Doppelgänger

Capítulo 4: Máscaras

Notas de la autora: El título de este fanfic está en alemán y en fonética del español se pronuncia "dopelguenga". Un "doppelgänger" es tu doble idéntico perdido en el mundo quien no es tu gemelo de nacimiento necesariamente. La tradición humana asegura que todos tenemos al menos un doble, pues hay gente que ha encontrado a más de un extra de sí mismo. La superstición popular dice que toparte con tu doble atraerá desgracia y mala suerte a tu vida.

Esto es una analogía para Radamanthys, pues se topó con el "doble" de su némesis y sin duda toda su vida cambiará a partir de ese inesperado encuentro.

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Dinamarca

El cuarteto de atractivos hombres encubierto arribó al exclusivo evento en dos automóviles que habían sido enviados desde Londres para aquella operación: vehículos Audi A8 de color negro y plateado respectivamente; ambas carrocerías se encontraban además equipadas con los implementos que el Secret Intelligent Service ponía a disposición de uno de sus mejores agentes y de su respaldo en Dinamarca. Debido a la etiqueta del evento, los invitados, por parejas, abordaron los asientos traseros y un obediente chofer se encargó de trasladarlos del hotel de Copenhague hasta la residencia donde se llevaría a cabo el evento, la cual era una casa de campo a las afueras de la capital danesa.

Para incomodidad de Kanon, las instrucciones del MI6 señalaron que él y Radamanthys continuarían siendo pareja en aquella operación y por lo tanto les correspondía viajar en el mismo automóvil y el traslado transcurrió en un silencio terriblemente incómodo entre ambos, pues a lo largo de aquellas semanas habían estado gestándose demasiadas tensiones entre ambos; por ejemplo, una cena en Barcelona donde por poco la atmósfera los orilla besarse, pero una oportuna llamada de Pandora, quien se desgañitó por minutos para reprender a Wyvern, arruinó el ambiente y al darse cuenta ambos de lo que habían estado a punto de hacer, reaccionaron de manera defensiva y violenta; luego, mientras buscaban el rastro de Saga cual sabuesos en Ámsterdam, cayeron en una trampa y casi mueren asfixiados dentro de una cámara de gas venenoso. Kanon sospechó ferozmente que aquello había sido obra de Piscis quien le advertía claramente "Aléjate de aquí si quieres vivir". El griego arriesgó su propia vida para salvar a Radamanthys en aquella ocasión y cuando el inglés le espetó enfadado por qué se había arriesgado tanto por él, Gemini declaró: "Si no te das cuenta del porqué es que el MI6 te hizo un robot inútil en cuanto a emociones" y el inglés se quedó mudo desde entonces.

Momentos antes de descender a la alfombra roja, los dos hombres se alistaron y se colocaron sendos antifaces, los cuales contaban con comunicadores para que los cuatro permanecieran en contacto. Finalmente, un valet pulcramente uniformado, abrió servicialmente la puerta trasera derecha del Audi y el primero en aparecer fue Kanon quien lucía sumamente radiante y completamente en sintonía con el ostentoso evento; esperó a que el inglés terminara de salir y caminó delante de él hacia aquel escenario incierto.


Ninguno de los cuatro hombres tardó mucho en mezclarse con efectividad en la fiesta, pues todos ellos eran lo suficientemente apuestos para atraer las codiciosas miradas de mujeres quienes desearon llamar la atención de cada uno y obtener al menos un baile y un educado cumplido de parte de ellos.

Lo orquesta tocaba primorosos valses y la mayor parte del salón estaba acondicionado para servir como pista para las atractivas parejas enmascaradas que danzaban alegres, animadas por el champagne que era ofrecida en todo momento por meseros sonrientes con charolas plateadas en mano.

Radamanthys cambió de pareja de baile unas tres o cuatro veces a lo largo de toda la noche, teniendo que lidiar con la airosa decepción de cada una de ellas cuando él les solicitaba caballerosamente que le permitieran concederle una pieza a la nueva candidata que lo esperaba; por suerte no bailó con ninguna mujer perteneciente a la familia real, cuyos antifaces estarían adornados con auténticos diamantes según le indicó Asterión, pues a ninguna de ellas hubiera podido rechazar hasta que la dama lo decidiera y no él.

