N/A: Sí, sigo viva. A terminar lo que empezamos. No sé si seguirá habiendo lectores de éste fic, pero lo terminaré de todos modos. Sólo espero no haberme pasado de OCC. Marshall no será tan melancólico demasiado tiempo, lo prometo :)
No avancé la gran cosa en éste capítulo, pero es esencial de todas formas.
Beso
El rey de los vampiros se preparó mentalmente para recibir el golpe de gracia. Pero ese golpe no llegó nunca. En lugar de sentir su pecho atravesar, sintió su espalda golpear contra el piso. Una mirada hacia arriba le mostró lo que había evitado el ataque de Simone. No tuvo que mirar mucho, fue una persona muy conocida.
-¡Fionna!
En efecto, la heroína de gorro de conejo se había infiltrado al Castillo Helado en busca de su amigo. Y le había asestado tal golpe de sorpresa a la monarca gélida, que ésta perdió un poco de equilibrio, hecho que aprovechó para lanzarle otra patada.
-¿¡Ahora no sólo molestas príncipes, sino que también reyes, Reina Helada!? ¡No dejaré que le hagas daño a Marshall!
Fionna derrumbó a la Reina Helada y empezó a atacarla en el suelo. Ella no iba a permitir que la locura de la Reina llegara a tal extremo que peligrara la vida de sus amigos. No debió dejar nunca que esto llegara tan lejos. Debió de acabar con la Reina Helada la primera vez que la vio. Pero todavía podía enmendar ese error.
Tres metro más allá, Marshall tomó algo de consciencia tras su breve lapso de confusión. Fue cuando sintió un apretón fuerte en sus hombros y se encontró con los ojos rosa pálido y preocupados del Príncipe del Dulce Reino.
-¿Gumball?
El nombrado sonrió. -Estás herido, Lee. Déjame ayudarte.
-¿Y-y qué demonios haces tú aquí, Blowpop?
-Vaya, yo también me alegro de verte.
-Suéltame.
-Espera, Marshall Lee. Estás herido.
-Estoy bien. Déjame levan…-. No terminó la frase. Su cabeza cayó hacia atrás, inconsciente.
-¡Genial! ¡Qué momento eliges para desmayarte, tarado!- El príncipe empezó a intentar reanimarlo.
Pasado eso, Fionna estaba completamente enfurecida. No dejaba de atacar a la Reina con ira. Pero la tiara volvió a descargar su fuerza en Simone, haciendo que abriera sus ojos, que eran de celeste asesino, y una sonrisa de locura amenazara con partir su cara en dos. Fionna iba a atacarla, pero la Reina tomó su pie, y con fuerza la lanzó al otro lado de la sala.
La humana rubia golpeó contra la pared y cayó. Se le fue el aire con ese golpe, pero no tardó en esconder su dolor para dedicar a su enemiga una mirada de completo odio.
-¡Pequeña mugre, OTRA VEZ INTENTAS ROBAR MI TIARA!
-¡TOMARÉ TU TIARA Y TE LA PONDRÉ DONDE NO LLEGA EL SOL, MALDITA BRUJA!
Fionna desenfundó su espada y corrió hacia su rival. Simone lanzó un hechizo de nieve hacia la heroína, pero Fionna con su espada lo desvió. Impactó como un tren contra la Reina Helada, tirándola al suelo, buscando con la mano libre su cuello; Simone tironeando su camiseta. Rodaron espalda contra espalda hasta que ambas cayeron por un túnel que se alzaba en la pared izquierda.
-¡Maldita sea! ¡Fionna!
Gumball nunca se sentía tan inútil como cuando no podía ayudar a Fionna.
-¿Sabes que eres un idiota, verdad, Marshall? ¡Te lo dije: No te metas con la Reina Helada! ¿Alguna vez me escuchas? ¡No! Y ahora Fionna corre peligro y es por TU culpa. ¡Y ni siquiera estás consciente para escucharme!
Marshall estaba tan totalmente inmóvil, que el Príncipe le tomó el pulso, preocupado. Abrió grande los ojos al notar lo poco que se notaba, y lo irregular de su respiración.
-¡Oh no, MARSHALL!
Primero fue un leve cosquilleo en la garganta, amortiguado por la enorme masa oscura en donde se encontraba. No se sentía como dormir, como flotar en una apacible nada, lejos de todo dolor; se sentía como estar hundiéndose en el mar, helándose lentamente hasta que el frío llegara a su alma, sintiendo el cuerpo aplastarse bajo una masa líquida.
