Aquí ya les dejo, aunque un tanto tarde, el capítulo cuatro.

MonseLuz: Gracias por tu review, realmente comenzaba a creer que a nadie le había gustado la historia, incluso llegué a pensar en borrarla ayer, pero tu comentario en verdad me animó a terminarla. Muchas gracias y espero verte otra vez por aquí.


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Capítulo 4: Decoración del hogar

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Ese día bien podría haber dicho que se sentía más alegre que de costumbre pues realmente era cierto, pero lo que no sabía exactamente es si aquello se debía a la noticia inesperada que había recibido o a la cercanía de las festividades, cualquiera fuese el motivo le agradaba la sensación, ahora solo le quedaba disfrutar de ella; no sabía cuando realmente debería hacerle frente al mar de preguntas que sabía se avecinaba, aunque la única pregunta o respuesta que realmente le importaba era la de él.

Tomó otra brillante esfera de la caja y la colocó en el árbol, cómo agradecía que Claire hubiese ido a comprar todo aquello, verdaderamente estaba fascinada con las elecciones que había hecho la pelirroja.

— ¡Ya estoy en casa!

La voz de su novio resonó desde la entrada, por el pasillo, hasta llegar a la gran sala de la casa que ambos compartían. Hace mucho los dos vivían juntos, desde el momento en que decidieron tener una relación estable, y estaba segura de que esa era una de las mejores decisiones que había tomado en su vida.

—En la sala, cariño.

Habló en respuesta sin dejar de lado su ocupación. Decorar el árbol y la casa para ella era uno de sus pasatiempos favoritos, aún si solo era algo que se realizara en estas fechas.

De pronto, inmersa en su entretención, sintió que alguien le sujetaba por la cintura y le daba un suave beso en el cuello. Aún si no hubiese escuchado su llegada lo habría reconocido, ese perfume estaba tan grabado en su memoria que era inconfundible.

—Perdón por haber tardado tanto, no encontraba algo que le pudiese gustar.

Ambos habían salido a hacer las compras hace unos días atrás, no querían olvidar ningún regalo para sus amigos. Por desgracia cuando volvieron a casa se dieron cuenta de que habían olvidado comprarle algo a la pequeña hija de Rebecca y como la niña era todo un amor, realmente no podían no darle algo. Por ese motivo el castaño se había ofrecido a ir en busca de un regalo para la niña mientras ella seguía con las decoraciones de la casa, solo esperaba que Chris hubiese escogido un regalo decente y no algo que realmente tuviese ningún sentido.

—Te está quedando precioso.

Mencionó aún abrazándola, admirando el grandioso trabajo que había hecho con el árbol de navidad.

—Gracias, tú puedes ayudarme con el resto de la sala.

—Será un placer, pero preferiría comer algo primero; muero de hambre.

La castaña ensanchó los ojos. Dio un vistazo al reloj y se dio cuenta de que era algo tarde y que la cena ya debería de estar lista, pero entre sus quehaceres la hora se le pasó volando y había olvidado hacerla. Si estuviera sola eso realmente no importaba, solo que ahora vivía con Chris.

— ¿Y si te digo que olvidé cocinar esta noche?

Preguntó con tono inocente y poniendo la mejor cara de niña buena que pudo mientras volteaba a verlo. Chris parpadeó unas cuantas veces y luego le sonrió.

—Entonces supongo que deberías ir por tu chaqueta porque hoy cenaremos afuera.


Claire lo miró divertida. El agente se había encaprichado en comprar unos renos con luces que quería colocar en el techo de la casa de la chica, ella se había negado pues ya había comprado con Sherry el año anterior un Santa Claus que podía colocar en la chimenea, el que por supuesto pensaba poner este año y que era más que suficiente. Pero el rubio se había salido con la suya y un día simplemente apareció con ellos en la puerta y como él se quedaba en su casa no le quedo más remedio que dejar que los entrara. Aunque no estaba muy de acuerdo con ellos realmente se estaba divirtiendo en ver como Leon luchaba en el tejado intentando que se quedaran fijos, luego desenredando las luces y finalmente intentando hacer que encendieran, pero el cable no era lo suficientemente largo.

—Estas porquerías, se veía mucho más fácil en el catálogo.

La pelirroja rió tras escucharlo, al menos ella lo estaba pasando bien desde ahí abajo.

—Te dije que no los compraras, si solo me hubieses escuchado. Esas cosas están defectuosas.

Mencionó burlándose de él. El chico solo le sacó la lengua y siguió con su cometido.

—No están defectuosos, el cable que me has dado es demasiado corto y no llega. Tendré que colocarlos más abajo.

Leon tomó uno de los renos y caminó con cuidado por entre la resbaladiza nieve que se había acumulado, aún pese a que iba lo suficientemente lento para evitar caer no pudo evitar trastabillar un poco tras enredarse con uno de los cables. Claire sintió en ese momento que el corazón le había dejado de latir, juraría que lo vio caer, gracias al cielo no había sucedido nada.

