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Título original: The More Things Change, Part III
Autor : Rod M. - rpm©thekeep..org
Traducción : Miguel García - garcia.m©gmx..net

~ o ~

PARTE III

¡Ryoga el imán de mujeres!

~ o ~

[Atardecer, cerca del final del verano]

En el Ucchan's, Ryoga acababa de ayudar a Ukyo a cerrar el local.
Cerró las puertas y enfiló hacia la trastienda del restaurante para lo
que se había convertido en un hábito nocturno de los dos.

—Muy bien —dijo Ryoga, con una sonrisa creciéndole en la cara—,
empecemos.

Si había algo que últimamente hacía aflorar un poco el sentido de la
diversión en él, eran estas sesiones nocturnas con Ukyo. Ryoga admitía
ser aún un tanto inepto. Por lo general, era él quien terminaba teniendo
que hacer todo el trabajo. Y debía además ponerse siempre algún
artículo de protección. Si se le rompía, iba a ser una situación bastante
molesta, por decir lo menos. También lo cansaba un poquito. Al principio,
él era algo torpe, lo bastante para hacer que Ukyo le propinara uno que
otro palmazo, pero iba mejorando. Claro, todo el trabajo lo terminaba
haciendo él, pero el ver que esta actividad alegraba a Ukyo le hacía
sentir mejor.

Y si cuidaba la técnica esta noche, sería ella la que tendría que sudar más.

—Ah, caramba —lo provocó Ukyo—, ¿crees que te irá bien conmigo esta
noche?

Ukyo también disfrutaba este ritual nocturno. Normalmente hubiese
preferido tener a Ranma ahí, pero no creía estar lista para enfrentarlo
nuevamente sin una crisis nerviosa de las grandes. Además, era grato ver
a Ryoga alegrarse un poquito, aún cuando éste terminara por lo general
haciendo todo el trabajo.

Ukyo se volvió, se inclinó un poco hacia adelante, abrió un cajón, y sacó
una cajita. Sonrió con cara de picardía y se volvió hacia Ryoga.

—Bien, el juego es póker, siete cartas por mano, los aces son comodines.
¡El que pierde lava los platos y la parrilla!

««««»»»»

Hikaru Gosunkugi miró nerviosamente hacia la noche de afuera. No
descansaba bien desde la vez que había intentado convocar a un
espíritu asesino. El porqué exacto de esto se le escapaba. ¿No debería
haberle hecho sentir mejor? Por primera vez, sus magias de verdad habían
conseguido funcionar y había hecho contacto con El Otro Lado. Bueno...
al menos había conseguido dejar un mensaje en el sistema de respuesta
automática. Así y todo, se sentía nervioso e irritable.

Hace poco, había tenido una pesadilla en que se veía bastante saludable
y desenvuelto, y de súbito se encontraba con una versión demoníaca de
sí mismo, como salido del mismísimo infierno.

Eso era ridículo, pensó. Si ese asesino sobrenatural absurdo viniera de
todos modos, él debería poder tener algún control sobre éste, ¿no?

Dibujó el círculo mágico otra vez, se ató las velas a la cabeza, y se hincó
para hablarle al círculo.

—Esteee... ¿Hola? —dijo con mansedumbre.

—Asesinos Sobrenaturales, ¿en qué puedo ayudarle? —dijo una voz
tranquilizante.

—E... Estee, sí, quisiera cancelar un pedido.

—¿Cancelar?

Casi pudo oír a la demonia pestañear.

««««»»»»

[Tres semanas después]

Era nuevamente hora de cerrar en el Ucchan's.

Ryoga ya no podía soportarlo. La misma rutina infame, día tras día.
Despertar, sentir lástima de sí mismo durante un par de horas mientras
trabajaba como mesero, comer okonomiyaki, revolcarse en depresión,
comer okonomiyaki, dormir. Los juegos de naipes eran agradables, pero
se estaba sintiendo enjaulado. Empezaba a preguntarse si se estaba
convirtiendo en una molestia para Ukyo.

Necesitaba salir, eso era lo que necesitaba.

—Oye, Ukyo, ¿quieres salir?

Esto descolocó un tanto a Ukyo:

—Eehh, ¿salir?

—Pues...

Ryoga no notó la leve inquietud de Ukyo. Estaba absorto pensando en sus
respectivos problemas.

—Sí, a ver una película o algo —siguió—. Tengo que salir de esta rutina.
Tienes razón, tengo que seguir con mi vida. No puedo pasármela escondido
aquí para siempre, ¿cierto?

Ukyo no sabía bien qué decir. Era bueno ver a Ryoga sacudirse por fin su
derrota. Supuso que quizá se había acostumbrado a tener cerca un Ryoga
abatido, y esta nueva dirección del muchacho era una sorpresa.

—Además, si tú no me guías, voy a estar semanas perdido —dijo Ryoga,
sonriendo ante su propia broma. Su costumbre era más bien negar con
ardor lo pésimo de su sentido de orientación. Se preguntó por qué.

Ukyo sonrió con gesto grato.

—Claro, por qué no —contestó—. Salgamos de aquí.

{Parece que estás recuperando el sentido del humor, Ryoga}, pensó.

Ukyo miró a Ryoga y se imaginó qué aspecto tendría sin el pañuelo... Y
quizá con una trenza... Y algún tratamiento dental... Y una camisa china
de color rojo...

—Oye, Ukyo, ¿no soy demasiada molestia, o sí? Digo, por quedarme aquí
estos últimos meses.

—No, no. Me alegra que estés aquí —respondió Ukyo—. De verdad me
hacía falta ayuda por aquí —dijo, sonriendo.

Miró a Ryoga y pensó en otra persona.

—Qué bueno —contestó él.

La vio sonreír, y eso le recordó a otra persona también.

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[Octubre, lunes por la mañana]

Era época de escuela.

Un desastre latente en víctimas fatales y daños a la propiedad pública
y privada, pensó Ranma. Su compromiso con Akane era bien conocido,
pero todos sabían también que ellos no planeaban llevar a cabo la boda.
No era exactamente de dominio público el que los dos por fin lo hubieran
hecho serio, y él no sabía cómo reaccionarían sus muchos rivales. Hasta
ahora, nadie había tomado ninguna acción, pero la voz se estaba
corriendo lentamente por todo el colegio.