Los pulmones de Marshall respiraban esa masa líquida, al ritmo tranquilo de quien ya se ha resignado. Sabía que no era víctima de un vulgar desmayo. Estaba flotando en la nada de los condenados. Paseando por el Punto del No Retorno. Eso le hizo sentir gozoso. Después de mil años, estaba muriendo. Echaría de menos a Fionna, a Cake, y hasta al estúpido rosado de Gumball. Pero confiaba en que tarde o temprano volvería a verlos.
Era la única manera. Ser inmortal era arrastrar los recuerdos sin poder soltarse. Los mortales podían sanar sus heridas, dar vuelta la página, y seguir hacia adelante. Los inmortales arrastraban cadenas, y él sentía que ya había arrastrado la suya durante demasiado tiempo. Muerte finalmente le había ganado la partida.
Lo único que lamentaba era no haber podido salvar a Simone.
Sintió el picor cosquilleante en las mejillas y en las orejas. El cosquilleo se extendía de forma curiosa, sólo de su cuello para arriba. Marshall Lee sentía el cosquilleo como delgados cilindros rodando por su rostro, frescos, fríos. Eran familiares. Se sentían casi como…
Dedos.
El moreno abrió los ojos. El corazón, ya de por sí quieto, se inmovilizó en su pecho. Una mujer de ojos azules estaba a menos de dos centímetros de sí, con una mano en su nuca y la otra recorriendo su rostro. El cabello largo y castaño de la mujer se enredaba con su cabello negro, y la mirada azul descansaba en la roja con la felicidad de un reencuentro.
-¿Simone?
-Hola de nuevo.
La sensación de hundirse en el mar se acentuó. Marshall podía reconocer sus ojos en cualquier momento. Ésta no era la Reina Helada, ni la Simone perdida que él había conocido. Ésta era el alma de Simone Petrikov, la auténtica, la inmortalizada en la época cuando no había sido tocada por la tiara. Sus dedos se aferraron a sus hombros vainilla, para asegurarse de que no se iría. Marshall escondió el rostro en su cuello. El movimiento los hundió más.
"Te extrañé, no te vayas, ya te he extrañado suficiente"- Hola de nuevo.
-Yo también te extrañé, mi dulce Marshy.
-¿Ya estamos muertos?
-No, no lo estamos. Éste es el océano de los atrapados, aquellos a los que Muerte no puede acceder. ¿Bonito, no?
A lo lejos y por todos lados, Marshall divisó muchísimas almas más. Todas parecían inconscientes humanos dormidos en el sueño a través del tiempo, como la Ofelia de Hamlet. Subió la vista hacia la mujer. Tantos siglos atrapada en éste lugar, en éste sueño. Simone le estaba mostrando el destino de su alma. Estaba tratando de convencerlo de librarla del vacío.
-La tiara me ata aquí.- Le acarició el cabello sonriendo.
-¿Por qué sonríes si estás sufriendo?
-En éste momento no sufro, querido. ¿Sabes cuánto te había extrañado? Estoy feliz de tenerte de nuevo.
-Yo también.- Escondió su sonrisa en el cuello vainilla.
Lentamente caían de cabeza a las profundidades del océano.
-Libérame de aquí.
-No. No me pidas que te destruya. No me pidas que me rinda. No puedo.
-Te pido que me dejes ir de una buena vez.
-Sim…
-Mil años, Marshall. Mil. La única persona que me puede salvar eres tú. Eres mi única esperanza. Siempre lo fuiste.
La figura del muchacho empezó a desvanecerse.
-Y siempre lo serás.
-¡Vamos, Abadeer, no me hagas hacerte respiración boca a boca!
Esa fue la bienvenida del vampiro, junto con las presiones a su corazón de parte de Gumball. El Príncipe sintió el alivio correr por todo su cuerpo cuando Marshall abrió los ojos. Por un momento había dado a su amigo por muerto, y la sensación fue como si un pico lo partiera a la mitad.
Entre arcadas, Marshall consiguió un poco de aire.
-Lee.- Lo tomó del hombro.- Respira, Marshall. ¿Estás bien?
No –Si sí, estoy bien. Déjame pararme.
Gumball lo ayudó a pararse. Conocía lo suficiente a Marshall Lee para saber que estaba enojado consigo mismo por haber necesitado ayuda, por lo que discretamente desvió su atención a asuntos más importantes.
-¿Qué es éste lugar?
-El Cuarto del Pasado. Aquí guarda ella sus cosas.
-¿Cómo sabes eso?
-Más tarde, Blowpop. Ahora vas a comportarte como un hombre y vas a ayudar a Fionna.
