Hola!

Aquí os traigo el nuevo capi del fic, espero que os guste, yo creo que el contenido será de vuestro agrado.

El capi es un poco más corto de lo habitual, pero era preciso dejarlo en ese momento para mi :3

¡Disfrutad!


Era realmente imposible no sentirse asustado en esa situación, tener el imponente cuerpo de Ren sobre el suyo realmente era como para tener terror. A pesar de que él mismo era un chico alto y con un cuerpo casi tan grande como el del rubio, aquello le hacía temblar de pies a cabeza.

-Masato, eres tan adorable…-. Se acercó a besarlo suavemente en los labios, provocándole escalofríos.

-I-Idiota, no puedes decirle eso a una persona a la que apenas le sacas unos centímetros…

Ren sonrió, definitivamente si que era adorable. Lo abrazó, dejando caer casi todo su peso sobre él. Lo besaba con calma, procurando que sintiese cada roce de sus labios.

El peli azul hacía todo lo posible por mantenerse sereno, pero le era imposible, aquellos besos le estaban enloqueciendo, mareándolo. El rubio abandonó sus labios, apoderándose de su cuello, lamiéndolo muy lentamente, todo lo lento que pudo.

Masato arqueó su espalda, dejando ir un jadeo. Inmediatamente después se cubrió la boca, avergonzado por ese sonido que no había podido controlar.

-No hagas eso, deja salir tu voz, nadie va escucharte.- Cogiendo su mano y apartándola con cuidado.

Siguió torturando su cuello, dando pequeños mordiscos.

-Vas a escucharme tú…-. Su respiración estaba entrecortada.

A pesar de sus quejas, el peli azul tenía la cabeza echada hacia atrás, dejando su cuello totalmente expuesto para su compañero.

-De eso se trata-. Sonrió pícaramente.

-Idiota…

Los brazos de Masato se enlazaron alrededor del cuello del rubio, atrayéndolo más, disfrutando de lo que le hacía.

El rubio besaba, mordía y lamía su cuello con sensualidad, arrancándole suspiros a su avergonzando compañero, era una sensación sumamente deliciosa.

Pronto sus manos comenzaron a deslizarse por su torso, colándose cuidadosamente debajo de su camisa. El peli azul dio un bronco y sujetó a Ren por los antebrazos.

-T-tú… ¿Qué haces?

-Quiero tocarte.

Masato se sonrojó ante esta tan sincera declaración de intenciones, odiaba que Ren fuese tan directo siempre.

-P-pero no puedes hacer eso.

El rubio sonrió juguetón. Se acercó a su oído sensualmente.

-Tranquilo, solo quiero tocarte un poquito, tu parte trasera está a salvo-. Atrapó el lóbulo de su oreja, succionándolo y mordiéndolo.

Masato sintió un escalofrió recorrer todo su cuerpo. Ren era odioso, sabía conseguir lo que se proponía sin ningún esfuerzo. Movió lentamente sus manos, dejando al rubio libre de su agarre, dándole vía libre para que hiciese lo que quisiese.

-Buen chico… cerró los ojos, sonrojándose, era débil a las palabras del rubio.

Las manos de su compañero volvieron a moverse, adentrándose lentamente bajo la camisa de su uniforme, acariciando su vientre, haciendo que se contrajese bajo sus manos a cada caricia.

-Tu piel es tan suave como me imaginaba.

-Cállate…-. Su rostro estaba encendido en carmín y su voz era temblorosa.

-Hace tiempo que imaginaba el cómo debía ser la piel bajo este uniforme, ¿Sabes?

Su voz sonaba profunda y ronca, muy sensual.

-Dios Ren, cállate de una vez…-. Levantó el tono de voz un poco, cubriendo su rostro con las manos.

Podía sentir todas y cada una de las palabras que le decía retumbado en su cabeza, haciendo que el cosquilleo de su vientre se intensificase cada vez más, haciéndole sentir calor por todo el cuerpo.

El rubio se limitó a sonreír, era divertido ver todas las reacciones que tenía su compañero.

Continuó deslizando sus manos bajo aquellas ropas, pero era incómodo, así que agarró el borde del jersey de Masato y tiró de él hacia arriba, sacándolo. El peli azul se dejó hacer, pero todo su cuerpo temblaba de nervios.

Lo volvió a recostar en la cama, besándolo, acarició su pelo, su rostro, su cuerpo, para volver a deslizarse bajo su camisa, que ahora quedaba más holgada. Subió por su torso, rozando uno de los pezones de Masato.

-¡Aaah! ¡Ren! ¿Qué demonios…?

El rubio se quedó paralizado ante la reacción del peli azul, jamás se hubiese imaginado que lo sentiría tan intensamente.

