Disclaimer: Rurouni Kenshin y sus personajes no me pertenecen, son de Watsuki-sama
Capítulo 3. Hermandad del 666
El primer plato consistía en una ensalada que ambos comieron tranquilamente mientras hablaban de cosas triviales:
-Jiya es idiota, te lo juro Sou-chan, yo no se que va a ser de ese hombre al ritmo que lleva, el director de un hotel tan importante debe al menos guardar las apariencias, pero al él le da lo mismo, lo que no entiendo es como es posible que no le hayan echado ya de aquí.
-Pues porque la prensa lo adora Missy.
-Pero es un cerdo.
-Un cerdo que trata bien a la prensa.
-Un chantajista.
-Sabe ponerle buena cara a la prensa.
-Vale vale, lo he entendido, lo más importante es la prensa-dijo ella mirándole de reojo un poco enfadada, ¿Por qué Sou-chan defendía a su abuelo?
-Exacto-asintió repetidas vecescon una enorme sonrisa en el rostro Soujiro.
Y así, entre bromas, maldiciones, amenazas, sonrisas, comentarios y tonterías ambos pasaron una tarde-noche agradable hasta que llego el momento de hablar del tema que los había reunido.
-Verás Misao, cuando te dije que no teníamos pistas te mentí, en realidad tenemos una. Nuestro asesino ha dejado 6 mensajes en la escena del crimen.
Soujiro sacó unos papeles de la sudadera y se los paso a Misao, que los miró curiosa. La joven procedió a leerlos:
"Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives y estás muerto."
666
"Recuerda, por tanto, de dónde has caído, arrepiéntete y haz las primeras obras, pues si no te arrepientes, pronto vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar."
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"Entonces se les dio vestiduras blanca y se les dijo que descansaran todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos que también habían de ser muertos como ellos."
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"El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciera la tercera parte de ellos y no hubiera luz en la tercera parte del día, y asimismo en la noche."
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"Otra señal también apareció en el cielo: un gran dragón escarlata que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas tenía siete diademas."
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"Fue el primero y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia y que adoraban su imagen."
666
-El primero pertenece a "Carta a la Iglesia de Sardis", el segundo a "Carta a la Iglesia de Éfeso", el tercero a "El quinto sello", el cuarto a "La cuarta trompeta", el quinto a "Visión del dragón" y el sexto a "La primera copa"-dijo Soujiro antes de que Misao pudiera preguntar. La chica se había quedado impresionada por esos mensajes, sabía que pertenecerían a la ideología cristina, pero ¿a cuál de los pasajes de la Biblia? Soujiro leyó la pregunta en sus ojos verdes cuando ella levantó la vista para verlo directamente-pertenecen al…Apocalipsis de Juan, o más conocido simplemente como Apocalipsis, el fin del mundo en la religión cristiana.
-Este número pertenece al número de la bestia ¿verdad?-preguntó Misao completamente seria después de una pausa.
Soujiro sólo asintió. La joven teniente empezó a cavilar sobre todo aquello. De momento no tenía toda la información, pero Soujiro le había dicho que todas habían sido muertes horribles, y las víctimas no tenían ninguna relación.
-Necesitare que me mande los informes y las fotos de los crímenes capitán, cuanto antes mejor, debemos parar a la persona que se este dedicando a hacer esto. ¿No habréis filtrado esto a la prensa verdad?
-No somos tan tontos. Teniendo en cuenta los grandes conflictos y la tensión que hay en el mundo esto desatará la psicosis en Japón, entre otras cosas porque la gente tendrá miedo de este asesino y si está vaticinando el fin del mundo mucha gente se le unirá-la sombra de la preocupación estaba reflejada en los ojos de ambos jóvenes.
-De acuerdo, debemos encontrar a gente capaz para este caso. La historia nos ha demostrado que pequeñas cosas como esta han dado lugar a grandes catástrofes.
-Yo ya estoy en ello. Le he preguntado a Shishio-san, ha prometido ayudarnos en todo lo que pueda.
-Un capitán del ejército nos vendrá muy bien-admitió Misao, y es que a pesar de que Shishio no era santo de su devoción debía admitir que era eficaz.
