HÉROES DE FUEGO

-Mejor vayamos a nuestro cuarto antes de meternos en más problemas. Sirven el desayuno a las siete en invierno y supongo que querrás vera tu padre lo antes posible-tomó a Kagome de la mano y la sacó del cuarto.

Esa noche Kagome soñó con Aristóteles, su madre e Inuyasha….

…………………………………………………………………………………………….

-Inuyasha- susurró suavemente el pelinegro- Levántate es importante, ven conmigo a la enfermería- la voz de Miroku sonaba en extremo seria algo tan inusual en el que era motivo más que suficiente para obedecerle.

-¿Que sucede Miroku?- preguntó mientras observaba a la joven que dormía placidamente en la cama. Sus cabellos negros contrastaban con su pálido rostro.

-Es hermosa ¿verdad?- dijo el templario

-estás loco Miroku, ¿no ves lo escuálida que es?-refutó Inuyasha

-Pero podría tener muchos niños sin problemas…- al decir esto Miroku la cara de su amigo se nubló y calló como si hubiera dicho algo terrible.

-Lo siento yo no…-

-Déjalo… no importa, ahora dime porque estas aquí-

-El padre de los niños tiene fiebre, sobrevivió toda la noche aunque el hermano enfermero nos recomienda que dejemos se despida de sus hijos antes de…- Miroku parecía apesadumbrado aunque había vivido incontables muertes.

-Lo suponía sus heridas eran muy graves… más que nada en un hombre de su edad…lo que no comprendo es que papel juego yo en todo esto- - ¿Por qué me llamas a mi?

-Hable con Akira, y le explique que con suerte le restan unas horas de vida. El me rogó que fueras a hablar con el aunque no me ha dicho el porque- Miroku estaba sinceramente desconcertado, no era el pedido más usual de un moribundo.

Vamos…no perdamos más tiempo acá- dijo mientras observaba a Kagome

-Seguro… y que no quieres despertarla no tiene nada que ver ¿No?-

-Cállate monje – sonrío Inuyasha

…………………………………………………………………………………….

Entrar a la enfermería era como abrir una puerta hacia un extraño y desconocido vivero. En el jardín contiguo un centenar de plantas eran regadas por un joven novicio. Los monjes realizaban pequeñas actividades antes del desayuno y las lecturas de la mañana.

El cuarto de los enfermos era en cambio muy distinto al bello jardín. Media docena de monjes ancianos dormían en sus camas, uno, no muy afortunado tenia rastros de algún castigo físico que le debieron de imponer en su juventud, toda su espalda tenia cicatrices producidas por un látigo. En un rincón, apartado yacía un hombre joven aun si lo comparamos con los demás, pero su cara cenicienta y el color violáceo de sus manos mostraban que no le quedaba mucho tiempo en este mundo.

-Muchacho… Ven aquí- murmuró el hombre

De haberse tratado de otra persona esta ya se encontraría con sus antepasados ante tamaña falta de respeto hacia su persona, pero en el estado en el que se encontraba este hombre no era ni el momento ni en lugar para una discusión sobre respeto hacia los caballeros.

-Me estoy muriendo…- su rostro se contraía en una inequívoca muestra de dolor

-Eso no es nada nuevo… ya lo sabíamos- parecía una respuesta un tanto cruel pero si a Akira no le quedaba mucho tiempo lo mejor era ir al grano. Averiguar que era lo que deseaba ese hombre.

Es cierto… en primer lugar quería agradecerte por salvarnos… no tenias obligación alguna para con nosotros y…- sus palabras se vieron interrumpidas por Inuyasha.

No necesitas agradecerme nada… pero antes de morir deberías despedirte de tus hijos, ellos tendrían que ser quienes estuvieran aquí –

No… antes de morir debo confiarte algo… si no fuese porque la vida de mis hijos está en juego guardaría silencio… siempre creí que esto moriría conmigo… que Kagome sería mayor… que la vería casada y con hijos…o al menos que Souta ya fuese un hombre…-

Kagome no es mi hija…- suspiró con tristeza contenida al decir esto.

Inuyasha se quedo helado, entonces le habían mentido… sabia como era sentir que es todo irreal… que vivís en un sueño… era muy duro ir encontrando paso a paso el rumbo después de una revelación como esta, pero no dudaba que Kagome seria capaz de sobrellevarlo con entereza.

No es algo tan terrible… es adoptada no importa… ella lo ama como si fuera su verdadero padre- Inuyasha se daba cuenta que era muy doloroso para el viejo contarle todo esto, pero no le encontraba mayor trascendencia al asunto.

