Yukihana-Hime: ¡Nuevo Capitulo!
Tetsuna Hibari: ¡Esperamos les guste!
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Título: Desde las sombras
Resumen: Midoriya Izuku es un joven que el destino le ha dado tanto como le ha quitado... No le dio quirk, pero si le dio un cerebro que le llevo a alguien que puede darle uno. No le dio un gran padre, pero si una grandiosa madre. No le concedió una infancia llena de alegría, pero si a alguien con quien ser inmensamente feliz por momentos. No le dio un camino fácil, pero si las herramientas para vivirlo. Es por eso que, llegado a un punto de su vida, Izuku comienza a preguntarse, ¿realmente a que ha nacido?
Clasificación: +16 años.
Categoría: Boku no Hero: Academia.
Pareja: Shimura Tenko x Midoriya Izuku / ShoHimi / StaDabi / Kachako
Género: BL, Drama, Tragedia, Romance, Semi-AU, SoulMate.
Advertencias: Muerte de personaje, Mpreg, Lemon.
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Capitulo 3 - Nuestros Días. Prt I
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Caminaba tranquilo, las clases del día habían terminado por lo que se iría directamente a casa, siguiendo la rutina que se creó tras la partida de su padre y el reciente trabajo de su madre. Procuraba pegarse a grupillos de niños de otro salón y no interactuar con ellos para no sobresalir, no se sentía con ánimos de llamar la atención de Ka-chan y que continuara con sus burlas sobre sus nulos poderes. Le dolía saber que fue gracias a su mejor amigo que ya todos en el colegio sabían que nunca tendría individualidad.
Había tenido la peor semana; en donde cada noche lloraba en silencio hasta quedarse dormido, despertando por la dulce voz de su madre que simulaba no ver sus ojos rojos a causa del llanto ajeno e ignoraba los propios, soportando dolores de cabeza por la tarde así como la repentina soledad que reinaba en su casa cuando su madre salía a trabajar.
Le hubiera gustado que Tomura le visitara pero nunca paso y tampoco es que le sorprendiera, así había sido su relación desde el principio; solo verse cuando el mayor se apareciera. Seguía sin entender del todo que tipo de relación tenían, pues a pesar de que tanto Tomura como Inko le habían explicado sobre ser una pareja de almas gemelas, no comprendía que era diferente a una amistad . Lo único que su inocente mente entendía de todo, es que estaban destinados a estar juntos, quererse y ser feliz. O al menos eso pensaba tras ver un programa en televisión que mostró la vida de dos héroes que eran pareja destinada.
Levanto la mirada al escuchar algunos murmullos de parte de todo los niños cerca de la entrada, centro su atención hacia donde miraban los demás, siendo imposible evitar una sonrisa brotara de sus labios. Corrió los mas rápido que podía hasta llegar con el chico mayor que llamaba la atención con su vestimenta negra y aura solitaria.
— ¡Tomura! - grito, lanzándose hacia el contrario y envolverlo en un abrazo.
El chico de cabello celeste tuvo que dar un paso hacia atrás para evitar que ambos cayeran al suelo a causa del empuje.
— Izuku – llamo con voz severa, odiaba ser observado a causa de muestras de afecto del menor.
No negaría que algo que le gustaba de su pequeño compañero era su alegría y su gran corazón pero odiaba ser victima de miradas ajenas.
— ¿Que haces aquí? - pregunto el pequeño Kumo, ignorante del regaño en el tono de voz del contrario.
Continuo abrazado al torso del mayor, mirándolo con alegría. No quería soltarle temiendo que se fuera y no volviera en días, dejándolo solo de nuevo. Tomura trato de empujarle de los hombros para que le soltara pero Izuku se aferro mas, rindiéndose al verle acomodarse mejor y con un puchero en los labios.
—Pasaba por aquí y pensé en venir a verte – Mintió.
La verdad era que había ido a recogerlo, queriendo ser invitado nuevamente a la casa de los Kumo, se había resistido toda una semana a su impulso por buscar a Izuku en su hogar y probar la comida con su futura suegra, estaba harto de la comida instantánea que preparaba Kurogiri para él. Y muy en el fondo, nunca aceptándolo en voz alta ni para si mismo, disfruto el ambiente hogareño y la calidad que transmitían los dos peli-verdes.
Izuku sonrió de oreja a oreja, feliz de que Tomura le visitará. Sin reprimirse e ignorando que había llamado de más la atención ajena, le tomo de la muñeca.
—Entonces vamos, tengo que ir a casa a cambiarme de ropa y comer, pero luego podemos ir al parque.
Tomura pensó decirle que prefería que se quedaran en casa, lejos de ojos ajenos que le miraban con disgusto por sus cicatrices y donde solo serian ellos dos y una dulce señora que le miraba -extrañamente- agradecida, pero guardo silencio al ver la mirada de ilusión del menor, que seguía parloteando de todo lo que podían hacer al pasear por el parque.
Era débil a la mirada verde de los Kumo.
— ¿Tomura?
— ¿Estas seguro que vaya a tu casa?
Pregunto al pensar que tal vez Inko lo hubiera tratado bien solo por aquella ocasión y en este nuevo encuentro se topara con otra actitud. No seria la primera ocasión y en este nuevo encuentro se topara con otra actitud. No seria la primera vez que las personas le mintieran o fingieran ser algo que no eran.
—Si, mamá estaría feliz de que pase tiempo contigo –le sonrió, dándole confianza- Ayer me pregunto por ti en la cena.
Izuku volvió a tomarlo de la muñeca y lo jalo instándolo a irse. Tomura y el no dieron mas de dos pasos cuando fueron interceptados por uno de los profesores del menor, que les había mirado desde hace poco. Algunos alumnos habían regresado a los salones en busca de un profesor a decirles que un chico mayor y aterrorizante estaba en la entrada. Y no se equivocaron, el visitante era escalofriante. Cuando vio al chico que no era de su escuela junto al pequeño Kumo, temió lo peor, no era un secreto para ellos que el infante sufría abusos de los demás a causa de su falta de singularidad.
—Izuku, ¿lo conoces? -pregunto confundido al ver que era su alumno quien mantenía el contacto con el contrario.
—¡Si, es Tomura! –contesto feliz- Mi...
—Soy su vecino. -le interrumpió al darse cuenta de lo que diría – La señora Inko, su madre me ha pedido venir por él. – Izuku volteo a mirarlo confundido y con intenciones de decir que no era verdad pero guardo silencio al sentir un apretón en su mano de parte de dos dedos del contrario – Ella tenia trabajo y no estará en casa, así que me pidió que lo cuide un rato –termino de explicar con tranquilidad.
Era una mentira descarada pero esperaba que fuera convincente para el molesto adulto que fingía preocuparse por su alumno cuando en realidad le preocupaba que lo regañaran por no hacer bien su trabajo. Estaba seguro que ese hombre no le importaba que le pasara a Izuku, si no mas bien los problemas que tendría de permitir que algo pasara a un alumno cuando el debía supervisar.
