!-ladró el susodicho.

-Déjame terminar, porras- le replicó la voz de ella-, te propongo algo. Elige uno de esos dos caminos, yo elegiré el otro y te echaré una carrera hasta la casa de tu padre, si llegas antes, te lo quedas tú, y si no, pues me lo quedo yo.

-Eso era obvio- murmuraron Vegeta, Chris y Bulma con una gota en la cabeza.

-¿Y tú para que quieres a mi padre?- se extrañó Caperucito.

-Pueeees- reflexionó la voz-, la verdad es que no lo sé- caída estilo anime de Vegeta y Bulma-, pero ya pensaré algo.

-Ay, madre. Que tipa más rara-gimió Caperucito Vegeta, levantándose a duras penas.

-Y que lo digas- lo apoyó Bulma-, bueno, vámonos.

Echaron a andar, Vegeta más contento que unas castañuelas, pues no le habían dado un tortazo…, de momento.

-¡¡Tú eres pavo soberano o que te pasa??- rugió Bulma dándole una colleja y estampándole en el suelo-, te dije que no te salieras del camino y todo lo demás, ¿es que tú no escuchas?

-Perdooooón- pidió él desde el suelo, con los lagrimones colgando de sus ojazos negros.

A Bulma le dio penita y lo ayudó a levantar del suelo, cogiéndolo por los hombros. Pero notó que algo se movía en el hombro de su amigo y apartó la mano bruscamente. Echó un vistazo y vio al pequeño escorpión que la miraba con los ojitos brillantes. Bulma levantó una ceja, sorprendida cuando el bicho pronunció su nombre con voz de haberse tragado tres litros de helio.

-Bulma.

Chris dio un salto y se posó en el brazo de la chica, agarrándose para no resbalar, Bulma lo cogió en la palma de su mano y lo miró detenidamente, desde cerca se daba cierto aire humano y le recordó a alguien que hacía mucho que no veía.

-Bulma, soy yo, Chris.

-¿Chris?- repitió, confusa.

Al decir su nombre, una luz pareció salir del escorpión y este quedó atrapado dentro de la luz, cegando al los dos amigos y haciéndoles cerrar los ojos y volverse. Cuando por fin se extinguió la claridad y abrieron los ojos, allí ya no estaba el simpático animalito, sino un chico de unos diecinueve años, alto y corpulento. Sus ojos eran del mismo color que los de Bulma, su pelo violeta intenso caía lánguidamente por su espalda, dándole más brillo a sus azules ojos.

-Hola, Bulma- exclamó, dándola un fuerte abrazo.

-Me alegro de volver a verte a salvo-, musitó ella devolviéndole el abrazo-, hermano…

Bueno, bueno. Pues aquí acaba el capítulo cuatro de esta loca saga. Espero que os haya gustado y que lo hayáis disfrutado. A propósito, Chris en su forma de escorpión es de color rojo casi tirando para morado, como su pelo, dos puntitos negros por ojos, sin nariz y con una sonrisa llena de dientes. Que bicho más raro, ¿no? Ajajaja. Bueno, hasta la próxima. Chao.