La historia del cazador.
Era ya muy tarde, y Orphen nuevamente se estaba desvelando, había pensado en ir a beber algo, pero recordando el altercado de la mañana prefirió olvidarse del trago durante un buen tiempo. Entonces recordó que Cleo no había bajado a cenar, no lo había advertido pero desde que habían regresado no la había visto. Quizá realmente se encontraba mal por lo ocurrido dentro de la selva, Magic la notó muy pálida, y él no se ocupó de examinar que todo estuviese en orden con ella, los golpes y las heridas que podría tener.
Todo había sido demasiado rápido.
Tanto así que casi no recordaba ya su encuentro con Azalie, y la revelación de los sentimientos de Cleo hacia él. Sí, porque lo había visto y oído todo, pero había preferido no hablar de ello. De alguna forma hacerlo no sólo era enfrentar a la chica a sus sentimientos si no también a él, y estaba seguro que hasta el momento no era capaz de corresponderle.
Aunque pensándolo mejor, también la imagen de Keilot, el cazador, había sido bastante nítida, y así como Cleo se veía besándolo a él, también había una segunda imagen donde besaba al muchacho.
Aún no estaba claro lo que los cristales hacían específicamente, sin embargo, Orphen tenía la impresión de que ambos eran posibles destinos, o si no, tal vez fuese como decía Steph (disculpen que cambie los nombres XD es que no se en verdad si guiarme por los mangas o la serie, internet todo es un enredo con los nombres…).
El solo hecho de recordar la imagen de Cleo siendo besada por ese chico le provocó un escalofrío.
Magic a su costado ya dormía muy apaciblemente. Orphen sonrió se le veía muy contento, de seguro a causa de la pequeña Eris.
El hechicero salió del cuarto dispuesto a hacer una visita corta a Cleo, para asegurarse de que todo estuviese en orden.
Abrió la puerta con delicadeza intentando no hacer ruido y se encontró con la chica recostada sobre la cama aferrada a la almohada. Esta no se había cambiado de ropa ni se había acostado, ni siquiera se había preocupado de apagar la luz de la vela, la cual ya comenzaba a extinguirse.
La observó durante unos momentos, se veía tan pura, tan angelical y tan hermosa mientras dormía. Sin embargo no se veía tranquila en esos momentos ni mucho menos feliz, más bien se veía preocupada y angustiada.
El hechicero se acercó un poco. Al hacerlo sintió un leve olor a rosas emanando de su cuerpo.
Se le pasó por la cabeza concretar su intento de la tarde y robarle un beso, pero luego sacudió la cabeza pensando en que sería una locura.
Cleo comenzó a moverse nerviosa, se veía agitada y desesperada. Algo no estaba bien con ella, de seguro una pesadilla.
Entonces el hechicero, quien no era capaz de apartar en esos momentos la mirada sobre Cleo, notó que la chica tenía el vestido rasgado a un costado.
"Una herida de la batalla seguro", pensó mientras se sentaba a su lado y la examinaba.
Entonces al tocar su cuerpo se dio cuenta que estaba muy caliente. La muchacha ardía en fiebre.
Orphen: Cleo, ¡Cleo!, ¡despierta!, ¡Cleo!, ¿estás bien?. La llamó repetidamente sin respuesta de parte de ella.
De seguro aquella bestia la había lastimado con alguno de sus colmillos, sin que nadie se percatara de ello.
Necesitaba ayuda, y ya sabía dónde encontrarla. Envolvió a Cleo con una manta y salió con ella en entre sus brazos.
Un golpeteo desesperado en la puerta obligó un muchacho solitario a despertarse. Se preguntó qué cosa podía ser tan importante como para llegar a esas horas de la madrugada molestándolo. No estaba preocupado, siempre se encontraba armado, y dudaba que alguien o algo fuese capaz atacarlo y salir victorioso de ello, no por nada era conocido como uno de los mejores cazadores en la región.
Abrió la puerta rápidamente. Y la imagen que encontró era muy distinta a cualquiera que podría haber imaginado.
Sin esperar su permiso Orphen entró rápido a la casa del muchacho con Cleo entre las manos. Keilot miró al hechicero y luego a la muchacha, estaba sudando y agitada.
Keilot: ¿Pero que le ocurre…?
Orphen: Esa bestia, la que los atacó cuando estaban juntos, la lastimó.
