28/Agosto/2018

Eventualmente tuve que decirle a mamá que no podía ir a clases el lunes y por qué. No reaccionó como yo esperaba, hecha una furia y abofeteandome tan duro que me dejaría sollozando aterrorizado como otras veces, ella sólo exhaló como esos dragones escupe fuego y se negó a dirigirme la palabra. Fue todo lo que hizo al respecto, no me alzó la voz ni me castigó el teléfono. Está harta de mí, y si no fuera porque ya lo hizo una vez, me habría echado a patadas a la casa de mi papá. Eso fue el año pasado, según ella porque estabamos mal económicamente y porque soy más apegado a él, pero yo sé la verdadera razón, recientemente me había estado gritando mucho y me maldecía de manera fluida por mis errores tontos y mis calificaciones, que iban decayendo al grado en que ya era inútil que siguiera yendo a clases y me sacó de la escuela a mitad de año, en consecuencia quedé repitiendo.

En la primaria no era tan brillante como Armin, pero mis notas eran buenas, sacaba puros azules y se lo presumía a mi prima Frieda, de la misma edad y mi competencia, por teléfono. El único ramo en el que tengo esas notas ahora es inglés y es porque adoro el idioma, matemática y lo que tenga que ver con ella sólo rojos, la depresión, mi baja autoestima y el bullying me han hecho perder el interés en la escuela, en hacer amistades, en mostrar una sonrisa honesta, me están aislando de las personas. Este año es mi peor año hasta ahora, ni ha terminado y ya es seguro que voy a volver a repetir, ¿Está mal que no me importe?

En el tiempo que viví con Grisha, que empezó bien y luego fue de mal en peor, no tenía claros cuáles eran mis problemas, digamos que todavía me negaba a aceptarlos, y dejé de asistir a psiquiatra porque estaba convencido de que estaba perfecto, de que no había nada malo conmigo, yo me sentía así. No tenía las cosas claras. El estrés de no estar a la altura de sus expectaciones, mi baja autoestima, los celos a mi hermana adoptiva, el resentimiento por lo que él no me había dado y a ella sí, los choques con Dina y su negligencia al preparar la comida que yo me negaba a comer a veces y más la dieta en la que me tenían, me hicieron bajar unos cuantos kilos. Todos lo comentaban, pese a que yo me veía igual que siempre. Mamá bromea que si quiero bajar de peso debo irme a vivir con ellos.

Fui al hospital psiquiátrico en la mañana, tenía hora con mi psicóloga, ella me agrada más que Hitch, su nombre es Nifa y es una chica joven y bondadosa, se nota que ama su profesión y ayudar a las personas. Le relaté la salida fallida del sábado y la pelea con mi mamá, mi pensar y cómo me sentí después. Le mencioné además que tuve otra oportunidad de salir con ella, que el lunes volvió a ir al centro y yo quise ir, porque no implicaba estar delante de un espejo, sería para compartir juntos solamente, hasta le habría aceptado un helado, pero que cuando le comenté la idea me dijo que no, así que no persistí.

—Eren, te voy a hacer una pregunta, y me gustaría que la respondieras con toda honestidad. —Dijo la doctora, completando sus anotaciones en su libreta. La dejó en su regazo y puso el lápiz encima. — ¿Cuántas veces en tu vida has persistido?

Me tomé un momento para pensar.

—Nunca —Asintió y cogió de nuevo el lápiz—, nunca porque siempre he tenido miedo de cómo reaccionará la gente, cómo reaccionará... Mi madre, ella me asusta.

—Mm, ¿Cuánto deseabas esa salida?

— ¿Mucho?

—Sin embargo, tu madre dijo que no y lo dejaste hasta ahí, no persististe. Porque esa es la palabra que usaste. —Señaló.

—Sí.

—Pudiste haber persistido, pudiste convencerla de otra manera, por ejemplo sonriendo de forma contagiosa como lo haces a veces, o con entusiasmo. Pudiste acercarte feliz, porque de eso depende cómo te responde la otra persona. ¿Ves a lo que me refiero? Hubieron cartas que tal vez no te hubieran funcionado con todo el mundo, pero sí con ella.

—Sí, también —Fui haciendo pausas inseguras—, ¿Recuerda que escribo cartas cuando quiero dar un mensaje? Pues escribí una historia sobre la salida de ese día y se la enseñé a mi mamá. Obtuve un ceño fruncido. El escrito era un tema personal, ya me tenía lo bastante incómodo, así que cuando ella me preguntó, ¿Por qué escribir algo sobre esa salida? Sólo le dije, ¿Por qué no?

—Te pusiste a la defensiva.

—Así es.

