Capítulo 4

Harry descubrió que sus antiguos instintos Slytherin estaban francamente oxidados esa misma noche, sólo cinco minutos después de bajar a cenar. Wallace lo había guiado hasta el comedor familiar de la mansión, que estaba parcialmente acondicionado, aunque se veía mucho mejor que el resto del lugar. Por lo menos no había polvo por todos lados.

El Gryffindor se encontró con la mesa preparada para un banquete, solo para dos. Cuando su delegado lo guió hasta el asiento en la cabecera de la mesa sus ojos se quedaron mirando los cuatro juegos de cubiertos a los lados y las tres copas alineadas junto a sus dos platos encimados. Era francamente ridículo y por supuesto lo expreso. Wallace, con su infinita paciencia pedante le había informado que éste era un bueno momento para comenzar con algunas lecciones de etiqueta. Harry no estaba de acuerdo, pero luego de contar hasta diez decidió darle una oportunidad.

"Se un Slytherin" se dijo mentalmente, "un Slytherin que come con cubiertos de plata..." agregó cuando notó que los cubiertos brillaban más que el juego de lujo que Petunia había residido de los padres de Vernon para su boda.

Así había comenzado una de las lecciones más inútiles que había resido. Y eso era mucho decir teniendo en cuenta sus años perdidos de Pociones con Snape.

Cuando se equivocó por décima vez (no que él estuviera contando) el tenedor de carne con el de ensalada se dio por vencido y comenzó a incorporarse para abandonar el comedor. Por supuesto Wallace no iba a dejarlo ir tan fácilmente.

— Por favor, señor, no se retire. Aún hay muchas cosas que debemos discutir. — dijo el hombre, dando una mirada plana que dejaba en claro su decepción. — Hay muchas lecciones tendrá que tomar lo más pronto posible…— comenzó a explicar Wallace y Harry se levantó tan rápido de la silla que ésta se tambaleó hacia atrás, por poco cayendo.

— ¡No me jodas! — Espetó Harry, aprontando sus puños y tratando de respirar que cierta apariencia de normalidad. No tuvo mucho excito en ese último. — Tengo a un mago oscuro, demente y megalómano que quiere dominar el mundo comenzando por Inglaterra, que quiere matarme y quieres que tomé lecciones de etiqueta. Fui prácticamente secuestrado de mi habitación por un elfo demente y luego me enfrenté a una criatura que ni siquiera sabía que podía existir… ¡Todo para descubrir que mi vida es una completa farsa! ¿Y quieres que me preocupe por cual cuchara es para la sopa?

Harry detuvo su diatriba y sacudió con una de sus manos el cabello hacia atrás mientras tomaba aire. En ese momento Wallace se levantó de su asiento mirando fijamente al joven que se preparó para enfrentarlo físicamente si hacía falta. Pero el viejo mago lo sorprendió cuando en vez de arremeter contra él o por lo menos espetarle lo decepcionado que estaba de que terminara siendo el heredero de la Casa Black, éste se arrodilló sobre una de sus rodillas en una genuflexión digna de un caballero. Agachó su cabeza y se quedó en esa posición por varios segundos que se extendieron en un ensordecedor silencio.

— ¿Que estás haciendo? — susurró ásperamente Harry, retrocediendo un paso para tener una mejor visión de Wallace y tal vez comprender la situación.

— Me disculpo, mi señor. He sobrepasado mis límites como su delegado, usted nunca me ha pedido mi guia, aunque simplemente asumí ese papel. Debí considerar mejor su situación y sus prioridades...

— Basta, basta. — Interrumpió Harry, echándose hacia atrás para caer sentado en su silla nuevamente. — Por favor, levántate, no es necesario. Yo también sobrepase mis límites. — dijo el muchacho, pasándose las manos nerviosamente por el rostro, tratando de quitarse los últimos vestigios de ira que quería brotar contra Wallace. Cuando volvió a mirar al mago éste lo estaba mirando con el rostro completamente en blanco. — No sé cómo tratar con esto, ni siquiera sé cómo tratar contigo. No sé lo que esperas de mi cuando me miras de esa forma. — suspiró Harry, mirando en lugar de Wallace al techo. No lo había notado antes, pero estaba laboriosamente pintado con escenas que no conocía.