Keilot: Su veneno es poderoso pero sus síntomas aparecen de manera tardía, sin embargo puede ser fatal.
Orphen: Eres un cazador, estoy seguro que tienes un antídoto para esto, después de todo eso es una de las tantas cosas que hacen… ponerse retos como la de cazar criaturas extrañas y peligrosas y luego lucrar con ellas, con su piel hacer trajes, hacer armas, accesorios, antídotos a sus venenos, o por lo menos sabrás que hacer.
Keilot sonrió. Te has informado bien sobre nosotros, ven, lo primero es lo primero, debes bajar la temperatura de Cleo, deposítala en la bañera traeré agua helada.
Orphen siguió las indicaciones del muchacho. Y depositó a la muchacha en la bañera, se veía tan indefensa, tan vulnerable, estaba sufriendo mucho, se encontraba inconsciente pero no por ello dejaba de moverse de un lado a otro aquejada por lo que le ocurría.
Keilot: hiciste bien en venir aquí, pero… ¿cómo me encontraste?. Dijo, mientras volvía con unos enormes baldes de agua, que no parecían darle mayor dificultad.
Depositó el agua sobre el cuerpo de Cleo quien despertó rápidamente, e intentó salirse de ahí, pero Orphen la tomó con fuerza evitando que escapara.
Cleo: ¡déjame Orphen!, ¡Esta helada!... ¡No quierooo!... ¡Por favor!
Orphen: ¡Tranquila Cleo, esto es por tu bien!
Keilot depositó un segundo valde de agua sobre Cleo, y esta volvió a quejarse.
Orphen lamentaba mucho no poder evitarle aquel dolor a su amiga. Sabía cuánto estaba sufriendo, pues al retenerla sus manos estaban en contacto con el agua, las cuales se habían enrojecido fuertemente a penas a los pocos segundos del contacto.
Orphen miró a Keilot, cuando te vi supe que eras esa clase de chicos que no ocultan quiénes son y que hacen, tu verdadera identidad frente a nadie, y con lo popular que eres con la chicas, supuse que cualquiera podría decirme donde estaba tu casa… no me equivoqué. Simplemente pregunte por un cazador llamado Keilot.
Keilot sonrió mientras volvía a verter el contenido del balde sobre Cleo.
La chica lloraba desesperada pero ya no batallaba para intentar salir, sabía que no la dejarían, intentaba simplemente, concentrarse en otra cosa. No sabía donde se encontraba ni como había llegado ahí. Pero Orphen estaba a su lado por lo que se sentía segura.
Keilot se arrodilló y posó su mano en el agua. –Con esto bajará su temperatura rápidamente. Me darán tiempo para crear el antídoto antes de que comiencen los siguientes síntomas, pero no deberás sacarla de ahí, ¿Me escuchaste?-
Orphen miró de reojo al muchacho, no le gustaba que le dieran instrucciones de esa forma, pero aceptó en silencio.
Sólo necesito unos pocos minutos, luego de ello keilot se marchó rápido.
Cleo: Orphen, ¿Qué me sucede?, ¿Por qué estoy aquí?
El hechicero se volvió a la rubia y se ruborizó, con todo el ajetreo se le había olvidado por completo el vestido blanco que Cleo llevaba puesto. Por suerte para ella, bajo el vestido llevada ropa interior de color café lo que impedía quedar completamente expuesta a su mirada, aun así era poco lo que quedaba a la imaginación del hechicero.
Orphen comenzó a golpearse la cabeza con el borde de la bañera asustando a Cleo. "Debo dejar de ver Cleo de esa forma, es solo una chiquilla.", pensó.
Orphen: Pues, al parecer la bestia contra la cual luchamos en esta tarde te lastimó, y el efecto de su veneno comenzaba a afectarte. Te encontré desmaya dentro de cuarto y decidí buscar ayuda. Todo esto lo dijo con la mirada perdida en el techo.
Cleo: y… viniste donde Keilot… ¿por qué?, tenía la sensación de que no te agradaba.
Orphen se sorprendió. ¿Acaso era tan evidente?, aunque ha decir verdad había llegado hasta ahí pero de muy mala gana, sin embargo, si no lo hacía quién sabe que podría haber ocurrido con ella.
