Naruto es de Masashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener a todos ustedes.
La Historia Original es de Kresley Cole de la novela "Inmortales de la Oscuridad."les recomiendo leer su sagas son súper… y obvio que como son super quise hacer adaptación de una de sus historias en un SASUSAKU
#Libro5
CAPÍTULO 03
Se dio media vuelta e inclinó la cabeza para abrocharse la camisa, espiando de reojo a Sasuke para asegurarse de que seguía allí.
Se acordaba del día en que lo conoció... Cómo hubiera podido olvidar aquellos preciosos ojos Onix. También recordaba su acento; una mezcla de inglés colonial con otro dejo algo extraño.
Unos meses atrás, se había dirigido a ella en el campus. De entrada había sido algo chuleta, pero luego empezó a tartamudear sin dejar de mirarla con avidez de arriba abajo.
A Sakura le pareció un tipo muy raro. Y eso que entonces no sabía lo que se escondía debajo de la gorra que llevaba.
Ahora sí lo sabía, así como también lo que cubría con la camisa. Un torso musculoso y bien formado; llevaba una esclava de oro justo encima del bíceps.
Era mucho más corpulento que los otros demonios, y no había negado que fuera uno de ellos. Sakura se estremeció y trató de no pensar en el montón de cadáveres que había a su alrededor.
Tenía que reconocer que Sasuke parecía distinto. Sus rasgos faciales eran más humanos, los cuernos le crecían hacia atrás, pegados al cráneo, en vez de hacia arriba, y se escondían entre su pelo Negro azulado.
«¿Cómo es que veo tan bien sin gafas?»
—¿Por... por qué tendría que confiar en ti?
—Porque mi misión es protegerte. Pronto llegarán más demonios... Más tarde te lo explicaré todo. —Al verla que aún dudaba, añadió:
—Estos doce eran sólo la avanzadilla.
—¿La avanzadilla? —Se asustó ella.
Oyeron cómo una puerta se abría en uno de los pisos inferiores y Sasuke se puso en pie de un salto.
—Si quieres salir de aquí con vida tienes que venir conmigo.
—¿Qué... qué vamos a hacer?
—Vamos a huir. Te mantendré a salvo, pero tienes que confiar en mí. —Le tendió una de sus grandes manos.
Al ver que no tenía alternativa, Sakura la aceptó, y Sasuke la ayudó a ponerse en pie. Teniendo en cuenta todo lo que le había sucedido, estaba bastante serena. Sin soltarla ni un segundo, la sacó de aquella habitación y luego la guió a través de un húmedo pasillo con muros de piedra.
El pasillo desembocó en una sala, y en ella vieron a un grupo de tres hombres ataviados con las mismas túnicas que los primeros, y que también hablaban aquel lenguaje tan extraño. Sasuke pegó a Sakura contra la pared y luego le susurró al oído:
—No hagas ruido. Quédate aquí hasta que yo vuelva. ¿Está claro?
La joven asintió y él se dio media vuelta.
Listo para atacar, los músculos de su espalda crecieron ante la mirada atónita de Sakura. Los cuernos se irguieron y cambiaron de color hasta volverse rojos.
Sasuke se abalanzó sobre los que estaban en la sala. Su velocidad era sobrehumana, y el gemido que salió de su garganta hizo retumbar las paredes de la habitación y produjo un agudo dolor en los ahora sensibles oídos de Sakura. Sasuke cogió a un demonio por los cuernos y le giró el cuello hasta partírselo.
Mientras se preparaba para atacar al segundo, le crecieron los colmillos, tanto los de arriba como los de abajo. Los usaba igual que un animal, para morder y desgarrar.
¿Ella también había tenido ese aspecto tan salvaje cuando había matado a sus asaltantes? Su sensación de valentía desapareció y cuando los ojos de Sasuke se oscurecieron, igual que los de los otros demonios, Sakura se estremeció y dio un paso atrás.
¿De verdad había creído que él era distinto? «Quiero irme a casa. Quiero olvidar que esto ha sucedido.» ¿Por qué debía confiar en él? «Puedo encontrar la salida yo sólita.»
Se alejó de la pelea y corrió en la dirección que habían estado siguiendo hasta que llegó a una galería. Tanto en las sillas de madera como en el suelo de piedra vio grabados los mismos símbolos desconcertantes de antes. Unos tapices que parecían ser muy antiguos colgaban de las paredes, y en una estantería había expuestos lo que parecían ser cráneos humanos, pero con cuernos, colmillos en ambos maxilares.
Entonces vio lo que debía de ser una puerta. Si pudiera salir de allí, una vez fuera quizá lograra encontrar un coche, o un sitio donde esconderse.
Unos disparos hicieron saltar por los aires el yeso que había a escasos centímetros de su pie derecho. Cogió aire y se atrevió a mirar de reojo, al tiempo que echaba a correr hacia su izquierda.
