Disclaimer: Los personajes le pertenecen a ChiNoMiko y Beemoov, Battle Royale es creación Koushun Takami, yo solo los tomo prestados para mis fantasías ocasionales.
Rating: T
Advertencias: Lenguaje soez, violencia, muerte de personajes. Escenas nada bonitas, vaya. Por favor leer con precaución.
Capítulo 4: Viktor
Love, I have wounds
Only you can mend,
You can mend.
And I wanna fight
But I can't contend.
I guess that's love
I can't pretend,I can't pretend.
Can't pretend- Tom Odell
"Tu camiseta me suena," Sucrette se acuclilló junto a Castiel, quien estaba sentado en el concreto de la azotea con la espalda recargada en la pared. Al final, después de insistirle mucho, la había dejado entrar.
No es que fuese un sacrificio. Después de todo la chica no era insoportable—o quizá sí, pero de manera agradable—.
"¿Sí, a que? ¿El trasero de tu último poni?"
"Ya, es una marca de ropa ¿no?" ladeo la cabeza, aparentemente divertida ante la clara indignación de Castiel, "O a lo mejor es una banda… ¿Winged skull?" añadió quedito, como tanteando el terreno.
Castiel abrió mucho los ojos. No resultaba fácil conseguir música rock en la República—básicamente todo lo extranjero estaba prohibido, en especial si era americano, por ejemplo, sus converse, esas que antes habían sido moda, ahora era dificilísimas de encontrar— por eso, para escucharla, uno tenía que tener ganas y saber donde se ponían los mercados de pulgas, esos que traficaban material prohibido. No podían ejecutarte por escucharla pero si mandarte a una prisión especial para jóvenes, donde te re-educaban. Estaba seguro de que, en la escuela entera, solo él y Lysandro se atrevían a escucharla.
"No me mires así, he vivido en sitios más grandes que este ¿sabes? En la ciudad casi todos escuchan rock,"
Castiel soltó una carcajada, "¿Acaso eres una rebelde?"
"Ajá, y dime ¿Quién te gusta? ¿Dylan? ¿Lennon? ¿Lou Reed?"
Sucrette supo que era amor casi desde el primer momento, lo supo a pesar de nunca haber experimentado nada parecido. Le quería.
Castiel tardo un poco más en darse cuenta.
Quizá demasiado.
Etapa intermedia: Día 1
7:00 hrs
"Dime, Iris, ¿Qué harás si llegamos a quedar solo las dos?"
La expresión de la chica se rompió, como si Melody acabara de pegarle un puñetazo, pero se recuperó rápidamente, si una de ellas se desmoronaba el resto no tardaría en seguirle el paso.
"Yo no creo que eso llegue a pasar," soltó una risita, quería hacer pasar el escenario como imposible, tratando de camuflar el miedo que sentía, a no ser lo suficientemente buena para ganar, a serlo.
"Sí pero… si se diera el caso ¿Qué harías?"
En realidad, Iris todavía se sentía embotada, como en un sueño. Y es que todo parecía irreal, el amanecer que ambas contemplaban sentadas en el faro de la isla era precioso, un cielo rosado que parecía derretirse en toques naranjas, le dieron ganas de pintarlo, pero luego, al ver la ballesta que parecía haberse convertido en una extensión del brazo de Melody y sus propias manos sosteniendo una Uzi de 9mm—según el manual—le pareció que aquel escenario era más apropiado para algún fan de Dalí, a ella nunca le había ido el surrealismo.
Doblo y estiró los dedos de su mano derecha, observándolos con atención. No, no conseguía asimilar que aquella fuera su mano. Ni siquiera se había tomado el tiempo para llorar la muerte de Priya, porque no lo creía.
Inspiro.
¿Enserio tenía que meditar si mataría a su mejor amiga?
"Bueno…" comenzó a jugar con sus pulgares, consciente de la impaciencia de su acompañante, "Me gustaría vivir, creo mi madre y mi hermano aún me necesitan, así que no seré un objetivo fácil, aunque se trate de ti," Le dedicó una sonrisa grande, de esas que casi parecían reales, "Tú también tienes a alguien importante esperándote en casa ¿no? Ambas debemos esforzarnos,"
Melody asintió, tenía el ceño increíblemente fruncido, quizá con la esperanza de disfrazar sus ganas de llorar con inconformidad, la manicura que cuidaba con tanto mimo, todo para no acabar avergonzándose al entregarle papeles a Nathaniel, estaba destrozada de lo mucho que se había estado mordiendo las uñas, se odiaba, y a sus padres, y a Nathaniel también.