-Ella no es adoptada… solo que no es mi hija natural…-

Esta vez Inuyasha de callo no quería interrumpir más al hombre y su cabeza ya no comprendía que deseaba Akira. Bueno, entonces no era adoptada lo cual lo convertía a su esposa en adultera pero tampoco encontraba un buen motivo para contarle nada a el!

- Hace 18 años yo trabajaba en la castillo del conde Otaro, en los establos… no era más que un simple mozo de cuadra…El conde tenia tres hijos varones, hombres altos y fuertes. Pero a pesar de que casi nunca salía se rumoreaba que también había una niña. Claro que para ese momento no me interesaban los rumores. Una noche oí gritos que venían del bosque lindero al castillo. El conde estaba pegándole a una joven, casi una niña. Al ver esa escena quede petrificada…

Flash back

¡Como te atreves! ¡Eres una maldita furcia! Estás embarazada ya lo se todo hija del diablo, manchas el nombre de nuestra familia, ¿Qué pensabas hacer? El no te ama y jamás lo hará. Eres solo una conquista más en la larga lista de todas sus conquistas…Siempre te preferí entre tus hermanos a pesar de ser mujer… nada te negué y así me agradeces…llevando en tu vientre al bastardo del… ¡¿Quién se atreve a husmear en mis asuntos!?-vociferó el conde, aunque instantes después pareció pensar en algo.

Ven aquí, nada te sucederá buen hombre- dijo de manera afable.-¿Cómo te llamas?

Soy Aki…trabajo en los establos, lo siento mucho… no quería interrumpir… oí gritos y vine a ver si sucedía algo.-se arrojó al suelo suplicando piedad

-¿Aki…cuanto ganas trabajando en los establos?

-Techo y comida señor con eso me alcanza-dijo con temor a sonar desagradecido.

-Que te parecería tener tu negocio Aki, la lana sube todos los años sin interrupción, pronto será un gran negocio, además los ingleses detestamos comprarle a los ladinos flamencos serias un comerciante rico…por supuesto hay algo que quiero que hagas a cambio… te casaras con mi hija y se irán muy lejos. Te daré suficiente oro para comenzar el negocio-

Aki no salía en si de su asombro, era increíble, se le ofrecía tener su propio negocio, dejar de ser un siervo para convertirse en un ciudadano de las grandes ciudades del reino… un hombre libre…además que se casaría con una joven noble!

Naneko miraba la escena horrorizada, no deseaba alejarse de su casa, si lo hacia el jamás podría encontrarla…

-Ella te enseñará lo que necesites saber de cuentas o a leer si lo necesitas, tratarás a su hijo como si fuera tuyo, y lo más importante-

-Jamás regresaras al castillo. Nunca ¿Lo has entendido?

Naneko lloraba mientras corría para marcharse de ese horrible lugar. Su padre la acababa de vender como un objeto en el bazar…

Cuando Aki se estaba por ir Otaro le dijo

-Aki no es un nombre apropiado para un hombre de negocios… desde ahora te harás llamar Akira Toriyama. Ahora vete-

-Una última cosa, si la tocas… te mato…-

Fin del flash back

-No tengo familiares vivos, y no puedo dejar a mis hijos en manos seguras…por favor… llévelos a ver al conde Otaro… sus tres hijos han muerto, y lo ultimo que supe de el es que mando a llamar a un sobrino para decidir si este heredaría el condado, no

hay heredero y quizás acepte ampararlos y reconocerlos como sus nietos… Souta es el único superviviente directo que puede heredar…-

-Todo esto es una locura. Otaro es un hombre avaro y católico casi llegando al fanatismo, jamás consentirá en dejar sus posesiones a un niño el cual es un plebeyo.

-Por eso usted es tan importante, su amigo es monje y ambos han regresado de tierra santa, quizás eso sumado a la vejez y a la falta de heredero mellen al conde lo suficiente para aceptarlos… solo deseo lo mejor para mis hijos… daría mi alma al diablo si supiera que con eso aseguro su felicidad. Pero me esta negada esa elección, solo intento evitar la muerte de mi hijo y que mi pequeña termine en un burdel.

-En caso de que el conde se negase, ¿Qué desea que se haga con ellos?-

-Hay oro enterrado junto al árbol del jardín de mi casa en el pueblo, lo suficiente como para que algún caballero acepte a Souta como paje y aun quedaría una pequeña dote para casar a Kagome. – Akira se veía cada segundo que pasaba un poco más viejo, como si la vida que fluía a través de su sangre se escapara.

-Sea… haré lo que me pides, pero después de ello no cuidare más de ninguno de los dos.

-Kagome…!- la cara de Akira reflejaba el terror y la culpa que sentía, su hija estaba escondida detrás de una cortina…había oído todo.

-Te amo pequeña…siempre lo hice…-dijo Akira al exhalar su último suspiro en este mundo, no volvería a ver a sus hijos nunca más.