— Yo no espero nada de usted, señor. Simplemente…

— Mientes. — le cortó Harry, aún sin mirarlo. — Todo el mundo siempre espera algo de mí. Simplemente dímelo.

Cuando Wallace no habló Harry se volvió a mirarlo encontrando al hombre pensativamente mirando el suelo.

— Es cierto. Había estado esperando que usted tome las obligaciones de su título con tanta devoción como yo sintió por esta familia. Tengo que disculparme nuevamente ya que nunca he considerado profundamente sus sentimientos, estaba demasiado conmocionado cuando descubrí que nuestro heredero era...

— ¿Un Gryffindor cabeza hueca, el símbolo de la Luz y actualmente buscado por el mago más temido de los últimos siglos? — completó Harry, apenas con un rastro de diversión. Pero Wallace ni siquiera pareció notarlo, el hombre sólo negó con la cabeza.

— No, no…Estaba indignado cuando descubrí que nuestro heredero había estado encerrado, apenas alimentado y vestido por meses. Abandonado en su dolor. No podía creerlo. — dijo en vez el mago, mirando a Harry con la primera emoción real y desnuda que había presenciado desde que lo conoció. Hace unos años (o incluso unos meses) le hubiera creído sin ninguna vacilación, pero ahora ya no era capaz de esa credulidad.

— ¿Realmente eso era todo lo que sentiste cuando descubriste que era el heredero? — preguntó Harry, sentándose hacia adelante, descansando las manos en los costados de la silla.

Wallace lo miró a los ojos, sin vacilación y lentamente sacó su varita y la levantó.

— Eso y una gran sorpresa y alegría, porque pensé que viviría sólo para ver como los restos de esta familia se consumían en menos que cenizas. Y Juro por mi magia que es verdad. — concluyó solemnemente y Harry quedó boquiabierto por varios segundos hasta que logró recuperar el control de su expresión y sonrió luego riendo abiertamente.

— Eres un bastardo astuto. Sí que sabes cómo dejarme sin objeciones.

El mago se levantó lentamente, con una sonrisa tirando de sus labios y marcando sus arrugas.

— El señor Orión era realmente un hombre singular. Jamás creería en la mera palabra de un hombre, ni siquiera si se crio con él como su hermano.

— No puedo decirte que estoy feliz por esta situación. — dijo de pronto Harry, mirando nuevamente el techo. — Pero es más de lo que nunca pensé que tendría. Tengo primos, tíos y tías… ¡una madre demente que me quiere muerto! En fin, una madre. Solo no esperes que sea un Señor en la forma más tradicional.

— No se preocupe señor. — contestó rápidamente Wallace, apenas aplacando una sonrisa, aunque su humor podía verse, aun así. — Ningún señor de la Casa Black lo fue.

Harry sólo sonrió, suponiendo que la locura que corría lado a lado con la sangre de los Black había dejado algunas buenas anécdotas de las que esperaba escuchar más adelante. Por ahora debía tratar con su delegado algunos temas importantes. Conseguir el anillo Black y prepararse para el ritual eran los más urgentes.

— Entonces, ¿mañana estaría bien pasar por Gringotts? — sacó el tema Harry, dándole a su estofado otra probada. Wallace suspiró cuando vio que estaba usando el tenedor de ensaladas y eso solo acentuó la sonrisa del joven.

— Por supuesto, Lo mejor sería ir por la mañana.

— ¿No estará demasiado lleno antes del mediodía? — preguntó Harry, dándole una mirada curiosa.

— Justamente por eso. Aprovecharemos el gran tráfico de magos para camuflarnos en la entrada, no podemos arriesgarnos a que se produzca un ataqué en su contra. — explicó Wallace y Harry asintió de acuerdo. No quería agregar más problemas a su lista.

— Aunque dudo que hasta mis mejores amigos pudieran reconocerme ahora.

