Bueno aquí van los dos últimos capítulos y de nuevo muchísisisimas gracias por leerme, por aquellas que le dieron aceptación a mi pequeña historia, las quierooo. Agradezco sus comentarios :) espero que disfruten de lo último.


Después de avanzar otros 10 metros, había otro transporte, volveríamos a ser colocadas en un largo viaje. Sin tener ni el remoto pensamiento de que sería de mí y de las mujeres que se quedaron en ese "campamento". Tal vez era de este proceso de eliminación nuestra tortura, el acondicionamiento mental hacia lo que pronto sería nuestro destino.

Éramos treinta mujeres, sólo treinta las que íbamos transbordando a otro lugar. Llegamos alrededor de 150 y nos fuimos 30, no podía entenderlo.

El vagón que nos transportaba tenía ventanas sin vidrios al igual que el anterior y el frío se colaba sin compasión sobre nuestras delgadas ropas. Aún seguíamos viendo el "campamento" y por desgracia, la línea de cadáveres que rodeaban el velo verde de la muerte.

Más se cerraban mis ojos si los trataba de mantener abiertos. Estaba segura que era de madrugada y en el lugar solo íbamos 30, había suficiente espacio para dormir. El olor no era un impedimento para dormir, era el frío, la diaria pestilencia de nuestras condiciones ya no nos afectaba como antes. Así fue que caí dormida entre mis compañeras, con frío y hambre, hasta llegar al final de nuestro viaje.

Cuando llegamos me pude despertar por el hambre y por el frío que tenía. El aire que ahora se filtraba era espantoso y me rasgaba la cara. Visualicé a magos en las afueras, había como 10 mortífagos formados, pero no eran tantos como en los "campamentos". Un mago y su señora esposa nos recibió, ambos parecían amables, a diferencia de la cara gruesa de todas las personas crueles personas con las que me había topado. Nos explicaron como trabajaríamos en el servicio de limpieza de su mansión. Aliviada y precavida, dejé salir una profunda respiración, no me iban a matar hoy y era lo único que me importaba.

Unos hombres que vestían igual que nosotras nos llevó al interior del recinto. Cabe decir que hasta donde yo podía recordar, no había visto lugar más hermoso y lujoso. Había muchísimos utensilios de limpieza moviéndose solos y haciendo el trabajo, entonces me pregunté cual era el trabajo de limpieza. Me dio escalofríos pensar que fuese otro tipo de limpieza.

Nos llevaron por un sótano, bajamos las escaleras y ahí estaban lo que sería nuestras habitaciones. No pude creer que en verdad había almohadas y algo suave en que dormir, cada litera tenía su cobija, a comparación del "campamento" esto era un paraíso.

Esperamos sorprendidas a que nos dieran instrucciones. Dos mujeres que se habían hecho amigas en el viaje se abrazaban por la ilusión que aquí las cosas se veían diferentes.

Entonces bajó una señorita, demasiado elegante para creerlo. Vestía espléndida y su belleza pelirroja era demasiado abrumadora para no ignorarla, parecía la misma dueña de la casa. Nos miró y cuando sus ojos dieron conmigo tenía un sentimiento de sorpresa y podría decirse que alivio. Seleccionó a 10 de nosotras, entre ellas a mí. Nos indicó que la siguiéramos y así lo hicimos.

"Ginny, ¿Qué sucede?" escuché la voz de una chica que se aproximaba a la señorita que nos guiaba, era rubia y alta igual que ella. La hermosa chica se llamaba 'Ginny' o así es como le decían. La chica rubia nos miró y ésta si se sorprendió de vernos ahí, sus expresiones me extrañaron mucho. Tal vez era un sacrilegio que nosotros estuviésemos pisando esa casa. La chica rubia corrió al otro lado del pasillo. De repente escuché un alboroto y la pelirroja gritó: "¡Silencio!". No entendí que era todo esto ¿de dónde venían todas esas voces?

"Están aquí". Escuchamos decir a lo lejos y la pelirroja volvió a pedir silencio. Fue cuando salieron tres hombres y dos mujeres. Nos separaron a cada una. A mí me llevó un joven pelirrojo. Me tomó por los hombros, acto que me sorprendió mucho más, no puedo ni recordar la última vez que me trataron así.

"Todo va a estar bien", me susurró amablemente el joven al momento en que entrabamos a la habitación. Entramos a una especie de despacho, había alguien parado en la ventana con los brazos cruzados en la espalda. También alguien estaba sentado sobre lo que parecía el escritorio, era un hombre de alrededor de 25 años.

"Harry, es ella", pronunció el joven con el que entré y los dos hombres que estaban distraídos en sus asuntos voltearon su atención en mí. No sabía todavía qué hacer, ni qué decir, me habían privado el derecho de hablar desde hace mucho tiempo.

Cuando vi sus rostros, reconocí al mortífago de ojos grises, el que me había salvado hace unos meses, dejé escapar un respingo cuando lo vi parado, clavando su mirada en mi persona.


Muchísimas gracias por leer.

Kitkat :)