Mil disculpas a todos por la tardanza. En verdad les agradezco sus reviews! Trataré de publicar el siguiente capítulo más pronto, pero ya saben cómo es esto... En verdad me encantaron sus mensajes, me dijeron cosas que me dejaron muy contenta, porque al parecer logré transmitir lo que buscaba con esta historia. Prometo que no quiero dejarlos esperando, así que me esforzaré por tener el siguiente capítulo para la próxima semana! Muchas gracias de nuevo y sigan firmándome, que eso es lo que lo alienta a uno a escribir. Y nuevamente, disculpen la demora! Parece que hubo un problema con fanfiction, porque ni me avisó de los reviews que llegaban y en fin, me atrasé. Este capítulo se suponía que sería más largo y contendría algunos otros hechos importantes, peeero me dije que ya los tuve esperando demasiado, así que decidí publicarlo así. Disculpen que no llegara a terminarlo, pero en fin: ya vendrá el resto.
Saludos a todos y gracias otra vez por leer y firmar ;)
Desesperación
Arnold
-La verdad es que no puedo evitar sentirme como un total desalmado. -le confieso a Gerald con un suspiro.
-¿Por qué? -mi amigo se encoge de hombros, inclinado sobre la mesa de billar para hacer su tiro -No puedes culparte, viejo: solo intentabas hacer lo correcto.
-Exacto. -aclaro.
-¿Qué quieres decir?
No contesto. Me encuentro de pie, recostado contra la pared y cruzado de brazos, observándolo jugar. Aún es temprano y el bar no está muy lleno. Dos vasos de soda -Gerald no suele beber alcohol cuando él y yo estamos solos -reposan sobre la mesa de billar, sacudiéndose levemente el contenido a causa de las vibraciones producidas por la música noventosa de Carmichael's, el pequeño sitio en el que últimamente nos juntamos con el resto de la pandilla, especialmente Harold, Sid y Stinky.
-El punto es que solo pensé en mí, en que no siento nada por Lila, la sola idea ya es extraña; pero no reparé en que Helga tiene sus razones para molestarse. Después de todo, lo que dijo es verdad... Sí me gustó por muchos años. Para ella debe ser difícil superarlo.
Gerald tira, logrando introducir hábilmente las bolas tres y cuatro en uno de los orificios de la esquina derecha. Siempre ha sido muy bueno en este juego.
-En ese caso, -responde, irguiéndose -ya te disculpaste. ¿Qué más puedes hacer? ¿Vas a sentirte culpable el resto de tu vida por algo tan pequeño?
-No se trata de eso... No es solo eso.
-¿Entonces qué es?
Bajo los ojos.
-Es que... de verdad la extraño y temo que...
-Viejo, eso no puedo entenderlo. -mi amigo ríe, tomando su vaso de la mesa de billar -¿Qué extrañas exactamente? ¿Las bolas de papel, las zancadillas, que te llame cabeza de balón?