Asterión bailó con dos chicas solamente y después acudió al rescate de Argol quien no había encontrado el valor para quitarse encima a su empeñada acosadora quien rechazó cada una de las amables invitaciones del árabe para dar por terminado el encuentro.

El danés tomó por el hombro a su rubio compañero y le sonrió galantemente a aquella que lo hacía prisionero.

— Exquisita dama, temo pedirle me devuelva a mi caballero, por favor — solicitó en su lengua natal y aquella confesión dejó pasmada a la dama de antifaz azul, quien soltó boquiabierta al rubio.

Argol y Asterión caminaron juntos hasta alejarse de los danzantes y se posicionaron cerca de la salida a un balcón con vistas al laberinto del jardín. Era una ubicación estratégica para mantener vigilar con discreción, pues hasta ahora no había señal de Gemini Saga.

— No tuviste que ser tan directo ¿Sabes? — comentó el árabe con un rictus malhumorado. Esto provocó una mirada pícara en los oscuros ojos de su compañero.

— La verdad no soporté verte en problemas, pero tengo que admitir que gocé marcando mi territorio de paso — canturreó el pelinegro victorioso.

— Eres un idiota —. Argol puso los ojos en blanco pero no contradijo al otro y fingió concentrarse en el baile para dar por concluido el tema — ¿Alguna señal de nuestros objetivos?

— Ninguna hasta ahora —. El danés se encogió de hombros —. Además esos dos papanatas están demasiado enfrascados en su juego de celos como para enfocarse demasiado en la misión.

El árabe clavó su mirada en Kanon y afiló sus ojos grises de manera incriminatoria. Ciertamente el gemelo se lució demasiado desde que pisó el evento, poniendo en riesgo la operación al llamar tan escandalosamente la atención.

El griego de por sí atraía las miradas con su atractiva figura enfundada en aquel esmoquin azul medianoche, considerado un color atrevido fuera del negro clásico, pero que Gemini sentaba de maravilla con su personalidad.

Kanon ya había atendido a más de cinco damas hasta el momento; no obstante, ahora tenía su completa dedicación puesta sobre una despampanante rubia quien lucía un vestido corte de sirena que acentuaba sus caderas de tentación y dejaba a la imaginación el contenido de su voluptuoso escote. La bella mujer llevaba su platinada cabellera recogida en un peinado alto, permitiendo a todos admirar su delgado y largo cuello color porcelana. El antifaz de ella era color plateado, adornado con delicadas plumas blancas y diamantes auténticos; por lo tanto pertenecía a la realeza y Kanon no podía abandonarla hasta que ella lo decidiera, pero el griego parecía dispuesto a pasar toda la noche pegado a su encantadora compañera de baile.

Argol buscó a Wyvern de un vistazo. El inglés fingía bastante mal estar concentrado en todo menos en Gemini Kanon a quien inevitablemente enviaba furtivas miradas que creía ingenuamente pasaban desapercibidas.

— No puedo creer el nivel de incompetencia de esos dos — comentó con severidad Argol. Como respuesta recibió una risa sedosa por parte de Asterión.

— ¿De verdad? Me recuerdan un poco a nosotros no hace mucho tiempo. Casi le rompes el cuello una vez a Misty "por accidente" durante un ataque de celos tuyo que creías no se había notado para nada.

El árabe guardó silencio por largos segundos, apretando la mandíbula para tragarse la vergüenza que estaba experimentando. El silencio reino entre ambos agentes de las fuerzas especiales danesas e inesperadamente sus ojos se clavaron nuevamente en Kanon, quien había soltado por fin a la bella mujer perteneciente a la realeza y otra dama entró de inmediato a tomar su lugar entre los brazos del griego.


Kanon estaba pasándola muy bien con su alteza Madeleine cuando de súbito una mujer se posicionó detrás de ella y le susurró algo ininteligible. Dos segundos después, Madeleine agradeció al griego y se marchó de la escena pálida de terror.

Simultáneamente aquella quien aparentemente amenazó a la pareja de baile del gemelo tomó su lugar y de una forma mucho más atrevida, pues colocó ambas manos del griego alrededor de su cintura y se colgó del cuello del otro con los brazos.