Hombres armados con metralletas apuntaron hacia ella decididos. Otro hombre empezó a disparar desde otra dirección. Las balas se estrellaron contra la pared a ambos lados de Sakura. Miró hacia la derecha, luego de nuevo hacia la izquierda: estaba atrapada.
El cerco iba estrechándose más y más. Tenía apenas escasos centímetros para moverse. Se quedó petrificada de miedo. Por encima de los disparos se oyó un grito desgarrador. Sasuke esquivó la ráfaga de balas para llegar hasta ella. La cogió en brazos y la apretó contra su torso. En el preciso instante en que los disparos los alcanzaban, la empujó contra la pared y la cubrió con su cuerpo.
Apretó los dientes cuando le dio la primera bala. No podía intentar huir sin ponerla en peligro. Ella se echó a llorar. Dos balas, tres, cuatro...
Sasuke bajó la vista, abrasándola con aquellos ojos completamente rojos.
—No... —gimió, —no vuelvas a tratar de huir de mí. ¿De acuerdo?
—De... de acuerdo —susurró ella con voz entrecortada, llorando con una desesperación que iba en aumento a cada balazo que recibía el demonio.
Dándoles todavía la espalda, Sasuke rugió, un rugido de advertencia, y ella se estremeció asustada.
—No, no, cariño, tranquila —le dijo él con voz profunda. Y le secó las lágrimas con sus fuertes dedos, cuyas uñas ahora eran negras.
Los disparos cesaron de repente. Sakura atisbo por encima del hombro de Sasuke. Los demonios estaban atacando a los hombres de las metralletas.
Aprovechando la distracción, Sasuke corrió hacia la puerta con Sakura en brazos. A medio camino, se volvió y golpeó la madera con la espalda cosida a balazos, arrancando las hojas de sus bisagras.
En la oscuridad, se dirigió hacia un viejo coche que estaba aparcado al lado de la casa. Abrió la destartalada puerta y lanzó a Sakura encima del raído asiento para luego entrar también él. Metió la llave en el contacto y la giró. Nada.
—¿Se ha quedado sin batería? —preguntó ella, un poco menos asustada y aturdida.
—¿Esta cafetera todavía funciona? —El salpicadero estaba lleno de envoltorios de pastelitos y de latas vacías.
—Eh, no te burles de mi coche, que me ha sacado de un montón de líos. —Movió la palanca del cambio de marchas con delicadeza un par de veces.
—Sólo tengo que asegurarme de que... de que está en punto muerto. —Sakura oyó un clic.
—Ya está. El motor se puso en marcha. Él la miró como diciéndole que no debería haber desconfiado y enfilaron el camino.
Sakura echó un vistazo a la mansión. Desde fuera parecía una casa tranquila, con un jardín impecable. Jamás se habría imaginado el tipo de criaturas que vivían en las entrañas de aquel lugar.
Y ahora ella era uno de ellos. Se volvió hacia Sasuke y se quedó mirando a aquel ser... a aquel demonio.
En el rostro bronceado y tenía el pelo espeso y lacio, con una melena que le llegaba más o menos hasta aquella mandíbula tan masculina. Unos mechones algo desiguales se veían más negro azulado debido al sol.
La esclava de oro que llevaba en el brazo derecho parecía permanente, como si hubiera que romperla para poder quitársela de aquel bíceps tan desarrollado. Y los cuernos... Durante la pelea se habían erguido, creciendo y oscureciéndose al mismo tiempo. Ahora en cambio eran suaves, del color de las conchas, y descansaban pegados al cráneo del demonio. Con su alborotado pelo por encima de ellos, eran casi imposibles de distinguir.
—Bueno, ¿cuál es el veredicto? —preguntó Sasuke con voz profunda.
Sakura se sonrojó.
—Es... es que hasta hoy nunca había visto cuernos.
—Me imagino que estarás muy impresionada.
—¿Adónde vamos?
—Tengo que sacarte de la ciudad —contestó. —No podemos quedarnos aquí. Es demasiado peligroso.
Ella vio que el respaldo del asiento de Sasuke estaba empapado de sangre.
—¿Cómo es posible que sigas respirando con todas esas balas en el cuerpo?
—Con mucho dolor, joder, Sakura.
Ella se sobresaltó al oír el taco y clavó las uñas en el salpicadero.
—¡Oh, vamos, princesa! Te aseguro que mi lenguaje va a ir de mal en peor a partir de este momento.
—Perdona... es sólo una costumbre. ¿Te pondrás bien?
—Supongo que conseguiré expulsar todas las balas.
Al ver que ella fruncía el cejo se lo explicó:
—Mi piel las expulsará cuando me haya curado.
Sakura todavía no lograba comprender todo aquello.