"Pero hasta que llegue ese momento quedémonos juntas ¿sí?" Iris tomo su mano, solo ahí se dio cuenta que había estado temblando.
Le dio un apretón como respuesta, o para hacerle saber que aún no había perdido la cabeza. Ella misma no lo sabía.
Se sentía traicionada, había seguido las reglas al pie de la letra toda su vida y para lo que le había servido. Para nada. Por eso había tomado una decisión: a partir de ese momento haría lo que quisiera, por ejemplo, era su turno de hacer guardia, en teoría tendría que estar sentada al otro lado del balcón porque tener todos los flancos cubiertos era importante, según Kim pero no le daba la gana, prefería quedarse ahí, con Iris, viendo un estúpido amanecer.
Agarro con más firmeza la mano de la otra chica y echó la cabeza hacia atrás, ahí la brisa se sentía muy bien, estar en la playa, justo frente al mar tenía mucho que ver, alrededor del faro no había nada, ni maleza o casuchas, solo el mar y una gran extensión de arena. La hacía sentir limpia.
Al menos estaba mejor que Violeta. A la pobre la habían encontrado al último, en shock y con una temblorina incontrolable, a Melody se lo ocurrió que pudo llegar a verla dispararle a Jade y el corazón salió de su lugar como en caída libre, pero no parecía ser el caso, cuando Kim consiguió hacerla hablar solo soltó una frase: »No dejen entrar a los chicos. Los chicos son peligrosos. «
Bueno, no importaba.
"Maldición," soltó. Iris la miró con los ojos bien abiertos, no recordaba la última vez que la había escuchado maldecir.
"Estaremos bien," Iris sabía que aquello era una mentira, pero sonaba bien, bonita y adecuada, además iba acompañada de una sonrisa que era más o menos honesta, lo compensaba.
Melody no le creyó, pero se lo agradeció.
#
9:00 hrs
Rosalya descansó sobre sus rodillas y trato de recuperarse de la carrera. Apenas había conseguido salir del J-2 a tiempo, pero había sido su culpa, en ese sector se concentraba la mayoría de la zona residencial, un montón de casitas miserables que amenazaban con caerse en cualquier momento, era casi imposible colocar cámaras en ellas y el objetivo del Programa era observarlos lo mejor posible, lo normal era sacarlos al aire libre.
Ahora, sin cuatro paredes se sentía más bien desprotegida. Además odiaba correr.
La verdad es que no tenía nada muy claro además del hecho de que no estaba en eso, no iba a jugar.
Doblo una esquina y se pegó a la pared de un negocio, cuidando que nadie la estuviera siguiendo. Tampoco iba a dejarse morir.
Se detuvo en seco. Una figura sobresalía más allá, medio escondida detrás de un contenedor de basura. Al comprobar quien era, se acercó lentamente, con cautela.
"Sucrette," la llamo. La chica estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y la pierna izquierda extendida, un profundo arañazo cruzaba su pantorrilla.
En cuanto la escucho soltó la botella de agua oxigenada con la que había estado lavando la herida y le apunto con su arma, una Ingram MAC-10.
Lentamente dejo caer su mochila al suelo y se acuclilló, tomando su distancia.
"Déjame ayudarte con eso, ya sabes que eres muy mala con las vendas," Aparentemente Sucrette había robado de una farmacia, no había otra forma de poner las manos en medicinas.
Saltaba a la vista que la habían atacado, tenía la cara hinchada y una blusa diferente a la que usaba al llegar, gracias a las mangas arremangadas se podían apreciar los arañazos de sus brazos. Por un momento pensó que quizá Castiel le había hecho daño, se retractó de inmediato, tenía pintas un poco extrañas pero era un buen chico, en realidad, toda la clase lo era, unos más molestos que otros, pero hasta ahí.
Tampoco podía preguntarle. Del bolsillo de sus pantalones cortos sobresalía una navaja, y a menos que la hubiese traído con ella, significaba que le había sacado su arma a alguien a la fuerza.
Y a las chicas no se les preguntaba ni por su peso, ni si se habían cargado a alguien.
Rosalya tomo la pierna de la chica entre sus manos. No le tenía miedo. Por mucho que le estuviera apuntando con un arma, la conocía, sabía que le estaba constando un trabajo enorme el simple hecho de amenazarla, podía verlo en su respiración acelerada y en el temblor de sus manos. Terminó de desinfectarle la herida y colocarle la venda. Un silencio que aplastaba las envolvió.