Orphen: Bueno, para ser honesto… no me hace gracia estar aquí, pero, era eso o verte morir…
Cleo se sonrojó al oírlo, ella le importaba al muchacho, y mucho, era testarudo, pero dejó a un lado todo su orgullo con tal de verla bien.
Keilot: no me había dado cuenta…
Las miradas se voltearon hacía el cazador quien se encontraba apoyado en el umbral de la puerta atento a la escena.
Keilot: ¿Por qué no me habían dicho que eran novios?, no se me había ocurrido pensarlo, pero ahora que los veo…
Cleo y Orphen: ¡No! ¡No!, ¡NO ES MI NOVI!.
Orphen: ¡nunca podría estar con una cosa como esta! ¡Sólo mírala!
Cleo: ¿y que hay de malo conmigo?
Keilot comenzó a caminar, tenía un pequeño frasco con un líquido verdoso que burbujeaba, se aproximó mientras los dos compañeros, continuaban discutiendo.
Orphen: ¡Eres fea!, ¡chillona!, ¡escandalosa!, ¡no haces más que meternos en problemas!, ¡fastidiosa!, ¡no sabes cocinar!…
Cleo abrió la boca para responder ante las provocaciones de Orphen y en ese momento Keilot vertió el liquido en la boca de la chica y rápidamente le selló los labios y la nariz con sus mano.
La chica bebió el líquido de mala gana, era realmente repulsivo pero no le quedó otra opción que beberlo. Y después de hacerlo continuó gritándole al hechicero por unos segundos hasta que se quedó dormida nuevamente, esta vez producto del antídoto que le habían dado.
Keilot la tomó entre sus brazos sacándola del agua y la envolvió rápidamente con una toalla, también había advertido como se le pegaba el traje al cuerpo mostrando una figura delicada y sensual con curvas que resaltaban, un cuerpo joven y femenino, que no dejaba de provocarle.
Keilot se volteó hacia Orphen. -No creo que hables enserio cuando le dices esas cosas. Y si es realmente así entonces no te molestará que intente ganarme un lugar en su corazón.- Luego de decir aquello, le dio la espalda al hechicero.
Orphen: no te lo permitiré… murmuró en un tono apenas perceptible, mientras empuñaba su mano.
Keilot: no te estoy preguntando. Le respondió a lo lejos.
El hechicero lo había olvidado, los cazadores tenían un muy buen oído. Al encontrarse sólo Orphen se levantó y salió corriendo por la misma dirección en la cual se había marchado Keilot.
Éste había llevado a Cleo a un cuarto grande, e iluminado por la luz de la luna, algo desordenado, sin duda se trataba del cuarto del cazador.
Depositó a la muchacha sobre la cama y luego de ello revolvió unas cuantas cosas en un cajón hasta que pareció encontrar lo que buscaba, un frasco muy pequeño y alargado. Y tras encontrarlo lo destapó y lo posó bajo la nariz de la muchacha.
Esta abrió lentamente los ojos, y se incorporó también algo confundida, una vez más no sabía en donde se encontraba y en esta ocasión Orphen no se encontraba a su lado.
Pero Keilot era una muy buena compañía y por alguna razón su presencia le causaba cierta seguridad que hasta entonces sólo Orphen le otorgaba.
Keilot: Vaya susto que nos hiciste pasar, ardías en fiebre.
Cleo tiritaba en esos momentos, estaba empapada de pies a cabeza, la ropa se le pegaba al cuerpo y su cabello no dejaba de soltar hilos de agua que resbalaban por su espalda, por sus hombros y sus pechos.
Cleo: ¡ashu! ¡Ashu!, lo siento.
Keilot la miró un momento y luego se dirigió hacia un gran closet de madera –Toma- dijo, mientras le extendía un traje de dos piezas que extrajo de ahí.
Cleo: ¿y esto?.
Keilot: Era de mi hermana, cuando lo usaba tenía tu edad y más o menos tu figura, yo saldré unos momentos para que puedas cambiarte y luego, podremos charlar.
Cleo asintió con la cabeza y aceptó con gusto el ofrecimiento del muchacho.
Al quedarse sola comenzó a explorar el cuarto con la mirada. Era grande y espacioso, pero solitario y silencioso, igual como se lo podría haber imaginado, había objetos curiosos que colgaban de las paredes y otros tantos depositados de manera desordenada sobre algunos muebles y estantes dentro del lugar.
