Disclaimer: Sherlock ni ninguno de sus personajes me pertenecen.

Muchas gracias a Lady Indomitus y a Antartida por sus review y a todos los que siguen la historia :)


~ Ahogados ~


Su vida se alejaba de Tom pero tampoco volvería a acercarse a Sherlock. No podía volver a caer o mejor dicho, tenía que terminar de salir. Pues a pesar de todo seguía enamorada de él. Era la única razón por la que había roto su compromiso con Tom. Le quería pero su corazón seguía perteneciendo al detective y ella no era tan egoísta y cruel como para continuar con esa mentira que, a la larga, los hubiera destrozado a los dos.

Pero, además, ahora tenía más claro que nunca que su lugar tampoco estaba junto a Sherlock. Estaba completamente desilusionada. Había vuelto a ver al yonki. Cuando le vio entrar de esa guisa a la morgue y dio positivo en el test de drogas fue como si hubiera estado viviendo en un mundo imaginario y de repente este explotara. Con el paso de los años creía que había dejado de idealizarle, ahora se daba cuenta de cuan equivocada estaba. Nunca había dejado de ser el yonki.

Ni si quiera que el detective hubiera estado al borde la muerte de nuevo, en ese momento en que le dispararon, hizo que la postura de Molly se suavizara. Se había preocupado, había ido a verle pero al igual que antes era casi imposible que apartara la mirada de él ahora no era capaz mirarle a los ojos. Seguía furiosa con él, pero no era sólo eso. Se le sumaba la decepción y lo patente que había quedado su propia estupidez. Algo se había roto en ella respecto a Sherlock Holmes.

Todos estaban reunidos en Baker Street tras la aparición de Moriarty en cada pantalla de televisión del Reino Unido. Molly estaba inusualmente tranquila, no parecía albergar ningún temor al respecto. Sherlock daba instrucciones sobre mantenerse alerta e informarle sobre cualquier cosa fuera de lo común que ocurriera por ridícula que pudiera parecer.

Había estado tan distraída que ni si quiera se dio cuenta de que la gente había empezado a abandonar el piso. Sólo salió de su ensimismamiento cuando escuchó su nombre en la profunda voz perteneciente al detective asesor.

La forense parpadeó varias veces para después ponerse en pie y empezar a recoger sus cosas. No le miró pero sí respondió. Estaban solos y quería salir de allí cuanto antes.

-¿Si?-

-¿Te encuentras bien Molly?-

-De maravilla-

Su relación había cambiado desde que había regresado de sus tres años de ausencia. Él controlaba el tono y la forma en que se dirigía a ella, como queriendo asegurarse de que nada de lo que dijera fuera a herirla. Ella ya no se volvía una adolescente incapaz de hablar en su presencia.

-No me has mirado en toda la tarde- Molly estaba terminando de ponerse el abrigo.

-Sé exactamente cómo te ves- Respondió echándose su bolso al hombro para después caminar hacia la puerta.

-Sigues enfadada y no entiendo por qué- Molly paró en el quicio de la puerta pero no se dio la vuelta.

-¿No entiendes por qué?- La voz de Molly sonaba calmada, desganada.

-No. Todos han dejado pasar el incidente de las drogas. No entiendo por qué tú no. Es más no entiendo qué tiene que ver contigo si tomo drogas o no. Es asunto mío, no tuyo-

La forense giró lentamente y clavo su mirada marrón sobre él. A veces daba gracias por la incapacidad del detective por controlar su sinceridad. Después de todo ella no era importante. El dolor de esa revelación era tan común, llevaba tantos años viviendo con él, que lo que hizo que aumentara fue esa sensación de ahogo que llevaba sintiendo varias semanas. Se estaba ahogando. Tom y Sherlock la estaban hundiendo en las oscuras aguas del amor no correspondido. Ella no podía amar a Tom como se merecía y Sherlock no podía amarla como ella desearía. Ya había soltado la mano de Tom, ahora debía soltar la de Sherlock para poder salir a flote.

El detective estaba delante de la ventana con las manos en los bolsillos. Él también la miraba fijamente de esa forma en la que mira un puzzle. Estaba intentando deducirla. Pero había algo más en él, Sherlock era plenamente consciente de lo inoportunas que habían sido sus palabras.

-Ninguno de ellos te ha visto morir por culpa de las drogas- Sherlock torció el gesto ante esa información.

-¿Qué estupidez es esa? Molly si estás en algún tipo de shock por lo de Moriarty … -

-Hace seis años te escapaste de un hospital tras sufrir una sobredosis- Le interrumpió Molly. Tenía un aire mezcla de cansancio y seriedad.

-Mycroft no puede mantener la boca cerrada … - La expresión de Sherlock se tornó enfadada al tiempo que sacaba las manos de los bolsillos y su posición se tensaba.

Molly negó con la cabeza lentamente y tomó aire. Era como si le costara un gran esfuerzo hablar.

-Yo estaba allí. Tu corazón se paró, mi adjunto dejó de practicarte la RCP. Yo me lancé sobre ti y continué con la reanimación. No podía soportar ver morir a alguien pero tú no reaccionabas. Empecé a golpearte el pecho con el puño, mi adjunto me decía que lo dejara y estuve apunto de hacerlo pero abriste los ojos. Pocas veces en mi vida he sufrido tanto como en ese momento – Los ojos de Molly se estaban llenando de lágrimas pues le dolía recordarle así. Era insoportable para ella ver la predisposición que actualmente tenía para volver a ese estado. Parpadeó con furia para luchar contra el llanto - Estabas en los huesos, pálido, sucio. Te llamé "El yonki huído" ¿Te haces una idea de lo que ha sido para mí volver a verle? ¿Al yonki?

La expresión de Sherlock en ese momento era indescriptible. Era el rey poniendo cara de póker.

-Molly … - Susurró y avanzó hacia ella pero la forense se alejó.

-No, Sherlock. Todos estos años he vivido un estúpido amor platónico. Eres lo que vi en esa camilla hace tantos años, no el hombre perfecto que yo creía. Tienes razón, tú no eres asunto mío. Y con el tiempo dejarás de importarme, te lo prometo- Molly apretó con fuerza los puños y los dientes para asegurarse de que no lloraría a pesar de estar llevando a cabo una de la conversaciones más dolorosas de toda su vida.

Por su parte el detective se había quedado mudo, lentamente pasó por el lado de Molly y se encerró en su habitación. Allí Sherlock Holmes hizo el intento de respirar hondo y borrar toda esa conversación de su palacio mental, fracasando en ambos propósitos.

Muchas veces a lo largo de los años hacía dicho un "se acabó" efímero. Esta vez era muy distinto. Había abierto los ojos y estaba cansada. Él no era para ella. Ni si quiera "El yonki huído". Salió con paso lento de Baker Street creyendo que al hacerlo la sensación de ahogo se desvanecería pero no fue así. Estaba dando carpetazo a una parte muy importante de su vida con la boca llena de hiel por ser plenamente de las múltiples formas en las que había estado engañándose a sí misma. Sólo cuando se encontró refugiada en su hogar se permitió llorar. Finalmente Molly Hooper había renunciado a Sherlock Holmes mas ella siguió ahogándose y él la seguía.