Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer adaptados a la primera historia de la saga de Susan Fox. "Se buscan novios vaqueros". Muy recomendada.

Corazón indómito

Capitulo 4

Bella consiguió superar los primeros minutos de la cena evitando mirar a Edward, aunque estando sentada frente a él, le resultaba verdaderamente difícil. Se sentía mucho más torpe que nunca después del tórrido beso que habían compartido en los establos, y deseaba, con todo su corazón, haber tenido la sensatez de apartarlo en cuanto se había acercado a ella. De todas las situaciones a las que había tenido que enfrentarse a lo largo de su vida, aquélla era una de las más embarazosas, por el hecho de que no podía culpar a nadie de lo ocurrido.

Fue Charlie el primero en romper el incómodo silencio que presidía la cena.

— ¿No van a traer mañana a las nueve un nuevo toro?

—Sí, llegará alrededor de las nueve —contestó Ed—. Yo tengo que hacer una llamada a las ocho y media, si no he terminado para entonces, tendrá que encargarse Isabella de atender la llegada del toro.

Bella aceptó aquella orden indirecta sin protestar. Desde que Charlie se había jubilado, él era el jefe. Y Bella se hacía cargo del rancho cuando Edward no podía hacerlo. En muchos de esos casos, el capataz se encargaba de transmitir sus órdenes, aunque Bella había aprendido hacía tiempo que tanto el capataz como los trabajadores del rancho eran suficientemente competentes para que no hiciera falta que nadie planificara el trabajo diario. Los hombres la respetaban porque sabían de la consideración de Charlie hacia ella, y, por su parte, Bella les mostraba a ellos su respeto por su experiencia y capacidad, dándoles las menos órdenes posibles. La llegada de aquel caro ejemplar, requeriría que alguno de los trabajadores estuviera presente para recibirlo. Aquel toro había costado una fortuna y a Bella no terminaba de gustarle que cayera sobre ella aquella responsabilidad.

Sin embargo, no iba a dejar que Edward lo supiera. Era consciente de que él aceptaba su posición en la cadena de mando a causa de su padre, y porque hasta el momento ella no le había dado ningún motivo para excluirla. Bella jamás había jugado con las órdenes y las instrucciones de Ed. Tendría que estar especialmente vigilante para tener la certeza de que el toro llegaba en perfectas condiciones y procurar instalarlo con especial cuidado.

—Tanya ha llamado esta tarde, cuando estabais fuera comentó Edward—. Llegará con Nessie mañana por la tarde.

Aunque no era una noticia inesperada, la joven no pudo evitar ni la desilusión ni la tensión que sintió al oírlo. Tanya disfrutaba metiéndose con ella en todo momento, sobre todo porque desde muy pronto había aprendido que la joven jamás se lo diría a Charlie.

—Ya era hora —fue lo único que comentó Charlie.

Bella tampoco dijo nada. Sabía que a Charlie no le hacía en absoluto feliz que la idea que tenía Tanya de ser la esposa de un ranchero, fuera vivir la mayor parte del año en un ático en Dallas, gastando el dinero de los Swan. Cuando Tanya llegaba a casa, Bella procuraba mantenerse lejos, tanto para evitarla a ella como para asegurarse de que Charlie tuviera tiempo para estar con su esposa y su hija adoptiva. Sin embargo, en aquella ocasión no pensaba hacerlo. Teniendo en cuenta la fragilidad de la salud de Charlie, pensaba permanecer cerca de la casa todo el tiempo posible.

—Necesito que me ayudes a arreglar unos papeles esta noche.

Aquella repentina declaración de Edward obligó a la joven a mirarlo a los ojos, pero rápidamente desvió la mirada.

— ¿Ha habido alguna novedad? —le preguntó. Desde que Charlie se había jubilado, prácticamente no se había hecho cargo de nada que tuviera que ver con los papeles o las cuentas del rancho, de modo que sospechaba que aquella sugerencia de Edward no era sino una treta para poder hablar con ella a solas.

—Ya lo verás por ti misma.

Bella le dirigió a Ed una rápida mirada. Había distinguido claramente el desafío que se reflejaba en su voz, aunque no hubo nada en sus facciones que confirmara aquella impresión hasta que tomó su taza de café y se reclinó en la silla. Entonces, la miró o los ojos de tal manera que estuvo a punto de crear un cortocircuito en el sistema nervioso de la joven. Al advertir el arrogante gesto de su boca, Bella se sonrojó violentamente. Aun así, y sin saber muy bien cómo, consiguió sostenerle la mirada hasta que Ed decidió romper aquel contacto y se terminó el café.

Edward se levantó para dirigirse a su estudio y Bella y Charlie se acercaron al cuarto de estar. Jugaron una relajada partida de damas, tras la cual, Charlie subió a su habitación. Aunque le había dicho a Bella que pensaba ver una película de vídeo antes de dormirse, ella dudaba que lo hiciera. Parecía especialmente cansado aquella noche, y Bella se alegró, una vez más, de que pudiera contar con el pequeño ascensor que Edward había hecho instalar tras el vestíbulo. Charlie se había negado a trasladar su habitación al piso de abajo cuando los médicos le habían prohibido bajar y subir escaleras, de modo que, aunque a regañadientes, había tenido que resignarse a utilizar el ascensor. Sin embargo, desde hacía unos tres meses, ya no protestaba cada vez que tenía que hacerlo.