"Supongo que lo que le dijiste a Castiel también se aplica a mi ¿verdad?"
La chica simplemente asintió. Antes de marcharse, Rosalya tomo su mano libre entre las suyas, dándole un leve apretón.
"No importa que, eres mi mejor amiga," Sucrette bien pudo echarse a llorar pero se contuvo y una vez más, solo asintió.
Al ver la espalda de su amiga alejándose sintió un pánico terrible ¿Y si se moría en las próximas horas? ¿Y si tenía que matarla? ¿Se atrevería? Es más, ¿sería capaz de soportar perderla? No sabía. Había decidido jugar pero lo cierto es que siempre era más fácil decir que hacer.
"Rosa, no te acerques a Viktor, cuídate de él,"
Eso era lo mejor que podía hacer por ella. Rosa se giró a mirarla, dándole su mejor cara.
"Sé que te dije que prefería desnucarme antes que usar tus feas zapatillas pero por ellas sigo viva, gracias por dejármelas"
Sucrette intentó regalarle una sonrisa. Falló. De cierta forma había olvidado como hacerlo.
"Te ves como alguien con el corazón roto," Sucrette lo miraba desde abajo, con la mejilla recargada en una mano y un cigarro a medias en la otra, como si comentara el clima.
Castiel chasqueó la lengua y exhalo una bocanada de humo. Ambos se habían ocultado en la azotea para fumar y ahora el chico estaba pensando que habría sido mejor pudrirse en clase en lugar de estar ahí siendo analizado por ella.
"Tú te ves como alguien increíblemente estúpido," masculló con el cigarrillo entre los labios.
"Di en el blanco ¿eh?... En realidad soy muy lista o debería decir perceptiva ¿quizá?"
Miró hacia abajo y la vio ahí, acuclillada y abrazándose a sí misma para conservar el calor, de vez en cuando le daba una calada a su cigarrillo y se frotaba las manos, como un niño, pensó Castiel.
Lo cierto es que se sentía como si llevasen una vida juntos, como si hubiese crecido en el mismo sitio que él, Iris, el idiota del delegado y… Debrah. Y entonces cayó en cuenta, Sucrette había tenido una vida aparte, un instituto diferente, diferentes profesores, amigos, historias y a saber que más.
No la conocía.
Aun así la había llevado ahí, a su lugar especial.
¿Por qué? Para mostrárselo a Lysandro se había tomado más de tres meses, definitivamente, y era su mejor amigo.
"Oye ¿Cuál es tu pasta dental favorita?"
"¿Eh?" Castiel la miró extrañado, como si se hubiese perdido una parte de la conversación.
"Solo estaba pensando que no te conozco del todo y… quiero hacerlo,"
Y rio. Porque con ella era fácil, contestaba sus preguntas sin siquiera darse cuenta, lo arreglaba.
"¿Qué hay con eso?" dijo entre risas, "No sé, Crest, supongo,"
"Ah, mi familia siempre compra Colgate,"
Apagó lo que quedaba de su cigarrillo y saco un par de guantes del bolsillo de su chamarra.
"¿Si tenías tanto frío porque no te los has puesto antes? Idiota,"
Sucrette rodó los ojos y se tomó su tiempo para contestar, poniéndose los guantes con cuidado, estaba orgullosa de haber comprado algo tan bonito a un precio tan bajo.
"Me gusta el frío," puso las manos frente a su cara, admirándolas, "Además es difícil fumar con guantes puestos… una vez casi me incendio la mano ¿sabes?"
Castiel solo una carcajada y ella hizo un puchero pero no se quejó, ya sabía que el chico se iba a burlar. Por suerte el karma es rápido y efectivo, pensó ella, porque el pelirrojo no tardó en comenzar a toser y es que había tenido a bien a tener un ataque de risa cuando aún mantenía humo en su boca.
Se mantuvieron en silencio un rato, pero no era incómodo, al contrario, parecía que ellos podían contarse cosas sin la necesidad de hablarse. Era reconfortante.
"¿Qué, te enamoraste de mí?" soltó la chica ante la mirada insistente de Castiel, con la mano pegada a la mejilla y una sonrisita más bien molesta, según el chico.
"Sueñas," terminó el cigarro y lo pisó, sin mirarla, "¿Y tú?"
"Ya lo sabes ¿no?"
Silencio.
"Sí,"
13:00
La estaba buscando.
Viktor era un misterio.
Nunca se sabía lo que estaba pensando y no parecía tener ambiciones de ningún tipo, quizá porque ya lo tenía todo. Con esas palabras lo había dejado una de sus novias.