—Ten cuidado, quieres. No quiero tener que arrastrarte hasta un hospital.

Mencionó en broma pero con cierto toque de preocupación que no pudo ni quiso ocultar.

—Tranquila, sé lo que hago.

Ya solo le quedaba un reno y repitiendo el mismo proceso que con los anteriores lo bajó con cuidado, al fin podría verlos encendidos. Tomó el cable y buscó conectarlo en el enchufe, pero aún no era suficiente. Escuchó abajo las risas burlonas de la pelirroja y eso pareció frustrarlo más, así que ya sin una gota de paciencia jaló del cable intentando aunque fuese por la fuerza conectarlos de una buena vez. Desgraciadamente la nieve bajó sus pies pareció ceder ante la presión y la fuerza que ejercía con el cable que de un momento a otro calló del tejado.

— ¡Leon!

La chica corrió en dirección a él lo más a prisa que pudo, había caído justo sobre un montón de nieve aunque dudaba que eso amortiguara demasiado su caída. Se agachó para verlo más de cerca, con la preocupación a flor de piel, y trató de zarandearlo un poco para despertarlo.

— ¡Leon! Maldición Leon, ¡dime algo!

El rubio se removió incómodo apretando los párpados con fuerza para luego abrir los ojos un poco intentando enfocar.

—Ya me morí, ¿no es así?

La chica suspiró algo aliviada, al menos aún estaba con vida, tal vez con varios morados pero con vida.

—No, pero estuviste cerca.

—Pero si sigo vivo, ¿cómo es que estoy viendo un ángel?

A ella se le subieron claramente los colores a la cara, pero le alegraba escuchar que estaba lo suficientemente bien como para incluso comenzar a bromear. Aunque para mantener la compostura intentó esconder aquello volteando ligeramente y poniéndose de pie.

—No digas tonterías y ya levántate de ahí o te congelarás. Y según tú sabías lo que hacías.

Le extendió la mano para ayudarlo ponerse en pie, el chico más que adolorido la cogió y entre un crujido de huesos finalmente volvió a pararse.

—Esto dolerá mañana.

Claire rió ante su comentario mientras negaba con la cabeza.

—Creo que esos renos se ganan mi odio.


—Pediré la cuenta.

—Claro. Por cierto, gracias por invitarme.

—No hay de qué, sabes que estoy para consentirte.

Le guiñó un ojo a lo que ella rió divertida. La mesera que les había atendido se acercó a la mesa sonriente preguntándoles si necesitaban algo más, a lo que solo negaron.

—Gracias, pero solo la cuenta.

El castaño le entregó una tarjeta y la mujer asintió para retirarse.

—Por cierto, Chris. ¿Qué fue lo que le compraste a Sophi?

Había estado todo el trayecto preguntándose qué fue lo que eligió para la niña y la curiosidad ya la estaba matando, pero el castaño, como si escondiera un valioso secreto, negó con la cabeza poniendo una mirada misteriosa.

—Es un secreto y no puedo decírtelo. Arruinaría la sorpresa por completo.

Ella le miró confundida.

¿Sorpresa? De qué habla.

Pero cuando estuvo a punto de preguntar la mesera regresó a donde estaban.

—Lo siento señor, pero su tarjeta ha sido rechazada.

— ¿Qué?

—El gerente está en la línea.

Mencionó extendiéndole un teléfono. El castaño miró a Jill y esta solo se encogió de hombros. Realmente estaba seguro de que tenía fondos suficientes como para pagar una simple cena, ¿qué pudo acabar con ellos?

— ¿Sí?

Jill le miraba atenta, solo esperaba que esto fuese una especie de mal entendido, pero sus presentimientos le decían que mejor comenzara a buscar su billetera.

— ¡¿Cuatro mil dólares en compras navideñas?! Claro, ya lo recordé. Muchas gracias.

Finalmente cortó la llamada devolviendo el aparato y sin otra opción sacó su billetera y dejó un montón de billetes sobre la mesa.

—Guarde el cambio.

Ambos salieron casi corriendo del local, Chris con cara furiosa y Jill siendo arrastrada por él.

—Aguarda, ¿qué sucede?

Preguntó cuando finalmente pudo retenerlo un poco.

— ¡Claire, eso sucede!

La chica le miró con algo de nerviosismo, como si ocultara algo. Chris consiguió notarlo y se acercó hasta ella.

—Y ahora qué.

—Pues… — sacó algo del interior de su bolso. —Saqué esto del buzón cuando veníamos hacia acá y creo que es para ti.

Era un sobre del banco, eso realmente no podía ser nada bueno.

Lamentamos informarle que su tarjeta ha sido revocada hasta nuevo aviso, la cuenta impaga de esta le impedirá usarla con normalidad. Le recomendamos acercarse hasta nuestras dependencias a pagar su deuda para que no presente ningún problema, nuestros horarios de atención son toda la semana desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche.

Deuda a cancelar: seis mil quinientos veinticinco dólares.

— ¡CLAIREEEE!