— No lo dudo, pero, aunque su apariencia es muy diferente ahora no hay que subestimar los recursos o habilidades del Señor Oscuro. — contestó Wallace, y aunque Harry volvió asentir no dejo pasar el título que uso el mago para Voldemort. Había aprendido que, en su mayoría, solo los seguidores o simpatizantes de Voldemort lo llamaban de esa forma. Por ahora dejaría el tema en un lapsus, antes tenía que comprobar de alguna forma las lealtades que manejaba Wallace.

— Por otro lado, sobre el ritual… ¿de qué se trata?

— Bueno, mayormente es un bastante sencillo pero solemne. Y usted necesitara por lo menos dos familiares más para completarlo, entre más cercanos mejor.

— ¿Qué tan cercanos? — inquirió Harry, sospechando quienes serían los candidatos de Wallace.

— Bueno, dadas las circunstancias, lo mejor sería invitar a Narcisa Malfoy y su hijo. — dijo el hombre haciendo realidad los temores de Harry.

Antes de protestar el Gryffindor consideró por un momento que, ahora tenía un nuevo primo odioso, pero por lo menos no era del tamaño de una ballena bebe. Aunque probablemente su ego lo era, así que no estaba seguro de contarlo como una mejora.

— Bien, ¿y qué hay de Nymphadora Tonks y su madre? Ellas son igualmente cercanas a mí. — consideró Harry, pareciéndole mucho más atractiva la idea.

— Claro, lo son, pero Andrómeda fue repudiada por su propio padre y el ritual para añadirla nuevamente a la familia tomaría más tiempo del que tenemos. Sin mencionar que tal vez ella no esté dispuesta hacerlo. — explicó pacientemente Wallace.

— Ya veo. — dijo simplemente Harry, recordando además que Tonks era parte de la Orden del Fénix y que no quería exponerse a ella aún. No quería arriesgarse a que se lo dijera a Dumbledore. Eso le dejaba sin opciones. — Entonces deberíamos ponernos en contacto con los Malfoy. Pero ¿si ellos no aceptan que haremos?

— Sería una falta de respecto muy grave despreciar de esa forma la invitación del señor de la casa, y eso Narcisa lo sabe muy bien. Ella a pesar de estar casada y llevar el apellido Malfoy está muy orgullosa de su patrimonio Black. Además, puede ser que sea solo una corazonada, pero dudo que ellos desperdicien una oportunidad como ésta en su situación.

— Por su situación...— comenzó a decir Harry, considerando lo descripto por Wallace detalladamente. — Te refieres al reciente encarcelamiento de Lucius Malfoy ¿cierto? — cuando Wallace asintió educadamente Harry continuo. — ¿Crees que ellos estarán buscando protección contra el ministerio?

— Sería lo más lógico.

— Bueno, en ese caso también puede ser una situación beneficiosa para mí. — Murmuró Harry, aunque no añadió más. — Solo debo tener cuidado de que no descubren quien realmente soy o comenzaran a volar maleficios oscuros por toda la casa.

— ¡Oh! Usted no debe preocuparse por eso, señor. En esta casa nadie sería capaz de atacarlo, es el santuario de la casa Black y está completamente a entregada a su protección, incluso ante otros miembros de la familia. Aun así, estoy de acuerdo, lo mejor sería no revelar demasiado pronto que usted es Harry Potter. — Harry asintió y cuando estaba pensando en darle las buenas noches a Wallace el hombre le sonrió, una de esas sonrisas fugases que lo hacían pensar que había visto un espejismo. — Una cosa más, señor. — dijo Wallace, incorporándose y caminando hacia un viejo aparador lleno de botellas de tal vez un siglo de antigüedad. — ¿Me permite hacer un brindis por el heredero de la casa Black? — Harry se avergonzó, mirando hacia otro lado, aunque aun así asintió. — Fantástico, entonces vamos a celebrar con algo bueno. ¿Alguna preferencia?

— ¿Hidromiel? — medio preguntó Harry, y la única evidencia de la risa de Wallace fue el temblor que vio en sus hombros.