La pobre estúpida no se equivocaba—aunque más le habría valido quedarse callada—para Viktor la vida era una especie de limbo, sin grandes alegrías o tristezas, tampoco existía nada que le entusiasmara especialmente.
Él no tenía forma de saberlo, pero no sentía absolutamente nada. Claro que se lo imaginaba cuando veía a sus compañeros llorar en la ceremonia de graduación o a su familia emocionarse ante la llegada de un nuevo miembro, con el tiempo aprendió a pretender, aparentemente a la gente le daba grima encontrarse con alguien diferente, y aunque no podía importarle menos el ser recluido, sí que le hacia las cosas difíciles.
Era un muchacho inteligente, no le fue difícil cambiar la opinión de las personas de «frío y distante» a «encantador» en cuestión de días.
Viktor era consciente de que era diferente. Alexitimia. Eso le había escuchado decir al médico de su familia en cierto momento. Entonces se encogió de hombros y se dedicó a llenar el vacío que sentía con conocimiento, no había ningún tema que no dominara, pero le hacía falta práctica.
Todavía recuerda el hormigueo que se recorrió sus manitas cuando la vio por primera vez. Estaba preciosa, lo primero que pensó es que la niña se vería muy bien en su aparador, junto al resto de cosas bonitas que coleccionaba.
Luego, cuando la conoció, se preguntó si la chica conseguiría conservar su belleza si le cortaba una coleta, una oreja, el brazo izquierdo o si la abría en canal.
¿Su interior—todos esos órganos y venas y sangre—sería igual de atrayente?
Se obsesiono. Y eso por si solo ya era nuevo.
Pero si iba a averiguarlo tenía que ser perfecto, después de todo solo tendría una oportunidad, por eso comenzó a practicar con la gata—la cual había adquirido por la misma razón por la que quería a Sucrette—.
Pero luego ella se marchó junto a todos sus planes.
Y su mente volvió a ser un agujero negro. La vida un ensimismamiento eterno.
Durante años paladeo la idea de suicidarse, solo para tener una experiencia, pero el hormigueo fantasma le detenía ¿y si se la encontraba otra vez?
Había tomado la decisión correcta. Ahora Sucrette esta allí, al alcance de su mano, solo tenía que encontrarla.
A lo lejos, detrás de la única tienda de la isla, encontró a un muchacho.
Sacó una moneda de su bolsillo y lo echó a cara o cruz. A veces tenía problemas para distinguir lo que estaba bien y mal, por eso lo decidía de esa manera.
Cruz, lo mataba.
Tenía que probar su ametralladora, asegurar que había comprendido por completo el manual.
Se acercó a él, sin una pizca de miedo, de alguna forma tenía la absoluta seguridad de que no moriría.
El muchacho se dio cuenta de su presencia, al principio abrió mucho los ojos, aterrado, después alzó las manos en un gesto que intentaba detenerlo.
"Tranquilo, yo no estoy jugando. Estoy desarmado ¿ves?"
Viktor no le respondió. Se limitó a apuntar y disparar.
El aire se llenó de un sonido agradable, similar al de una máquina de escribir, claro que el aspecto visual no tenía nada de encantador, al contrario, la primera víctima por un arma de fuego, el premio se le concedía al estudiante transferido número veinte, Viktor.
Dajan seguía de pie, no podía verlo gracias a su camiseta de basquetbolista, pero cuatro agujeros pequeños se abrían paso desde su pecho hasta su estómago, como si alguien le hubiese atravesado con sus dedos, extrañamente, en su espalda había dos agujeros grandes, del tamaño de bolas de ping pong. Le dio un último vistazo al cielo azul que se extendía sobre sus cabezas y pensó que aquel era un buen clima para jugar afuera.
«Espero que los muchachos se las arreglen sin mí en las preliminares… es una lástima, en fin»
Cayó hacia adelante y su cabeza rebotó contra el pedregoso camino.
Viktor lo observo por un rato, después se acercó al cadáver y palpo su espalda como si estuviera buscando algo. Quería saber como reaccionaba el cuerpo humano después de ser acribillado a balazos, también le parecía curioso el funcionamiento de una metralleta.
No culpabilidad, pena o tristeza, no nada. O quizá sí. Se tocó la sien con la mano derecha, ahí estaba, un cosquilleo similar a lo que buscaba, pero no era lo suficientemente potente.
Si quería sentir algo de verdad, tendría que encontrarla.