El maestro nunca había visto ese chico y tampoco había escuchado de la señora Kumo sobre que recogerían a su hijo, no era algo habitual. Miro a Izuku, quien a pesar de parecer inquieto, le había visto sonreír como no lo hacia desde aquel día en que recibió tan terrible noticia, ese pequeño gesto bastaba para sentirse mejor, Izuku encontraría la felicidad aun en esa vida especial. Razón por la que a pesar de que el niño mayor le parecía sombrío, no hizo nada mas ¿Quién era el para quitarle a su alumno una amistan que realmente parecía hacerle feliz?
—Entiendo, gracias por la explicación –le sonrió a Tomura y acaricio la cabellera verde del mas pequeño - Nos vemos mañana Izuku-chan.
—Si, profesor –le sonrió al adulto y comenzó a jalar a su amigo con el.
Lejos del colegio y camino a casa, lado a lado, Izuku rompió el silencio que el mismo había forzado tras no contestar un comentario del mayor sobre lo entrometido que era ese maestro.
—Tomura... ¿Cómo sabias que mamá esta trabajando? - una a una preguntaría las dudas que tenía.
El oji-rojo lo miro fugazmente y sin detener su andar, pensando en no contestarle y hacerle sentir ignorando, tal como el se sintió momentos atrás pero le fue imposible; podía golpear hasta casi matarlo, ignorar a todos y torturar a quien le hiciera siquiera un gesto que le desagradara, no obstante, no podía hacerle eso a Izuku. No quería ser quien le lastimara.
—Malditas marcas gemelas – susurro para sí antes de contestarle al menor. - No lo sabia aunque tampoco seria extraño.- sintió la mirada de reproche del pequeño sobre el – Mentí para que nos dejara en paz.– y ese era el otro punto que Izuku debía discutir.
—Mentir es malo –le regaño deteniendo su andar.
Tomura se detuvo dos pasos adelante, suspirando. Se imagino que algo así le diría su compañero mas no estaba dispuesto a aceptar reclamo sobre su forma de actuar.
—No lo es.
—Si lo es.
—Tu también mientes –le acuso el mayor.
— ¿Eh? -Izuku se desconcertó – No es cierto.
—Si lo haces.
—No... yo no...
—¿Entonces que le dices a tu mamá cuando te pregunta como te hiciste nuevos golpes?
—Eso... No le digo nada... No miento... -el menor intentaba defenderse pero le era imposible.
Sus ojitos verdosos se volvieron más brillante, haciendo un vano intento de no llorar pues si mentía, odiaba ver a su madre sufrir al verle llegar a casa con golpees de Kacchan y los demás, odiaba verla discutir con su amiga por defenderlo, por lo que comenzó a mentirle, a decirle que se golpe de otra manera. Y eso Tomura lo sabía, el se lo contó tiempo atrás.
Sintiéndose mal por haberlo hecho llorar, Tomura rasco con fuerza su cuello, manía que lo lastimaba –un motivo de sus cicatrices- pero no podía dejar cuando se sentía sobrepasado de emociones; entre ellas la frustración, nunca le había importado que alguien llorara frente a él ni por ser el motivante, pero Izuku ponía su vida de cabeza y poco le importaba... ¡pero era tan frustrante! No sabia consolar ni reparar su error, porque simplemente nunca admitía su equivocación.
—Mentir no es malo, siempre y cuando sea para no preocupar a los demás... -fue la única manera de calmarle y no disculparse; solo justificarse.
— ¿En serio? -pregunto esperanzado y con las lagrimas cayendo.
—Si... -dudo, siguiendo con su manía e incapaz de verle a los ojos – así que está bien que lo hicieras.
— ¿Y Tomura?
Chasqueo la lengua con molestia, ¿Qué importaban sus razones? iba a ignorarle o tal vez confesar la verdad para que le dejara en paz, pero volverían al inicio de la discusión. Molestia. Solo molestia.
—Le mentí a tu maestro para tranquilizarlo, estaba preocupado de que fueras conmigo. -se encogió de hombros dejando su manía, Izuku no lloraba y comenzaba a calmarse – No me conocía y soy mayor que tú. Decirles que éramos vecinos y que tu madre me envió le tranquilizo y nos dejó ir ¿ves? No es malo mentir.
Eso ultimo logro tranquilizar por completo al menor. Él no era malo y Tomura tampoco. Izuku se sintió mejor y feliz de aprender algo nuevo gracias al mayor.
—Ya veo. -la sonrisa volvió a su rostro y no tardo en tomar entre sus manos la muñeca del mayor – Entonces mentir no es malo cuando es para no preocupar a los demás.
—Exacto. - Acepto. Retomando el camino con Izuku agarrado a él.
Para Shiragaki era desconcertante, pero no incomodo ni molesto tener contacto físico con Izuku pero le era tan nuevo que no sabía que hacer ni quería demostrar su sentir, por lo que fingía ignorarlo.
—Tomura, eres muy inteligente.
—Ye deberías saberlo.
Izuku rio. Ambos disfrutaron nuevamente la compañía de camino a casa del menor. Y como era común, Tomura guardo silencio escuchando lo que hizo el pequeño Kumo en el colegio, alegrándose cuando el infante le dijo que no había vuelto a reunirse ni seguir al cuarteto malvado.
Al llegar a casa y entrar, fueron recibidos por el silencio. Habían tardado más de lo común y fue imposible que Inko los recibiera.
— ¿Y qué vas a comer?
—Mamá dejo comida en la mesa, solo debo servirme –respondió Izuku dirigiéndose a la cocina.
— ¿Te lo comerás frió? -pregunto Tomura al ver la comida sobre la mesa.
Se acerco a ver si alcanzaría para ambos, sonriendo al darse cuenta que sí. Habría que calentarle, pero no creía que fuera tan difícil.
—No esta frió, Mamá empieza a trabajar no hace mucho y está cerca de aquí, así que la comida esta recién hecha – se acercó a sacar otro juego de vajilla para su invitado - Vamos a comer.
El mayor asintió al notar el calor que emanaban las ollas, tomando el cucharon y sirviendo los platos. Al sentarse, vio un pedazo de papel cerca suyo. Miro de reojo a su acompañante que ya estaba comiendo y leyó la nota.
"Llegare a las 5:00. todo lo que necesitas está en la mesa; plato, vaso cuchara y palillos. la comida está en la olla y hay suficiente por si en esta ocasión Tomura-kun te acompaña. Su juego de utensilio está en la repisa de abajo, donde te dije que los guardaría. Disfruta el almuerzo."
Tomura se sintió feliz de algún modo al saber que esa mujer aun lo recordaba y que además lo tomaba en cuenta desde hace días. Pero lo que nunca admitiría ni tampoco diría es que después de las típicas advertencias de los padres -no salgas, no le abras la puerta a extraños, llama si necesitas algo, etc. -la mujer se despedía con un te amo y un deseo hacia su hijo.