Fionna sintió su espalda lastimarse contra los hielos puntiagudos al caer por el túnel. A medida que la luz moría más y más, su agarre a la Reina Helada se fortalecía. Ambas caían en ese torbellino de agujas heladas golpeándose la espalda, los brazos, las piernas. Reina Helada las resistía mejor, pero Fionna empezaba a herirse en serio.
Aterrizaron en una caverna de hielo escasamente iluminada; rayos de luz celestina se filtraban por las macizas paredes heladas. Fionna aterrizó a dos metros de la Reina, sujetando su brazo, donde un semiprofundo arañazo sangraba, decorando la caverna azul-blanca con toques rojos. Otro hilo escarlata le bajaba de la cabeza a la nuca, deslizándose por mechones rubios. Un tajo había abierto una gran rotura en el gorro de conejo, dejando escapar gran parte de la melena de Fionna.
Si antes Fionna estaba furiosa, ahora estaba más que dispuesta a matar a la Reina con sus propias manos, en venganza de su gorro. Nunca la había odiado tanto.
-Eres un monstruo… Siempre estás intentando lastimarme… Siempre estás intentando lastimar a mis amigos… Desearía que desaparecieras.
Reina Helada lanzó la cabeza hacia atrás, soltando la risa más ruidosa y horrible que la humana hubiera oído.
-¿Quieres matarme, niña? ¿A mí? Tal vez si no fueras demasiado cobarde.
Un rayo salió de los dedos azules, impactando en el brazo de Fionna, impulsándola hacia atrás. El brazo quedó congelado, inutilizando la espada. La rubia con esfuerzo se puso de pie, logrando esquivar otro rayo que pasó peligrosamente cerca de su cabeza. La Reina Helada se puso de pie y se impulsó sobre Fionna, oprimiendo su cuello sobre sus manos, clavándole las uñas. Fionna gimió de dolor y pateó en el abdomen de su contrincante. De la barbilla de su enemiga cayó un hilito de sangre, pero eso no evitó que la Reina siguiera oprimiendo presión a su cuello.
-Te diré un secreto, querida: yo también quisiera que desaparecieras. No estoy del todo segura de por qué, ni desde cuando, pero tengo el presentimiento de que sin ti en el mundo, me divertiría más.
Fionna no podía respirar, y por más que la hiriera con sus golpes, su enemiga mantenía su agarre a su cuello. Las manos de la Reina Helada brillaron en azul, y Fionna hubiera recibido su fin de una manera horrible sí Marshall no hubiera aparecido en ese momento; y tomando a la Reina Helada del cabello, la lanzó fuertemente hacia la otra pared de la enorme caverna.
Gumball tomó la espada de Fionna y rompió el hielo alrededor de su brazo. Por un momento no pudo pensar bien, en esos escasos segundos en que ayudó a Fionna a volver a respirar, sintió un zumbido que lo ensordecía y luces blancas que lo cegaban. Dos segundos más y nunca hubiera vuelto a oír la voz de Fionna, su risa, sus chistes. Sintió como algo se quebraba dentro de su cabeza, mientras automáticamente ayudaba a la rubia a ponerse de pie.
Marshall no perdió el tiempo y con su velocidad volvió a atacar a la Reina. Ésta reaccionó a tiempo, recuperándose de su golpe, esquivando las manos del vampiro y arañando su rostro. A Marshall le ardió la cara durante un segundo antes de ignorarlo. La peliblanca volvió sus brazos dos estalactitas de hielo, defendiéndose de los ataques con elegancia y precisión. Marshall tuvo el rápido recuerdo de Simone bromeando sobre ser ninja algún día, mientras comían helado, con Hambo y un libro en las manos. Alejó ese dolor lo más rápido que pudo y se concentró en el presente.
Se rendía. Iba a destruir la corona. Iba a salvar a sus amigos. Iba a salvar a Simone de la única manera posible.
Costara lo que costara.
N/A: Los primeros párrafos de éste capítulo los escribí hace un año. Yo noté la diferencia en mi forma de escribir de entonces y de ahora. Espero haya mejorado para bien.
¿Por qué dejé de actualizar? Sentí que había arruinado a Marshall. Olvidé que es un fic de un cartoon infantil y lo volví muy dramático. Me sentí como "bolacera, Marshall nunca pensaría esto, Marshall no haría esto" y mientras tanto la serie fue avanzando, pasando por momentos que cambiaron muchas cosas, como "Little Bad Boy" o "Simon & Marcy" o "Betty".
Este fic no tiene en cuenta la información adquirida en dichos capítulos, éste es un fic quedado en el tiempo, de cuando no sabíamos cosas que ahora sabemos. Así que sería más o menos un UA.
Hasta pronto, Glob los cuide.
-Speisla Cartoon Cartoon
