Buenas! Aquí estoy, con un nuevo episodio! Espero que les guste mucho a aquellos que me leen! Besitos!

PD: Conejoluigi, ¡he echado de menos tu review en el anterior capítulo! Jeje, espero recibir uno tuyo muy pronto! Besos!

Capítulo 4 - Diferente

Tras la velada, Aeris se despidió de Tifa con un fuerte abrazo y al separarse, ambas sostuvieron sus manos y se miraron con una sonrisa.

-Espero que esta noche haya sido especial para ti, Aeris - comenzó Tifa, con las mejillas sonrosadas.

En ese momento, Aeris quiso preguntarle una duda que llevaba rondando en su cabeza desde hacía un buen rato.

-¿Por qué me los has presentado, Tifa? A los chicos…- dijo Aeris, mientras agachaba un poco la mirada.

Tifa se tomó un tiempo para contestar.

-Porque quiero que sepas que hay más mundo aparte de Sephiroth y su eterna perfección.-contestó la morena. Aeris, por su parte, suspiró lentamente y su rostro se tornó triste.

Lo cierto era que a la joven le dolía que su mejor amiga y el hombre al que quería no se llevasen bien. Aeris quería que todo estuviese bien entre las personas a las que ella tanto apreciaba y le costaba comprender que a veces eso no podía ser así. Pero Tifa, por su parte, quería que Aeris entendiera que no estaba siendo feliz en aquella relación que parecía más profesional que sentimental.

-Sephiroth es bueno…-susurró Aeris, todavía sin mirar a Tifa.

-No he dicho lo contrario - contestó la de ojos rubí con cariño - es sólo que no te deja ser tú. Y eso sí que no es bueno. Tan sólo considera lo que te he dicho, ¿vale? - insistió Tifa, agarrando con fuerza las manos de su amiga.

-Lo haré. - dijo la de ojos verdes, esta vez mirando a su compañera y sonriendo.

Sephiroth dejó que Aeris se subiera primero al coche y luego él se acomodó a su lado. Habían pedido un taxi, ya que se encontraban muy cansados después de la larga velada de aquel día como para volver andando a casa.

Aeris se giró levemente hacia Sephiroth, el cual estaba muy callado, y tomó su fino rostro entre sus manos, besándolo dulcemente. Sephiroth sin embargo, no respondió a su beso, simplemente se dejó besar, lo que alarmó a la joven.

-¿Va todo bien? - preguntó ella, suavemente.

A veces su compañero tenía cambios de humor repentinos que asustaban a Aeris. Podía pasar del hombre más risueño y encantador del mundo al más antipático y frío que existiese. Y eso a la pianista no le gustaba, aunque ella no dijera nada. Más bien, había aprendido a vivir con ello, a entender sus cambios de carácter de un extremo a otro.

-Eso creo - enfatizó el de pelo plateado, sin mirarla.

-¿Eso crees? No entiendo que quieres decir con eso, Sephi. Todo ha salido bien, a la gente le ha gustado la música, el presidente Shin-Ra y su hijo estaban muy contentos y no he fallado en ninguna nota. - enumeró Aeris, intentando pensar qué cosa podía haber salido mal en aquella noche tan perfecta, pero no lograba encontrarla.

-Y te ha salido un admirador - dijo Sephiroth, con dureza.

Aeris lo miró, incrédula. No podía entender que Sephiroth estuviese celoso por la pequeña conversación que ella y Cloud habían tenido. Era cierto que Cloud se había mostrado amable desde un principio, pero no había nada más en aquella conversación entre dos adultos.

-Si te refieres a Cloud, déjame decirte que…

-Ah, Cloud. Te sabes su nombre y todo. - dijo él, esta vez clavando sus ojos en ella. Aeris frunció el ceño.

-¿Qué hay de malo en que conozca a otras personas? - preguntó ella, que todavía no comprendía a cuento de qué había surgido todo aquello.

-Vi como te miraba. No soy estúpido. - contestó el, sin levantar un ápice el tono de voz. Eso era algo que siempre había asustado a Aeris. La forma que Sephiroth tenía de decir las cosas que le molestaban o que no le parecían bien. Sonaba amenazante, oscuro, como si ocultase algo más.

-Me miraba como una persona normal. No vi nada extraño en él. - pero Sephiroth ya estaba chasqueando la lengua y mirando a través de la ventanilla del coche.