Con la punta de su zapato —de cuero, elegante—apartó la mano de Dajan lejos de la correa de su maleta, luego rebuscó en su interior, cogió todo lo que le pareció útil, entre ellas una Browning GP-35, una pistola clásica, de menor tamaño.
Así mejor, no quería matarla instantáneamente con la metralleta.
Con ella quería tomarse su tiempo.
#
15:24
Castiel maldijo al universo, a sí mismo y al inmundo ser que tenía delante, ese que quería hacerse pasar como inteligente.
Ahora resultaba que podía morirse porque el imbécil del delegado había tenido a bien quedarse dormido. Y es que él había tenido cuidado, antes de atreverse a entrar al edificio se dedicó a lanzar piedras en todas las ventanas, lo lógico era esperar que, de haber alguien dentro, el ruido haría que dieran a notar su presencia, aun involuntariamente.
Cuando entro en la habitación incluso se llevó un susto, creyó que estaban muertos, pero luego Armin giro sobre su costado y murmuro alguna tontería sobre pokemon.
«Solo son un montón de estúpidos…» Decidió largarse de inmediato, lo habría conseguido si Nathaniel no hubiese elegido ese momento para despertarse.
Se miraron a los ojos por unos segundos. Nathaniel tenía la ventaja, si lo dejaba apuntarle con esa arma no tendría ninguna oportunidad. Y si Castiel estaba seguro de algo, era que no iba a echar todo a perder por culpa del pesado del delegado.
Antes prefería saltar de un risco.
En cuanto Nathaniel alzó la culata de su recortada, Castiel decidió que no tenía tiempo para pensar, debía actuar.
Desenvaino su daga. Ninguno hablo.
Con un rugido Castiel se le fue encima a Nathaniel, dejo caer la daga con todas sus fuerzas, dándole al vacío. El delegado lanzó lejos la recortada, tomo a Castiel de los antebrazos y se impulsó hacia adelante, impactando contra la cara del otro. La nariz de Castiel comenzó a sangrar, Nathaniel notó un zumbido en su oído izquierdo y el ardor de su frente.
Se sentía estúpido ¿Cómo se había permitido ser tan débil? Y aun peor, frente a él…
Castiel dejo de lado la daga, con las manos impedidas le parecía inútil. Iba a tener que matarlo a golpes. Se libró del agarre del delegado y le soltó un puñetazo, dos, tres, los nudillos le ardían y de repente él ya no era el único con el rostro empapado en sangre.
El primero en despertar fue Alexy.
Abrió los ojos como platos y sin dedicarle un pensamiento, tacleó a Castiel, presionándolo contra el suelo. Fue difícil, el susto le había quitado la modorra por completo pero los centímetros demás de su compañero hacían una diferencia notable, necesitó de todo su peso para contener al chico, que insistía en retorcerse y maldecir. Por suerte Armin ya se había encargado de Nathaniel, con los brazos alrededor de su pecho evitaba—a duras penas—que se les echara encima otra vez.
De Castiel se lo esperaba pero nunca creyó ver aquel par de ojos furiosos y descolocados en el rostro de su confiable delegado.
"¡Estense quietos!" acercó su rostro al de su compañero y se obligó a parecer calmado, "Castiel, tenemos un plan ¡Tú y Sucrette pueden salir de aquí juntos! ¡Lysandro también!" luego giró y alzó la voz, "¡Nath, ya es suficiente!"
Castiel dejo de removerse. Si cualquier otro le hubiese regalado aquellas palabras, bien los habría mandado a paseo—no de forma muy amigable, cabe destacar—pero se trataba de Alexy, y es que recordó un detalle, tan pequeño como importante, Alexy, el estudiante número uno, después de la frase: «En orden de sobrevivir, mataré. Primero mataré a…»«Alexy» El chico escribió su propio nombre. Y seguro que había sido el único, de lo contrario Louis no lo habría dejado correr.
Después de asegurarse que nadie le saltaría a la garganta al otro, los gemelos los liberaron. Armin pateó las armas lejos «Por el bien de las gargantas y miembros de esta habitación» masculló. Alexy los obligó a sentarse en esquinas opuestas de la habitación, por precaución, como si tratase con un par de niños castigados.
Los humos se calmaron y aunque seguían enviándose miradas asesinas, ninguno intentó nada raro.
"¿Qué era eso que gritabas antes?" gruño, "Sucrette, Lysandro," especificó ante la obvia confusión de los gemelos.
"¡Ah!" el rostro de Alexy se ilumino, a pesar de todas las gargantas y miembros en peligro, él veía aquello como una oportunidad de integrar a alguien más a su grupo. Miró alrededor, cogió la libreta y se la ofreció a Castiel, brazos extendidos y sonrisa tan ancha como su quijada lo permitía.