La mujer llevaba puesto un vestido de lentejuelas doradas sin tirantes y de corte recto con una coqueta abertura que nacía en su muslo derecho, dejando al descubierto momentáneamente su blanca y tersa piel. Su belleza era deslumbrante con su cabellera dorada suelta sobre los hombros, sus pestañas largas naturales enmarcando sus grandes y brillantes ojos azules, sus labios carnosos rojo manzana y su coqueto lunar debajo de su ojo izquierdo. Solamente llevaba una máscara dorada que cubría su ojo derecho y parte de su mejilla, al estilo del fantasma de la ópera.

— Piscis —. Kanon reconoció a aquel peligroso hombre disfrazado sin ningún esfuerzo de bella súper modelo. El gemelo menor se tensó y detestó que Afrodita hubiera inmovilizado sus manos de aquella manera, pues no podía oprimir el botón su antifaz que alertaría a sus otros tres compañeros.

— Kanon ¿Por qué diablos no hiciste caso a mi advertencia en Ámsterdam? ¿Eres suicida o sólo demasiado imbécil?

— Tú y Cáncer han estado demasiado cerca de matarme, si Saga se entera…

Una aristócrata risa brotó de los labios de tentación del hombre.

— ¿Crees que le sigues importando al gran maestro? ¡Por favor! — hirió desdeñoso al otro. — Además tu nuevo novio te ha estado cuidando de maravilla, no hay de qué preocuparse por eso. Hablando de él ¡Qué bonito modelo te conseguiste esta vez! Me gusta más que tu ex-esposo, del cual lo único que nos gustaba a todos era su billetera sin fondo. El nuevo tiene clase y estilo, todo un caballero inglés, además sabe pelear y muy bien. Creo que el gran maestro le daría su bendición a tu juguete nuevo si el perrito británico no quisiera matarlo o peor, entregarlo a su asqueroso gobierno.

Los ojos esmeraldas de Kanon se clavaron llenos de rencor en los zafiros de Afrodita.

— Y no sólo a él, sino a ti y a tus dos amantes, Cáncer y Capricornio, para empezar. Mis condiciones con la Interpol fueron que los encarcelaran a ustedes tres y a Saga en puntos extremos del mundo — rugió el gemelo menor con desdén.

— No vueles demasiado cerca del sol o tus alas de cera se quemarán, Kanon —. Fue la mordaz respuesta de Piscis quien en un segundo se separó del gemelo dedicándole una última mirada amenazante, igual que una serpiente de cobra, y luego desapareció entre los danzantes.

Enseguida, el griego activó su a señal en el antifaz y Asterión se comunicó con él.

— ¿Kanon? ¿¡Quién diablos era esa mujer?! Y más importante: Radamanthys desapareció: un hombre se lo llevó al laberinto, Argol fue tras de él y yo… —

El griego no escuchó más y se lanzó de inmediato hacia los jardines de aquella residencia.


Radamanthys y Argol entraron en un combate feroz dentro del laberinto verde. Era una batalla mano a mano y la naturaleza letal del encuentro era inminente pues se enfrentaban al mismísimo Saga y a su guardián Capricornio.

— Shura, evita matar a alguno de los dos — solicitó educadamente Saga quien ocultaba su rostro tras una máscara blanca de rostro completo, incluso sus ojos se encontraban cubiertos por aquel antifaz.

— ¿Hay algún problema si les corto brazos o piernas? — preguntó con tranquilidad el hombre de acento español.

— Adelante — accedió su superior.

Capricornio, quien se quitó su antifaz minutos atrás, sonrió con gusto y se lanzó hacia ambos con dos espadas en sendas manos, pero fue Argol quien lo interceptó con el escudo de despliegue automático instalado en el reloj que el MI6 le había otorgado para la misión.

El árabe no retrocedió ni un poco y de su escudo lanzaba dardos que al inyectarse inmovilizaban la zona de contacto y la volvía tan pesada como piedra. El español ya había comprobado este efecto, pues Argol le apuntó al muslo con éxito. "Cuando alcance tu cuello, morirás" fue la única advertencia del fiero árabe.

El inglés aprovechó que Shura apenas se daba abasto con Argol y fue directo al ataque de Saga en una pelea cuerpo a cuerpo y Gemini le demostró por qué era uno de los hombres más mortíferos del planeta. Radamanthys no salió ileso del encuentro, pues recibió poderosos golpes en las costillas y en la muñeca. Además, aunque el británico creyó alcanzar a otro con sus puños, era difícil confirmarlo dado que su piel era dura como el acero y Gemini no reaccionó de forma alguna.