Comenzó a desabotonar la camisa de su compañero, necesitaba ver más de aquellas expresiones.

-¡E-ei! Me dijiste que no harías nada, tú, gran mentiroso.

El peli azul forcejeaba un poco con el rubio, agarrándolo de las manos.

-Y no lo haré, solo quiero tocarte, no hay motivo para estar tan asustado…-. Acabó de desabrochar su camisa y la deslizó hacia los lados, abriéndola para dejar al descubierto el pecho de Masato.

Su pecho subía y bajaba rápidamente, sus ojos entrecerrados le miraban fijamente, estaban un tanto vidriosos de emoción, sus mejillas estaban dulcemente encendidas en rojo y sus labios estaban hinchados y enrojecidos por los besos.

-¿Qué estás mirando?

-Solo contemplaba la imagen tan sexy que me estás ofreciendo ahora mismo.

Bajó la cabeza hasta su pecho y lo besó en la clavícula, mordiéndola suavemente.

-Nhh… Ren, deja de tomarme el pelo…-. Se aferraba con fuerza a los hombros del rubio.

Sonrió contra la blanquecina piel del otro y la lamió. Deslizaba las manos por sus costados, sintiendo cada forma que se hacía en ella, haciendo que toda aquella información se almacenase en su mente para poder recordarla una y otra vez.

Atrapó uno de los pezones del peli azul en su boca, rodeándolo con la lengua suavemente. Masato gimió sonoramente arqueando su espalda. Trató de detenerlo, pero Ren lo sujetó por las muñecas.

-Ren… No… Se siente raro…-. Se retorcía apenas sin fuerza.

-Yo creo que se tiene que sentir bien, los sonidos que haces me dicen eso, y también…-. Bajó su mano lentamente, hasta ponerla encima de la entrepierna de Masato.- Parece que lo estás sintiendo intensamente.

-¡Ren! ¡Para ahora mismo! N-no m toques, ¡Deja de burlarte de mi!

-No me burlo de ti Masato, te estoy amando.

-Nngh… Idiota.

Ren coló sus manos dentro del pantalón de su compañero, acariciándole por encima de su ropa interior.

-¡N-no!

-Tranquilo-. Rozó insistentemente, notado como el miembro de Masato se estremecía, hinchándose cada vez más, la tenía considerablemente grande.- No lo puedo hacer apropiadamente, desabrocha tu pantalón.

Masato miró desafiante al rubio. El peli azul tenía ese porte que sólo algunos hombres adultos poseían, con aquella mirada altiva y digna, llena de orgullo. Aquello excitaba a Ren, ver a Masato completamente rendido a sus caricias sabiendo el gran orgullo que tenía era increíblemente erótico.

-¿Lo harás? Por mi, por favor…

La voz de Ren era tan seductora y ansiosa que sobrecogía al peli azul, ¿Cómo podía negarse a lo que le pedía si lo hacía con esa voz? Se odiaba a si mismo por ser tan débil ante él.

Tragó saliva y dirigió sus manos al cierre del pantalón. Desabrochó el botón primero, sus manos no podían parar de temblar, haciéndole realizar la tarea torpemente. Cogió la cremallera firmemente, comenzando a bajarla lentamente, escuchando como su ruido inundaba la habitación. Una vez hubo acabado miró a Ren, expectante.

-Diablos… Masato… ¿De verdad estás haciendo esto inconscientemente? Deja de seducirme, estoy intentando contenerme…

El rubio agarró la erección de su compañero por encima de la ropa, la tela estaba empezando a mojarse. Por su parte Masato no podía apartar la mirada de su compañero, decía que él le estaba seduciendo, pero en esa cama el único que estaba desprendiendo sus sexys feromonas era él, mirándole con esos ojos profundos, hablándole con voz ronca, casi en susurros. Todo su cuerpo se estremecía a cada toque de sus manos.

Aquella pieza de ropa estaba molestándole en el camino de disfrutar de aquel cuerpo, así que los bajó un poco junto a los pantalones de Masato, dejándolos a la altura de las rodillas. Agarró su miembro, comenzando a masturbarlo lentamente, lamiendo su ombligo a la vez.

-¡Ren!-. Su cuerpo se tensó, pero no podía moverse o pensar, estaba paralizado, la mano de Ren le quemaba, le escocía en la piel, sentía un placer tan desesperante que sentía que se volvería loco.- E-es vergonzoso Ren…

El rubio subió, sin dejar de acariciar su miembro, para poder besarlo profundamente, enredando su legua con la de Masato.

Aumentó el ritmo con el que subía y bajaba por el hinchado miembro del peli azul, haciendo que un sonido húmedo saliese.

-¡No! ¡Ren para! E-ese sonido es tan humillante… Ahh… No…-. Sus manos agarraban las ropas de Ren, retorciéndolas.

