Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a su autor Kishimoto-sama, este fic lo hice solo y únicamente como diversión

Parejas: SasuxNaru

Autoras: Hatake Saori y Youko Saiyo (Lizerg-chan).

Aclaraciones y Advertencia:

Beta: Usarechan

4.-Convivencia

Sasuke estaba sentado bajo una pequeña ventana- la única en realidad-. La poca y escasa luz del sol que se colaba, chocaba contra una de las esquinas, iluminando precariamente aquella habitación, condenada a las penumbras igual que su dueño.

Inconscientemente, comenzó a recordar al joven aprendiz: era una persona extraña, tan distinta a todas las que él había conocido- no es que fueran muchas-

El rubio parecía ser sincero, algo ingenuo, distraído, incluso torpe, atolondrado y tonto; quizás era por eso que le hablaba como si fueran ¿amigos?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido chirriante de la puerta. Sonrió automáticamente al ver que se trataba de su madre.

—Sasuke—la voz de la mujer era dulce y tierna. La mujer se acercó al azabache, sentándose a su lado, lo atrajo a su pecho en un abrazo.

Sasuke tan solo se dejó hacer: se sentían tan bien entre los brazos de su madre, aquel pecho que tantas veces lo acunó y protegió.

—Tengo buenas noticias para ti cariño —le dijo Mikoto con dulzura mientras acariciaba su cabello —, le has agradado al joven alquimista —comentó con una pequeña sonrisa al ver la expresión confusa que tenía su hijo — ¿Te gustaría que fuera tu compañero?

Sasuke miró a su madre, extrañado y confundido, ¿A qué venía aquella extraña pregunta?

— ¿Cómo que compañero, madre?—preguntó con la propiedad característica que corresponde al joven príncipe, aunque por dentro su corazón palpitaba a toda prisa.

—Tú sabes amor —continuó tranquilamente la reina —. jugarán juntos, se bañaran juntos, dormirán juntos y hasta podemos hacer que les traigan una mascota al castillo.

Sasuke bufó con fastidio, a veces su madre se olvidaba que ya no era un niño pequeño, y que incluso cuando lo era, no debía hacer ese tipo de cosas.

—Entonces ahora mismo ordenaré que mude sus cosas a tu habitación —decidió Mikoto sonriente.

— ¿Mi habitación?—preguntó repentinamente Sasuke — ¿Cómo que mi habitación? —replicó, con un ligero tic en el ojo derecho.

—Cariño, ¿Pues entonces donde pensabas que iba a dormir?

Sasuke frunció el ceño. Ya había tenido suficiente con haberlo tenido de entrometido en su biblioteca privada, para que encima, ahora tuviera que compartir también SU habitación con él.

—Nadie entra a mi habitación —afirmó Sasuke sombríamente. Aparte de Mikoto, Itachi y en algunas raras ocasiones Kakashi, nadie más iba a visitarlo nunca, y en realidad, no pensaba que le hiciera falta.

Mikoto se levantó sin haber oído lo dicho por su hijo- o al menos lo fingió- y caminó elegantemente hasta la salida de la habitación.

—No te preocupes querido. Esta misma tarde, el chico vendrá aquí —anunció con dulzura.

Y sin más, salió de la habitación ante la mirada perpleja de su hijo.

···

Naruto caminaba cargado de todas sus cosas por el más oscuro pasillo del castillo, según su opinión. Apenas unas débiles antorchas iluminaban el camino, ayudando a la pobre orientación de Naruto, porque desde cierto punto, los criados y cortesanos tenían prohibido el paso.

Aquel camino –le explicó al rubio un entusiasta chico vestido de verde que se encontró en las caballerizas –, que estaba más allá de los adoradores de Jashin y los avaros, conducía a los aposentos del "joven príncipe", a quién solo pocos podían visitar, y que según rumores entre la servidumbre, el príncipe solo salía de noche a dar largos paseos por los jardines de la fortaleza.

—Ahora resulta que aparte de maldito es vampiro —dijo Naruto para sí mismo medio en broma y medio en serio, mientras entraba por una puerta que según las estrictas indicaciones de Kakashi, conducía a la habitación de Sasuke.

— ¿Hola? —preguntó un poco temeroso a que un par de colmillos le saltaran a la yugular.

—Pasa —le contestó Sasuke mirándolo con detalle desde la pared contraria.

Naruto dio un paso cuando tropezó con él mismo, y cayó al suelo, tirando todas sus cosas y armando un gran escándalo.

Sasuke suspiró malhumorado, puso los ojos en blanco. Ahora comprobaba que la primera impresión que había tenido de él había sido la correcta: torpe y atolondrado.

—Dobe —lo llamó con desaprobación —. Deja de hacer al tonto.

—No me llames así, además no ha sido mi culpa—saltó enseguida el rubio— si este lugar no estuviera tan oscuro…

Pero en cuanto sus ojos se acostumbraron a las penumbras, dejó de quejarse en seguida, porque se dio cuenta de que aquella habitación era- y por mucho- la habitación más hermosa en la que jamás había estado.

Se quedó pasmado un segundo, pero se repuso pronto y se encontraba dando brincos por toda la estancia, ante la asombrada mirada de Sasuke, que solo lo veía abrir todos SUS cajones y puertecillas y chillar emocionado mientras levantaba SUS cosas.