-Gerald... -lo reprendo, aunque sé que bromea. Él y Helga de hecho no se llevaron nada mal durante el verano, cuando yo estaba con ella y mi amigo con Phoebe. Incluso hasta estaba muy feliz por nosotros, si bien no dejaba de hacerme bromas todo el tiempo y de repetir que aquello era extraño... Pero hay que admitir que todo el mundo decía eso. Ninguno de nuestros amigos podía acostumbrarse a la idea de nosotros dos estando juntos. Excepto Phoebe y Lila, quienes fueron las únicas que lo tomaron bien. En su mayoría, el resto tuvo la misma reacción de asombro y confusión. Rhonda especialmente no dejaba de repetir con algo de descaro que no creía que lo nuestro pudiera funcionar, que éramos demasiado opuestos. Harold, Sid y Stinky eran prácticamente de la misma opinión. Helga los mandaba a callar. Claro que también hubo gente que se alegró enormemente... como mis abuelos, que insistieron en que mi nueva novia cenara con nosotros alguna vez tan pronto como les conté. Esa fue una noche sumamente divertida, debo admitirlo. Yo estaba nervioso, no por mis abuelos, sino por todos los demás... La casa puede ser un caos a veces, con los hijos de Oscar y Suzie, Ernie y el señor Hyunh peleando por la lavandería... Pero nada salió mal. Bueno: no del todo. Terminó bien y eso es lo importante. De hecho, lo mejor de estar con Helga es que nunca siento como si tuviera que impresionarla, que puedo simplemente ser yo mismo con ella, pues me conoce a la perfección y me ama... exactamente como soy. Es como tener por novia a mi mejor amiga, lo cual resultó ser absolutamente paradójico al principio. Y esa fue una de las cosas que descubrí esa noche. Es aún más de lo que puedo decir acerca de la primera vez en la que yo cené con sus padres... En realidad, ella habría hecho todo lo posible para evitarlo. Pasábamos la mayor parte del tiempo en mi casa, y cuando estábamos en la suya solíamos quedarnos en su habitación. Admito que no me gusta mucho, cuando la paso a buscar por ahí, oír que su padre la llame Olga por equivocación. Nunca me gustó, ni siquiera cuando la consideraba solo la chica que me molestaba en la escuela. Pero en fin, una vez en la que estábamos ahí, su madre me invitó a cenar y no pude negarme. Además, una parte de mí quería hacerlo. Nunca antes había tenido novia y ahora que era así y todo era tan fantástico... sentía deseos de hacer todas esas cosas tradicionales. Sorprendentemente para Helga, la noche no fue nada mal: los Pataki fueron fabulosos conmigo... sin contar, claro, que su padre seguía llamándome Alfred e insistía en hacerme preguntas acerca de a qué iba a dedicarme, a qué universidad iría y cosas así. Pocas semanas después llegó Olga, que al enterarse de la noticia se puso tan feliz que Helga prácticamente entró en pánico y no quiso que pasara por su casa por días, de modo que no me encontrara con su hermana. Pero el encuentro sucedió y Olga me abrazó, nos felicitó y lloró a mares. Helga no dejaba de golpearse la frente. A mí me pareció tierno de su parte: estaba feliz por su hermana menor.
-¿Viejo, estás aquí?
Levanto la mirada para ver a Gerald, cayendo en la cuenta de que me he quedado demasiado tiempo en silencio.
-Sí, disculpa...
-Es tu turno. -Cierto: el juego. Tomo mi palo y me inclino sobre la mesa, intentando apuntarle a la bola número doce. -¿Amigo, qué haces? ¡Las tuyas son las lisas, no las rayadas! -Sacudo la cabeza y lo miro con una media sonrisa para disculparme antes de cambiar de blanco: una bola lisa está cerca del hoyo. No soy malo en el billar, pero estoy distraido y no consigo darle. -No estás precisamente en la Tierra hoy, ¿cierto?
-No precisamente. -concuerdo, suspirando. Quisiera contarle cuál es el problema, pero sé que él aún no está listo para hablar de esto, con todo el asunto de Phoebe tan cerca en el tiempo... Mejor cambiar de tema -¿Quieres oír algo extraño?
-Claro. -asiente, haciendo su tiro.
-Helga me habló de un sujeto de la Universidad con el que tiene que trabajar. Al parecer, lo odia. Lo insultó muchísimo...
-¿Y?
Vuelvo a inclinarme sobre la mesa de billar, a ver si esta vez consigo hacerlo mejor.
-Resulta que... -continúo, en tanto preparo mi tiro -oírla hablar tan mal de alguien, así de enfadada, tan encarnizadamente... como si se estuviera refiriendo a la persona que más odia en el mundo... -golpeo la bola blanca y consigo meter la nueve en el orificio -Creo que eso me puso celoso.
-Tú estás loco. -Gerald no puede evitar reír, extrañado -¿Estás seguro de que fue eso?
-Helga es una persona muy complicada con sus emociones. Si ella me hubiera dicho que se trataba de un chico sumamente agradable y que le encantaba trabajar con él... no creo que eso me hubiera importado.