— No, no, prometo que esto será mejor. — dijo el hombre y luego de elegir una botella regresó a la mesa y le sirvió hasta llenar media copa a Harry y luego a él mismo. Ambos magos tomaron las copas y Wallace las estrechó. — Por la Casa Black. Para que sus próximos días ya no sean oscuros. — aclamo Wallace, y Harry sintió una leve sonrisa nacer en sus labios.

— Por la Casa Black. — repitió y probó el dulce vino de uvas, que era sin duda mejor que el Hidromiel.

Cuando terminó, tal vez solo eran sus sentimientos siendo proyectados, mezclados con su nula tolerancia al alcohol, pero hubiera jurado que toda la mansión retumbaba en alegría.

• • •

Al día siguiente Harry, que en lo absoluto se veía como Harry Potter, y Wallace fueron al banco como habían acordado. Iban a ser las once de la mañana y Gringotts estaba en su hora pico. Harry tragó saliva cuando ellos se cruzaron con un goblin que mascullaba por debajo galimatías en su propio idioma. Si los goblin siempre parecían de mal humor, él no quería saber qué tan malo sería uno que realmente estaba de mal humor. Sacándolo de su sopor Wallace le condujo desde su hombro y Harry lo siguió tratando de no chocarse con varios magos y brujas que parecían querer lanzar bolas en llamas hacia un empleado del banco que los miraba con igualmente irascible.

— ¿Que está sucediendo? — preguntó Harry cuando había dejado el futuro campo de batalla atrás.

— Con el regreso del señor oscuro muchos magos decidieron, convenientemente, tomarse vacaciones indefinidas en cualquier otra parte del mundo. — dijo Wallace, imperturbable incluso en el pandemónium. — Hay muchos lugares donde Gringotts no tiene jurisdicción así que los magos están sacando sus arcas familiares del banco.

— Y por supuesto los goblins no están muy felices. — concluyó Harry y Wallace sólo enarcó una ceja.

«El eufemismo del año.» Parecía estar gritando su expresión.

Ellos siguieron su camino sin mayor incidente que esquivar un par de pisa papeles que una mujer tan roja como un tomate estaba lazando hacia su marido. Parecía que había descubierto ciertas extrusiones sospechosas en nombre de otra mujer. O eso se podía deducir escuchando sus gritos.

Más allá del recibidor y de los primeros escritorios de atención, Wallace y Harry se desviaron y tomaron un ascensor, que descendió y descendió.

— ¿A dónde estamos yendo? — preguntó Harry.

— A la oficina de Barhook. — respondió Wallace cuando el ascensor de detuvo y sus puertas doradas (de seguramente oro, probablemente macizo...) se abrieron.

— ¿Y eso está bien? Quiero decir, los goblins no son más… ¿reticentes a dejar a un mago aquí abajo?

— Probablemente nos matarían de cien formas diferentes si quisiéramos robar algo de aquí abajo. — dijo fácilmente Wallace. — Y si te refieres a si a Barhook le molesta, pues… él es un goblin peculiar. — Wallace le concedió una mirada y ante la mueca confusa de Harry prosiguió. El chico juraría que casi suspiró de exasperación. — Barhook es un mestizo.

— Oh.

— No es común que un mestizo sea aceptado para trabajar en Gringotts, ya ves, los goblins también tienen sus prejuicios. Pero Barhook resulta tan excepcional en su trabajo que le dieron ciertas libertades.

— Odio cuando la gente habla de mí. — interrumpió sorpresivamente Barhook, Harry saltó del susto y sus manos apenas se contuvieron de buscar su varita. Fue en ese momento que recordó que no la tenía encima. — Siento como si debería estar ganando dinero por ser el entretenimiento de otros.

— Puedo pagarte si te hará sentir mejor. — dijo Wallace, tan plano como una mesa. Harry lo miró esperando que se sea un chisto, supuso que así era cuando Barhook sonrió.

Que sea un mestizo explicaba bastantes cosas... como que fuera capaz de sonreír sin necesidad de contar galeones.

— Supongo que es temprano para el té, así que ¿por qué están aquí? — Barhook se adelantó a los magos y les hizo un gesto para que lo siguieran a una oficina decoraba tan fastuosamente como todo el banco.

— Por el anillo de la Casa Black. — dijo esta vez Harry.

