Odiaba que tuviera tanta influencia sobre él, como con solo tomarle de la mano podía lograr que su príncipe le vea amoroso, lleno de compasión y de deseo de vez en cuando. La espaciosa limosina en la que eran transportados no hacia más que sacarle de sus casillas, evitándole poder concentrarse en sus interacciones, Eri apostaba que ya seguro se habían dado uno que otro fugaz beso.
Los nervios de este lugar…
No era como si le fuera incomodo su asiento, era todo lo contrario a decir verdad… sin embargo. Saber que con oprimir un solo botón incorrecto, todo en el interior podía tornarse bizarro o peor, era suficiente para que la rubia se mantuviera quietecita en su lugar sin mover o decir palabra alguna.
Repetir el incidente que causo hace algún tiempo atrás no sería nada bonito, sin mencionar que su acción solo había logrado que su príncipe y la pelinegra se unieran más. Pero bueno, como iba a saber ella que uno de esas decenas de botones podía crear ambientes romanticones?
Su mente vago en lo que les observaba conversar, ignorándole como una niña pequeña al momento de que los mayores charlen asuntos maduros… otra razón por la que odiaba su existencia.
Las cosas serían diferentes si hubiera nacido antes…
Por lo menos lo mejor de todo esto sería que comería rumen, ese delicioso manjar de los dioses bajado desde el cielo…
La taberna
Había prejuiciado al par muy deprisa, sino fuera por ellos, posiblemente nunca hubiera descubierto que existían gremios que eran como refugios para todo aquella alma desamparada en busca de un lecho donde dormir, alegres personas que disfrutaban festejando y bebiendo todas las noches con sus compañeros… todos al son de la música.
Su respiración poco a poco iba tornándose agitada, sus extremidades empezaban a dolerle levemente, a pesar de ser su primera vez en uno de estos tipos de fiesta, todo el mundo parecía estar apoyándole y aplaudiéndole a pesar de ni siquiera ser parte de su enorme familia.
Kirishima ya hacia destacando entre la multitud, aullando a todo pulmón para que no parara de moverse hasta que termine la feliz sonata.
La rubia simplemente danzaba como lo dictaba su corazón, instintos y pasión. Era como ver a una frágil e hermosa doncella regocijarse en medio de un montón de fieros guerreros, todos con grandes sonrisas por tener la oportunidad de presenciar a un alma tan inocente y joven crecer ante sus ojos. Nutriéndose de sus experiencias y sintetizándolas de acuerdo a como mejor le parezca, el trance en el que se encontraba le hacía imposible usar su mente, sus oídos se habían apoderado del control total de su sistema.
Y eso que solo le habían dado una malteada de fresa!
Era increíble lo rápido que uno podía llegar a encariñarse con un desconocido… Eri se percató de esto en lo que giraba y giraba con su visión en ralentización. Kirishima y Kaminari a quien le apodaban "El rayo" por su fugaz manera de enamorar a cual doncella noble se le cruzara, ambos reían y se abrazaban del hombro, felices de la vida.
Sero, Jirou y Hagakure tocaban sonrientes para el público, los tres con gran habilidad y coordinación. La amable y madura Tsuyu, quien le había servido y acompañado en lo que su grupo charlaba en una de las mesas, portaba una cálida e hermosa sonrisa que parecía derretir hasta al más rudo de los aventureros.
Sus pies se detuvieron con un firme movimiento suyo, justo al mismo tiempo que la música acababa, el gremio entero estallo en emoción.
Un fuerte sonrojo le fue inevitable contener ante tantos elogios por su baile, ella simplemente acaricio su cabello y murmuro un gracias evitando contacto visual, hoy había ganado un poco más de valor… pero aun no podía expresarse tan abiertamente como lo hacía con su príncipe.
Hablando de su príncipe…
-"Señor Kirishima…?"-le llamo la rubia.
-"Hey! Estuviste genial, Eri! Apuesto a que la gente pagaría por verte bailar!"-le sonrió de oreja a oreja.
-"G-gracias… uhm… me preguntaba si sabes donde se encuentra mi prin-"-se mordió la lengua ante lo que iba a decir-"…d-deku?"-pregunto adolorida.
