Adaptación de "Secreto Conyugal" de Arnette Lamb.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
Lecho Conyugal~
Capítulo 2
El extranjero pareció pasmado.
-Como Dios existe -murmuró-, este niño es mi hijo.
Sakura dedicó una mirada a Jiraiya, el criado que había acompañado a Hana a las tierras altas años atrás. Para desolación de Sakura se quitó la gorra e hizo una reverencia.
-Lord Sasuke -balbuceó, y lanzó una mirada preocupada a Sakura-. Creíamos que habíais muerto.
-Ya. Tú eres Jiraiya, si no recuerdo mal.
Sakura se sintió aterrorizada. Aquel hombre era Sasuke Uchiha. Había pasado siete años
reconcomiéndose por la infidelidad de su esposa mientras languidecía en prisión. Las tierras de Sakura habían prosperado bajo su cuidado, y Kyoske se había convertido en un niño precoz y afable del que cualquier padre se sentiría orgulloso; Sasuke tenía derecho a reclamarles a ambos. ¿Podría convencerle de que ella, Sakura, era la esposa que él odiaba y cuyo cuerpo y espíritu conocía íntimamente?
Tenía que inducirle a irse. En cualquier caso, realizaría su actuación sin público.
-Kyoske, ve con Jiraiya. -Señaló la puerta con la cabeza.
Como si no la hubiera oído, el niño se acercó a Sasuke Uchiha. Con la barbilla levantada y con orgullo infantil, Kyoske preguntó:
-¿Quién sois?
Sasuke parecía fascinado por el chaval.
-Soy tu padre.
Kyoske miró a la espalda del hombre.
-Entonces ¿dónde están vuestras alas? -Agitando los brazos, Kyoske suspiró dramáticamente-. Porque sisois mi padre, tenéis que ser un ángel. Mamá lo dijo.
La sorpresa y la diversión asomaron a los ojos de Sasuke.
-¿Eso dijo? -La midió con la mirada-. ¿Qué más te contó de mí? Kyoske se encogió de hombros.
-Historias. Cientos de ellas. No, miles. -Volviendo unos ojos suplicantes hacia Sakura, preguntó-: ¿Es mi padre?
Con la garganta tan seca como los helechos del verano anterior, Sakura intentó tragar. Reuniendo todo su valor, mantuvo la voz imperturbable.
-Lo discutiremos más tarde, Kyoske. Puedes irte.
-¡Es mi padre! -gritó de alegría; y le preguntó-: ¿Es vuestro ese elefante?
Todavía maravillado, el padre de Kyoske dirigió al niño una sonrisa sincera.
-Sí. Se llama Longfellow.
-Quiero montarlo. -Kyoske introdujo sus pequeños pulgares en el cinturón-. Monto muy bien, ¿sabéis? Sasuke tosió discretamente, pero Sakura percibió la risa que disimulaba. Necesitaba hablar con él en privado.
-Kyoske, sal de la habitación con Jiraiya.
Como el niño no se movía, la expresión de Sasuke se volvió fiera.
-Obedece a tu madre.
Kyoske se balanceó sobre los talones y sonrió maliciosamente.
-¿Me dejaréis montar el elefante si lo hago?
-Escucha -dijo Sasuke con falsa cortesía-: si quieres acercarte a ese elefante a menos de una milla, obedecerás a tu madre. Ahora.
A Sakura le resultaba imprescindible controlar la situación. Cogió a Kyoske por el brazo.
-Vamos, fuera. Tienes lecciones con el hermano Hidan.
-Pero...
-¡Fuera! -Señaló la puerta.
Mientras Jiraiya se lo llevaba de la habitación, su hijo dirigió a Sasuke Uchiha una mirada porencima del hombro.
Sakura se estremeció sólo de pensar en su nombre. El marido de Hana estaba allí. Un momento. El maridode Hana, no. El de Sakura. No. Dios mío.
No sabía nada de ser una esposa y menos aún de cuidar cada palabra que dijera. Quizá sólo había ido amofarse de ella.
-No es un bastardo Clasye.
Se acercó a la mesa del comedor y cogió dos avellanas de un cuenco. Jugueteó con ellas y dijo:
-No. Es mi hijo.
Se acercó a ella, haciendo crujir suavemente las esteras con sus botas.
-Mis disculpas. Puedes estar segura de que no le negaré mi nombre ni mi protección.
Su proximidad la hizo sentirse incómoda, a causa de la elevada estatura de él. Olía a cuero y a cálido aire veraniego, y la mente de ella se disparó ante las imágenes de las intimidades que él esperaría, intimidades con las que Sakura había soñado pero nunca había esperado compartir con nadie. Confusa por sus propias disquisiciones románticas, luchó por dominar sus emociones.
-Kyoske no necesita vuestra protección. Me he desenvuelto sola bastante bien.
Él cogió un puñado de avellanas.
-Le has mimado.
El genio de ella se encendió.
-¿Cómo os atrevéis a juzgarme? Él es todo lo que tengo.
Demasiado razonablemente, él contestó:
-Ya no. Ahora me tienes a mí... de nuevo. -Partió las avellanas.
El ruido hizo dar un respingo a Sakura.
-No os quiero. Si nuestro nuevo rey os ha puesto en libertad, volved con vuestra gente de las tierras altas.
Él sacó la avellana de la cáscara y la puso en el alféizar.
-¿Por qué habría de hacer eso cuando tengo una propiedad próspera, un hijo y una esposa atractiva... aquí?
¿Esposa atractiva? El cumplido suponía una amenaza porque, ¿cómo podría hacerle creer que era su esposa y al mismo tiempo acelerar su partida? Tan desalentadora perspectiva la volvió osada.
-No desperdiciéis vuestros preciosos discursos conmigo.
-¿Dudas de mí?
Simuló inocencia con una expresión tan parecida a la de Kyoske que Sakura desesperó.
-Ni siquiera os conozco -dijo.
Él se llevó la mano sobre la insignia de su clan.
-Nunca cruzaron mis labios palabras más ciertas.
-El pasado no me preocupa -repuso ella a regañadientes-. Haré que Tenten os prepare una habitación.
-Has cambiado.
El corazón se le subió a la garganta. ¿Sospechaba que era una impostora? No, no podía. Por orden del viejo rey, Hana no le había dicho a Sasuke que tenía una hermana gemela. Madara I había sido explícito en su deseo de que nadie conociera la existencia de Sakura, y la hermana Kurenai había estado de acuerdo.
La ironía del ardid era un bálsamo para Sakura, porque ella le había llamado a él impostor.
-Eso no es sorprendente, dada vuestra ausencia de siete años, ya que sólo tenía quince años cuando todo empezó.
-Has madurado magníficamente. Y eres distinta. Abriendo los dedos, dejó que las avellanas volvieran a caer en el bol. La humedad de sus manos había hecho que las cáscaras se oscurecieran notablemente y se distinguieran de las otras.