-Además Missy, necesitamos encontrar a gente capaz de relacionarse con las altas esferas para conseguir historiadores especializados en el tema del Apocalipsis.
-¿Tanto te preocupa?-la muchacha intuyó que su amigo le había ocultado algo, y el joven al sentirse descubierto suspiró.
-No quería decírtelo porque quería que no le dieras muchas vueltas esta noche al caso. A pesar de que todas las muertes han sucedido en Tokio es posible que esta ola de asesinatos se extienda por todo Japón, el problema esta en que no es un simple asesino, no ha matado solo a gente común, una de esas personas era un multimillonario, y nadie sabe como lo han podido matar.
-Eso quiere decir que nos enfrentamos a una organización-la pesadumbre estaba presente en Misao, aquel asunto era mucho más peliagudo de lo que pensaba.
-Por eso necesitamos toda la ayuda posible.
-Cuenta conmigo-dijo la joven pensando en cierto abogado de ojos azules.
-Ya que estoy te diré que el nombre que le hemos dado es: Hermandad del 666, pues es así como firman en todos los mensajes.
-Dejemos el tema, ya se ha hecho tarde, deberías volver a casa.
-Lo sé Misao, muchas gracias por tu ayuda, creo que ahora tenemos más posibilidades de atrapar a esos mal nacidos.
La joven sólo sonrió ante tan afirmación, pero una vez que Soujiro se hubo marchado agitando la mano la preocupación se dibujo en los ojos de la joven.
"Estamos frente a algo muy serio"
Sayo pensó en aquel momento que si el día continuaba así Saito Hajime acabaría matando a alguien. Menos mal que la jornada del director acababa en 10 minutos, a las 8:30, aunque con pesadumbre Sayo comprendió que el joven lobo saldría más tarde.
El hombre que se había presentado como Shinomori Aoshi iba caminando con paso firme hacía la puerta, su mirada helada hizo que la joven cristiana tuviera un ligero escalofrío, debía de estar enfadado por algo. Detrás de él iba la doctora Takani con una mirada divertida en el rostro, al parecer sabía perfectamente la que se iba a liar como alguien más molestase a Saito, y por lo visto Shinomori no tenía ningún miedo al ser la persona que llevase a cabo dicha acción, o suicidio.
-Lo siento mucho, Shinomori-san, Takani-san, pero no pueden…no deberían entrar en estos momentos, Saito-san no ha tenido un buen día.
-Mis disculpas pero tengo que entrar.
Y sin dudarlo ni un momento más Aoshi entró con paso firme en el despacho seguido de una Megumi que al parecer había entendido que tal vez no había sido una buena idea ir con Aoshi.
-Fuera de aquí Shinomori-gruñó Saito en cuanto los vio entrar. No estaba para nadie y menos para escuchar al cubo de hielo quejarse por su comportamiento con el cerebro de ave y decirle no, ordenarle, que le diera el alta.
-Necesito que…
-Se que necesitas, ni me voy a disculpar ni le voy a dar el alta.
-Tienes que darle el alta-siseó con un tono peligroso Aoshi-los periodistas no tardarán en averiguar donde esta Sagara, y si eso ocurre tendrás el hospital lleno de paparazzi y a todas las personas de su entorno no las dejarán ni vivir.
-¿Y eso es lo que no quieres tú verdad?-dijo Saito con tono burlón-Pues olvídalo, no le voy a dar el alta.
-Director-se atrevió a hablar Megumi después de ver que el director estaba muy cabreado por algo-Sagara no tiene nada, es una tontería…
Error. La mirada ámbar de Saito se oscureció visiblemente. Megumi tragó saliva mientras Aoshi retrocedía unos centímetros por acto reflejo.
-¿Una tontería?-preguntó el lobo con voz melosa.
"¿Por qué no me habré callado? Ahora se va a desquitar conmigo y…"
-¡Saito Hajime!-una voz femenina se dejó oír por detrás de Megumi. Su voz sonó como un cántico de esperanza para los oídos de la joven doctora, había aparecido la única persona en todo el planeta capaz de pararle los pies a aquel lobo de bata blanca.