—¿Qué querían todos esos hombres de mí? ¿Quiénes eran los que disparaban?
—Sanguijuelas. Vampiros.
—Vampiros —repitió ella en voz baja, pero su mente no dejaba de gritar: «¡Esto es una locura!».
—Deben de saber que todavía no eres del todo inmortal. Nosotros nunca utilizamos armas, como ha puesto de manifiesto la puntería de mierda de esos chupasangres.
Ella volvió a hacer una mueca al oír sus palabras, pero esa vez consiguió no aferrarse al salpicadero.
—Pero ¿por qué?
—Porque acabas de convertirte en la chica más popular de la ciudad.
—¿Qué quiere decir eso? —Y con el tono de voz que solía utilizar para sermonear a sus alumnos, añadió:
—Ahora no es momento de respuestas crípticas, Sasuke.
—Ahora no es momento de hacer preguntas, Sakura.
Unos faros los deslumbraron y vieron que el coche al que pertenecían les cerraba el paso.
—Joder —soltó él, dando un volantazo que hizo saltar por los aires las piedras del camino.
— Más vampiros.
Ella se aferró al tablero para no caerse.
—¿Adónde iremos ahora?
—Sólo hay otro modo de salir de la finca. A través del pantano.
—¿Cómo lo sabes?
—He estado aquí antes. —Al ver el modo en que ella lo miraba, añadió:
—Me reuní aquí con los demonios en un par de ocasiones. Como representante de mi pueblo.
—Tú... ¿tú confraternizaste con esos animales? ¿Tu «pueblo» también secuestra a mujeres?
—¿Secuestrar a mujeres? Pero si apenas puedo mantener a las féminas a raya, princesa. Con los ojos abiertos como platos, Sakura respondió:
—¿Féminas? ¿Princesa? ¿Eres del siglo diecinueve o sólo misógino?
—Soy de la Edad Media, y nunca he tenido que esforzarme por ser misógino. —Apretó el freno, puso tracción en las cuatro ruedas y la miró a los ojos.
—Me sale natural, es un don. —Pisó el acelerador de nuevo y mandó a Sakura contra el respaldo del asiento al tiempo que el coche saltaba por encima del césped inmaculado.
—¿Por qué quieren hacerme daño? ¡Yo no he hecho nada para merecer algo así!
—No es por nada que hayas hecho... es por ser lo que eres.
—¿Profesora de matemáticas? —preguntó asustada.
—Ahora eres una valquiria. Y una muy especial para ser exactos. Tu madre también debió de serlo.
—¡Valquiria! ¡Lo más peligroso que hizo mi madre fue ganar un concurso de tartas! Y era humana. Murió hace dos años.
—Tu madre biológica debió de serlo.
Ella se quedó atónita durante un segundo. ¿Cómo sabía aquel demonio que era adoptada?
—Ni siquiera la conocí. —Sakura siempre se la había imaginado como una adolescente asustada que había tenido el excelente criterio de abandonarla en la mejor casa del mundo. ¿Y ahora ese demonio le decía que su madre era una valquiria?.
—¿Qué es una valquiria exactamente? ¿Y cómo sabías que era adoptada?
—Deja las preguntas para más tarde. Ahora mismo tenemos que concentrarnos en atravesar el pantano.
Los arbustos fueron espesándose.
—¡No veo ningún camino!
—Hay una ruta de servicio —le explicó él como si nada.
—Pero quizá esté oculta debajo de los matorrales.
—¡Matorrales! ¿Estás seguro de que no hay otro modo de salir de aquí?
—La finca está rodeada por lagos y pantanos —contestó.
—¿Qué probabilidades tenemos de conseguirlo?
—Yo diría que una entre quince.
—¡Pues yo no me arriesgaría! —dijo ella con los ojos muy abiertos.
—Lo harás si la alternativa es cero probabilidades.
—Oh, Dios —murmuró, dándose media vuelta.
—¿Dónde está el cinturón?
—Se rompió hace unos años.
—¿Y no lo arreglaste? —gritó Sakura
—¡No suelo viajar con mortales! —gritó él también.
Tratando de mantener la calma, ella dijo:
—Sasuke, ni siquiera hay trazas de que aquí haya habido un camino.
—Instinto demoníaco. Confía en mí, lo encontraré.
—Al acercarse al pantano, le colocó un brazo por encima del pecho para sujetarla.
—¿De... de verdad vamos a meternos ahí?
—Confía en mí —repitió.
Aquella criatura le había salvado la vida, había recibido varias balas por ella, y, a pesar de todo, algo le decía que no podía fiarse de él... Sasuke le sonrió y Sakura vio que apenas se le distinguían ya los colmillos.
—Pero si eres de las que rezan, tal vez ahora sea un buen momento para hacerlo.
Review..
