HOLA!

No me matéis por favor! Hice todo lo posible por subir el capítulo el viernes, pero como era de suponer, ahora qu emi hermano está de vacaciones acapara la red de internet (Un día te mato hermano... ¬3¬)

También comentaros que el sábado no puede subirlo, por que estaba de practicas en la aeronáutica (si bueno... voy a ser azafata (?) o3o)

Y hasta ahora (en España son las 23:47h) no he podido subir por que aquí donde vivo ha sido la Japan Weekend (un fin de semana especial para todo amante del manga y el anime) y como no, no podía perdérmelo, así que, aquí me tenéis con un dolor de piernas insoportable y un dolor de cabeza que no aguanto ni la luz de la pantalla u.u''

Sin mas que decir, nos leemos abajo.

Disfrutar de la lectura! :D


Capítulo cuatro: desesperación

Año 850. Cuartel de las tropas de reconocimiento del Norte.

Un gemido agudo resonó por las paredes de aquella habitación. El cuerpo pequeño de una mujer se apartaba del cuerpo del que, segundos antes, había estado unida. Se sentía cansada, y lo único que quería era tomar un gran baño de espuma. El sexo era lo más placentero que experimentaba, pero también lo más asqueroso. Necesitaba quitarse ese olor que no soportaba de aquel acto tan depravado.

-¿A dónde vas, pequeña?- La voz grave de aquel hombre la detuvo cuando la agarró la cintura.

Era un hombre corpulento. Su edad no pasaba los 40 años. De tez morena y cabellos negros como el azabache, al igual que sus ojos. Era atractivo y tenía un lunar que le sobresalía de la ceja izquierda.

-A darme un baño. – Contestó tajantemente la joven.

-Se un poco más amable cuando estés conmigo – la besa el cuello, a lo que la chica se aparta enseguida y se levanta de la cama. – No seas así, Ángela. Para tener 20 años eres muy fría. – La muchacha se da la vuelta, mostrando su cuerpo cubierto por la fina sábana. Su cabello rubio la recorre la espalda y su mirada verdosa observa al mayor.

-Sabe cómo soy, comandante. – sonríe de lado.

-¿Comandante? – El mayor suspira resignado – te he dicho muchas veces que me llames por mi nombre. – Se levanta de la cama y se pone enfrente de ella, haciendo que la muchacha levante la vista para poder verle el rostro. Ella sonríe.

-Está bien… Frederic. – El mayor la besa la frente.

-Prepárate. En menos de dos horas sales hacia Trost. – La mirada de la chica se empequeñeció mientras fruncía el ceño.

-¿EH? – Agarró la sabana con fuerza – Ya te dije anoche que no pretendo ir a Trost, y mucho menos ir a las tropas de reconocimiento del Sur.

-Sabes perfectamente que yo no puedo ir. – La agarra de la cintura, a lo que la chica hace una mueca. – Tu misión es ayudar a esos enclenques a saber controlar el mecanismo que hemos perfeccionado para el equipo de maniobras 3D. – La besa el cuello – y también… el cometido que tienes en secreto. ¿O lo has olvidado?

-No lo he olvidado… - suspiró con resignación y se separó de él. – Vete. Tengo que prepararme.


Antes de que los primeros rayos asomaron por el horizonte, la mirada oscura del Sargento observaba con detenimiento el rostro sereno de Eren. Se había despertado hacia apenas unos minutos. Los recuerdos de la noche anterior atormentaban su mente, mientras su cuerpo recordaba lo acontecido hace apenas unas horas. El rostro tranquilo Eren le hacía entender que no había sido tan malo como parecía. No llegaba a comprender cómo ese muchacho había hecho mella en su corazón.

Se sonrisa, su mirada, su piel clara… Todo lo relacionado con ese muchacho había dejado una huella imborrable en su mente. Cada día, cada hora, cada segundo, cada momento que pasaba junto a él hacía que poco a poco se convirtiera en una persona demasiado importante. Y eso no se lo podía permitir.

Acarició con cuidado los finos cabellos castaños del muchacho. Aun después de todo, sabía, aunque no quisiera reconocerlo, se había enamorado de ese mocoso estúpido.