— Por supuesto, luego de verificar su ascendencia no tuvimos oportunidad de buscar el anillo. Ese es un lugar donde sólo el heredero puede entrar. Las medidas de seguridad son muy importantes, si otra persona toma el anillo antes de que el heredero resultaría catastrófico para la familia.

— No lo entiendo realmente. ¿Es tan importante el anillo? — preguntó Harry, mirando al goblin y a Wallace por igual. Fue su delegado el que contestó finalmente.

— Así es, por eso el anillo se guarda en la cámara principal de la Familia Black, aunque ha tenido otros resguardos anteriormente. De cualquier forma, la Casa Black no permite que ninguna otra persona se acerque a él. Pero hay periodos de tiempo donde está ausente, como cuando un Señor ha muerto y el Heredero aún no ha nacido.

— ¿Y eso es posible?

— Generalmente no, pero la Familia Black ha sido prospera generaciones y sus ramas se fueron expandiendo. En generaciones anteriores los candidatos apropiados eran tantos debían probar su valía a través de competencias.

— Eso es muy interesante. — dijo rápidamente Harry, antes de que Wallace pudiera continuar. — Pero debería buscar el anillo.

— Exacto. — dijo Barhook. Sonriendo y entrelazando sus larguiruchos dedos bajo el mentón. — Debes tomar el ascensor, subir al piso menos quince y luego desviarte a la izquierda, derecha luego izquierda de nuevo y toma uno de los carros. Le dices que vas a la Cámara Principal Black y lo demás es fácil. — ante el mutismo de joven Barhook inclinó el rostro en que lo que sería una expresión de consideración si no fuera una parodia tan pobre. — ¿Debería anotarlo?

— No, no. Estaré bien. — respondió Harry, incorporándose.

— Bien, solo no te confundas con los pasillos. Es la hora en la que Sullivan almuerza, podría confundirte con una de sus ovejas. — dijo, sonriendo más ampliamente si eso era posible. Harry tragó.

«Dragones, dijo Hagrid…los goblin tienen dragones.»

— Debería ir con usted, señor. — comenzó a decir Wallace y Harry se apresuró a sonreír con lo que creía sería confianza.

— No es necesario, es muy fácil. Subir, izquierda, derecha, izquierda… No hay problema. Volveré en un rato. — y con eso Harry salió de la oficina dejando a un crispado Wallace y un sonriente Barhook.

— ¿A qué estás jugando? — dijo, fríamente Wallace cuando la puerta se cerró luego de la salida de su señor.

— Nada. — sonrió Barhook. — Pero si quieres jugar a algo podemos apostar. Quinientos galeones a que el chico vuelve con más que el anillo.

Wallace entrecerró los ojos.

• • •

Harry siguió las instrucciones de Barhook y el trayecto a la bodega no tuvo más contratiempos que toparse con un ascensor excesivamente lleno de goblins enfurruñados y más, haber escuchado el lamento de algunas ovejas de desde un pasillo oscuro. El chico decidió ignorarlo olímpicamente y apresurar sus pasos hacia los carros.

El goblin que conducía ni siquiera le dedicó una mirada cuando Harry le instruyó ir a la bodega Black y luego de un recorrido accidentado (del que Harry medio esperaba), ellos se detuvieron ante unas imponentes puertas de caoba, talladas laboriosamente.

Harry se bajó del carro, y caminó hacia ellas apreciando el detalle majestuoso de cada una de las figuras. En el centro de cada puerta estaba tallado el bastión de la Casa Black, y más abajo había un grupo de lobos aullando hacia las estrellas que estaban talladas en la parte superior. Lo que más llamó su atención fue que en vez de tener la imagen de la luna, entre las dos puertas estaba un rostro que Harry reconoció luego de un segundo.

Era la Casa Black.

— ¿Está abierto? — preguntó al goblin que aún estaba esperando por él.

— Cualquier Black que no haya sido repudiado puede entrar a la cámara, pero si usted no es uno, es mejor que no toque ese picaporte.

— ¿Cualquiera puede tomar algo de ahí?