-No estoy de humor para tus berrinches de niña malcriada Tokio-Saito fulminó con la mirada a la mujer, que al parecer era inmune a los efectos de aquella mirada asesina sobre su persona.
-Me importa una mierda que estés de humor o no, tenemos que hablar.
-Yo creo que no-Hajime enganchó la chaqueta de cuero que estaba en el armario, se la puso con aparente tranquilidad y fue a coger las llaves a su escritorio.
Pero no estaban allí.
-¿Buscas esto?-preguntó la médico de ojos verdes mientras lanzaba y recogía las llaves con su mano derecha.
Si las miradas mataran, Takagi Tokio habría muerto, pero por suerte Saito no tenía los poderes de un basilisco o de Medusa, para alivio de la humanidad.
-Dámelas-siseó con un tono muy peligroso el director. Como si aquello fuese divertido Tokio le sonrió.
-Cuando me escuches.
-Quiero largarme de aquí, te llevo a donde te de la santa gana, hablamos y me dejas en paz, ¿trato hecho?
-Esta bien-dijo Tokio poniendo una de sus mejores sonrisas-Pero mañana me tienes que recoger tú porque dejaré mi coche aquí, y las llaves no te las devuelvo hasta que estemos en el paso anterior a arrancar.
-Niña mimada-murmuró él.
-Psicópata desquiciado-contestó ella.
Después de un suspiro por parte de Saito y una mirada triunfante de Tokio los dos estuvieron a punto de salir del despacho hasta que Aoshi les llamó la atención.
-¡Eh! Que necesito que des a Sagara de alta.
-No puedo-al parecer la rabia del miburo se había transformado en cansancio-esta enfermo, aunque esa idiota haya estado babeando por ese cabeza de pollo yo no-Saito señalo con el dedo a Megumi, que se puso roja ante semejante declaración.
-Pero director, no le pasa nad…
-Tiene ceguera al movimiento, y es intermitente-añadió al ver que Megumi habría la boca para replicar. Pero le había tocado en lo más hondo a la orgullosa kitsune. Por lo que a esta le falto tiempo para replicar.
-¿Y como lo sabes?-enseguida se dio cuenta de su error. No solo no le había llamado de usted, si no que además había preguntado con retintín de superioridad.
-Lo se porque no soy una chiquilla hormonada que babea por un buen culo-dijo el otro de malas pulgas, esta vez Megumi se tuvo que tragarse el insulto si no quería cabrearle más-por si no lo has notado no era capaz de fijar bien un punto en movimiento. Tardo más de lo normal en contestar porque no veía bien hasta pasados unos segundos…bueno y porque era idiota, pero si fuese tan idiota no sabría ni atarse los zapatos-una sonrisa malévola apareció en el rostro de Saito-Por si acaso Takani-dijo mirando a la joven a la que la recorrió un escalofrío-quédate esta noche de guardia con él y ponle a hacer las cosas más estúpidas que se te ocurran, así sabremos si de verdad es tan tonto o solo es tonto y tiene ceguera en movimiento.
-¿Toda la noche?-preguntó Megumi con pesadumbre.
-Toda la noche-corroboró Saito con una de sus mejores sonrisas sardónicas. Y aunque Tokio sintió la necesidad de ir en auxilio de la joven doctora se lo pensó mejor, incluso la paciencia de Saito con ella tenía un límite.
-Esta bien, se quedara, pero espero que te pongas en serio con el caso si no quieres que esto parezca un circo-Aoshi miró directamente a Saito al decir esto.
-Si se le va de las manos ya les morderá, ladrara o gruñirá, algo lobuno, pero no te preocupes que sabes el miedo que inspira-dijo Tokio con el signo de victoria.
-Agradecería que no dijeras esos comentarios, y menos delante mía-el director de ojos dorados la miraba de soslayo y de malas maneras, aunque parecía más relajado desde la llegada de la doctora de ojos verdes.
