¡Adivinen en que libro fue!

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Podía escuchar el ruido de las gotitas al chocar contra la dura piedra que formaba la caverna en donde se ocultaba.

Podía oler la tierra mojada y ver la cortina de suaves gotitas caer, hacia frío, pero no era insoportable, al menos no se había mojado.

Se quedó un rato observando el fuego, comió el último pedazo de pan que le quedaba y se dio cuenta que había dejado de llover.

Salió a estirarse un poco, se suponía que el día de hoy Harry y sus amigos vendrían a visitarlo y a traerle comida.

¡Se moría de hambre! No había comido más que porquerías cuando tenía suerte de robar algo de los cubos de basura a las afueras de Hogsmeade.

Al pie de la colina pudo ver a tres personas, supuso que serían los chicos, pero decidió entrar a esconderse por si acaso.

-¡Chicos! Es genial verlos – dijo Sirius mirando significativamente la barra de pan llena de rocío que Ron sostenía en una mano.

-¡Hola Sirius, es genial verte también! – Hermione siguió el curso de la mirada de Sirius - Debes estar muerto de hambre, toma.

Sirius tomó con precipitación la bolsa que le ofrecía Hermione y, sacudiéndole el rocío que la cubría, la abrió violentamente y devoró lo que había dentro.

- Ahora si, cuéntenme de Karkarov.

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Si no comentas, me saldrán verrugas!