Le llamó especialmente la atención una foto que se encontraba casi oculta y perdida entre tantas cosas. La tomó y la miró con atención, en la imagen se apreciaba perfectamente Keilot algo más joven, con una muchacha muy similar a él, de ojos verdes y cabello largo y castaño, tal como él, sin duda se trataba de la hermana de la cual había hablado.
Por el traje que llevaba puesto la muchacha de seguro también era una cazadora. Llevaba un cinturón muy singular, que contaba con un gran número de bolsillos tal como el que había visto llevaba Keilot durante la tarde.
Se preguntó a que se debía el hecho de que ese hombre trabajara en una especie de verdulería y también fuese un cazador.
La chica pensó que había muchas cosas que le gustaría saber de ese muchacho. Mientras pensaba, se puso el traje que el chico le había entregado, era un corsé negro y una falda corta que tenía una gran cinta blanca a un costado como un detalle hermoso. No eran cosas que la muchacha utilizara usualmente, sin embargo le gustaba la manera en que esta ropa resaltaba sus atributos. Unas botas largas que le llegaban un poco más arriba de las rodillas eran muy cómodas y la protegían del frio. Finalmente se colocó una especie de capucha corta y de color plomizo pero algo, transparente la cubría del frío de la noche, a pesar de lo que pareciera era muy abrigador.
Salió entonces de la habitación y se encontró a Orphen y Keilot discutiendo. Orphen se veía mucho muy alterado y Keilot en cambio mantenía la compostura apoyado despreocupadamente sobre la pared.
Keilot: Hechicero, te dije que me eras indiferente.
Orphen: ¿qué te crees chiquillo?, no eres más que un cazador mediocre a medio tiempo, te dije que Cleo se irá conmigo a penas salga y punto.
Keilot: (silencio…), ah? Me hablas a mí…
Orphen estaba a punto de abalanzarse sobre el chico cuando vio a Cleo salir por la puerta. Ambos quedaron embobados con la imagen de la muchacha. Aquel traje le acentuaba sus pechos y su cintura perfectamente, dejaba a la vista unas hermosas y largas piernas blancas.
Keilot sonrió, sabía en que el traje luciría muy bien en Cleo.
Orphen en tanto a penas era capaz de disimular su asombro, Cleo se veía muy bien, aunque no debería andar por ahí enseñando sus atributos con ese "buitre" de Keilot dando vueltas.
El muchacho tenía su mirada fija en Cleo y aun mantenía su postura sobre la pared con brazos y piernas cruzadas muy a lo Orphen..
Cleo: tú hermana sí que tenía buen gusto.
Keilot: sí, lo sé…
Cleo: ¿dime Keilot tienes más familia?.
El muchacho se sorprendió un poco con esta pregunta, y, sin meditarlo demasiado negó con la cabeza.
Keilot: Mi padre y madre eran cazadores también, es algo digamos familiar y… bueno, un día fueron atacados por otros cazadores envidiosos de su fama… no tuvieron oportunidad. Sólo quedamos Sahara (mi hermana) y yo.
Orphen observó un segundo al muchacho, a pesar de ser tan seguro y alegre, tenía un pasado doloroso y oscuro tan lamentable como ese, era realmente triste, y hasta podía sentir algo de empatía por él.
Orphen: Y… ¿tu hermana?
Keilot: hace algún tiempo ella y yo viajábamos juntos por el mundo trabajando como cazadores. ¿Saben? Uno puede hacerse de mucho dinero con esa profesión. Sin embargo, un día fuimos atacados por un demonio muy poderoso que buscaba venganza y Sahara salió seriamente lastimada de esa batalla, aún sus heridas no cierran y el veneno pareciera estarla consumiendo lentamente, no logré cazar a ese demonio, por lo que no he podido desarrollar una cura para ella y no puedo hacer más entonces que quedarme aquí en este pueblo, ya que no quiero apartarme de ella, es la única familia que tengo. Por eso trabajo como vendedor, y casualmente de cazador, en las proximidades ya no hay bestias peligrosas que amenacen a las personas ni que sirvan para hacer mi trabajo, casualmente aparece alguna persona solicitando mis servicios como cazador y paga por alguna especie de trabajo, pero no es constante y necesito mantener a mi hermana con el curandero del pueblo eso sale muy costoso saben.