— No, solo el Señor y su delegado. Cualquier otro miembro deberá tener su permiso. — respondió aburridamente el goblin. — Pero cualquier Black puede dejar sus pertenencias ahí. — agregó cuando Harry se demoró mirando nuevamente las puertas.

— Bien, esperó hacer esto rápido. — dijo son mirar atrás y entró a la bodega.

No le sorprendió mucho la cantidad de objetos brillantes y simplemente galeones de oro dispersos por todo el lugar. Parecía que nunca nadie se había molestado en ordenar un poco ese lugar, solo habían lanzado sus tesoros ahí. Harry resistió el impulso de curiosear por los montones de reliquias y simplemente continuó su caminó esperando que no tuviera que ponerse a buscar el anillo por todo ese lio.

Para su suerte ese no fue el caso. Más allá de, literalmente, un par de montañas de oro Harry se encontró con una vitrina y en ella estaba un anillo de oro de aspecto pesado y con una gran piedra negra cortada de forma rectangular. Brilla increíblemente a pesar de su color y Harry solo supo que ese era el anillo Black. El joven abrió la vitrina y sostuvo el anillo un momento, era tan pesado como se había imaginado y en el dorso no le sorprendió encontrar inscripto el lema de la familia.

Sin mayor ceremonia, se puso el anillo y contempló como se ajustada perfectamente a su dedo anular derecho.

Con el trabajo ya hecho Harry solo se giró para volver por donde había venido, pero algo en la periferia de su mirada lo sorprendió. Era una figura que no reconoció escondiéndose detrás de la montaña de oro. Por supuesto, Harry fue tras ella. Su espía era bueno, pero Harry aceleró el paso y terminó corriendo por la cámara. Evitando muebles viejos llegó hasta una improvisada biblioteca que probablemente no tenía nada que envidiarlo a la sección restringida de Hogwarts. Vio otra vez la sombra ocultándose detrás de un estante y Harry fue por ella. Cuando creyó atraparla se encontró con un callejón sin salida.

— Qué diablos...

— Sabía que vendrías aquí tarde o temprano. — dijo una voz cantarina y Harry giró sobre sus pies y luego todo su cuerpo pareció congelarse.

Allí estaba ella, sonriendo sin escrúpulos, con los ojos grises opacos y sin vida, mirándolo con fascinación mientras que uno de sus dedos jugaba con un mechón de cabello como lo haría una niña.

— Mi bebe Hydrus. — agregó, y dio un paso hacia él. Harry sólo observó como Bellatrix casi se abalanzó sobre él y apretó su rostro con sus manos frías. — Tan bello, perfecto. Ah, esos ojos, nunca podría olvidar tus bellos ojos. — dijo y plantó un beso demasiado normal para una mujer como ella en su frente.

Harry se sacudió de pies a cabeza en ese momento y sus manos volvieron a la vida para empujar lejos a su madre.

— Alejate de mí. — espetó, pero ella ni siquiera parecía sorprendida, solo lo miraba.

— Pero bebe Hydrus siempre le gusta que mamá bese su frente. — fue todo lo que dijo, haciendo un puchero con sus labios.

— No, no. Simplemente alejate, veté.

— Pero Hydrus, recién nos hemos encontrado. Ha pasado tan tiempo. — ella se lamentó, pero un segundo después su sonrisa estaba intacta. — Deberías tener una reunión familiar completa, todos deberían ver que mi bebe se convirtió en el Señor de la Casa Black. — y luego ella se rió, enloquecida y volvió a tratar de rodearlo en sus brazos. Harry solo lo esquivó y maldijo nuevamente no tener su varita.

Esto realmente se estaba volviendo ridículo.

Bellatrix no se rindió y cuando Harry atisbó que su mano buscó su varita él corrió a la salida tan rápido como en aquellos días en los que Dudley lo perseguía después de la escuela. Paso por la montaña de oro, derrumbó una lámpara antigua, tropezó y rodó por un montón de artilugios, cuando las puertas estuvieron a la vista casi se abalanzó a ellas. Agradeció a todos los dioses que estuvieran escuchando que el goblin no se hubiera marchado y se apresuró a subir.