Kanon y Asterión acudieron a la escena armados y comenzaron a disparar hacia sus enemigos. Shura fue herido en el brazo, pero no dejó de pelear y el árabe aprovechó la ventaja para arrinconar a Capricornio. Por su parte, Saga sacó una arma de fuego que escondía en su pantorrilla y Wyvern sintió que su final había llegado por haber caído en la trampa, pero su enemigo hizo algo totalmente inesperado, pues en ese preciso instante se quitó la máscara y dejó pasmado al inglés.

Para Radamanthys aquel ya no era el rostro de su objetivo, de su enemigo, sino el de un hombre por quien estaba cosechando sentimientos sumamente vulnerables y Saga, o más bien Arles, sonrió triunfal al confirmar sus sospechas. Malicioso quitó el seguro del arma y la preparó para disparar, tomó la mano de Wyvern con violencia y lo obligó a sostener la pistola y Arles se apuntó así mismo.

Saga dio al rubio campo libre para disparar tan sencillamente el cañón sobre su frente y matarlo; entonces Arles imitó perfectamente la expresión de Kanon, altiva y orgullosa, y después mostró miedo. La mano de Radamanthys reposó sobre el gatillo, pero nada más, pues era incapaz de disparar aun repitiéndose mentalmente que aquel era Saga y no Kanon. Estaba congelado.

El alarido de Shura distrajo a ambos: Argol le disparó finalmente al cuello y el cuerpo del español se convertía en piedra metafóricamente y cayó en la inconsciencia. Saga dejó de jugar y giró el arma colocándola nuevamente en su propia mano, así que cuando Kanon y Asterión lo abordaron, amenazó con matar a Wyvern si lo atacaban. Argol por su parte se posicionó defensivamente frente al cuerpo del español para no permitir que le arrebataran a su presa.

— Kanon, qué galante novio te has conseguido, hermanito. Es un cuñado estupendo incapaz de dispararme, pero creo que yo sí puedo matarlo a él sin problemas ¿Quieres comprobarlo?

— ¡Arles! — rugió Kanon quien apuntó sin titubear a su gemelo listo para dispararle sobre todo si se atrevía a lastimar a Wyvern.

Una motocicleta se acercó a toda velocidad conducida por Afrodita quien aún lucía espectacular en su vestido de lentejuelas. Piscis soltó una cortina de humo con gases somníferos. El efecto fue casi inmediato, así que la mayoría de los agentes cayeron inconscientes enseguida.

Saga y Afrodita escaparon, pero Argol no permitió que se llevaran a Shura. Enseguida los gases fueron liberados, el árabe se cubrió la boca y la nariz y defendió la victoria sobre su presa heroicamente, por suerte las sirenas policiacas comenzaron a sonar a causa de la alerta de auxilio que Asterión había mandado a sus colegas del departamento de policía y los malhechores tuvieron que retirarse con una baja importante.

La policía danesa tomó custodia de Capricornio y siguieron las instrucciones recomendadas por el agente W para inmovilizarlo por completo, incluyendo una mordaza dentro de su boca antes de descartar posibles medidas de suicido recurrentes en los seguidores de Saga.

Esa misma noche, Argol y Asterión se presentaron ante sus cuarteles generales y Kanon y Radamanthys esperaron instrucciones en su hotel.


Kanon se encontraba en su habitación recordando una y otra vez la escena de la batalla que perdieron en el laberinto. Pronto se hastió de reprocharse a sí mismo inútilmente y decidió ir a visitar al inglés. El mellizo salió de sus aposentos, cruzó el pasillo y tocó la puerta de Wyvern quien le respondió con un seco "Adelante"

Para sorpresa del gemelo, Radamanthys se encontraba empacando, lo cual era inusual dado que aún no recibían instrucciones de la Interpol o del Secret Intelligence Service.

— ¿Qué haces? ¿Por qué empacas tan a prisa? — lo interrogó con un tono severo.

— Pediré mi renuncia a esta operación, mi conducta fue inaceptable.

— ¿Inaceptable? ¿De qué tonterías hablas? Atrapamos a Capricornio, Saga debe estar furioso —. El griego sintió su sangre hervir desesperado por aquella noticia que lo trastornó en un segundo.

— Mis sentimientos interfirieron con mi objetivo. Kanon, no pude dispararle a Saga porque… —. El inglés desvió su mirada con el ceño fruncido, lleno de frustración.