"Espero que Tomura-kun nos visite pronto."
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Suspiro. Estaba realmente cansada, le avergonzaba decirlo, pero no había trabajado desde que se casó con quien se suponía era su pareja eterna hacía más de 6 años atrás y volver a hacerlo ahora le era agotador. Se forzó a sonreír desde el momento en que tomo la manija de la puerta, debía mostrarle a su pequeño, alegría, aunque no la sintiera, no debía ni deseaba preocuparle. Abrió la puerta y el silencio que le había recibido en esos días había sido sustituido por ruido de la risa de su hijo y voces infantiles. Rápidamente cambio sus zapatos por pantuflas y entro a la sala, donde observo como su hijo y el pequeño Tomura, aquel niño mayor que conoció días anteriores y era la pareja predestinada de su pequeño, jugaban videojuegos en la sala. Su falsa sonrisa se volvió real al oír reír a Izuku, que se divertía en ese momento.
— Ya llegué, Izuku. —Ellos detuvieron su pelea por el mando de la consola y voltearon a verla. — Tomura-kun, bienvenido.
— Bienvenida Mamá. —Grito el menor de todos, corriendo a abrazarla.
— Ah... Gracias... Bienvenida a usted también. —Vacilo el mayor de los infantes, levantándose de su lugar en la alfombra y girando el rostro, poniéndose nervioso. Era la primera vez que le daban la bienvenida a un hogar.
Inko rio bajito al verle avergonzado, acariciando los cabellos verdes de su hijo y apartándole con delicadeza del abrazo, instándolo a regresar al lado del invitado.
— Te quedas a cenar con nosotros, ¿verdad Tomura-kun? —Le cuestiono, encaminándose a la cocina y dejar algunas compras que realizo camino a casa.
— Ah... Eso...
— ¡Por favor! —Dijeron al unisonó madre e hijo, con ojos suplicantes.
— Por supuesto, si tu tutor no tiene problema. —Agrego Inko como la adulta que era.
Tomura lo pensó, deseaba quedarse, pero no quería someterse de nuevo al interrogatorio de Kurogiri como la vez anterior. Por alguna razón que aún no comprendía, no quería que sus cuidadores conocieran sobre la existencia de esa pequeña familia, por mucho que amara a Maestro y le estuviera agradecido por cuidarle hasta ahora, no podía asegurar que reacción tendría de saber que encontró a su alma gemela.
—Tomura, por favor. —Pidió de nuevo Izuku, tomando entre sus manitas la sudadera del mayor y mirándole directamente a los ojos.
Suspiro — De acuerdo.
— ¡Genial! —Volvieron a gritar madre e hijo.
— ¿Quieren algo especial para la cena? — Pregunto entusiasmada.
— ¡Galletas! —Pidió el menor de todos.
— Esta bien, pero será para después de la cena. —Acepto como la madre consentidora que era.
— ¡Si! —Celebro Izuku.
— ¿Y tú Tomura-kun?
— Galletas no suena nada mal. —Respondió regresando a su lugar en la alfombra y tomando el control del videojuego, sin voltear a verla, no quería mostrar que se sentía nervioso ante su presencia.
— Moo~ ninguno dijo nada que fuera comida, así que deberán conformarse con un plato de Katsudon. —Rio al oír la alegría de su hijo y las orejas rojas de su invitado después de su respuesta.— De acuerdo, ustedes sigan jugando que yo les avisare cuando este listo.
Izuku tomo asiento de nuevo al lado de Tomura, quien le entrego el control del videojuego al perder. Mientras su pequeña pareja jugaba, saltando y moviéndose de un lado al otro como el personaje del juego, Tomura escuchaba los ruidos provenientes de la cocina, esperaba con ansias la comida de la mujer.
Inko se sentía tranquila al escuchar los gritos y risas que soltaba su hijo, realmente estaba agradecida de que Tomura aparecía en la vida de su pequeño en el momento justo, verlo en un lago de depresión no hubiera sido algo grato para ella. Izuku era la luz de su vida y mas ahora que había perdido a su pareja. Por su pequeño saldría adelante. Además, tal vez se equivocara o tal vez fuera realidad, llámenlo instinto materno o simple absurdo, pero algo dentro de ella le decía que la presencia de su hijo en la vida de Tomura aligeraba un poco aquella mirada melancólica que tenia ese niño.
— Chicos ya es hora de la cena, vamos lávense las manos y tomen asiento. —Les ordeno Inko al acercarse a la sala.
— ¿Qué hora es? —Cuestiono Tomura sorprendido por olvidarse de la hora y dejarse llevar al no darse cuenta que ya era demasiado tarde.
— Las ocho. —Contesto la mujer mirando el reloj de la sala, tardo mas de lo esperado en hacer la cena.
— Tengo que irme. —Se levanto rápidamente.
— ¿Eh? —Se quejo el menor y la madre le miro interrogante.
— Bueno, si es tarde tu tutor se preocupara...—Acepto con resignación Inko, también algo triste que el menor se fuera por culpa de su tardanza.
— Quédate a cenar. Dijiste que lo harías. —Pidió Izuku abrazándose al mayor, no queriendo soltarlo y que este se fuera.
— ¿Tienes horario de llegada? —Pregunto Inko al peli-celeste que intentaba soltarse del pecoso.
— Las 10. —Contesto mirando a la mayor.
— En ese caso quédate a cenar y después podemos a acompañarte hasta tu casa...
— No es necesario. —Se negó con rapidez.
— ¡Quédate a cenar! —Exclamo nuevamente Izuku.
Se divirtió un poco al ver como su invitado caminaba con dificultad hacia la entrada, arrastrando a su pequeño que insistía en que les acompañara. Estaba por pedirle a su hijo que le permitiera marcharse cuando con resignación de no haber avanzado gran cosa, Tomura acepto.
— De acuerdo. —Suspiro el mayor, pensando que si no tardaba podría comer de nuevo comida deliciosa y llegar a tiempo a su casa.— Solo a cenar, en cuanto acabe, me iré.
Izuku inflo sus cachetes no de acuerdo con que el mayor se fuera pero sabia que él también tenia una casa a la cual llegar por lo que con las mejillas infladas y un dulce puchero, asintió, aunque sin soltarle la ropa.
— Esta bien, pero ¿vendrás mañana? —Esa promesa decidiría si le soltaba ahora o no.
—...—Tomura le miro fijamente, incapaz de articular palabra a pesar de que sus labios se movían.
— Eres bienvenido todos los días, Tomura-kun. —Agrego Inko con una sonrisa maternal.— Esta es tu segunda casa.
El joven invitado miro a madre e hijo, desde su visita anterior acepto que era débil a sus miradas y aun así había cometido el error de verlos.
— Lo pensare...
— ¡Si! —Exclamaron ambos familiares con alegría.
— Bien, entonces a lavarse las manos.