— ¡Rápido, volvamos! — mandó y para su suerte el goblin no era nada si no eficaz y puso en marcha el carro al acto.

Pasaron lo segundo y Harry miró hacia atrás como se alejaban de la bodega. Cuando doblaron una esquina se permitió un suspiro de alivio y se dejó caer sobre los asientos.

Cuando se detuvieron Harry le dio diez galeones al goblin y corrió hacia el ascensor. Tenía que tener unas palabras con Wallace y Barhook sobre la maldita seguridad en el banco.

— ¡Hay que salir de aquí! — dijo Harry cuando entró a la oficina de Barhook, interrumpiendo estrepitosamente la fiesta de té que estaba teniendo con Wallace en ese momento. — Ella está aquí, Voldemort podría aparecer en cualquier momento.

— ¿Ella? ¿A qué se refiere señor?

— ¡Bellatrix! Estaba en la bóveda de los Black como si no fuera una criminal buscada. — explicó.

— Entiendo, este lugar no es seguro a pesar de que usted no podría ser reconocido fácilmente.

— Eso es una tontería, no hay lugar más seguro que Gringotts. — dijo airadamente Barhook.

— Sabes, escuché lo mis sobre Hogwarts un par de años atrás y han tratado de asesinarme cada año… varias veces. — dijo Harry y salió de ahí esperando que Wallace lo siga, el hombre no lo decepcionó y fue tras él.

— Señor, su madre…

— No llames a eso mi madre. Nunca. — susurró Harry, enfrentando al hombre. — Quiero salir de aquí.

— Vamos a tener que salir del banco para usar el traslador.

Harry solo asintió y ambos magos tomaron el elevador hasta la planta baja. Salir del banco en su hora pico fue más frustrante que entrar y parecía que los magos y las brujas estaban buscando empujar y chocarlo activamente hasta que salieron de una vez del lugar. Wallace no perdió tiempo y puso su mano izquierda sobre su hombro para usar el traslador, ellos aparecieron un instante –horrible – después en la Noson Canvas.

— Eso les llevó menos tiempo del que había supuesto. — dijo Madeleine entrando al recibidor. Harry se sentó en una de las sillas – que se veían mucho menos sucias que el día anterior –y la miró con cansancio.

— Eso fue porque tuve un pequeño percance dentro de la bóveda. — dijo Harry. — Al parecer cualquier Black puede entrar ahí, incluso Bellatrix.

— Oh. — musitó Madeleine y echó una mirada de soslayó a su padre. — ¿Y ella te reconoció?

— Ella supo que era su hijo, pero no sabe quién realmente soy. Aunque siendo sinceros. — dijo exasperado. — Ni siquiera yo sé quién realmente soy. No soy Harry Potter, tampoco me siento que Hydrus Black sea mi nombre.

— Señor, creo que lo mejor por el momento sería buscar sus cosas y luego ir por el anillo de oro egipcio. — dijo Wallace.

— Bien, haremos eso ahora.

— Ahora no. — corto abruptamente Madeleine. — Usted está exhausto ya que no se ha recuperado completamente. Estoy seguro que su viaje puede esperar un par de horas más, haría bien en comer algo, además, está comenzando a ver pálido nuevamente.

— No voy a volver a la cama. — espetó Harry, cruzándose de brazos ante la bruja.

— No hace falta, usted puede descansar en cualquiera de las habitaciones de la mansión. Kreacher estuvo trabajando toda la noche para dejar en las mejores condiciones. — sonrió.

Y Harry hubiera discutido pero su estómago se quejó en ese momento y simplemente siguió a Madeleine a la cocina. Tampoco tenía ganas de usar otro traslador tan pronto de cualquier forma.

De esa forma Harry pasó la tarde descansando en la biblioteca y luego recorrió un poco más la mansión. Sentía como si estuviera en primer año nuevamente, terminando en un pasillo sin salida del tercer piso cuando en realidad quiera ir al aula de defensa del cuarto piso. Quiso encontrar la habitación pequeña y estéril que extrañamente le resultaba más relajante que cualquier otro lugar en la casa, pero en vez de eso dio con un vivero que parecía una jungla encerrada en cristal.