-Sí, claro: Helga Pataki hablando tan bien de alguien. No te habría importado porque sabes que jamás podría pasar.
-El punto es que de alguna forma debí asociarlo con cómo se comportaba conmigo antes. -sonrío -Y por un instante, me dieron celos. Solo un instante, claro. ¿No es curioso?
-Lo que tú digas, viejo. -Gerald se encoge de hombros antes de volver a tomar su palo -Yo pienso que los dos están locos.
Aún no ha hecho su tiro cuando la mesera aparece con la bandeja de nachos con queso que ordenamos, que deposita sobre una pequeña mesa junto a la de billar, sonriéndole a mi amigo.
-Aquí están sus nachos, chicos. Lamento la tardanza. Geoffrey está un poco lento hoy. ¿Cómo estás, Gerald?
No recuerdo que Gerald le haya dicho su nombre. Ni siquiera sé si es la misma que nos atiende cada vez que venimos. Eso no es bueno. He estado muy distraído últimamente. No puedo seguir así.
-Zoey no está mal, ¿verdad?
Miro a mi amigo para descubrir que la mesera se ha marchado y que he vuelto a quedarme pensativo.
-¿Quién es Zoey?
-La mesera, Arnold. ¿Cómo puedes no saberlo? Siempre está los viernes.
-Ah. -¿Quién sabe de cuántas cosas me he perdido por andar reflexionando? -Disculpa. Sí, parece agradable.
-Estos meses estás más en la luna que de costumbre. -comenta Gerald, tomando un nacho y sentándose en la mesa.
-Lo sé, ya lo sé.
-¿Quieres hablar de eso?
Lo miro dudoso mientras me siento también. La verdad es que no quiero que mis problemas le recuerden a todo lo que él pasó con Phoebe.
-¿Estás seguro?
-Oye, si no puedes hablar con tu mejor amigo, ¿con quién lo harás?
Me alegra que me diga eso. La verdad es que he estado esperando la ocasión para poder comentárselo, pero las cosas han sido muy extrañas últimamente, con todos estos cambios y este paso tan repentino de la adolescencia a la juventud... y cómo todo parecía tan perfecto cuando terminamos la secundaria y de pronto tu vida comienza a desviarse terriblemente de lo que habías planeado, te guste o no. Sin embargo, no es de eso de lo que quiero hablar.
-Bueno, si tú estás bien con eso...
-Claro que sí. -asiente, estirando su brazo hacia la mesa de billar para tomar su vaso de soda -Cuéntame.
-Muy bien: lo que pasa es...
-¡Arnold, Gerald! -la voz de Sid nos hace a ambos girar las cabezas para descubrir que se encuentra cruzando la puerta de Carmichael's en este mismo momento, junto con Stinky y Harold, lo que hace que mi mejor amigo y yo intercambiemos una media sonrisa de circunstancias. Los tres recién llegados se acercan a nuestra mesa.
-¡Nunca adivinarán a quién me encontré hoy! -anuncia Sid, sentándose en la silla restante.
-¡Iuju: nachos! -exclama Harold, enterrando su mano en nuestra bandeja de nachos incluso antes de que Gerald se estire para acercar dos sillas para él y Stinky. -¿Solo esto pidieron? Es una suerte que haya traído dinero... ¿En dónde está Zoey? Si la ven, llámenla para pedir una pizza...
-¿A quién, Sid? -quiere saber mi mejor amigo, una vez todos se han sentado.
-A Rhonda. Se le ocurrió la idea de organizar un reencuentro con todas las personas del salón. -nosotros nos miramos extrañados.
-Creí que iría a París. -comento yo -No he oído de ella en meses.
-Aparentemente está estudiando modas en no sé qué escuela aquí en Hillwood. -Sid se encoge de hombros -Le sugerí que podríamos hacerla aquí y no le gustó la idea, pero cuando le dije que nosotros nos reuníamos en este lugar casi todos los días, creo que no quiso quedarse afuera. Dice que los que se han ido vendrán para las vacaciones de Navidad, así que estaremos todos.