— ¡Si! —Contesto el pequeño Kumo llevándose al mayor con él.
Sin tardanza tomaron asiento alrededor de la mesa y como la vez anterior la charla fluyo gracias a la mujer y su hijo, quienes no se olvidaban de integrar a su invitado en todo momento.
— ¿Te gustan los videojuegos, Tomura-kun? —Pregunto con interés Inko.
En las dos visitas del muchacho habían jugado con la consola, por lo que estaba pensando comprarle algunos juegos mas a Izuku y de ese modo tuvieran algo mas con que entretenerse ambos.
— Lo normal. —Contesto sin mucho interés.
Realmente no era aficionado a eso pero aunque fuera un juego, no permitiría que Izuku le ganara. Inko sonrió, el menor no parecía tan reacio como veces anteriores a responder sus preguntas.
— ¿Vas a la escuela?
—...No.
Tardo en contestar, pensando si estaba bien darle información a aquella mujer, por mucho que fuera la madre de Izuku tenia que desconfiar de todos, no obstante, Inko no le parecía tan mala persona, principalmente por como le trataba a él y por haber cuidado tan bien de su pareja hasta ahora. Se obligo a confiar un poco en ella... solo un poco.
— Mi maestro dice que no es necesario ir a la escuela para aprender, él me da clases.
— Ya veo. —Ella asintió, aunque le parecía curioso que llamara maestro a su tuto pero supuso que seria por el tipo de lazo que el tutor del muchacho tuviera con la familia del menor.— Tu maestro parece ser alguien que te quiere mucho y a quien tu quieres también.
El asintió con la cabeza gacha, avergonzado de que esa mujer acertara.
— El maestro de Tomura-nii también le enseño...—Agrego Izuku, contando algunas cosas que Tomura le había contado anteriormente.
El tiempo transcurrió rápidamente para pesar de los menores, aunque todos se divirtieron. Cuando llego la hora de marcharse, Inko insistió tanto en acompañarle que Tomura tuvo que aceptar o la mujer sospecharía que ocultaba algo malo, sin embargo, solo la dejo llegar a unas calles antes de su hogar temporal, alegando que desde ahí podía irse solo. Inko suspiro, aceptando que debía respetar la privacidad del chico.
Para Shigaraki Tomura el contacto con las personas era algo que había evitado desde que tenia memoria, primero por timidez, después del despertar de su quirk por miedo a herir a los demás y el miedo de ellos por él, y desde la muerte de su padre porque le parecía algo tan absurdo, tan aborrecible, que prefería evitar el contacto; fue por eso que la primera vez que Izuku le toco le sorprendió no sentir repulsión sino calidez y felicidad.
Aun así, no había permitido que alguien mas le tocara, hasta ese momento, donde Inko le abrazo sorpresivamente cuando él estaba por marcharse y le susurro con lo que pudo haber sido amor maternal un dulce, marchándose después de darle un beso en la frente. Sus mejillas se colorearon y su mente no supo que debía hacer, por lo que simplemente la vio alejarse, acomodándose la bufanda que Inko le entrego para cubrirle del frió aire.
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Toco la puerta tres veces, esperando con impaciencia y nerviosismo el abrir de esta. Dio un leve brinco cuando la madera se abrió, dejando ver a la madre de su pareja destinada, que sonrió al reconocer a su invitado, dándole paso libre al interior del hogar.
—Bienvenido a casa, Tomura-kun.
Después del estremecimiento inicial que aun le causaba saberse bienvenido de manera tan cálida en una casa, el pequeño siguió a la mujer hasta la sala donde busco rápidamente al menor y la principal razón por la que visitaba ese hogar casi a diario.
—Izuku aun no llega pero no ha de tardar. —Informo al notar la búsqueda de la mirada ajena.— Vamos, siéntate.
El menor resignado a quedarse un rato a solas con la mujer, obedeció, siguiendo con su mirada la figura de la mujer, cualquier movimiento siendo registrado por él.
— ¿Quieres algo mientras esperas? —Pregunto con tranquilidad.— Tengo cereal, dulces, galletas, agua. Lo que quieras.
—Galletas. —No dudo en responder, después de todo, era la especialidad de esa mujer.
—Bien. —Sonrió con ternura y halagada de que a alguien mas aparte de su hijo le gustaran sus galletas.
Permanecieron en silencio mientras Inko preparaba un poco de té para acompañar los pedazos de masa horneada. Tomo asiento frente a su invitado, a quien ofreció un plato con el aperitivo y la bebida.
— ¿Qué te gusta comer, Tomura-kun? —Pregunto con inocencia al verlo disfrutar del bocadillo.— La próxima vez que vengas puedo hacerlo sin problemas.
—No es necesario.
—Puede que no, pero me gustaría que estuvieras cómodo cada vez que vengas, después de todo, eres parte de la familia y...
—No soy su hijo. —Dijo cortante.
—Jajá, lo eres, porque estarás con Izuku, ¿cierto? —Le sonrió mas al verle sonrojarse.
Ella sabia que muchas cosas podían cambiar en el futuro y que no siempre todo sale como debe ser, pero muy dentro de si misma y con gran seguridad, sabia que ese muchacho sentía verdadero cariño por su hijo y no le abandonaría. Confiaba en él. Y estaba feliz de saber que a pesar de que conocía de la falta de singularidad de Izuku, Tomura no parecía despreciarle.
Además, no podía negar que ella no siempre estaría para cuidar de su hijo, su pequeño necesitaría de personas que le protegieran en esa vida que no parecía pronosticar ser placentera para alguien tan especial como él.
—Es por eso quiero que veas esta pequeña casa como tuya también. Puedes venir todos los días que quieras y a la hora que gustes. Las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para ti. —Le sonrió con amor, porque eso es lo que sentía por ese infante que llego a sus vidas para aligerar un poco el dolor de ellos dos.— Izuku y yo estaremos mas que felices de tenerte aquí.
El niño no supo que contestar, sobrepasado desde el inicio por el cariño que esa mujer siempre le transmitía, aquel cariño que tuvo alguna vez ofrecido por su padre hacia muchos años atrás y que ahora vagamente recordaba. Miro fijamente a la mujer que le recordaba mucho a su pecoso, Izuku sin duda había heredado completamente a su madre físicamente, a excepción de las pecas... Ahora que lo pensaba ¿de dónde las saco? ¿De su padre?
—Por cierto, Tomura-kun. ¿Cuándo es tu cumpleaños? —Pregunto Inko después de darle una mirada al calendario en la pared.
— ¿Por qué? —Frunció el ceño, la mujer le hacia muchas preguntas.
—Bueno, en un mes es el de Izuku y me estaba preguntando cuando seria el tuyo. —Respondió ignorando el tono desconfiado del menor.— Ya sabes, para poder celebrarlo cuando llegue...
—No se lo diré. —Contesto mirando hacia otro lado y comiendo otra galleta.
