Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Olivia Kiss, Alguien que no esperas. La pareja principal es Sasuke y Hinata, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta maravillosa pareja que me robó el corazón. Gracias a todos por leer, espero que les guste.
CAPÍTULO 4
El río estaba a veinte minutos andando desde la urbanización en la que vivían los Uchiha. Para llegar, debían atravesar las calles e ir a las afueras. Konoha era un pueblo pequeño al oeste de Japón, donde la calma y la paz era la tónica dominante. A pesar de la extensión, su población era muy baja y casi todo el mundo se conocía. La amabilidad de sus vecinos destacaba sobre el resto de los pueblos de alrededor.
Hinata le dejó a Sasuke una mochila en la que tenía material de kite de sobra. En sus bolsas, los dos portaban las cometas plegadas y las tablas en posición vertical haciendo que el equipaje abultara más que ellos. Pasearon por las calles y en cada casa que se cruzaban, Hinata le contaba historias de las personas que las habitaban.
—Ahí vive Kurenai. —Hinata señaló una casa austera, con la pintura desconchada pero un jardín muy bien cuidado rodeado por una valla metálica de casi dos metros. En el césped, se podían apreciar varios toboganes, casitas en miniatura y postes rodeados con cuerda—. Es la mujer que me dio a mi gato tres mil.
En cuanto se acercaron un poco más, Sasuke se fijó en que estaba lleno de felinos que escalaban por los postes, se asomaban por las miniventanas de las minicasas gatunas, y algunos se tiraban por los toboganes. Pudo contar hasta cincuenta y siete gatos.
—¡Qué pasada! —gritó Sasuke—. Después de los capibaras, el animal que más me gusta es el gato.
—Kurenai estará encantada de que nos pasemos por aquí algún día y que juguemos con ellos. La gente dice que está un poco loca, pero es que quiere mucho a los animales, lo que pasa es que la gente no lo entiende. Además, es una mujer muy buena y amable.
Continuaron el camino en dirección al río.
—Mira, Sasuke. Allí viven los Wasabi, parecen buena gente, pero no te fíes mucho de ellos.
—¿Por qué?
—Porque parecen muy amables, pero luego se chivan todo a los padres. Son los más cotillas del pueblo. —En ese preciso instante, el señor Wasabi salió por la puerta con una bolsa de basura. No era casualidad que saliera en ese momento, lo hizo para cotillear más de cerca.
—¡Hola, pequeña! —le dijo a Hinata.
—Hola, señor Wasabi. —Hinata sacudió la mano saludando.
—¡Qué bien acompañada vas! ¿Es un nuevo amigo?
—No es un amigo, señor. Es un primo lejano. Se crio en el bosque y le estoy enseñando la civilización. No sabe ni hablar, solo sabe matar seres vivos para luego comérselos, pero no se preocupe. Hoy ya ha comido bastante.
El señor Wasabi volvió sobre sus pasos farfullando.
—Gua, taca, truscu... —dijo Sasuke agazapándose. Hinata y el señor Wasabi, que estaban abriendo la puerta, se lo quedaron mirando atónitos ante tales sonidos.
—¡Chuca, trecaaaa! —Sasuke dejó la mochila y salió corriendo como una exhalación a cazar un pajarillo, que estaba en la rama de un arbusto. Fue un intento frustrado ya que el pájaro echó a volar. Sasuke se golpeó los pectorales con los puños imitando a los gorilas.
—¡Casi, Sasu! —dijo Hinata echándose a reír.
El señor Wasabi, finalmente, entró en su casa maldiciendo por lo bajo. Hinata estaba convencida de que días más tarde, sus padres le preguntarían quién era ese primo tan raro.
La risa de Hinata contagió a Sasuke y acabaron riendo juntos.
—Me está gustando el pueblo. —Sasuke asintió con la cabeza.
Llegaron al Event Site. Era un parque situado a orillas del río Nakano con una gran explanada con césped donde todos los que practicaban kitesurf preparaban su material para echarse al agua. Al final, había una pequeña playa de arena y piedras en la que un trasiego de kitesurfistas, iban y venían.
—Mira, Sasu, allí está mi escuela —dijo Hinata señalando a una caseta de madera en uno de los extremos de la playa. —Ahora tenemos que preparar el material.
Sasuke se quedó mirando alrededor. Cientos de cometas de colores volaban de un sitio para otro tensadas por el viento. Le pareció alucinante. Quería empezar a disfrutar y salir a navegar.
—De acuerdo, ¿qué tengo que hacer? —preguntó Sasuke.
—Primero debemos hinchar las cometas —dijo Hinata sacando la suya de la mochila—. Lo haremos con esta bomba.