-Lo siento, lo siento-dijo ella sin pizca de verdad en la voz-bueno, nosotros nos vamos, Sayonara-dijo Tokio mientras enganchaba a Hajime del brazo y tiraba de él. El joven director apenas protesto lo cuál no dejaba de extrañar a Tokio.
Sayo vio como la jefa del departamento de investigación arrastraba literalmente al director, que tenía una mirada rarísima en el rostro, algo que al parecer notó también la mujer de ojos verdes.
-Hasta mañana Saito-san, Takagi-san-dijo la joven secretaria alzando un poco la voz.
-Te tengo dicho que me llames por mi nombre Sayo-chan-dijo Tokio con aparente jovialidad, aunque una sombra de preocupación nublaba sus bonitos ojos verdes.
Una vez que llegaron al ascensor, quedando los dos solos, Tokio miró interrogante a su compañero que seguía con aquella extraña mirada, parecía como ido.
-¿Te han raptado los marcianos?-preguntó ella divertida. Pero su sonrisa se borró cuando el otro no contestó, ni siquiera se digno a mirarla-Hajime, ¿estas bien? Me estas asustando-su sonrisa flaqueo del todo al ver que no contestaba-¡Oye! ¿Estás bien? ¡Hajime! Maldita sea, mírame, ¿Qué te pasa?
Esta vez vio como él la miraba como si viniese de otro planeta, y eso hizo que se preocupara aún más. Abrió la boca para replicar pero el hablo antes:
-No me pasa nada. Solo estaba…pensando-dijo lacónicamente.
La mirada de Tokio se lleno de tristeza, odiaba cuando le pasaba eso, pero no había nada que hacer, esas crisis de ausencia rememorando viejos tiempos le acompañarían toda la vida. Tokio sabía perfectamente que no eran casuales, sólo cuando algo le preocupaba mucho, el problema era saber el que. Al notar el dolor en los ojos de Tokio al verle, el director intentó parecer animado.
-Sólo me estaba quedando contigo Tokio.
-Claro-dijo ella distraída.
Les siguió un incómodo silencio en el que no tenían ni idea de que decir, ambos estaban nerviosos, aunque el hombre no lo dejara traslucir.
Por fin llegaron al sótano. Saito iba delante aunque los dos sabían donde estaba su plaza de garaje, pues estaban en la misma zona, zona reservada para los altos cargos del hospital.
Cuando doblaron la esquina para encontrar el aparcamiento se encontraron con uno de los jefes de departamento del hospital.
-¡Anji!-Tokio fue directa a por él para saludarle. El aludido mostró una gran sonrisa al verles a los dos.
Yukyuzan Anji era el jefe del departamento de pediatría, pues le encantaban los niños. Tenía 35 años y era alto, moreno y musculoso, lo que se resumiría como un hombre imponente, pero con una mirada llena de bondad. El gigante bonachón dio un ligero abrazo a Tokio y un saludo con la mano a Saito, a lo que este contesto con una ligera inclinación de cabeza.
-Hola Tokio-dijo con voz sosegada.
-¿Qué tal estas? Hace un par de días que no te veo-la mujer parecía más animada desde que alguien había roto el momento de tensión que había surgido entre ella y su compañero.
-Lo siento, lleve a unos chicos con cáncer a un templo budista de excursión y después he estado muy liado pidiendo fármacos experimentales. Debo daros las gracias a los dos, gracias a vuestra firma me envían todo lo que necesito.
-Ni lo menciones-la joven mujer hizo gestos con la mano quitándole importancia. Anji no pudo evitar esbozar una sonrisa ante eso.
-Bueno, yo os dejo que no quiero interrumpiros.
-No interrumpes nada Anji-dijo con cansancio en su voz el director mientras le daba una calada al cigarrillo.
-¡Hajime! Esta prohibido fumar en los recintos del hospital-la joven médica apunto de forma acusadora al cigarrillo recién encendido.
-¿Y que vas a hacer? ¿Chivarte al director?-contestó en tono mordaz el chico de ojos dorados, ganándose una mirada llena de furia verde.
Con una breve risa Anji se despidió de los dos, dejándolos de nuevo en un incómodo silencio.
-Vamos, que a este ritmo no llegaremos hasta las tantas a casa.