Castiel la recibió a regañadientes, desconfiado, creía al delegado capaz de entregarle alguna mierda envenenada o algo por el estilo, pero su ceño se fue suavizando conforme leía el contenido.
Era una oportunidad. Sí, su plan parecía una tontería sacada de una película de acción barata, pero si tenían los medios…se fijó en el portátil de Nathaniel, había comenzado a pitar mientras éste tecleaba metódicamente un montón de letras y números sin sentido. Se lo pensó un poco. En realidad no tenía nada mejor, era confiar en ellos o despedirse de Lysandro y su propia vida.
Estoy dentro. Escribió.
Los gemelos soltaron el aire, aliviados, la verdad es que se esperaban que para convencer a Castiel habría que invertir más tiempo y esfuerzo. Nathaniel se limitó a mantener la vista fija en el monitor, tratando de bloquear la presencia del otro.
"Ahora somos como los vengadores," exclamó Armin, luego torció la boca y explicó, "Ya saben, Alexy puede ser Quicksilver y yo la Bruja escarlata, Nath es el Capitán América, porque es rubio, y como siempre se están tirando de los pelos, Castiel puede ser Ironman,"
"¿Entonces Kentin es como Hulk?" A Alexy aquello le parecía bien, por la ingente cantidad de verde que el muchacho usaba se lo merecía.
Pero Armin sacudió la mano y miro a su hermano como si estuviese diciendo una tontería, "Hulk es Sucrette, ya sabes como se pone si la haces enojar," se estremeció, pocas veces había visto a alguien tan apasionado como él en cuanto a videojuegos.
Casi se rieron. Casi.
Pero la sonrisa que bailaba en los labios de Castiel se borró en cuanto el peso del Programa cayó de vuelta sobre sus hombros. Sucrette seguía allá afuera, sola, o muerta. Las manos le temblaron. Él creía que estaba siendo egoísta, porque la sabía perfectamente capaz de cuidarse sola pero el simple hecho de verla entera y viva ya le daba a él el incentivo necesario para llegar hasta el final.
La necesitaba.
Se limpió la sangre seca de la cara e hizo amago de levantarse. La nariz le dolía al contacto, a lo mejor el desgraciado de Nathaniel se la había roto.
"¿Dónde estarán los demás? Castiel ¿tú has visto a alguien?" este negó con la cabeza y Alexy miró hacia otro lado, decepcionado.
"Deberíamos apurarnos. Encontrarlos."
Entonces a Castiel se le ocurrió que Alexy esperaba demasiado, que estaba preocupado por la persona incorrecta. Y a él no le gustaba ser el aguafiestas del grupo pero si no lo bajaba de su nube entonces una bala en la cabeza haría el trabajo.
"Tú no creerás que todo el mundo va a seguirte ¿verdad?"
Alexy lo miro con media sonrisa y una expresión relajada, como si se esperara la pregunta, "Tenemos un buen plan, cuando se lo expliquemos a todos…" Castiel comenzó a negar lentamente con la cabeza y Nathaniel suspiró con hastió, si él se lo había guardado ¿Por qué el otro imbécil no hacía lo mismo?
"Al Programa solo puedes sobrevivir desconfiando de todos. ¿Qué sabes tú de los demás? Quizá alguno tiene a un familiar muy enfermo en casa o un hermano menor del cual cuidar y consideran necesario volver o a lo mejor solo son egoístas y quieren ver a alguien una vez más, todo es válido. Lo único cierto es que si escapamos de aquí vamos a tener que salir del país y vivir como prófugos. Para muchos eso es lo mismo que morirse aquí,"
"Incluso yo podría estar pensando en matarlos. Puede que me quede con ustedes para protegerme y al final los mate ¿no crees? Es más ¿Por qué entre cuando estaban dormidos?"
Alexy pareció contrariado.
"Es verdad que pareces del tipo individualista pero si comenzamos con desconfianzas acabaremos mal. Tú estás con nosotros. Y en cuanto a los demás… creo que vale la pena intentarlo, después de todo hasta ahora ha funcionado,"
Castiel se rascó la cabeza y decidió dejarlo. Debía ser algo agradable tener tanta confianza en la humanidad.
"Pues perdona, nací con esta pinta, no puedo cambiarlo,"
Alexy se rio y le paso su daga, haciendo lo mismo con Nathaniel.
"Hay alguien a quien deberíamos evitar,"
La habitación entera dirigió su atención a Nathaniel.