Rhonda no solía juntarse mucho con nosotros durante la secundaria, a excepción del último año, cuando su novio un año mayor que ella la había dejado por otra chica que conoció en la universidad, adonde creo que logró ingresar por una beca deportiva... En fin, el punto es que durante la secundaria había habido ciertas separaciones en nuestro grupo y las cosas pasaron a ser muy diferentes a cuando éramos niños. Pero claro: al fin y al cabo, todos nos conocemos de toda la vida y supongo que nos es difícil dejar de vernos. Incluso para Rhonda.
-Suena bien para mí. -dice Stinky -Ah, Harold: ya te terminaste todos los nachos...
-¡Eran muy pocos!
-¿Y quiénes vendrán? -pregunta Gerald. Sé bien lo que piensa: le preocupa que venga Phoebe. Al fin y al cabo, ella posiblemente pasará las vacaciones de Navidad aquí con su familia. No le he preguntado a Helga porque sé que mi amigo prefiere no saberlo, pero es distinto si va a terminar encontrándosela en esta reunión... Pobre Gerald.
-No lo sé. -contesta Sid -Todos, supongo. O eso dijo Rhonda.
-Oye, Arnold, ¿estás bien? Te ves cansado y deprimido.. -me llama la atención Stinky.
-Ah... sí, estoy bien, Stinky. Gracias.
Observo las burbujas emerger de mi vaso mientras ellos hablan. Ahora que ha comenzado el receso de invierno, aquellos que vamos a la universidad tendremos libres todas las noches y supongo que todos querrán que las pasemos reuniéndonos aquí. Mis abuelos no suelen necesitarme tan tarde. Por el contrario, mi abuelo insiste en que salga y me divierta. No es que no quiera hacerlo, me encanta ver a mis amigos y me encanta poder hacerlo más seguido ahora que no tendré clases por un par de semanas. Pero la verdad es que, a pesar de saber que no siempre es posible, una parte de mí solo quiere quedarse en mi habitación hablando toda la noche con...
-Helga. -levanto los ojos sorprendido al oír que Sid la ha nombrado.
-¿Qué? -pregunto, haciendo que todos me miren -¿Dijiste Helga? ¿Qué pasa con ella?
-Ah, nada. -contesta Sid, sonriendo al ver mi exagerada reacción -Solo acabo de recibir un mensaje de su parte, Arnold, ¿ves? -me muestra por un instante la pantalla de su celular antes de ponerse a escribir una respuesta. Noto que Stinky está codeando a Harold, pero no les presto atención -Hoy en la tienda un sujeto apareció buscando películas de terror que de verdad asustaran y como recordé que Helga sabía un poco sobre el tema, le mandé un mensaje preguntándole, pero apenas me está contestando ahora. Debo decirle que ya es tarde.
-Está muy ocupada. -la justifico -¿De modo que ahora mismo está libre?
-No lo sé. ¿Quieres que le pregunte?
-No. -todos nuevamente me miran en silencio -Chicos, ya basta.
-Lo siento, Arnold, pero creo que aún no nos acostumbramos a la idea de que ustedes estén juntos. -dice Stinky.
-Sí, es insólito como nada. -concuerda Sid, luego de mandar su mensaje -Siempre creí que ella te odiaba.
-Muchachos, han sido siete meses. -los detiene Gerald -Dejen en paz a Arnold: no es fácil para él que su novia esté viviendo tan lejos.
-¿Podemos cambiar de tema? -Es extraño, porque al tiempo que me irrita que todos insistan en hablar del asunto, en cierta forma quiero que lo mencionen cuando no estamos hablando de eso. Pocas cosas se comparan al completo desasosiego que se apodera de ti cuando, justo en el momento en el que piensas con especial intención en una persona, alguien más te la nombra como si no fuera la gran cosa, quizás sin saber lo mucho que eso te afectará -¿Harold, has visto algún otro departamento?
-No, no desde la semana pasada. -me responde mi amigo, que hasta el momento ha estado distraído buscando con la mirada a Zoey para pedirle su pizza. -¡Por fin, ahí está!