La joven no hizo más que asentir.
Por fin llegaron a la plaza de garaje del director. Tokio observó con ojos críticos el nuevo vehículo que sabía que había comprado su amigo.
-Es una Honda DN-01, un nuevo modelo.
-¿Y la Harley?
-En el garaje. Es que me apetecía comprarme una moto nueva que no fuese una Harley.
-Supongo que nunca llegarás a comprarte un coche.
-Pues no.
Saito se acercó a su nueva adquisición y saco un casco después de levantar una de las partes del asiento y se lo lanzó a Tokio. Era un casco totalmente negro con llamas y detalles plateados, con bastante buen gusto. Pero no le vio sacar ninguno más.
-¿Y tú casco?-preguntó ella extrañada.
-Es ese, ¿me ves tan social como para llevar dos cascos por si acaso?-contestó Saito mientras se ponía los guantes de cuero, sin darle mayor importancia.
-Si no tienes otro deberías ponértelo tú-ante ese comentario él solo levantó una ceja sarcástico.
-Nah, anda déjate de tonterías y póntelo. Prefiero abrirme yo la cabeza que te la abras tú-la última frase fue apenas un murmullo, pero Tokio logró escucharlo y se sonrojó mucho, suerte que se puso el casco a tiempo.
Una vez que ambos estuvieron encima de la moto ella procedió a darle las llaves. Pero cuando puso la moto en marcha en vez de arrancar Saito cogió las manos de Tokio (que estaban sobre sus hombros) y se las pasó alrededor de su cintura.
-No me seas ñoña-dijo con una sonrisa a la que ella respondió con una carcajada mientras se dirigían a las tumultuosas calles de Tokio.
Sekihara Tae se encontraba sirviendo pedidos en el Akabeko. Las agujas del reloj pasaban de las 9:00, y con pesar Tae se dio cuenta de que aún le quedaban cerca de dos horas para poder cerrar el restaurante. Además aquel día había sido terriblemente ajetreado por causas que escapaban a su control. El tío del mejor amigo de su hija se había estrellado con la moto en pleno centro de Tokio, armando un buen lío ya que era alguien muy famoso. Su sobrino no tenía a nadie más, así que Tae había aceptado quedarse con el niño hasta que las cosas se solucionarán. Por suerte en televisión habían dicho que Sagara Sanosuke estaba ingresado en Todai. Tae tenía varios conocidos allí, Kamiya Kaoru, una gran amiga suya que estaba de médico de prácticas, Takagi Tokio, la jefa del departamento de investigación de la universidad y Saito Hajime, el director de todo el lugar. Para sus adentros Tae rezo para que una de las dos primeras se presentara en el Akabeko. Al parecer dios no la había abandonado cuando vio a una joven con el pelo azabache recogido en una coleta alta y unos hermosos ojos color zafiro.
-¡Kaoru!-llamó alegremente la dueña del restaurante a su amiga, que llevaba un rato buscándola con la mirada.
-Buenas noches Tae-la aludida se dirigió hacía ella con una gran sonrisa en su rostro, una sonrisa que parecía inmovible.
-¿Sabes que tengo al sobrino de Sanosuke-san aquí?-la expresión en la cara de Kaoru confirmo a Tae que uno, no sabía que tenía un sobrino y dos, que no tenía ni la más remota idea de que estuviera aquí-Un chiquillo muy agradable debo decir-añadió Tae con una mirada inocente.
-¿Me estas intentando colar al crío no?-contestó con suspicacia la joven doctora. Tae borró su sonrisa al verse descubierta.
-No es porque me moleste, todo lo contrario me agrada tenerlo aquí, pero estamos hasta las cejas de trabajo y no puedo cuidar de él ni de Tsubame, si te encargarás de él y de mi hija me harías un gran favor.
-Estoy segura de que Tokio-san no se negara, la encantan los niños-y aunque a Kaoru no las molestaban en absoluto no tenía tiempo, y aunque ya tuvieran 12 años no quería dejar a los dos críos solos en su pequeño apartamento.