-Tú sabrás. - dijo simplemente, dando por finalizada la discusión. Aeris apretó los labios, impotente. Quería seguir defendiéndose, quitarle esas ideas tontas que se había formado en su cabeza, pero lo dio por perdido. No iban a entenderse jamás.

-Muy bien. Adelante, piensa lo que quieras. - dijo ella, con voz cansada.

El silencio imperó entre los amantes.

Mientras tanto, Cloud y Zack volvían juntos a las instalaciones de SOLDADO dando un animado paseo. Allí tenían un sitio donde vivir, era como una casa para ellos. Aunque llevaban muchas horas despiertos, estaban tan alegres que no sentían el sueño apoderarse de ellos.

-No me lo puedo creer. No sabes que bien suena mi nombre en los labios de Tifa - decía Zack, con una alegría inmensa que brotaba de él y que podía contagiar a todo aquel que estuviese a su alrededor.

Pero Cloud hacía bastante tiempo que no lo escuchaba. En su mente seguía resonando la dulce voz de Aeris y sus ojos aparecían una y otra vez, haciendo que los latidos del rubio se acelerasen. No podía creer el efecto que había causado la pianista sobre él, como si de un sortilegio se tratase.

-…Cloud, eh, ¿Cloud? - lo llamó Zack, haciendo que el rubio despertase de su letargo.

-Perdona, ¿qué decías? No te estaba escuchando… - se excusó Cloud.

Entonces Zack soltó una pequeña carcajada.

-Lo sé…sé que no me escuchabas desde hace un tiempo. Tú estás pensando en la pianista, ¿no es así? - dijo el moreno, mientras le daba un codazo amistoso a Cloud.

-No sé de que me hablas…-susurró Cloud, tremendamente enrojecido.

-Uy sí que lo sé. Vi como la mirabas. Tío, si casi la besas… ¡estabas pegadísimo a ella!

-¿Qué dices? Estas mintiendo… ¡lo dices para ponerme nervioso! - le recriminó el rubio, medio enfadado.

Zack volvió a reír.

-No miento. Sé lo que vi.

-Tú también casi besas a Tifa y no te he dicho nada. - contestó Cloud, sin mirarle.

-Pero al menos yo lo reconozco - dijo Zack, entre risas - pero, oye tío… tendrías que haber visto como te miraba Sephiroth. Ya sabes…su novio. - el moreno se tornó serio, al igual que Cloud.

-¿Qué quieres decir? - insistió él.

-No sé…pero vi algo en su mirada que no me gustó nada. Espero que esa chica esté bien, ¿sabes? - comentó Zack, mirando al cielo. Parecía en parte despreocupado, pero a Cloud ese comentario le disparó las alarmas.

Pero luego se dio cuenta de que Aeris era una ilusión. Ella tenía una vida con Sephiroth y Cloud…Cloud no tenía nada que hacer allí. Así que no debía de estar preocupándose por los problemas de pareja que pudieran surgir entre ellos. Sin embargo, y tras llegar a casa y acurrucarse en su cama, con los ojos cerrados, la imagen de Aeris seguía en su mente.

Aeris y Sephiroth se acostaron, pero en silencio. Cada uno mirando en una dirección opuesta al otro.

"Ni siquiera me ha dado las buenas noches" pensó Aeris, conteniendo las lágrimas. Lo cierto era que, aunque intentaba pasar de largo del comportamiento en ocasiones infantil de Sephiroth, no podía evitar sentirse mal hasta el punto de querer llorar por la situación, que se había vuelto incontrolable.

"No entiendo por qué se ha puesto celoso" continuó pensando, mientras cerraba los ojos. "¿No ve que sólo tengo ojos para él? A veces, parece un niño pequeño. Sólo quiero conocer personas nuevas y Cloud ha sido una de esas personas. Cloud…" El corazón de Aeris latió con fuerza cuando recordó la mirada decidida de Cloud, aquellos ojos azules que brillaban con un esplendor distinto que nunca antes había visto.

Le había parecido tan agradable… Aeris tenía ganas de verlo de nuevo y continuar hablando con él. Con esos pensamientos, se quedó dormida.

Al día siguiente, Aeris se despertó más tarde que de costumbre. Los rayos del sol que entraron por su ventana fueron los que consiguieron hacerla abrir los ojos. La joven se desperezó lentamente pero se asustó con fuerza cuando se encontró con aquella figura masculina sentada frente a ella en la cama.