El Club de Química, los Legionarios de Akane Tendo, Tatewaki Kuno,
Gosunkugi Hikaru, Ryoga, todos los latosos esos esperando allá fuera
y listos para estallar.

Ranma creyó haber divisado a Gosunkugi hacía un rato, excepto que
parecía un poco más alto y se conducía con bastante aplomo. Además,
a Ranma le sorprendió el que Gosunkugi llevara puesto traje y corbata.
¿Tal vez Gosunkugi pensaba usar la táctica donjuanesca y romántica
para ganarse a Akane? Costaba imaginárselo así.

Kuno había reunido a las fuerzas de su equipo de kendo, y se rumoreaba
que Ranma sería objeto de una gran emboscada al término del día.

No obstante, la noticia del día fue enterarse de que Ryoga se había
incorporado a las filas de la Secundaria Furinkan. Ranma caminaba por
los pasillos cuando avistó a quien creyó era Ryoga. Sí: estaba el pañuelo
en la cabeza, el paraguas mega-demoledor, pero... ese era un uniforme
de colegio el que llevaba puesto. Sintiendo que esto ameritaba mayor
observación, miró con más cuidado y divisó a Ukyo caminando junto al
muchacho, tironeándolo en otra dirección cada vez que el muchacho
parecía estarse saliendo de rumbo. Fueron hasta un aula, Ryoga entró
y ella se despidió haciéndole señas.

Esto, a Ranma, le pareció interesante.

Corrió hasta Ukyo, y tuvieron una conversación general de tipo "Cómo
está el tiempo". Temas tales como "El restaurante va fantástico",
"Kodachi sigue en la cárcel", y "¿También a Shampoo le llegó prohibición
judicial?" fueron ociosamente discutidos.

Por último, Ranma fue al grano:

—¿Era Ryoga con quien te vi?

—Sí. Ahora viene a la Secundaria Furinkan.

—¿En serio? Ojalá no venga a querer matarme.

—Ah, no te preocupes, Ranchan. Ha estado más calmado con eso. Se
tardó un mes en dejar de irradiar ki sin querer, pero ya casi está de
vuelta a la normalidad.

—¿Qué le hizo querer venir al colegio? —preguntó Ranma.

—Dijo algo sobre continuar con su vida.

{Hmm —pensó Ranma—, hablando de continuar con la vida...}

—Eeeh... Ukyo, ¿cómo estás...? Digo... ¿Estás...?

Ukyo puso su mejor sonrisa artificial.

—Ya, ¡deja de preocuparte por mí! —exclamó. De improviso, se recargó
contra él—. O... ¿todavía estás interesado en mí? ¿Mmm? —Apoyó la
cabeza en el hombro de él y batió las pestañas.

Ranma casi pegó un salto.

—¡No! Digo... eeh...

—¡Oye, era broma, broma! —Se apartó de él. En lo profundo del
subconsciente de Ukyo una voz murmuraba {soltero TODAVÍA soltero
TODAVÍA}

Luego, Ranma, con exquisita delicadeza, (con la delicadeza de que solo
Ranma era capaz) introdujo sutilmente el tema de un posible interés
de Ukyo por Ryoga.

—Bueno y, Ucchan, ¿de cuándo son novios con Ryoga?

*CLANG*

—¡Aggh! ¡Perdón! ¡Sácame esta espátula de encima!

*CHUIC*

—¡¿Cómo que Ryoga es mi novio?!

—Bueno, ¿que no ha estado viviendo contigo?

—Pues, sí...

—¿Varios meses ya?

—Bueno, ¿y qué?

—Y ahora viene al mismo colegio que tú.

—¡A ver, un momentito...!

—Y te veo que lo vas a dejar a sus clases...

—Es que tiene un sentido de orientación asqueroso...

—Y siempre andan caminando juntos, ¿no? ¡Qué romántico! —Le dio
a Ukyo unos golpecitos con el codo.

*CLANG*

—¡ES POR SU ORIENTACIÓN QUE ES PÉSIMA, TARADO!

—Au. ¡Perdón, perdón, te estaba molestando, nada más! ¡Sácame esta
cosa de encima!

*CHUIC*

—En serio, Ucchan, puede que él y yo no nos llevemos bien, pero es buena
persona. Bien leal. Muy honorable. Deberías pensarlo.

—Sí, cómo no.

—A propósito, Ucchan —preguntó Ranma—, ¿te molestaría si yo con
Akane pasamos por el restaurante a la tarde? Quiere que le des algunos
datos de cocina. —La expresión del muchacho se volvió súbitamente
desesperada—. POR FAVOR DI QUE SÍ.

—Haz lo que quieras —murmuró ella.

—¿Hm?

—Ehh... Digo, ¡claro, vengan cuando quieran!

Alejándose luego de aquello, Ukyo pensaba las cosas.

—Bueno —se dijo en voz queda—, tal vez perdí a un prometido, pero al
menos todavía tengo a mi mejor amigo.

{Pero —pensó—, quiero a mi prometido de vuelta}.

{Caramba —pensó Ranma—, se está poniendo medio violenta, parecida
a como era Akane.}

Cerca de allí, una planta en maceta se alejó saltando con gran enojo.
Una vez fuera, Tsubasa desechó su disfraz y se fue mascullando:

—Genial. Lo único que me faltaba. Primero Ranma, ahora este fulano
Ryoga. Basta. Hora de ponerse serio.

Empezó a hojear su catálogo de Industrias Pesadas Mishima, en especial
la sección de armamento.

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En algún lugar de la multitud, Gosunkugi martilleaba muñecas de paja
por doquier, pero eso nunca funcionaba, así que a nadie le importaba.
Gosunkugi sentía que después de la gran experiencia que había tenido
con El Otro Lado, quizá necesitaba volver a trabajar los aspectos básicos
y ver si le resultaban.

No estaba seguro de por qué, pero se sentía observado por algo... Algo
que tal vez se sentía un poco abochornado con lo de las muñecas.

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Un gran gentío, literalmente un cardumen de gente, estaba reunido en
la cancha de fútbol de la Secundaria Furinkan. El Club de Química, el
Club de Arquería, el Equipo de Fútbol, casi toda organización masculina
existente, estaban todos congregados en dicho campo.