Hinata colocó el final de la manguera de la bomba en un extremo de la cometa. Debía hincharse para que quedara rígida y si se cayera al agua flotara y fuera fácil levantarla de nuevo con el viento.
—Mira, Sasuke —dijo Hinata alejándose hacia atrás, con un arnés en la cintura en el que salía una cuerda. Al otro extremo estaba la cometa—. Esto es lo que tienes que hacer.
La cuerda se tensó y la cometa subió rápidamente por la acción del viento. Un pequeño tirón le hizo saltar unos pasitos a Hinata. Movía la barra y la dirigía a los lados trazando ochos en el aire. Los grupos de gente la miraban por la gran destreza que tenía con la cometa, parecía una extensión de su cuerpo.
—¡Yo también quiero! —gritó Sasuke.
—¡Vale! —Hinata sonrió pícaramente—. Ahora tienes que ir tú atrás. Yo te inflo la cometa. Tú ve poniéndote el arnés y sujetando la barra.
Sasuke escuchó atentamente y se dispuso a realizar las tareas que le había encomendado su mentora. Estaba nervioso, por las miradas que estaba recibiendo. Era el nuevo del pueblo y todos observaban al chico de la gran ciudad cómo se desenvolvía.
Hinata empujaba la bomba arriba y abajo y la cometa se extendía a su vez, sonreía, mientras, Sasuke observaba y comprobaba todos los anclajes para asegurarse de que todo estaba bien colocado.
—¿Lo ves bien puesto? —preguntó Sasuke.
—Sí, perfecto. Yo ya he acabado de hinchar la cometa, ahora échate atrás contra el viento y verás cómo se alza —le gritó Hinata.
Sasuke obedeció y caminó hacia atrás. La cometa se levantó, pero la suya era distinta a la de los otros. Tenía la misma estructura que la de Hinata, pero en la parte de arriba se levantaba una gran cabeza de unicornio con la crin multicolor que hacía juego con la cola también de los mismos tonos. La gente se miraba y se reía al ver cómo ondeaba el animal estúpido, como Sasuke los llamaba.
—Por lo menos, este no huele mal. —dijo Hinata haciendo referencia a la bomba fétida. Comenzó a reír muy fuerte acercándose a Sasuke, que por momentos se sonrojaba.
—Te voy a matar cuando logre bajarlo —dijo Sasuke sabiendo que le había devuelto la broma—. ¡No te vas a escapar! —Sonrió.
Al final Hinata pudo controlar la risa antes de ayudarlo a bajar la cometa y, mientras la colocaba en la mochila, Sasuke se acercó con una botella de agua y se la vació mojándola de arriba abajo. Él salió corriendo y Hinata lo persiguió por todo el parque hasta que llegaron a la orilla del río y comenzaron a mojarse los dos a la vez dándole patadas al agua y dejando sus camisetas totalmente empapadas. Se estaban divirtiendo hasta que dos compañeros de clase de Hinata se acercaron.
—Parece que te has equivocado de parque, Hinata —dijo uno de los chicos—. Tú debes de estar en el parque jurásico con tus amigos los fósiles.
—Jajá. ¡Es una friki! —Añadió el otro amigo un poquito gordito que estaba comiendo una bolsa de patatas fritas y le reía la gracia emitiendo un sonido parecido al de una foca pidiendo más pescado.
Hinata agachó la cabeza un poco avergonzada.
—¿Qué dicen esos capullos? —le preguntó el morocho a Hinata.
—Déjalos, vámonos de aquí y ya está.
Sasuke se quitó la camiseta. Solía ser más grande que los chicos de su edad y junto con la obsesión de su madre por la nutrición, hizo que tuviera una musculatura más desarrollada de lo normal.
—Me parece que los neandertales sois los que debéis estar en la prehistoria —siseó Sasuke dando un paso adelante.
Los otros dos se quedaron sin saber muy bien qué decir, porque no sabían tampoco qué era un neandertal.
—Pues tú... pues tú... —dijo el de cabello oscuro—. ¡Hueles a pedo!
Se quedaron parados sin saber muy bien que hacer. El Uchiha permaneció mirándolos fijamente y al final gritó: "¡Buuu!" haciendo que se marcharan corriendo. Sasuke se volvió escurriendo su camiseta para quitarle un poco de agua.
—No te creas que por este percance te vas a librar de la broma que pienso devolverte.
Hinata se lo quedó mirando y sonrió.
—¡Gracias, Sasu! —exclamó feliz.
Luego, sorprendiéndolo, lo abrazó, pero esta vez el pequeño no huyó de su abrazo.
Hola, esta es mi primera adaptación, espero poder traer pronto los demás capítulos, pero aquí os dejo con esta divertida historia entre estos dos chicos, a mi el libro me gustó mucho, espero que a vosotros también.