Rivaille se levantó con cuidado para no despertar a Eren. Sigilosamente se escurrió entre las sabanas mientras el olor del muchacho permanecía intacto en su piel. Debía de eliminar aquel olor sea como sea, aunque su corazón le dijera lo contrario. Ese maldito olor le estaba volviendo loco, como sí un extraño olor dulce, entre azucarado y empalagoso, si infiltrara por sus fosas nasales, entrar en su organismo y originara en él una sensación de bienestar que no podría comprender.

¿Realmente esto era lo que él quería? ¿Realmente… Esto era lo que había buscado durante tantos años? En el mismo momento en el que Erwin le sacó de la inmundicia en la que vivía, deseó que su vida fuera diferente. Que su único objetivo fuera el de matar titanes. Que su cuerpo y su alma sólo sirviera para una cosa: eliminar aquella escoria que le había robado a la humanidad el mundo en donde vivía.

Pero todo cambió cuando ese mocoso entró en su vida. El día en que le conoció junto a Erwin, en aquel calabozo, y se quedó prendado de él. No solo por como era el muchacho.

No.

Fue porque, en su mirada, vio la misma determinación con la que él mismo había desafiado a Erwin años atrás, en las mismas condiciones. Aquella mirada que le recorrió el cuerpo y le llegó hasta la parte más efímera de su alma. Ese chico le traería problemas desde el principio, lo sabía, pero por alguna extraña razón no puso impedimento alguno a que entrara en su vida de esa forma.

El moreno suspiró con resignación. No había apartado la mirada ni un segundo del mocoso. Joder… Ese sentimiento le estaba matando.

Se terminó de vestir y salió del cuarto sin ningún destino aparente. Solo necesitaba pensar más detenidamente las cosas…


Eren despertó en cuanto uno de los rayos del sol le dieron de lleno en la cara. La radiante luz le había dejado ciego durante unos segundos, mientras su mirada verdosa se resentía de aquel acto. Odiaba despertarse de esa manera.

Se removió entre las sabanas intentando encontrar a su lado un cuerpo caliente que le sacara del dolor de sus ojos. Pero no encontró nada.

Abrió uno de los ojos, encontrando el otro lado de la cama desierta y parcialmente fría.

-¿Sargento? – La voz de Eren sonó ronca por el sueño, mientras se restregaba el ojo izquierdo. Al no recibir respuesta intentó levantarse, pero el ya conocido dolor en su espalda baja le impidió moverse. Aunque ese dolor era distinto al de los otros. Éste era más doloroso aún, como si le hubieran desgarrado por dentro. Apenas recordaba lo sucedido la noche anterior.

Deslizó las sábanas de su cuerpo para encontrarse lo que más temía. Las sábanas estaban manchadas de sangre y de sus piernas sobresaltaban rastros de sangre seca desde su entrada hasta sus rodillas.

Los ojos de Eren se agrandaron. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Leves temblores se apoderaron del cuerpo del muchacho y una sensación de miedo le recorrió el cuerpo al acordarse de todo lo sucedido anoche. La mordida, los moratones, las embestidas tan sumamente dolorosas… Nunca llegó a pensar que el sargento pudiera llegar a ser tan agresivo como la noche anterior.

Se agarró de las rodillas y se puso en posición fetal. Se sentía horrible. Había ido en busca de protección y lo que había conseguido había sido lo que más miedo le daba. Que Rivaille le hiciera daño.

Agarró con desesperación una de las sábanas y comenzó a llorar. Lloró por la impotencia de sentirse un ser tan miserable. Lloró por ser un simple juguete para el sargento. Y lloró porque sabía que nunca el sargento le amaría como él mismo. Porque era verdad. Se había enamorado del sargento… Y era algo que no se podía remediar, aunque lo deseara con todas sus fuerzas.


Ya era la vigésimo tercera vez que Mikasa miraba el reloj que colgaba del comedor del castillo. Una sensación extraña le recorría el cuerpo, y sabía que estaba relacionado con Eren. Aunque ella era madrugadora, sabía que su querido hermano se despertaba minutos después, porque siempre al entrar en el comedor, el castaño aparecía detrás de ella con una sonrisa tan característica de él.