Hacía mucho tiempo, Akane había enfrentado a hordas de muchachos
cada mañana en su camino diario a la escuela. Esos días terminaron
cuando todos (menos Kuno) se rindieron y aceptaron a Ranma como su
prometido. No obstante, había algo... magnético en Akane, que capturaba
las fantasías de los jóvenes, y, al enterarse de que Ranma por fin se
había puesto serio de verdad en cuanto a querer casarse con Akane,
sintieron que era hora de un intento más. Un solo intento más antes de
que Akane dejara para siempre de estar soltera.

El Equipo de Kendo, con Tatewaki Kuno a la cabeza, estaba en el centro
de la barahúnda.

—¡Manifiesto ahora que la prez de vencer al tunante Saotome será para
MI PERSONA! ¡Akane será MÍA! —El equipo estaba situado de manera
protectora en torno a él, con sus bokkenes preparados.

—Aguántate un poco, Kuno —retumbó el líder del Club de Sumo—,
nosotros también tenemos derecho de perseguir a Akane.

El líder del Club de Química parecía muy ufano. Esos tontos podían
tener más fuerza, pero sus mentes eran inmensamente inferiores.
Con una sonrisa íntima, se dio unas palmaditas en el bolsillo, al pequeño
mando remoto que controlaba las varias minas que habían enterrado en
la cancha hacía apenas unas horas.

—¿Porfiáis todos en tener el derecho de disputarse a Akane Tendo?
—exclamó Kuno—. Pues muy bien, ¡elucidaremos hoy quién posee
potestad de estar en esta magna gesta! ¡Os apercibo de que no habré
de dispensar indulgencia a quienes sean óbice entre mis legítimos
amores y yo!

Bastantes personas parecieron un tanto confundidas. Los discursos de
Kuno siempre eran cargados a lo campanudo.

—¡A LA LID! —bramó Kuno.

Los enjambres de alumnos acometieron unos contra otros. Bokken contra
raqueta de tenis, palo de hockey contra palo de golf, y todo tipo de otros
adminículos, se lanzaron a la pelotera.

—¡Tontos! —exclamó el líder del club de química—. ¡Aún no lo saben,
pero ya están muertos! ¡JAJAJAJA!

Con ademán dramático y florido, sacó el control remoto, lo sostuvo en
alto, y pulsó el botón.

Entonces se dio cuenta de algo. Él y el resto del Club de Química estaban
también en el campo de batalla.

*****BUUUUUUUUUUUUMMMM*****

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En tanto, en un lugar cerca de allí, tomaba lugar una conversación
interesante.

—¡Gosunkugi! ¡A soltar la plata del almuerzo! ¡Bájate de ese árbol,
crustáceo!

Una pandilla de matones rodeaba un árbol en frente de la escuela,
gritándole a una figura más bien esmirriada encaramada al árbol.

—Me confunden con otro.

—No creo, mamarracho. —Hubo risas en la banda.

—Voy a contar hasta tres.

—¿Y después qué, Gosunkugi? ¿Vas a llorar? —dijo un matón bastante
grande.

—Uno.

—Uy, que miedo.

—Dos.

—¿Muchachos? —Todos se hurgaron las ropas y sacaron su armamento.

—Tres.

*BUM*BUM*BUM*BUM*BUM*BUM*BUM*BUM*BUM*

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[Atardecer, Nekohanten]

Shampoo se había contenido lo más que pudo. Ya no.

Abrió su gabinete de armas.

Esa violenta Akane Tendo se había robado a su prometido. A SU prometido.

Shampoo levantó un mazo de metal, examinándolo cuidadosamente.

¡Shampoo había hecho tanto por Ranma! Había cocinado para Ranma,
peleado por Ranma, hasta había probado varias drogas neurológicas
en Ranma. Todo sin éxito. ¿Había hecho Akane algo así? Ella no lo creía.
Muy desconsiderado el condenado, ¿no? ¿No le había dicho ella lo mucho
que lo amaba? El muy bruto. Por supuesto, ESA lo había convertido en
bruto. Todo era culpa de esa, de la PERRA esa.

Shampoo dejó el mazo, con cara de insatisfecha. Cogió una espada de
apariencia maléfica. Era la misma espada que había usado para intentar
matar a Ranma antes de descubrir que Ranma era hombre. Con gesto de
satisfacción, cerró el gabinete de armas y salió corriendo puerta afuera.

—¡Akane, YO MATO!

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taptaptaptaptudtudtudtudTOMTOMTOM*PORTAZO*tomtomtomtudtudtudtudtaptaptap...

—Mousse, ¿qué fue eso? ¿Alguien abrió la puerta principal?

—Me parece que era Shampoo saliendo a asesinar a alguien. Tal vez a
Akane. ¿Crees que debamos...?

Cologne suspiró. Estaba segura de que nadie saldría herido, pero si
Shampoo violaba esa prohibición judicial, tendrían que pagarle la fianza
para sacarla de la cárcel. Y no era barato.

—Sí, Mousse, vayamos a detenerla.

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[Atardecer, Ucchan's]

Ukyo suspiró. {Paciencia, mujer. Respira hondo.}

—¿Ukyo, estás bien?

—¿Por qué la pregunta, Akane?

—Parece que te costara respirar. ¿Mejor nos tomamos un descanso?

Ukyo miró la escena ante ella. Había intentado ver cómo andaban las
destrezas culinarias de Akane, comenzando con algo que estaba un
poquito por encima de la cocina básica, como el okonomiyaki.

Está el okonomiyaki de Ukyo, impecable y bonito, homogéneamente
cubierto de salsa.

Y luego está Akane con su... Con su...

No. Ukyo no podía soportar el llamarle okonomiyaki a esa monstruosidad.
Sería blasfemia. Era huevo, harina, animales y vegetación muertos más
algunos pegotes de aspecto nefasto, en una mezcolanza con forma de
cerro. No, eso no es okonomiyaki. Jamás de los jamases.

Ukyo pasó a algo más simple, como los huevos fritos. Akane los hizo.
Bastante quemados en verdad, y la yema estaba masacrada. Ukyo optó
por algo más simple, como los huevos revueltos. No resultó. Tenían igual
aspecto que el mentado huevo frito. Intentó con sushi. ¿Qué tan difícil
podía ser el pescado crudo? El sushi de Akane se transformó de modo
misterioso en una papilla con aspecto de carroña. La ensalada le quedaba
casi correcta, con la salvedad de que parecía haber pasado por un
picador de potencia industrial.