-¡Sephiroth! ¡Me has asustado! - dijo ella, abrazándose a la almohada. Su compañero tenía entre sus manos una bandeja con el desayuno y ni siquiera se inmutó cuando la muchacha se asustó. -Has…¿traído el desayuno? - preguntó ella, mirándolo fijamente.

-Quería disculparme por lo que pasó ayer. Creo que fui un tonto. Perdóname, Aeris. - dijo Sephiroth, intentando acariciar la mano de su novia, pero ella se zafó.

-Sephiroth, esto siempre es igual. Discutimos, pides perdón, pero nunca cambia nada. Quiero que esta vez sea diferente - dijo ella, mirándolo con firmeza. El tomó aire lentamente.

-Y esta vez lo será. Lo prometo. - dijo él. Aeris agachó la mirada y se acercó lentamente a él, fundiéndose en un tierno beso.

-Has salido en el periódico - le anunció Sephiroth cuando se separaron.

-¿Ah sí? Y, ¿qué dice? - preguntó la muchacha con curiosidad.

-Léelo por ti misma - contestó él con una ligera sonrisa. Le extendió el periódico que traía en la bandeja junto con el desayuno y Aeris lo tomó con cuidado.

En el periódico aparecía una foto suya junto a un piano de cola de un negro brillante. Aeris se emocionó, puesto que aquella foto era de cuando la joven tenía 20 años y el piano junto al que posaba se lo había regalado su padre, antes de fallecer en un accidente de tráfico. La joven leyó el titular bajo la foto:

"Aeris Gainsborough, la pianista de Midgar, triunfa bajo la luz de las estrellas en una noche mágica en el Séptimo Cielo".

-Al parecer había un experto musical entre los invitados de anoche. - comentó Sephiroth.

Aeris terminó de leer la noticia con alegría.

-Vaya…dicen muchas cosas bonitas sobre mí - dijo, con inocencia. -Ya estoy deseando tocar allí de nuevo.

-¿Allí? - preguntó Sephiroth, con cierta molestia.

-¡Claro! Es mi sitio favorito - contestó ella.

Sephiroth se quedó en silencio durante un rato que para Aeris se hizo eterno.

-No sé, Aeris… pienso que una pianista con tu talento debería plantearse salir afuera y conocer mundo. ¡Imaginalo por un instante! Triunfarías por cualquier sitio que vayas… Kalm, Gongaga, Nibelheim…incluso Iciclos. ¡Iciclos! Ese es el santuario de todo músico que se precie.

-Sephi, ya te lo he dicho. No me interesan esas cosas…yo disfruto tocando para mi gente, para los ciudadanos de Midgar. El Séptimo Cielo es mi santuario. - enfatizó Aeris.

Sephiroth se tornó serio. Estaba cansado de intentar convencer a Aeris de que saliese de Midgar y diese a conocer su talento por todo el mundo.

Lo cierto era que Sephiroth tenía unas intenciones ocultas, más allá de que la joven triunfase y se diese a conocer. Hasta ahora, había vivido cómodamente gracias al dinero que Aeris ganaba con sus conciertos y a más famosa era la joven, más dinero ganaría y más lujosamente podría vivir él, ya que los días de gloria de Sephiroth como músico ya no le resultaban rentable, a pesar del respeto que imponía allá donde iba.

Pero Sephiroth pensaba que Aeris era estúpida por querer seguir viviendo en aquella ilusión de "ayudar a la gente de Midgar a sobrellevar sus problemas con la música". Sin embargo, si quería convencerla, debería fingir ser amable o, de lo contrario, perdería esa oportunidad para siempre.

Así que Sephiroth sonrió levemente.

-Tan sólo piensalo, ¿vale? Podría ser tu gran oportunidad.

-Está bien… lo pensaré. Pero no te prometo nada - dijo Aeris, con una dulce sonrisa en su rostro. - Oye… - dijo ella, abrazando a Sephiroth y sintiendo su calor - ¿por qué no hacemos algo juntos hoy? No tengo concierto ni nada, podríamos hacer algo divertido - propuso Aeris con inocencia.

Pero, como todos los días, Sephiroth se zafó de su agarre.

-Todos los días hay que practicar, Aeris. Así que vamos, se hace tarde. - dijo el de pelo plateado, levantándose de la cama y dejando a una entristecida Aeris a sus espaldas.

FIN DEL CAPÍTULO