Al final perdió demasiado tiempo vagando por los pasillos y cuando encontró su camino de regreso era hora de la cena. Nuevamente Wallace le perforó el cráneo sobre la etiqueta en las comidas y Madeleine solo observó el espectáculo con una sonrisa secreta.

— Entonces tendremos que esperar a mañana para hacer un viaje Surrey. — dijo Wallace y Harry no tuvo más que estar de acuerdo.

Esa noche soñó con fuego, dolor, gritos desesperados y el olor a carne quemada se aferró a su nariz incluso cuando despertó en medio de la noche gritando. Sirius estaba a los pies de la cama, mirándolo como si fuera un espectáculo entretenido y aunque su apariencia fantasmagórica sorprendió a Harry, él lo hizo a un lado y salió de la cama.

— Eso sonó como una horrible pesadilla. — comentó Sirius, mientras lo seguía a la cocina. — ¿Qué soñaste?

— Que el infierno llegaba a la tierra, y podría ser verdad. — dijo Harry.

Necesitaba ponerse en contacto con sus amigos, saber si todos estaban bien y averiguar que había hecho esta vez Voldemort. Eso había sido un mensaje, uno directamente para él. Nada en el sueño le podría haber dado una pista sobre donde Voldemort había liberado el Fiendfyre a pesar de estar plagado de horribles imágenes. Presionó sus dedos sobre los ojos cerrados y se preguntó por innumerable vez qué hacer.

— ¿El amo quiere algo para beber? — preguntó Kreacher, apareciendo desde un rincón oscuro de la cocina sin ninguna señal.

Harry casi cayó de la silla, pero se abstuvo de lanzarle sobre el elfo, o por lo menos lanzarle algo. En su lugar le pidió un vaso de leche caliente.

— Si todavía estás asustado puedo cantarte una canción. — dijo Sirius, flotando sobre su hombro.

— No estoy asustado. — respondió Harry, aunque no se quejó cuando Sirius comenzó a tararear una melodía que sonaba como una nana que tal vez había oído hace muchos años.

Brillan las estrellas, solo para tu protección. Viaja mi amor sobre ellas, sobre el cielo oscuro. Ningún mal habrá bajo su luz…

Harry no había estado buscando quedarse dormido sobre la mesa, pero probablemente debería haber recordado que la leche caliente era buena para conciliar el sueño. Tal vez solo por eso y la canción de Sirius había tenido un sueño tan extraño. No podía recordar nada más que ojos avellana mirándolo directamente, sombras difusas y un silencio antinatural. Estaba tan asustado que solo quería llorar.

Cuando despertó tenía el cuello adolorido y sus piernas estaban dormidas, pero por lo menos ya había amanecido y tuvo unas cuatro horas de sueño continuó. Todo nuevo record desde el inicio del verano.

Había comenzado a preparar unos huevos para el desayuno cuando Wallace lo sorprendió, el hombre se veía tan impecable como siempre y Harry rodo los ojos. Seguramente ni siquiera sabía lo que era el mal aliento de la mañana.

— ¿Tuvo una mala noche, señor?

— Pésima. — dijo Harry y procedió a apuñalar los huevos con la espátula. Estaba de humor para unos huevos revueltos.

— Lamento escucharlo.

— En realidad, creo que ya me estoy acostumbrando. — dijo, y se sentó colocando su planto. — ¿Quieres huevos revueltos? Saben mejor de lo que se ven.

— No gracias, solo tomo té por la mañana. — Harry se hincó de hombros y un minuto después miró con desconcierto cuando un búho extraño entró por la ventana. Su curiosidad sobre el animal se fue rápidamente cuando notó que llevaba un ejemplar del Profeta. — Supuse que querría saber lo que está sucediendo en Londres así que me tomé la libertada de incluir a mi búho en las protecciones de la mansión.

— Oh, genial. — dijo Harry y tomó el periódico.

Su desayuno quedo olvidado cuando lo primero que vio en la primera plana fue la imagen de un infierno sobre la tierra.

"Little Whinging bajo fuego, literalmente"