— ¿Por qué tiene la misma cara que yo?

No obtuvo respuesta alguna y el británico prefirió continuar acomodando distintas herramientas dentro de sus maletines cromados. Kanon entonces salió y cerró la habitación de un portazo; sin embargo, segundos después el mellizo regresó portando el antifaz de la fiesta caminando con decisión hacia el inglés y cerró el maletín de Radmanthys en una actitud desafiante, luego se plantó frente al inglés y segundos después se arrojó hacia él plantándole por primera vez un beso en los labios.

Aquel tan anhelado beso fue torpe y tosco a causa de la fuerza con la que el griego se impuso al otro, quien aún forcejeaba para impedir tal caricia y finalmente Wyvern logró separarse de su asaltante, tomándolo con fuerza por los hombros, sosteniéndolo delante de él y mirando aquellos ojos esmeralda que lo volvían loco y el presenciar cómo aquella mirada se opacaba de tristeza y le rehuía avergonzada, lo cual era evidente aún con el antifaz puesto, el agente W no pudo resistirse más.

Radamanthys tiró a Kanon sobre la cama con la fuerza necesaria para doblegarlo, se lanzó sobre él y entonces el inglés miró con ternura inesperada, atravesando la máscara del pelilargo.

— En efecto, no pude dispararle porque tiene la misma cara de la persona de quien me estoy enamorando.

Y selló la declaración con un segundo beso que envió descargas eléctricas por los cuerpos de ambos, las cuales eran una sensación placentera e impresionante, pues nunca antes ningún beso había tenido tal efecto sobre ninguno de los dos. Conforme continuaron disfrutando de la danza suave entre sus labios, aquellos cosquilleos aminoraron, pero precedieron a un fuego lujurioso que hizo una combustión violenta y desesperada por consumarlos.

El beso se prolongó y mientras tanto, sus manos no permanecieron quietas por mucho tiempo. Kanon clavó sus dedos en la cabellera rubia de Wyvern que era tan sedosa y suave como imaginaba y se dedicó a jugar con la sensibilidad de la nuca y cuello del inglés. Simultáneamente Radamanthys acarició el rostro del otro hombre, desde sus orejas hasta donde el cuello que la tela de la camisa del esmoquin le permitió, esto propició que el agente británico considerara a sus elegantes ropas un estorbo del que se debían deshacer con urgencia.

Radamanthys clavó sus rodillas sobre el colchón y mirando desde arriba al griego comenzó a deshacer su corbata de moño y a desabrochar los botones de su saco con sensualidad, pero el inquieto gemelo escapó de entre sus piernas y saltó fuera de la cama.

— No me quites el placer de desvestirte por primera vez, pues desde que apareciste trajeado de esa manera sólo fantaseaba con arrancarte la ropa — ronroneó Gemini mientras sus manos sobaban con descaro sobre la camisa blanca que cubría aquel torso que se moría por probar y marcar, así que no tardó mucho en cumplir su cometido, pues arrancó a Wyvern sus prendas superiores, dejándolo solo con el moño deshecho alrededor del cuello, dándole una imagen erótica ante la que Kanon sólo pudo morderse el labio inferior y procedió a atacar con besos y mordidas el poderoso torso de aquel hombre, mientras sus manos no dejaban inexplorado ningún rincón de aquella musculosa espalda.

— Quítate esa maldita máscara, Gemini — solicitó entre jadeos Radamanthys. Automáticamente Kanon se detuvo y le miró severo.

— Si vuelves a pedirme eso, te golpearé la entrepierna y me largaré de aquí sin más —. El tono del griego era tan agresivo que el agente británico tragó saliva, se le bajó un poco la excitación, pero no lo suficiente y rodó los ojos.

— Como quieras — añadió indiferente.

Wyvern ayudó a Kanon a quitarse su traje de gala color azul medianoche: saco, moño, faja, camisa y cinturón. Disfrutó del tacto de aquella piel color oliva la cual acarició con lascivia, desde la curvatura del cuello hasta la espalda baja, gozando el nacimiento de los glúteos aún escondidos bajo el pantalón. Aquellas caricias provocaron a Kanon arquearse estrepitosamente y fue inevitable para el griego comenzar jadear y reprimir gemidos excitados. Era inconcebible para el gemelo cómo el tacto caliente y deseoso de Wyvern no sólo lo complacía sino que al mismo tiempo le hacía querer más y más hasta enloquecer de gusto. Nunca antes había conocido unas manos igual de exquisitas y electrizantes para su piel. Pronto estaba tan dispuesto como un gato en celo.