Había un punto luminoso. Akane cocinaba un curry bastante decente.
Más bien desabrido, con un sabor no del todo correcto, pero mucho más
comestible que la cocina habitual de Akane. Lo más importante era que
no parecía tóxico, no sabía tóxico, y no era peligroso.

Al menos no para los humanos.

—Sí. Un descanso. Sería bueno.

Ukyo trató de no sonar demasiado cansada. Le parecía a Ukyo que el
sentido de Akane en la cocina era tan malo como el sentido de Ryoga
en la ruta. Si uno los apuntaba en un rumbo, se desviaban en una
dirección enteramente distinta, totalmente inconscientes de la posibilidad
de estar cometiendo un error hasta que ya era demasiado tarde. Dos
horas de entrenamiento intensivo no estaban teniendo mucho efecto.
Le frustraba el no saber cómo Akane podía hacer curry pero no una
ensalada.

De pronto, a una silla le brotaron brazos y piernas y corrió hacia Ukyo.

—¡Ukyo! ¡Salgamos los dos! —dijo la silla.

Calmadamente, Ukyo asió su espátula titánica a modo de palo de golf y
le dio un trastazo a la silla, que salió despedida a través de la habitación
y por la puerta hacia afuera.

—Maldito Tsubasa.

Tsubasa voló a la calle y chocó con una pared de ladrillo. Se puso en pie,
tambaleante, y examinó su disfraz. ¡Ni un rasguño! Se fue a su casa muy
contento; su día ya era un éxito personal.

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Ryoga miraba sus cartas. {Par de cuatros, dos sotas y un cinco. Hmm...
Dos pares, nada mal, nada mal}.

Ranma también miraba las suyas. {Eehm... ¿Cómo era esto?}

—Oye —dijo Ranma—, ¿supiste de la tremenda pelea en la escuela?
{Haz tiempo, esta historia debería ser lo bastante asombrosa. Ah, ya
entiendo, tengo dos nueves...}

—¿Cuál pelea? —{Ranma está haciendo tiempo. Ya lo tengo.}

—Alguien golpeó a un montón de chicos. —{Aaah... Una sota, una reina,
dos nueves, un as... ¿Sirven para algo?}

—Eso no es raro. A propósito, subo otros diez.

—No has oído lo extraño. —{Eeeh... ¿alcanza con dos nueves? ¡Sí, eso!
Digo, el nueve es un número bien grande, ¿no?}—. Y, por cierto, ahí
están tus diez y subo diez más.

—Bien. ¿Qué es lo extraño?

—Dicen que los golpeó Gosunkugi.

Ryoga pareció desconcertado:

—¿Gosunkugi? ¿El flacucho ese que se enfermó una vez comiendo el
almuerzo de Akane, cierto?

—Ese mismo.

—¿El que tiene un montón de muñecas de papel?

—Ajá.

—¿Él?

—Todos juran que fue él.

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En algún lugar de la ciudad, Gosunkugi corría por su vida. Una gran
chusma de matones enojados lo perseguía por las calles y callejones.

—¡Ahora sí que te vamos a partir a patadas! ¡Ven acá, gusano!

Gosunkugi siguió su carrera. Él no iba a enfrentar a este montón. Ni
tonto. Hora de correr como demente, todo mientras mascullaba "¿Por
qué yo por qué yo por qué yo por qué yo?"

—Oye —preguntó uno de los rufianes—, ¿que no era un poco menos
cobarde esta mañana?

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Ryoga fue distraído brevemente por el boletín de noticias de la televisión.

—"BOLETÍN NOTICIOSO: Cerdo incontrolable deja a doce personas
heridas, causando daños millonarios. Véalo a las once".

Fue hasta el televisor y lo apagó.

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—Voy a ver si los chicos quieren algo —dijo Akane, luego cruzó el
restaurante, hasta donde Ryoga y Ranma jugaban a los naipes.

—Oigan, chicos, ¿quieren comer algo?

—No, gracias, Akane —dijo Ryoga en voz muy baja, desviando la
mirada.

—¿Lo vas a hacer tú? —preguntó Ranma, desconfiando.

*TUD*

—¡Oye, era broma! —dijo Ranma, cubriéndose el lugar de las costillas
donde Akane le había dado el codazo.

««««»»»»

—¿Ranma te sigue insultando, Akane?

—Sí —contestó ella—, todavía es un cretino a veces...

En la distancia, retumbó una explosión. Nadie lo notó.

««««»»»»

Mientras, Ryoga se estaba enrabiando con Ranma.

—¡Oye, infeliz! ¡Ahora estás comprometido con ella! ¡Más respeto!

—No seas tonto, Ryoga, Akane y yo estamos jugando, nada más. No me
sacó por el techo de una patada, ¿cierto?

—Igual eres un infeliz. Te mataría, pero no creo que a Akane le guste.
¿Entiendes?

Ranma suspiró. {Parece que algunas cosas no se terminan nunca. Yo y
el porcino vamos a estar años peleando}. Entonces Ranma notó algo que
Ryoga llevaba al cuello.

—Oye, ¿qué es eso? —Lo señaló con el dedo.

—Brújula. Me la dio Ukyo.

—¿No me digas? Y, ¿has estado caminando al colegio con ella últimamente?

Ryoga se sonrojó:

—Pues, sí, pero...

—¡Oye! ¡Súper! ¡Serán una pareja genial! ¡Mi rival y mi mejor amiga
de novios! ¡Cuídala bien, socio!

—¿Eh? —Ryoga estaba aturullado.

—No te hagas, llevas varios meses viviendo con ella, COCHINÓN. Te
regaló una linda brújula, tú la ayudas con el restaurante, ¡hasta caminan
juntos para todos lados! ¡Caramba, Ryoga, no sabía que fueras tan
romántico!

*BLAM*

—¿Mmrrrfff?

—Escúchame, Saotome, ¿sí? Caminamos juntos por... —Ryoga se
estremeció. Detestaba admitir sus debilidades ante RANMA—... mi
pésima orientación. La brújula fue un regalo para ayudarme con ese
problemita y nada más. Ella camina conmigo al colegio únicamente por
mi... problema direccional. Me estoy quedando aquí porque me sentiría
SUMAMENTE incómodo quedándome... —Lanzó una mirada fugaz hacia
Akane—... donde me quedaba antes. ¿Entiendes?

