Gui: Hola! Cumpliendo con las fechas de miercoles y domingos, aqui estoy. Y lugo me voy a frikear por Pottermore. Gracias mil a mikaelita-cullen y Epifania por los reviews.

Disclaimer: Me duele la tripa. ¿A Rowling le duele la tripa?


Nunquam

Si vis pacem, para bellum
si vives para la paz, prepárate para la guerra

Delante de las paredes de árboles, encima de lo que en su día fue el campo de Quidditch y al lado del primer campeón de Hogwarts, Harry se sentía pequeño. Entre los golpes que indicaban el "tres, dos, uno" para entrar ahí dentro, volvió a preguntarse quién demonios había metido su nombre en el cáliz.

Entonces, entró. Avanzó rápido, aunque solo fuera por fingir que tenía una idea, o para que no le viesen demasiado rato. Definitivamente, este no era su mejor año. Hogwarts era su hogar, pero había que admitir que ahí dentro uno no descansaba. Luchar contra las fuerzas del mal... parecía uno de esos videojuegos del PC de Dudley.

Cuando tras él se cerraron los matojos (con el atisbo de un dedo señalando una dirección), sacudió la cabeza. Mira que ponerse a pensar en Dudley. Los nervios le mataban el cerebro. Decidió hacerle caso a Ojoloco. Porque ya que pasaba por esto, iba a llevarse el mérito.

Un tiempo después (ni siquiera se veía el sol para ubicarse) empezó a asustarse de verdad. Prefería claramente las bestias, aunque fuera un escreguto, a la ausencia de vida animal. No tener a qué enfrentarse le hacia pensar demasiado.

Seguía recto, asustándose por los crujidos de sus pies contra el suelo, agudizando el oído para intentar escuchar algo que delatara a otro Campeón, algo que le indicase que no estaba solo.

Entonces cayó en la neblina trampa. Simplemente de repente se encontraba boca abajo con los pies pegados al techo y un vértigo increíble. Claro que "simplemente" no era la palabra. Era horrible. Supo que se caería si despegaba el pie. En momentos como ese, ser Hermione no le habría venido mal. No conseguía pensar. Su mente no era más que presa del pánico absoluto. Reprimió un angustiado grito y decidió avanzar corriendo el riesgo de caer al cielo.

Levantó el pie y lo volvió a posar tan rápido que ni se vio, pero la neblina quedó tras él y el suelo volvió abajo, y el cielo volvió arriba.

Malditas trampas. No sabía si era mejor evitarlas o caer de lleno en ellas. De repente, oyó a Fleur. Un grito. ¿Quién le mandaba a él entrar ahí dentro?

Vio a Viktor con los ojos ausentes y escuchó su voz pronunciando un criciatus, también vio a Cedric tirado en el suelo presa del pánico.

No supo qué había ocurrido pero de repente estaba echando chispas rojas al aire al rescate de Fleur. Estaba completamente desorientado.

Había oscuridad, negro, plantas, oscuridad, crujidos, silencio. Y negro y plantas y oscuridad y silencio. Un crujido más largo y prolongado le hizo evitar a tiempo a un escreguto, aunque tuvo menos suerte con otros bichos.

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí hasta que se encontró con la esfinge. De repente, el miedo le había vuelto inteligente porque fue tan sabio como lo fue Edipo y supo contestar correctamente a la pregunta.

Por fin, al final de un gran pasillo se veía la copa. Y se veía a Cedrid corriendo a toda velocidad hacia ella. Reaccionó en competitividad y salió corriendo a su vez. Pero luego Cedric cayó y él dudó. Por un momento, sus pensamientos eran egoístas y hacia muy poca gala de su casa. Pero la mente pudo con todo y le obligó a retroceder para ayudar a Cedric. Maldito el momento en el que hizo eso. Pudo haber ganado sin problemas. Pudo haberle salvado la vida y marcharse solo hacia el cementerio. Aunque quizás sin la muerte de Cedric no habría sido capaz ni de moverse.

Cuando lo recuerda, ve el negro, ve la oscuridad, los arbustos, no ve el cielo. Siente pánico irracional, de ese que calificas como "sin sentido". Pero también pensaba en el momento en el que cogieron la Copa a la vez. Se maldecía a sí mismo, su mente se torturaba. No podía creer que porque a un tío que se creía un mago tenebroso le había dado por ahí, un compañero de clase hubiese muerto. Muerto significaba no volverle a ver. Significaba pensar en él a todas horas o intentar olvidarle, pero ser parte de un solo recuerdo. Muerto significaba tantas cosas que significaba la nada. Y la nada le asustaba. A veces se encontraba enfrentándose a la idea de la muerte, por Cedric. Otras, el agobio le invadía y tenía que salir y respirar, convencerse de que no iba a morir, o por lo menos, aún no.

Y en un último pensamiento sin sentido, veía a la muerte como la oscuridad del laberinto conjunta con el brillo de la copa. Y asoció a la muerte con esa prueba. Y decidió recordarla lo menos posible.

Gui
SdlN