—Esta historia, ¿Se la enseñaste primero con un contexto? Por ejemplo, mamá quiero enseñarte cómo me sentí ese día, por qué me porté como lo hice. Quizás su pregunta no fue retórica, quizás quería una respuesta, entender por qué. ¿Persististe en hablar del tema?

—No. —Se me asomó una sonrisa a medias, avergonzada. Ups.

—Ahí hay otra cosa en la que debemos trabajar. —Rascó el papel con la punta del lápiz. —Ahora, hablemos de tus ganas de volver a participar en un taller de teatro, el lugar que se te ocurrió para socializar con la gente.

—Sí, pero no creo que sea posible.

— ¿Por qué?

—Porque mi mamá no quiere, digo, ya fui una vez, costaba dinero, mi padre pagó por adelantado. Yo fui un mes y luego dejé de ir, porque me sentía cohibido en la calle.

—Volvemos a lo de persistir, ¿Ves? Al final todo gira en torno a esa palabra.

Estuve de acuerdo y agregué que no hablaba con nadie, me era altamente incómodo, habían actividades que me negaba a hacer por mi falta de confianza y amor a mí mismo, y que cómo sigo sin tenerlos no creía que por volver fuera a haber un cambio. La doctora Nifa me dijo que debería saber que conocer gente y socializar siempre va a ser incómodo, ya que es normal, ninguna situación se salva de eso. Que conforme se repiten esos encuentros, la incomodidad va descendiendo pues te dan tiempo para acostumbrarte, haces amigos, ganas confianza.

—Tiene razón. —Le dije. —Porque tengo un amigo nuevo, creo, y ya no es tan incómodo como la primera vez que hablamos.

— ¿Ah, sí? ¿Cuál es el nombre de tu amigo? —Se inclinó hacia adelante, interesada.

—Levi. Es el hermano de una amiga de Isabel, la hermana que vive conmigo. No se lo dije, pero él me animó cuando estaba deprimido por la salida del sábado. No como yo esperaba, pero me hizo sentir mejor. —Me asaltaron las dudas. —Bueno, todavía no sé si fue un error confiar en él, supongo que lo veré hoy.

— ¿Un error por qué?

—Porque ya me ha pasado antes, confío en alguien y ese alguien se lo cuenta a todo el mundo, me hace a un lado y se burla de mí. No quiero que se repita, ya tengo suficiente con los idiotas de mi clase. Uno de ellos dijo el otro día que nadie me quería, y —Mi vista se puso borrosa. — no sé por qué me afectó tanto si ya sé que es cierto.

—Oh, Eren. —Me miró con lástima.

—Y no es la primera vez. Otro me dio un fuerte empujón y me dijo lo mismo.

— ¿Cuál crees tú que sea el problema?

—Soy muy callado, tiendo a aislarme de mis compañeros y se nota a metros mi inseguridad. Eso no les gusta.

—Entonces el problema sería con ellos, no contigo. Puede que tengan problemas en casa o inseguridades propias que odian y las proyectan en ti, las posibilidades son infinitas, pero el bullying no está justificado de ninguna manera, Eren. Repite, no hay nada malo conmigo, sino con ellos.

—No hay nada malo conmigo, sino con ellos. —Obedecí, no muy convencido.

—Otra vez.

Me hizo repetirlo un par de veces más, creo que para que se me quedara bien grabado en la cabeza. Dijo que por mis problemas con mi imagen y los espejos, tenía que hacerme la pregunta siguiente, si no me gusta lo que veo, ¿Puedo cambiarlo? Por ejemplo, mi estado físico. ¿Hay algo que pueda hacer respecto a eso? Sí, puedo hacer dieta o ejercicios. Otro ejemplo sería mi aspecto, cómo luce mi cara, ¿Hay algo que pueda cambiar respecto a eso? Si no es así, me dijo que entonces debo afrontar los espejos y aceptarme tal como soy. Para ir concluyendo, me preguntó con qué me quedaba de la sesión. Mi respuesta fue que debía persistir en cosas que realmente quiero, que le tenía que aclarar las dudas sobre el escrito a mi mamá y contarle de mi sesión, ya que nunca lo hago y ella se había mostrado interesada el otro día. La doctora Nifa sonrió con dulzura, dijo que me veía resuelto, lo que le alegraba mucho, y me agendó para otra hora.