-Perdonen, no he podido evitar oír su conversación-una suave voz se dejo escuchar detrás de las dos mujeres. Kaoru se giro sorprendida. Frente a ella se encontraba un joven pelirrojo de ojos malvas y mirada inocente. La chica quedo hipnotizada ante tanta bondad en una simple mirada y el joven de los piercing no aparto su mirada de ella. El extraño encantamiento fue roto por la voz de Tae.
-¿Himura Kenshin?-preguntó la dueña del Akabeko titubeante, a lo que el pelirrojo indicó con una ligera inclinación de cabeza que así era.
-¿Tú eres Tae-dono verdad? Hace mucho que no nos vemos.
-Y tanto tiempo, desde que te fuiste a África. Tuviste a Toki-chan bastante triste durante un tiempo. La verdad yo también te extrañé, eras una compañía agradable-ante tanta amabilidad el pelirrojo sólo atino a sonreír aún más ampliamente antes de seguir con la conversación.
-En realidad servidor venía a ofrecer su casa para que los muchachos pudieran descansar tranquilos sin molestar a nadie.
-¡¿De verdad?!-gritó una emocionadísima Tae. Sabía que Kenshin era de plena confianza y así se ahorraba tener que cuidar a los dos chiquillos durante unos días mientras siguieran con ese reguero de gente. La verdad es que el hecho de que te pillara un accidente de tráfico de un famoso motorista amigo tuyo con la falta de personal no era una experiencia agradable.
-Por supuesto-el joven pelirrojo puso una de sus más dulces sonrisas, y a Tae no se le pasó el hecho de que su amiga de ojos azules se quedo completamente embobada. Sabía que Kaoru no había tenido mucha suerte con los hombres, por lo que decidió que aquellos dos no solo hacían buena pareja, si no que Kenshin era el hombre ideal para su querida Kaoru.
-Kenshin-san, se que sería mucho pedir pero… ¿podrías dejar que Kaoru te acompañara? Quiero decir, mi hija Tsubame no te conoce y puede que se asuste. Se que estará más tranquila si la acompaña una de mis amigas-dijo la joven mesera fingiendo vergüenza, de verdad que luego se la iba a cobrar a Kaoru por darle semejante "regalo".
-No, no, no creo que Himura-san…-Kaoru empezó a hacer todo tipo de aspavientos, por dios, vale que el pelirrojo le había parecido una bella persona que poseía unos ojazos puros, pero de hay a ir a dormir a su casa ya le parecía mucho.
-Kenshin, llámeme Kenshin por favor. Disculpe mi error anterior, no me he presentado debidamente, soy Himura Kenshin-el joven no menciono que se le había olvidado presentarse porque estaba demasiado ocupado ofreciendo su "casa" y ese hecho tampoco paso desapercibido por Kaoru, que no pudo evitar pensar que estaba frente a un cacho de pan.
-Kamiya Kaoru, un placer Kenshin-dijo la muchacha con mirada amable.
-No tendré ningún problema en invitarla a mi casa Kaoru-dono, además así los chicos se sentirán como en familia, y una persona más no hará daño.
-En ese caso…acepto tu amabilidad Kenshin, pero recuérdame que te debo una ¿vale?
-El joven pelirrojo asintió con una dulce sonrisa mientras en su cabeza sólo cabía un pensamiento.
"El maestro me va a matar"
Holaaa, ¿tal vez muy exagerado el tema de los asesinatos? Después de todo en el pasado nuestros héroes salvaron Japón, así que no podían hacer menos en el presente.
A partir de ahora empieza la verdadera historia después de unos capítulos un poco flojos en los que los personajes empezaban a relacionarse, de todas formas os preguntaréis, ¿y que demonios hacen tantos médicos en la trama? Pues tranquilos, que no todos son exclusivamente médicos, y me refiero principalmente a cierto pelirrojo y a cierto director XD
Por último es posible que a alguno le haya parecido rara la actitud de Saito en el ascensor, todo eso tiene un trasfondo muy profundo al igual que el reconocimiento dado a Misao por parte de Aoshi.
Todo esto esta lleno de misterios que se irán resolviendo poco a poco ak-ak
Saludos^^