Ranma por fin escupió el paraguas que tenía encajado en la boca.

—¡Oye, oye, era broma! No hay para qué exagerar, ¿sí?

—Sí, cómo no —Ryoga bajó los párpados a la mitad, con cara de
desconfianza. Ya iba un tiempo desde que habían tenido alguna pelea.
Podía ver con facilidad que ahora estaba empezando una.

—Bien. Dame uno de esos pañuelos tuyos, ¿quieres? P-chan perdió el
suyo.

—No es gracioso, Saotome.

—Fui a una tienda de mascotas —dijo Ranma en voz baja—, y compré
un cerdito negro. ¿Entiendes? Necesito un pañuelo, nada más.

El sonido de una explosión, como de una muralla desplomándose,
resonó en la distancia. No lo produjo nadie dentro del local.

*PAFF*

—¡Mrgmff! —Ranma se sacó a tirones el pañuelo de la boca—. ¡¿Y eso
por qué fue?!

—Creo que echaba de menos pegarte. Ya va su buen tiempo.

—Eres un... —masculló Ranma.

««««»»»»

Akane y Ukyo estaban ocupadas charlando, dándose un descanso de
esa carrera de destrucción culinaria que era la Técnica de Cocina de
Akane.

—Oye, te veo mucho con Ryoga últimamente. ¿Los dos están...?

—¿Qué? ¿Yo? ¡Y el idiota ese! ¡Por ningún motivo! —dijo Ukyo, inconsciente
de que su rubor era fácilmente visto—. ¡Se pierde llevando la comida a
los clientes! ¡Mira este lugar, Akane! No hay paredes entre los asientos,
las mesas son simples, ¡cómo diablos se puede perder alguien aquí dentro!

{Se está portando muy extraña —pensó Akane—, Ukyo por lo general no
es así de enojona. Normalmente esa... esa... soy yo}.

—Aunque tengo que admitir que es agradable hacer que otro lave los
platos. ¿Y sabías la fuerza que tiene? Cuando tengo que limpiar debajo
del equipo pesado, Ryoga es útil. A pesar de su idiotez, es buen tipo.
Tiene sus momentos.

—¿No me vas a decir que ni siquiera lo has pensado?

—¿Qué cosa? ¿Él y yo?

—Admítelo, es como lindo.

{¿Entonces por qué carajo no te casas con ÉL}, pensó Ukyo. Y luego
pensó en Ryoga.

—Bueno —dijo Ukyo—, esos colmillos tienen cierto encanto. Y sí se ve
lindo cuando está totalmente confundido. Pero no es ningún Ranma...

Ukyo se distrajo al notar que Ryoga le estaba embutiendo un pañuelo
en la boca a Ranma.

—Carajo. ¿Akane? Discúlpame un momento. —Ukyo salió furiosa en
dirección a Ryoga.

—¿Oye, Ukyo? ¿Qué pasa?

Akane estaba preocupada. Esperaba que la conversación no hubiera
incomodado a Ukyo. Akane la siguió de cerca mientras Ukyo caminaba
hacia los muchachos.

««««»»»»

*CLANG*

—¡DÉJATE DE MOLESTAR A RANCHAN! —vociferó Ukyo.

—¡AU! ¡Párala con eso! —Ryoga se puso en pie y se dio vuelta—.
¡Demonios, maníaca violenta, guarda esa cosa!

{Hombre —pensó Ranma—, esta escena se me hace muy conocida}.
Se reclinó en la silla. {Podría ser interesante}

{¿Que no he visto esto antes?}, pensó Akane.

taptaptaptaptudtudtudtudtomtomtom**BUUM**

De pronto, la puerta frontal del Ucchan's quedó hecha a astillas. Todos
miraron hacia lo que quedó de la puerta, y a la que estaba allí: Shampoo.

—Akane... —dijo Shampoo, temblando de ira—. ¡YO MATO!

Ranma se levantó de su asiento sólo para recibir un bonbori volador
en plena cara. Ukyo quitó la espátula de la cabeza de Ryoga y acometió
contra Shampoo. Lanzó un golpe al tórax de Shampoo, y no le dio a nada.
Shampoo abanicó su espada contra la espátula de Ukyo y cortó el mango
en dos. Ukyo estaba turulata. {Carajo, ahora sí que se enojó}. Shampoo
volvió a alzar la espada.

—Niña pesada, quítate.

Ukyo no podía dejar morir a nadie, ni siquiera a la persona que le había
robado a Ranma.

—Shampoo, no hagas esto. —Llevó la mano a sus miniespátulas.

—Salte de medio. ¡Yo mato Akane AHORA! —Shampoo enarboló la
espada, lista para asestar el mandoble.

—¡NOOOO! —rugió Ryoga.

Sacó de un tirón el bonbori de la cara de Ranma y lo lanzó a la cara
de Shampoo. El arma impactó con fuerza; Shampoo quedó sin
conocimiento.

—Akane, Ukyo, ¿están bien?

Ukyo estaba conmocionada. Nunca había visto a Shampoo tan furiosa.

—Sí —dijo—. Estoy bien. No tenías para qué ayudar.

—¡Ah, discúlpame! Te acabo de rescatar, por si no te enteras.

—¿Rescatarme?

—Akane, ¿estás bien? —Ryoga fue muy alarmado donde ella.

Cologne y Mousse entraron al local.

—Veo que llegamos demasiado tarde para impedir daño a la propiedad.
Mis sinceras disculpas. Shampoo pagará la puerta.

Mousse vio a Shampoo que yacía inconsciente en el piso:

—¡SHAMPOO! ¡Háblame! ¡Despierta!

Cologne observó a la vencida Shampoo.

—¿Que le ha ocurrido a mi bisnieta? —inquirió.

—Estuvo a punto de matar a Ukyo. Le tiré un bonbori y la noqueé
—dijo Ryoga—. Perdona, Mousse. No la pudimos detener de otra
manera.

—Yo pude haberla detenido —masculló Ukyo por lo bajo.

Cologne entornó los ojos:

—Entonces, ¿tú venciste a mi Shampoo?

Mousse levantó la vista con cara de "Ay no, no de nuevo". Akane y Ukyo
empezaron a darse cuenta de lo que probablemente diría Cologne a
continuación. Ryoga seguía en la ignorancia. Ranma seguía en la
inconsciencia.