"A veces, a los grupos con alta probabilidad de no jugar, mandan a alguien que… los estimule. Un voluntario. El único que cumple con las características es Viktor," desvió la mirada, incómodo, habría preferido guardárselo pero si los gemelos iban a ir por ahí hablando con todos… "También, lo mejor sería no tratar con Amber…al menos hasta que todo esté preparado,"
"Crees que ella…"
"Louis dijo algo, que si quería demostrar que era especial debía ganar el juego, eso pudo metérsele en la cabeza," de repente, como si siguiera una partitura musical que estaba cambiando a allegro, Nathaniel comenzó a derramar las palabras con una rapidez increíble. Siempre se había sentido responsable ¿y si él había empujado a Amber al abismo? No solo termino de destruir su hogar, abandonándola, desde el mismo comienzo, si Nathaniel no hubiese estado ahí, quizá todo habría ido mejor, menos dañado, y enfermo, y gris, "Claro que me habría gustado detenerla antes de que cometiera alguna barbaridad pero… ya es tarde, la vi pasarle una nota a sus amigas, seguro quedaron de verse, sé que Charlotte es inteligente, probablemente no fue, pero Karla, Karla ya esta muerta, a Li quizá la tiene como escudo de balas, ya es tarde,"
Le miraron en silencio. Ni siquiera Castiel se atrevía a hacerlo menos, incluso, si no lo considerara más una putada que un favor, le habría tenido pena.
Armin se acercó a Nathaniel y le apretó el hombro, era una pena que la vida decidiera joderlos justo cuando comenzaban a llevarse bien, habrían llegado a ser buenos amigos, seguro.
Entonces, si no tenía el tiempo necesario, lo conseguiría. Fijo.
Comenzaré a construir la bomba. Tomo su mapa y marco todos los lugares que planeaba visitar. La isla era pequeña y pobre, por lo que sus medios eran limitados, una tienda de artículos de pesca, de abarrotes, y lo más importante, un lugar en el mapa marcado como «Asociación Cooperativa de Agricultores» ahí esperaba conseguir una cosa esencial para que el plan funcionara: Nitrato de amonio. No podía arriesgarse a que declararan la zona como prohibida y perderlo.
Alexy y yo iremos a buscar lo necesario.
Castiel torció el gesto, no le gustaba la idea de escribir—su letra era más bien brusca y apresurada, nada que ver con la de Lysandro—pero no quería arriesgarse a decir algo que arruinara todo.
Voy con ustedes. Antes que nada, aun debía encontrar a Sucrette.
No. Alexy lo miro a los ojos. Nath necesita poder concentrarse, no puede hacer eso si tiene los ojos pegados a la puerta. Quédate con él.
Ahora fue Nathaniel a quien le toco lucir un bonito e increíblemente fruncido ceño. Le parecía más probable que Castiel intentara arrancarle un brazo—o al revés—a que alguien entrara y lo matara.
Ella estará bien. La conoces mejor que nadie. Alexy sabía. Porque a pesar de lo mucho que esos dos se esforzaban por ocultar sus sentimientos, él sabía hasta que punto se preocupaban el uno por el otro. Y era bastante.
Castiel examinó sus opciones. Lo cierto es que nunca fue alguien positivo y prefería estar ahí, viendo como las cosas salían bien, sin delegados o gemelos que echaran a perder su única oportunidad de escapar, a andar allá afuera sin tener idea de si seguían vivos.
A regañadientes y con un chasquido de lengua acepto.
Si la ven, no importa que, la traen aquí.
Nunca pensé en otra cosa.
Sucrette y Alexy eran amigos. Podía confiar en él ¿verdad?
Castiel se dedicó a marcar en sus mapa las zonas prohibidas que se habían perdido por ser estúpidos. También les paso la lista de muertos, solo uno, Dajan, claro que se ahorró el discursito de Louis, « ¿Qué ha pasado con su impulso inicial, muchachos? Me esperaba más, en las horas que siguen esfuércense ¿vale? No les conviene decepcionarme»
Nathaniel tuvo ganas de vomitar ¿es que su cerebro se fundió? ¿Era imbécil? Si la estación de bomberos hubiese sido declarada prohibida… Estaba llevando a cabo un esfuerzo increíble—coexistir con Castiel, vamos—como para morirse de forma tan ridícula, por quedarse dormido.
Entonces nos vamos, con suerte volveremos con más personas. Intenten no matarse en las próximas horas.
Nathaniel les detuvo, sentía la necesidad de demostrar sentido común. Si este lugar se vuelve inservible nos veremos en el ayuntamiento.