Cleo: ¡oh! Eso es en verdad muy triste.
Keilot: lo sé.. Pero no puedo dejarme abatir por eso.
Cleo: Orphen seguro Stephanie, Artia o alguno de tus amigos de la torre del colmillo podría hacer algo por ellos.
Orphen se sorprendió un poco por la petición de Cleo, realmente a ella parecía importarle aquel chico. No podía negarle la ayuda, después de todo él había salvado a Cleo, aunque probablemente lo hubiese echo de cualquier modo, se sentía en deuda con él.
Orphen: si… como digan… mañana volveremos a las cuevas de los cristales y tú cazador irás con nosotros, estoy seguro que estarán muy ansiosos de poder ayudarte con tu hermana. Dijo el hechicero de ojos como gato mientras se apoyaba en la pared.
Cleo: ¿¡enserio! ¡Síiiiiiiii!. Sonrió Cleo entusiasmada abrazándose al cuerpo del hechicero y juntando sus mejillas, muy alegre por la respuesta del muchacho.
Luego se aproximó a Keilot y le tomó las manos emocionada. –Ya vez como las cosas mejorarán para ti, Orphen siempre cumple sus promesas-
El muchacho sonrió agradecido con la muchacha y miró al hechicero tras Cleo, también estaba muy agradecido por haberle ofrecido su ayuda, le emocionaba pensar que Sahara volvería a levantarse de la cama, Cleo se había convertido para él no sólo un amor platónico, sino también una luz de esperanza en su vida y haría todo a su alcance para provocar en ella, los mismos sentimientos que esta producía en él, pero sabía que había alguien interponiéndose, y era el hechicero, de cualquier forma, sería feliz sabiéndola a ella feliz.
Orphen: Bien, Cleo, creo que es hora de irnos. Y tú. -Dijo mirando a Keilot. – A las 10 en las afueras del pueblo, camino a la cuevas.
Cleo: ¿sabes donde es eso?
Keilot asintió.
Orphen: perfecto. Se puntual.
Salieron de aquella casa en medio de la oscuridad. Era muy tarde, pero la noche estaba hermosa, llena de estrellas, con una luna llena que iluminaba amablemente el camino de los viajeros nocturnos. Al alzar la vista hacia el firmamento Cleo sonrió complacida, era una noche realmente hermosa, extrañó entonces acampar junto a Orphen y Magic, pero sabía que muy pronto volverían a sus andanzas y todo sería como antes.
Cleo: ¿esa hora no es demasiado tarde?, es decir, Steph, Artia, Eris y probablemente Azalie lleguen mucho mas temprano, aprovechando el día al máximo.
Orphen: claro. – Respondió el hechicero.- pero a causa de cierta persona que no voy a nombrar, no he podido descansar absolutamente nada…
Cleo: bueno para una próxima ocasión ya sabes que me dejas en manos de Keilot y él hará todo el trabajo.
Orphen: ¡Mira que si serás mal agradecida!, ¡ me preocupe por ti! ¡Y para colmo me dices que te deje en manos de ese cazador así como si nada!, por eso no dejas de ser mas que una chiquilla malcriada...
Cleo: solo era una broma, no tenías por qué molestarte tanto. Dijo finalmente con una sonrisa en el rostro y Se adelantó corriendo.
Cleo ahora comenzaba a conversarse Orphen estaba celoso de Keilot, por eso sus reacciones tan extrañas.
Y Orphen comprendió que la chica lo había provocado a propósito nombrando al cazador. Sonrió cuando la vio adelantarse sonriendo. Ahora estaba seguro, Cleo no era más una chiquilla, era una mujer…
Fin capitulo.
¿Y… qué tal?, espero que les haya gustado, supuse que era necesario ahora conocer un poco más a este nuevo personaje, pero nunca olvidándome de la pareja de Cleo y Orphen, me encantan! =3
Cleaaaa: Ah! muchas gracias a ti, mi primer review XD, a mí también me costó entender esto de cómo subir historias =S, es todo un enredo, ojalá subas pronto tus fic para poder leerlos. Yo también amo a esta pareja y seguiré tu concejo, tu apoyo me motivó a publicar antes este capítulo y como último quiero que sepas que pretendo llegar hasta el final con la historia. Gracias y besos!