—Yerno —dijo Cologne.

Ante aquella palabra, Ranma abrió los ojos de golpe.

—¡YAAAAGH! ¡LA VIEJA CHANCLUDA!

*PAF*

Cologne desprendió su palo de la cabeza de Ranma.

—Tú no. No por el momento, de todos modos. Le hablo a él —dijo,
señalando a Ryoga.

—¿A MÍ? —Ryoga estaba encrespado—. ¡Espérese un poco, maldita sea!

Ryoga miró expectante a Mousse y a Ranma, como buscando ayuda.
Ranma se limitó a mirar el pánico de Ryoga como si fuese un programa
de la tele. {Esto —pensó—, es divertido por donde lo mire}. Mousse estaba
empezando a adquirir pinta de homicida.

—¡Ranma, DESGRACIADO! ¡Todo esto es culpa tuya! —Ryoga estaba
furioso—. ¿Qué te pasa? ¡Iba a matar a Akane! ¿¡Dónde diablos estabas
tú?!

A Ranma lo tomó enteramente por sorpresa el súbito cambio de tema.

—Me tomó por sorpresa, ¿sí? ¡Termínala, Ryoga! —A Ranma no le gustaba
nada esto. Ryoga lo estaba haciendo quedar mal delante de su prometida,
SU prometida. Y a Ranma todavía le dolía la cara.

—¡Por eso mismo! ¿Cómo te dejas pillar con la guardia tan baja? ¡Si yo no
hubiera estado, quién sabe lo que podría haber pasado!

*BLAM*

—Oye, tarado, ¿y yo? —Ukyo estaba roja de rabia—. ¡Ni que yo no supiera
pelear sin mi espátula!

Cologne fue hasta Shampoo y la despertó:

—Shampoo. Despierta. Saluda a tu nuevo futuro marido.

Shampoo se sentó al instante y abrazó lo que tenía más cerca: a Mousse.

—¡Ay, Ranma! ¡Shampoo tan feliz! —Se detuvo y miró a quién estaba
abrazando.

*BLAM*

—¡MOUSSE TONTO!

—Shampoo, te casarás con Ryoga y tomarás el mando de la tribu
amazona.

Cologne miró a Ryoga de arriba abajo. {No está mal... muy fuerte,
un buen peleador en verdad. Sí, peor es nada. Más preferible él que
Mousse.}

Mousse estaba enfurecido:

—¡Momento! ¡No es justo! ¡Él no ama a Shampoo! ¡Yo sí! ¡Yo debería
ser e...!

—¡Necio, todavía debes vencerla en combate! Ya conoces las reglas.

—¡Shampoo no quiere tonto Ryoga! ¡Shampoo quiere Ranma!

—¿Qué te parece, hijito? Anda, ¿no me digas que no encuentras
atractiva a Shampoo? —le dijo Cologne a Ranma—. Todavía no es
demasiado tarde, te aviso.

—No, gracias. Ryoga puede quedarse con ella.

—¡RANMA, ERES UN DESGRACIADO! —Ryoga le dio un pisotón en el
pie a Ranma.

—Mejor nos vamos, antes de ser una molestia para nuestros anfitriones,
¿sí? —Cologne pensaba en la orden judicial. Agradecía el que nadie
hubiera llamado a la policía aún.

Shampoo le dirigió a Ryoga una mirada hostil. Mousse reconoció esa
mirada. Era la mirada a la que él se había sometido cientos de veces
antes, y Ranma una vez antes. En ese momento, a Shampoo de verdad
no le agradaba Ryoga.

Estaba claro para Mousse que Ryoga no era un rival directo por el
corazón de Shampoo, no era más que esa ridícula ley amazona la que se
interponía. Suspiró. {Creo que no hay más remedio. Voy a tener que
golpear a Shampoo o matar a la vieja esta}.

Ranma pensaba en las implicancias. {Hmm... Es posible que a Ukyo le
haga tilín Ryoga, y ahora él está comprometido con Shampoo. Bueno,
¡esos son dos problemas menos para mí!}

Shampoo tenía otras ideas. {¡Shampoo comprometida con Ranma
primero! ¡No casa con Ryoga!}. Entonces recordó su plan original.
{¡Shampoo casi olvida! ¡Matar Akane!}

—¡Ai-Yaah! —Saltó hacia el cuello de Akane...

««««»»»»

[Más tarde]

Kodachi estaba de un humor de perros. Por alguna extraña razón, no
había nadie en casa que atendiera el teléfono. Nadie podía pagarle
la fianza. Y Ranma no parecía estar nunca en casa tampoco. ¡Malhadado
fuera este día!

Las autoridades locales no comprendían, ¡ella tenía una tarea demasiado
importante para ser interrumpida! ¿Y qué si el plan suponía la muerte
de Akane Tendo? Ella le estorbaba. Kodachi estaba decidida a capturar
el corazón de su Ranma, aun si ello implicaba narcóticos y mordazas.
¡Al infierno las ordenanzas judiciales!

La celda que ocupaba estaba vacía, lo que era un alivio para ella. Se
rehusaba a ser encerrada con delincuentes comunes y plebeyos. Entonces
la puerta de la celda se abrió.

—¡TÚ! —vociferó Kodachi. {¡Es la fulana del ramen!}

—¡Ai-yah! ¡Tú! —gritó Shampoo. {¡La loca!}

Kodachi bramó llamando a los guardias.

—¡No me quedaré en la misma celda con esta vil mesera ignorante!
¡Retírenla de inmediato!

—¡De qué hablando, niña tonta! ¡Tú fuera de celda de Shampoo!

Se miraron la una a la otra, auras de combate llameando, incandescentes.

Dos horas después, el escuadrón antimotines logró detener la pelea.

««««»»»»

[Al día siguiente]

Ranma estaba enrabiado. {El muy zopenco de Ryoga, venir a hacerme
quedar mal de ese modo. No es culpa mía que Shampoo me haya pillado
descuidado. Puerco del carajo}. Estaba sentado junto al estanque,
humeando de rabia.

Apoyada contra su espalda estaba Akane.

—Ya, no te sientas mal. Es que Ryoga es muy protector con sus amigos,
eso es todo. Estoy segura de que no fue su intención ser tan duro
contigo.