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Guardo rápidamente todas sus cosas, tenía prisa, una vez listo se puso su mochila y corrió fuera de la escuela, tropezando sin querer con una maestra.
— Izuku-chan no corras, ¿estás bien?
— Si, lo siento. —Dijo, retrocediendo unos pasos para continuar su camino.
— ¡Hey Deku! —Llamaron sus antiguos "amigos".
El pequeño Kumo los miro extrañado de no ver a Ka-chan a su lado, rápidamente los niños llegaron a él, tomándolo de ambos brazos y alejándose de la maestra que no vio a mal que se relacionara con sus compañeros. Los chicos lo arrastraron a la parte lateral de la escuela, donde casi nadie pasaba y le acorralaron contra la pared.
— No has venido con nosotros últimamente, Deku. —Le reclamo uno.
— Por tu culpa no hemos tenido con quien divertirnos. —Agrego otro.
— Ah... yo... He estado haciendo cosas...—Buscaba una vía de escape. Tal vez Katsuki no estuviera con ellos pero aun así no podría contra todos.— Tengo prisa...
— ¡Ha! ¿Prisa? ¿Qué tiene que hacer un quirkless como tú?
— Tengo... tengo que ir con Tomu...
— ¿Tomu? ¿Quién es ese?
— Bueno... Ah, es Kacchan...—Grito fijando su vista detrás de los niños abusivos que lo tenían acorralado, aprovechando su distracción para correr lejos de ellos. — ¡Tengo que irme! —Grito alejándose.
Corrió lo mas rápido que podía sin mirar atrás, directo hacia su casa. La verdad es que su amigo mas antiguo no le había dirigido la mirada desde lo sucedido semanas atrás en el parque y las pocas veces que lo hizo solo fue para amenazarlo por lo que termino castigado en la escuela y regañado por su madre que iba a recogerlo a petición de los profesores.
Dejo esos pensamientos atrás y mejor se concentro en lo que iba a pasar, una gran sonrisa que no se borraba se instalo en su rostro, realmente estaba emocionado. Abrió lo mas rápido que pudo a su casa y entro quitándose los zapatos, yendo sin demora a la sala donde su sonrisa aumento al ver como el peli-celesta estaba tranquilamente sentado comiendo algunas galletas al parecer y viendo la tele.
Tomura al escuchar tanto ruido supo inmediatamente que el menor había llegado, volteo y se encontró con él, quien no dudo en lanzarse a abrazarlo como todas las veces lo había hecho en esa semana.
— Bienvenido Izuku. —Dijo con dificultad a falta de aire, el infante se había lanzado sobre él.
Había pasado tanto tiempo en esa casa que se acostumbro a ofrecer un recibimiento aunque todavía se sentía extraño de ser recibido con tanto cariño por parte de madre e hijo.
—Estoy en casa, Tomura. —El menor sonrió feliz, un cálido sentimiento invadió su cuerpo al escuchar la bienvenida del mayor.
—Bienvenido Izuku. —Inko sonrió al ver a su hijo sobre el contrario.
Como niños que eran, ella era consciente que el cariño que se tenían por ahora era solo familiar, amistoso, pero como estaba dictado por sus marcas, mas adelante, cuando ambos crecieran y descubrieran mas sentimientos nacería el amor como tal, como una pareja de amantes, por lo que sus muestras de afecto –de parte de Izuku- o la cercanía que mantenían cuando estaban juntos –solos o acompañados- no le alteraban. Estaban en esa época de la vida donde todo es solo inocencia. Y el simple hecho de verles juntos, le causaba ternura a ella.
—Estoy en casa, Mamá. —Exclamo el menor al notar a su madre saliendo de su cuarto con un canasto de ropa, probablemente sucia.
Había olvidado que era el día libre de su madre.
— ¿Quieres galletas? Hay un plato en la mesa.
El menor asintió y se sentó adecuadamente al lado del mayor, empezando a comer galletas juntos.
— En un momento estará la comida, así que no se vayan a llenar de pura galleta.
— ¡Si! —Contesto Izuku con una galleta a nada de sus labios.
El pequeño fijo su mirada en el programa de televisión que veía su acompañante, pareciéndole aburrido, por lo que tomo su mochila y comenzó a sacar sus pertenencias de ella.
— Nee~ Tomura...—llamo la atención del contrario— hoy hice un dibujo de ti y yo juntos. Y gracias a eso gane algunos dulces ¿quieres uno? Guarde para ti... ¿Tomura?
Alzo la mirada para ver al mayor que comía tranquilamente, perdido en sus pensamientos. Sonrió divertido al descubrir que ni atención ponía a la televisión, así que acerco su mano a la mejilla del peli-celeste y la golpeo sin mucha fuerza, provocando un pequeño brinco al mayor que le causo risa.
— No hagas eso. —Le regaño.
— Pero te estoy hablando desde hace rato y no me haces caso. —Inflo sus mejillas.
Suspiro derrotado. — ¿Qué quieres?
Tenia que aceptar que a pesar de haberle recibido, su mente viajo a la poco informativa conversación con Inko momentos atrás. Le era incomprensible y extraño que alguien que no fuera Kurogiri o su maestro e incluso Izuku, mostrara tanto interés en su persona a pesar de su actitud tan esquiva y cortante. Muchos otros habían soportado menos y peores tratos de su parte antes de alejarse e ignorarle pero Inko Kumo parecía ser inmune a su mala actitud.
— ¿En que piensas?
— En cosas que un niño como tu no entendería. —Respondió Shigaraki con firmeza.
— Claro que entiendo
— No lo harás. Eres un niño.
— Tu también. —Contraatacó Izuku con un puchero.
— Cambiemos el tema
— Moo~
— ¿Cómo te fue en la escuela? Esos tipos no te han estado molestando ¿cierto? —Pregunto con el ceño fruncido después de ver la hora del reloj en la pared.
Izuku había llegado mas tarde de lo normal. La experiencia de llegar antes que él a esa casa durante una semana, le era suficiente para saber el tiempo exacto que tardaba Izuku de llegar directamente de la escuela.
— Me fue bien. —Respondió con una sonrisa, buscando el dibujo entre sus cosas regadas sobre el sofá.— Y no, hoy quisieron hacerlo pero no se los permití.
— Bien hecho, Izuku. —Le felicito con una palmadita en el cabello verdoso.
Izuku sonrió, feliz de su hazaña y las felicitaciones. Le mostro su "obra maestra" a su amigo y le dio uno de los dulces que gano. Ambos fueron a su cuarto cuando Inko le dijo que cambiara su ropa de la escuela y les llamo luego al comedor, donde el menor no se reprimió al contar su día en la escuela, así como escucho de parte de su madre sobre el resfriado que tenia su amigo de pañales y que le había impedido ir a la escuela, así como no sabían si faltaría algunos días mas.