Pero hoy era diferente. Los minutos pasaban y Eren no aparecía por el comedor. La desesperación la recorría el cuerpo. Y volvió a mirar el reloj.

Por su parte, Armin miraba curioso la forma tan característica de Mikasa por la preocupación de Eren. Era cierto que el castaño no era de levantase tarde pero, en cuanto vio aparecer al sargento con cara de pocos amigos su teoría estaba completa. Sonrió amablemente a Mikasa y la agarró de la mano para que la mirase.

-Mikasa, tranquila. Seguro que Eren está dormido. No te preocupes tanto. Ya no es un niño. – sonrió con ternura.

-Lo sé Armin. Pero no puedo dejar de pensar en que le pudo haber pasado algo a Eren esta noche. Estoy preocupada. Últimamente está muy raro… y tengo la sensación de que, más ahora que nunca, tengo que protegerlo. – Mikasa le miró con preocupación.

-Se a lo que te prefieres. Desde el día del mercado Eren ha actuado de forma extraña… mejor dicho: Todos hemos actuado de forma extraña, hasta el sargento. – La mirada de Mikasa se afiló.

-Como ese maldito enano le haya hecho algo a Eren, te juro que lo corto en pedacitos. – respondió Mikasa con cara de asesina en potencia. Armin sólo rio nervioso. Cuando Mikasa se ponía de esa forma, no hay quien la contradiga.

-Deberías de tener un poco más de respeto hacia los superiores, Mikasa. – la pareja había estado tan ensimismada hablando que no se habían dado cuenta de la entrada de Eren y su posterior posición a su lado.

-¡EREN! – Mikasa le cogió de las manos - ¿Estás bien? – le miró con súplica

-Tranquila, Mikasa. Estoy bien. – La sonrisa forzada del castaño no pasó desapercibida por el rubio. Tenía la corazonada de que había sucedido algo. Y sus teorías podían ser resueltas en cuanto vio las manchas características que Eren tenía en los ojos cuando lloraba. Pero prefirió ignorarlos, al igual que Mikasa.

La mirada de Eren se cruzó con la del sargento un efímero segundo antes de que el castaño la apartara rápidamente. Se sentía cohibido. El miedo todavía seguía recorriéndole el cuerpo.

-Tsk… - el bufido de Rivaille llegó a los oídos de Hanjie. La castaña miró con determinación como el soldado más poderoso de la humanidad tensaba sus músculos y se sentaba de golpe en el asiento a su derecha.

-¿Pasa algo Rivaille? – la respuesta del moreno tardó en llegar.

-No.

-¿Estás seguro de ello? – Alzó una ceja – Parece que hayas despertado de mal humor. Y no es que no estuvieras de buen humor esta semana. – La afirmación de la castaña irritó más al sargento, que la miró con cara de pocos amigos.

Era cierto que no había despertado, digamos, como una rosa después de lo que sucedió anoche. Pero lo que realmente le había deprimido y, posteriormente, cabreado, había sido lo que se encontró en su cuarto después de haber estado dando vueltas por el pasillo a la madrugada.

Encontrarse a Eren, arrodillado, escondido en la esquina mas apartada de su habitación, mirándole con terror. Eso es lo que le había soqueado.

Se creía la persona más asquerosa del mundo. La mirada de Eren le había dejado sin palabras. Cuando intentó acercarse a él, el muchacho más se encogía a cada paso que daba.

No se acerque… por favor…

Rivaille cerró los puños con fuerza. Recordar eso le estaba dando dolor de cabeza. Se levantó de golpe y salió del comedor ante la atenta mirada de todos los cadetes.

-¿Eh? ¿Rivaille? – Hanjie se quedó en su sitio mirando al enano salir a toda prisa. Arrugó el entrecejo. Debía averiguar qué había pasado.

Pasó la mirada por todos los cadetes y se encontró con la de Eren, que la miraba entre suplicante y asustado. Eso era. La cosa tenía que ver con Eren.


La noche volvió a caer sobre el cuartel. Los faroles de aceite hacían a la vez de lámparas que recorrían cada tramo del castillo. Aunque fuera de noche, el lugar permanecía encendido hasta que toda la tropa, exceptuando a los de la guardia, se hubiera acostado.