{Venganza, cochinín. Ah... ¡Ya sé!}

Ranma se metió de un salto al estanque, y obtuvo una Ranma-chan
instantánea. Se alejó de salto en salto con una sonrisa malévola.

—¡Vuelvo pronto, Akane!

««««»»»»

Tatewaki Kuno hallábase sentado en el frontis de su morada,
solazándose en el céfiro de la tarde y ponderando una decisión de
superlativa importancia. Cerró los ojos en profunda reflexión. Los abrió
de súbito.

—¡Las quiero a las dos! —exclamó. Tomó rápidamente un teléfono móvil
y marcó.

—¿Hola? Sí, deseo efectuar un pedido de estofado de carne y uno de
verduras salteadas, a mi domicilio. En efecto, esta es la residencia Kuno
nuevamente. ¡Treinta minutos, decís! ¡Los mismísimos Dioses protestarían
por tamaña espera!

—¡Oye!, ¡Kuno! ¿Hay alguien?

Tatewaki Kuno conocía esa voz. —¿Hola? Muy bien, he de esperar treinta
minutos. Buen día. —Colgó el teléfono y miró de uno a otro lado.

—¡Diosa de la trenza! ¡Amada mía! —Kuno se apresuró hasta ella, con
los brazos extendidos.

*PAFF*

—Ah, qué bien, estás. —La muchacha retiró el codo de la cara del joven
y salió corriendo hacia la calle.

—¡Ah, ha opinado bien de mí! ¡Ahora sí ganaré su corazón! ¡ESPÉRAME,
MI AMOR! —Kuno salió corriendo, feliz tras el deseo de su corazón—. ¡Ni
los estragos del tiempo, ni las anchuras del espacio serán escollo entre
tú y yo! ¡Lo nuestro no tiene horario, ni fecha en el calendario! ¡Chica de
la Trenza, te amooooooo!

««««»»»»

Ryoga estaba barriendo en el frontis del Ucchan's. Respiró hondo. Las
mañanas se estaban haciendo más frescas, el aire más agradable. Cerró
los ojos y se relajó.

Entonces algo se le tiró encima.

Abrió los ojos para ver a Ranma-chan dándole un gran abrazo.

—¡Oye, qué diablos estás haciendo! —exclamó Ryoga.

Ranma-chan levantó la mirada hacia él, con sonrisa malévola incluida.

—¡Ryoga, mi AMO, mi TESORO! —exclamó, a grito pelado—. ¡POR FAVOR,
no me lastimes!

—¡Guaaaaa! ¡Degenerado! ¡Suéltame! —Ryoga estaba no solo enojado,
sino asqueado. Se la quitó de encima con un codazo.

Impávida, ella volvió a apretarse contra él, cerró los ojos y se le arrimó
más.

{¡AY MAMITA, ME VA A BESAR!} Ryoga se paralizó de horror. Se le
gatilló un profundo reflejo de protección y la apartó con un empujón,
trastabillando hacia atrás al mismo tiempo.

—Jejeje, te tengo —masculló Ranma-chan.

—¿Q...Qué? ¿Ranma, qué estás tramando? —dijo Ryoga, asiéndola por
el cuello de la camisa.

—¡TÚ! ¡Cesa tus fechorías en el acto! ¡Te lo ordena el Rayo Azul! —rugió
Kuno.

Ryoga soltó a Ranma, mirando enrabiado a Kuno:

—¿Y TÚ qué quieres?

—¡He visto tus salvajadas contra esta beldad indefensa! ¡Cómo osas
tocarla siquiera! —Kuno enarboló su bokken—. ¡Perro malandante!
¡Siempre supe que eras de mala calaña, Hibiki, y ahora sé por qué
frecuentabas la compañía del vil hechicero Saotome! ¡Has aprendido las
artes negras de ese nigromante impío, y has usado sus enseñanzas
para subyugar a la diosa de la trenza!

—A ver, un momentito...

—¡SILENCIO, BARRABÁS! ¡He visto con ESTOS OJOS a esta doncella
inocente proclamar su afecto por ti! ¿Ves? —Señaló con su bokken a
Ranma, con una dramática expresión en el rostro—. ¡Incluso ahora te
sonríe, aun habiéndote atrevido a alzar la mano contra ella! ¡A un lado,
bella diosa, he de vapulear a este hereje miserable!

Kuno se lanzó a la carga.

—Ranmaaaaa... Te las voy a dar por esta... —dijo Ryoga entre dientes.

Ranma lo miró con grandes ojos coquetones y dijo:

—Toma, tenme esto —y le arrojó algo a Ryoga, cosa que el muchacho
atrapó con una mano.

—¿Qué diab...? ¿Una sandía?

En silencio, Ranma empujó a Ryoga hacia Kuno, que hacía su acometida.

—¡MUERE, HIBIKI!

*paf*paf*paf*paf*paf*paf*pafpaf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*
*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*
*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*paf*

—Listo, cochinín —dijo Ranma—, ahora estamos a mano.

««««»»»»

Las varias tribus beligerantes de Furinkan habían llegado por fin a
un acuerdo. La gesta por eliminar a Ranma, concordaron todos, valía
la pena. El problema era demasiada aglomeración de gente en el
campo de batalla.

¿La solución?

Alguien llamó a la puerta de la casa Tendo. Ranma abrió, pero no
había nadie. Justo antes de cerrarla, notó un papel pegado a la puerta
con cinta adhesiva.

—¿Y esto? —se dijo.

ASOCIACIÓN DE CLUBES SECUNDARIA FURINKAN:
HORARIO DE ROTACIÓN PROYECTO "LIBEREN A AKANE"

Los ataques se llevarán a cabo los martes y jueves
Horario provisional para octubre:
1a semana: Club de Kendo / Club de Química
2a semana: Club de Fútbol / Club de Tenis
3a semana: Club de Labores Domésticas / Equipo de Sumo

—Esto tiene que ser broma —masculló Ranma.

««««»»»»

Kodachi sonreía.

Hoy por fin había sido liberada de esa cárcel atroz, y mientras
estuvo atorada allí, se había ocupado ideando la mezcla de cierta
pócima, con origen en una fuente bastante inusitada.

