Cuando decidí crear esta historia, pensaba en mi propia vida, ¿quien no lo hace a veces? y por ello debo confesar que parte de mi esta dividida en la ilusión de Nico y la amargura de Maki. A veces, cuando creamos una historia, vertemos parte de nosotros inconscientemente en ella, otorgándole un poder imaginario que nos hace revibrar las emociones incluso años después, al volver a leerla.

Momento 4.

Para Maki empezó un extraño ritual en el cual se veía cada viernes saliendo de trabajar, de la calurosa oficina donde se rodeaba de gente sin rostro que ella no deseaba conocer y mucho menos tratar, sabía que la miraban lascivamente y ella debía esquivar esos ojos turbios y libidinosos que la desnudaban día a día queriendo alcanzar el éxtasis con su cuerpo, de romperle la ropa y amasar su cuerpo, sin consultar su corazón. Se mordió la lengua en un momento dado en el que no creyó que podría esperar algo en un futuro cual bandera en lo alto del Everest, y sonrió por lo bajo al creer que era hasta jocosa la idea de que su nueva persona especial (no sabía llamarla amante, no sabía llamarla "persona que le gustaba" porque ni ella misma podía definir tal cosa) fuera una prostituta de un burdel al cual sin falta acudía a soltar el río de anécdotas y palabras, para ella todo valía la pena mientras estaba recostada en esa cama de sábanas baratas mientras esa mujer le prestaba atención y a la vez se aventuraba a contar sus penitencias en el burdel mientras acariciaba sus mechones rojos sobre su rostro. Eso causaba un efecto somnífero a Maki quien después de un rato cerraba los ojos solo teniendo en su existir la voz de Nico, contando esto, contando aquello.

Ambas habían terminado por platicar sus cosas cual quejas de la vida y reían un poco por la situación, no tenían sexo, les parecía algo que podían dejar para después o incluso se les olvidaba, tenían pequeños juegos previos, una caricia, una electrizante caricia que a Maki le extrañaba porque el tacto no era el mismo, le ensalzaba sus sentidos, como un niño con un juguete nuevo, Nico por su parte prestaba atención a los detalles de Maki, ahora que lo pensaba no la había visto nunca sin ropa pero eso le provocó una curiosidad inmensa a la par de una pena porque desde la primera vez que atendió a un cliente, no había sentido tanto pudor con alguien, luego, salía un tema, otro y al final terminaban platicando de sus vidas, pequeños detalles que deseaban externar y nunca lo habían hecho, a veces Maki llevaba algo de comer y lo compartía con su acompañante, y nadie más en ese inmenso mundo de la prostitución lo sabía o que cualquier comentario saliese fuera de ese cuarto que empezaba a sentirse como un "hogar" para la chica del cabello rojo y para la chica del cabello negro empezó la larga espera por su visitante de ojos violetas.

Existieron noches en las que para ellas se volvía de día y planeaban pequeños picnics en medio del cuarto, platicando, mirándose un largo rato y olvidándose de todo lo que alguna vez les hizo daño. Para Maki no importaba pagar por esas noches, un nuevo hobby había nacido para ella, el de escuchar y ser escuchada, el de sentir que le importaba a alguien y ese alguien le empezaba a importar. Mientras que para Nico existía algo más que la razón sexual para ocupar ese cuarto, incluso se sorprendió arreglándolo más de la cuenta en detalles que para otros clientes no importaban, mientras la cama resistiera para ellos, todo en orden.

Aunque un día, uno de los tantos viernes desde hacía meses en los que Maki salía presurosa hacia ese burdel, sin consultar al destino su anfitriona no le recibió y en cambio se topó con otra chica, para ser más concretos la amiga felina de Nico, esta le había comentado que Nico no dio explicación de nada, simplemente se fue hacía una semana, había estado preparando previamente sus cosas y hablando con la gerente del lugar que sin mas remedio tuvo que dejar ir a su empleada, una semana exactamente, la noche en que Maki la había dejado con un semblante que esta no supo reconocer y tuvo miedo de preguntar.

Maki tragó pesado al oír aquellas cosas, y de pronto sintió un mareo, un mareo tremendo y tuvo que apoyarse en el muro que estaba a su lado y recobrar compostura, dio las gracias y salió del lugar, caminaba rapidamente entre la gente que iba llegando, tropezando y golpeando a algunos en el proceso, no oía mas el barullo de los demás cuartos, un zumbido hueco, pesado inundaba sus emociones y su cerebro, salía con los puños apretados y fuertemente asicada la mandíbula, tanto, que le empezaba a doler… estaba aterrada, confundida y hasta enojada consigo misma por creer que podía confiar en todos, ni ella sabía porque, pero sentía por un momento que esa mujer le había abandonado a su monótona suerte, que la esperanza y calidez que esa mujer le brindo no era mas que un triste juego y claro, Maki dejó fluir esos tristes sentimientos… se sentía traicionada y pensaba que el abrir sus pensamientos así como así fue un lamentable error.

Vagó por la calle un rato, esa noche no durmió y decidió embelesarse por el encanto del alcohol… pasaron 1,2, 6 hasta 10 días y no había rastro de aquella mujer que le había robado poderosamente la atención y sentía un hueco, un hueco terrible que no demandaba ni comida ni bebida alguna, le quemaba el interior como azufre sobre la piel, lo peor es que este hueco no desaparecía, le daba las buenas noches y le despertaba por las mañanas… cada amanecer mas imbatible que la noche anterior.

Se sentía ansiosa mirando a todas partes creyendo que la vería, se maldijo por no haberle pedido un numero de teléfono jamás o preguntarle su dirección… se dio cuenta que estaba pensando demasiado en esa mujer y por un par de días más se trató de distraer con alguien mas, mismo lugar, diferente chica, quizás así olvidaría todo de una forma mas sistematizada, quien la recibió fue la misma chica de pelo naranja y ojos felinos que le dio noticias sobre Nico, pero al tener el mas mínimo contacto con ella su piel sintió el rechazo inmediato… trató de buscar una explicación pero le resultó al final en algo triste: cada vez que cerraba los ojos la veía, veía a la chica del cabello azabache y ojos rojos sentada mirándole con curiosidad como quien mira a un gatito desprotegido sobre la cama escuchándole… y en cada flash que ella veía al parpadear veía sus ojos, su sonrisa, sus movimientos y expresiones, la oía platicarle sus secretos y desventuras, le hablaba por su nombre y este hacía eco en todas sus memorias, le gustaba como ella lo pronunciaba y entonces se hartó y se detuvo al instante. Lo peor que le pudo pasar había sucedido, aquello que siempre fue su objeto de burla, de indiferencia le había ocurrido, se odió a si misma por ser tan vulnerable y verse en esa desesperación.

Maki se había enamorado de una prostituta.