En lo más alto de las torres del castillo, Eren veía el cielo sin ningún interés.

Había hablado con Hanjie toda la mañana, mientras el resto de la tropa permanecía en el entrenamiento. No es que no quisiera entrenar, sino que un dolor procedente de su vientre le había asustado de sobremanera.

Seguramente tu cuerpo se resiente de lo de anoche, Eren.

Eso le había dicho Hanjie. Que su cuerpo seguía adolorido por lo que le había hecho Rivaille. Suspiró con resignación y se apoyó en la baranda de piedra. Si era sincero consigo mismo, no se arrepentía de haber hecho lo que hizo. Lo que había pasado es que se había asustado al ver la sangre.

Y no, tenía miedo a la sangre. Solo es que se había asustado al ver lo que había sucedido, nada más. Y ahora el sargento estaba enfadado con él.

También que, cada vez que ve al sargento, su cuerpo se tensa y siente la necesidad de huir… por que le temía…

-¡AAAGGH! ¡Eren! ¡No te entiendes ni a ti mismo! – Se agarró con desesperación los cabellos. Estaba tan confundido…

Levantó la cabeza y miró el bosque que se extiende por todos los alrededores del castillo. A esas horas todo parecía tan tenebroso… Se quedó mirando un punto fijo del bosque hasta que vio una figura moverse entre los árboles. Se asustó y se tensó. Esa figura… ¿Quién era? Mierda. Por qué no tenía su equipo de maniobras a mano.

Vio que la figura se acerca hasta el final del espeso bosque, hasta quedar a la vista de la luna llena. Era una figura menuda y rechoncha. Eren agudiza la mirada. Y la reconoció.

-Tu…


El sargento se encontraba en el comedor. La pequeña lámpara de aceite a su lado le daba la suficiente luz para poder seguir con su lectura. Leer era lo único que le sacaba de los problemas que se le estaba viniendo encima. Eren, la nueva expedición y ahora…

Apartó la mirada del libro para ver la carta que se encontraba al otro lado de la mesa. Esa dichosa carta que había llegado esa mañana después de haberse ido del comedor. La volvió a coger entre sus manos y examinarla. Ya la había leído por lo menos 3 veces. Los bordes del sobre ya estaban del todo rotos de tanto sacar y meter la hoja de papel en la que le decían que un escuadrón del norte venía a ayudarlos.

¿Por qué tenía que ser precisamente del norte? No quería verla de nuevo. No. No a ella no. Frunció el ceño y tiró la carta con rabia. Estaba furioso.

Levantó la mirada al notar que alguien pasaba corriendo al lado de la puerta. ¿Qué hacían levantados a aquellas horas de la noche? Se les iba a caer el pelo.

Rivaille se levantó de la silla y se encaminó al pasillo. La figura se movía con rapidez y se fue a las puertas traseras. Frunció el ceño. Le iba a dar una buena patada en el culo a quien osara merodear por el castillo a aquellas horas.

Siguió a la sombra a las fueras del castillo. Hasta que se dio cuenta que era el mocoso estúpido. Se encontraba hablando con una pequeña figura. ¿Quién sería?

-¿Eren? – sorprendió al menor con su llamado. El mocoso parecía asustado y la mujer le miró de arriba abajo.

-Asique… tu eres el famoso… ¿Rivaille? – Eren se sonrojó y apartó la mirada, mientras se apartaba de la figura. – tenía ganas de conocer al compañero de Eren. – Rivaille tardó en procesar la frase.

¿Cómo que compañero?


Y bueno! Hasta aquí lo dejo!

Quién es esa extraña chica que va directa a encontrarse con nuestros protagonistas? ¿Qué quiere decir la misteriosa mujer del bosque con que Rivaille es el compañero de Eren? Todo esto y mucho más... en el siguiente cap! (Parezco la televisión anunciando los capítulos jaja)

La verdad es que la he escrito con 39 de fiebre y no está muy bien que digamos (para mi gusto...) pero en fin, es lo que ha quedado!

Dentro de poco empezaré a con las clases, asique estoy pensando en subir un cap por semana... no se, ya veré

Un beso enorme y nos seguimos leyendo!

Hasta la proxima actualización