-Yo no diría eso… Es tan erótico… Hasta estas moviendo las caderas por ti mismo.-Lamió su oreja, para después morderla seductoramente.

Era cierto, aquello le excitaba, estaba extasiado. Jamás nadie le había tocado ahí, incluso si el mismo lo había echo, habían sido contadas ocasiones. Y, oh dios, Ren era tan bueno, moviendo su mano sin parar, parecía no cansarse nunca. Le hablaba al oído haciendo que el calor de su cuerpo aumentase sin parar, ¿Hasta que punto iba a conseguir excitarlo? Sentía que ya estaba en su límite, que iba a morir de placer, pero entonces el rubio conseguía que un nuevo escalofrío recorriese su cuerpo. Iba a volverse loco de remate.

-Para… No… Nnh… Ren yo… N-no puedo aguantar mucho más… Ahhh…

El rubio invadió su boca, violándola con su lengua, besándolo de una manera obscena, mientras aumentó de manera frenética el ritmo con el que lo masturbaba.

-M-me… ¡Ren!... Aaaah…

Quería hablar, pero no podía, de su garganta solo podían salir gemidos, se encadenaban, uno detrás de otro, dejándolo sin respiración por muy profundo que intentase respirar.

Pero no necesitaba decir nada, Ren lo sabía, sabía que estaba apunto de explotar. Masato agarró con fuerza los cabellos del rubio, aferrándose a ellos con desesperación, mientras su cuerpo empezaba a contraerse, de su boca solo salían gemidos lastimosos, con desesperación.

Se corrió, apretó los cabellos de Ren con fuerza, llegando a hacerle daño, haciendo que su cuerpo se arquease sin poder hacer nada para impedirlo, manchando la mano del rubio y su propio pecho. Gritó el nombre de Ren, haciendo que quedase ahogado dentro de la boca de éste. El sentimiento había sido tan intenso que no pudo reprimir un par de lágrimas que resbalaron por sus mejillas.

Masato miró a Ren con los ojos vidriosos, estaba sudoroso, su respiración estaba agitada, y sus mejillas estaban sonrojadas. Se cubrió la cara con los antebrazos.

-No me mires por favor… Me siento tan avergonzado que me quiero morir.

Ren rio, el peli azul realmente era adorable, con aquellos gestos que solo él podría hacer.

-¿De qué hablas? No hay nada de lo que avergonzarse, ha sido realmente hermoso verte así.-Su corazón dio un brinco.- Será mejor que vayas a la ducha.

El rubio agarró un pañuelo de papel de encima de la mesa y se limpió la mano.

-¿Eh? Pero…

-¿Si?-. Miró al peli azul sonriente.

-¿Esta bien que solo yo…?

Ren rio de nuevo. Agarró la mano de Masato y la dirigió a su entrepierna, haciéndole sentir su erección.

-Solo de mirarte ya me he puesto así, si comenzases a tocarme no podría controlarme. Querría hacértelo-. Masato dio un brinco sorprendido-. ¿Crees que podrías soportar todo esto dentro de ti? Si llorases por mi culpa creo que no podría volver a levantarlo nunca más.

-I-idiota ¿Quién va a llorar?

El rubio besó a su compañero en la frente, sus cabellos se pegaban a ella por el sudor.

-Ya habrá tiempo para todo, ahora ve a la ducha antes de que me arrepienta de dejarte escapar tan fácilmente.

El peli azul asintió con la cabeza. Se levantó de la cama con dificultad, sus piernas temblaban, haciéndolo andar torpemente. Se subió un poco los pantalones, sin llegar a abrocharlos, y se dirigió a la ducha.

Encendió el agua caliente y la dejó correr hasta que comprobó que tenía una temperatura agradable. Se desnudó, arrojando su ropa sudada y pegajosa al cesto que tenían específicamente para eso, y se metió bajo el agua.

Aquel calor le resultaba agradable y reconfortante después de todo lo que había sudado.

Apoyó sus manos contra las frías baldosas dela pared. Aún temblaban.

Ren era sobrecogedor, lo hacía enloquecer hasta el extremo. Incluso por un momento había deseado que le hiciese el amor, dándole igual el dolor insoportable que eso supondría. Jamás nadie lo había tocado antes, jamás había llegado a ser tan íntimo con alguien ni mucho menos.

Eso le asustaba, Ren era terrorífico, sentía que lo desnudaba completamente, dejándolo indefenso contra el, haciendo que con una sola palabra de sus labios él sucumbiese.

Pero a pesar de eso, por alguna extraña razón que no alcanzaba a comprender, eso le gustaba y lo hacía desear cada vez más y más de él.

-Debo de estar volviéndome loco…