Sasuke le había entregado un extracto, del cual había obtenido una
muestra mientras realizaba vigilancia de rutina donde los Tendo. Al
parecer, el ninja había oído decir que el viejo lujurioso de la casa
Tendo había obtenido de algún modo unas píldoras "para enamorarse", y
buscó una forma de agenciárselas. Sin embargo, los muchos cambios
de manos que sufrieron las píldoras le dificultaron el seguirlas, al ser
distraído por muchos infortunios (o eso les había dicho a los hermanos
Kuno...), pero había logrado seguir el rastro de la última de las píldoras.
Akane la había tragado sin querer, estando la familia de vacaciones en
la playa, pero logró escupirla en el océano. Allí, fue consumida por un
pulpo, que comenzó a perseguir a Happosai. Después de eso, fue para
Sasuke, armado con lanza-harpones, una estrambótica persecución, de
una hora de duración y proporciones epopéyicas que hubieran enorgullecido
a Jacques Cousteau. Cuando el pulpo fue capturado por fin, aún quedaba
de la píldora lo suficiente para efectuarle un análisis.

Todo su esfuerzo lo hizo acreedor de un día de vacaciones, lo que, para
los estándares de Kodachi era bastante generoso.

El primer análisis de la droga impresionó a Kodachi. Una mixtura muy
interesante de especies químicas, y creía factible reproducirla. Tal vez
poder incluso mejorar la fórmula original. En su laboratorio, trabajó
arduamente para descifrar la sustancia y copiar sus propiedades. El
resultado de su labor estaba ahora en un frasco pequeño, que sostuvo
a contraluz.

Dejó el frasco y fue hasta una habitación llena de pelucas, maquillaje
y ropa.

—Qué ponerse, qué ponerse... —Sabía que era alto el riesgo de ser vista
por alguien de la familia Tendo, y aparecer nuevamente ante los Tendo
podía mandarla de vuelta a cárcel, de modo que decidió ir disfrazada.

—¡Ah, ya sé que ponerme!

Reunió varios artículos. {El plan es perfecto —pensó—, e irónico a la vez.
¡Ir bajo el disfraz de una de mis más odiadas rivales!}

Kodachi, en su disfraz, alzó el frasco de líquido incoloro, e hizo sonar su
risa patentada marca Kodachi.

—¡Ojojojojojojo! Ranma, mi amor, eres MÍO.

««««»»»»

Ryoga estaba enojado. Furioso. Realmente colérico.

—¡Cómo se atreve! —vociferó Ryoga—. ¡Cómo se atreve a hacerme eso!
¡Saotome, me voy a vengar!

Ryoga salió a caminar para calmarse, pero se dio cuenta demasiado
tarde de que era mala idea.

Ya se había perdido.

Mañana era día de colegio. Le llevaría quizá varios días regresar al
Ucchan's. Entonces oyó a alguien que venía por la calle, tarareando
con gran contento.

Ryoga se dio la vuelta para ver quién se acercaba.

Una chica.

Pelirroja.

Trenza.

Atuendo chino de color rojo.

RANMA.

Mirando un pequeño frasco de vidrio, además...

Se escondió detrás de una esquina y la esperó a que pasara. Cuando
pasó, se abalanzó sobre ella y la agarró con una mano por el cuello.

—¡Ja! ¡Te tengo, desgraciado!

—Agg.

—A ver, ¿qué es esto? Parece una pócima o algo así. ¿Me ibas a hacer
otra bromita, eh?

—Agg —dijo la chica. No se puede decir mucho cuando uno está siendo
estrangulado.

—Pues, "ja, ja".

Tomó el frasco, lo abrió, y le metió a fuerza el contenido en la boca...

—¡Anda, traga! —Le mantuvo una mano sobre la boca, y la golpeó en
el estómago.

*glup*

Arrojó a la muchacha al suelo.

—Renuncié a mi enemistad contigo. Quiero seguir con mi vida, ¿entendido?
Nos vemos. —Ryoga se alejó—. Ahora, a encontrar un teléfono público...

La chica estaba sumamente, increíblemente, peligrosamente,
inimaginablemente enfurecida. Lanzaba miradas sanguinarias hacia
Ryoga mientras se ordenaba la ropa. {!CÓMO SE ATREVE! ¡CÓMO SE
ATREVE! ¡HIBIKI MORIRÁ LENTAMENTE POR ESTO! ¡LENTA Y
DOLOROSAMENTE! ¡MUERE MUERE MUE...!}

La poción por fin hizo efecto.

—Mi amoooor —ronroneó, mirando a la figura en la distancia, con la
cabeza ladeada y sonriendo como demente. Rió incontrolablemente y
salió a la carrera tras él.

Ryoga sintió una palmadita en el hombro. Se dio vuelta. Kodachi,
todavía en su disfraz, se abalanzó sobre él y le dio un beso muy hondo
y muy largo. Las manos de ella viajaban por la espalda y los flancos
de Ryoga. Mientras hacía todo aquello, Kodachi decidió agarrar dos
puñados de la parte posterior de Ryoga. El cerebro de Ryoga estaba en
cortocircuito. Tenía la vista obstruida, de modo que no tenía idea de
quién estaba haciendo esto. Enfocó los ojos en la persona.

Era una chica.

{Bien}.

Este era su primer contacto físico intenso con el sexo opuesto, y hasta
el momento era... grato. Fantástico. Riiico. Por desgracia, el cerebro de
Ryoga saltó por fin a su sistema operativo normal, y miró bien quién era
exactamente la persona que lo besaba.

Pelirroja.

{Prefiero las de pelo castaño, pero el rojo no está mal}.

Atuendo chino.

{Y bien que le queda}.

Trenza...

{Momento... No... Algo anda mal... Diosito}

En lo profundo de su alma, Ryoga gritó de horror.

Se puso muy pálido.

Por fin la chica se desenganchó del beso, le dio una mordidita en la
oreja, y miró a Ryoga con pasión al rojo vivo en los ojos.

Ryoga retrocedió a tropezones, sujetándose la garganta, escupiendo
en todas direcciones y frotándose mucho la boca.

—¡RANMA! ¡¿TE HAS VUELTO LOCO?! —gritó.

Entonces notó cómo lo miraba la muchacha.

—¿Mi amor? ¿Pasa algo? —dijo esta, en una voz sofocantemente tórrida.

—¡GUAAAAAAAAAAAAAH! ¡NO TE ME ACERQUES!

Y así, la persecución continuó, con Ryoga demoliendo paredes en una
huida llena de pánico, y Kodachi en feliz persecución...

~ o ~

- fin parte 3 -