Cuando Inko se marcho por la tarde a visitar a su amiga Mitsuki y ellos se quedaron en casa. Tomura había alegado que podrían contagiarse para evitar ir a ver al horrendo amigo abusador, no tenia ni el mínimo interés en tratar a alguien que no le diera algún beneficio y que además le irritaba por su trato al peli-verde.
— ¿Que haremos hoy, Tomura? -pregunto emocionado, pensando que tal vez Tomura se negó a visitar a Kacchan porque tenia una idea divertida.
— No podre estar todo el día contigo, tengo que regresar y estudiar, así que... —Dijo evitando el contacto visual.
Por esa ocasión debía mantenerse firme y el verle a los ojos le haría sucumbir a la posible petición de que se quedara. Había pasado todos los días de esa semana con Izuku, llegando tarde a casa y Kurogiri cada vez hacia mas preguntas sobre su nuevo pasatiempo. Tal vez podía llamarse así a su nueva rutina; visitar a Izuku, comer la comida casera de Inko y divertirse un poco viendo a Izuku sonreír junto a él... ¿y porque no? También de disfrutar de las charlas entre la pequeña familia de dos y él.
Un ambiente hogareño que no sabia que existía.
Pero que sentía que terminaría en el momento en que su maestro o el mismo Kurogiri se enterara. Nunca ninguno le negó algún capricho, no obstante, un sentimiento sin razón que se había instalado en su interior, le hacia callar. Quería disfrutar un poco mas de ese secreto. Quería vivir algo de lo que carecía sin intervención de quien le crió.
— ¿No puedes estudiar aquí? —Pregunto tomándolo de la sudadera y alejándolo de su malestar. — No te molestare.
— No puedo. —Sintió el cuerpo del menor temblar cerca suyo, temiendo un posible llanto agrego. — Pero mañana puedo regresar... aunque vendré un poco mas tarde de lo normal.
— ¡Que bien! Veré a Tomura también mañana. —Festejo Izuku.
— Por ahora puedo ayudarte con tus deberes. —Se ofreció, recibiendo una serie de asentimientos enérgicos de parte del infante, que le sonrió.
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Un nuevo día transcurría pero no era uno cualquiera, para la pequeña familia Kumo y su nuevo integrante, era especial, se celebraba el nacimiento del miembro mas pequeño de la familia. Tomura e Inko preparaban todo para recibir al pequeño Izuku. Era un día bastante especial, aunque Tomura realmente no entendía del todo el significado de celebrar un día común en el calendario, pues hacia años del nacimiento del menor.
Sin embargo, estaba seguro que él también lo celebro con su familia hacia años pero después de lo que sucedió, lo dejo de hacer, incluso no recordaba el día exacto en que se supone debía celebrarlo... ¿Debía preguntarle a su maestro y después decírselo a Inko? La mujer parecía realmente interesada en saber tal fecha. O por lo menos era una respuesta a una de las tantas preguntas que Inko le había formulado desde hacia días y a las cuales no todas contesto.
— Tomura-kun, ¿podrías acomodar ese lado por favor? —Pidió Inko, sacándolo de sus pensamientos.
Suspirando, acato la orden, maldijo el momento en que decidió ir mas temprano a la casa de su compañero predestinado por verle tan emocionado el día anterior, se había convertido en el ayudante oficial y único de la madre del festejado, incapacitado a negarse al ver las deliciosas galletas dispuestas sobre una bandeja en la mesa así como un pastel que tenia una excelente pinta.
— No se porque tanto alboroto por un día cualquiera. —Murmuro bajo pero gracias al silencio fue escuchado.
— No es un día cualquiera, Tomura-kun. —Aclaro Inko con una sonrisa maternal.— Es el día en que nació Izuku...
— Eso fue hace 6 años...—Le interrumpió pero la sonrisa de la mujer no disminuyo.
— Pero cada día debe celebrarse por que es un día para estar agradecidos.
La platica se detuvo al escuchar la puerta del departamento abrirse, ambos se miraron y se apresuraron a colocarse en sus lugares escondidos en la sala, esperando que el menor apareciera.
— ¡Feliz cumpleaños! —Exclamo Inko en cuanto el menor apareció.
Su grito logro que su pequeño sonriera y se lanzara a abrazarlos.
— Gracias Mamá, gracias Tomura. —Agradeció al dar un abrazo a cada uno.
Inko rio al ver que su hijo seguía abrazado a su compañero, que parecía mas incomodo conforme pasaba el tiempo pero no le apartaba tampoco. No correspondía el abrazo pero para sus expertos ojos, Tomura estaba avergonzado, y la punta de sus orejas teñidas de rojo eran la prueba.
— Izuku, ven, te tengo una sorpresa. —Llamo a su hijo al compadecerse de su invitado.
— ¿En serio? —Se separo del abrazo, poniendo su atención a lo que escondía su madre con sus manos en la espalda— ¿Qué es?
— Tadan~ —mostró su regalo.— Podremos ir al cine después de comer.
El más pequeño de todos no pudo ocultar -ni queriendo- la emoción que le causo su regalo, no solo podría ver alguna película en una pantalla inmensa y con gran volumen, sino que iría con dos de sus personas mas amadas. Así como seria un recuerdo mas que hacia con Tomura, semanas atrás, cuando le contó a su amigo de una película que vio en el cine junto a sus padres, se entero que Tomura nunca había visitado un lugar así, por lo que seria aun mas especial. Dio un brinco de alegría, festejando ante la mirada de su madre y compañero predestinado.
—Tomura vendrá también ¿verdad? — solo para cerciorarse.
—No... yo, no...
—Por supuesto, tengo su boleto. —Aseguro Inko separando los boletos para mostrar la cantidad.
— ¡Si! —Brinco y giro para encarar al niño mayor, tomando una de sus muñecas con ambas manos.— Ya veras que nos divertiremos juntos. —Aseguro con una sonrisa inhabilitando cualquier negación del contrario sin saberlo.
—Pero primero comamos y partamos el pastel, luego podremos irnos.
— ¡Si, pastel!
Pasando el tiempo, Shigaraki miro a la familia de dos como se diviertan por ese día; fue testigo de la alegría de Izuku, el intercambio de sonrisas y de anécdotas, de regaños sutiles de parte de la madre hacia ambos, los constante mimos maternales que Inko daba a su hijo y que él evadía. El contacto entre ambos. Él hacia tiempo que no festejaba un cumpleaños y no tenia contacto seguido con los demás.
Fue vergonzoso aun si no canto al festejado a la hora de partir el pastel, pero se sintió dichoso cuando a Izuku no le importo que no participara de manera activa y en cambio agradeció su simple presencia. Degustaron el postre y el escuchar al menor contar sobre el pequeño festejo que le hicieron en la escuela.
— Por cierto, también tengo un regalo para Tomura-kun. —Hablo Inko mirando al nombrado, que salio de sus pensamientos.
El niño mayor miro desconfiadamente a la mujer cuando se marcho de la cocina, regresando segundos después con una diminuta caja envuelta en papel oscuro y un moño color blanco en el centro.