-"Con Ashido, probablemente... a ella le gusta llevar a sus víctimas a la terraza"-informo con un suspiro.
-"Victimas…?"-le vio confundida.
-"Mi amigo aquí tiene algo de experiencia en ello, hehe"-rio Kaminari.
-"Las escaleras están por allá, quieres que te acompañe?"-hablo a la vez que sometía al rubio a una llave, Kirishima.
-"Creo que puedo hacerlo, gracias!"-se alejó a pasos largos.
Luego de cruzar gente llorando, durmiendo y hasta incluso peleando, Eri llego a las escaleras… muy largas escaleras. Su pasado baile y ahora el subir tantos escalones la dejo al borde del colapso, sin embargo, la voz de su príncipe y la ladrona que les había traído a este lugar le mantuvieron despierta. Ella permaneció en silencio detrás de la chimenea, viéndoles interactuar en la oscuridad.
Era buena ocultándose.
-"Pensar que me encontraría a su alteza en este lugar… que suerte la mía"-recostó su cabeza en su hombro.
-"Como puedes estar tan segura de eso?"-hizo espacio entre ellos.
-"Que otra razón hay para ocultarse? No tienes cara de fugitivo así que es obvio que eres de la realeza"-le sonrió confiada.
Eri comprendió el porqué del cambio de nombre y la máscara en ese momento, se sintió un poco tonta al no percatarse de algo claro como el agua.
-"Desearía tener sangre real, estar destinada a ser alguien importante incluso antes de nacer… tener todo lo que se te plazca"-su mano se posó sobre la de Izuku.
-"Puede llegar a convertirse en algo tedioso"-se alejó un poco más.
-"Para eso existen los matrimonios, no? Para apoyarse en un completo pero lindo desconocido en tus pesares dentro del castillo"-dio saltitos hasta acercársele nuevamente.
-"Todos los herederos tienen el derecho a escoger a su pareja, además… existen bailes tradicionales que ayudan a que los príncipes y princesas se conozcan mejor"-informo.
-"En serio? Y ya tienes a alguien en mente?"-se le acercó peligrosamente a su rostro.
-"N-no es importante…"-se sintió algo intimidado.
-"Eso es un si o un no…?"-siguió escavando.
-"Para que quieres saber?"
-"Para irme o quedarme en este lugar"
A que se refiere? Se preguntó mentalmente Eri, extrañada por su forma de hablar.
-"De todas formas… ya tengo a alguien"-levanto su mano, mostrándole su pulsera y alejándose un poco de ella.
-"La loca de los experimentos? Ella!?"-reconoció al instante la gemela del brazalete.
-"Su nombre es Mei…"-le corrigió algo molesto.
-"Wow… y te casaras con ella o algo así…?"
-"No…"-bajo su mirada.
-"Perfecto!"-se animó de golpe, Mina-"Entonces lo nuestro aún puede funcionar!"-se abalanzo sobre él.
-"Que?! N-no yo-"
Sus manos intentaron cubrirse los ojos, un fuerte sonrojo se le subió al rostro al ver como su príncipe era pasionalmente besado por la pelirosa.
-"C-c-cuál es tu problema!? Que n-no escuchaste que tengo parej-"
Todas sus quejas volvieron a ser silenciadas por los labios de la bandida, esta vez sin embargo, Izuku se separó más toscamente, levantándose del suelo para verle rojo como un tomate y con un ceño fruncido.
-"E-eres…!"-se tragó sus palabras al ver como Mina se relamía los labios, como si estuviera recordando su sabor para siempre.
-"…tu amante"-completo su frase, viéndole sonriente.
El joven simplemente le mando otra mirada antes de dar media vuelta y marcharse con su mano cubriéndose la boca… indignado e humillado. Eri le siguió por detrás en completo silencio, esperando a que este terminara de hablar consigo mismo a las afueras del gremio.
No fue hasta pasado un largo rato que este noto su presencia y tal como ocurría siempre, una sonrisa y un abrazo le hizo saber a Eri que no importaba por lo que pasaran… siempre se tendrían el uno al otro.