Aquellas reacciones, no pasaron desapercibidas por parte del inglés quien sentía una oleada de lujuria cegadora cada vez que el otro se retorcía entre sus brazos con semejante sensualidad y el arrancarle esos sonidos dignos de estrella porno, estimularon sin contacto a su erección, la cual no dejaba de palpitar de manera insoportable aún atrapada en sus calzoncillos.

Pocos minutos después, Radamanthys despojó al griego de sus zapatos, pantalón y ropa interior dejándolo únicamente con los calcetines puestos. Posteriormente Wyvern gateó hasta posicionarse entre las piernas abiertas de Gemini quien estaba sentado.

El británico estaba dispuesto a engullir aquella bien parada hombría. Kanon jadeó nervioso y entonces sintió su erección ser abrazada por la caliente y húmeda boca del británico, lo que le provocó apretar las sábanas bajo sus manos y sentir cómo su respiración se detenía, pero al mismo tiempo su corazón bombeaba sangre como loco, especialmente hacia su vientre para descender en espirales de gozo hasta su glande el cual era atendido con gula por la lengua del rubio.

Kanon agitó su cabeza como loco, mientras soltaba pujidos y jadeos al ritmo de las felaciones, sus manos de repente acariciaban la cabellera rubia como una señal hacia Wyvern de que continuara haciéndole aquello tan delicioso. Apretaba con fuerza los dedos de sus pies y manos y sus rodillas se abrazaban, encerrando la cabeza del que le regalaba semejantes momentos de placer. Entonces, perdido en la excitación, sintió un aguijonazo de incomodidad cuando Radamanthys introdujo un dedo en su ano con el objetivo de explorar aquella cavidad que se contraía al ritmo de la libido de Gemini.

El griego abrió los ojos de súbito y sintió ansiedad al ser explorado con tal descaro y cayó en cuenta del papel que desempeñaría en aquel episodio. Entrecerró sus ojos, intentando bloquear la excitación y se visualizó a sí mismo siendo penetrado por el británico y la fantasía funcionó como una bomba que aumentó su delirio sexual y por poco se corre en la boca de Radamanthys, así que tomándolo con violencia de la cabellera extrajo la boca de su amante de su ensalivada y roja verga la cual brincaba espasmódica.

— Ve por condones y lubricantes, sé que en tus maletines mágicos debes tener una buena dotación de esas cosas.

Radamanthys pareció desconcertado por la interrupción, sus pupilas estaban demasiado dilatadas por el deseo, pero se levantó como resorte para traer en seguida lo solicitado. Los arrojó a la cama a un lado de Kanon y aprovechando que estaba de pie, el británico se botó los zapatos y se arrancó los pantalones y los calzoncillos. De inmediato saltó a la vista su bien dotada verga endurecida por la cantidad de sangre que se estrellaba sin cesar dentro de su gordo falo el cual exigía ser inmediatamente atendido, a lo que Gemini no tardó en ocuparse pues tomó uno de los condones y atrapó con su mano aquel caliente pedazo de carne de textura venosa y comenzó masturbarlo frenéticamente mientras su lengua jugueteaba con la circuncidada punta la cual no tardó en derramar líquido transparente pre-seminal.

— Mierda, Kanon, quiero metértela ya — exigió Radamanthys atropelladamente.

Gemini soltó una risita y abrió el condón cuidadosamente. Colocó el aro sobre la punta de aquella erección inglesa y deslizó la cubierta de látex hacia abajo hasta el borde de los testículos los cales restregó suavemente en sus manos, gozando su textura rasposa y peluda, pero el gusto no le duró mucho pues en un segundo su espalda fue empujada con fuerza contra colchón, pero sus piernas quedaron suspendidas sobre los hombros del hambriento rubio quien alcanzó con habilidad el pequeño tubo nuevo de lubricante que destapó con los dientes y colocó descuidadamente la fría punta del empaque en la entrada del ajeno quien gritó a causa del contraste del frío gel con su caliente interior. Pronto Wyvern vació casi todo el contenido dentro y lo distribuyó a prisa hasta donde sus largos dedos alcanzaron, localizando pronto aquella zona acolchada pequeña como nuez que indicaba la localización de la próstata del otro. Bingo.