#
17:00
"¿Por qué no escribiste mi nombre?"
Nathaniel mantenía la vista fija en el monitor de su computadora, como si no le importara pero lo cierto es que la pregunta le había estado rondando todo el día.
"No me dio la gana," contestó Castiel, a secas, estaba sentado en el borde del segundo piso, de espaldas al delegado, con los pies colgando.
"Yo escribí el tuyo,"
"¿Y? ¿Quieres una medalla?"
Nathaniel bufó pero algo en su interior se estremeció.
Recordó aquella vez que le pregunto a Sucrette como podía andar todo el tiempo con el insoportable de Castiel, que como lidiaba con su mala actitud. Ella se limitó a encogerse de hombros y a soltar una frase que todavía le hacía eco: «A veces es más fácil tratar con un ceño honesto que con sonrisas falsas ¿no crees?»
A lo mejor eso era Nathaniel. Un montón de sonrisas falsas y caras bonitas, todo lo que le garantizara el ser aceptado.
Todo para que su padre lo quisiera.
¿Y si ese al que odiaba resultaba ser mejor persona que él?
De mala gana empujo la recortada hacia Castiel, "Con un cuchillo no puedes hacer nada,"
Castiel lo miró de reojo, tratando de ocultar su sorpresa. Seguro que Alexy lo había influenciado demasiado.
"Es una daga," Pero bueno, si quería una tregua no iba a ser él el que lo hiciera más difícil, incluso Castiel tenía una noción del tiempo y lugar, si se distraía se moría. Fin.
Una especie de traqueteo rompió el silencio. Una pelea a tiros.
"Oye, ¿Qué dirección tomaron esos dos?" Ambos se apresuraron a checar el mapa. Oeste. ¿De dónde venían los tiros? Era difícil de decir, pero tomando en cuenta la dirección en la que habían ido y la hora… ya deberían estar en la zona.
Castiel y Nathaniel se miraron a los ojos, reconociendo el miedo del otro. Los gemelos no llevaban pistolas, solo un par de tubos oxidados que habían encontrado por ahí, lo mejor era no involucrarse pero…
"Iré a revisar, quédate aquí," Castiel llevó la mano derecha a su daga, ya se estaba convirtiendo en un hábito, "A ti te sirve más," hablo con un tono que casi parecía amable y le regreso la recortada a Nathaniel.
El delegado lo vio marcharse. Quedándose solo.
Otra vez.
#
17:10
"¿Alexy?" soltó, sin aire, sin ganas. Su hermano no se movía.
Miro al frente. Ella les estaba apuntando otra vez.
"¿Te arrepientes?" Castiel casi se echó a reír ¿no era él el que debía hacer esa pregunta? Pero lo cierto es que no sabía.
¿Se arrepentía? Miró a la chica a su lado, descansaba sobre su costado, con el pecho desnudo y el pelo alborotado, enfrentándolo. La presión en su estómago y el temblor de sus manos le decían que no.
La quería. Era especial. Se sabía guapa y lo usaba, le gustaba esa confianza en sí misma con un toque de arrogancia, le gustaba que a pesar de todo también fuera humilde y amable con los demás. Ella no era blanco o negro, sino una gama completa de colores.
El problema era que él estaba roto y ella no.
A lo mejor no se caía a pedazos pero definitivamente había grietas imposibles de reparar, de esas que con el tiempo solo se hacían más grandes. Lo mejor que podía ofrecerle era acostarse con ella y sabía que no era suficiente.
"No sé," su respuesta fue casi una exhalación. Se atrevió a mirarla a los ojos y su corazón se tambaleo un poco, se odio a si mismo y a ella, a ese brillo de inseguridad que se escondía en sus pupilas.
"Esta bien, entiendo," hizo amago de levantarse, no sin antes dedicarle una sonrisa triste, "Eres mi mejor amigo, no importa que, lo sabes ¿verdad?"
Castiel pasó su pulgar por su mejilla, tratando de transmitirle lo que sentía. Tenía unas ganas enfermizas de fumar, de acabarse una cajetilla entera.
"Sí,"
Notas: Y aquí esta.
Si te ha gustado házmelo saber, eso siempre anima a un autor a seguir y a hacerlo con más ganas, también sé que estoy haciendo algo bien, o que necesito mejorar, en todo caso.
Gracias por sus lindos reviews y apoyo, son geniales.
Por cierto, el deber me llama y tengo que volver a la escuela por lo que puede que tarde un poco más en actualizar.