Tiempo a solas
El sueño poco a poco le iba ganando, la cantidad de ramen que tenía en su estómago le hacía casi imposible caminar, odiaba amar todos beneficios que tener a Yaoyorozu como pareja de su príncipe le daba. Pagarle todos los platillos que quisiera fue un gesto que sin duda nunca olvidaría… por ahora.
-"Sueño…"-dijo somnolienta la rubia, escondiendo su rostro aún más en la espalda del peliverde.
-"Si… yo también estoy cansado"-dijo con una media sonrisa el mayor-"*yawn* Fue un largo día…"-abrió la puerta de la habitación de Eri.
La rubia volvió a sentir el mismo calor de esta mañana, el tener tan cerca el cuello y rostro de su amado le estaba nublando toda su cabeza, sus brazos se rodearon con fuerza en su garganta, antes de que Izuku pudiera sentarse sobre su cama, Eri se vino para atrás junto a su príncipe.
-"Eri… no quiero sonar aguafiestas peroO…!"-un respingo se sintió en todo su cuerpo al ser mordido en su oreja-"Pfff p-por favor Eri…!"-comenzó a sentir cosquillas.
Al principio era ella quien tenía el control de sus acciones, asegurándose de no traspasar la barrera del juego y de lo obsceno, siempre soltando leves risitas que le indicaban a su príncipe que solo era eso… un juego. Su mente recordó las palabras de Uraraka, provocándole que se perdiera en sus pensamientos por unos segundos que le parecieron años.
Todo se vale en el amor y la guerra.
Su corazón comenzó a latir con fuerza, el agarre en su cuello se deshizo, una mano se deslizo lentamente hacia su pecho, mientras que la otra acariciaba con ternura sus risos verdes. Los mordiscos se tornaron lentos, ya casi ni pareciera le estuviera mordiendo, se veía como si lo estuviera estimulando… muy pasionalmente.
-"Eri… hehe… para…"-le pidió Izuku, aun sonriente por el pequeño juego de antes. Ella hizo caso omiso, la mano en su pecho comenzó a acariciar sus cicatrices, con una delicadeza que comparaba a la de su madre.
Pudo sentirlo tensarse, arquearse levemente y soltar un suspiro que fue música para sus oídos, no tenía idea de cómo estaba haciendo esto… sus manos se movían solas y sus piernas no paraban de decirle que se le suba encima. Notaba como su corazón iba acelerándose a una velocidad ridículamente lenta, pero para ella fue suficiente.
-"Eri…"-una de sus manos busco agarrar algo, como si de una adivina se tratara, la joven movió una de sus piernas justo en el lugar en que caería su mano-"…detente…"-su respiración comenzaba a tornarse algo agitada.
Ya no le cabía duda que estaba suspirando de placer, cada mordisco parecía volver loco a su príncipe, haciéndole arquearse con fuerza y apretar las sabanas de su cama, mientras que su otra mano apretaba de igual manera su desnudo muslo. No iba a detenerse, como hacerlo cuando veía con sus propios ojos como su príncipe perdía la cabeza por sus caricias.
No pararía, de ninguna manera.
-"E-eri…!"-su pecho se inflo con fuerza al sentir un par labios besarle con fuerza su cuello.
Él era su príncipe.
-"No p-podemos…!"-su cabeza giro lentamente al lado en que era marcado sin piedad, esto en un intento de privarle más chupetones.
La profecía podía irse muy al diablo, todo podía irse muy al infierno.
La mano que recorría su cabello le atrajo a ella, obligando al embobado Izuku a reducir el poco espacio de separación que tenían… y uniendo sus labios.
Suyo, de su propiedad y de nadie más… por siempre.
Ya es hora.
Sus ojos se deleitaron con el color de su brazalete, no era un blanco común, este era más espeso pero brillante y eso que todavía no le daba su gemela a su príncipe.
-"Peculiar… incluso raro si me preguntas"-le dijo Powerloader, observando con suma concentración su recién inventado brazalete.
-"Muchas gracias!"-se inclinó agradecía.
-"Posiblemente sea el último que sea fabricado, cuídalo mucho"-le entrego su par. La rubia asintió sonriente.