Sin mayor retraso penetró con su verga al griego en aquella postura desde la que se clavó son suma profundidad y la reacción inmediata de Gemini fue un sonoro grito de dolor, lo cual se reflejó en surcos de lágrimas que Kanon no pudo impedir soltar detrás de la máscara. Radamanthys, asustado con su involuntaria brutalidad, salió y colocó las piernas del pelilargo alrededor de sus propias caderas, entonces volvió a introducirse en el otro con menor violencia y esta vez el griego pudo soportarlo mejor.

Comenzaron los vaivenes iniciales y Kanon miraba a través de su antifaz a aquel que estaba poseyéndolo con una mezcla incoherente de lujuria desbocada y empeñada ternura. Para el inglés sentirse tan apretado por aquella cavidad era alucinante y sólo quería penetrarlo con tal constancia y velocidad hasta derramarse gozando de la vista de Kanon rendido sexualmente ante él; pero aquello no era su único propósito para con el otro hombre. Así que el inglés se inclinó suavemente sin dejar de penetrar y alcanzó los labios del griego para besarlo e impregnar de dulzura aquel acto tan carnal y como respuesta Gemini colgó sus manos alrededor del cuello de su amante y gozaron de la incómoda, pero íntima postura de besarse en pleno coito, interrumpidos únicamente por la acción los traviesos cabellos del griego que cubrían su rostro como una delgada cortina.

Cambiaron de posición unos minutos después y Kanon, boca abajo, elevó su trasero para dejar que el otro lo penetrara con comodidad. Radamanthys besó aquellos glúteos tan firmes y redondos, erizando toda la espina dorsal del griego y luego de dar nalgadas que enrojecieron la piel de su amante, Wyvern separó las mejillas traseras de Gemini e introdujo nuevamente su verga enfundada en látex, sin poder creer todavía aquel escenario que sólo había logrado en sus últimos sueños húmedos.

Esta postura gustó más a Kanon, sintiéndose completamente lleno del otro, lo cual estimuló su apogeo, por lo que él mismo se empujó contra el falo de su amante y contrajo su pelvis para gozar de la fricción en su interior la cual lograba alcanzar su próstata. El sonido de aquella unión era morboso, pues el choque obsceno de sus carnes durante la penetración resultaba adictivo para ambos quienes lograron compenetrarse el compás de los embistes. Kanon como respuesta soltó esporádicas expresiones en su griego natal con voz excitada y entrecortada.

— Me voy a correr — advirtió Radamanthys tomando por la cintura al otro, haciendo a un lado la abundante melena color cobalto para ahondar más la penetración y hacer más y más constante el sonido del choque de sus cuerpos.

— Mierda, quiero cabalgarte, todavía no —. Era impresionante la fuerza de voluntad de ambos por no rendirse al inevitable orgasmo y culminar la larga tensión sexual acumulada a lo largo de semanas.

Wyvern se mordió los labios hasta sangrarlos, pues parecía casi imposible luchar contra la fuerza básica en su interior que le incitaba a ignorar al otro y apretar y golpear esas riquísimas nalgas mientras embestía a Kanon hasta el éxtasis propio.

Seguramente fue el sentimiento de ternura y cariño que sentía por aquel lo que le hizo contenerse y permitir que el gemelo se escabullera y lo tumbara sobre el colchón para permitir al griego se sentarse a horcajadas sobre él.

Era alucinante la imagen que el gemelo le ofrecía al británico con la piel oliva brillante de sudor, el abundante cabello hecho un caos, las mejillas sublimadas, el rostro oculto tras el antifaz y la boca seca a causa de la faena carnal que estaban llevando a cabo. Como si aquello no fuera suficiente para provocarle un orgasmo inmediato, a todo eso se aunaba el hecho de que el griego se clavó él solo la erección ajena con gula sexual, logrando que Radamanthys apretara su propio cuerpo con ferocidad, exigiéndose a sí mismo gozar de la penetración y así tener el derecho de correrse dentro de aquella sublime cavidad.

Kanon saltó una y otra vez encima de Wyvern, controlando por completo el ángulo y la velocidad con la que la verga del otro acribillaba su cavidad anal.

Radamanthys aprovechó la posición para masturbar la dureza de Kanon a gusto.