-¿Zoey? -Sid voltea al escuchar esto, para visualizar a la camarera también.
-¡Ah, es tan linda! -agrega Stinky, haciendo lo mismo.
-Sí: este lugar es mucho mejor los viernes. -concuerda Gerald, en tanto los tres la miran sonriendo.
-Iré a hablar con ella. -anuncia Sid.
-Pues ve.
-¡¿Estás loco?! No iré, ve tú.
-No, ve tú.
-¡Mejor vayan los tres y díganle que me traiga mi pizza! -los interrumpe Harold, dando un golpe en la mesa con el puño, a lo que los tres se levantan para ir a rodear a Zoey -Ah, diablos: nunca le darán mi orden, ¿no es verdad?
-No, no lo creo. -le sonrío.
Resoplando, Harold intenta reunir las migajas que quedaron en la bandeja casi vacía de los nachos.
-¿Sabes, Arnold? -comenta, mientras lo hace -En realidad, sonará raro, pero sé un poco por lo que estás pasando.
-¿Lo sabes?
-Sí... Antes del último año, me preocupé mucho cuando pensé que Patty se graduaría antes que yo e iría a la universidad sin mí y todo eso... Fue bueno que no pasara. A veces hasta creo que reprobó solo para quedarse conmigo.
-Eso es tierno, Harold.
-Claro que imagino que no es algo que Helga haría por ti, pero... -frunzo el ceño -Oh, disculpa, lo siento...
-Harold, yo no quiero que ella haga eso. -aclaro, poniéndome de pie -Discúlpame: necesito tomar aire.
-Ah, claro... ¿Pero no te ofendiste, verdad?
-No, Harold.
He dicho que iría a tomar aire, pero en vez de eso tomo el camino contrario en dirección al baño, en donde afortunadamente me encuentro solo. Con un suspiro, apoyo mis manos sobre el lavabo y me miro en el espejo.
Cielos... eres una ruina, cabeza de balón.
Sonrío.
Muy bien: ya es suficiente.
Saco mi celular del bolsillo para comprobar la hora: casi las diez. Debe haber terminado, ¿no es verdad? Debe estar en su habitación... ¿No la estaré molestando, o sí? ¿O sí? El teléfono se me resbala de la mano a causa del sudor.
-Esto es ridículo. -murmuro, marcando el número y colocando el aparato en mi oreja. ¿Tendré señal aquí dentro? Sí, sí tengo: está sonando.
-¡Arnold!
¡Qué alegría me da cuando me contesta así, diciendo mi nombre en esa forma entre feliz y sorprendida, como si un momento atrás hubiera estado pensando en mí y yo apareciera de la nada! Me recuerda a todas las veces en las que solíamos chocarnos el uno contra el otro de improviso, en la calle, en la escuela, o cuando la encontraba en algún callejón... siempre sorprendida de verme, siempre exclamando mi nombre. ¿Cómo no lo veía? Su tono me saca de dudas. No sé cómo pensé que la molestaría que la llamara. Simplemente es fabuloso saber que tienes a alguien a quien le importas tanto...
-Hola... -saludo, sonriéndole al espejo al ver mi expresión -Am... ¿no estarías ocupada, o sí?
-Oh, no... Acabo de llegar a mi habitación. -creo que la oigo reprimir un bostezo: posiblemente se encuentra haciendo algún trabajo o algo así. Ha estado ocupada con todo esto de la revista. Pero me alegra mucho que le vaya bien: se lo merece, al fin y al cabo. Solo espero que no se sobreexija... -¿Estás en tu casa?
-En el baño de Carmichael's, de hecho. -confieso.
-¿Arnold... estás llamándome desde el baño de un bar?
-Tenía que decirte algo importante... ¿Sabes si...? ¿Sabías que... -De verdad no se me ocurre qué diablos preguntarle. Sonaré un poco desesperado si le digo que solo necesitaba escuchar su voz -Rhonda organizará una reunión con todos los del salón ahora en las vacaciones? Quizás podamos ir cuando estés aquí.