Eri giro con brillo en sus ojos en dirección de su príncipe, ese que ya hacia mirándole desde hace un rato, pensativo pero atento de que nada malo le ocurriese. Esta mañana no lo había visto hasta muchas horas más tarde, ella supuso que había estado con Hatsume en ese entonces.
Pero por que no estaba ella aquí?
-"Lista?"-le pregunto animado, estirando su mano para irse a su siguiente parada.
-"Si!"-sus manos se unieron nuevamente, la rubia se sintió segura al instante.
Una despedida y se pusieron en marcha… a tierra de dragones.
Nunca paso.
Todo estaba pasando tan rápido, tan placenteramente rápido. La pasión reinaba como el más grande de los soberanos en la habitación, plasmándose en los bruscos y lascivos besos, los sonoros gruñidos y gemidos… las desvergonzadas caricias que recorrían la anatomía del otro con deseo.
Eri sentía como si estuviera viviendo su sueño, saboreando cada largo roce que compartían hasta el último momento, concentrándose en recordar los lugares por los que sus manos pasaba, no… esto era mucho mejor que un simple sueño húmedo.
Esto era real, estaba pasando aquí y ahora. Percatarse de eso le traía una felicidad tan inmensa, que el estado de Canadá parecía un pequeño arroz alado suyo. Pero como era imposible vivir sin oxígeno, el par tuvo que separarse al cabo de unos minutos.
Por supuesto que esto solo lo hicieron después de compartir la madre de todos los roces que habían tenido. Sus uñas se hundieron en su espalda, las de él la elevaron desde sus muslos inferiores para que pueda besarle mejor, todo esto mientras cada uno exploraba la boca del otro, sedientos de más.
Así terminaron, ambos viéndose a los ojos ignorando todo lo que habían hecho, una quedándose con ganas de más y el otro preguntándose qué rayos pasaba consigo. Justo cuando Eri estaba lista para decirle esas dos palabras que había guardado desde años atrás… Izuku se dispuso a hablar.
-"Otra vez…"-se dijo a la vez que bajaba su mirada, sumiéndose en sus propios pensamientos-"…deje que pasara otra vez"-sus manos abandonaron el contacto con la rubia para dirigirse a su cabeza.
-"No tiene nada de malo…"-se le acerco la joven, gateando hasta volver a estar pecho con pecho-"…Izuku"-sus manos tomaron su rostro, obligándolo a verle.
Estar llena de libido no le hizo ver lo terrible que se sentía el peliverde, ella solo veía lo que quería. Espero unos segundos, paciente porque retomaron lo que empezaron sin problema alguno, más su príncipe no se movió, sus iris perdidas y sus manos sueltas.
No quiso esperar, ella lo inicio ella lo terminaría.
-"Eri… ya no..."-le dijo algo más firme que la primera vez-"…Eri por favor…"-trago saliva al sentir la respiración de la joven sobre sus labios.
-"Esta bien…"-dijo antes de volver a besarle, lenta pero profundamente.
Parecía que había funcionado, sus manos que subían de sus caderas para arriba lo confirmaba, la fiereza que tuvieron la primera vez volvía a renacer… pero no duro mucho.
-"No…"-le alejo en medio de su beso-"…esto… esto fue en error"-dijo sin verle a los ojos.
...un error?
Su corazón comenzó a dolerle, un dolor que parecía tragarse todo lo que tuviera a su paso como si de un agujero negro se tratara, dejando su pecho vacío y silencioso. Lagrimas comenzaban a salir de sus ojos, todo lo que había sentido antes se le devolvió en tristeza y sufrimiento.
Eri comenzó a hiperventilarse.
-"Eri, Eri tranquila…"-fue el quien ahora le tomo del rostro-"…mírame, todo está bien"
No quería hacerlo, no podía, le dolía.
-"Estoy aquí… no voy a irme"-le atrajo a un abrazo, escuchar sus latidos le calmo poco a poco.
Era difícil tener que ser consolada por la misma persona que te rechazo… pero ella podía soportarlo.
Había soportado peores cosas…
Unos cuantos capitulos mas para el final! Mi cerebro es todo un pesado en cuanto a dejarme trabajar se trata, estoy con esta novela y el desgraciado no para de darme muchas mas ideas.
Gracias por leer!
-evolvelove