Descendí el camino hacia el hospital psiquiátrico y tomé el autobus hacia mi escuela. Desafortunadamente, me perdí el primer recreo, llegué a la mitad del segundo período, la clase de matemáticas, y todas sus miradas estaban puestas en mí mientras caminaba a mi asiento. Armin dejó de copiar los ejercicios en la pizarra para saludarme con la mano y una sonrisa animada. Es el único que siempre anda de buen humor tan temprano, y por supuesto, es una de sus asignaturas favoritas, todas lo son. Le pedí que me enseñara a hacerlos, para no aburrirme y para que no me regañara el profesor, me da tanto miedo como mi mamá, lo llaman el Mapache. Mi amigo lo hizo con gusto, tengo la sospecha de que es a lo que quiere dedicarse. Así pasamos el resto de la hora y sonó la campana de recreo. Le conté lo que me había pasado con mi mamá y él se disculpó por no estar ahí para mí, porque le habían castigado el celular completo. Le dije que estaba bien, que estaba mejor y que alguien me había ayudado. Estuvo a punto de decir ¿Quién? Cuando en ese preciso momento entró Levi al salón y toda la atención se volcó sobre él, todos mis compañeros saben que es unos grados mayor, eso y su aura intimidante inspiran respeto. A diferencia mía, no pareció importarle y se acercó a mi pupitre con un andar sin vacilaciones que fue inevitable envidiar.

— ¿Qué pasa, Eren? ¿No vas a saludarme? Y eso que me tomé la molestia de venir hasta acá. —Me dijo a modo de saludo.

Yo cerré mi boca entreabierta con un click de mis dientes, eché un vistazo a mi alrededor y pasé saliva. Dios, todos nos estaban mirando, probablemente preguntándose qué hacía un chico como Levi hablándole a alguien como yo, hizo que la palma de mis manos se pusiera sudorosa.

—Buenos días, Levi. —Le desee con una tenue sonrisa. Estaba muriendo de nervios por dentro.

— ¿Cómo estás? —Sus ojos penetrantes me evaluaron. — ¿Mejor?

—Uh, sí. —Entré silenciosamente en pánico, no iba a hablar de eso frente a todos, ¿O sí? —Gracias otra vez.

—Sé que no soy tu mejor opción, pero si necesitas alguien con quien hablar, puedes acudir a mí. Soy bueno escuchando.

—Gracias, lo tendré en cuenta. —Armin alternaba su mirada curiosa entre los dos. —Este es mi mejor amigo, Armin. Armin, este es Levi, es el que me ayudó el sábado. —Los presenté con torpeza.

—Es un gusto conocerte. —El chico rubio lo saludó amable. —Gracias por estar ahí para Eren cuando yo no pude.

Levi dio un asentimiento y dijo: —Un placer. —Devolvió su mirada hacia mí, yo me inquieté, me siento desnudo cada vez que esos ojos intensamente azules me miran, tan inseguro. —Tengo que irme, mis amigos me están esperando, sólo vine a saludar. No pude encontrarte en el primer recreo.

—No estaba, tenía que resolver unas cosas primero. —Se estaba haciendo experto en hacerme sentir especial, me mordí la boca para no sonreír tanto.

—Ya veo. Quería invitarte a almorzar conmigo y mis amigos, Armin puede venir. Mi amiga Hanji me está fastidiando, está loca por conocerte. Tch. —Rodó los ojos con molestia.

Los míos se ampliaron por el pánico.

—Me encantaría, pero a Armin no le gusta estar con desconocidos. ¿Cierto, Armin? —Le di una patada por debajo de la mesa y le sonreí, suplicando que dijera que sí.

— ¿Mm? —Había estado distraído y respondió con una mirada medio ausente. —Ah, sí.

No creo que Levi me haya creído, me miró como esa vez en que dije que Mikasa no podía venir a nuestra casa porque debían tener cosas que hacer y le pedí que me siguiera la corriente.

—Ya veo. —Sonó severo. Mi sonrisa se borró. —Nos vemos entonces. —Se dio la vuelta y habló por sobre su hombro. —Por cierto, tu hermana le debe a la mía una cita de juegos.

Y se fue. Solté un suspiro aliviado.

—Gracias por cubrirme, Armin. —Lo miré agradecido, pero él seguía con la mirada ida, lo que me preocupó. — ¿Armin? ¿Estás bien?

—Estoy bien. —Murmuró, sacudiendo la cabeza para despertar del extraño trance. —Tengo un poco de sueño, es todo, no dormí mucho anoche.

Asentí y lo dejé tranquilo. Me apena haberle mentido a Levi y haber rechazado su amable invitación, él sólo quería presentarme a sus amigos y que comiera con ellos, por algún motivo quiere estar cerca de mí, pero no puedo hacerlo. No me es fácil socializar, me pongo tan nervioso que mi mente se queda en blanco y no sé cómo seguir la conversación, soy un desastre viviente. Sólo lo avergonzaría en frente de sus amigos.

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Tsubame Hime: Realmente me dejas en blanco con tus comentarios, son tan gratamente sorprendentes y encantadores, qué profundo análisis de la relación de Eren y su madre y sus problemas. Espero que este capítulo resuelva más de tus dudas y por supuesto que te guste. Muchas gracias por tu comentario.

Gracias por leer ❤️