— ¿Para mi? ¿Por qué? —Interrogo cuando la mayor dejo el paquete en la mesa frente a él.
— Ya que Tomura-kun no quiso decirme el otro día cuando era su cumpleaños y con posibilidad de que ya hubiera pasado, no me quedo de otra que dárselo hoy. —Respondió con inocencia.
— Ábrelo, Tomura. Ábrelo. —Pedía Izuku con sus ojos brillando de emoción.
Inko rio al ver al menor fruncir mas el ceño y a su hijo brincar en su lugar pidiéndole a Tomura que abriera el obsequio pero que este ignoraba. No viendo acción que advirtiera que lo abriría, decidió hacerlo ella. Quito el moño y la envoltura bajo la atenta mirada de un par de ojos rojos y verde. Con una mano saco el regalo, mostrándolo al para de niños que inclinaron la cabeza al no reconocer el objeto.
— ¿Que es eso? —Preguntaron ambos infantes.
— Son guantes. —Contesto Inko riendo al verlos entrecerrar los ojos para darle forma a ese par de hilos y con dos pedazos de tela.— No sé que tipo de quirk tengas, pero parece ser que no puedes controlarlo y reside en tus manos.
— ¿Cómo...? —Le fue imposible a Tomura retener la pregunta.
Él mismo había evitado decirle a la mujer sobre su singularidad y en su estancia Izuku nunca lo menciono... Eso era, Izuku. Volteo rápidamente a ver al infante de forma acusatoria.
— Izuku nunca me lo dijo. —Le aclaro al notar la mirada que le dirigió a su hijo.— Lo dedujo al ver que evitabas tocar las cosas con tu mano completa. —Le sonrió traviesamente.— Por lo que también deduje que si cubrías aunque fuera una parte de tu mano no pasaría nada. —A pesar de la resistencia inicial del menor, lo tomo de la mano y rodeo la muñeca con la tira de tela, abrochandola.— La singularidad de la vecina del departamento de arriba le permite crear tela resistentes a diferentes cosas, le pedí que me vendiera la mas resistente a todo y con ella los hice. Espero que resista. —Cubrió el dedo indice y el dedo corazón con los dos pedazos de tela que tenían esa forma.— Listo.
— Oh~ —La boquita del menor de los peli-verde formaron una perfecta vocal.
Tomura acerco su mano a su rostro, abriendo y cerrándola lo mas apretada que podía, descubriendo para su asombro que a pesar de que su mano completa tocaba la tela, esta resistía su quirk. Miro a Inko que le sonreía esperando alguna palabra de su parte. Penso que debía agradecerle, pero esa palabra no salia tan fácilmente de sus labios y mucho menos con naturalidad, no la sentía sincera.
— Ahora podrás tocar todo con tu mano completa y estos no se destruirán. —Inko no se desanimo ante la falta de palabras del menor.
La mujer lo noto desde el momento en que lo conoció, no podía asegurar exactamente que tipo de vida había llevado o llevaba Tomura, pero en su mirada sin brillo se notaba una gran tristeza, un manto de desconfianza que solo se disipaba un poco cuando ese par de ojos rojos miraban a su hijo. La actitud de su invitado tal vez era justificado y ella al desconocer eso no podía juzgarle. Tenia la esperanza que tal vez el convivir y tratarlo como parte de la familia, le diera a ese pequeño, que culpa de nada tenia, un poco de alegría a su existencia.
Deseaba de corazón, que Izuku le brindara felicidad y que a su vez, Tomura le diera protección a su hijo. Que ambos fueran felices juntos y estuvieran a salvo. Era su único deseo ahora. Tomo la otra mano del peli-celeste y le coloco el otro guante. Y acepto la falta de resistencia en esta ocasión como su aceptación y agradecimiento.
— Eres muy inteligente, mamá. —Exclamo Izuku feliz.
Encerró una de las manos del mayor entre sus manos completamente, sonriendo de oreja a oreja al ver que no pasaba nada malo. Tomura temió lastimarlo, pero no pudo evitar que su compañero le tomara de la mano, maravillándose con la sensación -a pesar de la tela que cubría dos de sus dedos- de poder tener la mano de Izuku entre la suya. Era la primera vez que podía tocarlo sin lastimarle.
Aprovechando el aturdimiento de Tomura, Inko tomo su otra mano, atrayendo la atención de este a su persona. Luego, ella le dio su otra mano a su hijo, quien acepto el gesto, creando una unión entre ellos tres. Ambos peli-verdes miraron al peli-celeste con una sonrisa y sin soltarle la mano. Estaban unidos... Como una familia.
Eran una familia y ella no necesito expresarlo en palabras a los menores para que ellos lo entendieran. Fue espontaneo sin forzarlo el lazo que se creo entre ellos tres.
— G... gra... gracias...
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Izuku se soltó de la mano de su madre en cuanto visualizo el cine, acercándose a ver los posters de las películas exhibidas, emocionado miro todos para decidir cual se veía mas emocionante. Tomura e Inko llegaron hasta él mirando también la cartelera por simple curiosidad.
— ¡Ya se cual deseo ver! —Exclamo señalando el póster de la película que deseaba ver.— ¡All Mithg vs 100 villanos!
Tomura al intuir la trama desde el titulo hizo una mueca de molestia, no podía creer que a pesar de que Izuku sabia que odiaba a los héroes deseara que vieran una de ellos y no de cualquier héroe, sino el peor de todos; All Mithg.
— Izuku, no seas así. —Inko miro a su hijo, posando su mano en el hombro del peli-celeste que se sobresalto por el repentino contacto.— Tomura-kun también se encuentra aquí, por lo que debemos de tomar en cuenta la opinión de los demás. —No fue difícil con solo observar el malestar que tenia el niño mayor por los héroes.
— Pero...
El infante hizo un puchero que sin duda era tierno a ojos de los mayores, que sabían que si seguían viéndolo aceptarían su película, por lo que Inko, al estar más acostumbrada a la dulzura de su hijo era capaz de evitar ceder.
— Vamos, es la primera vez que Tomura-kun esta con nosotros, ¿cierto? No crees que seria maleducado no tomar su opinión.
Intento convencerlo, era mejor que accediera antes de obligarle a ver la película al decirle que ella ya había elegido cual y los boletos por obviedad ya tenían la sala y hora.
El pequeño al escuchar a su madre no pudo evitar estar de acuerdo, era la primera vez que Tomura iba con ellos al cine, era la primera vez de muchas mas que vendrían juntos en algún futuro, pero al ser la primera deseaba que el mayor disfrutara de esa primera vez. En su emoción había olvidado del odio de su compañero por sus personas admiradas y se dejo llevar.
Por mucho que fuera su cumpleaños y su regalo, la realidad es que le era mas importante que su compañia lo disfrutara por ser su primera vez en dicho lugar. Sonrió y se acerco a su alma gemela, tomándolo de la mano. Ahora que su grandiosa y fabulosa madre le había dado aquellos guantes a Tomura, podía tocarlo sin cuidado alguno, ya no tenia que restringirse.