El gemelo sintió finalmente aquel cosquilleo casi doloroso que vaticinaba su propio clímax si continuaba saltando sobre aquella bien dura erección que era la más grande que se había metido hasta ahora y continuó con el acto con frenesí y para ayudar a impulsarse con firmeza, plantó sus manos sobre el torso de su amante. Su cabello saltaba al ritmo de la cabalgata y el griego no pudo hacerse más el resistente y finalmente sus pujidos y jadeos se convirtieron en constantes gemidos que volvieron loco al inglés quien con una mano tomó a Kanon por la cintura disfrutando de la curvatura firme de esta.

— Quítate la máscara, maldita sea, quítatela por favor. Quiero verte mientras te corres por primera vez delante de mí ¡Kanon! — suplicó completamente sometido el inglés.

Y Gemini atendió la petición, deshaciéndose con torpeza de aquel pedazo de fibra de vidrio que ocultaba su rostro y cuando Radamanthys admiró por completo aquel hermoso rostro sublimado por placer cuya mirada blanca estaba perdida en el éxtasis no necesitó muchos segundos más para explotar contra la prisión de látex. Kanon aprovechó los últimos momentos de dureza del otro para continuar saltando con ímpetu hasta correrse mientras aún estaba siendo penetrado y no le importó gritar el nombre de su amante tantas veces y tan escandalosamente que seguramente medio hotel logró escucharlo.


Argol fue herido durante su batalla contra Shura y por ello debió atender sus heridas en el hospital antes de presentar su testimonio a sus superiores. Por fortuna las heridas del árabe no habían sido graves y salió de pie de su unidad policiaca. Asterión estuvo a su lado tanto como le fue posible y finalmente regresaron juntos al hotel que había fungido como cuartel para la misión, pues sus autoridades les permitieron descansar por los siguientes días y les invitaron a aprovechar las noches que el MI6 había pagado en el lujoso hotel donde se reunían con Kanon y Radamantys.

Así que Argol y Asterion arribaron juntos al lugar y el árabe estuvo a punto de abrir la habitación que compartía con Wyvern cuando el danés lo detuvo de golpe. El árabe lo miró confundido.

— Escucha con atención — le susurró el pelinegro.

El de ojos grises calló y aguzó el oído, entonces logró percibir los sonidos de jadeos, gemidos, golpeteos continuos y el carnal sonido de dos cuerpos encontrándose en la penetración. Cuando Kanon gritó "Radamanthys" seguido de exclamaciones en griego ininteligible, Argol se alejó de la puerta y el rostro le enrojeció de súbito.

— ¡Ya era hora! — festejó Asterión. Luego miró a su compañero quien había enmudecido y miraba a todos lados menos al pelinegro y el "Perro de Caza" sonrió triunfal, leyendo los pensamientos del otro — Te prendiste ¿No es así, Argol?

El árabe negó con la cabeza y quiso salir de ahí inmediatamente pero Asterión no se lo permitió, pues lo acorraló contra la pared con ambas manos a sendos lados del rostro enrojecido del rubio.

— Vamos a mi habitación ¿Quieres? — sugirió coqueto el danés con la boca pegada al oído del árabe quien lo empujó con agresividad para quitárselo de encima. Asterión casi creyó que había ofendido a Argol quien se alejó y cruzó el pasillo.

El árabe no se marchó y en realidad se dirigió a la habitación que compartían Kanon y Asterión.

— ¿Vas a venir o no? — fue la respuesta orgullosa y seca de Argol.

°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ Continuará.


¡Finalmente nuestros protagonistas se permitieron consumir por las llamas de la lujuria! Triunfó el mal.

La verdad me tomó algunas varias horas darle forma al capítulo y culminar en el lemmon, pues desde hace un tiempo que no escribía este tipo de escenas, pero lo disfruté mucho especialmente porque son Rada y Kanon, mi actual pareja favorita.

¡Muchas gracias a Dulce Locurilla y angel ace por apoyar el fanfic a través de sus comentarios! Me encantó leerlas y saber qué es lo que perciben.

¿Qué será de Shura? ¿Cuál será la reacción de Death Mask y Afrodita? ¿Tendremos un rico trío RadaxSagaxKanon? ¿La autora debería ponerse a hacer la tesis y no a escribir pornografía? ¿Debería hacer un spin-off de Asterión y Argol? Encuentren algunas respuestas la próxima vez que nos encontremos a través de esta historia.