-¿Me estás preguntando si quiero volver a ver a Rhonda Lloyd? -bufa Helga -Sí, claro: ¿dónde firmo? Oye, si estás con Sid, por cierto, dile que deje de mandarme mensajes mientras trabajo o ese idiota de Richard Hamilton me dice que no estoy concentrada...
-¿No te envió solo uno?
-Sí, pero da igual: el tipo es un verdadero fastidio y aunque solo suene una vez, se queja.
-Sí estoy con él... Y con Harold, Stinky y Gerald.
-Si vas a decirme que están todos en el baño...
-No. -me río un poco -Están afuera.
-A ver, déjame adivinar: Harold solo quiere comer y Gerald, Sid y Stinky están persiguiendo a Zoey, ¿no es cierto?
Muy bien: esto es demasiado. Miro el teléfono con verdadera extrañeza.
-¿Helga, cómo es que tú sabes quién es Zoey? -pregunto, asombrado: ni siquiera vive aquí y está más al tanto de las cosas en mi entorno que yo mismo.
-Atendía en el bar cuando íbamos en el verano... ¿No te acuerdas? Además, los tontos me la han mencionado un par de veces. ¿Arnold, estás bien? Te escuchas extraño...
-Estoy bien, en serio. -No estoy bien. Sentía una sofocante desesperación por escucharla y ahora que lo he hecho solo me siento más triste de que no esté aquí. Juro que no he estado así durante todo este tiempo en el que ella estuvo en Stanford... solo estas últimas semanas. Demasiadas preocupaciones se han acumulado en mi cabeza.
-No te oyes bien.
-¿Viejo, estás aquí? -la puerta de abre, descubriendo el rostro de Gerald, que se detiene al verme hablando por teléfono -Ah, disculpa... creí que estabas enfermo o algo.
-¡Oye, Arnold, apresúrate: yo también quiero entrar! -escucho detrás de él la voz de Harold. Gerald se da vuelta para explicarle, pero Harold insiste. Al parecer no tendré la calma necesaria para hablar con Helga, quien escuchó ya las voces de nuestros antiguos compañeros, porque me dice:
-¡Cierra la puerta y dile que le haré tragar un lavabo si sigue molestando!
-Está bien: iré a casa y te llamaré desde ahí. -sugiero, pero al recordar la forma en la que ha estado conteniendo bostezos a lo largo de la conversación, me detengo -O tal vez mañana, si quieres... -otro golpe de Harold en la puerta me interrumpe -Ah, escucha... te llamaré... Pero dime a qué hora: no quisiera interrumpirte...
Helga tarda en contestar, pero parece un tanto molesta cuando lo hace:
-¿Qué importa a qué hora? Solo llama... Y dile a Harold que lo mataré cuando lo vea.
-No sabe que estamos hablando. -aclaro. Sí que es raro, pero creo que hasta echo de menos oírla amenazar a la gente... -Está por entrar: debería colgar... Te extraño, Helga. Sé que nada de esto ha sido... muy agradable, pero sin duda cambiará cuando estés aquí.
La escucho suspirar, pero no con hastío, sino en esa forma en la que suspira cuando me oye decir cosas como esas... cruzando las manos y entrecerrando los ojos. Le había visto ese gesto un par de veces antes de estar juntos, pero nunca había notado qué tierna se ve cuando lo hace.
-¡Arnold! -Harold ha abierto ya la puerta y la música proveniente del bar me dificulta oír la contestación de Helga -¡Oye, puedes hablar por teléfono afuera!
-Qué alboroto... -la oigo decir, cuando me tapo el oído izquierdo para escucharla mejor.
-Sí, ya tengo que colgar... Descansa.
-Puedo intentarlo.
-Seguro Richard Hamilton duerme también.
-Tú conócelo y luego me dices.
Me río de nuevo, le digo "buenas noches" y ambos colgamos. Harold se ha metido en el cubículo en donde están los excusados y yo vuelvo a apoyarme sobre el lavabo y a suspirar, mirándome en el espejo.