— ¿Qué película quieres ver? —Cuestiono.
Tomura miro al pequeño para luego mirar a la madre, llevaba tan poco tiempo con ellos sin embargo, ellos ya lo habían aceptado como miembro de su familia y a pesar de que también le gustaría corresponder aquellos sentimientos, tenia miedo, además de que las enseñanzas de su maestro desde pequeño le impedían confiar en nadie, con todo lo que había vivido no podía aun llegar a confiar en la madre de Izuku por mucho que esta halla mostrado un gran cariño hacia él.
Cerro los ojos para nuevamente abrirlos para responder.
— Quiero ver esa. —Estiro la mano mostrando el póster.
Inko al verla sonrió, ya se le hacia que esos eran los gustos de Tomura y después de todo, le gustaban –aunque no lo admitiera- mucho los videojuegos que tenia Izuku de ese genero. Se alabo por atinar justamente la película.
Mientras tanto Izuku miro el póster y sudo frió. No le gustaban mucho aquellas películas, regreso su mirada a Tomura y al ver cierto brillo en sus ojos ante la idea de ver algo de su gusto, no pudo decir que no.
— Entonces esta decidido, ¿no, Izuku? —Cuestiono su madre con una sonrisa.
El menor correspondió con un asentimiento con la cabeza y una sonrisa que surgió después de darse ánimos. Los tres se dirigieron a la tienda para comprar palomitas, refrescos y otros dulces. De los dos menores, fue Tomura quien descubrió para su asombro que Inko no necesito comprar boletos de la película al atinar que él escogería esa y se sintió extraño; feliz de que alguien estuviera atento de él para notar sus gustos y molesto por revelar cosas de él a un extraño.
Pasaron a la sala para empezar a ver la película y durante todo la película, Tomura no quito la vista de la pantalla, maravillándose por lo distinto que era verla en su cuarto y solo. Inko miraba entretenida a los menores y la película, que también disfruto. Por otra parte, Izuku brincaba una que otra vez, aquellos zombies daban miedo pero se aferro al brazo de Tomura sin importarle que su madre también le ofreció su brazo.
Mientras mas avanzaba la película, Izuku se le pegaba mas al oji-rojo. La proxima vez haría lo que fuera para que no fuera una película de zombies. *Aunque...* Izuku alzo su mirada y al ver a su querido amigo sonriendo, no pudo evitar sonreír feliz por saberle contento a su lado... No obstante, luego dio un brinco por el grito de una nueva victima donde la sonrisa de Tomura se agrando.
Debían trabajar en buscar un genero que fuera de mutuo agrado.
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—Tomura-kun, ya es un poco tarde, ¿Por qué no te quedas a dormir hoy? -sugirió Inko viendo a los dos pequeños hablar de la película en la sala.
Ninguno parecía interesado en separarse, disfrutando el momento y ella no quería ser la que rompiera eso.
—Podemos llamar a tu maestro si así lo deseas.
—No es necesario – Tomura al fin la miro sin desconfianza.
— ¡Quédate a dormir! - pidió Izuku tras el suspiro de resignación de su madre por el rechazo.
—Me refiero a que no es necesario llamar a mi maestro. Hoy tengo permiso para quedarme. - Una mentira más a su largo historial no haría daño y valdría el sermón de Kurogiri al día siguiente después de la sonrisa feliz de madre e hijo que le vieron con cariño- Era una sorpresa para Izuku por su cumpleaños.
Shigaraki ahora entendía que Inko nunca le preguntaría más allá de cosas superficiales –sus gustos o sus disgustos-, esperando pacientemente hasta que el quisiera hablarle de las cosas que guardaba en su corazón, un ejemplo era ese, pues a pesar de mencionarlo, ella nunca pregunto por sus padres o por "el maestro". Ella era una buena persona, tan rara y valiosa como su hijo y eso al fin lo entendió. Izuku e Inko eran tal vez las únicas personas que no entraban en ese mundo de engaños y falsedades en el que su maestro le enseño a sobrevivir y del que parecía que los Kumo ignoraban. Eran frágiles especímenes en peligro de extinción y el, como pareja futura de Izuku debía tomar la protección de ellos dos sobre sus hombros. Tal vez había sido esa la razón por la que encontró a su alma gemela tan rápido y tan pequeños cuando lo común es que fuera de más mayores, la adolescencia y la joven adultez.
Un pequeño pedazo de felicidad eran ellos dos en su triste vida y él se encargaría que fuera eternos. Gracias a que conoció a Izuku también conoció a Inko, y con ambos conocía una vez más lo que era ser parte de algo, de una familia.
*Ah, así que era eso... "Es un día para agradecer"*
Las palabras de Inko aparecieron en sus pensamientos entendiendo el significado tras ellos.
—Feliz cumpleaños, Izuku.
Ambos peli-verdes callaron sus planes nocturnos al oír las sinceras palabras de Tomura, quien sin evitarlo fue derribado por su lagrimoso pero feliz Izuku.
Si, un cumpleaños era un día para celebras el nacimiento de las personas más importantes. Y tal ver el ignoraba el suyo, pero podía tomar un día en especial al que podía agradecer.
—11 de marzo. -le dijo a Inko, ignorando al pequeño peli-verde sobre él.
—¿Eh?
En primer momento ella no entendió por lo sorpresivo, pero le sonrió feliz al entender y recibir una respuesta a una de sus preguntas.
Tomura sonrió de lado a la mujer, regresando después por primera vez el abrazo al pequeño pecoso. Seguro de que gracias al regalo de Inko no lo lastimaría.
Sintiendo su tatuaje, ese rosal espinoso sin flores –por ahora- que rodeaba todo su abdomen vibrar por la cercanía de su igual.
11 de marzo, el día que conoció Izuku por primera vez.
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Semanas más adelantes muy lejos del departamento de los Kumo, en un edificio abandonado la puerta secreta del lugar fue abierta, iluminando brevemente la habitación en penumbras. Un hombre –o intento de ser neblina negra- de ojos intimidantes, vestido un traje elegante y un collarín de metal se acercó al dueño de todo, que dormitaba rodeado de artefactos médicos.
—¿Qué sucede?
Una voz profunda se dejó oír en la oscuridad, estremeciendo al intruso que se aclaró la garganta en busca de su voz. No era portador de buenas noticias ni de malas, sino más bien de sospechas.
—Es sobre Tomura...-dudo, no sabiendo lo que sucedería- Ha estado actuando extraño estas últimas semanas.
—¿Extraño?
—Sale temprano y llega tarde. Incluso no llega a casa...
—Siempre ha sido así. Ese muchacho hace lo que quiere-
—Si, bueno... Eso es cierto, pero lo hacía de vez en cuando. Ahora es a diario y parece que encontró algo muy interesante.