Y ése era otro de los síntomas del declinar de su salud, pensó Bella con tristeza.

Un largo paseo o, mejor aún, una excursión a caballo, quizá pudieran ayudarla a levantar un poco los ánimos y a dormir bien, aunque no había por qué esperar que aquellos remedios funcionaran mejor esa noche que cualquier otra. Además, Edward estaba esperando que se reuniera con él.

Con los nervios a punto de estallarle, Bella se dirigió hacia el estudio de Edward, preguntándose durante el camino las razones que habría tenido para besarla. Desde luego, sabiendo que era algo que no volvería a ocurrir jamás, ella había preferido no haber experimentado lo que se sentía al estar en sus brazos. Y, para colmo, le había entregado a Ed un arma con la que podría atormentarla si quisiera. Porque después de aquel tórrido beso, ya no tenía secretos para él.

Cuando llegó a la puerta del despacho, llamó suavemente antes de entrar. Encontró a Edward sentado tras su escritorio, ordenando unas facturas. No levantó la mirada, y ni siquiera la saludó antes de ordenarle:

—Después de que llegue el toro, puedes ir a revisar el estado de las cercas del rancho. Llévate un teléfono móvil y ropa suficiente para pasar unos cuantos días fuera.

Bella se tensó. En otras circunstancias, habría recibido entusiasmada aquella tarea que le permitía mantenerse lejos de Tanya. Pero estando Charlie tan enfermo, no pensaba ausentarse de la casa durante más de unas horas.

Sin embargo, decírselo a Edward significaría rechazar una orden. Además, su presencia en la casa, estando también Tanya y Nessie, incrementaría la tensión para todos.

Bella se aclaró la garganta y dijo con voz suave.

—Ahora no puedo hacerlo.

Ed se sorprendió más de lo que la joven esperaba.

— ¿Por qué no?

—Charlie… —se interrumpió vacilante. No era capaz de expresar con palabras sus peores temores—. Últimamente está muy delicado. Quiero estar cerca de él.

Ed echó a un lado los papeles que tenía encima de la mesa.

— ¿Y no se te ha ocurrido pensar que es posible que Tanya no quiera tenerte rondando a su alrededor? Es posible que prefiera estar a solas con Charly.

Aquella crítica le dolió. Aunque, en realidad, le dolían la mayor parte de las cosas que Edward le decía. Estaba harta de ser el blanco de la desaprobación y los reproches de Edward, que, por otra parte, era incapaz de ver la falta de interés de Tanya por su esposo.

Pero Isabella sabía que sería inoportuno decir nada en contra de la esposa de Charlie. Alzó ligeramente la barbilla y tensó los labios en una cínica sonrisa.

—Tanya puede estar a solas con Charlie tanto tiempo como le apetezca. Además, hace mucho tiempo que no veo a Nessi.

—Y Tanya lo prefiere así —repuso Edward con una franqueza brutal.

Bella apartó la mirada de su dura expresión, repentinamente fatigada. Quizá llevara ya más años en Swan de los que debía. Salvo Charlie, nadie parecía darle ninguna importancia al hecho de que se pasara todo el día trabajando duramente para devolverle todo lo que había hecho por ella. Al contrario, todos los demás parecían considerarla como una intrusa que había tenido la suerte de colarse en una casa que no se merecía.

La amargura y el orgullo se entremezclaban en su mirada cuando le contestó a Edward:

—Mientras Charlie esté vivo, nadie va a poder echarme de esta casa. Y tanto tú como Tanya deberíais saberlo.

Ed se inclinó en su silla y la cubrió con su mirada cortante.

—No quiero que nadie moleste a Charlie.

—Entonces procura decírselo a Tanya.

Al advertir el brillo de enfado de los ojos de Edward, la joven comprendió que todavía continuaba considerándola como la única responsable de las fricciones entre su padre y Tanya. Y la verdad era que Tanya no había tenido que ingeniárselas mucho para transmitir la impresión, estando Edward más que dispuesto a ver a Bella como la culpable de cuanto malo ocurría.

Al pensar en ello, los ánimos de Bella se hundieron. Sabía que Edward jamás podría ver la maldad que se escondía tras la belleza de Tanya, de la misma forma que nunca podría concederle ningún mérito a Bella que, al fin y al cabo, no era más que la hija de Renne Dwyer.

Isabella sonrió con amargura, se volvió y abandonó la habitación con la poca dignidad que le quedaba.

Acá va un nuevo capitulo…de una historia con una promesa de amor eterno mas allá de la vida y la muerte entre Charly y Renne. Además de la aparición de la segunda esposa Tanya que parece no traer buenos presagios a la vida de Bella. ¿Qué papel tendrá Edward en todo esto?

Muchas gracias a todas las lectoras y principalmente a "oliveronica cullen massen" y "conejoazul" por sus reviews.