— ¡Increíble! ¡Jamás había visto uno de esos! ¡Siempre quise uno de estos ttebayo! —dijo levantando en su mano un collar que llevaba un cristal azulado como colgante.

Sasuke caminó hasta el rubio y de un manotazo se lo arrebató.

—Deja mis cosas en su lugar, ni siquiera sabes lo que son —gruñó molesto. El joven alquimista, infló las mejillas.

—Como quieras —Naruto se encogió de hombros — ¿Y dónde guardo mis cosas ttebayo? —preguntó antes de abrir los cajones de nuevo.

-En ningún lado, no hay lugar—Sasuke se apresuró a cerrar de golpe uno de los cajones más cercano a su cama, en el que precisamente Naruto ya había ido a meter sus narices.

—Pero si hay muchos cajones —objetó el rubio intentando quitar las manos del príncipe —, alguno te debe de sobrar ttebayo.

Comenzaron a forcejear con el cajón, y aunque la complexión de Sasuke era más frágil por la falta de luz solar, era tan testarudo como Naruto y no iba a permitir que le invadiera su habitación un tipo cualquiera.

— ¡Deja mis cosas, yo ni siquiera pedí que vinieras!

— ¡Pues yo tampoco rogué por esto precisamente ttebayo!

Hasta que en su juego de estira-y-afloja, hizo que uno de los dos perdiera el equilibrio –no es difícil imaginar quién –y cayó a la cama llevándose al otro por delante.

—Quítate —ordenó de inmediato el príncipe al verse bajo el cuerpo del rubio, pero este, que por lo visto acababa de encontrar algo muy interesante en los ojos oscuros del azabache, no se movió ni un centímetro.

—Tus pestañas son muy largas —comentó, inocentemente Naruto después de unos minutos de estar sobre Sasuke.

— ¿Eh? —el príncipe hizo una mueca de total confusión—Y tú… tienes los ojos muy azules —contestó por fin.

Naruto sonrió, y entonces Sasuke se dio cuenta de que, tenía una sonrisa que contrastaba con la oscuridad en la que vivía.

—Naruto, tu padre me ha pedido que…

Kakashi se quedó helado en el marco de la puerta, sosteniendo un pequeño libro en sus manos, al ver al joven alquimista sobre su príncipe.

—Kakashi —murmuró Sasuke más pálido que de costumbre —. Esto no es lo que…

—Ajajá —exclamó el peli-plateado sonriente bajo su máscara —. Así que este es el rollo que te traías con el joven príncipe, Naruto pícaro.

Naruto se incorporó de un movimiento y corrió hasta Kakashi y comenzó a chillar, como era su costumbre.

— ¿Cómo puede decir eso?, es usted un pervertido, ya lo decía yo, seguro la máscara es para ocultarle la cara de pervertido…

Sasuke se sentó en el borde de la cama, mirando a Naruto y Kakashi discutir. Se llevó una mano al pecho y hasta entonces se dio cuenta de que su corazón latía como nunca antes lo había hecho.

—Prometo que no le diré a nadie —dijo el peli-plateado —. La próxima vez cierren la puerta con seguro, cuando quieran "jugar" —dijo con burla.

— ¡No estábamos haciendo nada, ttebayo! —Kakashi tan solo rió bajito. Naruto infló las mejillas — ¿A que has venido?

—Tú padre quiere que vayas a verlo —el rubio lo miró, como esperando que le dijera, ¿Qué quería su padre? Pero Kakashi tan solo le sonrío bajo su máscara y salió de la habitación.

El joven alquimista murmuro algo en árabe, miró al príncipe quien lo veía con la confusión impresa en su rostro.

—Él es muy extraño ttebayo —comentó con una sonrisa nerviosa.

—No me vuelvas a tocar —gruñó molesto. Naruto infló las mejillas a modo de puchero.

—Eres un teme ttebayo —gruñó el rubio —. Enseguida regreso.

Sasuke deseaba decirle que por él no regresara, pero por alguna razón las palabras no habían podido salir.

A Naruto aquellos pasillos se le hacían cada vez más aterradores, ¿Cómo alguien podía llamar a ese lúgubre lugar su hogar?

—Parecen vampiros ttebayo —dijo para sí en árabe, para evitar que alguien pudiera entenderle.

Por suerte esta vez el rubio logro llegar a la biblioteca –donde sabía que estaría su padre y abuelo –, sin perderse.

— ¿Qué sucede, padre? —le preguntó con cierto cansancio.

—Has olvidado algunas cosas —le dijo el alquimista mayor, entregándole un libro: el Kamasutra. Lo que le ganó una serie de gritos por parte de el más joven y fuertes regaños por parte de Minato.

—Padre, ¡¿Cómo se te ocurre darle eso a Naruto?! —lo reprendió molesto —¿Qué demonios crees que va a hacer Naruto con el príncipe?

Desde su último viaje a la india; el mayor de los Namikaze se había vuelto aun mas pervertido –si esto fuera posible –. Después de una pequeña platica, el rubio regresó a la habitación del príncipe, llevando consigo algunos libros que debía investigar.